Sobre una frase de Aguinis

El artículo de Aguinis "El veneno de la épica kirschnerista" levantó mucha polvareda, no por lo que enuncia respecto de la actualidad política sino por la desafortunada frase:  "Las fuerzas (¿paramilitares?) de Milagro Sala provocaron analogías con las Juventudes Hitlerianas. Estas últimas, sin embargo, por asesinas y despreciables que hayan sido, luchaban por un ideal absurdo pero ideal al fin, como la raza superior y otras locuras."

Creo que la comparación que hizo entre las huestes de Milagro Sala y las Juventudes Hitleristas integra el capítulo de la banalización de la Shoá, capítulo que está siendo escrito por doquier, por gentes de todos los frentes y contrafrentes. El escritor ya había hecho esa comparación otra vez en un episodio de flores entregadas a la presidenta. Alguien como Aguinis no incurre en un error así sin darse cuenta. No podemos adjudicarle ignorancia ni inocencia. Debe creer que apelando a la Shoá hace más fuertes las ideas que propone (en ambos casos las mismas: señalar su radical oposición a la política oficial). Lamento que apele para ello a argumentos banalizadores de la Shoá, pero es libre de creer y hacer lo que quiera. Consiguió que el contenido de su artículo pasara y quedara sin comentarios ni críticas ni respuestas ni reflexiones.

Respecto al tema de los ideales, que fue lo que disparó la desaprobación, no coincido con la lectura que hicieron varias personas que quiero, respeto y admiro. Creo que lo formuló de manera poco clara dejando abierta la posibilidad de una justificación del nazismo que, no tengo dudas, está lejos de sentir y pensar. Yo misma no lo tomé de esa manera. Pensé, por el contrario, que es cierto que la guerra contra los judíos fue emprendida exclusivamente por una causa ideológica, la teoría racial, esa superchería pseudo científica que fundamentó el asesinato de un tercio de nuestro pueblo. Y ahí fue donde Aguinis no fue claro porque habló de "ideales" y no se refería a ideales en el sentido ideal, a algo bueno o deseable, sino a la teoría racial, una ideología. Por eso habla de, "asesinas", "despreciables", "absurdo" y "otras locuras". Aguinis no precisa defensores y lejos de mi la idea de defenderlo. Si quiere que lo haga solo. De paso, no estaría mal que lo hiciera. Tengo la personal convicción de que no se lo puede acusar de justificador del nazismo y de la Shoá, por eso entendí que al decir "ideal al fin" no hablaba de "ideales" sino de "ideología".
Merece también un comentario su "ideal al fin". ¿Por qué "al fin"?. Creo que es claramente un disparo hacia el movimiento de Milagro Sala al que así acusa de ni siquiera tener ideales, de moverse tal vez con otros fines, ¿personales? ¿mezquinos? ¿económicos?, no lo dice, pero es a lo que creo que apunta. Su "al fin" es lo que movió la indignación de varios, como si fuera una justificación de la Shoá. Debió haber invertido unas palabras relativas a los objetivos de unos y otros para no dejar ese resquicio de sospecha. O decirlo de otra manera. Cuando se escribe y se publica (y eso lo debe saber mucho mejor él que yo), hay que leer y releer con mucho cuidado todo lo que se pone y a veces darlo a leer a otros, porque queda y si no está claro puede ser malinterpretado y no hay vuelta atrás. Repito: estoy convencida de que no cree de ninguna manera que si se lucha con ideales se justifica el asesinato de nadie pero que se obnubiló en su empeño de enfatizar su oposición al gobierno.
Hubo quienes plantearon que la comunidad judía organizada debía pronunciarse repudiando el comentario como si hubiera hablado por todos los judíos. Opino que no me parece necesario. Aguinis no integra ninguna de las instituciones de la comunidad judía argentina, es un ciudadano argentino como cualquier otro, escritor muy conocido y editorialista político, pero para nada un referente de LOS judíos.
No coincidí en su momento con las acusaciones de antisemitismo hacia Gustavo Sala, me pareció que solo se había engolosinado con los parecidos de las palabras Gueta y gueto, y que había estirado la comparación sin pensar en lo que estaba planteando y no me pareció que era una cuestión tan trascendental como en su momento también pareció ser para muchos que lo vilipendiaron. Hoy no coincido con la acusación a Aguinis de que justifica la Shoá ni el nazismo.
La generalización de la banalización de la Shoá es un fenómeno que parece imparable. Formulé en un texto sobre ello (se lo puede ver acá) que la difusión de la Shoá había tenido una consecuencia positiva, su conocimiento más extendido, y tal vez otra negativa, su banalización. Me alegro de que tanta gente haya expresado su preocupación frente a ello.

IOM HASHOÁ DELIVERY

Y un día llega Iom Hashoá. De pronto la Shoá, que había estado dormida, vuelve a la vida. Nuestros teléfonos no paran de sonar. Todos, escuelas, instituciones, grupos de jóvenes y adultos, todos quieren un sobreviviente a quien honrar. Un sobreviviente que ha estado el año entero sin un solo llamado, de pronto se ve convocado a ir, a hablar, lo llevan y lo traen, lo suben, lo sientan, lo presentan con palabras enjundiosas que el sobreviviente siente como desproporcionadas (yo no hice nada, piensa, tan solo sobreviví, no merezco tanta bambolla). Las instituciones que nuclean sobrevivientes, como la nuestra, no dan tregua a los pedidos, la organización de los organigramas, la logística de quien va, como va,  quien acompaña, cómo será la actividad, qué hay que preparar…. Y todo se solicita en la misma semana, a veces dos días antes, como si hubiera un batallón infinito de sobrevivientes sentados en el banco esperando su turno para ir adonde los llamen. Nadie piensa o imagina que no son muchos, que están viejos, cansados, a menudo con alguna enfermedad o condición inhabilitante. Todos quieren un sobreviviente. Lo precisan para llenar la actividad con un contenido importante, transcendente pero, casi siempre, sin un trabajo previo ni una preparación adecuada, para cubrir los requerimientos de la efemérides (además de Iom Hashoá también en el 19 de abril, el Día de la Convivencia en la Diversidad Cultural -a veces las fechas coinciden-, las escuelas deben encarar el tema incluido en la curricula del año). Los que trabajamos todo el año con el tema de la Shoá nos sentimos abrumados por esta repentina, exigente y efímera demanda. Más de una vez se dirigen a nosotros como si  fuéramos una agencia de colocaciones o un delivery de sobrevivientes, como si nuestro trabajo constante de investigación, reflexión, difusión, enseñanza y dignificación de la memoria, se redujera a la provisión de sobrevivientes para la actividad de Iom Hashoá. Como una pizzería. Sería algo así: - “Pizzería Su Sobreviviente Delivery”, buenas tardes, ¿en qué lo podemos ayudar? - Sí, mirá, necesitamos un sobreviviente para mañana a las 8 de la mañana para ir a la zona de Mataderos cerca del Camino Negro … ¿de cuáles gustos tenés? - de casi todos, ¿alguna preferencia? - mmm…, sí, pero decime, ¿cuáles hay? Porque me pidieron que consiga uno pero no se bien de cuáles te quedan …. -  tenemos un par de katzetnikz, que son más bien picantes, algunos guéticos a la piedra con poca masa, salsa light y sin TACC, también tenemos de los escondidos, que vienen con sorpresa de dulce de leche y los de Rusia, que vienen en una promo especial con una botella de vodka. - Ahh, ¿y de “ashuits” no te quedan? - Sí, pero los de Auschwitz (no corregimos la pronunciación a los potenciales clientes pero cuando repetimos lo decimos como corresponde) los de Auschwitz son especiales, tienen muuuuucha demanda, hay que reservarlos con bastante tiempo y estamos muy sobre la hora. - ¿y cuánto salen? - son los más caros porque son muy exclusivos y vienen con certificado kasher - pero, ¿son ricos? - y, sí, son los más pedidos, pero el sabor depende de cómo venga la Widergutmachung… - ah (¿la qué me dijo?) … mmm … ¿y tenés partisanos? - teníamos, pero no los hacemos más porque son muy rebeldes,  jodidos de preparar, no les gusta que los lleven o los traigan. - Uh, que lástima. A mi me encantaban los partisanos. Hasta me acuerdo de un jingle muy conocido de cuando era chico “zogt nish kein mol”… - Ah si, lo tenemos de música de fondo todo el tiempo….  La promoción especial para Iom Hashoá es que el delivery lo hace un coro de hijos y nietos de sobrevivientes vestidos con el típico traje a rayas cantando el “zog nisht kein mol” acompañados por un autóctono bombo piquetero. - Bueno, no, eso debe ser muy caro, te pido entonces: mándame dos de gueto con tuco y queso, dos que sean viejitos lindos y se compren al público y si puede ser, uno de esos que hayan escrito un libro, con merengue italiano. - Dale, querés por cincuenta centavos más te mando uno con el video del testimonio de Spielberg que después te queda de recuerdo. - No, dejá, está bien así… La promo de la vodka está buena pero no me sirve porque son todos chicos, ¿no me podés mandar en su lugar una coca grande y un kilito de helado? - Dale, sale tu pedido. ¿Para donde? - Comunidad Aguante Israel y la Shoá, brigada “Recordar para no repetir”, grupo “Nunca más”. - Ya sale para allá. Es un gusto estar a tu servicio. Mir Zainen Do. Nuestros sobrevivientes judíos nos han enseñado el valor de denuncia que tiene el humor, humor que se ha hecho en todas las condiciones extremas en el transcurso de la Shoá. ¿Cómo decir lo que hemos dicho sin pontificar ni retar a nadie? Como decía el viejo Selecciones: la risa, remedio infalible. Aunque en este caso, sea un poco oscuro, casi negro el humor. Esperamos que redunde en una mirada diferente sobre las actividades de la Shoá, más específicamente en cuanto a la participación de sobrevivientes, que, infortunadamente, cada vez son menos y los que quedan, cada vez tienen menos fuerzas para testimoniar. La Shoá puede trabajarse todo el año. Debe trabajarse todo el año, en múltiples áreas de la formación personal y el aprendizaje escolar. Si solo se encara en Iom Hashoá se transforma en un símbolo fugaz, algo que podría ser de enorme potencia y se vuelve un contenido momificado, se pierde la oportunidad de que se inscriba en un contexto de significación que cale hondo en la construcción de una subjetividad responsable y comprometida. Es lo que, suponemos, desea cualquier abordaje educativo.
(texto colectivo de quienes recepcionamos los pedidos que se hacen alrededor de Iom Hashoá)

Publicación de Mi Lucha. ¿A favor o en contra?

captura-de-pantalla-2012-04-29-a-las-162117.pngLa noticia de la publicación de Mi Lucha, texto fundacional de la ideología nazi, ha producido preocupación y temor. El estado de Baviera, Alemania, propone su publicación antes de que venzan los derechos que detenta. Se trata del libro que Adolf Hitler escribiera en la cárcel de Landsberg en la década del veinte sobre cuyas ideas se construyó el nazional-socialismo. Sería publicado antes de 2015 en dos versiones comentadas, con datos objetivos, referencias críticas y profusa revisión histórica con el propósito de su desmitificación. Una versión sería para los jóvenes y la otra, más académica, se apoyaría en textos de historiadores e investigadores.Muchos sobrevivientes de la Shoá y sus descendientes, así como personas genuinamente preocupadas por las consecuencias de su difusión se oponen a esta publicación alegando –o temiendo- que legitimaría el odio anti judío, generarían nuevas huestes de odiadores y daría un fuerte espaldarazo a la ideología nazi que podría luego derramarse sin contención ni freno. Aunque es comprensible que la sola mención de Hitler o de Mi Lucha abra los archivos más ignominiosos y la repulsa más visceral de toda persona bien pensante, no me opongo a tal publicación. Es más, creo que sería beneficiosa.

La prohibición. En principio, no apoyo ni aliento la censura. La libertad de expresión puede ser peligrosa, pero es indispensable para que todos tengamos el mismo derecho a expresar nuestro punto de vista, sea cual fuere, incluso, y especialmente, cuando se oponga al poder de turno. Idealmente, la libertad de expresión debería ser responsable: el emisor debiera conocer y asumir el peso de hacer público algo y el receptor debiera tener el suficiente espíritu crítico como para poder extraer sus propias conclusiones. Sabemos a estas alturas que la responsabilidad o la lectura crítica no podrán enseñarse mediante prohibición alguna. La historia nos muestra que sucede lo contrario: lo prohibido se vuelve deseado, despierta curiosidad y el hacerlo público termina siendo un acto de rebeldía y de libertad. Desarrollar la responsabilidad social de los medios así como la lectura crítica de los lectores, siguen siendo asignaturas pendientes en nuestra educación. Es fácil defender la libertad de expresión cuando se trata de cosas con las que acordamos. El reto es cuando la opinión contraviene nuestra ideología y debemos elegir a qué nivel obedecer, si al particular de la opinión específica o al más general del derecho a opinar. En lugar de prohibir, nos vemos ante el desafío de buscar medios para contrarrestar y argumentar en contra, abrir el diálogo, conversar con la otra idea y hacerlo de modo tal que el eventual lector incorpore nuestra opinión a su universo de sentido y le abra la posibilidad de pensar de otra manera. No es prohibiendo sino conversando inteligentemente que se puede conmover una idea establecida. Creo, en consecuencia, que si el estado de Baviera lo desea, se debe publicar Mi Lucha en esta edición que promete ser crítica y comentada. Todo el que quiera puede encontrar el libro y leerlo, por ello, es mejor esta versión cuidada y estudiada que las que circulan libremente por internet o las que pueden comprarse en kioskos y plazas.

El prejuicio. Llámese judeofobia, antisemitismo, odio a los judíos o sospecha-desconfianza ante lo judío, este libro nos enfrenta con ello y se teme que su publicación reavive el prejuicio, lo despierte, desarrolle o genere nuevos adeptos. Creer que una publicación tiene este poder es creer que los prejuicios pueden ser construidos o destruidos de manera unívoca, simple y sencilla. Disolver y erradicar un prejuicio requiere de mucho trabajo, tiempo y paciencia, precisa del consenso social y la persistencia de volverlo tema de la formación personal desde variados frentes (escuela, familia, Iglesia, medios, chistes, creaciones artísticas, etc). Un prejuicio no se construye -ni se destruye- de buenas a primeras con un libro, con un consejo, con una reflexión. Ojalá así fuera. Esto lo sabemos muy bien quienes trabajamos con la difusión de la Shoá cuyo sustento ideológico es el antisemitismo y vemos que la información que transmitimos no es suficiente para diluir este prejuicio tan hondamente enraizado en la civilización occidental. El prejuicio anti judío se ha construido desde lo emocional a lo largo de siglos de formulaciones, re-formulaciones y validaciones, instiladas desde comentarios al pasar, chistes, rumores, novelas, teatro, prédicas, noticias, atribuciones de culpas, ironías, medias verdades públicas, religiosas o dichas en el seno familiar que penetran y se instalan como verdades incuestionables y naturalizadas, no se someten a crítica ni reflexión alguna. Un prejuicio, como su palabra lo indica, es previo al juicio, no es racional sino que está basado en supuestos ideológicos-emocionales y no en evidencias objetivas y no se disuelve solo con la racionalidad. Un libro más o un libro menos no le hacen mella.

El negacionismo. Creo que la publicación de esta nueva versión de Mi Lucha, oficial, legal y debidamente comentada, podría generar el efecto contrario al temido. Aunque sea un libro de tanta y tan persistente circulación, es más un objeto de culto que de lectura. Los nuevos lectores, si es que lo leen, podrían descubrir dos cosas. Una, es conocer los fundamentos y alcances de las propuestas ideológicas que le dieron legitimidad al inédito plan de exterminar a todo un pueblo, el pueblo judío, sin límites geográficos ni nacionales, esté donde esté y por causas falsamente científicas como la “teoría racial”. La otra cosa que pueden descubrir suele serles escatimada por los propagadores de la ideología nazi que prefieren no mencionar cómo ella condujo a Alemania a emprender dos guerras simultáneamente: la II Guerra Mundial y la Guerra contra los Judíos. Evitan hablar sobre la cantidad de víctimas –más de 50 millones de personas- así como sobre el horror y la crueldad que alcanzaron grados inéditos en la historia de la humanidad. A eso nos referimos cuando decimos unánimemente “Nunca Más”. El negacionismo de la Shoá tiene como función disociar la ideología nazi de estos resultados que, conocidos, le harían perder adeptos. Me parece deseable que se publique esta versión crítica y comentada de Mi Lucha para que los nazis o los potenciales nazis de hoy y más de algún distraído se enteren de a qué grados de iniquidad conducen estas ideas.

Gustavo Sala, ejemplo de ignorancia y desinformación. ¿Pedirá disculpas?

captura-de-pantalla-2012-01-21-a-las-142922.pngTira cómica publicada en Página 12, suplemento NO, el 19 de enero de 2012.

Tal vez Gustavo Sala sea una buena persona, tal vez no sea antisemita, tal vez tenga más de un amigo judío o hasta una novia, o la haya tenido y la quiso, tal vez no albergue sentimientos antijudíos, pero en su afán de provocar y escandalizar se le fue la mano. Hay una fina línea que separa al humor de la ofensa. Y él la cruzó. Tal vez se sorprenda de lo que produjo su comic publicado en Página 12, un día antes del 70 aniversario de la Conferencia de Wannsee donde las más altas autoridades nazis decretaron "la solución final al problema judío", o sea, su exterminio total del planeta.

Triste forma tuvo este periódico para conmemorar una fecha tan infausta para la humanidad. Todavía hay sobrevivientes, estamos sus hijos y nietos. Sobre todos nosotros, con nuestra sangre, Sala tuvo la "brillante" idea de hacer estos dibujos. Claro, Ghetta y gueto suenan parecidos, David es un nombre que suelen poner los judíos a sus hijos y la asociación fue como un "eureka" que se volvió tira cómica. El territorio de los genocidios es un territorio minado y ensangrentado en donde las marcas del horror -marcas que en algunos son cicatrices, en otros heridas que siguen abiertas-, están ahí como un testimonio de la crueldad que el hombre puede ejercer sobre el hombre. El humor suele tener como materias primas los prejuicios, el racismo, los lugares comunes, que funcionan como atajos y llevan a una comprensión instantánea para cualquiera. Los humoristas lo saben muy bien, pero su genio consiste, si es que lo tienen, en usar el prejuicio sin avalarlo, usarlo y criticarlo, usarlo y exhibir su improcedencia o absurdo. Esperamos las disculpas de Sala.

También sería importante que se informara, que conociera a sobrevivientes, que aprendiera algo sobre el Holocausto. Su falta de juicio, su banalización superficial, confirma que hay mucho que desconoce (por ejemplo, lo de hacer jabones fue un mito que ha sido reiteradamente desmentido). Sería bueno que conociera y recién después creara una tira cómica. Generaciones de la Shoá y Sherit Hapleitá se ofrecen para concertar una reunión con los que sobrevivieron al infierno de Auschwitz para que vea de primera mano de qué se trata lo que trató tan ligeramente.

Nos llama la atención que el editor responsable de Página 12 haya autorizado la publicación de la tira cómica. Los sobrevivientes también esperamos una disculpa de ese medio de prensa.

Los sobrevivientes y sus hijos y nietos congregados en Sherit Hapleitá y Generaciones de la Shoá

La profecía del criminal – Moisés Borowicz

La Profecía del criminal es un libro cinematográfico, contado en imágenes concretas y sumamente evocadoras. He leído decenas de libros de testimonio y no es común uno encarado de esta manera. Tiene la gran virtud de no pretender contarlo todo, ni dar lecciones u ofrecerse como modelo o ejemplo de nada. Así como es Moisés, sencillo, inteligente y pícaro, se plantea su historia casi como si se sorprendiera a sí mismo de cómo se fueron dando las cosas. Contada en viñetas, en anécdotas que siguen su derrotero en la Shoá, hay distintos personajes que entran y salen de la escena con la misma humildad con la que se presenta el protagonista. Tiene la virtud de transmitir de manera descriptiva y emocional algunos momentos significativos de su vida durante la Shoá, antes y después. Desde su infancia en Sokoly pasando por el bosque, el gueto, el viaje en el tren y los siete campos de su ordalía: Majdanek, Blyzin, Plaszow, Wieliczka, Mauthausen, Melk, Ebensee, luego de la liberación el pasar por la condición de Desplazado en Italia a la espera de un destino para seguir viviendo. Las ordalías eran las pruebas que se hacían sobre las personas acusadas de brujería durante la Inquisición, por ejemplo se echaba a una mujer con una piedra pesada atada a su cuerpo a un lago, si se hundía era bruja, si sobrevivía no. Las ordalías son pruebas construidas supuestamente para probar la presencia una mujer con una pesada piedra atada puede emerger a la superficie y salvarse. ¿Cómo se salvó Moisés? El trayecto por los siete campos de Moisés es una verdadera ordalía, una prueba tras otra a la que fue sometido y de las que salió airoso, él mismo no sabe por qué. Como dicen todos los sobrevivientes, la suerte fue el factor determinante. Pero él se pregunta si no fue por la profecía del criminal, aquél austríaco que disparó a Moisés pero mató a una paloma porque al apretar el gatillo la bala no salió enseguida y anunció proféticamente “este chico va a sobrevivir la guerra, tiene destino de vivir”. Moisés nos deja la pregunta abierta que atormenta a todos los sobrevivientes ¿por qué fue que sobreviví? Y se responde, irónicamente, con el recuerdo de la profecía de uno de sus asesinos fallidos.En su libro se ve claramente la gradualidad con la que los judíos fueron siendo conducidos al camino de la muerte y la imposibilidad de una oposición efectiva frente a este enemigo organizado y con una clara determinación asesina. Relata Moisés, sin embargo, todos los intentos que hizo su familia, él mismo y otros a su lado, para evitar su destino fatal. Cuando podían huían, se tiraban de los trenes, cavaban hoyos en los bosques donde permanecían meses y meses, así fue como Moisés y su familia sobrevivieron un año entero. Uno no alcanza a imaginar lo que es permanecer acostados en un sitio incómodo, húmedo, helado o caluroso, a oscuras y en silencio rogando a cada instante no ser descubiertos, no ser denunciados, que un grupo de nazis o de antisemitas polacos no se topen con la entrada de la cueva…. Días y días con la incertidumbre del mañana. Si se desconoce cuándo finalizará el sufrimiento éste se multiplica y se hace insoportable. Los dolores de parto se toleran porque uno sabe que en poco tiempo, minutos, horas, terminará. El no saber cuándo se termina lo agiganta enormemente. Es lo que vivieron en ese año en el pozo en el bosque, una experiencia que los que no vivimos no alcanzamos a comprender. Los objetos que hacían la diferencia entre la vida y la muerte en los campos: el pote, una cuchara cuando se conseguía, el calzado, los zuecos. La vida concentracionaria es un universo tan particular que a veces sus detalles se pierden al recuperar la vida normal y no siempre se cuentan. Siempre me sorprendió que los sobrevivientes no mencionen en sus testimonios, salvo que se les pregunte específicamente, cómo es vivir sin relojes ni espejos, dos elementos que nos resultan esenciales para ubicarnos. No sabían cuándo era su cumpleaños, ni qué aspecto tenían. No eran dueños de sus cuerpos puesto que no podían responder a sus necesidades cuando lo necesitaban sino en un horario determinado y ante los ojos de los demás. La puerta del baño es un bien que nos humaniza, nos permite resguardar nuestra intimidad de la mirada de los demás. Como dice Moisés “no teníamos ropa interior”. Cosas que uno toma por normales acá no existían y la identidad, la subjetividad debía construirse con los elementos que había. Y he aquí el milagro de lo humano, se podía. Están los amigos, la policía judía, los gentiles antisemitas y los gentiles que arriesgaron sus vidas, el levantamiento armado de Bialystok, la cruel locura de la escalera de la muerte en Mauthausen, los encuentros con personajes de su pueblo, los destinos de sus familiares y amigos, Moishe Maik el amigo bromista de su hermano Yehuda, Motek Czerwonietz que protagoniza una de las escenas más conmovedoras del relato, los perpetradores con nombres, apellidos y apodos. Pero es central en el corazón de Moisés la desaparición de su querido hermano Yehuda del que nunca más supo nada luego de verlo saltar del tren. Dice Yehuda fue uno de los primeros en tirarse. Arrojó su sobretodo para que recibiera las descargas de metralla y después se lanzó él. Un instante antes de hacerlo me buscó con la mirada y alcancé a leer en sus labios: “nos vemos hermanito”. Sin evidencias de su muerte, la posibilidad de que hubiera sobrevivido y, como hipotetiza Moisés, que haya perdido la memoria y no recuerde su nombre, abre todo el capítulo de la presencia de los que no tenemos evidencia de que hayan muerto. Como los desaparecidos en la dictadura argentina cuyos padres y familiares dicen aún hoy que cuando suena el teléfono piensan “¿será….?”, Yehuda es una presencia-fantasmal , alguien siempre esperado. Al hablar de su infancia, relata sus recuerdos infantiles, sus juegos y sus compañeros de juegos, y lo hace con frescura y sencillez, permitiendo la identificación del lector porque cualquiera de nosotros hemos sido niños como él. A veces, en los relatos de sobrevivientes que cuentan las partes terribles, el horror en grado puro, producen un cierto distanciamiento en el lector o en el oyente porque ninguno se ha visto en una situación similar y el relato, aunque espantoso, está tan alejado de la realidad común que no le permite identificarse con el sobreviviente. Moisés cuenta, a lo largo de todo el libro, de un modo que hace que cualquiera que lea entienda visceralmente lo que dice, pueda identificarse con él e imaginarse cómo sería si a él le pasara lo mismo. Es, para mí, el mérito mayor del libro. En Generaciones de la Shoá hemos diseñado un proyecto para mantener vivo el relato oral de la Shoá, el Proyecto Aprendiz. En él un joven conoce a un sobreviviente, interactúa con él y se compromete a contar su historia en las décadas futuras. Nos aseguramos así que algunas de estas historias siga estando viva y puedan ser transmitidas con el calor de la presencia y con las pequeñas anécdotas que hacen de cada vida algo visible y comprensible por cualquiera. Este logro central en el libro debe ser una combinación entre la personalidad de Moisés, sus recuerdos y lo que privilegia en ellos, junto con la mirada y decisiones literarias de Daniel Izrailit. No estuve en la cocina del libro ni conozco los detalles, pero advierto el trabajo de edición y el cuidado del escritor en verter la historia manteniendo la oralidad del protagonista y dando al mismo tiempo un producto literario fluido que hace la lectura posible y rica. Me siento muy honrada de haber sido invitada por Moisés a esta nueva presentación prologada esta vez por el querido Daniel Rafecas, cuyo texto recomiendo leer especialmente. Quiero agradecer a todos vuestra presencia, a la querida Comunidad Chalom la invitación y permítanme cerrar tomando unas cosas del libro. En los agradecimientos, dice el autor: agradezco a Moisés Borowicz por concederme el privilegio de escribir su historia y por las otras historias que se comenzaron a escribir desde nuestro primer encuentro. Y Moisés le agradece a Daniel por tomarse la molestia y el trabajo de escuchar tanto tiempo, tantas cosas y escribir todo esto. Para uno es un privilegio, el otro teme que sea una molestia. Daniel Izrailit dedica el libro y hago mías sus palabras: A los que no miraron para otro lado, a los que tendieron una mano, a los que crearon un hilo de luz en el pozo ciego de la humanidad. Diana Wang

El Pogrom de Noviembre (conocido como la Kristallnacht)

              Cambio de la denominación. La Shoá está siendo conmemorada cada vez más en su distintas fechas. El 27 de enero el Día Internacional del Holocausto, Iom Hashoá el 27 de Nisán del calendario hebreo (entre marzo y mayo del calendario gregoriano), el 8 de mayo el Día de la Capitulación de Alemania y el 9 de noviembre popularizado como la Kristallnacht –la noche de cristal- y mal traducido como “la noche de los cristales rotos”.  "Kristallnacht" es el nombre creado por la usina de pensadores del Ministerio de Propaganda del Reich, el famoso centro de generación de operaciones políticas liderado por Joseph Goebbels. Esta evidencia ha determinado que tanto en conmemoraciones oficiales de Alemania como para académicos de otros sitios[1], se ha convenido que el nombre sea Pogrom de Noviembre.  

Todo cambio de denominación requiere un tiempo de conocimiento, convencimiento, adaptación e incorporación. No ha sido fácil con la palabra Shoá pero lo estamos consiguiendo. Tal vez por un tiempo habrá que hacer lo mismo que se hace con ella, a la que se le agrega a veces Holocausto como aclaración. Sería “Pogrom de Noviembre” (conocido como la Kristallnacht).

¿Qué quiere decir Kristallnacht? y ¿qué pasó en realidad? Kristallnacht es una formulación cuasi poética, “la noche de cristal”, que más que decir, oculta lo ocurrido esa fatídica noche de noviembre. Evocamos junto con esa formulación las fotografías tan profusamente difundidas de los frentes de negocios judíos con sus vidrieras rotas y los fragmentos de vidrios esparcidos por la calle. ¿Quiénes tiraron las piedras que quebraron los vidrios? Tal vez jóvenes rebeldes y aventurados o quizás enojados luego de conocida la muerte de vom Rath. Son imágenes que no llegan a ser delictivas, algo más que travesuras, casi anodinas y que refieren al ataque a propiedades en manos de espíritus vengadores por la muerte del diplomático alemán en Paris. Claro que sabemos que las cosas no fueron así, pero lo sabemos solo los que lo sabemos. Los que no lo saben, no tienen más que los rótulos y las fotos de vidrieras rotas, no saben que no saben, no saben sobre lo asesinatos y las deportaciones, sobre el terror desatado, los incendios, los robos, las humillaciones y acosos, sobre la organización concienzuda que produjo el estallido de violencia de una manera simultánea en toda Alemania y en Austria, no saben que fueron incendiadas 267 sinagogas, que 177 de ellas fueron totalmente destruidas, que se dañaron casi 8 mil negocios de los que casi todos quedaron en escombros, que fueron arrestados y trasladados a campos de concentración 20 mil judíos, que fueron asesinados casi cien,  que fueron profanados los cementerios judíos, que fueron humillados, golpeados y torturados decenas de miles ante la vista indiferente del público y las fuerzas del orden que habían recibido órdenes de intervenir solo si las llamas ponían en peligro edificios vecinos cuyos propietarios no fueran judíos.  

¿Por qué llamarlo pogrom? Un Pogrom se define como una explosión de violencia en manos de una turba desatada que viola, roba y asesina a mansalva a una población judía indefensa sin mediar razón real. Un Pogrom alude a injusticia, brutalidad, blancos previamente designados, -siempre los judíos-, redireccionando el descontento popular por carriles previamente dibujados por los prejuicios y los estereotipos que definen a los judíos como el “enemigo interno” que permite la cohesión de las masas oponiéndose a él. La palabra Pogrom no es una palabra conocida, no es una palabra del habla común como lo son “cristales” y “rotos”. Para los que no saben lo que pasó, la palabra Pogrom no evoca imágenes construidas previamente ni simulacros ni disimulos usados por el nazismo para ocultar sus crímenes. Es como la palabra Shoá, debe ser explicada, no evoca imágenes ni es evidente por sí misma. Pogrom y Shoá se refieren claramente a ataques dirigidos al pueblo judío y es el primer dato relevante que comportan.

Una operación organizada. La violenta acción del 9 de noviembre de 1938 tuvo lugar gracias a una organización que proveyó los recursos, armó los equipos de asalto, brindó el entrenamiento previo y la motivación, colaboró con la logística necesaria: sistema de comunicaciones y traslados, aparato de propaganda, difusión masiva por el medio entronizado por el nazismo como su herramienta más poderosa de penetración e influencia, la radio. Años después, en la década del noventa, la radio fue el vehículo que multiplicó la consigna asesina en toda Ruanda y gran parte de su población Hutu asesinó de manera sangrienta y a machetazos a sus vecinos y amigos Tutsis. Estas cosas no se han de manera espontánea. Son explosiones de violencia generadas, alimentadas, sostenidas y planificadas por una entidad poseedora de la logística y el poder apropiados. Fue luego de una intensa campaña propagandística, igual que en la Alemania nazi. En este caso las matanzas no fueron secretas sino que se hicieron de manera abierta, subiendo la apuesta del horror del Mal que ni siquiera sentía repulsión por el derramamiento de sangre de amigos, vecinos, y fundamentalmente de niños. ¿Espontáneo? Lejos de ello. Pensado, armado, estructurado y ejecutado por el aparato estatal. Por todo ello estamos propulsando el cambio del nombre de este acontecimiento sucedido durante el nazismo. En Alemania desde fines de los 1970 el nombre público es “Reichspogromnacht”, la Noche del Pogrom del Reich y también “Pogromnacht”, Noche del Pogrom, o “Novemberpogrom”, Pogrom de Noviembre. Aunque al principio no definían una denominación homogénea en todas las denominaciones oficiales está la palabra pogrom.  

Una curiosa coincidencia en las fechas. Estas órdenes y la simultaneidad de los vandalismos revela que la pretendida espontaneidad no fue tal aunque sí lo fue el asesinato de vom Rath, un evento perfecto para gatillar el estallido de violencia. El 9 de noviembre tuvo una gran resonancia simbólica para el partido nazi, y la violencia desatada ese día de 1938 no fue accidental. Ni siquiera la fecha es inocente y es reveladora de otras intenciones. Un 9 de noviembre de 1918, 30 años antes, había abdicado el Káiser Guillermo II, lo que determinó el fin de la monarquía en Alemania, tomada por Hitler y sus simpatizantes como una traición al alma alemana. Quince años antes, un 9 de noviembre de 1923, Hitler y sus seguidores hicieron lo que se conoce como el Putsch de la Cervecería, el intento fracasado de toma del poder en Múnich cuya consecuencia fue el arresto de Hitler y la lección de que el poder solo podía tomarse mediante el voto popular, hacia lo que trabajaría una vez salido de la cárcel con su “Mi lucha” terminado de escribir. La fecha elegida para la acción de 1938 no fue por cierto azarosa, hasta hay una progresión aritmética precisa, de quince en quince años. (Y también un 9 de noviembre pero de 1989 fue la caída del Muro de Berlín, fecha elegida para "lavar" a la de 1938 que sigue avergonzando al pueblo alemán) 

¿Banalización? Últimamente se habla mucho de la banalización de la Shoá y en parte somos culpables de ello con cosas como éstas. Usar la palabra elegida por los nazis abona la tendencia a banalizar, porque se toma un hecho importante y se lo reduce a una formulación que es encubridora y engañosa.  Después nos sorprende que las frases hechas, los lugares comunes se repitan sin sustento ni contenido por políticos y comunicadores sociales.

Una esperanza. Esperamos que en el año 2012 y en los siguientes, las convocatorias a la conmemoración del 9 de noviembre comiencen a incluir esta denominación más descriptiva y adecuada que la generada por los mismos nazis y que la fecha empiece a ser conocida y difundida como “El Pogrom de noviembre (Kristallnacht)”.

 

Diana Wang

Presidenta de Generaciones de la Shoá

(re-escrito en base a su texto de noviembre de 2009)

 

 

 



Los platos y cubiertos que uso para comer

En el 70º aniversario de la masacre de Jedwabne. Palabras de Diana Wang - 24 de agosto de 2011- 

El número de víctimas aún permanece incierto. ¿Fueron 800? ¿Fueron 1000? ¿Fueron 1600?¿Cuántos judíos fueron asesinados en aquel día de verano del 10 de julio de 1941 en Jedwabne? Más de la mitad de los habitantes de este shtetl pacífico, persiguió, atacó, arreó, encerró y quemó a la otra mitad.  La idea de que tus propios vecinos, con los que fuiste a la escuela, con los que te cruzás habitualmente en la calle, con los que compartís las alegrías e infortunios cotidianos en un pueblo pobre y pequeño, que esas mismas personas sean tus atacantes, te miren con odio, te quieran matar, que te maten, la sola idea de algo así subvierte lo que uno vive como humano, lo que uno cree posible y nos deja sin un piso firme bajo nuestros pies.

Jedwabne

Dice la investigadora polaca Ana Wajszczuk:

La masacre comenzó apenas despuntó el sol, pero se venía preparando hacía días en una creciente ola de humillaciones, asesinatos y rumores de matanzas en pueblos vecinos. Alemania había invadido la Unión Soviética el 22 de junio, quebrando el pacto de no agresión entre Hitler y Stalin. Jedwabne, incorporado a la Unión Soviética en 1939 y bajo un brutal proceso de sovietización desde entonces, cambió a manos alemanas el día 23. El destino de la mitad de su población, judíos con raíces centenarias en el pueblo, estaba sellado para diecisiete días después.

En la plaza desprovista de árboles, una cadena de brazos no dejaba escapar a centenares de hombres, mujeres y niños judíos reunidos a empujones y amenazas bajo el sol ardiente del verano, apaleados e insultados por sus propios vecinos polacos. Con el alcalde y la gendarmería alemana a la cabeza, armados con hachas, palos con clavos y barras de hierro, sacaron a sus vecinos judíos de sus casas, y persiguieron y asesinando a quienes intentaban escapar. Al final del día, quienes todavía quedaban vivos fueron obligados a marchar con el rabino al frente hasta un granero cerca del cementerio judío, obligados a llevar una estatua de Lenin, obligados a cantar que la guerra era su culpa. El establo se roció con combustible, y más de mil hombres, mujeres y niños fueron quemados vivos. Los gritos y el olor a carne quemada se convirtieron en un recuerdo fantasmal entre los habitantes de Jedwabne y sus descendientes que ocuparon las propiedades de los muertos. No lo olvidarían fácilmente.

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Bernardo Olszewicz, que tenía 15 años, es uno de los pocos sobrevivientes de la masacre y nunca lo olvidó. Vivió todos estos años con el peso de la mentira que atribuía a los nazis el asesinato, siendo que fue perpetrado por los propios vecinos polacos. Fue Jan Gross el que estableció la verdad de los hechos y levantó un debate que aún desgarra a los polacos en el registro de su pasado y su memoria histórica. Basándose en testimonios de sobrevivientes y en los archivos de dos juicios celebrados por las autoridades comunistas en 1949 y 1953, inició una investigación que terminó en la publicación de su libro “Vecinos” en 2001.Ana Wajszczuk, nieta de polacos católicos prisioneros en Siberia, pudo constatar que para sus abuelos, como para muchos otros polacos, la verdadera maldición fueron los soviéticos, y por extensión sus amigos, los judíos. Luego de la ocupación nazi y hasta que estos se organizaran y establecieran sus oficinas y toda su administración, en la semanas previas a que asumieran todo el poder, en el vacío de esos días, los vecinos polacos volcaron sobre sus vecinos judíos, el odio y el resentimiento de siglos de antisemitismo potenciados por el odio al invasor soviético. Para los polacos, como dice Wajszczuk, los judíos eran todos comunistas. ¿Cómo pensar la culpa? ¿existe algo como la culpa colectiva? ¿es que todos los vecinos participaron en la masacre? ¿y los que se oponían? ¿qué pasaba con ellos? ¿cómo actuar frente a la furia desatada de una masa alimentada por siglos de odios, por venganzas y resentimientos? Para los polacos antisemitas y anticomunistas de Jedwabne, y tal vez para muchos otros en otros sitios, los judíos somos culpables por nacimiento, llevamos la marca de Abel en la frente, somos las víctimas propiciatorias donde canalizan su sometimiento de siglos. El posterior gobierno soviético liberó de la culpa a los polacos bajo su yugo y transformó el asesinato en obra de los nazis. Algo similar a lo que habían hecho en el asesinato de 20 mil militares polacos en el bosque de Katyn en 1940, muertos esta vez por los mismos soviéticos, que acusaron durante décadas a los nazis del asesinato masivo.

Pero respecto de Jedwabne, la memoria de los polacos aún está viva. Cuando se conmemoró hace unos días el 70° aniversario participó por primera vez un obispo, y el actual presidente, Bronislaw Komorowski, envió una carta en la que pedía "una vez más, perdón". Pero el alcalde no estuvo presente. El anterior, quién pretendió revisar la pasada complicidad polaca en la masacre, fue amenazado por los vecinos y tuvo que renunciar. Éste, por las dudas, no estuvo en el acto. Creo que es mucho más fácil ser judía en Argentina que ser polaco residente de Jedwabne. A diferencia de mí que como con platos y cubiertos que sé de dónde vienen, porque los compré yo, aquellos comen en platos y cubiertos que no saben con claridad a quiénes pertenecieron y a qué costo. Qué peso. Qué esfuerzo negarlo. Qué espanto el asumirlo.

Ayer, 23 de agosto, se estableció en Polonia el día de la memoria, en recuerdo de las víctimas del nazismo y del comunismo, uniendo ambos sucesos históricos como si se tratara de eventos semejantes. La fecha elegida es particularmente desdichada porque alude a la firma del pacto Ribentropp-Molotov que partió y repartió a Polonia una semana antes del comienzo de la II Guerra Mundial, pacto que fue roto por Hitler en junio de 1941 cuando invadió la parte soviética en la Operación Barbarroja. Traición sobre traición.

Aún queda mucho por trabajar. Aún queda mucho por revisar, estudiar y aprender. Las sociedades humanas parecen no saber convivir armónicamente y hemos sido impotentes en modificarlo. Tal vez no se pueda, tal vez nuestro propósito al honrar la memoria, al mantener vivos los sucesos, al intentar comprender sus implicancias y enseñar sobre eso, tal vez precise mucho más tiempo que el que nuestra vida nos permite. Ojalá que este mundo que estamos construyendo sea un sitio más amable para nuestros nietos y bisnietos, y que lo vean. Así sea.


[i] El 24 de agosto se realizó un acto de conmemoración del 70º aniversario de la masacre de Jedwabne, en la sede de Sherit Hapleitá y Generaciones de la Shoá. Se contó con el testimonio de Bernardo Olszewicz, sobreviviente de la masacre, y la presencia de sus hijos y nietos.