Publicación de Mi Lucha. ¿A favor o en contra?

captura-de-pantalla-2012-04-29-a-las-162117.pngLa noticia de la publicación de Mi Lucha, texto fundacional de la ideología nazi, ha producido preocupación y temor. El estado de Baviera, Alemania, propone su publicación antes de que venzan los derechos que detenta. Se trata del libro que Adolf Hitler escribiera en la cárcel de Landsberg en la década del veinte sobre cuyas ideas se construyó el nazional-socialismo. Sería publicado antes de 2015 en dos versiones comentadas, con datos objetivos, referencias críticas y profusa revisión histórica con el propósito de su desmitificación. Una versión sería para los jóvenes y la otra, más académica, se apoyaría en textos de historiadores e investigadores.Muchos sobrevivientes de la Shoá y sus descendientes, así como personas genuinamente preocupadas por las consecuencias de su difusión se oponen a esta publicación alegando –o temiendo- que legitimaría el odio anti judío, generarían nuevas huestes de odiadores y daría un fuerte espaldarazo a la ideología nazi que podría luego derramarse sin contención ni freno. Aunque es comprensible que la sola mención de Hitler o de Mi Lucha abra los archivos más ignominiosos y la repulsa más visceral de toda persona bien pensante, no me opongo a tal publicación. Es más, creo que sería beneficiosa.

La prohibición. En principio, no apoyo ni aliento la censura. La libertad de expresión puede ser peligrosa, pero es indispensable para que todos tengamos el mismo derecho a expresar nuestro punto de vista, sea cual fuere, incluso, y especialmente, cuando se oponga al poder de turno. Idealmente, la libertad de expresión debería ser responsable: el emisor debiera conocer y asumir el peso de hacer público algo y el receptor debiera tener el suficiente espíritu crítico como para poder extraer sus propias conclusiones. Sabemos a estas alturas que la responsabilidad o la lectura crítica no podrán enseñarse mediante prohibición alguna. La historia nos muestra que sucede lo contrario: lo prohibido se vuelve deseado, despierta curiosidad y el hacerlo público termina siendo un acto de rebeldía y de libertad. Desarrollar la responsabilidad social de los medios así como la lectura crítica de los lectores, siguen siendo asignaturas pendientes en nuestra educación. Es fácil defender la libertad de expresión cuando se trata de cosas con las que acordamos. El reto es cuando la opinión contraviene nuestra ideología y debemos elegir a qué nivel obedecer, si al particular de la opinión específica o al más general del derecho a opinar. En lugar de prohibir, nos vemos ante el desafío de buscar medios para contrarrestar y argumentar en contra, abrir el diálogo, conversar con la otra idea y hacerlo de modo tal que el eventual lector incorpore nuestra opinión a su universo de sentido y le abra la posibilidad de pensar de otra manera. No es prohibiendo sino conversando inteligentemente que se puede conmover una idea establecida. Creo, en consecuencia, que si el estado de Baviera lo desea, se debe publicar Mi Lucha en esta edición que promete ser crítica y comentada. Todo el que quiera puede encontrar el libro y leerlo, por ello, es mejor esta versión cuidada y estudiada que las que circulan libremente por internet o las que pueden comprarse en kioskos y plazas.

El prejuicio. Llámese judeofobia, antisemitismo, odio a los judíos o sospecha-desconfianza ante lo judío, este libro nos enfrenta con ello y se teme que su publicación reavive el prejuicio, lo despierte, desarrolle o genere nuevos adeptos. Creer que una publicación tiene este poder es creer que los prejuicios pueden ser construidos o destruidos de manera unívoca, simple y sencilla. Disolver y erradicar un prejuicio requiere de mucho trabajo, tiempo y paciencia, precisa del consenso social y la persistencia de volverlo tema de la formación personal desde variados frentes (escuela, familia, Iglesia, medios, chistes, creaciones artísticas, etc). Un prejuicio no se construye -ni se destruye- de buenas a primeras con un libro, con un consejo, con una reflexión. Ojalá así fuera. Esto lo sabemos muy bien quienes trabajamos con la difusión de la Shoá cuyo sustento ideológico es el antisemitismo y vemos que la información que transmitimos no es suficiente para diluir este prejuicio tan hondamente enraizado en la civilización occidental. El prejuicio anti judío se ha construido desde lo emocional a lo largo de siglos de formulaciones, re-formulaciones y validaciones, instiladas desde comentarios al pasar, chistes, rumores, novelas, teatro, prédicas, noticias, atribuciones de culpas, ironías, medias verdades públicas, religiosas o dichas en el seno familiar que penetran y se instalan como verdades incuestionables y naturalizadas, no se someten a crítica ni reflexión alguna. Un prejuicio, como su palabra lo indica, es previo al juicio, no es racional sino que está basado en supuestos ideológicos-emocionales y no en evidencias objetivas y no se disuelve solo con la racionalidad. Un libro más o un libro menos no le hacen mella.

El negacionismo. Creo que la publicación de esta nueva versión de Mi Lucha, oficial, legal y debidamente comentada, podría generar el efecto contrario al temido. Aunque sea un libro de tanta y tan persistente circulación, es más un objeto de culto que de lectura. Los nuevos lectores, si es que lo leen, podrían descubrir dos cosas. Una, es conocer los fundamentos y alcances de las propuestas ideológicas que le dieron legitimidad al inédito plan de exterminar a todo un pueblo, el pueblo judío, sin límites geográficos ni nacionales, esté donde esté y por causas falsamente científicas como la “teoría racial”. La otra cosa que pueden descubrir suele serles escatimada por los propagadores de la ideología nazi que prefieren no mencionar cómo ella condujo a Alemania a emprender dos guerras simultáneamente: la II Guerra Mundial y la Guerra contra los Judíos. Evitan hablar sobre la cantidad de víctimas –más de 50 millones de personas- así como sobre el horror y la crueldad que alcanzaron grados inéditos en la historia de la humanidad. A eso nos referimos cuando decimos unánimemente “Nunca Más”. El negacionismo de la Shoá tiene como función disociar la ideología nazi de estos resultados que, conocidos, le harían perder adeptos. Me parece deseable que se publique esta versión crítica y comentada de Mi Lucha para que los nazis o los potenciales nazis de hoy y más de algún distraído se enteren de a qué grados de iniquidad conducen estas ideas.

NUEVOS INSULTOS POLITICOS

ilustrac-insultos.pngPuede observarse con estupor que Goebbels, Hitler y nazi se han vuelto palabras/proyectiles disparadas como insultos tanto por comunicadores como por políticos de diversas arenas partidarias. Buscando un efectismo mediático contundente no parece importarles la invalidez de la analogía. Banalizan impunemente al nazismo y sus figuras prominentes, reducidos a íconos a los que nadie quiere parecerse. Al establecer la comparación hacen gala de un grave desconocimiento tanto de Goebbels y Hitler como de la ideología nazi.

Goebbels. Se acusa de Goebbels a todo aquel que sea visto manejando la información de modo sesgado o autoritario. Hemos escuchado estas acusaciones dirigidas al actual gobierno y a sus amigos, de parte de Jorge Lanata, Joaquín Morales Solá, Jorge Fontevecchia, Carlos Reutemann y Carlos Menem; pero también fue acusado Hermes Binner en boca de Carlos Mercier. Aplicar alegremente el apelativo de Goebbels es una clara evidencia del más absoluto desconocimiento de lo que se está hablando. ¿Quién fue y qué hizo Goebbels? El Ministro de Propaganda del III Reich montó un operativo tan exitoso que consiguió encolumnar a todo un pueblo tras los delirios megalomaníacos de Hitler y convertir a gente común en ejecutores y cómplices de asesinatos masivos. Cualquiera sabe que ninguna medida impopular podrá ser aceptada y ningún estado dictatorial puede mantenerse en el poder sin el apoyo de la población civil. El Ministerio de Propaganda nazi propagó la teoría “racial” e instaló la idea y la necesidad de la reingeniería humana para mejorar la “raza”: se mataría así a gitanos, homosexuales, discapacitados físicos y mentales y por supuesto y de manera central, a todo el pueblo judío. El plan quedó trunco merced a la derrota del nazismo, pero si hubiera triunfado, habría continuado con el exterminio del resto de los “inferiores”: los negros, los amarillos, los marrones, los rojos…, todo el que no fuera blanco, rubio y germano. ¿Puede un plan de esta enormidad compararse siquiera con cualquier medida tomada por un político local?

Hitler. ¿Puede ser válida la asimilación que algunos hicieron del ex presidente Néstor Kirchner con la figura de Hitler (de lo que tal vez, a pocos días de su muerte, prefieran olvidarse)? Previamente a su deceso, Elisa Carrió lo comparó con el Führer y también la revista Noticias lo puso en la tapa con uniforme y pose hitleriana. El ex presidente podía caer simpático o no, verse negociador o autoritario, democrático o fascista, pero compararlo con el que pretendía la instalación del imperio de los mil años y la conquista del mundo bajo la supremacía de la “raza” superior mediante el asesinato de millones de personas no resiste el menor análisis ni merece siquiera ser considerado.

Nazi. La palabra nazi es usada como sinónimo de autoritarismo, obcecación, rigidez. Marcelo Parrilli llamó nazi a Mauricio Macri, Miguel Ángel Pichetto a Liliana Alonso de Negre, Beatriz Rojkes de Alperovich y Gerardo Morales a los que se les opusieron en el congreso. Pero el nazismo fue otra cosa que un arranque o estilo autoritario o caprichoso, fue una ideología política impuesta por un estado dictatorial, que propendía a la supremacía de Alemania primero sobre Europa y finalmente sobre toda la humanidad. La teoría “racial” y el consecuente asesinato de los considerados “inferiores” no tiene ni un pequeño e insignificante punto de comparación con nada de lo que pudiera acusarse a ninguno de nuestros políticos, por más autoritarios, caprichosos o antidemocráticos que sean. El insulto proferido revela, nuevamente, que quien lo dice no sabe nada del nazismo. El insulto califica a quien lo dice pues muestra su ignorancia y el oportunismo efectista y la devaluación de su palabra.

Boudou no está solo. Amado Boudou y su desdichado improperio hacia los periodistas a quienes acusó de ser como “los que limpiaban las cámaras de gas” no está solo. Hitler, Goebbels y nazi se han vuelto malas palabras comunes. Y aunque es bueno que en el imaginario popular el nazismo sea visualizado como algo malo, la banalidad del insulto reduce su significación de tal manera que oculta su verdadera dimensión. Hitler, Goebbels y nazi se han vuelto solo dardos inofensivos destinados a producirle sarpullido al adversario.

Boludo. Pasó con la palabra boludo. En su origen era sinónimo de mogólico debido a la hiperplasia testicular de los que padecen el Síndrome de Down. Son “boludos” por el tamaño de sus testículos. Olvidado su origen lesivo hacia quienes padecen la mencionada alteración genética, ya ni “suena” a mala palabra, hasta ha sido incluido en el diccionario de americanismos de la Real Academia como sinónimo de tonto. Tal vez en poco tiempo Hitler, Goebbels y nazi también serán palabras coloquiales vaciadas de historia, pompas de jabón insustanciales que se desvanecerán en gotitas minúsculas antes de tocar el suelo.

En otros países no se consigue. No pasa igual aparentemente en otros países, en donde Hitler, Goebbels y nazi siguen correspondiendo a lo que designan y no se han abaratado en el uso ligero de la esgrima verbal ofensiva y vacía de sentido de nuestra clase política.

Insultos disponibles. Tal vez habría que refrescar el repertorio de insultos y malas palabras que quieren decir lo que quieren decir sin necesidad de hacer alarde de creatividad alguna ni de falsear la historia o aprovecharse de sus anti-próceres. Por ejemplo: estúpido, ladrón, asesino, tramposo, corrupto, avivado, traicionero, falluto, hipócrita, mala persona, poco confiable, manipulador, sinvergüenza, mal bicho, indecente, ímprobo, intolerante, estafador, bribón, atorrante, vividor, aprovechador, vago, irrespetuoso, bruto, criminal, coimero…. ¿no son mucho más elocuentes?

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