Otras cosas

Te amaré eternamente.... y otros mitos

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Nos arrojamos a las relaciones de pareja ilusionados y convencidos de que el amor y el deseo durarán por siempre. Pero esa sensación de mariposas en la panza, que algunos llaman infatuación, no es eterna. Con suerte, cuando el fuego se va apagando, queda el rescoldo tibio y amable de una buena relación, confianza, lazos familiares y expectativas a futuro.

Nos hemos formado en una cultura que lee todo lo anterior como un pobre consuelo ante la falta del fuego sublime de la pasión desatada. Y pasado un tiempo, descubrimos que tenemos poco en común con el otro, que las peleas son una constante y que no coincidimos en casi nada.

Con la extensión de la vida y el cambio de paradigma de este siglo, la pareja de larga data tambalea, aunque el tema ha recibido poca atención en nuestra sociedad. ¿Cómo hacemos para sostener un proyecto de a dos en un mundo donde la idea de enamorarse para siempre ya no tiene tanta fuerza?

La psicóloga Diana Wang, con casi cinco décadas de ejercicio como terapeuta de parejas, recaba algunas observaciones, consejos y lecciones que fue aprendiendo tanto de sus pacientes como de su experiencia personal. Con humor, calidez y realismo, aborda temas como el dinero, el sexo, la monogamia, la fidelidad, los hijos, los nietos, los suegros, el espacio personal, los secretos, los divorcios, las nuevas parejas y las familias ensambladas. Este libro extraordinario es una lectura imprescindible para todos los que quieren seguir apostando a la misteriosa aventura de compartir la vida con otra persona.

Diana Wang se casó dos veces. Su primer matrimonio duró dos años. El segundo cumplió 44 en 2019. Ambas experiencias, sumadas a su ejercicio profesional, le han enseñado todo lo que escribió en este libro: alegrías y desdichas, frustraciones y logros, aburrimientos y despertares.

Nacida en Polonia a poco de terminada la Segunda Guerra Mundial, Diana reside en Buenos Aires desde los dos años. Sus padres tuvieron la suerte de sobrevivir a la ignominia nazi y llegaron a la Argentina en 1947. Enamoradiza y entusiasta, la autora recibió a los doce años su primer beso en un atardecer de verano. La parábola de la vida en pareja comenzó muy temprano. Cuando su mamá supo de aquel noviecito al que llamaba "simpatía" la abrazó diciendo: "¿Qué apuro tenés? Se sufre mucho en el amor". Diana se ha empeñado desde entonces en que el amor sea fuente de disfrute y alegría y que la sombra del sufrimiento se mantuviera lejos y a resguardo. No siempre lo ha logrado. Pero lo que sí aprendió es que se puede.

Egresada de la Universidad de Buenos Aires, Diana trabaja en su consultorio privado desde hace casi cincuenta años, especializada en vínculos de pareja. Además, es columnista de La Nación y miembro del Museo del Holocausto. Como autora, publicó De terapias y personas junto con Musia Auspitz (1997), El silencio de los aparecidos (1998), Los niños escondidos: del Holocausto a Buenos Aires (2004), Hijos de la guerra: la segunda generación de sobrevivientes de la Shoá (2007), Volver: crónicas en forma de cartas sobre un viaje de regreso a Polonia y Ucrania (2012), Con una piedra en el zapato (2013) y Surviving Silence (2013). Hoy disfruta de su familia y acompaña a sus cuatro hijos y ocho nietos con las mismas dudas, incertidumbres y fragilidades que ella tuvo en la vida y en el amor.

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Megustaleer

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me lo mandó Aielet

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Firmando ejemplares para periodistas y medios

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entrev Radio Mitre con Alfredo Leuco, 17 junio 2019
Entrev con Mariana Arias 18/6/19
Después de la entrevista, en el estudio de Radio Mitre

Después de la entrevista, en el estudio de Radio Mitre

entrev con Jorge Fernandez Diaz 18/6/19

La psicoterapeuta, conferencista y escritora Diana Wang, visitó el estudio de Nacional AM 870 y conversó con Silvina Chediek sobre su nuevo libro “Te amaré eternamente y otros mitos de vivir en pareja”. La obra revisa en su publicación los distintos conflictos que atraviesan las personas en pareja, desde el inicio de una hasta las que tienen muchos años de convivencia. https://bit.ly/2IHR1RI

Charla en Mil Gracias con Silvina Chediek y equipo, radio Nacional
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De izquierda a derecha: Ariel Hergott cine y series, Daniel Cacioli deportes, Silvia Maruccio locución, Silvina Chediek, Diana Wang, Adriana Balaguer política y actualidad, Damian Dreizik

De izquierda a derecha: Ariel Hergott cine y series, Daniel Cacioli deportes, Silvia Maruccio locución, Silvina Chediek, Diana Wang, Adriana Balaguer política y actualidad, Damian Dreizik

PROMOCION PRESENTACIÓN:

Flyer presentación. Leerán y comentarán: Diana Sperling, Ariel Schapira, Aida Ender, Franco Fiumara y Fanny Mandelbaum.

Flyer presentación. Leerán y comentarán: Diana Sperling, Ariel Schapira, Aida Ender, Franco Fiumara y Fanny Mandelbaum.

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En el estudio de Radio Hermes, con Lena Reingold y Marcelo Della Mora en su programa Programa Radio Psi. Sábado 10 de agosto de 2019.

En el estudio de Radio Hermes, con Lena Reingold y Marcelo Della Mora en su programa Programa Radio Psi. Sábado 10 de agosto de 2019.

Después de la charla, Lena Reingold y Marcelo Della Mora en la sede de Radio Hermes, el emprendimiento cultural de Pablo Duarte.

Después de la charla, Lena Reingold y Marcelo Della Mora en la sede de Radio Hermes, el emprendimiento cultural de Pablo Duarte.

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Algunos de los presentes… por ahí atrás mis nietas Caro y Valu

Algunos de los presentes… por ahí atrás mis nietas Caro y Valu

Vista desde afuera cuando estaba comenzando

Vista desde afuera cuando estaba comenzando

en el camarín de la Televisión Pública, esperando para grabar Cada Noche con Silvina Chediek

en el camarín de la Televisión Pública, esperando para grabar Cada Noche con Silvina Chediek

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Revista VIVA, Clarin, domingo 22 de septiembre 2019

Revista VIVA, Clarin, domingo 22 de septiembre 2019

Mención de Fanny Mandelbaum en La Noche de Mirtha Legrand, 19 de octubre de 2019 (entre los minutos 25.13 y 25.35)

El cartógrafo. Comentario


El cartógrafo

Varsovia 1:400.000 de 1939 a la actualidad

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Ya desde que se entra el espacio, la escenografía y la iluminación van sumergiendo al espectador en un tiempo y un lugar otro. No hay escenario, todo sucede cerca, al alcance de la mano y uno se deja llevar por lo que se va desplegando ante sus ojos. Los protagonistas buscan trayectorias perdidas pero para ello deben saber hacerse las preguntas precisas.

Preguntas que van desde el gueto de Varsovia de entonces y las calles de la Varsovia de ahora, generadas por unos seres que buscan afiebradamente y anhelan encontrar el registro, el mapa que les indique por fin dónde, qué, cómo. En Varsovia ayer, en Sarajevo, en Londres, en Varsovia hoy. Y claro, estamos en Buenos Aires…. y en la sala Cunil Cabanellas que está en el subsuelo, el paso del subterráneo nos recuerda cada tanto, con una leve vibración dónde estamos. No fue parte de la puesta, pero lo es y funciona.

El texto de Juan Mayorga le surgió una mañana en la que se perdió por Varsovia. Sus palabras y situaciones encarnadas en la maravillosa puesta de Laura Yusem tienen un alcance de una hondura inconmensurable. Mayorga dice que “sueña con que cada espectador trace, además de un mapa de una Varsovia invisible, otro mapa dentro de sí con su propia ciudad como si nunca antes la hubiera pisado, quizás también un mapa de su propia vida, de su propio cuerpo”. Yusem lo hizo posible y transformó la potencia de lo simbólico en emoción y piel.

La escenografía de Graciela Galán y la iluminación de Jorge Pastorino son deslumbrantes. Los seis actores son seis joyas de transmisión y entrega, con el tono justo, la emoción a flor de piel pero sin desbordar nunca. La sorpresa es que el personaje de Blanca lo interpreta una actriz pequeña, delgadita, muy parecida a la enorme Elena Roger. “¿Será?” me pregunté y sí, es ella, lo dice el programa y allí está, al lado de uno, la increíble Evita, la trágica Edit Piaf, la que es capaz de llenar con su voz y su presencia cualquier escenario, en El Cartógrafo es una española perdida en Varsovia que busca dibujar mapas que le expliquen tantas ausencias.

Caminar por Varsovia hoy es un ejercicio de irrealidad. El gueto fue arrasado, no queda nada. Gran parte de la ciudad que había sido ya no es. Enormes edificios vidriados, shoppings modernos, calles despejadas y señoriales están muy lejos de aquella Varsovia de hacinamiento y muerte. Siempre que la visito me acosan los fantasmas que la sobrevuelan, veo la desmemoria de los varsovianos que no saben, no quieren saber, no pueden saber, no se les facilita saber, y me detengo en esas mismas calles cuyos nombres no han cambiado. Y la analogía es automática porque pasan cosas parecidas con uno mismo y con su propia vida, con sus recuerdos y sus olvidos, con aquellos mapas trazados por la vida por los que caminamos casi siempre sin darnos cuenta y muchas veces sin saber hacernos las preguntas precisas.

La obra admite varias lecturas pero nadie se irá sin llevarse las preguntas de sus propias trayectorias, de sus propios mapas que den cuenta de lo que uno ha perdido u olvidado.


Ser elegido tiene sus "privilegios"

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El pueblo judío es un pueblo privilegiado. En los comienzos de su historia oral dicen los textos que fue designado para ser portador del monoteísmo, ingente tarea en un mundo panteísta y adorador de imágenes. Ese concepto abstracto, no era una persona ni tenía imagen, ni siquiera tenía nombre, era EL-NOMBRE, constituyó el eje alrededor del cual se desarrolló la misión y la cultura del pueblo judío. La extraña idea del Dios único traída por estos pastores nómades fue sostenida durante siglos y siglos hasta que un grupo de judíos crearon su coto propio y la transformaron lo suficiente como para llamarse de otra manera. Lo que sigue es conocido. A la religión del padre le siguió el cristianismo, la religión del hijo, luego el islam, la religión de los cuñados (sunitas, los descendientes de Mahoma y chiitas los de Alí, el yerno de Mahoma). La cristiandad y el islam se lo tomaron a pecho y difundieron, en sermones y exhortaciones y también a capa y espada, la extraña idea del monoteísmo que los esforzados pastores habían sostenido persistentemente aún cuando el contexto de múltiples divinidades e imágenes les había sido tan adverso. Era una carga pero habíamos sido elegidos para eso.

Pasado el Holocausto que nos puso como blanco de la guerra contra los judíos emprendida por el nazismo y exterminó a un tercio, hoy los judíos tenemos el renovado privilegio de estar en el centro de polémicas, acusaciones y protestas. Es encomiable y regocijante que mucha gente en la izquierda progresista y en la derecha fascista se preocupe tanto por los palestinos a los que sus dirigentes no dejan salir del desgarrador status de refugiados perpetuos. Esa preocupación habla muy bien de la Humanidad, de la mirada ética, de lo mejor que tenemos los humanos interesados por el prójimo. Pero en su honda y genuina preocupación simplifican un tanto el cuadro y lo reducen a buenos y malos, perpetradores y víctimas, débiles y poderosos sin considerar los contextos. Es tanta la defensa que hacen del victimizado pueblo palestino que no ven, o ven pero dejan de lado, que es un peón en un juego que lo trasciende, un juego de codicia y poder en el entramado geopolítico que excede en mucho a la dicotomía construida con una narrativa tendenciosa. Ambos pueblos sufren sus consecuencias durante las últimas 7 décadas. Los refugiados palestinos usados como escudos, mantenidos en la transitoriedad, azuzados para odiar por un lado y los residentes israelíes que, además de tener sobre sí la constante amenaza de la destrucción de Israel como estado, viven diariamente el terror de los atentados tanto con cuchillos caseros como con misiles altamente desarrollados. El argumento sobre simplificado señala a Israel como el perpetrador del pueblo palestino y a éste como su víctima propiciatoria. Nada se dice ni se sabe ni se quiere sugerir acerca de los intereses en juego en la dirigencia palestina que medra con el estado de victimización al que somete a su pueblo y que no le interesa modificar. Hay muchos negocios allí. Para mantener el statu quo hace falta que el pueblo palestino se mantenga unificado y acepte a esa dirigencia corrupta. Esa unidad se consigue instalando a un enemigo común, igual que todo estado totalitario y el nazismo, en este caso con una eficaz escuela de odio cuyo objetivo es la destrucción del Estado de Israel.

La política de los gobiernos de Israel puede ser criticada, y de hecho lo es especialmente por sus propios ciudadanos dado que es el único estado democrático en el oriente medio. Pero oponerse a su política ¿justifica su total aniquilación como país?.

Confío en la humanidad de los reclamos y espero que los mismos que se muestran tan preocupados por lo que sucede en aquel distante lugar del mundo, miren también lo que sucede en otras partes y se pronuncien con la misma energía y a viva voz en contra de asesinatos, injusticias y perpetraciones como las de cristianos y kurdos masacrados en Siria, y, por mencionar solo unos pocos sitios más, lo que sucede en Turquía, Zimbabwe, China, Pakistán, Arabia Saudita, Bielorrusia y siguen las firmas. Ésos y tantos más son sitios en los que la población sufre condiciones inauditas pero, aparentemente, ninguno de esos lugares y pueblos les resultan suficientemente atractivos a los bien pensantes anti israelíes como para protestar o no les despierta una irrefrenable ansia liberadora. La acusación a Israel es una obsesión que, en vista de tanto ataque a otros pueblos, resulta difícil de comprender si solo se protesta por ello a menos que se la lea desde el viejo prejuicio anti judío que aún sigue vigente en la cultura occidental.

O sea que seguimos siendo el pueblo elegido. Y ser elegido tiene sus “privilegios”. Nos eligen como blanco quienes arguyen que no deberíamos existir y nuestro triste “privilegio” es ser el único país en el planeta que debe seguir luchando para mantenerse vivo.

Es tan fuerte la judeofobia ancestral que no pueden dejar de mirarnos, vernos y acusarnos de cualquier peste negra que asole la Tierra. Y no resiste el menor análisis eso de que “no soy antisemita, soy antisionista”. Acusar a los judíos vende, asegura atención, centimetraje periodístico y difusión en las redes sociales. Jews are news. Siempre.

Publicado en Infobae.
Publicado en Por Israel

Superman también fue un niño escondido.

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Nació en el planeta Krypton con el nombre de Kal-El. Sus padres, el científico Jor-El y Lara Lor-Van, lo enviaron en una nave espacial a la Tierra poco antes de la destrucción del planeta. El chiquito fue encontrado por Jonathan y Martha Kent, granjeros de Smallville, Kansas; lo adoptaron y educaron con el nombre de Clark Kent. Descubrió sus super poderes pero también que era vulnerable a la krypotnita. Por eso, ya Superman, ocultaba su identidad y vivía como un tímido reportero del Daily Planet de Metropolis. Tuvo tres nombres y dos historias diferentes. Superman, super-héroe, fue un super-viviente que transformó su orfandad, desarraigo e infortunio en fuerza de reivindicación y lucha.

Creado en 1933, el mismo año del ascenso del nazismo, sus creadores, Jerry Siegel y Joe Shuster, no imaginaron que este niño escondido representaría a tantos que debieron hacer lo mismo durante la Shoá. Los padres, igual que Jor-El y Lara Lor-Van en Krypton o Iojevet en el antiguo Egipto, querían salvarlos a toda costa, aún ante la perspectiva de no verlos nunca más.

Superman fue también un niño escondido. Los niños escondidos, son los Superman de nuestro tiempo.

(Idea sugerida por Dany Goldman en la presentación de Niños Escondidos en Bet El)


Presentaciones Niños Escondidos Reedición

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Todas las fotos y videos. https://photos.google.com/album/AF1QipMeZrJYW9ocN89G-5KY3X2SS9u9LYFOncyo6UP_/photo/AF1QipOmmaw-uqCTyzELXt3sAbt5C34o8EpOJyvAmCpH

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El diálogo entre Diana Sperling y Diana Wang en la presentación de Bet El:

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Aida Ender, DW y Soledad Bentolila

Aida Ender, DW y Soledad Bentolila

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Soledad Bentolila, DW, Aida Ender, Luis Klinger y Sofía Romano

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Del auto-odio al disimulo, una consecuencia del antisemitismo

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La Shoá ha sido un laboratorio en el que la Humanidad se encontró con su peor cara. Las investigaciones y los documentos a los que tenemos acceso siguen siendo una fuente riquísima de lecciones con gran potencial para la construcción de una convivencia social compatible con la armonía y la paz. Quedan abiertos dilemas como los que tuvieron que enfrentar los judíos tantas veces. Sobrevivir era sinónimo de “sálvese quien pueda”, sujetos de la suerte o la mala suerte. Pero sigo sin entender qué guió a Jonas Wolk para hacer lo que hizo.

Der Stürmer, -el artillero, el atacante- fue un pasquín nazi cuya finalidad esencial era la instalación, difusión y potenciación del odio a los judíos. Este tabloide semanal, publicado entre 1923 y 1945, tuvo una tirada de 20.000 ejemplares en 1933 con la conquista del poder total del nazismo y llegó a alcanzar los 600.000 en 1940.

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Su director, Julius Streicher, rabioso antisemita, lo transformó en una herramienta esencial para la propagación del antisemitismo y la naturalización de la imagen del judío como pestilente y exterminable. Su identidad gráfica era las caricaturas que dibujaban a los judíos como repugnantes, aprovechadores, violadores, asesinos, ladrones y explotadores. Difundió el “libelo de sangre”, la vieja acusación medieval de que los judíos secuestraban niños cristianos para desangrarlos y elaborar con esa sangre su “diabólica” matzá y sostener sus ritos secretos. Sazonaba sus diatribas con otras contra católicos, comunistas y capitalistas condimentadas con materiales pornográficos y obscenos. Sigue siendo un ejemplo supremo de prensa amarilla y manipuladora que se alimenta con engaños con bajezas e iniquidades.

Las portadas traían una caricatura como la que se ve en la imagen y al pié el lema Die Juden sind unser Unglück! -¡Los judíos son nuestra desgracia!-.​

Der Stürmer empleaba cien personas entre escritores, dibujantes, personal técnico y administrativo. Uno de ellos, Jonas Wolk, era judío. Con el seudónimo de Fritz Brand escribió muchos de los espeluznantes textos antisemitas.

Me supera. Por más que le doy mil y una vueltas y me respondo con diferentes teorías, no consigo comprenderlo.

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Pero el auto-odio militante es el final de una parábola que transita por otras estaciones. El miedo, la vergüenza, el ocultamiento. Distintos grados en los que la condición judía se manifiesta como un problema para los judíos que vivimos en contextos con cierto nivel de antisemitismo. En principio todos los que residimos en países dominados por la ideología cristiana que ha propagado durante siglos acusaciones judeófobas estamos expuestos a la sospecha y debemos convivir con ello.

Hay judíos que optaron por la conversión lisa y llana con el objetivo de quitarse de encima el peso de la discriminación. Conversión que incluye, claro está, el ocultamiento del antepasado judío en cuestión; queda como abominable secreto, pero queda y a veces sale a la luz. Son varios los sobrevivientes del Holocausto, por ejemplo, que al cambiar de país, han elegido una nueva identidad y linaje, otro apellido y otra historia, con la esperanza y la promesa de un futuro mejor.

Conozco una sobreviviente venida de Lituania que ha querido borrar toda traza de su identidad judía para integrarse mejor en la sociedad argentina y eligió un apellido que le sonó a muy argentino, Del Campo, sin advertir la oculta referencia. Pasadas unas décadas e interactuando con la sociedad más granada, decidió revisar aquel propósito y ahora, cuando le preguntan de qué Del Campo es, si de los Del Campo de Balcarce o si de los del Campo de Mercedes responde que es “de los Del Campo de Concentración”.

Revelarse ¿rebelarse? como judío entraña el riesgo de cierta pena social, de ser mirado de otra manera, con cierta prevención, con cierto cuidado. Nuestro interlocutor se pone en guardia para no decir alguna inconveniencia que pudiera ofender; es tal la naturalización del prejuicio anti judío que sabe que algo podría escapársele sin que sea o se reconozca antisemita.

Los judíos solemos imaginar que no serlo podría ser liberador tal vez porque no sería necesario cuidarse ni demostrar particular probidad y moral. Los judíos que vivimos en una cultura cristiana hemos incorporado también el prejuicio antijudío como el resto de la sociedad. Y está tan enraizado que uno lo vive a veces sin darse cuenta. Dado que mi apellido no suena judío ni tampoco mi aspecto, muchas veces me han dicho “¡ah! ¿sos judía?.... no parecés”.

Me sigue avergonzado haber creído que era un elogio.





Violetas de marzo (otra lección del nazismo)

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Cuando está terminando el invierno en Europa comienzan a crecer las violetas. Es el anuncio del comienzo de la primavera y el final del frío.

Pero en la Alemania nazi, las violetas de marzo tenían otro significado. Era el nombre despectivo con el que los nazis llamaban a los que se iban uniendo al Partido a último momento, cuando ya no había más remedio, no por convicción sino por conveniencia. No eran “verdaderos” nazis, esos comprometidos hasta el tuétano con el Führer sino unos advenedizos que lo hacían solo por oportunismo. Gente de cuidado. Traidores en potencia. Veletas que hoy estaban y mañana, con otros vientos, cruzaban a la vereda de enfrente.

Las "violetas de marzo" son ejemplares que crecen en las tiranías, los totalitarismos y los populismos. Para mantener sus bienes y fuente de ingresos, por el temor de perder el trabajo, ser detenido, deportado, encerrado y asesinado muchos se afilian al Partido Totalitario con la esperanza de garantizar la continuidad de la vida.

Pero las “violetas de marzo” deben hacerlo de modo que su afiliación parezca verdadera. Los judíos que temían por su vida ante la Santa Inquisición cuando abrazaban el catolicismo elegían llamarse Sacerdote, Santamaría, Abad, Iglesias, Cruz y no se perdían una misa. Eran más papistas que el papa para aventar cualquier posible sospecha.

Como los pobres judíos llamados burlonamente “marranos”, las “violetas de marzo”, son esos seguidores tardíos forzados a exagerar su fe para que nadie desconfíe.

Las “violetas de marzo” se juntan en ramilletes y se lucen en los más lindos jarrones como si siempre hubieran estado allí. Enhiestas y atentas, el ojo avisor, el oído atento, no sea que alguien se de cuenta de que están aferradas con uñas y dientes a los bordes para no caerse porque no venían en ese florero.


“¡Das vergüenza, sucio judío!”

Demostración en Italia contra el negacionismo polaco

Demostración en Italia contra el negacionismo polaco

El jueves 21 y el viernes 22 de febrero de 2019 tuvo lugar un congreso en la École des Hautes Études en Sciences Sociales -Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales- EHESS. Se llamó “La nueva escuela polaca de historia del Holocausto” convocada por el Centro de Investigación Histórica y el Grupo de Investigación Interdisciplinario sobre Historia Literaria. El objetivo fue la presentación en Francia de una nueva escuela histórica que revisa y resignifica el pasado judío en Polonia.  

Ya se había hecho, en 2005, un encuentro similar convocado por la Biblioteca Nacional de Francia, Judíos y Polonia, 1939-2004: aspectos multifacéticos del pasado" inaugurada . por dos testigos clave, Wladyslaw Bartoszewski y Simone Veil y que culminó con una conferencia de Marek Edelman, el último sobreviviente del levantamiento del gueto de Varsovia.

Los testimonios de testigos de tal envergadura ya no están disponibles y es ahora que el gobierno polaco ha emprendido esta campaña de recuperación del “orgullo” nacional no admitiendo la complicidad de tantos polacos en la ejecución del exterminio. En el contexto del antisemitimo -disfrazado de antisionismo- brotado con tanta virulencia en Francia y en otros países de Europa, este congreso tiene un valor y una potencia particular. Focalizado en la política negacionista polaca sus alcances llegan al resto de las declaraciones y posiciones que colocan a los judíos, otra vez, en el lugar diabólico del mal que debe ser erradicado.

Comparto el Testimonio de Jan Zbigniew Grabowski, uno de los participantes del encuentro.

“¡Fueron días extraordinarios! Estuve en París para participar en el congreso acerca de la Nueva Escuela Polaca sobre Historia del Holocausto. Docenas de investigadores de Francia y Polonia participaron del encuentro. El gran anfiteatro del prestigioso EHESS y el College de France rebosaban de gente que quería aprender. Pero hubo también otra gente, gente que no quería aprender sino que venía mostrar su orgullo nacionalista, su odio y su incomodidad con los hallazgos históricos. Interrumpieron las sesiones, abucheando, silbando y gritando. En toda mi carrera académica nunca viví algo parecido. Annette Wieviorka, la afamada historiadora francesa especializada en la Shoa, en sus comentarios finales, coincidió en que nunca había visto algo así.  

Lo que todos hemos visto fue la cara de la nueva Polonia, la triunfante, nacionalista, patriotera, irreflexiva y brutal violación del aprendizaje académico. Dos o tres años atrás estas personas no se habrían atrevido a perturbar e interrumpir conferencias en una universidad. Hoy, sin embargo, envalentonados por el apoyo del estado polaco, están dispuestos a mostrar sus caras y a confrontar a los académicos en su propio territorio. Cuando salía del EHESS en el boulevard Raspail, fui confrontado por un nutrido grupo de “patriotas” polacos que, al verme, gritaron “das vergüenza, Grabowski”, “das vergüenza, sucio judío!”. (“wstydź się parchu” - en el original polaco).”

J.Z. Grabowski junto con Jan T. Gross, ambos historiadores, investigan y escriben sobre la complicidad de tantos ciudadanos polacos en el exterminio del pueblo judío. Ambos son vilipendiados en Polonia y acusados de traidores. El actual gobierno propuso quitarle la Orden al Mérito que le fuera conferida en 1996. La ley aprobada en 2018 por el Parlamento polaco ultra nacionalista, acerca de penar a quienes mencionen públicamente la “supuesta” complicidad polaca también se conoce como “lex Gross” porque parecía dirigida específicamente a él y a otros similares como Grabowski.


https://www.ehess.fr/fr/colloque/nouvelle-%C3%A9cole-polonaise-dhistoire-shoah?fbclid=IwAR1yzrLSbVrz976cFLtjJOdhuz-_NS8tPSLGhRgtmU4cSVfkVE9dhlxEkGo La publicación que acompaña la información pertenece al Instituto Histórico Nacional de Polonia, se llama Zagłada Żydów, -El exterminio judío-.

Machismo en la dirigencia comunitaria

Hay un grupo de mujeres jóvenes que trabajan como staff o voluntarias en diferentes organizaciones judías, que están queriendo conmover la sólida estructura machista de nuestra dirigencia y entrar a jugar con pleno derecho. Es interesante y muy alentador. Nosotras -junto con Aida y Susy entre otras- lo intentamos hace un tiempo, ahora les toca a las más jóvenes, con entusiasmos renovados. Están intercambiando correos y comparto ahora uno que envió Patricia Kahane y el comentario que me estimuló. 

De Patricia: ... me entusiasma que tomen la posta de un tema de absoluta relevancia y completamente relegado al interior de la vida comunitaria institucional. Es un camino arduo el que esta por delante. Nuestra comunidad es profundamente machista en sus practicas, y ni que hablar en sus modos de liderazgo, y esta es una modalidad diria q bastante aceptada x todos sus miembros. Se cruzan todo tipo de cuestiones, que incluyen desde temas religiosos hasta cuestiones de clase. Tema largo.

Mi comentario: Tus palabras me hicieron acordar de una experiencia -entre tantas, todas iguales- que viví en septiembre de 2016 en un brindis de Rosh Hashaná en el que la municipalidad de Vicente López invitó a toda la dirigencia judía y la crème de la crème paisana. 

Éramos un puñadito de mujeres desperdigadas por ahí, poquitas. El número de señores ganaba por afano.

Me acerqué a un grupo de hombres, los conocidos de siempre, que veía conversando animadamente, riendo, satisfechos y rebosantes. Cuando estuve dentro del círculo invisible que habían conformado, dejaron de hablar, me saludaron cordial y hasta cariñosamente, pero hicieron una especie de vacío energético claramente expulsivo hacia mí. Como si mi presencia impidiera que siguieran en lo que estaban -¿minas? ¿negocios? ¿fútbol? ¿chimentos comunitarios? ¿chistes subidos de tono?-. 

¿En qué estaban que mi presencia les incomodaba o interfería tanto? 

Tal vez en nada en particular. Tal vez el solo hecho de ser mujer descuajeringaba la conversa y les era incómodo. 

Como si ante mi habría que hablar de recetas o nietos. 

Como si la testosterona que derramaban a raudales de pronto cortaba el chorro potente cuando una mujer estaba cerca, al revés de lo que uno podría suponer. 

O peor aún, como si la presencia de una mujer pusiera en peligro el statu quo -otra vez: ¿cuál?- y los llevaba a perder espontaneidad.

Por supuesto que no me detuve más que unos instantes y me di vuelta oronda como si no me importara. 

Pero me importaba. 

Y me enojaba. 

Brindando con el intendente Jorge Macri

Brindando con el intendente Jorge Macri

Porque cada uno de los que estaba en esa ronda había tenido conversaciones personales e institucionales conmigo y me habían tratado con deferencia, amistad y consideración. Algo pasaba cuando se juntaban, como si el escenario fuera el vestuario del club con los tipos charlando en bolas, sacándose los mocos o tirándose pedos haciendo reír a los demás. 

Como si fueran un grupo de púberes asustados de su rendimiento sexual que, para sentirse mejor, se burlan de las mujeres, les bajan el precio y se potencian entre ellos con golpes en el pecho y alaridos guturales. 

Uf, me pianté para el lado de las cavernas. Por ahí es ese resto neurobiológico que sigue sin evolucionar y los hombres, cuando se vuelven dirigentes o figurones o figuretis, recuperan aquella condición ancestral y blanden sus herramientas -dinero, panza, pito, posición social, poder- con aire de vencedores. Y las mujeres no tendríamos nada que hacer ahí.

Fake news, creación del nazismo

Volksempfänger -Receptor del Pueblo-

Volksempfänger -Receptor del Pueblo-

El Volksempfänger, receptor del pueblo, fue producido a partir de 1933 por el Ministerio de Propaganda e Ilustración Pública del Reich. Todos querían tener una radio en su casa, esta nueva invención proveía noticias, música, novelas y entretenimiento directamente a cada hogar. El ministro Joseph Goebbels advirtió inmediatamente su enorme potencial de difusión para hacer llegar los mensajes e instalarlos en la vida cotidiana de todos los alemanes. El Volksempfänger se vendía a precio muy inferior a cualquier otro aparato de radio de modo que cualquiera lo podía comprar. No solo cada una y toda familia alemana tenía una radio sino que el Ministerio enviaba una fuerza de control que iba casa por casa para confirmar que la radio estaba encendida y que el discurso de Hitler o de Goebbels por cadena nacional era oído por la familia entera. Se exigía que todo restaurante y café tuviera una y que los discursos fueran emitidos. También había parlantes en las calles ubicados en postes y columnas de alumbrado público que tronaban a todo volumen las encendidas diatribas nazis.

La radio fue un medio privilegiado de penetración que, en medio del terror de ser visto como opositor, fue homogeneizando la “opinión pública” y encarrilándola en el sentido que el Ministerio pretendía.

Cuando el mismo mensaje, es repetido y replicado por variados dispositivos, primero puede sonar extemporáneo pero a medida que la reiteración se hace música de fondo, se va “naturalizado” e imponiendo y genera en muchos un cambio de visión. ¿Quién se animaría a decir lo contrario? La aceptación paulatina, al principio instrumental, corre el peligro de internalizarse y volverse parte de uno mismo.

Goebbels fue un maestro en la generación de lo que hoy llamamos fake news y un brillante estratega en los mecanismos implementados para su difusión e instalación.

Discursos por cadena nacional obligados y audibles en todas partes, casi imposibles de ser evadidos, con mentiras y consignas que fueron penetrando lentamente como tóxicos “naturales”. La conspiración judeo-bolchevique. La puñalada por la espalda. La “teoría racial”¿La gente los incorporó por ingenuidad, por tontería? No fue así. Fue debido al  terror. El terror de sugerir siquiera una reflexión o comentario crítico. Fue porque había que tener un trabajo para mantenerse y el régimen especulaba con eso; había que estar afiliado al partido y al sindicado adecuado y, además de no ser judío, no tener ninguna mancha, por pequeña que fuera que levantara sospecha alguna de comunismo o activismo político opositor.

Goebbels tuvo tan claro que la remodelación de la opinión pública era esencial para el mantenimiento e incremento del poder del III Reich -que iba a ser de mil años-  que fue la primera vez en la historia que la propaganda tuvo un ministerio. Desde allí el control era total. Afiches, obras de teatro, películas, periódicos y otras publicaciones, chistes, murmuraciones y sospechas, todo el rango posible era cubierto por el Ministerio de Propaganda e Ilustración Pública.

Pero la radio fue el eje central de la estrategia comunicativa porque entraba de buen grado en cada casa y vestía a las mentiras y consignas con el disfraz de la verosimilitud.

El éxito de Goebbels fue tan fantástico que sus sucesores, los gobiernos dictatoriales, totalitarios y fascisto-populistas que siguieron al tristemente pretencioso y desafinado “nunca más”, lo tomaron como modelo. Hoy día las fake news no llegan por la radio, sino mediante las usinas de engaños goebbelianas y son distribuidas por algunos referentes periodísticos y principalmente por las redes sociales que consumimos todos con la misma “ingenuidad” que aquellos alemanes, con la misma voracidad suicida.  

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Publicado en Infobae: https://www.infobae.com/opinion/2019/02/18/goebbels-y-la-invencion-de-las-fake-news/