Superman también fue un niño escondido.
Nació en el planeta Krypton con el nombre de Kal-El. Sus padres, el científico Jor-El y Lara Lor-Van, lo enviaron en una nave espacial a la Tierra poco antes de la destrucción del planeta. El chiquito fue encontrado por Jonathan y Martha Kent, granjeros de Smallville, Kansas; lo adoptaron y educaron con el nombre de Clark Kent. Descubrió sus super poderes pero también que era vulnerable a la krypotnita. Por eso, ya Superman, ocultaba su identidad y vivía como un tímido reportero del Daily Planet de Metropolis. Tuvo tres nombres y dos historias diferentes. Superman, super-héroe, fue un super-viviente que transformó su orfandad, desarraigo e infortunio en fuerza de reivindicación y lucha.
Creado en 1933, el mismo año del ascenso del nazismo, sus creadores, Jerry Siegel y Joe Shuster, no imaginaron que este niño escondido representaría a tantos que debieron hacer lo mismo durante la Shoá. Los padres, igual que Jor-El y Lara Lor-Van en Krypton o Iojevet en el antiguo Egipto, querían salvarlos a toda costa, aún ante la perspectiva de no verlos nunca más.
Superman fue también un niño escondido. Los niños escondidos, son los Superman de nuestro tiempo.
(Idea sugerida por Dany Goldman en la presentación de Niños Escondidos en Bet El)
Ocho preguntas antes del divorcio
Del gran Tute.
Las cosas no están bien. Estás pensando en separarte, en divorciarte, en dejar la convivencia. El sexo ya no es como era antes. Las ganas de verse y estar juntos están cubiertas con la rutina, los lugares comunes, lo previsible. No hay sorpresas. No hay misterios ni enigmas a descubrir. Conocés a tu otro como la palma de tu mano, o eso creés al menos. Tu otro cree lo mismo, tanto que casi dejó de tener sentido preguntarse ¿qué tal? ¿cómo estás? porque cada uno cree que lo sabe sin preguntar. En lugar de saber, adivinan, suponen, atribuyen. Todo eso en el mejor de los casos.
También podría darse que lo que al principio eran desencuentros divertidos se han transformado en batallas campales que terminan en una vorágine violenta y desgastante. Que en lugar de generar cariño se irriten, se molesten, se ofendan. Gritos, desprecios, descalificaciones, agravios. Cualquier cosa, por más nimia que sea, dispara el arsenal habitual y se desata el infierno. No se puede aguantar más. Ya no sabés qué hacer. Inmersos en la desdicha de no sentirse deseados, esperados, acariciados se fueron deslizando hasta una situación de tal agresión que se ha vuelto insoportable. Todo es oscuro, no se ve salida por ningún lado, la separación es el mejor -y sentís que el único- camino.
Y a veces lo es, aunque no es fácil tomar esa decisión. Pero dejemos eso para otra oportunidad. Ahora enfoquémonos en quienes optan por la separación buscando alivio instantáneo ante un estado de situación que tanto duele. Como quien tiene clavado un clavo en el dedo gordo del pie y lo único que quiere es que se lo saquen y se detenga el dolor de una buena vez. Separarse es un alivio. Pero a veces es transitorio porque cada uno sigue llevando el germen de lo que llevó a la desdicha.
Por eso, antes de tomar esta drástica decisión, te invito a que te hagas algunas preguntas y que pienses con serenidad tus respuestas.
Sobre el amor. ¿Qué pasó? Estaban tan enamorados…. tal vez creas que el amor se acabó, como si fuera algo finito que se usa un tiempo y un día se termina, una idea del amor como algo que, mágica o misteriosamente, está o no está, viene de afuera, te sucede involuntariamente, que no depende ni de vos ni de las circunstancias. ¿Seguís añorando aquella pasión arrebatada del comienzo? ¿eso es para vos “el amor”? ¿esperabas que fuera así siempre? Si se ha reconvertido en un vínculo amoroso de compañeros de ruta, ¿eso quiere decir que se terminó el amor?
Sobre la mirada y la queja. ¿A quién mirás? ¿Solo al otro? lo que te hace, lo que te deja de hacer… ¿y levantás el dedo acusador mientras te quejás, demandás, protestás..? ¿y dónde estás vos en esa interacción? ¿expresaste tus necesidades y carencias de un modo que el otro pudo escuchar? ¿las tenés identificadas? ¿sabés qué te hace falta? ¿sabés lo que precisa y espera tu otro? ¿alguna vez lo hablaron frontal y francamente? ¿Sabés exactamente qué te hace daño en la relación? Si no sabés todo esto, es probable que cambies de pareja y repitas tu penuria porque seguirás esperando lo que no tenés bien claro qué es o lo que el otro no puede darte porque no lo tiene o porque no le es posible.
Sobre el otro. Si sabés qué es lo que necesita, ¿creés que respondiste a esa necesidad o tan solo esperabas que satisficiera la tuya? Cuando decidiste no responder a lo que necesitaba, ¿te guió el resentimiento y la venganza? O jugabas al ¿por qué tengo que empezar yo, por qué no el otro? que es un juego parejicida sin salida. Si esperás que sea el otro y si el otro espera que seas vos, ninguno da el primer paso y ambos se derrumban. ¿Importa tanto quién empieza? ¿Es acaso el empezar un indicio de rendición? Si fuera así, ¿son enemigos? ¿cuál es la guerra?
Sobre las expectativas. La cultura hace que se espere demasiado, que uno se crea el cuento de las perdices. ¿Cuáles eran/son tus expectativas de la convivencia? ¿esperabas la felicidad rotunda, definitiva y eterna? ¿creés que son expectativas realistas? ¿cuál es tu modelo de pareja? ¿conocés a alguien que lo ejercite?
Sobre el sesgo emocional. Uno ve lo que sus emociones le permiten ver y cuando son fuertes lo son tanto que no se advierte que uno está siendo sujeto de ellas. Es trágico porque uno no ve que no ve. Cuando no te sentís feliz dejás de ver lo que está bien, lo que se fue construyendo y funciona y solo tenés encima la nube negra de lo que está mal y todo es negro y oscuro. La pregunta sería ¿Ves lo que hay o ves lo que te dictan tus frustraciones? ¿Podés ver lo que está bien entre ustedes (familia, hijos, ideología, formas de ver el mundo, moral, etc), lo que fueron construyendo y tejiendo juntos? Si hacés el esfuerzo de enfocarte también en eso tendrás una posibilidad más realista de tomar una decisión sensata.
Sobre el futuro. A la hora de esperar alivio no suele considerase todo lo que se perdería… ¿tenés claro cómo seguiría tu vida respecto a hijos, manejo del dinero y recursos, vida cotidiana -limpieza, alimentos, ropa, trámites-, familia, amigos, trabajo? ¿estás dispuesto/a a ocuparte de todas las cosas de las que se ocupa el otro? ¿cómo tenés pensado manejarlo con tus hijos?
Sobre la soledad. La soledad puede ser un alivio pero también puede volverse un peso insoportable que te lleve a buscar rápidamente otra pareja y repetir la desdicha, ¿te ves viviendo en soledad o correrás a buscar a alguien que la compense? Y si llevás tu vulnerabilidad y fragilidad encima, si tus expectativas sobre el amor y la convivencia siguen igual de irreales ¿cómo saber si un nuevo otro será mejor que el otro que dejaste?
Sobre la felicidad. Una vez superado el alivio de la presencia de tu otro ¿seguro te vas a sentir feliz? ¿seguro que tu infelicidad era una consecuencia de estar con un otro equivocado? ¿no será que tiene que ver con logros propios no alcanzados, con pasiones no desarrolladas, con sentidos en la vida que no pudiste encontrar?
Yo sé que cada una de las preguntas abren archivos en los que no es fácil meterse. No lo hagas en soledad o solo introspectivamente. Si no tenés con quien hablar y revisar cada uno de estos puntos, está bueno hacerlo por escrito. Muchas veces, escribir sobre emociones, estados de ánimo y dudas se transforma en una eficaz manera de ponerlos afuera; permite una especie de diálogo con uno mismo y abre la revisión y reflexión sobre cosas en las que uno no suele detenerse, especialmente si está cubierto por la desdicha, la queja y el reclamo.
Antes de separarte, tomate el trabajo de ver todo esto.
Si lo podés hacer junto con tu pareja, ¡chapeau! por ambos.
Tal vez decidan que separarse es lo mejor.
Tal vez descubran que hay cosas que no entendieron, que no intentaron, que esperaban de manera irrealista y puedan mirarse con nuevos ojos, más aceptadores y realistas y elegirse nuevamente.
Presentaciones Niños Escondidos Reedición
Todas las fotos y videos. https://photos.google.com/album/AF1QipMeZrJYW9ocN89G-5KY3X2SS9u9LYFOncyo6UP_/photo/AF1QipOmmaw-uqCTyzELXt3sAbt5C34o8EpOJyvAmCpH
El diálogo entre Diana Sperling y Diana Wang en la presentación de Bet El:
Aida Ender, DW y Soledad Bentolila
Aida Ender, DW y Soledad Bentolila
Soledad Bentolila, DW, Aida Ender, Luis Klinger y Sofía Romano
Del auto-odio al disimulo, una consecuencia del antisemitismo
La Shoá ha sido un laboratorio en el que la Humanidad se encontró con su peor cara. Las investigaciones y los documentos a los que tenemos acceso siguen siendo una fuente riquísima de lecciones con gran potencial para la construcción de una convivencia social compatible con la armonía y la paz. Quedan abiertos dilemas como los que tuvieron que enfrentar los judíos tantas veces. Sobrevivir era sinónimo de “sálvese quien pueda”, sujetos de la suerte o la mala suerte. Pero sigo sin entender qué guió a Jonas Wolk para hacer lo que hizo.
Der Stürmer, -el artillero, el atacante- fue un pasquín nazi cuya finalidad esencial era la instalación, difusión y potenciación del odio a los judíos. Este tabloide semanal, publicado entre 1923 y 1945, tuvo una tirada de 20.000 ejemplares en 1933 con la conquista del poder total del nazismo y llegó a alcanzar los 600.000 en 1940.
Su director, Julius Streicher, rabioso antisemita, lo transformó en una herramienta esencial para la propagación del antisemitismo y la naturalización de la imagen del judío como pestilente y exterminable. Su identidad gráfica era las caricaturas que dibujaban a los judíos como repugnantes, aprovechadores, violadores, asesinos, ladrones y explotadores. Difundió el “libelo de sangre”, la vieja acusación medieval de que los judíos secuestraban niños cristianos para desangrarlos y elaborar con esa sangre su “diabólica” matzá y sostener sus ritos secretos. Sazonaba sus diatribas con otras contra católicos, comunistas y capitalistas condimentadas con materiales pornográficos y obscenos. Sigue siendo un ejemplo supremo de prensa amarilla y manipuladora que se alimenta con engaños con bajezas e iniquidades.
Las portadas traían una caricatura como la que se ve en la imagen y al pié el lema Die Juden sind unser Unglück! -¡Los judíos son nuestra desgracia!-.
Der Stürmer empleaba cien personas entre escritores, dibujantes, personal técnico y administrativo. Uno de ellos, Jonas Wolk, era judío. Con el seudónimo de Fritz Brand escribió muchos de los espeluznantes textos antisemitas.
Me supera. Por más que le doy mil y una vueltas y me respondo con diferentes teorías, no consigo comprenderlo.
Pero el auto-odio militante es el final de una parábola que transita por otras estaciones. El miedo, la vergüenza, el ocultamiento. Distintos grados en los que la condición judía se manifiesta como un problema para los judíos que vivimos en contextos con cierto nivel de antisemitismo. En principio todos los que residimos en países dominados por la ideología cristiana que ha propagado durante siglos acusaciones judeófobas estamos expuestos a la sospecha y debemos convivir con ello.
Hay judíos que optaron por la conversión lisa y llana con el objetivo de quitarse de encima el peso de la discriminación. Conversión que incluye, claro está, el ocultamiento del antepasado judío en cuestión; queda como abominable secreto, pero queda y a veces sale a la luz. Son varios los sobrevivientes del Holocausto, por ejemplo, que al cambiar de país, han elegido una nueva identidad y linaje, otro apellido y otra historia, con la esperanza y la promesa de un futuro mejor.
Conozco una sobreviviente venida de Lituania que ha querido borrar toda traza de su identidad judía para integrarse mejor en la sociedad argentina y eligió un apellido que le sonó a muy argentino, Del Campo, sin advertir la oculta referencia. Pasadas unas décadas e interactuando con la sociedad más granada, decidió revisar aquel propósito y ahora, cuando le preguntan de qué Del Campo es, si de los Del Campo de Balcarce o si de los del Campo de Mercedes responde que es “de los Del Campo de Concentración”.
Revelarse ¿rebelarse? como judío entraña el riesgo de cierta pena social, de ser mirado de otra manera, con cierta prevención, con cierto cuidado. Nuestro interlocutor se pone en guardia para no decir alguna inconveniencia que pudiera ofender; es tal la naturalización del prejuicio anti judío que sabe que algo podría escapársele sin que sea o se reconozca antisemita.
Los judíos solemos imaginar que no serlo podría ser liberador tal vez porque no sería necesario cuidarse ni demostrar particular probidad y moral. Los judíos que vivimos en una cultura cristiana hemos incorporado también el prejuicio antijudío como el resto de la sociedad. Y está tan enraizado que uno lo vive a veces sin darse cuenta. Dado que mi apellido no suena judío ni tampoco mi aspecto, muchas veces me han dicho “¡ah! ¿sos judía?.... no parecés”.
Me sigue avergonzado haber creído que era un elogio.
Violetas de marzo (otra lección del nazismo)
Cuando está terminando el invierno en Europa comienzan a crecer las violetas. Es el anuncio del comienzo de la primavera y el final del frío.
Pero en la Alemania nazi, las violetas de marzo tenían otro significado. Era el nombre despectivo con el que los nazis llamaban a los que se iban uniendo al Partido a último momento, cuando ya no había más remedio, no por convicción sino por conveniencia. No eran “verdaderos” nazis, esos comprometidos hasta el tuétano con el Führer sino unos advenedizos que lo hacían solo por oportunismo. Gente de cuidado. Traidores en potencia. Veletas que hoy estaban y mañana, con otros vientos, cruzaban a la vereda de enfrente.
Las "violetas de marzo" son ejemplares que crecen en las tiranías, los totalitarismos y los populismos. Para mantener sus bienes y fuente de ingresos, por el temor de perder el trabajo, ser detenido, deportado, encerrado y asesinado muchos se afilian al Partido Totalitario con la esperanza de garantizar la continuidad de la vida.
Pero las “violetas de marzo” deben hacerlo de modo que su afiliación parezca verdadera. Los judíos que temían por su vida ante la Santa Inquisición cuando abrazaban el catolicismo elegían llamarse Sacerdote, Santamaría, Abad, Iglesias, Cruz y no se perdían una misa. Eran más papistas que el papa para aventar cualquier posible sospecha.
Como los pobres judíos llamados burlonamente “marranos”, las “violetas de marzo”, son esos seguidores tardíos forzados a exagerar su fe para que nadie desconfíe.
Las “violetas de marzo” se juntan en ramilletes y se lucen en los más lindos jarrones como si siempre hubieran estado allí. Enhiestas y atentas, el ojo avisor, el oído atento, no sea que alguien se de cuenta de que están aferradas con uñas y dientes a los bordes para no caerse porque no venían en ese florero.
“¡Das vergüenza, sucio judío!”
Demostración en Italia contra el negacionismo polaco
El jueves 21 y el viernes 22 de febrero de 2019 tuvo lugar un congreso en la École des Hautes Études en Sciences Sociales -Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales- EHESS. Se llamó “La nueva escuela polaca de historia del Holocausto” convocada por el Centro de Investigación Histórica y el Grupo de Investigación Interdisciplinario sobre Historia Literaria. El objetivo fue la presentación en Francia de una nueva escuela histórica que revisa y resignifica el pasado judío en Polonia.
Ya se había hecho, en 2005, un encuentro similar convocado por la Biblioteca Nacional de Francia, Judíos y Polonia, 1939-2004: aspectos multifacéticos del pasado" inaugurada . por dos testigos clave, Wladyslaw Bartoszewski y Simone Veil y que culminó con una conferencia de Marek Edelman, el último sobreviviente del levantamiento del gueto de Varsovia.
Los testimonios de testigos de tal envergadura ya no están disponibles y es ahora que el gobierno polaco ha emprendido esta campaña de recuperación del “orgullo” nacional no admitiendo la complicidad de tantos polacos en la ejecución del exterminio. En el contexto del antisemitimo -disfrazado de antisionismo- brotado con tanta virulencia en Francia y en otros países de Europa, este congreso tiene un valor y una potencia particular. Focalizado en la política negacionista polaca sus alcances llegan al resto de las declaraciones y posiciones que colocan a los judíos, otra vez, en el lugar diabólico del mal que debe ser erradicado.
Comparto el Testimonio de Jan Zbigniew Grabowski, uno de los participantes del encuentro.
“¡Fueron días extraordinarios! Estuve en París para participar en el congreso acerca de la Nueva Escuela Polaca sobre Historia del Holocausto. Docenas de investigadores de Francia y Polonia participaron del encuentro. El gran anfiteatro del prestigioso EHESS y el College de France rebosaban de gente que quería aprender. Pero hubo también otra gente, gente que no quería aprender sino que venía mostrar su orgullo nacionalista, su odio y su incomodidad con los hallazgos históricos. Interrumpieron las sesiones, abucheando, silbando y gritando. En toda mi carrera académica nunca viví algo parecido. Annette Wieviorka, la afamada historiadora francesa especializada en la Shoa, en sus comentarios finales, coincidió en que nunca había visto algo así.
Lo que todos hemos visto fue la cara de la nueva Polonia, la triunfante, nacionalista, patriotera, irreflexiva y brutal violación del aprendizaje académico. Dos o tres años atrás estas personas no se habrían atrevido a perturbar e interrumpir conferencias en una universidad. Hoy, sin embargo, envalentonados por el apoyo del estado polaco, están dispuestos a mostrar sus caras y a confrontar a los académicos en su propio territorio. Cuando salía del EHESS en el boulevard Raspail, fui confrontado por un nutrido grupo de “patriotas” polacos que, al verme, gritaron “das vergüenza, Grabowski”, “das vergüenza, sucio judío!”. (“wstydź się parchu” - en el original polaco).”
J.Z. Grabowski junto con Jan T. Gross, ambos historiadores, investigan y escriben sobre la complicidad de tantos ciudadanos polacos en el exterminio del pueblo judío. Ambos son vilipendiados en Polonia y acusados de traidores. El actual gobierno propuso quitarle la Orden al Mérito que le fuera conferida en 1996. La ley aprobada en 2018 por el Parlamento polaco ultra nacionalista, acerca de penar a quienes mencionen públicamente la “supuesta” complicidad polaca también se conoce como “lex Gross” porque parecía dirigida específicamente a él y a otros similares como Grabowski.
https://www.ehess.fr/fr/colloque/nouvelle-%C3%A9cole-polonaise-dhistoire-shoah?fbclid=IwAR1yzrLSbVrz976cFLtjJOdhuz-_NS8tPSLGhRgtmU4cSVfkVE9dhlxEkGo La publicación que acompaña la información pertenece al Instituto Histórico Nacional de Polonia, se llama Zagłada Żydów, -El exterminio judío-.
Machismo en la dirigencia comunitaria
Hay un grupo de mujeres jóvenes que trabajan como staff o voluntarias en diferentes organizaciones judías, que están queriendo conmover la sólida estructura machista de nuestra dirigencia y entrar a jugar con pleno derecho. Es interesante y muy alentador. Nosotras -junto con Aida y Susy entre otras- lo intentamos hace un tiempo, ahora les toca a las más jóvenes, con entusiasmos renovados. Están intercambiando correos y comparto ahora uno que envió Patricia Kahane y el comentario que me estimuló.
De Patricia: ... me entusiasma que tomen la posta de un tema de absoluta relevancia y completamente relegado al interior de la vida comunitaria institucional. Es un camino arduo el que esta por delante. Nuestra comunidad es profundamente machista en sus practicas, y ni que hablar en sus modos de liderazgo, y esta es una modalidad diria q bastante aceptada x todos sus miembros. Se cruzan todo tipo de cuestiones, que incluyen desde temas religiosos hasta cuestiones de clase. Tema largo.
Mi comentario: Tus palabras me hicieron acordar de una experiencia -entre tantas, todas iguales- que viví en septiembre de 2016 en un brindis de Rosh Hashaná en el que la municipalidad de Vicente López invitó a toda la dirigencia judía y la crème de la crème paisana.
Éramos un puñadito de mujeres desperdigadas por ahí, poquitas. El número de señores ganaba por afano.
Me acerqué a un grupo de hombres, los conocidos de siempre, que veía conversando animadamente, riendo, satisfechos y rebosantes. Cuando estuve dentro del círculo invisible que habían conformado, dejaron de hablar, me saludaron cordial y hasta cariñosamente, pero hicieron una especie de vacío energético claramente expulsivo hacia mí. Como si mi presencia impidiera que siguieran en lo que estaban -¿minas? ¿negocios? ¿fútbol? ¿chimentos comunitarios? ¿chistes subidos de tono?-.
¿En qué estaban que mi presencia les incomodaba o interfería tanto?
Tal vez en nada en particular. Tal vez el solo hecho de ser mujer descuajeringaba la conversa y les era incómodo.
Como si ante mi habría que hablar de recetas o nietos.
Como si la testosterona que derramaban a raudales de pronto cortaba el chorro potente cuando una mujer estaba cerca, al revés de lo que uno podría suponer.
O peor aún, como si la presencia de una mujer pusiera en peligro el statu quo -otra vez: ¿cuál?- y los llevaba a perder espontaneidad.
Por supuesto que no me detuve más que unos instantes y me di vuelta oronda como si no me importara.
Pero me importaba.
Y me enojaba.
Brindando con el intendente Jorge Macri
Porque cada uno de los que estaba en esa ronda había tenido conversaciones personales e institucionales conmigo y me habían tratado con deferencia, amistad y consideración. Algo pasaba cuando se juntaban, como si el escenario fuera el vestuario del club con los tipos charlando en bolas, sacándose los mocos o tirándose pedos haciendo reír a los demás.
Como si fueran un grupo de púberes asustados de su rendimiento sexual que, para sentirse mejor, se burlan de las mujeres, les bajan el precio y se potencian entre ellos con golpes en el pecho y alaridos guturales.
Uf, me pianté para el lado de las cavernas. Por ahí es ese resto neurobiológico que sigue sin evolucionar y los hombres, cuando se vuelven dirigentes o figurones o figuretis, recuperan aquella condición ancestral y blanden sus herramientas -dinero, panza, pito, posición social, poder- con aire de vencedores. Y las mujeres no tendríamos nada que hacer ahí.
Multiples sentidos de la memoria
Hay palabras tan pregnantes que de sus múltiples sentidos posibles parecen haber quedado entrampadas en uno solo. Un buen ejemplo sería la palabra “discriminación” cuyos sinónimos podrían ser elección, distinción, diferenciación pero que se ha visto colonizada por el sentido de nominar a la mirada descalificatoria y denigrante de un colectivo social. Lo mismo está pasando con la palabra “memoria”. De todas las cosas a las que podría aludir, salvo que se lo señale específicamente, se entiende solo una, como si se hubiera transformado en una cosa en sí. La palabra “memoria” tiene un tinte de cosa buena, de moral positiva, y sus cultores, entre los que me cuento, nos vestimos con ella con un manto de legitimidad y ética, una especie de garantía de probidad. En la Argentina son varias las organizaciones que mencionan a la memoria en su nombre, como memoria viva, memoria abierta, memoria activa, memoria histórica, memoria por la verdad y la justicia, memoria del Holocausto, políticas de memoria. Se trata de la memoria del horror, de los hechos genocidas y las masacres masivas, de la necesidad de darles visibilidad y evitar su tergiversación y olvido. Es una memoria focalizada, que solo se ocupa del sector que le interesa desde un punto de vista particular de quién ha sido la víctima y quién el victimario, reivindicando a las víctimas silenciadas. Son memorias políticas parciales, focalizadas y selectivas.
Los neurólogos, psiquiatras y psicólogos, trabajamos con la memoria. Los neurólogos y psiquiatras se centran en sus alteraciones y deficiencias. Los psicólogos, especialmente los psicoanalistas, indagan en el pasado, en la memoria y en sus laberintos y narrativas. Los físicos estudian la memoria de los materiales, como los colchones “memory foam”. La memoria de los contadores viene junto con balance una vez al año. Los dispositivos digitales aportan una memoria ram y otra rom. En cada uno de estos campos la memoria alude a otra cosa y se expresa de otra manera y es atendida consecuentemente, son memorias que se ocupan de sectores particulares de la realidad.
También la memoria designa a un proceso individual y familiar, la memoria de amor y del dolor, de los instantes gema que nos reaniman cuando nos vemos cubiertos por la frustración y el desaliento, la memoria guardada en fotos que documentan momentos de nuestra vida, el crecimiento de nuestros hijos y nietos, los logros, las celebraciones, la sonrisa de los que ya no están. Son memorias personales, huellas, marcas, sentidos que transitan en una misteriosa tensión entre recuerdo y olvido. Esta memoria es selectiva, parcial y cambiante. El olvido es como el silencio entre dos notas musicales, es parte de la música. El olvido, como aprendimos del torturado Funes de Borges, nos permite seguir viviendo.
Pero hay una memoria que da miedo porque no olvida nada, es la memoria digital. En esta memoria sí que está guardado todo como dice la canción de Leon Giecco que cantó Victor Heredia. La velocidad del procesamiento de datos se incrementa de manera exponencial y supera nuestra capacidad humana de hacerlo, lo que está buenísimo. Pero al mismo tiempo, nada se pierde, todo se conserva y cada uno de nosotros vive acompañado de esa especie de exo memoria en la que está todo. Las redes sociales que van siendo el modo de comunicación que se está estableciendo como universal, hace cada vez más transparente el muro que separa nuestra vida privada de la pública. Oigo todavía a algunos optimistas ilusos que creen que porque no tiene facebook, twitter o instagram están salvados y mantienen su privacidad. Tengo muy malas noticias para ellos. Si hicieron alguna vez un trámite bancario o administrativo (documentos por ejemplo, DNI, pasaporte, registro), si tienen tarjetas de crédito o débito, si están afiliados a alguna prepaga médica u obra social, un club, una organización cualquiera, alpiste, perdiste. Todos nuestros movimientos están registrados y guardados. Toda vez que se abre un sitio en internet queda guardado ese dato que alimenta los datos anteriores creando un perfil identitario, de intereses, ideología y recursos. Hay miles de satélites sobrevolando con la capacidad de oír cada una de nuestras conversaciones si ése fuera su interés. Ésta es la memoria aterradora con la que tenemos que convivir, sin modo de evadirla.
Vuelvo a la canción, porque estas informaciones nuestras que están guardadas en la memoria, ya no son “sueño de la vida y de la historia”, ni tampoco son “libres como el viento”.
Fake news, creación del nazismo
Volksempfänger -Receptor del Pueblo-
El Volksempfänger, receptor del pueblo, fue producido a partir de 1933 por el Ministerio de Propaganda e Ilustración Pública del Reich. Todos querían tener una radio en su casa, esta nueva invención proveía noticias, música, novelas y entretenimiento directamente a cada hogar. El ministro Joseph Goebbels advirtió inmediatamente su enorme potencial de difusión para hacer llegar los mensajes e instalarlos en la vida cotidiana de todos los alemanes. El Volksempfänger se vendía a precio muy inferior a cualquier otro aparato de radio de modo que cualquiera lo podía comprar. No solo cada una y toda familia alemana tenía una radio sino que el Ministerio enviaba una fuerza de control que iba casa por casa para confirmar que la radio estaba encendida y que el discurso de Hitler o de Goebbels por cadena nacional era oído por la familia entera. Se exigía que todo restaurante y café tuviera una y que los discursos fueran emitidos. También había parlantes en las calles ubicados en postes y columnas de alumbrado público que tronaban a todo volumen las encendidas diatribas nazis.
La radio fue un medio privilegiado de penetración que, en medio del terror de ser visto como opositor, fue homogeneizando la “opinión pública” y encarrilándola en el sentido que el Ministerio pretendía.
Cuando el mismo mensaje, es repetido y replicado por variados dispositivos, primero puede sonar extemporáneo pero a medida que la reiteración se hace música de fondo, se va “naturalizado” e imponiendo y genera en muchos un cambio de visión. ¿Quién se animaría a decir lo contrario? La aceptación paulatina, al principio instrumental, corre el peligro de internalizarse y volverse parte de uno mismo.
Goebbels fue un maestro en la generación de lo que hoy llamamos fake news y un brillante estratega en los mecanismos implementados para su difusión e instalación.
Discursos por cadena nacional obligados y audibles en todas partes, casi imposibles de ser evadidos, con mentiras y consignas que fueron penetrando lentamente como tóxicos “naturales”. La conspiración judeo-bolchevique. La puñalada por la espalda. La “teoría racial”¿La gente los incorporó por ingenuidad, por tontería? No fue así. Fue debido al terror. El terror de sugerir siquiera una reflexión o comentario crítico. Fue porque había que tener un trabajo para mantenerse y el régimen especulaba con eso; había que estar afiliado al partido y al sindicado adecuado y, además de no ser judío, no tener ninguna mancha, por pequeña que fuera que levantara sospecha alguna de comunismo o activismo político opositor.
Goebbels tuvo tan claro que la remodelación de la opinión pública era esencial para el mantenimiento e incremento del poder del III Reich -que iba a ser de mil años- que fue la primera vez en la historia que la propaganda tuvo un ministerio. Desde allí el control era total. Afiches, obras de teatro, películas, periódicos y otras publicaciones, chistes, murmuraciones y sospechas, todo el rango posible era cubierto por el Ministerio de Propaganda e Ilustración Pública.
Pero la radio fue el eje central de la estrategia comunicativa porque entraba de buen grado en cada casa y vestía a las mentiras y consignas con el disfraz de la verosimilitud.
El éxito de Goebbels fue tan fantástico que sus sucesores, los gobiernos dictatoriales, totalitarios y fascisto-populistas que siguieron al tristemente pretencioso y desafinado “nunca más”, lo tomaron como modelo. Hoy día las fake news no llegan por la radio, sino mediante las usinas de engaños goebbelianas y son distribuidas por algunos referentes periodísticos y principalmente por las redes sociales que consumimos todos con la misma “ingenuidad” que aquellos alemanes, con la misma voracidad suicida.
Publicado en Infobae: https://www.infobae.com/opinion/2019/02/18/goebbels-y-la-invencion-de-las-fake-news/