Memoria activa, discurso 2002

En estos cien meses Después de 100 meses, uno ya no sabe qué más decir.

Se ha dicho todo. En estos 100 meses se ha dicho todo.

Se ha denunciado, se ha expresado el dolor, la rabia, la injusticia. Se ha prometido no cejar hasta el total esclarecimiento, se ha señalado a culpables, instigadores, aprovechadores, obstaculizadores y también a colaboradores, simpatizantes.

En estos 100 meses se ha dialogado con probos y corruptos que juraron, prometieron, insistieron, aseguraron que se llegaría a las últimas consecuencias, que no cejarían en su empeño sin que se castigara a los culpables.

En estos 100 meses se han transitado los vericuetos más que sorprendentes y curiosos que los funcionarios y estamentos de los distintos gobiernos han determinado. Distintos gobiernos, distintos funcionarios, el mismo callejón sin salida, la misma inconducencia; al mismo tiempo, la misma eficacia en tapar, disfrazar, oscurecer.

En estos 100 meses somos testigos de un juicio en marcha, una especie de premio consuelo, con muchos vicios de procedimiento y que juzga aspectos marginales que deja afuera el quiénes, el cómo, el por qué, el cuánto y el con qué.

En estos 100 meses se ha escuchado el desgarrado sonido del shofar semana a semana aullando a voz en cuerno nuestra impotencia por sobre el ruido de las bocinas y la gente que va y viene a nuestro alrededor y no se detiene, salvo algún curioso, a ver de qué se trata, qué hacen estos locos parados en la plaza, con cara seria, con lluvia o con calor, un shofar que a veces se queda afónico de tanto grito al aire, de tanto grito sin destino aparente.

En estos 100 meses hemos unido nuestras voces pidiendo justicia tantas veces, tantas veces, tantas veces que uno se para acá sabiendo que no hay nada nuevo que decir. Memoria Activa: crónica del país

Memoria Activa se ha constituído en testigo, víctima y crónica de estos últimos años de la vida argentina. Las distintas voces que han desfilado por estos micrófonos fueron dibujando en estos 100 meses la trama oculta y desgarrada del día a día de un país que ha perdido su rumbo. Así como las Madres de la Plaza fueron las que se animaron a hablar cuando el resto estábamos paralizados, aterrados de sacar la cabeza no fuera a ser que nos señalaran y nos secuestraran, torturaran y desaparecieran, y fueron las primeras que denunciaron lo que estaba pasando, de modo similar, las voces de Memoria Activa expresaron precozmente lo que hoy nadie duda. Un Estado que no sólo no cobija y protege a sus habitantes, sino que es la misma fuente de las injusticias y los delitos. Fue aca en donde la fiesta menemista dejó ver los entretelones, las trampas y los hilvanes, las manchas de grasa que no se veían por televisión. Fue acá donde la gente venía a poner la cara y el cuerpo y a expresar con su presencia, su profundo desacuerdo con un estado de cosas que nos ha llevado adonde hoy nos encontramos.Y no sólo fue la fiesta menemista. Lo que siguió, y que me eximo de recordar porque confío en la memoria de quienes me escuchan, no sólo no pudo mejorar nada, sino que ahondó aún más la huella que ellos habían marcado.

Lunes a lunes, Memoria Activa albergó los testimonios que reflejaban un país en caída libre. No es difícil de entender cómo no se ha encontrado a los culpables del ataque a la AMIA y a la embajada de Israel en medio de tanto rincón oscuro, de tanta mano sucia, de tanta codicia impúdica. Lo difícil es entender cómo, lunes a lunes, seguimos estando aquí. Lo difícil es entender cómo algunas cosas, a pesar de todo, sobreviven, siguen funcionando, los hospitales, las escuelas, los colectivos, la luz, el teléfono, el gas... Lo que no sabemos es por cuánto tiempo. El huevo de la serpiente

Se le atribuye a Bertold Brecht este texto famoso que tantas veces ha sido citado en este foro público:

Primero vinieron por los judíos, y yo no protesté, porque yo no era judío.

Luego vinieron por los socialistas, y yo no protesté, porque yo no era socialista.

Después vinieron por los sindicalistas, y yo no protesté, porque yo no era sindicalista.

Entonces vinieron por mí, y ya no quedaba nadie que protestara por mí.

Brecht se cansó de negar su autoría de este texto que hoy es universal y que en realidad le pertenece al pastor Martin Niemoeller de la Iglesia Confesional Alemana, luchador por los derechos humanos que sufrió siete años en campos de concentración.

Sí, algo de eso pasó con Memoria Activa y el país. Lo que pasó con los ataques, con los símiles de investigaciones, con los embarramientos de canchas, con las mentiras, con las trampas, pasó con todo el país. Hoy la protesta es de todos. La humillación y la vergüenza

Hoy el país hace agua por todos lados. Lo que hace unos años era una denuncia potente en Memoria Activa, algo que parecía importar sólo a los judíos, hoy es el contexto de todos. Pero ha habido cambios. Hoy el tema ya no pasa por la corrupción, por las estrategias y los negocios del poder. Hoy el tema ha bajado a todos y pasa por la vergüenza y la humillación en especial del desempleo, del país que se ha ido achicando y que nos duele en cada centímetro de la piel. La vergüenza y la humillación pertenecen a la esfera de lo individual, son sentimientos que muchos de nosotros sentimos frente a una realidad que nos es tan esquiva, que nos ha dejado, como el chiste de Jesús caído del crucifijo vagando “en pelotas y sin documentos”. Hoy, pedir justicia, es más que exigir el juicio a los culpables, ahora se trata de la dignidad del trabajo, del sustento diario. La vergüenza y la humillación van minando la autoestima, la dignidad y el honor. Los extranjeros nos dicen que les sorprende cuán severos que somos con nosotros mismos. Vienen y se encuentran con estos discursos, el que estoy haciendo yo en este momento por ejemplo, desanimados, autoconmiserativos, desesperados. Ven gente decente, trabajadora, inteligente, sensible, que se siente idiota por haber creído, que no sabe dónde dirigir su dolorosa desilusión y lo hacen contra sí mismos. Vergüenza y humillación. En carne y viva y llagados. Pido perdón a los que esperan una voz esperanzada, pero lo único que atiné a componer, es estas palabras que me permiten compartir con ustedes mi propio dolor, mi propia vergüenza y mi propia humillación. La continuidad de la vida

Como ustedes saben, soy hija de sobrevivientes de la Shoá. Yo sé de la fuerza de la vida. No puedo dejar de mencionar indicios alentadores que están pasando, las irrefrenable fuerza de la vida. Vemos, sin mucho ruido, el surgimiento de algunas formaciones originales, sorprendentes, con destino aún desconocido, pero que le hablan a nuestra fe en el futuro. Huertas comunales, asociaciones de trueque, cooperativas de trabajo, diferentes organizaciones que buscan salir de la vergüenza y la humillación, con decisión de unirse y prepotencia de trabajo. La vida continúa y la vida misma busca nuevos canales que le permitan vivir. Resistir, siempre resistir

Termino citando al filósofo y epistemólogo Edgar Morin§ que, hablando de este momento del mundo, dice y es mi homenaje a estos 100 meses de Memoria Activa:

“Debemos resistir a la nada. Debemos resistir a las formidables fuerzas de regresión y de muerte. En todas las hipótesis, es preciso resistir. El porvenir ya no es una fulgurante marcha adelante, o más bien, hay que resistir también a la fulgurante marcha delante de las amenazas de sometimiento y destrucción.... Tenemos que resistir sin cesar a la mentira, al error, a la salvación, a la resignación, a la ideología, a la tecnocracia, a la burocracia, a la dominación, a la explotación, a la crueldad. Más aún, debemos prepararnos para nuevas opresiones, es decir, para nuevas resistencias... Aunque deseemos sobre todas las cosas ver el cese de la humillación, el desprecio, la mentira, ya no tenemos necesidad de certidumbre de victoria para continuar la lucha. Las verdades exigentes prescinden de la victoria y resisten para resistir. Pero preparémosnos también para las liberaciones, incluso efímeras, para las divinas sorpresas, para los nuevos éxtasis de la historia... Resistir a la nada. Resistir a las formidables fuerzas de la muerte. Resistir.”

Diana Wang

§ Tomado de “Para salir del siglo XX”, Edgar Morin, citado en “Seis millones de veces uno” de Eliahu Toker y Ana Weinstein, publicación del Ministerio del Interior, 1999, pág.219.

EN BÚSQUEDA DE LA ESPERANZA PERDIDA

Palabras para Rosh Hashaná En nuestra larga historia, los judíos hemos vivido largos períodos de florecimiento y paz, alternados por otros, de sufrimiento y destrucción. La versión que muchos de nosotros nos contamos, esto es, la de haber sido siempre perseguidos, no es rigurosamente verdadera. Es cierto que lo hemos sido, y no una sino muchas veces, pero no en todas partes ni siempre. Hemos fluctuado entre períodos de estabilidad y períodos de incertidumbre. De ambos, no sólo de los momentos difíciles, hemos extraído enseñanzas, enseñanzas que se han vuelto estrategias para sobrevivir y persistir en el tiempo. La errancia, tan esencial para nuestra definición de nosotros mismos, nos ha enseñado de primera mano, la gran lección sobre la transitoriedad de la vida. Tanto desarraigo nos ha hecho crecer raíces más hondas y expansivas, que toman nutrientes en más de un lugar, de manera rizomática y multiplicadora.

Vivimos en la Argentina momentos difíciles. No por ser judíos –también podemos tener problemas ajenos a nuestra condición de judíos- sino por ser argentinos. Vivimos momentos difíciles porque muchas de nuestras viejas certidumbres se han desvanecido y nos hemos quedado estuporosos, en shock, como si hubiéramos perdido sentidos. Los judíos sabemos –o al menos debiéramos saber- acerca de cómo sobrevivir en situaciones inciertas dado que la transitoriedad ha sido nuestra constante.

Hemos perdido la certeza del trabajo. La promesa que recibían hace un siglo los inmigrantes de prosperar en esta tierra con la única condición de trabajar y ser honestos, se ha caído y fragmentado con la fragilidad de un espejo barato. El trabajo por sí mismo no es ya ninguna garantía porque el concepto mismo de trabajo ha cambiado tanto que los más viejos no lo podemos reconocer.

Hemos perdido la certeza de la formación profesional. La otra promesa, la que recibió la generación que siguió a la de los inmigrantes, de que una profesión liberal o el comercio o una pequeña industria iban a ser los pasaportes hacia una vida digna y permitirían las construcción de un futuro para los hijos, se deshizo en el aire y nos dejó a oscuras. Comercios quebrados, industrias desmanteladas, profesionales desempleados es la realidad que nos alberga.

Hemos perdido la certeza del mañana seguro. La vida era un camino que, si se hacían las cosas bien, desembocaba en la jubilación y el descanso y la salud protegidos. Lejos de ello, el desánimo cunde, la “mala onda”, resultante de un horizonte que no parece ofrecer salidas, es el contexto en el que nos despertamos todos los días. Y es bien difícil tomar la decisión de abrir los ojos cuando lo que uno espera es más de lo mismo, o sea peor.

Pero los ciclos son círculos que se cierran y se abren. En este nuevo año que comienza, nuestro mandato, como siempre, es el renacimiento de la esperanza. Cada nacimiento, cada comienzo, cada brote porta en sí mismo la semilla del cambio, de la ventura, o, deletreado de otro modo, de la aventura. No dejarse vencer por la frustración es el primer esfuerzo que debemos hacer. La humanidad –y de eso los judíos podemos dar testimonio cabal- ha superado muchas situaciones que parecían imposibles. La estupidez del ser humano sin embargo, sigue resultando sorprendente en su persistencia y potencia destructiva. Pero también lo son la creatividad y el deseo de vivir (es otra de las cosas que confirmamos en la Shoá).

Éste es el desafío para el nuevo año que iniciamos.

Lamentarse, temer, ponerse a la defensiva, encerrarse en fortalezas de pasadas certidumbres y nuevos temores, seguir esperando que “algo” suceda y la salvación caiga sobre nosotros... nada de esto tiene sentido,

Busquemos en este nuevo año recursos que aún no hemos estrenado. Están en nosotros mismos. No hace falta que nadie venga de afuera a enseñarnos. Nosotros, especialmente los judíos, tenemos una enorme experiencia en la supervivencia, en “hacer la plancha” cuando la transitoriedad (que se ha vuelto hoy sinónimo de realidad) se vuelve turbulenta e incluso hemos conseguido salir nadando contra la corriente más de una vez. Busquemos allí. Cada uno en su propia historia.

Nuestra historia de desarraigo podría sernos venturosa por una vez. Nos han echado –esta vez a todos- de donde estábamos, del lugar que creíamos ocupar en el mundo. Estamos siendo – esta vez todos- inmigrantes otra vez. Sin habernos movido, nos han cambiado el escenario, las expectativas, el idioma. Hemos migrado –otra vez: todos- a una nueva realidad aunque parezca que no nos hemos movido de país. Nuestra actual realidad es una nueva transitoriedad, una nueva “tierra de nadie”. Pensémosla como una nueva edición de nuestra historia, ese camino de certidumbres que caían indefectiblemente y que nos obligó a generar certezas que se sostuvieran por sí mismas y que fueran fácilmente transportables. De ahí, quizá, mucha de nuestra obstinación.

Hoy, en Rosh Hashaná, en la Argentina del 2002, hago un brindis por los que ignoran –a propósito o sin querer- la palabra “imposible”. Para ello, va este relato atribuido a Albert Einstein (buen ejemplo de obstinación y búsqueda de nuevos caminos ante certidumbres poco consistentes):

“Dos niños patinaban sobre una laguna congelada. De pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua. El otro, viendo que su amiguito se ahogaba debajo del hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró quebrar el hielo y así salvar a su amigo.

Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaron cómo lo había hecho, cómo era posible que hubiera conseguido quebrar un hielo tan grueso sólo con una piedra y sus manos tan pequeñas.

Un anciano dijo que sabía cómo.

- ¿Cómo?... Le preguntaron. Y contestó:

- No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo.”

EEUU y la Shoá. Ayudamemoria

Un esquema para conocer la cronología de una indiferencia criminal

1935

Leyes Raciales de Nürenberg

1938

Anschluss de Austria-Kristallnacht

1939

Pacto Alem-URSS – Invas. Polonia

1941

Ruptura pacto Alemania-URSS – Invasión de territorios del Este. Comienzo del exterminio

Asesinato de un millón y medio de judíos por los Einzatsgruppen

Enero 42

Conferencia de Wansee: Solución final (industria de la muerte)

Julio 42

Comienzo de deportaciones de Varsovia a Treblinka – construcción de Auschwitz

Agosto 42

Cable secreto al Depto de Estado y al rabino Wise

Enviado por el Dr Gerhardt Riegner (representante del World Jewish Congress en Berna) en donde le informaba de lo que estaba sucediendo y de los planes de exterminio de judíos a tres semanas del comienzo de las deportaciones. El Depto de Estado lo mantuvo en secreto e impidió que le llegara al rabino Wise. Éste finalmente supo de su existencia por fuentes británicas y exigió conocerlo, pero le pidieron que no lo hiciera público.

Octubre 42

Jan Karki con líderes judíos en Varsovia

Supo entonces del alcance de las acciones. Fue aleccionado para difundir por el mundo el estado de cosas y conseguir socorro. Llevó la información a Londres.

Febrero 43

Telegrama # 354 a los consulados

Clave de toda la denuncia de la inacción fue este memo que se enviara a todos los consulados norteamericanos ordenando reservar las informaciones relativas al destino de los judíos.

Julio 43

Jan Karski con Roosevelt

Transmite la información de las masacres al presidente, otros miembros del gobierno y de la comunidad Judía. Dio más de 200 conferencias con cobertura de la prensa y publicó un libro en enero del 44, “Story of a Secret State”, que fue el Libro del Mes.

Enero 44

Roosevelt se entera oficialmente

18 meses después del telegrama de Riegner, el 13 de enero, Henry Morgenthau (Secretario del Tesoro) entrega el “Personal Report to the President”. Se reveló el ocultamiento de la información y la falsedad de las explicaciones oficiales de la criminal inacción norteamericana. Basado en una tarea de investigación de un abogado del Depart. del Tesoro, Josiah DuBois, el memo fue firmado por su superior, Randolph Paul, el Consejero General del Tesoro. Junto con esta denuncia, Morgenthau presenta una propuesta para el rescate de judíos y se constituye el War Refugee Board financiado por fuentes privadas, no con dinero estatal.

Hipótesis de la inacción norteamericana y el ocultamiento deliberado de la información:

- antisemitismo del miembros del Departamento de Estado

- relativa impotencia y desunión de los judíos norteamericanos

- decisión de priorizar los esfuerzos bélicos basado en la idea de que la única forma de salvar a los refugiados era ganar la guerra.

Los chicos de Hitler. William E. Grim

Traducción: Diana Wang[1]

No soy judío. Ningún miembro de mi familia murió en el Holocausto. El antisemitismo ha sido siempre para mí uno de aquellos fenómenos que mi radar no registra, como los asesinatos tribales en Ruanda, esas cosas terribles que le pasan a los demás.

Pero vivo en una pequeña ciudad en las afueras de Munich en una calle que hasta mayo de 1945 se llamaba Adolf-Hitler-Strasse. Trabajo en Munich, una agradable ciudad metropolitana de algo más de un millón de habitantes cuyo encanto bávaro tiende a oscurecer el hecho de que fue la cuna y capital del movimiento Nazi. Cada día, cuando voy a trabajar, paso por los lugares donde vivió Hitler, edificios que aún existen, donde fueron tomadas las decisiones de matar a millones de personas inocentes, plazas y espacios en donde se quemaron libros, desfilaban las tropas de los SS y gente fue ejecutada. La proximidad del mal concentra y focaliza la atención porque antepone la realidad física a las narrativas escritas de los horrores perpetrados por los alemanes.

Luego suceden las pequeñas cosas que se suman y en la suma, se convierten en algo siniestro. Estoy en un ómnibus y un adolescente le pasa a un compañero un ejemplar de “Mi Lucha” que pertenecía a su abuelo, encuadernado en cuero rojo; el receptor dice “genial!” y saca de su mochila un video producido en Suiza de “Los Grandes Discursos de Joseph Goebbels." Pocas semanas después, estoy en una reunión de trabajo con cuatro alemanes jóvenes y sofisticados, que se conducen de manera amable y educada. Cuando el tema de conversación pasa a ser un convenio comercial con un hombre de Nueva York llamado Rubinstein, sus narices se distienden, sus modos adquieren un aire amenazador y uno de ellos dice, y lo cito textualmente, “El problema con los Estados Unidos es que los judíos tienen todo el dinero." Todos ríen y otro dice, "sí, a los judíos les importa mucho el dinero."

Encuentro que este tipo de referencia antisemita en mis tratos profesionales con alemanes se vuelven pronto un leitmotif (tomando prestado el término que hizo famoso Richard Wagner, otro notorio alemán antisemita). En mis encuentros privados con alemanes, sucede con frecuencia que se aflojan después de un tiempo y revelan opiniones personales y tendencias políticas que se suponía que habían dejado de existir en aquel bunker en Berlín un 30 de abril de 1945.

Tal vez se deba a que soy rubio y a que mi apellido suena alemán, el que los alemanes sientan que soy “uno de ellos”. También muestra cuánto comprenden de lo que significa ser un norteamericano.

Cualquiera sea la razón, las conversaciones tienen generalmente uno o más de los siguientes componentes:

(1) Fue desafortunado que los Estados Unidos y Alemania lucharan como enemigos durante la Segunda Guerra, dado que el enemigo real era Rusia.

(2) Sí, los Nazis cometieron excesos, pero en las guerras suceden cosas terribles. Al mismo tiempo, el panorama del Holocausto ha sido muy exagerado por los medios norteamericanos que están dominados por judíos.

(3) La CNN está controlada por judíos norteamericanos y es anti palestina. (Sí, ya sé que suena increíble, pero incluso entre los alemanes más inteligentes, aún aquéllos con clara influencia sajona, hay una creencia extendida de que la red de noticias fundada por el mejor amigo de Fidel Castro, Ted Turner, quien hasta hace poco estaba casado con la hanoísta Jane Fonda, es un enclave de la propaganda pro israelí )

(4) Casi todos los alemanes se opusieron al Tercer Reich y nadie en Alemania sabía nada sobre el asesinato de los judíos; los judíos mismos fueron los responsables del Holocausto.

(5) Ariel Sharon es peor que Hitler y los israelíes son Nazis. Los EEUU apoyan a Israel sólo porque los judíos controlan al gobierno norteamericano y a los medios.

Por primera vez en mi vida, fui conciente del antisemitismo. Por cierto que el antisemitismo existe y ha existido en otras partes pero en ninguna sus consecuencias han sido tan devastadoras como en Alemania.

Mirándolo de la manera más objetiva posible, 2002 ha sido un año ejemplar para el antisemitismo en Alemania. Ataques a sinagogas; profanaciones en cementerios judíos; el gran best seller alemán fue la novela de Martin Walser “Muerte de un crítico”, un texto ligeramente velado que contiene claves maliciosas y ataques antisemitas sobre el conocido crítico literario Marcel Reich-Ranicki (sobreviviente tanto del gueto de Varsovia como de Auschwitz); el partido Democrático Libre ha adoptado extraoficialmente el antisemitismo como campaña táctica para atraer a la minoría musulmana; y los historiadores revisionistas alemanes están empezando ahora a definir a la perpetración alemana en la Segunda Guerra y al Holocausto no como Crímenes Contra la Humanidad sino como tempranas batallas (con lamentables pero comprensibles excesos) en la guerra fría contra el comunismo.

La situación es tan mala que a los judíos alemanes se les sugiere no usar en público nada que los pueda identificar como judíos porque su seguridad no puede ser garantizada.

¿Cómo puede ser posible? ¿No es ésta la “Nueva Alemania” que durante 57 años no tuvo Holocaustos ni pogroms, en donde la verdad, la justicia y el estilo alemán prevalecen por sobre el bienestar económico, el alto standard de vida que es la envidia de los vecinos europeos y una constitución que garantiza la libertad para todos sea cuál sea su raza, credo u origen nacional? ¿Qué cambió? La respuesta es: absolutamente nada.

My hipótesis es muy simple. Mientras Alemania no tiene ya el poder militar para avalar la ideología racista Nazi y mientras las manifestaciones extremas del Nazismo son oficialmente ilegales, las condiciones internas –esto es, las actitudes, la cosmovisión y las presunciones culturales- que llevaron al surgimiento del partido Nazi en Alemania están todavía presentes porque constituyen componentes básicos de la identidad alemana. El Nazismo no era una aberración; era la destilación de la psique alemana en sus elementos esenciales. El Nazismo externo puede haber sido derrotado en mayo de 1945; el interno, sin embargo, permanece, y siempre permanecerá, una amenaza potencial siempre que exista una entidad política y/o cultural conocida como Alemania.

Esperen un poco, escucho mucha gente decir “no podés sostener que los alemanes son tan antisemitas hoy como lo fueron durante los años 1933-1945”. Es verdad que la Alemania de hoy es muy diferente que la del Tercer Reich. Lo que cambió es que debido a su total derrota ante los aliados, Alemania hoy es un estado cliente de los Estados Unidos y debe hacer bien los deberes. Esto significa la represión del antisemitismo abierto. Es malo para los negocios.

La otra cosa que ha cambiado es que, aunque Hitler perdió la Segunda Guerra, tuvo un éxito fenomenal en el terreno ideológico. Alemania, y por cierto Europa entera, está esencialmente Judenfrei (libre de judíos) hoy debido a la eficacia y celo de los alemanes mientras perpetraron el Holocausto durante el Tercer Reich. Se podría, de hecho, plantear de manera muy convincente que el Nazismo es uno de los programas políticos más exitosos de nuestro tiempo. Cumplió más objetivos en corto tiempo que cualquier otro movimiento político comparable y cambió de manera permanente la apariencia y estructura política de varios continentes. Alemania es rica, estable, inexorablemente burguesa y para todo propósito e intención, libre de judíos.

Sí, hay una pequeña minoría de judíos, ubicados en su mayoría en Berlín, y sí, ha habido un número de judíos procedentes de la ex Unión Soviética que han emigrado a Alemania, pero la mayoría de los inmigrantes de Rusia no son judíos practicantes y hacen poco o nada para promover una identidad judeo-alemana. El resultado de todo es que Alemania hoy puede cosechar los beneficios de las políticas antisemitas de Hitler mientras paga el precio verbal y declarativo de la “necesidad de recordar”.

El joven Fritz no precisa ser abiertamente antisemita hoy gracias a que la generación de su abuelo hizo un trabajo tan exhaustivo durante el Holocausto. No hay ya tantos judíos para odiar, y además, los alemanes tienen a sus viejos camaradas, los árabes, para que actúen de odiadores en su lugar. El gran apoyo que los palestinos reciben de los alemanes podría ser entendido como una forma de antisemitismo por delegación.

El gobierno alemán ha hecho pagos en efectivo al Estado de Israel así como a judíos individuales, para compensar por asesinatos, tortura, prisión, trabajo esclavo y genocidio. Hablen con la mayoría de los alemanes y verán pronto que creen que la cuenta entre Alemania y los judíos ya está saldada, que de alguna manera, la recuperación de una parte de lo que los alemanes le robaron a los judíos es una recompensa adecuada por el asesinato deliberado de millones de personas. Si piensan que los alemanes lamentan sinceramente por lo que le hicieron a los judíos, piensen otra vez. No hubo nunca un oficial "tut mir leid" (me apena, lo lamento) ofrecido por los alemanes a las víctimas del Holocausto y sus descendientes porque ello implicaría la admisión de la culpabilidad. Alemania ha pagado los reclamos sin expresar responsabilidad, de la misma manera que la Ford Motor Company acepta el reemplazo o la indemnización por partes dañadas de sus automóviles. Se hace para evitar la responsabilidad civil.

He mencionado antes que los alemanes apoyan de manera abrumadora a los palestinos como opuestos a los israelíes, y que este apoyo abrumador representa una forma de antisemitismo por delegación. Los alemanes pueden argumentar que apoyan a los palestinos porque creen que son un “pueblo oprimido”, pero seamos honestos, apoyan a los palestinos y a sus dirigentes árabes porque comparten los mismos ideales que los Nazis.

Hay una larga historia de la cooperación alemana con los árabes. En 1942, Hitler personalmente aseguró al Mufti de Jerusalém que tan pronto como Alemania conquistara Gran Bretaña, los judíos de Palestina (que estaba entonces bajo control del Mandato Británico) serían exterminados.

Debemos recordar también que los terroristas árabes que perpetraron las atrocidades del 9 de septiembre, planificaron sus acciones en Alemania. Hay varias razones para ello. La primera es el caos desmañado y descentralizado de la burocracia federal alemana donde, literalmente, la mano “izquierda” no sabe lo que hace la “derecha”. La segunda es que los terroristas árabes pueden contar con un número sustancial de alemanes que comparten sus creencias anti norteamericanas y antisemitas. Los ex miembros de las SS y los guardias pretorianos de Hitler, junto con los simpatizantes neo-Nazis que se reúnen semanalmente en cervecerías de Munich, hicieron a Osama ben Laden “ario honorario” después del ataque del 9 de septiembre.

Mein Kampf (Mi lucha) es también un best seller en el mundo árabe, especialmente en Arabia Saudita, el “amigo” putativo de los Estados Unidos. Efectivamente, hay pocas diferencias entre la cháchara antisemita de Hitler y la de los así llamados “líderes espirituales” de al-Qaeda, Hamas, y Fatah. Los árabes le deben mucho a Hitler y a los alemanes. Hitler eliminó a los judíos y Konrad Adenauer y sus descendientes “democráticos" los reemplazaron con turcos. Sí, los turcos no son árabes, pero son musulmanes y aunque Turquía sea miembro de la NATO y tenga relaciones con Israel, muchos turcos se identifican con sus correligionarios radicales árabes y los apoyan. Turquía es una democracia frágil como lo fue la República de Weimar durante los veintes. No sería muy difícil para los turcos deslizarse hacia el lado oscuro del extremismo musulmán.

El resultado final de la inmigración turca a Alemania tiene dos caras: (1) permite a Alemania fingir liberalismo y apertura a la libertad y a la diversidad y (2) al reemplazar a los judíos que asesinaron con musulmanes que, en su mayor parte son tan perversamente antisemitas como lo fueron los Nazis, los alemanes han asegurado cínicamente que los pocos judíos que viven en Alemania estén imposibilitados de reconquistar el poder político aún en un rol minoritario.

Un argumento final que me gustaría hacer en relación al resurgimiento del antisemitismo en Alemania es uno que podría tomarse como dispar con la evidencia prima-facie o incluso aparecer como estirando los límites del sentido común. Aún así, pido consideración cuidadosa a mi línea de razonamiento.

En muchos sentidos Alemania se salió con las suyas sin pagar demasiado. Sí, muchos alemanes murieron como resultado de la perpetración alemana en la Segunda Guerra y el Holocausto, y sí, hubo mucha destrucción física en el país, pero la situación se parece a la del chico que roba una galletita de la bandeja en la que se enfría sobre la mesada de la cocina. Por su acto podría recibir de su madre una palmada en la mano pero la galletita robada ya fue comida.

Después de haber cometido el peor crimen en la historia de la humanidad, los alemanes obtuvieron el permiso de recuperar su soberanía después de tan sólo diez años; su infraestructura fue completamente reconstruida gracias a la generosidad del pueblo norteamericano; y relativamente pocos alemanes fueron llevados a juicio por sus crímenes monstruosos. Aún aquéllos que fueron juzgados y sentenciados recibieron penas relativamente breves o las redujeron o conmutaron en amnistías generales. Por ejemplo, algunos miembros de los Einsatzkommandos (fuerzas especiales), los alemanes que, antes de la construcción de los campos de exterminio, cazaron y asesinaron a cientos de miles de judíos, recibieron penas tan breves como cinco años de prisión.

Si hubiera verdadera justicia en el mundo, Alemania no debería existir como país independiente y tendría hace bastante su territorio dividido y dispersado entre los aliados. Fue una coincidencia histórica infortunada que la Guerra Fría comenzara justo cuando Alemania estaba por ser llevada a los estrados por sus muchos delitos, crímenes y atrocidades desde la Primera Guerra Mundial. La nueva amenaza de la Unión Soviética tuvo preeminencia sobre un arreglo justo de las cuentas con Alemania. El resultado trágico es que muchos de los países violados y expoliados por Alemania, tales como la República Checa y Polonia, están recién ahora emergiendo de décadas de declinación económica, mientras Alemania –gorda, saciada, arrogante, autosatisfecha y esencialmente Judenfrei (libre de judíos)- ha disfrutado cuatro décadas de prosperidad económica inmerecida.

No podemos volver atrás el reloj para rediseñar los errores históricos que han sido cometidos por los alemanes, pero hay una cantidad de cosas que pueden ser hechas para asegurar que Alemania no pueda estar otra vez en la posición de amenazar al resto del mundo civilizado.

Primero y principal es la hecho de que, mientras no todos los alemanes son antisemitas, hay una tendencia antisemita en la cultura alemana que se extiende en el pasado hasta los tiempos de Martín Lutero. Los alemanes son instintivamente antisemitas del mismo modo en que los norteamericanos son instintivamente amantes de la libertad. El antisemitismo ha sido y, desafortunadamente sigue siendo, la ideología por default –natural- del pueblo alemán. Si todo siguiera igual, los alemanes apoyarían instintivamente a los enemigos del Estado de Israel. Por ello, los Estados Unidos necesitarán monitorear cuidadosamente y estar listos y decididos políticamente para intervenir con rapidez en los asuntos alemanes cuando se vea que Alemania se desliza hacia el antisemitismo.

Adicionalmente, debiera ser un objetivo de la política exterior norteamericana, la oposición y aceleración del desmembramiento de la Unión Europea. No debemos permitir la dominación alemana sobre la UE para conseguir, por medio de maniobras parlamentarias y arreglos privados lo que Hitler y los alemanes no pudieron en el Tercer Reich. Dado el resurgimiento del antisemitismo alemán (y el de Francia también) una Unión Europea fuertemente dominada por Alemania que tolera e incluso estimula aún tibiamente el antisemitismo, y es un aliado diplomático del mundo árabe, es la mayor amenaza potencial al judaísmo desde la Alemania Nazi y la mayor amenaza para los Estados Unidos también.

Los enemigos de Israel son los enemigos de los Estados Unidos. Que todos los judíos y todos los norteamericanos estemos unidos al proclamar “nunca más” tanto al Holocausto como al 9 de septiembre.

William E. Grim es un escritor que vive en Alemania y es nativo de Columbus, Ohio. Puede ser contactado en wgrim@myrealbox.comand.

Más sobre Willian Grin en The Official William E. Grim Website (www.williamegrim.tripod.com).

[1] A pesar de no coincidir con la totalidad de los planteos de su autor, en especial en relación al lugar que asigna a los Estados Unidos, consideré que sus reflexiones y aportes provocadores y valientes son merecedores de una traducción para que pudieran ser conocidos por quienes no leen en inglés. En la vieja polémica sobre la culpabilización del pueblo alemán, es éste un texto disparador de debate que agrega puntualizaciones de actualidad al complejo universo de lo judío en el mundo con sus ingredientes económicos y geopolíticos. Diana Wang

Limpieza étnica - Moacyr Scliar

publicado en Folha de São Paulo, 29 de abril de 2002 - Traducción: Diana Wang -

Al final, después de mucho tiempo, sucedió: accedieron al gobierno. Y, de inmediato, resolvieron implementar lo que consideraban su sagrada misión: limpiar el país de todo elemento extranjero, un elemento extraño, sospechoso, que sólo traía violencia y dificultades.

Primero echaron a los africanos. Cosa relativamente fácil: se los identificaba por el color. Además, como eran recién llegados, no podían protestar. De modo que fueron embarcados, por millares, y despachados a sus lugares de origen.

Después fueron los musulmanes. También muchos y también relativamente fáciles de identificar. Igual procedimiento: fletaron grandes naves a bordo de las que los llamados indeseables iniciaron su viaje de regreso.

Después de los musulmanes, los judíos. Elección obvia, incluso para que no se dijera que el gobierno mostraba alguna parcialidad en el conflicto de Medio Oriente. Surgieron algunos problemas: muchos judíos eran recién llegados –estaban en el país desde hacía medio siglo apenas- pero otros podía mostrar árboles genealógicos que se remontaban a la Edad Media. No sirvió de nada sin embargo tal argumentación. La comisión que investigaba sumariamente los antecedentes étnicos de los ciudadanos declaró que aquello no confería a la nacionalidad ningún grado de pureza. De modo que esos judíos arcaicos –un término usado por la comisión- fueron colocados también en naves (o en trenes: una excepción exclusiva creada para ellos) y fueron echados del país.

Consultando los manuales de historia, la comisión constató la presencia en la antigüedad de otros intrusos: los romanos. Era, naturalmente, todo un problema. Pero fue establecido un llamado perfil latino, con parámetros tales como altura, color de ojos y de pelo, apellido, que permitían descubrir, con razonable grado de seguridad, a los descendientes de los antiguos invasores. Que fueron, igual que los otros (si bien con un poco más de respeto) expulsados.

Pero, antes de los romanos, ya existían los galos. Como los otros grupos, habían venido de afuera; también ellos podrían ser considerados forasteros. Claro que la tradición gala era muy sólida, expresada en simpáticos personajes como el de Asterix, pero la comisión decidió que un principio era un principio, y de este modo todos los que podrían tener cualquier residuo de sangre galesa en las venas fueron expulsados.

Ya entonces no sobraba nadie en el país. Ni siquiera la comisión, cuyos miembros se habían declarado alienígenas y se habían echado. Y la cuestión era: ¿quién, al final, podría denominarse auténtico habitante del país?

Es un problema. Se sabe que, en una caverna de heladas montañas, existe el cadáver bien preservado de un hombre que estuvo allí durante millones de años. Con células de ese nativo podrían fabricarse clones que, estos sí, constituirían el embrión de una nacionalidad auténtica.

Un procedimiento relativamente simple.

Pero no queda nadie para llevarlo a cabo.

http://www.uol.com.br/fsp/cotidian/ff2904200207.htm

El flaquito y yo

“Correte y no hagas nada!” escucho en mi oreja izquierda esta mañana al sacar el coche. La voz, urgente, mordida, me aterra. Casi no alcanzo a ver el arma que apunta a mi cabeza. Me corro. La puerta se abre y entra un muchacho como de veinte años con la piel de la cara toda poceada, y otro un poco más chico se mete en el asiento de atrás, un flaquito esmirriado. “Abrí el garage” me ordena el primero mientra siento en la cabeza el arma que me apoya el flaquito. En blanco. Estoy en blanco. Mi señora está leyendo el diario en la cocina, Melina y Mónica se están terminando de vestir para ir a la escuela. Abro el garage. Entramos. “Cerrá la puerta”. La cierro. Me siento un idiota, un inútil. El miedo por mi familia me ata las manos y el pensamiento. Me empieza a llenar de rabia la impotencia. Me vienen ideas heroicas que acallo. Mejor hacerles caso. Voy a hablarles tranquilo. Mejor no ponerlos nerviosos. Es lo último que pienso que pensé. A partir de acá todo se me vuelve un torbellino en el que fuimos sujetos impotentes. La invasión, los gritos, el horror en las caras de mis hijas. Querían la plata que había en casa. “No tenemos nada” le dije. No me creyeron. Revolvieron todo. Le pegaron a mis hijas. “No hay nada!” vociferaba yo desesperado. En una secuencia infernal terminaron llevándoselas en un coche que estaba afuera. El flaquito se quedó con nosotros, con su mirada fría, con odio desafectado. “Te las devolvemos cuando nos des la guita que tenés, hijo de puta. Si avisás a la cana, son boleta. Portate bien. Por ahí te las usamos un poquito pero van a volver. Los dólares, queremos los dólares”. Estábamos en sus manos. Sentados en la cocina, los tres alrededor de la mesa. El flaquito no hablaba. No nos miraba. No se molestó en atarnos. Nos sabía atados por el destino de nuestras hijas. Ordenó entredientes un café y un sandwich. Mi señora se los dio. Prendió la tele. Encontró un partido de fútbol de no sé quién contra no sé quién.¿Qué dólares? ¿Cuántos? ¿De dónde los iba a sacar? ¿Dónde estaban mis hijas? El flaquito nada, sólo decía con desgano “te van a llamar”. Como a las dos horas de inmovilidad y silencio preguntó dónde estaba el baño. Entró. Busqué la plancha de los bifes, lo esperé en la puerta y cuando salió le pegué con todas mis fuerzas. Nos quedamos aterrados mirando al flaquito caído a nuestros piés. Mi señora fue corriendo a buscar la cinta de enrollar cortinas que guardábamos en el garage por si había algo que atar. Comprobamos que estaba vivo. Lo atamos con furia y sin piedad. Llamamos a la policía. En pocos minutos estuvieron en casa. Delante nuestro comenzó el interrogatorio. No había tiempo que perder. Había que sacarle toda la información. El flaquito tenía antecedentes, estaba asustado. Yo no me reconocía a mí mismo. “Que lo revienten, que no lo maten hasta que diga dónde están las nenas, que lo hagan hablar pronto. Antes de que las violen y las lastimen. Que después lo hagan pedazos. No, que me dejen a mí, lo quiero matar yo”.¿De dónde me venían esos pensamientos? ¿quién estaba siendo yo? Yo, tan pacifista y reflexivo, tan buena gente y ciudadano responsable, tan respetuoso de la democracia y defensor del diálogo, yo me veía embargado de una violencia que no reconocía en mí. De pronto, el castigo físico me parecía bueno, necesario, justificado. De pronto el flaquito era la llave que podía impedir el Mal y no sólo no me importaba hacerle daño sino que lo exigía: nos tenía que decir dónde estaban las chicas! No me importaba el modo. Era “mis hijas o el flaquito”. Elegí a mis hijas. Es lo que elegiría cualquiera. Creo.

Si el flaquito era uno de los muchos hijos de una familia desdichada, mal conformada, que vivía en una realidad en la que el delito era la vía más eficaz de sobrevivir, en donde la injusticia social era flagrante; si la arbitrariedad de nuestra sociedad lo había puesto en un lado y a mí del otro; si yo había nacido en una familia que me educó en el respeto por el semejante, en la que nunca faltó nada, que nos tomábamos vacaciones todos los veranos, que íbamos a la escuela mientras mamá y papá constituían una versión un poco menos romántica de los Perez García mientras que seguro que las cosas habían sido muy diferentes en la vida del flaquito, todo eso, todo eso, en ese momento, aunque lo sabía, me importaba un bledo. Yo quería reventarlo, quería hacerlo doler yo, quería sentir en mis nudillos el impacto de su cuerpo que guardaba el secreto de la salvación de mis hijas.

Yo sabía que mis antepasados de piel blanca habían venido a este rincón del planeta al sur de América, la habían ocupado y colonizado mientras unos pocos años antes los antepasados del flaquito habían sido echados al destierro de su propio lugar y sus culturas reducidas, desnaturalizadas. Yo sabía de esa injusticia y no la compartía. Había educado a mis hijas en la reflexión del debido respeto a todos y en la conciencia de lo arbitrario de que algunos tengamos y otros fueran carecientes de lo que permite vivir con la mínima dignidad. Sabía todo eso, pero no lo podía considerar en el momento en que mis hijas estaban en sus manos. Sólo las quería recuperar, sólo quería que fuera pronto para que no las lastimaran. No era momento de reparar heridas históricas ni de compensar el robo ocurrido desde la Conquista del Desierto ni de reivindicar nada. No era tiempo de pelear por una sociedad más justa en la que la distancia social no fuera tanta para que todos sus miembros tuvieran de verdad las mismas oportunidades, aunque seguía y sigo pensando que es una pelea necesaria. Era tiempo de conseguir la información para que a mis hijas no les pasara nada, para que volvieran con vida y enteras.

Los hechos no son los mismos cuando están encarnados en alguna situación concreta. In abstractum, las cosas se pueden ver en un contexto de reflexión y ponderación. Desde adentro, preso del clima tormentoso del miedo, la impotencia y la furia, todo se ve diferente, uno puede descubrir nuevos pensamientos, nuevas reacciones que desconocía. El otro deja de ser un semejante para convertirse en un enemigo cuando penetra en nuestro espacio corporal, cuando nos puede matar, violar, cuando esgrime un arma y se lo ve dispuesto a usarla, no es un otro con el que se pueda hablar. No es un momento para reflexiones y retóricas.

Pero ¿cómo ve la situación una persona que está afuera y, por ende, puede pensar?. No es lo mismo para el periodista, para el sociólogo, para el juez, para el historiador, para el formador de opinión o para el político, para el observador o el evaluador, quienes están más alejados y pueden –y deben- ver el cuadro más ampliado.

Suponiendo que el tal evaluador no tuviera ulteriores intenciones o intereses ocultos, que fuera honesto, vería que el flaquito y sus cómplices no son malos naturalmente sino que son exponentes de una realidad que implica una sucesión de injusticias y violaciones de la que están presos con pocas alternativas de elección. Se los puede comprender, se los debe comprender, pero no justificar ni permitir la continuidad de sus conductas delictivas.

Suponiendo que este evaluador se acerque al fenómeno con genuina voluntad de entendimiento, comprenderá también que el hombre desesperado por defender a su familia puede recurrir a cualquier medio, incluso al castigo físico. Lo comprenderá, y hasta se preguntará –si es honesto- qué haría puesto en su lugar aunque no podría justificar –como con el flaquito- su conducta como modelo a imitar. Sabrá que la escalada de violencia no lleva a otra cosa que a más violencia. Pero sabrá también que ante la desesperación de recuperar a sus hijas y ante la inminencia de la violencia a la que podrían someterlas, cualquier cosa que haga para impedirlo es lo que cualquiera de nosotros haría en su lugar.

La tentación de pensar al flaquito y sus cómplices como las víctimas y de arrojar sobre el hombre la acusación de perpetrador sanguinario es mayúscula. Después de todo, el hombre tiene un buen pasar, ha recibido una buena educación, tiene más y mejores recursos, mejor expectativa de vida, es un buen ciudadano respetuoso de una ética de convivencia, debería dejar que las cosas siguieran su curso, que los cómplices del flaquito violen a sus hijas, buscar con desesperación el dinero en efectivo sin saber si lo podría conseguir, sin saber si recuperaría a sus hijas si lo entregaba. Se constituiría en un eslabón más de la cadena de confirmaciones de que el delito rinde, de que se puede y se premia el tomar las cosas por la fuerza y así otras familias podían sufrir lo mismo que habían pasado ellos y la sociedad toda se volvería un jungla de supervivencia incierta.

¿Son estos protagonistas culpables de la realidad circundante? Aunque exponentes de aspectos tan dispares, injustos y arbitrarios resultantes de sucesos anteriores a sus existencias y que los han llevado a ser quiénes son, ¿son responsables personalmente –y punibles- por este estado de cosas?

En nuestra necesidad de simplificar para entender las cosas rápidamente y adjudicar a uno la condición de “bueno” y a otro la condición de “malo”, ¿Cuál es la víctima? ¿para qué sirve pensar en víctimas? ¿para justificar? ¿no son acaso los dos víctimas en distintos momentos, con distintas historias, en distintos grados? ¿podemos acusar a este hombre desesperado de ser un perpetrador vil y cruel? ¿no tiene derecho a defender a los suyos? ¿debe sentarse y esperar con amabilidad y don de gentes a que dispongan de su familia y decidan su vida o su muerte?

Han guiado estas palabras, mi intento personal de comprender desde la distancia algunos ingredientes que integran lo que está sucediendo entre israelíes y palestinos, esta desgarradora lucha de una causa justa contra una causa justa y el creciente apoyo de la población israelí a la política beligerante de Sharón. Quería intentar meterme en la piel de un israelí desde mi realidad argentina y judía, en especial, el cambio de bando de algunos prestigiosos intelectuales que integraron Shalom Ajshav (Paz Ahora) y que hoy reconocen la inutilidad de sus esfuerzos porque sienten, como el personaje ficticio de mi relato, que con el flaquito no se puede hablar, que no le importa, que está jugado, que al flaquito hay que pararlo y hablar después.

El héroe deconstruido

Andrea: “Qué desdichada es la tierra que no tiene Héroes”

Galileo: “No. Desdichada es la tierra que necesita Héroes”. Bertold Brecht (Galileo Galilei)

La construcción y erección del Héroe, ese personaje público que hablará con palabras universales y eternas, que actuará con conciencia de su trascendencia histórica y morirá proverbialmente joven, es una estrategia manipuladora conocida y profusamente abordada tanto por los fascismos como por los diferentes sistemas políticos autoritarios y dictatoriales. Corporizado en estatuas gigantescas que lo muestran con gesto emprendedor, la mirada fija en un punto del futuro venturoso, el pecho pleno del aliento contenido presto a estallar en alguna acción dirigida al inequívoco bien común, el Héroe es el supremo ejemplo, la figura a imitar, “pedagógicamente” simplificada, maniquea y rectora indudable de los destinos de la comunidad.

ORIGEN DEL CONCEPTO El teatro era uno de los pilares en la constitución de la subjetividad del ciudadano griego. Aristóteles nos ilustra acerca de sus contenidos y características. Distingue a la tragedia de la comedia. La tragedia se ocupa de temas trascendentales, la vida y la muerte, el odio y el amor, la lealtad y la traición. La comedia se ocupa de situaciones particulares y cotidianas, de las debilidades y vulnerabilidades, de las dudas e inseguridades del diario vivir. Mientras la tragedia trata sobre el destino del hombre, la comedia trata sobre la falible condición humana. La tragedia cumple la función de enseñanza, la comedia la de la identificación, ambas condiciones necesarias para la constitución del ciudadano de la polis griega. La tragedia está protagonizada por dioses y héroes –semidioses-. La comedia, por el contrario, está habitada por gente común.

Pensando en el concepto de Héroe propiamente dicho, Tzvetan Todorov (“Frente al límite” 1993) agrega otros dos elementos, la necesidad del relato y el tema de la muerte. Respecto del primero dice que el héroe se manifiesta en el mundo exterior a sus actos en forma de relatos que expresan su gloria; sin relato que lo glorifique, el héroe no es héroe. En relación a la muerte, señala que en la elección entre una vida sin gloria y la muerte en la gloria, el héroe optará siempre por la muerte; la muerte está inscripta en el destino del héroe.

HÉROES DEL GUETO DE VARSOVIA. Es en este contexto de ideas en el que pretendo re-pensar la noción de héroes del gueto de Varsovia. Sin poner en duda la valentía y ejemplaridad de la conducta de Mordejai Anilevich y el resto de los combatientes, me propongo reflexionar sobre el concepto de héroe propiamente dicho y la necesidad de su construcción e implementación. Los combatientes del gueto de Varsovia, los otros de otros guetos, los partisanos así como los que protagonizaron rebeliones o atentados en los campos, lucharon como expresión de convicciones y militancia y en un contexto profundamente desalentador y de total desesperación. Sabían que su único camino era la muerte. No quisieron dejarla en manos de sus victimarios. En un supremo acto de libertad, decidieron por sí mismos cuándo y cómo morir. Así fue que lucharon, sabiendo que no cambiarían el curso de las circunstancias. No se llamaron a sí mismos “héroes”. Fue ésta una denominación surgida a posteriori y profusamente utilizada. Me preguntó por qué. Me pregunto para qué.

Desdichados los pueblos que necesitan héroes, decía Galileo en la obra de Brecht.

Desdichados los judíos si necesitamos de héroes para convalidar nuestra identidad.

LAS OVEJAS Y EL MATADERO. Abba Kovner en su célebre llamamiento a la lucha conminó a los judíos del gueto de Vilna a no dejarse llevar a la muerte como ovejas al matadero. Frase encendida y provocativa, dictada por la desesperación y la impotencia del que sabe y no consigue que los demás, más temerosos, le crean. No sé cuánto éxito tuvo en esta convocatoria. La desdichada frase tuvo, sin habérselo propuesto, un éxito contundente luego de terminada la Shoá y la Segunda Guerra Mundial, una vez conocidos el grado de las atrocidades y el número de los asesinados.

El mundo, y en especial el mundo judío, no salía de su asombro y estupor. Los relatos de los “aparecidos” y los primeros documentales que mostraban filas y filas de gente que iba, inexplicablemente si oponer resistencia, mansamente, a su propia muerte, no dejaban de atormentar a los que habían estado lejos de la ocupación nazi en Europa. Siglos de acusaciones antisemitas que los describían como cobardes y pasivos se abatieron sobre los judíos de la posguerra. Duramente cuestionados en la dignidad y el orgullo ¿cómo convivir con la identidad judía ante tamaña evidencia? ¿La cobardía proverbial del judío, tan propagada por las arengas antijudías, se mostraba al mundo entero de manera incontrovertible? ¿Por qué se dejaron matar? ¿Por qué no lucharon? ¿Por qué esa insolente pasividad que salpicaba a todos los demás?

LA VERGÜENZA. Para muchos judíos del mundo, después del horror y el dolor, lo que sobrevino fue la vergüenza. Esos judíos que “se dejaron llevar como ovejas al matadero”, esos judíos impotentes, inoperantes, individualistas, inermes e inútiles, amenazaban con representar para todo el mundo a todos los judíos, amenazaban cubrir con vergüenza a toda la condición judía. Eran los años de la efervescencia con el regreso a Israel cuando en el seno de los movimientos sionistas, se intentaba refundar al nuevo judío que levantaría su dignidad y honra ante todos los pueblos del mundo. Esta nueva imagen fue lacerada con las que llegaban desde el hondo horror de la Industria de la muerte. Las voces de los constructores de la nueva identidad se levantaron enfáticas: ése era el judío que había que erradicar, el judío “guético”, el sometido, el pasivo, el humillado. Hay testimonios de la vergüenza y el desprecio por este tipo de judío –curiosa y dolorosamente muy parecido al judío pintado por el imaginario nazi- en diarios israelíes de 1945 y 1946 que me eximen de todo comentario, muchos de los cuales fueron expresados por Ben Gurion mismo. Fue ésta una de las razones por las cuales, luego de los primero momentos catárticos, los sobrevivientes decidieron callar.

EL LAVADOR DE LA VERGÜENZA. El “Héroe de la Resistencia” surge entonces como el contrapeso que permite mantener el equilibrio, será quien demostrará con énfasis que hay otro judío posible. Se trata del combatiente del gueto y de los bosques, el partisano, alguien cuyo valor no puede ser puesto en duda, cuyo compromiso y claridad ideológica, cuya involucración social y comunitaria y cuya decisión de cobrarse cara la vida dejaba un mensaje inequívoco de coraje y determinación al mundo entero. Era el nuevo faro en la trágica y vergonzosa oscuridad dejada por quienes, supuestamente, se habían dejado matar.

No voy a detenerme acá en lo inapropiado, ofensivo e impertinente de la frase “se dejaron llevar como ovejas al matadero” ni en el exiguo sustento fáctico de la vergüenza ni en las preguntas clásicas de por qué no se defendieron porque excedería el propósito de estas líneas. Tan sólo menciono a Raquel Hodara quien dijo que el que se hace estas preguntas o propone tales conceptos revela su total desconocimiento de cómo fue la Shoá.

HÉROES Y RESISTENCIA ARMADA El concepto de héroe está directamente relacionado al de resistencia armada. Tan fuerte fue esa proposición que dejó en las sombras a todas las otras Resistencias, en especial, las que se ha dado en llamar actos de rescate.

Hay una línea en la historiografía actual liderada por mujeres que plantea la necesidad de revisar hechos del pasado a la luz de una mirada no sólo masculina. Aunque etimológicamente no corresponda, proponen que la his-tory –la historia- también sea una her-story para poder construir una our-story que refleje más acabadamente otros aspectos de la realidad usualmente pobremente considerados.[1]

Desde este punto de vista, si abordamos el concepto de resistencia armada, veremos que sigue los parámetros de cierta subjetividad “tradicional” masculina: la conducta beligerante, el uso de armas, la acción en la esfera pública. En la his-story, o sea, el punto de vista masculino de la historia, se han glorificado aquellos actos que responden a los parámetros mencionados, tomando como paradigmático, a la “Heroica Sublevación del Gueto de Varsovia”.

Desde el punto de vista tradicional –hegemónico y masculino- de resistencia hubo muchas otras sublevaciones en distintos guetos (Bialistok, Lodz, Vilna, etc), en varios campos (Treblinka, Sobibor, etc), incluso la dinamitación y destrucción de uno de los crematorios de Birkenau (Auschwitz II). Hubo muchas rebeliones individuales que permanecen desconocidas porque sus protagonistas fueron muertos en el acto. Pero también hubo otras resistencias, menos espectaculares, menos públicas, más silenciosas, más “femeninas” (otra vez, en el sentido más “tradicional” de su concepción genérica). En los guetos, en todos y de manera constante y cotidiana, se trató por todos los medios de que la vida continuara. La escuela, la salud, la organización del abastecimiento mediante el contrabando, tanto de comida como de armas y documentos, negociaciones con autoridades, hasta la recreación, la cultura y la celebración de las fiestas judías, fueron organizadas y llevadas a cabo por muchos resistentes anónimos, callados, que no han sido glorificados en los relatos oficiales. Hombres, mujeres, niños, en silencio, permitieron, no sólo mantener alta la moral de la población, sino que proporcionaron alguna esperanza y fundamentalmente posibilitaron que el plan de deshumanización nazi no pudiera tener todo el éxito que sus ideólogos habían planificado y que los judíos se mantuvieran humanos a pesar de todo.

ACTOS DE RESISTENCIA Y RESCATE. Pero los actos de resistencia más profusos y los que lograron más éxito en números concretos, fueron los actos de rescate. Es difícil encontrar un solo sobreviviente de la Shoá que no deba su supervivencia, en algún momento, a alguien, judío o no judío, que lo escondió, que lo alertó, que lo protegió, que lo alimentó, que le consiguió documentos falsos, que le dio dinero o datos vitales, que lo salvó. Se estima que por cada judío escondido se precisaba de una red de sostén y mantenimiento de otras diez personas. ¿Quién se ocupó de que ese ejército en las sombras funcionara? Los movimientos de resistencia franceses, belgas, holandeses así como los polacos que se ocuparon de salvar judíos, contaron con gente en la población que asumió el riesgo de proteger judíos pero fueron casi invariablemente los mismos judíos los gestores de cada uno de los salvamentos y muchas veces sus planificadores y estrategas. Hubo redes judías de escape y organización para conseguir documentos y refugios. Hubo incluso grupos judíos que se ocuparon de rescatar gente de los aparentemente inviolables campos de concentración. Lejos, muy lejos del judío vergonzante, estos judíos se mantuvieron alertas siempre. Actuaron en secreto de manera efectiva tejiendo redes eficaces e imaginativas de salvación. Claro que sus actos no podían ser dados a conocer, eran por definición secretos y, lamentablemente permanecieron así. Los gestores del concepto de héroe parecen no haber comprendido el valor de los actos de resistencia y rescate, por ello sólo glorifican la resistencia armada.

En números concretos de vidas salvadas, (se estima que han sobrevivido algo menos de un millón de judíos) han sido las resistencias menos espectaculares y en especial los actos de rescate, los que hicieron posible la supervivencia de la mayoría de los sobrevivieron.

Al concepto de “héroe” le debemos el relato glorificado que permite construir monumentos ejemplarizadores. A la existencia de los actos de resistencia y rescate les debemos la vida de los sobrevivientes.

OTRA CARA DEL MANIQUEÍSMO: HÉROES VERSUS JUDENRAT. La construcción del Héroe precisa del antiHéroe, del traidor. El antiHéroe proporciona la contracara que destaca aún más el protagonismo del héroe. De entre los antihéroes de la Shoá, los supremos e imbatibles son los miembros de los Judenräte. Los miembros de las dirigencias comunitarias en Europa, forzados y en las peores condiciones imaginables, trataron en su abrumadora mayoría de salvar la mayor cantidad de vidas posibles; sufrieron más tarde una campaña de desprestigio y abominación tan profunda y exitosa que en Argentina, en ciertos círculos supuestamente esclarecidos, decir “Judenrat” es sinónimo de traidor.

Otra vez, como en el tema de las resistencias, se distorsiona, se ideologiza la historia, no se quiere saber. Conocer los hechos y las circunstancias, ponderar cada suceso según el contexto no permitiría la simplificación que cualquier polarización facilita en su intento de manipulación social: buenos y malos, ángeles y diablos, todo está claro, la línea divide claramente el Bien del Mal. Se pretende mantener la experiencia lejos de la posibilidad de identificación porque la verdadera reflexión lo hace insoportable. Sigamos con héroes, antihéroes y tragedias, no pensemos en personas comunes, en las debilidades e incertidumbres que determinan que hagamos sólo lo posible en cada circunstancia. Para los urgidos en borrar la vergüenza, el escenario de la tragedia es proverbial porque presenta una realidad simplificada, sencilla, que se entiende de un golpe de vista, sin complejidades confusas. Sobretodo evita ponernos frente a las angustiantes opciones, a los dilemas éticos, las choiceless choices[2], de las que estuvo llena la Shoá y en especial las atormentadoras decisiones de los dirigentes comunitarios miembros de los Judenräte. Los críticos, los puros, los enjuiciadores, los opinadores blanco-negro, los linchadores, los que nunca tuvieron que tomar decisiones que implicaran las vidas de otra gente –y que ojalá no se vean en la obligación de tomarlas nunca-, no tienen problemas, les basta ver la realidad en las dos dimensiones que necesitan y emiten sentencias sumarias como si la Shoá –o cualquier experiencia humana- respondiera a una ecuación matemática con una fórmula sencilla y aplicable a todos los casos en todas las circunstancias.

LA COMPLEJIDAD DE LA SHOÁ Lamento desilusionarlos. La conducta de los judíos en la Shoá no es un teorema lógico que se pueda resolver con la fórmula adecuada ni con estructuras de razonamiento exteriores a ella. Ha sido un fenómeno móvil, cambiante, con sus particularidades específicas según el momento, el lugar, los participantes y las circunstancias. Se habla de LA SHOÁ como si se trata de un hecho unívoco, como si en su transcurso las condiciones y leyes hubieran sido uniformes, como si se las podría medir con los parámetros de la vida normal. Se habla de LA SHOÁ y sólo se conoce, y superficialmente, lo que se ha constituido en monumentos congelados que la han vaciado de sentido: Auschwitz, hornos crematorios, seis millones, levantamiento del gueto de Varsovia, Hitler. Se habla de LA SHOÁ como si hubiera sido igual en Polonia o en Hungría, en Holanda o en Francia o en Transnistria. Se habla de LA SHOÁ como si hubieran sido iguales las circunstancias en 1939, en 1941 o en 1944. Se habla mucho de LA SHOÁ, se la usa profusamente, especialmente en discursos llenos de buenas intenciones en los que la voluntarista frase “nunca más” es cita obligada. Para el mundo entero, LA SHOÁ es hoy el representante inequívoco del Mal Absoluto, de lo que sin lugar a dudas, nadie quiere que vuelva a suceder. El contenido efectivo de lo que sucedió, los grados de complejidad y de los dilemas éticos que tuvieron que sobrellevar sus protagonistas permanece sin embargo en las sombras tal vez porque todavía sea insoportable sumergirse en el desgarro para la condición humana que representaría conocerlo.

SABER PARA OPINAR Adentrarse en ello precisa dedicación, paciencia, conocimiento, y especialmente, capacidad de ponerse en el lugar del otro. Son condiciones de una gran exigencia que requieren de un interés particular que el común de la gente no tiene y no tiene por qué tener. Con la Shoá sucede como con muchos otros temas de la vida: no podemos ser expertos en todo. Se habla de economía pero son muy pocos los que saben efectivamente de qué se trata, cómo funcionan, entre otras cosas, las redes financieras y bancarias, ¿cómo pretender, similarmente, que se sepa a fondo cómo fue la Shoá? A poca gente le interesa de verdad saberlo. Y no está ni bien ni mal que así suceda. Es un hecho y debemos tomarlo de ese modo. El problema es que, igual que con la economía, el tema de la Shoá, nos afecta de tal modo, especialmente a los judíos, que nos sentimos con derecho a opinar, a juzgar y a criticar, porque hemos sido sus víctimas y porque nos involucra en nuestra propia definición. Y la mayor parte de nosotros, lo que sabe y frente a lo que reacciona es ante la indignación del sufrimiento de lo que ha escuchado por sus familiares, opina según las visiones parciales de quienes han sido sus testigos, o por libros y por películas y no pondera que eso debiera ser comprendido en un contexto más amplio, para lo cual se requiere información precisa y acudir a la extensa bibliografía existente y que se incrementa día a día. La Shoá es unos de los hechos de la historia mejor documentados. No sólo los hoy más de cincuenta mil testimonios videograbados de la Fundación Spielberg, ni los miles de libros escritos por los sobrevivientes, sino cientos de trabajos de tesis doctorales de historiadores, filósofos, antropólogos, sociólogos hasta las investigaciones específicas de académicos de la Shoá. También hay una profusa cantidad de films documentales rodados in situ especialmente por los nazis y una extensa cantidad de documentación diversa como cartas, diarios, archivos de periódicos y textos de resoluciones gubernamentales por no mencionar los testimonios en los diferentes juicios desde el célebre de Nüremberg hasta el reciente de Priebke. Para comprender, para opinar, para tener una cabal idea de lo sucedido, es preciso abrevar en esas fuentes. Los testimonios de algunas víctimas, aún siendo ciertos, no alcanzan a cubrir el complejo espectro de la Shoá, no alcanzan para comprender las diferentes facetas que implicó

Honremos a los jóvenes que mostraron a los nazis y al mundo que la condición humana tiene recursos infinitos pero devolvámosles su humanidad y rescatemos a su lado, a los miles de luchadores anónimos y silenciosos –judíos y no judíos- que colaboraron en la salvación casi imposible de la mayoría de nuestros hermanos. La gesta de la dignidad y la salvación no precisa de héroes ni de antihéroes: han sido personas comunes, como usted, como yo.

[1] Juego de palabras en inglés, his es adjetivo posesivo masculino (su), her es femenino (su) y our es el plural (nuestro) [2] “Las elecciones que no se pueden elegir” como caracteriza Lawrence Langer a lo dilemas éticos que debían enfrentar los judíos durante la Shoá

HAGADÁ DE LA SHOÁ - Papiernik y Wang

hagadá.jpg

(para ser leído en Pesaj luego de la lectura de la hagadá tradicional)

Recordamos hoy también lo que nos sucedió en la Shoá. La Shoá fue el asesinato planificado y organizado de 6 millones de judíos en el seno de casi 50 millones de muertos ocurrida durante la segunda guerra mundial en Europa entre septiembre de 1939 y mayo de 1945. Un tercio de los judíos vivos en el mundo fuimos masacrados, un millón y medio de nuestros niños, nuestras madres, nuestros padres, nuestros hermanos. En Polonia, Hungría, Rumania, Francia, Bélgica, Checoslovaquia, Austria, Alemania, Holanda, Grecia, Italia, Lituania, Bielorrusia, en ciudades, en pueblos, en aldeas, fuimos arreados, engañados, torturados, hambreados, humillados, avergonzados y sometidos a cuanta indignidad fuera posible. Sea que viviéramos como judíos o no, sea que fuéramos religiosos o no, fuimos los objetivos privilegiados de la máquina de destrucción emprendida por los nazis en una guerra contra nosotros, liderados por Hitler con la complicidad abierta o inconsciente de gente común de todo el mundo que no levantó su voz en oposición y que muchas veces intervino activamente en nuestro asesinato. Se implementó contra nosotros un plan de exterminio con el propósito de crear lo que llamaban la raza superior. Fuimos el primer grupo étnico designado, después seguirían, en su plan maestro, lo que llamaban las razas inferiores, las siguientes víctimas (gitanos, negros, amarillos, marrones). Erigidos en dioses, pretendían crear un ser humano y una sociedad perfectos, como creían que eran los que llamaban arios. Ideas falsas, mentiras y prejuicios disfrazados de verdades científicas fueron la fuerza ideológica que llevó a cientos de miles de personas a ser sus cómplices en este delirio asesino. Recordemos sus instrumentos: el hacinamiento en guetos, el hambre, la insalubridad, los fusilamientos en masa, los crueles experimentos médicos, las humillaciones y el control de nuestras necesidades corporales, la industrialización de nuestra muerte en las cámaras de gas y nuestra posterior cremación en los hornos. La creación de los campos de exterminio, esa industria cuyo producto era la muerte, es una de sus obras supremas: en Treblinka solamente, cada día, recibían a 3.000 de nosotros, nos mataban, clasificaban nuestras pertenencias, nos sacaban los dientes de oro y otros valores que podían haber quedado en nuestros cuerpos, nos quemaban y dejaban el campo ordenado para recibir a los nuevos tres mil del día siguiente. Recordemos los guetos como el de Varsovia, de Łódź, de Vilna, de Cracovia entre otros cientos, y los Campos de Exterminio de Auschwitz-Birkenau, Majdanek, Treblinka, Chelmno, Bergen Belsen y tantos otros Campos de Concentración y Trabajo y Mixtos. Los Mengele, los Eichmann y otros asesinos se convirtieron en dueños de nuestras vidas y de nuestras muertes ante el silencio de los líderes internacionales, especialmente los de las grandes religiones. Sin posibilidad de anticipar lo que nos sucedía, sin entrenamiento ni ideología militar, pobres, pacíficos, trabajadores, no teníamos ninguna posibilidad de defendernos. Cada uno de nosotros luchó como pudo. Hubo levantamientos armados en Auschwitz, en Treblinka, en Sobibór, en los guetos de Vilna, de Bialystok, de Varsovia. En este último durante casi tres semanas, luchamos contra el ejército alemán con el mismo heroísmo de nuestros hermanos Macabeos, con la misma fuerza, con la misma desesperación. Empezamos el primer día de Pésaj y sin armas, sin alimentos, sin esperanzas, cobramos caras nuestras muertes. Aún cuando la lucha era imposible, luchamos. Hicimos lo que pudimos, resistimos con todas nuestras fuerzas y de todas las formas posibles: en los guetos manteníamos escuelas clandestinas, conferencias, conciertos, debates, coros, decenas de publicaciones, un sistema de ayuda social y comunitaria, comedores populares, enfermería y medicina social, grupos de trabajo y de cuidado de niños; en los campos tratábamos de mantener alta la moral y fuimos capaces de conductas de solidaridad que siguen siendo ejemplares dado el grado de inhumanidad al que nos pretendían someter. Los judíos nos hemos comportado con dignidad a pesar de la aceitada maquinaria nazi que nos pretendía deshumanizar para hacer más fácil para ellos nuestro asesinato: casi no hubo suicidios entre nosotros y emprendimos las luchas que fueron posibles, salvando gente, escondiendo, alimentando, curando, consolando, desde la clandestinidad, actuamos con heroísmos cotidianos sosteniendo la vida y resistiendo a las fuerzas de la muerte, huimos cuando pudimos a Rusia y nos escondimos en bosques, casas, graneros, cambiamos de identidad, fuimos ayudados algunas veces por personas no judías, pocas es cierto, pero debemos recordarlas por su valentía, intervinimos en actos de sabotaje y debemos rendir un homenaje especial a nuestros niños, los pequeños contrabandistas que sostenían la vida en los guetos entrando alimentos primero y armas después. Morir no enorgullece a nadie, pero sostener la vida cuando todo a nuestro alrededor nos muestra su inutilidad, es un acto de heroísmo y eticidad. Recordemos esta noche los nombres de quienes lucharon, de quienes dejaron sus testimonios, de quienes mantuvieron en alto nuestra dignidad contra los intentos de demolerla así como los nombres de cada uno de los familiares y familiares de familiares que hemos perdido.

Los nazis fueron vencidos, en 1945. Sobrevino así nuestra “liberación” después de un tiempo de infierno infinito. Una vez libres aprendimos que nunca nos libraremos del dolor de lo perdido y del recuerdo del horror. Con cada uno de nuestros seis millones de muertos se ha ido una parte nuestra. La Europa judía ya no existe, la cultura generada en su seno fue destruida junto con las cinco mil pequeñas y grandes comunidades judías. El alto valor que le adjudicamos a la vida humana impidió que recurriéramos a actos de venganza colectiva. Los que quedamos vivos, tuvimos la suerte de ver el nacimiento del Estado de Israel, un lugar en el que nuestro derecho a vivir no precisa ser declarado pero que debe ser defendido. Recordemos hoy tanto a los asesinados como a los que sobrevivieron, a sus hijos y nietos, porque todos somos descendientes de la Shoá. Nos comprometemos a mantener viva su memoria para las futuras generaciones.

SHOAH HAGGADAH - Papiernik and Wang

(To be read during Passover after the reading of the traditional Haggadah) Today we also remember the tragedy that befell us during the Shoah.

The Shoah was the planned and organized murder of 6 million Jews out of nearly 50 million people who perished in WWII in Europe between September 1939 and May 1945. Our mothers, our fathers, our brothers, a million and a half of our children, a third of all the world’s Jews were killed. In Poland, Hungary, Romania, France, Belgium, Czechoslovakia, Austria, Germany, Holland, Greece, Italy, Lithuania, Belarus, in entire cities, towns, villages we were herded together, tortured, hungered, humiliated and subjected to every conceivable indignity. It did not matter whether we were observant. It did not even matter whether or not we identified as Jews. We became the preferred targets of the Nazi machinery of destruction, which they created in the war they waged against us. They were following Hitler, and they did this with the open or tacit complicity of the common people of many countries who not only did not raise their voices against it, but too often took an active role in murdering us.

The purpose of their plan to exterminate us was to perpetuate what they imagined as “the superior race”. We were the first ethnic group designated victims, and in their master plan, after us, they would target what they referred to as “the inferior races” (Gypsies, blacks, yellows, browns). Believing that they were gods, they pretended to build a “perfect” human being, living in a “perfect” society; that is - Aryan. False ideas – prejudices – disguised as scientific truths were the ideological force that drew in hundreds of thousands of people as accomplices in this murderous delusion.

Let us remember the tools they used against us: overcrowded ghettos, hunger, massive killings, cruel medical experiments, humiliation, and control over our bodily functions.

Let us remember the cruel industrialization of death, our death in the gas chambers and our final cremation in the ovens. The extermination camps, the industry whose only product was death, was their supreme masterpiece. In Treblinka alone, 3,000 of us were taken in daily. They killed us, classified our belongings, took out our teeth and any other valuables that could have remained on our bodies, burned us, and left the camp neat and ready for the new group of 3,000 of us arriving the next day.

Let us remember the ghettos of Warsaw, Lodz, Vilna, and Krakow, among hundreds, and the extermination camps of Auschwitz-Birkenau, Majdanek, Treblinka, Chelmno, Bergen-Belsen, and so many other concentration and labor camps.

Let us also remember the Mengeles, the Eichmanns, and the other murderers that owned our lives and decreed our deaths in plain view of political and religious leaders around the world, who remained silent.

We were unable to conceive of what was going to happen; we did not have any military training or fighting ideology; we were poor, peaceful, working people, and we had no chance to defend ourselves. Each one of us fought back within the limits of what was possible, even when it was impossible. There was armed resistance in Auschwitz, Treblinka, Sobibor, in the Vilna Ghetto, and in other ghettos such as Bialystok and Warsaw. In Warsaw, we fought for nearly three weeks against the German Army with the same heroism our Maccabbean brothers and with the same strength and desperation. We began on the first day of Passover, without guns, without food, without hope. We made them pay for our deaths. Even though victory was impossible, we fought. We did the best we could. We resisted will all our strength in all possible ways. In the ghettos, we kept underground schools, we organized lectures, concerts, debates, choirs, dozens of publications, community and social systems of assistance, food shelters, infirmaries and free clinics, community working groups and childcare. In the camps, we tried to keep up our morale, and we had exemplary behaviorial solidarity, given the inhuman conditions in which we were kept.

We behaved with dignity even though the well-oiled Nazi system was geared to dehumanize us in order to make it easier for them to murder us. There were very few suicide attempts among us, and we did what we could to save people by hiding, feeding, healing, and comforting them. From the underground, we acted with daily heroism, preserving life and resisting the forces of death. We ran to Russia when we could, and we hid in forests, houses, and barns. We changed our identities. Some Gentiles helped us, very few, but we must remember them for their courage. We took part in sabotage and armed resistance. Our children in the ghettos deserve special honour. The little smugglers kept us alive inside the ghettos by bringing in food and then guns. No one feels proud for being killed, but we felt proud fighting for our lives in the face of hopelessness. Clinging to life is a heroic and ethical act.

Let us remember tonight the names of our fighters, of those who left testimonies, of those who maintained our dignity in the face of outrage.

Let us remember the names of all our relatives and our relatives´ relatives that we lost.

The Nazis were defeated in 1945. Our “liberation” came after a period of infinite evil. When we freed ourselves from the Nazi yoke, we learned that we would never be able to free ourselves from the horror and the pain they inflicted upon us. We shall always treasure the memory of our lost people. With each of our six million murdered, each of us lost something of our own. Jewish Europe no longer exists. The culture we built there was destroyed together with the 6,500 small and large Jewish communities of Europe. We seek no manner of collective revenge because we value human life very highly. Those who remained alive had the good fortune to witness the birth of the state of Israel, a place where our right to live does not need any further justification, but must be sustained.

Let us remember tonight the murdered and the living, their children and grandchildren, because we are all descendants of the Shoah. We hereby make a pledge to keep their memory alive for future generations.

Memoria Activa, discurso feb 2002

Cuando llegamos a la Argentina en 1947 éramos sólo tres: mamá, papá y yo. Durante la Shoá, habíamos perdido todo allá, en Polonia. Para mis padres dejar Europa fue una decisión muy difícil; significaba renunciar a la búsqueda del hijo que habían entregado a una familia cristiana cuando creían que les sería imposible salvarlo si intentaban quedarse con él. Nunca lo recuperamos. Para nosotros, la palabra “familia” era contundente, corpórea, nos envolvía por su dolorosa ausencia. Aprendimos a reconstruir familias acá, a generar nuevos lazos, a constituirnos a nosotros mismos en el seno de otros. Cuando era chica, veía maravillada a los que tenían primos, tíos, abuelos! La familia fue siempre más que una palabra, fue un estado de búsqueda. Hoy día vivimos el dolor de las familias que se parten: los hijos se van, los nietos crecen con otros olores, en otros idiomas, lejos de nuestros abrazos. Pero uno tiene más de una familia. Tiene la familia de la sangre y también la de los amigos, la de los compañeros de actividades, la de aquéllos que comparten iguales objetivos. Ésta, la familia de Memoria Activa, es para muchos de nosotros, una familia así. Una familia armada alrededor de un claro objetivo común. A diferencia de una familia en sentido estricto que se forma, entre otras cosas, para criar hijos y para construir un lugar protegido en el mundo donde ser y pertenecer, Memoria Activa se hizo familia desde el dolor, desde el reclamo, desde la esperanza, desde la lucha. Una familia que se encuentra una vez por semana de pie, con la mirada en alto y la firme resolución de insistir con la palabra libre en la búsqueda de justicia y la denuncia de sus agujeros negros. Una familia que ha sido capaz de establecer un foro de civilidad que, durante mucho tiempo fue casi el único, en donde los ciudadanos comunes podemos venir a compartir nuestro profundo hastío y la indignación por lo que está pasando en nuestro país.

En esta familia venimos oyendo y diciendo hace años, lo que toda la sociedad argentina grita hoy al ritmo de cacerolazos rabiosos. Ha sido ésta una tribuna en la que se ha denunciado hasta el hartazgo las mismas cosas que hoy se escuchan en las múltiples asambleas de vecinos. No quiero abundar porque todos sabemos de qué se trata. Políticos, policías y jueces, han sido temas recurrentes de denuncia en esta plaza. La desvergonzada parálisis de la Corte en la investigación del ataque a la embajada de Israel fue el prólogo de la suma de desaguisados que fue y sigue siendo, la investigación del ataque a la sede de la AMIA. Tuvimos la mala suerte de haber sido golpeados antes que otros, y no una sino dos veces. Hoy nuestro foro se está replicando por todos lados, nuestras denuncias, nuestra persistencia, nuestro empecinamiento, es tomado, junto con el de las Madres de Plaza de Mayo, las luchas por el esclarecimiento de las muertes, entre otros, de María Soledad Morales y José Luis Cabezas, como modelo de acción cívica, de protesta inteligente. Ya no estamos solos en esta convicción de que si no lo hacemos nosotros, nadie se hará cargo.

Desde este punto de vista, la nuestra ha sido hasta ahora una familia exitosa, porque se ha mantenido firme alrededor de su objetivo constitutivo y ha conseguido mantenerlo vivo, estimulante y activo.

Como en una familia, hay lugares asignados, gestos previsibles, rituales que tranquilizan y automatizan conductas y procedimientos. Fuimos sabiendo, de a poquito, quien era cada uno. Fuimos aprendiendo a tener paciencia, buen humor, y a llevar paraguas cuando veíamos nubarrones negros encima o cuando soplaba algún viento amenazador. Hemos recibido con agradecimiento a quienes tenían la capacidad, la valentía o la inteligencia de decir eso que estábamos pensando, o eso de lo que no nos habíamos dado cuenta, o eso que no sabíamos que estaba pasando. Hemos aplaudido las luchas emprendidas por Memoria Activa, hemos apoyado –cada uno según sus posibilidades- las distintas actividades y hemos defendido desde nuestros humildes lugares su propósito como uno de los más dignos que se estuvieran llevando a cabo en nuestro país en los últimos años.

Como en todas las familias, no todos hacemos lo mismo ni tenemos las mismas responsabilidades ni grados de participación. Los que estamos en el llano somos la presencia anónima, los que venimos lunes a lunes. Pero un pequeño grupo de personas trabaja entre lunes y lunes para que esto sea posible, para que el juicio pueda seguir llevándose a cabo; son –si se me permite la extensión de la analogía- como los padres de una familia, los que están en la lucha del sustento diario, los que trabajan en las sombras para que todo sea posible. Los que venimos a la plaza estamos reconocidos y orgullosos de los que han llevado esta familia adelante, del esfuerzo, la dedicación, la incorruptibilidad, la honestidad, y profundamente agradecidos porque sabemos que no se trata sólo del ataque a la sede de la AMIA, que lo que está sucediendo cada lunes acá, tiene que ver con nuestro futuro, con el de nuestros hijos y nietos, con la posibilidad de seguir siendo un país y de merecérnoslo. Es una tarea sin horarios, que lleva reuniones, llamados, más reuniones, llamados de teléfono, búsqueda infinita de apoyo económico, más reuniones y lo que sea que se imaginen y siempre más reuniones. Toma tiempo, toma esfuerzo, toma obcecación y fundamentalmente toma mucha paciencia. Sabemos que no ha sido sin dificultades. Sabemos que los escollos han sido y serán múltiples. Colaboramos, desde nuestro pequeñísimo lugar, tan sólo estando. Que no es poco.

Y así fueron pasando estos años. Casi ocho años que en la vida de una familia cualquiera es todo un número. Han pasado muchas cosas en este prologado lapso pero el mes pasado hemos sido testigos de palabras duras, enojos, gestos airados, reclamos. Vinimos un día y nos encontramos con que había un conflicto del que se nos hacía partícipes. Siguió al siguiente lunes y al subsiguiente. Y veíamos los argumentos que iban y venían como pelotas de ping-pong que nos dejaron el alma un poco machucada, porque estábamos en el medio y mal parados. Pues así es, en esta familia hay un conflicto y se ha decidido que fuera expuesto, y estamos involucrados sin conocer a fondo lo que se estaba discutiendo ni qué historia tenía ni cuáles podían ser sus implicancias. Temo que los que estamos en el llano corramos el peligro de la fragmentación buscando alinearnos de un lado o del otro. No lo permitamos. No podemos perder de vista cuáles son nuestros objetivos, por qué venimos acá, qué estamos siendo y representando. Es en momentos de posiciones encontradas, de heridas personales, cuando se pone a prueba la inteligencia de los miembros de unfamilia.

Tengo ante mí penosa la imagen por todos conocida de las sucesivas fragmentaciones de nuestras izquierdas que se han vuelto archipiélago de pequeñas islitas habitadas por gente convencida de que tiene razón, mientras la derecha firme y enérgica, silenciosa y eficaz, se relame de contento porque su frente es claro y sin grietas. Y así nos va.

Seamos tan inteligentes como lo hemos sido siempre. Y no sólo acá. Vivir en familia –me refiero a las familias de la sangre- nos ha desafiado más de una vez y hubimos de confrontar nuestras emociones con nuestra inteligencia. Aprendimos que, para sostener la unidad, la inteligencia era mucho mejor consejera. Sabemos cuánto más fácil es romper que construir, acusar que reconocer, culpar que pedir perdón.

Hemos instaurado una avanzada en el foro público de denuncias y persistencia en la lucha. Lo hecho ya no nos lo pueden quitar. Podemos ser una avanzada otra vez: argumentemos, disintamos con la misma pasión, empecinamiento y honestidad, y al mismo tiempo seamos un ejemplo de inteligencia en el sostén de la lucha, no nos distraigamos en la identificación del verdadero enemigo.