judíos

 El día en que me convertí. 

¡Perdoname! ¡Perdoname! ¡No sabía! ¡Creía que acá íbamos a estar bien! ¡Creía que era un lugar seguro! ¡Perdoname! ¡Perdoname!” lloraba desgarradoramente mamá por teléfono aquel 18 de julio a las diez y media de la mañana. “¿Qué pasa mamá?” dije angustiada “¿estás mal, pasó algo?” “¿No sabés? ¡prendé la televisión, destruyeron la AMIA! ¡nos quieren matar otra vez!

¿NOS quieren matar? ¿a quién? ¿a nosotros? ¿a mí? y por qué dijo “otra vez” ¿cuándo nos quisieron matar antes? Fueron fracciones de segundos en los me hice esas preguntas y las respuestas casi instantáneas fueron un punto de inflexión en mi vida. “Nos” a nosotros, a los judíos, a mí y “otra vez” era como en la Shoá. Mamá, sobreviviente de aquello, revivió aquel lunes todo el horror, todo el miedo, la incertidumbre y la angustia de sabernos blanco de ataques como entonces.

Hasta ese día, mi vida como judía transcurría sin que ese fuera un tema esencial. Sin educación religiosa ni haber participado en organizaciones comunitarias, ese aspecto de mi identidad no me definía ni me interesaba o preocupaba. El “nos” y el “otra vez” de mamá implosionaron en mi subjetividad y cayó sobre mí, así como los cascotes del derrumbe, la noción concreta de que eso que había pasado me atañía personalmente. 

Conocía la AMIA. Había ido varias veces a conciertos, conferencias, algún trámite pero hasta ese día el edificio no había tenido un significado particular. Todo cambió. No solo cambió en mi que asumí de modo conciente mi identidad judía, por eso digo que ese día me convertí, sino que cambió para todos, judíos y gentiles. La destrucción del edificio derrumbó también una pared que nos separaba de los demás, salimos a la calle, manifestamos, protestamos, reclamamos justicia, nos dimos a conocer. Ya no como israelitas, ahora como judíos. Dejamos de temerle a la palabra y la asumimos con determinación y orgullo. 

Así como el ataque terrorista del 7 de octubre de 2023 cambió el modo en que nos vemos los que vivimos en la diáspora, el atentado a la AMIA el 18 de julio de 1994 con sus muertos, sus heridos y sus secuelas cambió nuestra inserción pública y nuestro lugar como judíos argentinos. Aunque el cambio se había insinuado dos años antes, con la destrucción de la embajada de Israel, hace 30 años nos quitamos un manto pseudo protector, se terminaron el miedo a la exposición, el disimulo ante el antisemitismo, la aceptación de ataques y discriminaciones, nos pusimos de pie para hablar y exigir lo que todo ciudadano tiene derecho a reclamar: respeto, justicia y verdad.

Para el libro en recuerdo de los 30 años del atentado a la AMIA.

Sobre el verdadero Oskar Schindler - Herbert Steinhouse

 Prólogo 

EL artículo que sigue es, hasta donde podemos determinar, no solo el primer reportaje sobre Oskar Schindler, sino también el único relato que incluye entrevistas contemporáneas directas con el propio Schindler, así como con el contador Itzhak Stern.

La historia de Schindler y Stern, los personajes centrales de la película La lista de Schindler de Steven Spielberg, se dio a conocer al mundo previamente a través de la novela El arca de Schindler de Thomas Keneally de 1982. Keneally, un australiano, nunca conoció a Schindler, quien murió en 1974, pero trece años antes, en Los Ángeles, conoció a uno de los más de 1.000 judíos que Schindler había salvado de las cámaras de gas. Este encuentro casual lo estimuló en su investigación. Aunque el libro de Keneally sobre el oportunista empresario nazi que terminó redimiéndose en el torbellino del Holocausto era real, decidió llamarlo novela porque debía imaginar o “recrear” los diálogos necesarios para la narración

Desconocido para Keneally o Spielberg, otro escritor, un canadiense, se había topado con la historia de Schindler décadas antes. Herbert Steinhouse, un periodista, novelista y locutor nacido en Montreal, voló con la RCAF, la fuerza aérea canadiense, durante la guerra y luego se convirtió en oficial de información de la Administración de Rehabilitación y Socorro de las Naciones Unidas (UNRRA por su sigla en inglés). Mientras estaba destinado en París, trabajó para Reuters, pero en 1949 fue el jefe de la oficina de París de la CBC.

Fue unos meses antes, en Munich, cuando conoció a Schindler. Ya había conocido a algunos de los sobrevivientes del Holocausto que Schindler había salvado, los llamados Schindlerjuden, los judíos de Schindler, y le habían contado algunas de sus historias. En su etapa en la UNRRA, Steinhouse había escuchado varios relatos sospechosos del "buen alemán", pero con éstos sobre Schindler se despertó su intriga e interés que lo llevó a a buscar una verificación independiente.

Steinhouse fue presentado al mismo Schindler por dos judíos polacos que creían que la seguridad de su salvador y la mejor esperanza para su futuro podría suceder si se daba la máxima publicidad a su notable historia. Estaba en peligro porque todavía estaba clasificado como un "antiguo nazi", lo que frenaba sus posibilidades de emigrar a la mayoría de los países. "Schindler me cautivó como lo hizo con todos", recuerda Steinhouse. "Nuestras esposas también se llevaban bien. Cenamos y bebimos juntos. Él hablaba, yo tomaba notas".

La historia le siguió pareciendo a Steinhouse "descabellada", pero fue corroborándola más y más  en los recuerdos de los sobrevivientes y en los archivos clandestinos y de la resistencia. Finalmente, después de media docena de encuentros con Itzhak Stern, quien fue su fuente principal, cuatro entrevistas con Schindler y fotografías tomadas por Al Taylor, un amigo cercano (ya fallecido), Steinhouse se puso a trabajar y escribió su exclusiva nota en forma de un artículo de revista que envió a su agente de Nueva York.

El agente no le encontró lugar. Steinhouse, que ahora tiene setenta y dos años y está jubilado en Montreal, recuerda varias razones para ese rechazo: reflejando su propio escepticismo inicial, las revistas no querían otra historia sobre un "buen alemán"; se creía que el Holocausto se había vuelto agotador para los lectores; los editores de revistas pretendía poner una mirada optimista en sus publicaciones para la década del cincuenta para contrarrestar la sombría mirada de los miserables años cuarenta. En consecuencia, el relato de Herbert Steinhouse sobre Oskar Schindler ha permanecido sin ser leído en sus archivos durante la mayor parte de medio siglo. Aunque algo abreviado, ahora se publica por primera vez en Saturday Night, una publicación en la que el escritor fue colaborador en asuntos internacionales. Irónicamente, es posible que incluso haya ofrecido a la revista el artículo sobre Schindler en ese momento. Al leerlo, recuerde que Steinhouse escribía sobre eventos sucedidos solo cuatro años antes. Sigue siendo un documento importante por varias razones: porque corrobora lo que ya se conocía; por los detalles y anécdotas adicionales que no se encuentran ni en la novela de Keneally ni en la película de Spielberg; y, lo que es más importante, por el acceso directo y notable que brinda a los lectores al propio Oskar Schindler.

 

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El artículo de Herbert Steinhouse publicado en Saturday Night en abril de 1994:

Fue al contador Itzhak Stern al que le oí hablar por primera vez de Oskar Schindler. Se habían conocido en Cracovia en 1939. "Debo admitir ahora que tuve fuertes sospechas sobre Schindler durante mucho tiempo", confió Stern al comenzar su historia. "Sufrí mucho bajo los nazis. Perdí a mi madre en Auschwitz muy pronto y estaba muy amargado".

A finales de 1939, Stern dirigía la sección de contabilidad de una gran empresa de exportación e importación de propiedad judía, cargo que ocupaba desde 1924. Después de la ocupación de Polonia en septiembre, el jefe de cada empresa judía importante fue reemplazado por un Treuhander, un alemán de confianza, y el nuevo jefe de Stern pasó a ser un hombre llamado Herr Aue. El antiguo propietario, como era la orden, se convirtió en empleado, la empresa se convirtió en alemana y se contrataron trabajadores arios para reemplazar a muchos de los judíos.

El comportamiento de Aue fue inconsistente e inmediatamente despertó la curiosidad de Stern. Aunque había comenzado a arianizar la empresa y despedir a los trabajadores judíos de acuerdo con sus instrucciones, dejó los nombres de los empleados despedidos en el registro del seguro social, lo que les permitió a mantener sus esenciales cartas de identidad como trabajadores. Además, Aue proveía en secreto dinero a estos hombres hambrientos. Este comportamiento ejemplar impresionaba a los judíos y asombró al cauteloso Stern. Recién al final de la guerra, Stern supo que Aue también era judío, que su propio padre fue asesinado en Auschwitz en 1942 y que el polaco que pretendía hablar tan mal en realidad era su lengua materna.

Sin saber todo esto, Stern no tenía motivos para confiar en Aue. Ciertamente, no podía entender su intención cuando, solo unos días después de haberse hecho cargo de la empresa de exportación e importación, Aue le presentó a Stern a un viejo amigo recién llegado a Cracovia diciéndole  con indiferencia: “Mirá Stem, podés tener confianza en mi amigo Schindler". Stern intercambió cortesías con el visitante y respondió a sus preguntas con cuidado.

"No sabía lo que quería y estaba asustado", continuó Stern. "Hasta el 1 de diciembre, no habían molestado a los judíos polacos. Habían arianizado las fábricas, por supuesto. Y si un alemán te hacía una pregunta en la calle, era obligatorio que antes de responder dijeras  “Soy judío". ....' Pero fue recién el 1 de diciembre que tuvimos que comenzar a usar la Estrella de David. Fue entonces, cuando la situación comenzó a empeorar para los judíos, cuando la Espada de Damocles ya estaba sobre nuestras cabezas, que tuve una reunión con Oskar Schindler.

“Quería saber de qué lugar era yo, de qué zona judía. Me hizo muchas preguntas, que si era sionista o asimilado y esas cosas. Le dije lo que todos sabían, que era vicepresidente de la Agencia Judía para Polonia Occidental y miembro del Comité Central Sionista. Luego me dio las gracias cortésmente y se fue".

El 3 de diciembre, Schindler hizo otra visita a Stern, pero esta vez de noche y en su casa. Hablaron principalmente de literatura, recuerda Stern, y Schindler mostró un interés inusual en los grandes escritores judíos. Y luego, de repente, mientras tomaba un té, Schindler comentó: "Escuché que habrá una redada en todas las propiedades judías restantes mañana". Stern, que se dio cuenta de que era una advertencia, hizo correr más tarde la voz y salvó a muchos amigos del "control" más despiadado llevado a cabo hasta el momento por los alemanes. Se dio cuenta de que Schindler quería estimular su confianza aunque todavía no podía entender por qué.

Oskar Schindler, un industrial de los Sudetes, había llegado a Cracovia desde su ciudad natal de Zwittau, del otro lado de lo que había sido una frontera unos meses antes. A diferencia de la mayoría de los oportunistas que se precipitaron alegremente a la postrada Polonia para engullir la producción de la nación, recibió una fábrica no de un judío expropiado sino del Tribunal de Reclamaciones Comerciales. Una pequeña empresa dedicada a la fabricación de artículos esmaltados que había permanecido inactiva y en bancarrota durante muchos años. Comenzó a operar en el invierno de 1939-1940 con 4.000 metros cuadrados de superficie y un centenar de trabajadores, de los cuales siete eran judíos. Pero pronto trajo  a Stern como su contador.

La producción comenzó a toda prisa, porque Schindler era un trabajador astuto e incansable, y la mano de obra, ahora semi esclava, era tan abundante y tan barata que era el sueño más preciado de cualquier industrial. Durante el primer año, la fuerza laboral se expandió a 300, incluidos 150 judíos. A fines de 1942, la fábrica había crecido a 45.000 metros cuadrados y empleaba a casi 800 hombres y mujeres. Los trabajadores judíos, ahora 370, provenían todos del gueto de Cracovia. “Era una tremenda ventaja", dice Stem, "poder salir del gueto durante el día y trabajar en una fábrica alemana".

Las relaciones entre Schindler y los trabajadores judíos eran limitadas. En los primeros días tenía poco contacto con todos excepto con los pocos que, como Stern, trabajaban en las oficinas. Pero comparando su suerte con la de los judíos atrapados en el gueto donde ya habían comenzado las deportaciones, o incluso con la de aquellos que trabajaban como esclavos para otros alemanes en las fábricas vecinas, los trabajadores judíos de Schindler apreciaban su posición. Aunque no podían entender las razones, reconocieron que Herr Direktor de alguna manera los protegía. Un aire de relativa seguridad creció en la fábrica y los trabajadores pronto solicitaron permiso para traer a familiares y amigos para que pudieran compartir el refugio.

Se corrió la voz entre los judíos de Cracovia de que la fábrica de Schindler era el lugar para trabajar. Y, aunque los trabajadores no lo sabían, Schindler los ayudaba falsificando los registros de la fábrica. Los mayores figuraban como veinte años más jóvenes; los niños fueron catalogados como adultos; los abogados, médicos e ingenieros estaban registrados como metalúrgicos, mecánicos y dibujantes, todos oficios considerados esenciales para la producción de guerra. Se salvaron innumerables vidas de esta manera, ya que los trabajadores estaban protegidos de las comisiones de exterminio que escudriñaban periódicamente los registros de Schindler.

Al mismo tiempo, la mayoría de los trabajadores no sabían que Schindler pasaba las tardes junto a muchos de los oficiales locales de las SS y la Wehrmacht, cultivando amigos influyentes y fortaleciendo su posición siempre que era posible. Su fácil encanto pasaba por franqueza, y su personalidad y aparente confiabilidad política lo hicieron popular en los círculos sociales nazis en Cracovia.

Stern no se dejó impresionar por el aire de seguridad. Todos estaban haciendo equilibrio en el borde de un volcán, lo sabía. Desde detrás de su alta mesa de contador podía ver el despacho de Schindler a través de la puerta de cristal. "Casi todos los días, desde la mañana hasta la noche, funcionarios y otros visitantes venían a la fábrica y me ponían nervioso. Schindler solía servirles vodka y bromeaba con ellos. Cuando se iban, me invitaba a entrar, cerraba la puerta y luego, me decía en voz baja para qué habían venido. Él les decía que sabía cómo hacerles trabajar más a estos judíos y que quería que le trajeran más. Fue así que conseguimos meter familias y parientes todo el tiempo y salvarlos de la deportación". Schindler nunca dio explicaciones ni se reveló como un antifascista, pero gradualmente Stern comenzó a confiar en él.

SCHINDLER mantuvo vínculos personales con "sus judíos", especialmente con los que trabajaban en la oficina de la fábrica. Uno era el hermano de Itzhak Stern, el Dr. Nathan Stern, hoy un miembro respetado de la pequeña comunidad judía de Polonia. El Magister Label Salpeter y Samuel Wulkan, ambos miembros de alto rango del movimiento sionista polaco, eran los otros dos. Junto con Stern, eran parte de un grupo de enlace con el movimiento clandestino exterior. Pronto se les unió un hombre llamado Hildegeist, ex líder del Sindicato de Trabajadores Socialistas en su Austria natal, quien, después de tres años en Buchenwald, había sido contratado en la fábrica como contador. Estas actividades fueron lideradas por un trabajador de la fábrica, el ingeniero Pawlik, que posteriormente se reveló como un oficial de la clandestinidad polaca.

El propio Schindler no jugó un papel activo en todo esto, pero su protección cobijó al grupo. Es dudoso que estos pocos hombres tuviera influencia en una resistencia efectiva pero el grupo mismo cohesionó a los Schindlerjuden y los entrenó en una disciplina que más tarde resultaría útil.

Mientras amigos y padres en el gueto eran asesinados en las calles o morían de enfermedades o eran enviados a la cercana Auschwitz, la vida diaria en la fábrica continuó en tono menor hasta 1943. Entonces, el 13 de marzo, llegó la orden de cerrar el gueto de Cracovia. Todos los judíos fueron trasladados al campo de trabajos forzados de Plaszów, en las afueras de la ciudad. Se trataba de una serie de instalaciones en expansión que incluía campos subordinados, donde las experimentadas víctimas del terrible gueto de Cracovia encontraron condiciones aún más terribles. Cientos de prisioneros sufrían y morían o eran trasladados a Auschwitz. La orden de completar el exterminio de los judíos ya se había dado y había manos dispuestas llevarlo a cabo de la manera más eficiente y rápida posible.

Stern, junto con los otros trabajadores de Schindler, también habían sido trasladados a Plaszów pero, igual que otros 25.000 reclusos que habitaban el campo y trabajaban fuera, continuaron pasando sus días en la fábrica. Un día Stern se enfermó gravemente y le envió un mensaje a Schindler pidiendo ayuda con urgencia. Llegó de inmediato, con medicamentos esenciales y continuó sus visitas hasta que Stern se recuperó. Pero lo que había visto en Plaszów lo había dejado helado.

Tampoco le gustaba el giro que habían tomado las cosas en su fábrica.

Cada vez más indefenso ante los frenéticos odiadores y destructores de judíos, Schindler vio que ya no podía bromear con facilidad con los funcionarios alemanes que venían de inspección. El doble juego se estaba volviendo más difícil. Los incidentes sucedían cada vez con más frecuencia. En una ocasión, tres hombres de las SS entraron al piso de la fábrica sin previo aviso, discutiendo entre ellos. “Les digo que el judío es incluso inferior que un animal", decía uno. Luego, sacando su pistola, ordenó al trabajador judío más cercano que dejara su máquina y recogiera una basura del suelo. "Cómelo", ladró, agitando su arma. El hombre tembloroso se atragantó mientras lo hacía. "Ves lo que quiero decir", explicó el hombre de las SS a sus amigos mientras se alejaban. "Comen cualquier cosa. Incluso un animal nunca haría eso".

En otra ocasión, durante una inspección realizada por una comisión oficial de las SS, la atención de los visitantes fue captada por la visión del anciano judío Lamus, que se arrastraba por el patio de la fábrica en un estado de depresión total. El jefe de la comisión preguntó por qué el hombre estaba tan triste y le explicaron que Lamus había perdido a su esposa y a su único hijo unas semanas antes durante la evacuación del gueto. Profundamente conmovido, el comandante reaccionó ordenando a su ayudante que disparara contra el judío "para que pudiera reunirse con su familia en el cielo", luego soltó una carcajada y la comisión siguió adelante. Schindler permaneció de pie junto a Lamus y el ayudante.

—Deslízate los pantalones hasta los tobillos y empieza a caminar —le ordenó el ayudante a Lamus. Aturdido, el hombre hizo lo que le dijeron.

"Estás interfiriendo con toda mi disciplina aquí", dijo Schindler desesperadamente. El oficial de las SS se burló. Pero Schindler insistió:

"La moral de mis trabajadores se verá afectada. La producción de der Vaterland se verá afectada". El oficial sacó su arma.

"Una botella de aguardiente si no le disparas", casi gritó Schindler, que ya no pensaba racionalmente.

“¡Perfecto!” y para su asombro, el hombre obedeció, sonriendo guardó el arma y tomó del brazo al conmovido Schindler y fueron a la oficina para recoger su botella. Y Lamus, arrastrando los pantalones por el suelo, siguió arrastrando los pies por el patio, esperando con desesperación la bala en la espalda que nunca llegó.

La creciente frecuencia de tales incidentes en la fábrica y lo que había visto en el campo de Plaszów probablemente fueron los responsables de que Schindler adoptara un papel antifascista más activo. En la primavera de 1943, dejó de preocuparse por la producción de electrodomésticos esmaltados para los cuarteles de la Wehrmacht y comenzó la conspiración, el manejo de hilos, el soborno y la astucia ante la burocracia nazi que finalmente salvaría tantas vidas. Es en este punto que comienza la verdadera leyenda. Durante los dos años siguientes, la obsesión siempre presente de Oskar Schindler fue cómo salvar al mayor número de judíos de la cámara de gas de Auschwitz, a sólo sesenta kilómetros de Cracovia.

Su primer paso ambicioso fue intentar ayudar a los hambrientos y aterrorizados prisioneros de Plaszów. Otros campos de trabajo en Polonia, como Treblinka y Majdanek, ya habían sido cerrados y sus habitantes exterminados. Plaszów parecía condenado. A instancias de Stern y el grupo de  la “oficina interna", Schindler convenció una noche a uno de sus compañeros de bebida, el general Schindle, sin parentesco alguno, pero bien ubicado como jefe del equipo de armamentos en Polonia, que los talleres de campo de Plaszow serían ideales para la producción de guerra realizados en serie. Hasta enconos solo se usaban para la reparación de uniformes. El general aceptó la idea y ordenó envíos de madera y metal para el campo. Como resultado, Plaszow se transformó oficialmente en un "campo de concentración" esencial para la guerra. Y aunque las condiciones apenas mejoraron, salió de la lista de campos de trabajo que estaban siendo eliminados. Temporalmente al menos, los fuegos de Auschwitz fueron privados de más combustible.

Ese paso también ubicó a Schindler en una buena posición ante el comandante de Plazów, el Hauptsturmführer Amon Goeth, quien, con el cambio, elevó su estatus a una nueva dignidad. Cuando Schindler solicitó que los judíos que continuaban trabajando en su fábrica fueran trasladados a su propio subcampo cerca de la planta "para ahorrar tiempo en llegar al trabajo", Goeth accedió. A partir de ese momento, Schindler descubrió que podía introducir alimentos y medicinas de contrabando en los barracones con poco peligro. Los guardias, por supuesto, fueron sobornados, y Goeth nunca descubriría los verdaderos motivos de la petición de Schindler. 

Schindler comenzó a tomar mayores riesgos. Interceder por los judíos que fueron denunciados por un "delito" u otro era un hábito peligroso a los ojos de los fascistas, pero Schindler ahora comenzó a hacer esto casi con regularidad. "Dejen de matar a mis buenos trabajadores", era su técnica habitual. "Tenemos una guerra que ganar. Estas cosas siempre se pueden resolver más tarde". La artimaña tuvo éxito suficiente para salvar docenas de vidas.

Una mañana de agosto de 1943, Schindler fue el anfitrión de dos visitantes sorpresa que le había enviado la organización clandestina que la agencia de bienestar judía estadounidense, el Comité Judeo Americano de Distribución Conjunta, conocido como el Joint, que operaba entonces en la Europa ocupada. Satisfecho de que los hombres hubieran sido enviados por el Dr. Rudolph Kastner, jefe del aparato secreto del Joint cuya cabeza estaba bajo precio en Budapest, Schindler llamó a Stern. "Hable con franqueza a estos hombres, Stern", dijo. Hágales saber lo que ha estado pasando en Plaszów.

“Queremos un informe completo sobre las persecuciones antisemitas”, dijeron los visitantes a Stern. "Escríbanos un informe completo".

“Adelante”, instó Schindler. “Son suizos. Es seguro. Puedes confiar en ellos. Siéntate y escribe".

Para Stern, el riesgo era inútil y temerario, y lo puso en alerta. Dirigiéndose enojado a Schindler, le preguntó: "Schindler, dime francamente, ¿no es esto una provocación? Es muy sospechoso".

Schindler, a su vez, se enojó por la repentina desconfianza de Stern. "¡Escriba!” le ordenó. Stern tenía pocas opciones. Escribió todo lo que se le ocurrió, mencionó los nombres de los vivos y de los muertos, y redactó la larga carta que, años después, descubrió que había circulado ampliamente y ayudó a disipar las incertidumbres en los corazones de los familiares de las víctimas repartidos por todo el mundo fuera de Europa. Y cuando posteriormente desde la clandestinidad recibió cartas de respuesta desde América y Palestina, se desvaneció cualquier duda que aún pudiera tener sobre la integridad o el juicio de Oskar Schindler.

La vida en la fábrica de Schindler continuó.

Algunos de los hombres y mujeres más débiles murieron, pero la mayoría continuó obstinadamente con sus máquinas, produciendo objetos esmaltados para el ejército alemán. Schindler y su círculo "interior de la oficina" de cautelosos pasaron a aprensivos, preguntándose cuánto tiempo podrían continuar con el juego de engaño. El propio Schindler seguía encontrándose con oficiales locales pero el cambio de rumbo que siguió a Stalingrado y la invasión de Italia,  descontroló los ánimos. Una firma en un papel podría enviar a los trabajadores judíos a Auschwitz y a Schindler junto con ellos. El grupo se movió con sumo cuidado, aumentó los sobornos a los guardias del campo; la fábrica luchó por sobrevivir gracias a los alimentos y medicamentos que Schindler introducía de contrabando. El año 1943 volvió 1944. Diariamente, la vida terminaba para miles de judíos polacos. Pero los Schindlerjuden, para su propia sorpresa, seguían vivos.

En la primavera de 1944, la retirada alemana en el frente oriental ya era un hecho. Se ordenó vaciar Plaszów y todos sus subcampos. Schindler y sus trabajadores no se hacían ilusiones sobre lo que implicaba mudarse a otro campo de concentración. Había llegado el momento de que Oskar Schindler jugara su carta de triunfo, una apuesta atrevida que había ideado de antemano.

Comenzó su trabajo sobre sus compañeros de trasnochadas, sus contactos en los círculos militares e industriales de Cracovia y Varsovia. Sobornó, engatusó, suplicó, trabajó desesperadamente contra el tiempo y luchó contra lo que todos le aseguraron que era una causa perdida. Se subió a un tren y vio gente en Berlín. Y persistió hasta que alguien, en algún lugar de la jerarquía, tal vez impaciente por terminar con ese negocio aparentemente insignificante, finalmente le dio la autorización para trasladar una fuerza de 700 hombres y 300 mujeres del campo de Plaszów a una fábrica en Brněnec en su Sudetenland natal. La mayoría de los otros 25.000 hombres, mujeres y niños en Plaszów fueron enviados a Auschwitz, para encontrar allí el mismo final de varios millones de judíos. Pero gracias a los esfuerzos obstinados de un hombre mil judíos se salvaron temporalmente de esa gran calamidad. Mil seres humanos medio muertos de hambre, enfermos y casi destrozados vieron conmutada su sentencia de muerte conmutada por un indulto milagroso.

Resultó que el traslado de la fábrica polaca a las nuevas instalaciones en Checoslovaquia no transcurrió sin incidentes. Un lote de cien salió directamente en julio de 1944 y llegó sano y salvo a Brněnec. Otros, sin embargo, encontraron su tren desviado sin previo aviso hacia el campo de concentración de Gross-Rosen, donde muchos fueron golpeados y torturados y donde todos fueron obligados a pararse en filas regulares en el gran patio, sin hacer absolutamente nada más que ponerse y quitarse la ropa de manera uniforme durante todo el día. Finalmente, Schindler una vez más demostró tener éxito en mover los hilos. A principios de noviembre, todos los Schindlerjuden se unieron nuevamente en su nuevo campo.

Y hasta la liberación en la primavera de 1945 continuaron burlando a los nazis en el peligroso juego de permanecer con vida. Aparentemente, la nueva fábrica estaba produciendo piezas para bombas V2, pero, en realidad, la producción durante esos diez meses entre julio y mayo fue absolutamente nula.

Los judíos que escaparon de los transportes y luego evacuaron Auschwitz y los otros campos más orientales antes de que los rusos se aproximaran encontraron allí refugio sin hacer preguntas. Schindler incluso pidió descaradamente a la Gestapo que le enviara a todos los fugitivos judíos interceptados: "en interés", dijo, "de continuar la producción bélica". Cien personas más se salvaron de esta manera, incluidos judíos de Bélgica, Holanda y Hungría. “Sus hijos” alcanzó la cifra de 1.098: 801 hombres y 297 mujeres.

Los Schindlerjuden a estas alturas dependían completamente de él y temían su ausencia. Su compasión y sacrificio fueron mayúsculos. Gastó todo el dinero que aún le quedaba y también cambió las joyas de su esposa por comida, ropa y medicinas, y por bebida con la que sobornar a los  de las SS. Equipó un hospital secreto con equipo médico robado y conseguido por el mercado negro, luchó contra epidemias y una vez hasta hizo un viaje de 450 kilómetros cargando dos enormes frascos llenos de vodka polaco y llevándolos llenos de medicamentos que se necesitaban 

En la fábrica, se comenzaron a fabricar falsos sellos de goma, documentos militares de viaje y los documentos oficiales especiales necesarios para proteger la entrega de alimentos comprados ilícitamente. Guardaron y ocultaron uniformes y armas nazis, junto con municiones y granadas de mano, preparados para cualquier eventualidad. Los riesgos aumentaron y creció la tensión. Sin embargo, Schindler pareció haber mantenido un equilibrio prácticamente inquebrantable. "Quizás me había vuelto fatalista", dice ahora. "O tal vez solo tenía miedo del peligro que vendría una vez que los hombres comenzaran a perder la esperanza y actuaran precipitadamente. Tenía que mantenerlos llenos de optimismo".

Pero hubo dos grandes sustos que perturbaron su normal calma durante los constantes peligros de esos meses. La primera fue cuando un grupo de trabajadores, queriendo tontamente expresar gratitud, le dijeron que habían escuchado una transmisión ilegal de radio con la promesa de que se nombraría "Oskar Schindler Strasse". a una calle en la Palestina de la posguerra. Durante días esperó a que viniera la Gestapo hasta que 

El otro ocurrió durante una visita del comandante local de las SS. Como era costumbre, el oficial se sentó en la oficina de Schindler bebiendo vaso tras vaso de vodka y emborrachándose rápidamente. Viéndolo tambalear peligrosamente cerca de una escalera de hierro que conducía al sótano, Schindler, cedió repentinamente a la tentación con uno de sus raros actos no premeditados. Le dio un ligero empujón, luego un aullido y un ruido sordo desde el fondo. Pero el hombre no estaba muerto. Al regresar a la habitación, con sangre en su cuero cabelludo, gritó que Schindler le había disparado, y mientras salía corriendo lo maldijo con rabia  diciendo: "No vivirás hasta la liberación, Schindler. No creas que nos engañas. ¡Tú mismo perteneces a un campo de concentración, junto con todos tus judíos!".

Schindler entendía a "sus hijos" y empatizaba con sus miedos. Le habían dado una villa, cerca de la fábrica, bellamente amueblada desde la que se veía la longitud del valle del pequeño pueblo checo. Pero como los SS podían llegar tarde en la noche, Oskar y Emilie Schindler nunca pasaron una sola noche en la villa, sino que durmieron en una pequeña habitación en la propia fábrica.

Cuando algún judío moría, era enterrado en secreto con ritos completos a pesar de la orden nazi de cremarlos. Las fiestas religiosas se observaban clandestinamente y ese día se entregaban raciones adicionales de alimentos conseguidas en el mercado negro.

De entre las historias y anécdotas que alimentaron la leyenda que los Schindlerjuden repiten en los cuatro continentes es la que ilustra gráficamente el papel adoptado por Schindler como protector y salvador en medio de la indiferencia general y amoral. Justo en el momento en que el imperio nazi se estaba derrumbando, una llamada telefónica desde la estación de tren una noche le preguntó a Schindler si le importaba aceptar la entrega de dos vagones de tren llenos de judíos casi congelados. Los vagones habían sido cerrados por congelación a una temperatura de -15 grados y contenían casi cien hombres enfermos que habían estado encerrados desde que el tren había sido enviado desde Auschwitz diez días antes a una fábrica dispuesta a recibirlos. Pero, cuando se le informó de la condición de los prisioneros, ninguna los aceptó. "¡No estamos dirigiendo un sanatorio!" era la respuesta habitual. Schindler, asqueado por la noticia, ordenó que el tren se enviara a la fábrica de inmediato.

Era impresionante verlo. Se había formado hielo en las cerraduras y hubo que abrir los vagones con hachas y sopletes de acetileno. En el interior, los miserables despojos de esos seres humanos estaban rígidos y congelados. Hubo que sacar a cada uno como si fuera un esqueleto con carne congelada. Trece estaban indudablemente muertos, pero los demás aún respiraban.

A lo largo de esa noche y durante muchos días y noches siguientes, Oskar y Emilie Schindler y los trabajadores se encargaron sin descanso de los esqueletos congelados y hambrientos. Una gran sala de la fábrica se vació con ese fin y, aunque tres hombres más murieron, con el cuidado, el calor, la leche y la medicina, los otros se recuperaron gradualmente. Todo esto se había hecho en secreto, manteniendo a los guardias de la fábrica debidamente sobornados como de costumbre. La convalecencia de los hombres también tenía que efectuarse en secreto para que no fueran fusilados como inválidos inútiles. Más tarde se convirtieron en parte de la fuerza laboral de la fábrica y se unieron a los demás en la tarea de fingir una producción de guerra.

Así era la vida en Brněnec hasta que la llegada de los victoriosos rusos el 9 de mayo puso fin a la constante pesadilla. El día anterior, Schindler había decidido que tendrían que deshacerse del comandante local de las SS en caso de que de repente recordara su amenaza de borracho y tuviera alguna idea desesperada de último momento. La tarea no fue difícil, porque los guardias ya habían comenzado a salir del pueblo presos del pánico. Desenterrando sus armas escondidas, un grupo salió de la fábrica a altas horas de la noche, encontró al oficial de las SS bebiendo hasta el olvido en su habitación y le disparó desde afuera de su ventana. Temprano en la mañana, una vez seguros de que sus trabajadores finalmente estaban fuera de peligro y de que todo estaba en orden para enfrentar a los rusos, Schindler, Emilie y varios más desaparecieron discretamente y no se supo de ellos hasta que aparecieron, meses después, en la Zona Estadounidense de Austria. Schindler sabía que, como propietario de una fábrica alemana de mano de obra esclava, mejor no arriesgarse a que las tropas rusas le dispararan sospechando de sus referencias personales o sus puntos de vista sobre el régimen fascista.

En los cuatro años que siguieron, los Schindlerjuden recuperaron su salud y se dispersaron por muchos países. Algunos se unieron a familiares en Estados Unidos, otros encontraron su camino, legal o ilegalmente, yendo a Israel, Francia y América del Sur. La mayoría regresó a Polonia, pero muchos de ellos se marcharon de nuevo y comenzaron la vida de las personas desplazadas (DP) en los numerosos campos de la UNRRA en Alemania. La mayoría inevitablemente perdió el contacto con su buen amigo Oskar Schindler.

Para él, la vida cotidiana se volvió difícil e inestable. Como alemán de los Sudetes, no tenía futuro en Checoslovaquia y, al mismo tiempo, ya no podía soportar la Alemania que una vez había amado. Durante un tiempo intentó vivir en Ratisbona. Más tarde se mudó a Munich donde dependía en gran medida de los paquetes de Care que le enviaban desde Estados Unidos algunos de los Schindlerjuden, pero era demasiado orgulloso para suplicar más ayuda. Las organizaciones benéficas judías polacas lo rastrearon, lo descubrieron necesitado y trataron de brindársela incluso en medio de todos sus amargos problemas de posguerra. Finalmente, la cuestión de efectuar algún tipo de compensación fue delegada al Joint.

Empezó a recibir de este organismo una ración completa de comida y cigarrillos, mientras vivía como cualquier desplazado judío del país y sobrevivía mientras buscaba una mejor solución. Se volvió tan anti-alemán en sus sentimientos como cualquiera de los DP judíos que ahora se convirtieron en sus únicos amigos. Y demostró ser útil para las autoridades estadounidenses, aunque atrajo un montón de hostilidad peligrosa sobre su propia cabeza, al presentar a la potencia ocupante una documentación detallada sobre sus antiguos compañeros de bebida, sobre los viciosos dueños de las otras fábricas de esclavos que habían estado cerca, todo sobre su grupo podrido con el que había bebido y al que había adulado para salvar las vidas de personas indefensas.

Tal es la historia de Schindler que hoy cuentan más de mil personas en muchos países diferentes. La pregunta desconcertante que queda es qué hizo funcionar a Oskar Schindler. Es dudoso que alguno de los Schindlerjuden haya descubierto la verdadera respuesta. Uno de ellos supone que lo motivó en gran medida la culpa, ya que parece seguro suponer que, para ganarse una fábrica en Polonia y la confianza de los nazis, debe haber sido miembro —quizás uno importante— del Partido Alemán de los Sudetes, el movimiento fascista de antes de la guerra en Checoslovaquia. Otro está de acuerdo con esta hipótesis pero la reformula en base a un rumor. Schindler se separó por primera vez de los nazis, dice este teórico, cuando un joven e impetuoso soldado de asalto alemán entró en su casa y golpeó salvajemente a su esposa, Emilie, frente a él durante la marcha de 1938 hacia los Sudetes.

Las investigaciones en Checoslovaquia han producido más confusión que esclarecimiento. Un testigo, Ifo Zwicker, no solo estaba entre los judíos a los que Schindler salvó, sino que, por una feliz coincidencia, había vivido durante años en Zwittau, su lugar de nacimiento y  también ña ciudad natal de Schindler. Sin embargo, después de confirmar con entusiasmo la ahora familiar saga de Schindler, Zwicker solo pudo agregar incertidumbre: "Como ciudadano de Zwittau, nunca lo habría considerado capaz de todas estas hazañas maravillosas. Antes de la guerra, todos aquí lo llamaban Gauner [estafador o vivillo]". Pero, ¿era un Gauner tan vivo que se había convertido en antifascista porque suponía que los nazis estaban condenados? Difícilmente se sabrá la respuesta que explique una conversión en 1939 o 1940 que lo llevó a  un centenar de graves riesgos de muerte rápida si era descubierto.

La única conclusión posible parece ser que las hazañas excepcionales de Oskar Schindler surgieron de ese sentido elemental de decencia y humanidad en el que nuestra era sofisticada rara vez cree sinceramente. Un oportunista arrepentido vio la luz y se rebeló contra el sadismo y la criminalidad vil que lo rodeaba. La inferencia puede ser simple y desilusionante, especialmente para los psicoanalistas aficionados que preferirían encontrar un motivo más profundo y misterioso que queda, es cierto, sin investigar ni valorar. Pero una hora con Oskar Schindler estimula a a creer en la respuesta simple.

Hoy, a los cuarenta años, Schindler es un hombre de una honestidad convincente y un encanto extraordinario. Alto y erguido, de hombros anchos y un tronco poderoso, suele tener una sonrisa alegre en su rostro fuerte. Sus ojos francos, de azul grisáceo, también sonríen, excepto cuando se tensan por la angustia al hablar del pasado. Entonces toda su mandíbula sobresale de manera belicosa y aprieta sus grandes puños que golpea con furia lenta. Cuando ríe, es una risa infantil y cordial, que todos sus oyentes disfrutan al máximo. "Es su personalidad más que cualquier otra cosa lo que nos salvó", comentó una vez uno del grupo.

Hace unos meses, los esfuerzos que muchas personas finalmente dieron sus frutos. Después de años de intentarlo, el Joint recibió la autorización para su salida definitiva de Alemania. La organización le entregó una subvención en efectivo, una visa para Argentina y un boleto de barco, y lo ayudó a poner fin a la confusión y la pobreza de los años de la posguerra. Oskar y Emilie Schindler abordarán un barco en Génova y navegarán hacia su futuro desconocido. Muchos de "sus hijos" esperan en Sudamérica para saludarlos.

Varios meses después, los Schindler llegaron a Argentina, pero la vida de posguerra de Oskar fue un desastre. Se separaron en 1957 y tuvo luego repetidos fracasos comerciales. Al regresar a Alemania Occidental después de la ruptura de su matrimonio, fue dependiendo cada vez más de las limosnas de los siempre agradecidos Schindlerjuden. Cuando murió en 1974, sus hazañas durante la guerra aún no habían sido ampliamente descritas, aunque fueron reconocidas en Israel, donde Oskar Schindler fue declarado Gentil Justo Entre Las Naciones y donde sus restos, transportados desde Frankfurt, fueron enterrados en un cementerio en el Monte Sión en Jerusalén. Por lo que Thomas Keneally pudo descubrir, él era el único miembro del Partido Nazi tan honrado.

fuente http://writing.upenn.edu/~afilreis/holocaust_new/steinhouse.php

Traducción Diana Wang.

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Quien lo ha dado a publicidad ahora es Stanley Diamond en:

La nota original poco conocida que cuenta la historia de Oskar Schindler. Dice:

Me gustaría referirme a otro aspecto de la historia de Oskar Schindler desconocido por la mayoría del público. Solo un periodista conocía bien a Oskar y escribió su historia mucho antes que Thomas Keneally escribió "El arca de Schindler". Ese periodista es el difunto habitante de Montreal, Herbert Steinhouse, en aquel  momento, el corresponsal de noticias de Europa occidental para la Compañía Canadian Broadcasting.

El artículo que escribió en 1949 permaneció intacto en sus voluminosos archivos durante 45 años después de que fuera rechazado por Atlantic Monthly y varias otras revistas importantes... pocas personas querían escuchar entonces historias sobre “buenos alemanes”. Finalmente accedió a la publicación del artículo original después de ver la película de Spielberg  con el placer de ver que este director había capturado las esencias del hombre y no le había dado a la historia un tratamiento hollywoodense lavado.

Fue publicado en la revista canadiense "Saturday Night": http://writing.upenn.edu/~afilreis/holocaust_new/steinhouse.php

Tras la publicación en "Saturday Night", Steinhouse fue entrevistado en Noticias de la noche en Canadá: https://youtu.be/XGSzuNNImGY.

Los archivos de Steinhouse están ahora en los Archivos Nacionales Canadienses y comienza con su biografía https://data2.archives.ca/pdf/pdf001/p000000741.pdf) que en parte dice: "La aparición de la película de Steven Spielberg "La lista de Schindler" en 1993 convenció que le presentara su antiguo manuscrito “El alemán que salvó mil vidas”, escrito medio siglo antes, a la revista “Saturday Night”. Su publicación como “The Real Oskar Schindler” trajo a Steinhouse un reconocimiento tardío como el periodista que había descubierto por primera vez la historia de Schindler y cuya ardua investigación respaldó las afirmaciones de la película y la novela "ficticias". El artículo fue traducido y reimpreso en todo el mundo.”

En aras de la divulgación completa, el difunto Herbert y yo somos primos hermanos.

Stanley Diamond, HSH (Montreal), Z’L .

Nota personal: falleció en 2017, era genealogista y tuvimos varios intercambios. Diana Wang

¿Qué es un shone toive?

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En estas fechas mamá mandaba imprimir shonetoives. No sabía entonces que shone toive era como se decía en idish shaná tová. Para mí shoinetoive era una sola palabra que quería decir “tarjetas que se mandan una vez por año”. Eran blancas, con un ligero borde dorado igual que el maguen David puesto arriba a la derecha, en el medio una frase en letras hebreas y abajo en negro y en relieve, “desean Mesio y Cesia Wang”. Cada tarjeta venía con su sobrecito igualmente blanco y del mismo tamaño en cuyo frente mamá escribía prolijamente nombres y direcciones que consultaba en una libreta con una tapa roja. Mi tarea era pasar la lengua por el pegamento de la solapa, apretar para que se pegue y encimar cada sobre al montoncito que se iba levantando a mi lado.  La ceremonia terminaba con las estampillas que mamá había comprado en una plancha y que yo recortaba una por una y las pegaba en el costado superior derecho de cada sobre. Con los sobres en una bolsita, caminábamos tres cuadras hasta la esquina de la librería donde estaba el buzón rojo del barrio. La boca estaba tan alta que mamá me alzaba y yo empujaba con la mano izquierda una especie de tapa interior que tenía la boca y con la derecha iba metiendo todos los sobres en grupos de cuatro o cinco. 

Unos días después empezaban a llegar los shonetoives que nos enviaban a nosotros. Eran sobres de distintos tamaños y tarjetas con variados diseños, dorados y plateados, coloridos o blanco y negro, con frases en castellano o en idish (¿o era hebreo?) y abajo los apellidos de los amigos conocidos. “¿Qué dice?” preguntaba yo con cada shonetoive que llegaba. “A guit iur” (un buen año) me decía mamá, en estos días todos nos deseamos un buen año. El que más me intrigaba era el de un pariente que vivía en Israel. Era una carta en papel finito, celeste, que tenía las palabras escritas del lado de adentro, había que despegar la solapa con cuidado para que no se rompiera el papel y se pudiera leer todo. 

Mamá paraba encima del aparador los shonetoives. Hasta que llegaba el día en el que mamá no comía, encendía una vela que ardía 24 horas, a la tarde se vestía muy elegante y desaparecía con un “me voy al shil”. Mamá había aceptado a pesar suyo la oposición de papá a todo ritual religioso. Pero no ese día. “Es para mis muertos”, decía. Y papá callaba y escondía los ojos. 

Se viene otro nuevo año. Los shonetoives,  luego cartis brajá (tarjetas con bendiciones) ahora son videos y buenos deseos que nos mandamos por internet. No es igual porque falta la emoción de ver llegar los sobres y tenerlos abiertos alegrando nuestra vista. Pero al mismo tiempo es lo mismo, porque seguimos deseando y compartiendo la esperanza de un nuevo comienzo y una nueva oportunidad. Cuando era chica no sabía bien de qué se trataba, acompañaba a mamá en un ritual que era obviamente importante para ella, me dejaba participar y aprendí haciendo cuál era mi lugar y a qué me comprometía. Hoy sé que se trata de convivencia y responsabilidad en este horizonte judío en el que palabras y conductas se entretejen porque son lo mismo. Nos recuerda que no estamos solos, que somos del otro y para el otro, necesitamos y esperamos su presencia y compañía, y su perdón si en algo le hemos faltado, porque el otro es nuestro garante, al mismo tiempo nido y juez. 

Extraño aquel despliegue colorido que había sobre el aparador de mi casa de la infancia y así como hacía mamá, iré al shil el día de la vela de 24 horas, no solo porque es el día para los muertos como decía ella, sino porque es también, y esencialmente, el día para los vivos, los que nos juntamos en este ritual milenario, interior y silencioso que nos alimenta, nos da identidad y sentido. 

¡Shaná Tová Umetuká!

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link de Clarin 6 de septiembre 2021

La culpa de todo la tienen las bicicletas

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Se dio a conocer un estudio publicado en el mes de junio por el Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos, LEDA, de la Universidad de San Martín, dirigido por Ezequiel Ipar. Su título es “El antisemitismo en Argentina: tramas e interrogantes”.

La imagen que caratula el informe es una vieja caricatura antisemita. Se ve a un hombre con enormes orejas, labios carnosos, nariz grande y ganchuda, mirada burlona y codiciosa, que tiene en sus manos hilos que van a dos títeres, a la izquierda, claro, un militar soviético con una bomba en la mano y a la derecha, claro también, un hombre con los atributos de la masonería. La encuesta telefónica en la que se basa el informe solicitaba “el grado de acuerdo con la frase: Detrás de la pandemia del Coronavirus hay figuras como Soros y laboratorios de empresarios judíos que buscan beneficiarse económicamente”.

Los resultados, luego de solo 3100 personas encuestadas, han tenido una amplia difusión en los medios, tanto los “hegemónicos opositores” como los “afines al gobierno”. El número es impactante puesto que señala que el 37% de los encuestados se manifestó de acuerdo con la frase, uno de casi cuatro argentinos, según podría inferirse, dice creer que detrás de la pandemia hay judíos, como Soros, que se beneficiaron económicamente. ¡Casi la mitad!

Semejante número, tan desproporcionado, me hizo sospechar y preguntarme acerca de la validez de la encuesta. Todo encuestador sabe que se pueden dirigir las respuestas según el modo en que se hagan las preguntas, las palabras que se usen y los sesgos que estimulen, especialmente las encuestas de opinión. Conforme se pregunte se puede probar una cosa o todo lo contrario como bien sabemos al escuchar las encuestas políticas que conocemos a diario.

Hay que distinguir dos aspectos: la ideología detrás de la encuesta y la encuesta misma.

Veamos la ideología.

¿Por qué las comillas? Ya en el comienzo del informe aparecen unas inocentes comillas que atrajeron mi atención. Dice: “El antisemitismo resulta desde siempre un asunto espinoso en la Argentina, “hogar” de una de las diez comunidades judías más grandes del mundo”. ¿Por qué las comillas?, ¿no reconocen los autores del estudio que la Argentina es nuestro hogar? ¿Es una alusión a la histórica acusación antisemita de doble lealtad, a que no somos suficientemente argentinos, a que estamos acá pero no somos de acá?

¿Por qué aclarar? Luego define antisemitismo y aclara su disenso con la definición universalmente aceptada de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto, IHRA por su sigla en ingles, en la que el antisionismo es considerado la nueva expresión del antisemitismo. La necesidad de plantear el disenso en un trabajo que no tiene relación con el estado de Israel resulta sospechosa.

¿Por qué la conexión? También me pregunto por qué y cómo se les ocurrió la idea de ligar la pandemia al antisemitismo. Es cierto que hubo quien esbozó algún tipo de relación en la Argentina, nunca falta algún delirante, pero el mito mayor es el compromiso de laboratorios chinos en el desarrollo del virus. Las comunidades asiáticas fueron atacadas por ello en diferentes países. ¿Qué interés podrían tener quienes diseñaron la encuesta en dirigir la atención a los judíos en la Argentina? Y bien sabemos que "jews are news", basta que se mencione la palabra judío para que se le preste atención inmediata, tenemos esa “suerte” de protagonismo. Instalar como conversación en los medios que 4 de cada 10 personas creen que los judíos tenemos que ver con la pandemia es, además de una propuesta falaz y sesgada, una bien pensada maniobra distractiva.

La pregunta misma es tendenciosa pues dirige la respuesta, pecado que la invalida como bien lo sabe cualquier encuestador: “¿Cual es su grado de acuerdo con la frase: Detrás de la pandemia del Coronavirus hay figuras como Soros y laboratorios de empresarios judíos que buscan beneficiarse económicamente?”

Acuerdo. Si se pregunta por el “grado de acuerdo” se implica que habrá algún acuerdo. Es como cuando mi mamá servía un plato y preguntaba “¿cómo te gustó?”, no había manera de decir que a uno no le gustaba porque la pregunta misma incluía que nos iba a gustar, poco o mucho, pero que nos iba a gustar. Si la pregunta fuera abierta, por ejemplo,” ¿qué opinás sobre…?” no se está invitando a acordar desde el planteo mismo.

Dinero. Decir que “los judíos buscan beneficiarse económicamente” dispara automáticamente el acendrado prejuicio acerca de la supuesta y natural codicia judía y de nuestro enfermizo interés por el dinero que nos convierte en emblema de la explotación y el aprovechamiento. La sola formulación del beneficio económico abre ese archivo dicho y regurgitado durante siglos, acentuado por propagandas y campañas, repetido una y otra vez en bromas, chistes y comentarios. Y ya sabemos, como dijo el maléfico genio de Goebbels, lo que se repite muchas veces y en diferentes contextos, se incorpora como hecho cierto. Muchos, a menudo sin darse cuenta, tienen ese archivo instalado y la sola mención en la pregunta acerca de los judíos beneficiándose económicamente salta como un resorte automático.

Soros. De entre los otros datos que aporta surge que el grupo etario que más aprueba la frase son jóvenes de entre 16 y 40 años con el 32%. ¿Sabrán quién es Soros o solo escucharon la palabra judío y con eso basta? Las palabras “empresarios judíos” evoca la idea antisemita de la sinarquía internacional, sólidamente instalada. No hace falta, además, saber de quién se trata, si lo pregunta alguien desde alguna Universidad, “debe ser alguien importante”. Como en el cuento del emperador desnudo, no siempre es fácil decir “no sé quién es”.

En la misma semana se sumó el triste y banal episodio de Showmatch con la imagen de Ana Frank ilustrando la frase “yo no soy una mujer que no sale de su casa”. No daría para mucho, pero levantó una importante ola de reacciones acusando al programa y a su conductor de antisemita y banalizador del Holocausto. No veo el programa y hasta donde sé, no pretende más que ser un entretenimiento superficial, ligero y chabacano. Eso no lo libera de la responsabilidad que tiene como cualquier medio masivo en lo que dice y en lo que muestra. Ciertamente Ana Frank en ese contexto estaba totalmente fuera de lugar y es comprensible la molestia de algunos. También yo la sentí. Pero, así como el estudio emprendido por LEDA, también este episodio revela que mencionar a los judíos asegura centimetraje en los medios.

Tanto para los judíos, siempre alertas ante la más mínima sospecha, como para los demás a quienes la palabra “judío” les despierta una atracción irrefrenable. Aunque es sabido, conviene recordar que es una consecuencia de siglos de judeofobia, potenciados con la “teoría racial” que nació en el S XIX con su terrible consecuencia, el antisemitismo, la idea de que los judíos somos diferentes biológicamente, somos otra “raza”. No se trata de qué pensamos o que tengamos creencias religiosas diferentes en cuyo caso podría ser modificado con una conversión o una "apropiada reeducación". La “teoría racial” dice que la diferencia es genética, ergo, no es modificable y que, como bien-mal lo concretó el nazismo, la única forma de resolver la "cuestión judía" es con el exterminio.

La Iglesia durante siglos con el apoyo de reyes y señores feudales, políticos e intelectuales, han difundido de manera sistemática y aviesa esa teoría que integra la cultura occidental muchas veces de manera invisible y silenciosa, pero siempre a mano para distraer a la gente de otras cosas. Lo hizo la Rusia zarista cuando inventó los “Protocolos de los Sabios de Sión” y luego el nazismo para encolumnar al pueblo alemán hacia una guerra criminal y suicida.

Jews are news. Hablar de judíos, hablar mal de judíos, mostrar que generan sospecha, desconfianza, resentimiento, da rédito sigue siendo útil, asegura centimetraje y sigue siendo usado.

Lamentablemente.

Seguimos teniendo mucho por hacer.

No nos desanimemos (me lo digo a mí misma).

Me hace acordar al chiste:

Uno dice: -Los judíos y las bicicletas tienen toda la culpa de lo que pasa.

El otro pregunta: -¿por qué los judíos?

El primero responde: -¿por qué las bicicletas?

(Agradezco a Aida Ender por la corrección editorial)

Publicada en Revista Gallo.

El Judaísmo No Es un Protagonista Importante en la Historia de la Humanidad

Uno de los valores más importantes y bellos del judaísmo es la modestia. Haríamos bien en tomar en serio este valor al considerar el impacto de la religión en la humanidad a través de las épocas.

Por Yuval Noah Harari - 31 de julio de 2016

Aunque muchos israelíes están convencidos de que la historia de la raza humana gira en torno al judaísmo y al pueblo judío, en verdad, el judaísmo ha desempeñado un papel relativamente menor en los anales de nuestra especie. A diferencia de religiones universales como el cristianismo, el Islam y el budismo, el judaísmo es un credo tribal. Se centra en el destino de una pequeña nación y una diminuta tierra, y tiene poco interés en el destino de todas las demás personas y todos los demás países. Por ejemplo, le importan poco los eventos en China o acerca de la gente de Nueva Guinea. No es de extrañar, por lo tanto, que su papel histórico fue limitado.

Cierto es que el judaísmo engendró el cristianismo e influyó en el nacimiento del Islam como una de las religiones más importantes de la historia. Sin embargo, el mérito de los logros globales del cristianismo y el Islam, así como la culpa por sus muchos crímenes, pertenece a los cristianos y musulmanes mismos, en lugar de a los judíos. Del mismo modo que sería injusto culpar al judaísmo de las matanzas masivas de las cruzadas (el cristianismo es 100 por ciento culpable), tampoco hay razón para atribuir al judaísmo la fundamental idea cristiana de que todos los seres humanos son iguales ante Dios (una idea que está en directa contradicción con la ortodoxia judía).

El papel del judaísmo en la historia de la humanidad es un poco como el papel de la madre de Newton en la historia de la ciencia. Es verdad que sin la madre de Newton no habríamos tenido a Newton, y que la personalidad, las ambiciones y las opiniones de Newton fueron probablemente moldeadas, en gran medida, por sus relaciones con su madre. Pero al escribir la historia de la ciencia, nadie espera un capítulo completo sobre la madre de Newton. De manera similar, sin el judaísmo, no habríamos tenido el cristianismo, pero eso no merece darle mucha importancia al judaísmo al escribir la historia del mundo. El tema crucial es lo que hizo el cristianismo con su legado judío. Esta idea puede conmocionar y molestar a muchos israelíes, quienes son educados para pensar que el judaísmo es el héroe central de la historia humana.

Los niños israelíes generalmente terminan sus 12 años escolares sin recibir una imagen clara de los procesos históricos globales. Aunque aprenden sobre el Imperio Romano, la Revolución Francesa y la Segunda Guerra Mundial, estos rompecabezas aislados no se suman a ninguna narración general. En cambio, la única historia coherente ofrecida por el sistema escolar israelí comienza con la Biblia hebrea, continua hasta la era del Segundo Templo, salta a varias comunidades judías en la Diáspora, y culmina con el surgimiento del sionismo, el Holocausto y el establecimiento del Estado de Israel. La mayoría de los estudiantes terminan la escuela, convencidos de que esta debe ser la trama principal de toda la historia humana. Incluso cuando los alumnos escuchan sobre el Imperio Romano o la Revolución Francesa, la discusión en clase se centra en la forma en que el Imperio Romano trató a los judíos o en el estado legal y político de los judíos en la República Francesa. A las personas alimentadas con una tal dieta histórica les cuesta mucho asimilar la idea de que el judaísmo, de hecho, tuvo un impacto relativamente pequeño en el mundo en general.

Iom Kippur por Isidor Kaufmann (antes de 1907). En esta foto de archivo del domingo 14 de marzo de 2010, un judío ultraortodoxo escribe algunas de las últimas palabras en un rollo de la Torá antes de que sea llevado del Muro Occidental a la sinagoga…

Iom Kippur por Isidor Kaufmann (antes de 1907). En esta foto de archivo del domingo 14 de marzo de 2010, un judío ultraortodoxo escribe algunas de las últimas palabras en un rollo de la Torá antes de que sea llevado del Muro Occidental a la sinagoga de Hurva en Dan Balilty de Jerusalén, AP.

No hace falta decir que el pueblo judío es un pueblo singular con una historia asombrosa (aunque esto es cierto para la mayoría de los pueblos). De manera similar, huelga decir que la tradición judía está llena de profundos conocimientos y nobles valores (aunque también está llena de algunas ideas cuestionables y de actitudes racistas, misóginas y homofóbicas). También es cierto que, en relación con su tamaño, el pueblo judío ha tenido un impacto desproporcionado en la historia de los últimos 2.000 años. Pero cuando nos fijamos en el panorama general de nuestra historia como especie, desde la aparición del Homo Sapiens hace más de 100.000 años, es obvio que la contribución judía a la historia fue muy limitada. Los humanos se asentaron en todo el planeta, adoptaron la agricultura, construyeron las primeras ciudades e inventaron la escritura y el dinero, miles de años antes de la aparición del judaísmo.

Incluso en los últimos dos milenios, si nos fijamos en la historia desde la perspectiva de los chinos o de los indios nativos americanos, es difícil ver una contribución judía importante, excepto a través de la mediación de cristianos o musulmanes. Por lo tanto, la Biblia hebrea finalmente se convirtió en una piedra angular de la cultura humana global porque fue muy bien acogida por el cristianismo. En contraste, el Talmud, cuya importancia para la cultura judía sobrepasa a la de la Biblia, fue rechazado por el cristianismo y, en consecuencia, siguió siendo un texto esotérico apenas conocido por los árabes, los polacos o los holandeses, sin mencionar a los chinos y los mayas. Aunque las comunidades judías que estudiaron el Talmud se extendieron por gran parte del mundo, no desempeñaron un papel clave en la construcción de los imperios chinos, en los primeros viajes modernos de descubrimiento, en el establecimiento del sistema democrático o en la Revolución Industrial. La moneda, la universidad, el parlamento, el banco, la brújula, la imprenta y la máquina de vapor fueron inventados por gentiles.

Ética antes de la Biblia

Los israelíes, a menudo, usan la expresión ‘las tres grandes religiones’, pensando que estas religiones son el cristianismo (2 mil millones de creyentes), el islam (1,5 mil millones) y el judaísmo (15 millones). El hinduismo, con sus mil millones de creyentes, y el budismo, con sus 500 millones de seguidores, sin mencionar la religión sintoísta (50 millones) y la religión sij (25 millones), no lograron estar incluidos. Este deformado concepto de las tres grandes religiones, a menudo implica, en la mente de los israelíes, que todas las principales tradiciones religiosas y éticas surgieron del útero del judaísmo, que fue la primera religión en predicar las reglas éticas universales. Como si los humanos, antes de los días de Abraham y Moisés, vivieran en un estado de naturaleza hobbesiano, sin ningún compromiso moral, y como si toda la moralidad contemporánea derivara de los Diez Mandamientos. Esta es una idea infundada y algo racista, que ignora muchas de las tradiciones éticas más importantes del mundo.

Las tribus cazadoras-recolectoras de la Edad de Piedra tenían códigos morales decenas de miles de años antes de Abraham. Cuando los primeros colonos europeos llegaron a Australia, a fines del siglo XVIII, se encontraron con tribus aborígenes que tenían una cosmovisión ética bien desarrollada, a pesar de ser totalmente ignorantes de Moisés, Jesús o Mahoma. De hecho, los científicos, hoy en día, señalan que la moralidad tiene raíces evolutivas, y que está presente en la mayoría de los mamíferos sociales, como los lobos, los delfines y los monos. Por ejemplo, cuando los cachorros de lobo juegan entre sí, tienen reglas de juego justas. Si un cachorro muerde demasiado fuerte, o continúa mordiendo a un oponente que se ha volteado sobre su espalda y se ha rendido, los otros cachorros dejarán de jugar con él.

En un divertido experimento, el primatólogo Frans de Waal colocó dos monos capuchinos en dos jaulas adyacentes, para que cada uno pudiera ver todo lo que el otro estaba haciendo. De Waal y sus colegas colocaron pequeñas piedras dentro de cada jaula, y entrenaron a los monos para que les dieran estas piedras. Cada vez que un mono entregaba una piedra, recibía comida a cambio. Al principio, la recompensa fue un pepino. Ambos monos estaban muy contentos con eso, y comían felizmente su pepino.

Australianos aborígenes. En el siglo XVIII tenían un mundo ético bien desarrollado, a pesar de ignorar a Moisés, Jesús y Mahoma. Mark Graham, AP

Australianos aborígenes. En el siglo XVIII tenían un mundo ético bien desarrollado, a pesar de ignorar a Moisés, Jesús y Mahoma. Mark Graham, AP

Después de algunas rondas, De Waal pasó a la siguiente etapa del experimento. Esta vez, cuando el primer mono entregó una piedra, obtuvo una uva. Las uvas son mucho más sabrosas que los pepinos. Sin embargo, cuando el segundo mono entregó una piedra, siguió recibiendo sólo un pepino. El segundo mono, que previamente había sido muy feliz con su pepino, se indignó. Tomó el pepino, lo miró por un momento con incredulidad, y luego se lo arrojó a los científicos con ira, saltando y chillando. No es tonto. La igualdad y la justicia social fueron valores centrales en la sociedad de los monos capuchinos cientos de miles de años antes de que el profeta Amos se quejara de las élites sociales: No oprimas a los pobres ni a los necesitados (Amos 4: 1), y antes de que el profeta Jeremías predicara no oprimir al extranjero, al huérfano o a la viuda (Jeremías 7:6).

Incluso entre los Homo Sapiens que vivían en el antiguo Medio Oriente, los profetas bíblicos tenían precedentes. ‘No asesinarás’ y ‘No robarás’ eran bien conocidos en los códigos legales y éticos de las ciudades estado de Sumeria, del Egipto faraónico y del Imperio babilónico. Mil años antes que Amos y Jeremías, el rey babilonio Hammurabi explicó que los grandes dioses le instruyeron para que prevalezca la justicia en la tierra, para erradicar a los perversos y a los malvados, para evitar que los fuertes opriman a los débiles.

Mientras tanto, en Egipto, siglos antes del nacimiento de Moisés, los escribas anotaron la historia del campesino elocuente, que cuenta acerca de un campesino pobre cuya propiedad fue robada por un codicioso terrateniente. El campesino se presentó ante los funcionarios corruptos del Faraón, y como no lo protegieron, comenzó a explicarles por qué deben hacer justicia y, en particular, defender a los pobres de los ricos. En una colorida alegoría, este campesino egipcio explicó que las escasas posesiones de los pobres son como su propio aliento, y la corrupción oficial los sofoca al obstruirles el pasaje del aire por sus narices.

Muchas leyes bíblicas copian reglas que eran aceptadas en Mesopotamia, Egipto y Canaán siglos, e incluso milenios, antes del establecimiento de los reinos de Judea e Israel. Si el judaísmo bíblico dio a estas leyes un giro único, fue al convertirlas de normas universales en códigos tribales dirigidas principalmente al pueblo judío.

La moralidad judía se formó inicialmente como un asunto tribal exclusivo, y permaneció así, de algún modo, hasta el siglo XXI. La Biblia, el Talmud y muchos rabinos, aunque no todos, sostuvieron que la vida de un judío es más valiosa que la vida de un gentil, razón por la cual, por ejemplo, los judíos pueden profanar el Shabat para salvar a un judío de la muerte, pero está prohibido hacerlo si se trata meramente de salvar a un gentil (Talmud de Babilonia, Yoma, 84:2).

Algunos sabios judíos argumentaron que incluso el famoso mandamiento ‘amarás a tu prójimo como a ti mismo’ se refiere únicamente a los judíos, y no hay ningún mandamiento de amar a los gentiles. De hecho, el texto original del Levítico dice: ‘no busques venganza ni le guardes rencor a nadie entre tu pueblo, sino que ames a tu prójimo como a ti mismo’ (Levítico 19:18), lo que hace sospechar que ‘nuestro prójimo’ se refiere solamente a miembros de nuestra gente.

Fueron solo los cristianos quienes seleccionaron algunos trozos del código moral judío, los convirtieron en mandamientos universales y los difundieron por todo el mundo. De hecho, el cristianismo se separó del judaísmo precisamente por esa razón. Mientras que muchos judíos hasta el día de hoy creen que la llamada gente de Hosen está más cerca de Dios que otras naciones, el fundador del cristianismo, San Pablo Apóstol, estipuló en su famosa Epístola a los Gálatas que aquí no se es ni judío ni gentil, ni esclavo ni libre, ni se es varón ni hembra, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús (Gálatas 3:28).

Una estatua de Buda tibetano. El budismo se encuentra entre un puñado de religiones que han influido en miles de millones, para bien o para mal. Vivek Prakash, Reuters

Una estatua de Buda tibetano. El budismo se encuentra entre un puñado de religiones que han influido en miles de millones, para bien o para mal. Vivek Prakash, Reuters

Y debemos enfatizar nuevamente que, a pesar del enorme impacto del cristianismo, esta no fue definitivamente la primera vez que un ser humano predicó una ética universal. La Biblia está lejos de ser la fuente exclusiva de la moralidad humana (y por suerte, teniendo en cuenta las muchas actitudes racistas, misóginas y homofóbicas que contiene). Confucio, Lao Tse, Buda y Mahavira establecieron códigos éticos universales mucho antes que Pablo y Jesús, sin saber nada sobre la tierra de Canaán o los profetas de Israel. Unos 500 años antes que el rabino Hillel el Viejo, Confucio enseñaba que cada persona debe amar a los demás como se ama a sí mismo. Y en una época en que el judaísmo aún ordenaba el sacrificio de animales y el exterminio sistemático de poblaciones humanas enteras (los amalekitas y los cananeos), Buda y Mahavira ya instruían a sus seguidores a evitar dañar no solo a todos los seres humanos, sino a cualquier ser sensible, incluido insectos.

Física judía, biología cristiana

Recién en los siglos XIX y XX vemos una verdadera contribución judía realmente extraordinaria para el conjunto de la humanidad, a saber, el papel de los judíos en la ciencia moderna. Además de nombres tan conocidos como Einstein y Freud, alrededor del 20 por ciento de todos los ganadores del Premio Nobel en ciencias han sido judíos, aunque los judíos constituyen menos del 0,2 por ciento de la población mundial. Pero debe enfatizarse que esto ha sido una contribución de judíos individuales más que del judaísmo como una religión o una cultura. La mayoría de los científicos judíos importantes de los últimos 200 años actuaron fuera de la esfera religiosa judía. De hecho, los judíos comenzaron a hacer su notable contribución a la ciencia una vez que abandonaron las yeshivas a favor de los laboratorios.

Sigmund Freud en su sala de trabajo en 1938.

Sigmund Freud en su sala de trabajo en 1938.

Antes de 1800, el impacto judío en la ciencia era limitado. Naturalmente, los judíos no desempeñaron un papel significativo en el progreso de la ciencia en China, en la India o en la civilización maya. En Europa y Medio Oriente, algunos pensadores judíos, tales como Maimónides, tuvieron una influencia significativa en sus colegas gentiles, pero el impacto judío en general era más o menos proporcional a su peso demográfico. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, el judaísmo no fue instrumental para el estallido de la revolución científica. A excepción de Spinoza (que fue excomulgado por sus dificultades con la comunidad judía), no puede nombrarse a un solo judío que fuera fundamental para el nacimiento de la física, la química, la biología o las ciencias sociales modernas. No sabemos qué estaban haciendo los ancestros de Einstein en tiempos de Galileo y Newton, pero con toda probabilidad estaban mucho más interesados n estudiar el Talmud que en estudiar la luz y la gravedad.

El gran cambio ocurrió recién en los siglos XIX y XX, cuando la secularización y el movimiento de la Ilustración judía hicieron que muchos judíos adoptaran la cosmovisión y el estilo de vida de sus vecinos gentiles. Los judíos comenzaron a unirse a las universidades y centros de investigación de países como Alemania, Francia y los Estados Unidos. Los eruditos judíos trajeron de los guetos y shtetls legados culturales importantes. El valor central de la educación en la cultura judía fue una de las razones principales del extraordinario éxito de los científicos judíos.

Otros factores incluyeron el deseo de una minoría perseguida de demostrar su valía y a las barreras que impedían a los talentosos judíos progresar en otras instituciones antisemitas, como el ejército y la administración estatal.

Sin embargo, aunque los científicos judíos trajeron con ellos la excelente disciplina de las yeshivas y una profunda fe en el valor del conocimiento, es difícil decir que también trajeron un bagaje útil de ideas y puntos de vista concretos. Einstein era judío, pero la teoría de la relatividad no era física judía. ¿Qué tiene que ver la fe en lo sagrado de la Torá con la idea de que la energía es igual a la masa multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado? En aras de comparación, Darwin era cristiano e incluso comenzó sus estudios en Cambridge con la intención de convertirse en sacerdote anglicano. ¿Implica esto que la teoría de la evolución es una teoría cristiana? Sería ridículo enumerar la teoría de la relatividad como una contribución judía a la humanidad, así como sería ridículo atribuirle al cristianismo la teoría de la evolución.

El físico Albert Einstein (1879 - 1955) de pie junto a una pizarra con cálculos matemáticos escritos con tiza. Hulton Archive, Getty Images

El físico Albert Einstein (1879 - 1955) de pie junto a una pizarra con cálculos matemáticos escritos con tiza. Hulton Archive, Getty Images

De manera similar, es difícil ver algo particularmente judío en la invención del proceso para sintetizar amoníaco por Fritz Haber (Premio Nobel de Química, 1918); en el descubrimiento del antibiótico estreptomicina por Selman Waksman (Premio Nobel de Fisiología o Medicina, 1952); o en el descubrimiento de los cuasi cristales por Dan Shechtman (Premio Nobel de Química, 2011). En el caso de los eruditos de las humanidades y las ciencias sociales como Sigmund Freud, sus herencias judías tal vez tuvieron un impacto más profundo en sus ideas. Sin embargo, incluso en estos casos, las discontinuidades son más evidentes que los vínculos supervivientes. Los puntos de vista de Freud sobre la psique humana eran muy diferentes de los del rabino Joseph Caro o el rabino Yojanan ben Zakkai, y no descubrió el complejo de Edipo al leer detenidamente el Shuljan Aruj (el código de la ley judía) o la Mishná.

Para resumir, el énfasis judío en la educación y el aprendizaje probablemente hizo una importante contribución al éxito excepcional de los científicos judíos. Sin embargo, fueron pensadores gentiles los que sentaron las bases para los logros de Einstein, Haber y Freud. La Revolución Científica no fue un proyecto judío, y los judíos encontraron su lugar en ella solo cuando se mudaron de las yeshivas a las universidades. De hecho, el hábito judío de buscar respuestas a todas las preguntas leyendo textos antiguos fue un obstáculo muy significativo para la integración judía en el mundo de la ciencia moderna, donde las respuestas provienen de observaciones y experimentos. Si hubo algo acerca de la religión judía que necesariamente conduce a avances científicos, ¿por qué entre 1905 y 1933, 10 judíos alemanes seculares ganaron los Premios Nobel en química, medicina y física, pero durante el mismo período ni un solo judío ultraortodoxo o un solo judío búlgaro o yemenita ganó un Premio Nobel?

Para que no sea sospechoso de ser un judío auto-odioso y antisemita, me gustaría enfatizar que no estoy diciendo que el judaísmo era una religión particularmente malvada o ignorante. Todo lo que digo es que no fue particularmente importante para la historia de la humanidad. Durante muchos siglos, el judaísmo fue la religión humilde de una pequeña minoría perseguida que prefería leer y contemplar en lugar de construir imperios y quemar a los herejes en la hoguera.

Los antisemitas suelen pensar que los judíos son muy importantes. Los antisemitas imaginan que los judíos controlan el mundo, o el sistema bancario, o al menos los medios de comunicación, y que tienen la culpa de todo, desde el calentamiento global hasta los ataques del 11 de septiembre.

A los antisemitas les diría: Supérenlo. Los judíos pueden ser personas muy interesantes, pero cuando se mira el panorama general, deben darse cuenta de que han tenido un impacto muy limitado en el mundo. A lo largo de la historia, los seres humanos hemos creado cientos de diferentes religiones y sectas. Un puñado de ellas, el cristianismo, el islamismo, el hinduismo, el confucianismo y el budismo influyeron en miles de millones de personas (no siempre para lo mejor).

La gran mayoría de los credos como la religión Bon, la religión Yoruba y la religión judía tuvieron un impacto mucho menor. Uno de los valores centrales y más bellos del judaísmo es la modestia. Haríamos bien en tomar este valor en serio.

El profesor Yuval Noah Harari imparte clases en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Es el autor de Sapiens: Una breve historia de la humanidad, y de Homo Deus: Una breve historia del futuro (de próxima aparición en inglés). Su website: www.ynharari.com

Traducido para Generaciones de la Shoá por José Blumenfeld

 

Los polacos recularon. Esa y otras cosas para pensar.

10 de Julio de 1941. Sucedió en Jedwabne

10 de Julio de 1941. Sucedió en Jedwabne

(Para Mundo Israelita en su número especial de Pésaj)

Recularon. Unos días después de que el aluvión indignado de protestas cayera sobre ellos, la Liga Polaca contra la Difamación y el Reducto del Buen Nombre (no es invento mío, se llaman así), enviaron un mail a todos los que hemos levantado la voz. Dicen allí que su reacción adversa e indignada no fue debido a la nota publicada sobre la masacre de Jedwabne, sino a la foto que la ilustraba. En lugar de ser una foto de lo sucedido en 1941, era una de 1950 que muestra a soldados independentistas polacos asesinados por agentes soviéticos. Algunos adjetivos del autor de la nota que arrojaban sombras sobre los buenos polacos de siempre al denominarlos verdugos, asesinos o monstruos parecen no molestarles ya como decían al principio.

Cito sus propias palabras:

“El Reducto no está exigiendo cambios en el texto de Federico Pavlovsky y, por lo tanto, no niega el crimen en Jedwabne, sino que exige disculpas en relación con la manipulación de la fotografía que ilustra el texto y que ofende la memoria de los soldados que luchaban contra los comunistas”.

Expresan luego su profunda ofensa porque algunos medios argentinos los han calificado como nacionalistas, revisionistas, negacionistas, e incluso, fascistas. Esa parte me pone muy contenta porque es, en principio, una buena noticia que consideren a esas calificaciones como ofensas. Obviamente una foto mal elegida ofende al susceptible nacionalismo polaco y al señalarla como falsa deja abierta la sospecha de que alguna otra cosa de la nota también lo sea.

Página 12 inmediatamente cambió la foto en su web site y ahora ilustra la nota el monumento erigido en Jedwabne vandalizado con cruces esváticas. Una buena foto que subraya los conceptos del artículo.

En el interín, he recibido cientos de mails y mensajes de total coincidencia con mi manifiesto en el que pedía que Polonia me denunciara también a mí. Y que me crucificara, como habían hecho los romanos con aquel otro judío que decía cosas que no les gustaban. Las cartas me contaban historias de familiares, de abuelos y bisabuelos, que habían traído a la Argentina su resentimiento sobre lo vivido en tierras polacas. Muchos decían que, como en la película El último traje, la palabra misma, Polonia, había quedado como una mala palabra. Que habían renunciado a hablar el idioma, que nunca de los nuncas jamases querrían pisar ese suelo y que de ninguna manera solicitarían el pasaporte y que si lo tenían, lo quemarían en señal de protesta. Hubo mensajes más ponderados, claro está, pero los anti polacos crudos y extremos fueron los más como si aquella memoria y emoción de sus mayores siguiera palpitando con la misma fuerza del pasado.

Esta secuencia de sucesos me ha abierto varias reflexiones que comparto ahora acá.

Respecto de los defensores del “buen nombre polaco” me pregunto ¿cuál habrá sido el proceso interno de los miembros del reducto (repito: no es invento, se llama reducto), de estos reductores? ¿Qué presiones u órdenes recibieron para retroceder de esa manera?. ¿Quién y cómo los convencieron de no declararse nacionalistas o fascistas? ¿A qué propósito político beneficia este recule? Por otra parte, no veo ninguna palabra de pesar o arrepentimiento en el texto de los herederos de los perpetradores por los asesinatos cometidos.

Las reacciones en nuestro medio, fueron tan unánimes que evidentemente el tema tocó un nervio muy sensible. La parte buena fue que ante el ataque volvimos a ser un colectivo homogéneo, al menos un ratito. Me impresionó cuánto del histórico antisemitismo polaco padecido seguía vivo como hace 100 años en nuestro imaginario judío. Es como si la identidad judeo-polaca tuviera al antisemitismo como un integrante esencial tan hondamente incorporado que polaco y antisemita pasaron a ser sinónimos. El tema merece un mayor desarrollo que dejo para otro momento.

Pero si el partido gobernante actual fuera antisemita, es preciso señalar que el gobierno no son todos los polacos. Hay otros. Hay voces disidentes, periodistas, docentes e intelectuales en proceso de revisión de los lavados de cerebro soviéticos que decían que judíos y polacos habían sido víctimas de los nazis de igual manera. Hay académicos que imparten clases de Estudios Judíos en las universidades y alumnos, ninguno judío, que asisten a ellas y aprenden idish para leer los textos en idioma original. Está el Museo Polin inaugurado hace poco en terrenos donde estaba el gueto de Varsovia, un museo que muestra y cuenta los mil años de vida judía en Polonia, visita obligada de todas las escuelas del país y con importantes programas educativos. La impronta del gobierno polaco actual, más que antisemita -que los hay-, es manifiestamente nacionalista por ello sostiene y enarbola el glorioso heroísmo polaco como bandera de unión e identidad.

¿Qué quiero decir? ¿Que Polonia es un paraíso para los judíos y que nunca nos trataron mal allí? No. De ninguna manera. Todo lo que decían aquellos inmigrantes fue verdad, su dolor, sus heridas fueron fruto del antisemitismo más crudo. Me atrevo a decir, incluso, que hay un núcleo de antisemitismo en Polonia tan vivo hoy como entonces y que harán falta varias generaciones de personas como estos jóvenes que se atreven a revisar el pasado, a aceptar sus culpas y responsabilidades, para que vuelva a ser un lugar en el que aquel judío que desee vivir allí pueda hacerlo en paz.

Pero nosotros, los judíos, no podemos hacer lo mismo que nos hicieron a nosotros. No podemos usar los “todos”, “nadie”, “siempre” y “nunca”. Vivimos en carne propia las consecuencia de las generalizaciones, el “todos los judíos son….” ha costado la muerte a millones. Nosotros, más que nadie, tenemos la obligación moral de ponderar, de evaluar, de ver y respetar las diferencias, de no prejuzgar, acusar y sentenciar antes de saber.

Me parece, obviamente que la reciente ley promulgada en Polonia que prohíbe decir que el gobierno polaco tuvo responsabilidad en el exterminio del pueblo judío, es un flagrante atentado contra la libertad de expresión, un retroceso inaudito en este momento del mundo en el que las redes sociales y el universo de internet hacen imposible frenar nada que se quiera decir. Es como querer parar una catarata con las manos. Además de antidemocrático, es absurdo.

Pero parte de los fundamentos de la ley son correctos. Polonia fue ocupada por Alemania en 1939, su gobierno desmantelado. Exiliado en Londres, el Gobierno Polaco en el Exilio fue profundamente anti nazi y no tuvo complicidad ni responsabilidad alguna con el exterminio del pueblo judío.

Fue diferente con los individuos, los polacos particulares que fueron cómplices, ladrones, denunciadores, sobornadores, usurpadores, en suma, culpables. Fueron personas individuales, no el gobierno. Por eso cuando dicen que están hartos de oír hablar de “campos de concentración polacos” les asiste la razón. Polonia no existía como país, la parte ocupada por Alemania fue dividida en el Warthegau - la Región del río Warthe- y el General Gouvernement -el Gobierno General-. En 1941 se extendió hacia el este con la ocupación del territorio que había estado bajo la órbita soviética. Los campos de concentración fueron instalados, creados y administrados por alemanes, ubicados en lo que había sido Polonia antes de la ocupación.

Y si pensamos en acusar a gobiernos, acusemos a los gobiernos de Francia, Austria, Italia y Hungría por mencionar unos pocos, gobiernos que se aliaron con el Eje del Mal, cómplices concretos en el exterminio de los judíos. No escuché a ningún francés, austríaco o italiano que se niegue a pisar su tierra o que renuncie a su pasaporte de la Comunidad Europea para expresar su indignación por lo que hizo el gobierno de su país durante la Shoá.

Resulta altamente preocupante esta ola nacionalista y xenófoba que parece estar inundando al mundo. Polonia no está sola. Los cientos de miles de refugiados que golpean las puertas de la civilizada y sofisticada Europa son el pretexto para que vuelva a sobrevolar aquel tufo pestilente a fascismo que parecía haber desaparecido pero que volvió a la vida de manera dolorosa y sorpresiva.

Que en este Pésaj, la fiesta de la justicia y la libertad, mantengamos abierto el alerta mientras comemos echados sobre almohadones como reyes. ¡Atención al  tronar que anuncia borrascas y tempestades! ¡Am Israel Jai! ¡Am Humanidad Jai!

¿Los judíos ashkenazis son más inteligentes?

¿Por qué el coeficiente intelectual de los judíos ashkenazi es tan alto? - Veinte posibles explicaciones. Por Hank Pellissier Los judíos ashkenazi son inteligentes. En general asombrosamente brillantes,. Impresionantes en capacidad mental. ¿Cómo lo lograron?

Los judíos ashkenazi, también conocido como askenazíes, son los descendientes de los judíos de Alsacia medieval y del valle del Rin y, más tarde, de toda Europa Oriental. Originalmente, por supuesto, eran de Israel. La investigación genética de la Escuela de Medicina Albert Einstein sugiere que el linaje asquenazí es una ramificación, hace 2.500 años, de otros grupos judíos de Israel, y que el 40% de ellos son descendientes de sólo cuatro madres judías. Aproximadamente el 80% de los Judíos del mundo de hoy son askenazíes, y el resto principalmente sefardí.

Los investigadores que estudian a los askenazíes están de acuerdo en que los hijos de Abraham están en la parte superior de la tabla de coeficiente intelectual. Steven Pinker – que, en 2007, pronunció una conferencia sobre "Los Judíos, los Genes y la Inteligencia" - dice que "Su coeficiente intelectual promedio se ha medido en 108-115". Richard Lynn, autor de "La Inteligencia de los Judíos de Estados Unidos" de 2004, dice que es "sólo" un poco más alto que el promedio: 107,5. Henry Harpending, Jason Hardy y Gregory Cochran, autores del informe de investigación de 2005 de la Universidad de Utah, "Historia Natural de la Inteligencia de los Ashkenazi", afirma que sus sujetos, "marcan desviaciones estándar de 0,75 a 1,0 por encima de la media general europea, que corresponde a un coeficiente intelectual de 112 a 115”. Charles Murray, en su ensayo de 2007 "El Genio Judío", dice "su promedio está en algún lugar en el rango de 107 a 115, siendo 110 un plausible valor".

Un coeficiente intelectual judío promedio de 115 es 8 puntos mayor que el coeficiente intelectual generalmente aceptado de sus más cercanos rivales – los asiáticos nororientales - y aproximadamente 40% más alto que el coeficiente intelectual promedio mundial de 79,1 calculado por Richard Lynn y Tatu Vanhanen en Coeficiente intelectual e Inequidad Global.

Además, considérese esta sorprendente perlita: las puntuaciones del coeficiente intelectual ashkenazi "visual-espacial" son sólo mediocres; en un estudio su promedio en esta categoría estuvo por debajo del promedio 98. Superan esta predisposición llegando a cifras astronómicas en "coeficiente intelectual verbal", que incluye razonamiento verbal, comprensión, memoria de trabajo y habilidad matemática; una encuesta de 1958 de estudiantes de yeshiva encontró un coeficiente intelectual verbal promedio de 125,6.

¿Qué significa que los askenazíes tienen un alto coeficiente intelectual, en términos de producción de "genios"? Con su población tan pequeña - un mero 0,25% del total mundial - ¿hace alguna importante diferencia? La respuesta es SÍ. Se utiliza una "curva de campana" [curva de Gauss] para ilustrar el percentil del índice de inteligencia en un grupo específico - en una "población general", donde el coeficiente intelectual promedio es 100, la curva asume estas proporciones:

Coeficiente intelectual menor de 70 - 2,5%

Coeficiente intelectual entre 70 y 85 - 12.5%

Coeficiente intelectual entre 86 y 100 - 35%

Coeficiente intelectual entre 101 y 115 - 35%

Coeficiente intelectual entre 116 y 130 - 12.5%

Coeficiente intelectual mayor de 130 - 2,5%

Aplicando la misma curva de campana para los ashkenazim, pero con un incremento de 17 puntos en el coeficiente intelectual promedio (usando la cifra de De La Oportunidad a la Elección) se obtiene el coeficiente Intelectual modificado a continuación:

Coeficiente intelectual menor de 87 - 2,5%

Coeficiente intelectual entre 88 y 102 - 12.5%

Coeficiente intelectual entre 103 - 117 - 35%

Coeficiente intelectual entre 118 y 132 - 35%

Coeficiente intelectual entre 133 y 148 - 12.5%

Coeficiente intelectual mayor que 148 - 2,5%

Este desplazamiento hacia arriba de la curva de campana por más de una desviación estándar (15 puntos) significa que los ashkenazim son, más de cinco veces, elegibles para Mensa (coeficiente intelectual mínimo 130) y tienen, más de cinco veces, el coeficiente intelectual promedio de un graduado de la Ivy League.

En realidad, los askenazíes están matriculados en la Ivy League en una proporción diez veces mayor que su número; por ejemplo representan el 30% de los estudiantes de Yale, el 27% de Harvard, el 23% de Brown, el 32% de Columbia, y el 31% de Pennsylvania.

 

Esto sugiere que, o bien la "curva de campana" fue levantada un poco más para los Ashkenazi en la parte alta o hay factores adicionales que mejoran su aptitud para tener éxito. En cuanto a la primera posibilidad, Charles Murray señala que "la proporción de judíos con un coeficiente intelectual de 140 o mayor es de alrededor de seis veces la proporción de todos los demás". Harpending, Hardy y Cochran tienen más o menos la misma ecuación; "4 de cada 1.000 europeos del norte tienen un coeficiente intelectual mayor de 140, pero 23 de cada 1.000 judíos tienen 140 o más". Murray también transmite un informe de la parte alta, en el rango de genio, cuando señala que una encuesta de 1954 de los niños de las escuelas públicas de Nueva York con coeficiente Intelectual mayor de 170 reveló que 24 de los 28 eran judíos.

Ahora que he establecido que los ashkenazi tienen coeficientes intelectuales superlativos, veamos lo que han logrado con sus cerebros altamente funcionales.

En el siglo XIX, Mark Twain señaló que:

[Los judíos] son peculiar y conspicuamente la aristocracia intelectual del mundo... las contribuciones [judías] a la lista mundial de los grandes nombres de la literatura, la ciencia, el arte, la música, las finanzas, la medicina y los estudios abstrusos, están muy fuera de proporción respecto de la flaqueza de su cantidad. Han luchado maravillosamente en este mundo... y lo han hecho con las manos atadas a la espalda.

El comentario de Twain no está fechado. Después de su declaración, los judíos ashkenazi continuaron superando mentalmente otros datos demográficos, a menudo sufriendo terribles consecuencias por su trabajo. He aquí una breve lista de logros ashkenazi en los últimos 90 años.

Premios Nobel: Desde 1950, el 29% de los premios han sido para ashkenazim, a pesar de que representan sólo una pequeña fracción de la humanidad. Los logros ashkenazi en esta área son 117 veces mayores que su porcentaje en la población. Este ritmo no se está desacelerando; se está acelerando. En el siglo XXI, han recibido el 32% del total, y en 2011, cinco de los trece ganadores del Premio Nobel fueron judíos - 38,5%.

Hungría en la década de 1930: Los askenazíes eran el 6% de la población, pero componían el 55,7% de los médicos, el 49,2% de los abogados, el 30,4% de los ingenieros y el 59,4% de los funcionarios de bancos; además eran dueños del 49,4% de la industria metalúrgica, del 41,6% de las fábricas de maquinaria, del 72,8% de la fabricación de prendas de vestir, y, como propietarios de viviendas, recibían el 45,1% de los ingresos por alquiler de Budapest. Los judíos eran similarmente exitosos en los países vecinos, como Polonia y Alemania.

"Cifras significativas": En "El Genio Judío", de Charles Murray, el autor hace un recuento de personas importantes que contribuyen en una variedad de vocaciones, observando cuán inmensamente sobre representados están los judíos, comparado con lo que podría esperarse debido a su escasa población. Su conclusión, en diversas categorías es: Biología - judíos "significativos" aparecen multiplicando por 5 el porcentaje de su población, Química por 6, Física por 9, Literatura por 4, Música por 5, Artes Visuales por 5, Matemáticas por 12, Filosofía por 14.2

EE.UU. (hoy): Los judíos ashkenazi comprenden el 2,2% de la población de EE.UU., pero representan el 30% de los profesores en las universidades de élite, el 21% de los estudiantes de la Ivy League y el 25% de los ganadores del Premio Turing. Además, "Los judíos son más del 50% de los doscientos principales intelectuales... el 40% de los socios en las principales firmas de abogados de Nueva York y Washington... el 59% de los directores, escritores y productores de las cincuenta películas más taquilleras…"

Israel: En el año 1922 estas pantanosas y desérticas tierras tenían una población empobrecida de 752.000 habitantes. Hoy en día hay 7.746.000 habitantes, con una gran población ashkenazi (3 millones y el 60% de la fuerza laboral) que han elevado a Israel a una nación emprendedora de alta tecnología con el mayor ingreso per cápita de la región. Israel está primero en el mundo en estudios de postgrado, 1o en museos, 1o en computadoras personales, y 1o en publicación de artículos científicos.

Personalmente, creo que la estadística del Premio Nobel es la más asombrosa. Considere esto: si todo el mundo en el planeta fuera judío ashkenazi, el resultado sería que habría 117 veces más individuos de la envergadura de ganador del Premio Nobel, con 117 veces más de logros espectaculares, ¿por año? ¡SINGULARIDAD INSTANTÁNEA! Sin ninguna ayuda de Inteligencia Artificial...

Los logros judíos sefardíes están representados en muchas de las categorías anteriores, especialmente en las estadísticas del Premio Nobel. Cuando este artículo fue publicado inicialmente - en una versión más corta, el 7 de agosto de 2011, por el Instituto para la Ética en la Tecnología Emergente (ieet.org) – los judíos sefardíes expresaron cierta perturbación porque fueron omitidos en el ensayo. Con esta demasiada breve lista de notables de su linaje, me gustaría reconocer la inmensa contribución de los judíos sefardíes:

Elias Canetti (Premio Nobel de Literatura, 1981), Tobias Michael Carel Asser (Premio Nobel de la Paz, 1911), Rene Cassin (Premio Nobel de la Paz, 1968), Franco Modigliani (Premio Nobel de Economía, 1985), Francois Jacob (Premio Nobel de Medicina/Fisiología, 1965), Salvador Luria (Premio Nobel de Medicina/Fisiología, 1969), Baruj Benacerraf (Premio Nobel en Medicina/Fisiología, 1980), Rita Levi-Montalcini (Premio Nobel de Medicina/Fisiología, 1986), Emilio Segre (Premio Nobel de Física, 1959), Claude Cohen-Tannoudj (Premio Nobel de Física, 1997), además del filósofo Jacques Derrida, el economista/filántropo Bernard Baruch, el pintor Amedeo Modigliani, y Benjamin Disraeli, el Primer Ministro Británico.

En la época medieval, los logros sefardíes fueron también bastante significativos. En la Introducción a la Historia de la Ciencia, de George Sarton, el autor señala que 95 de entre 626 científicos del mundo, entre 1150 y 1300, fueron judíos sefarditas - 15% - muy por encima de su proporción en la población.

Sin embargo, cuando en la actualidad se registra el coeficiente intelectual sefardí, las sumas no son más altas que la media del norte europeo, y definitivamente no son tan elevadas como las de los ashkenazi.

Prosigamos. Con los hechos que he presentado, sólo el lector más obtuso puede oponerse a mi dictamen de que los judíos ashkenazi son, en promedio, extraordinariamente inteligentes. No estoy reivindicando la especificidad cognitiva ashkenazi porque soy filo-semita, o sionista, o pro-israelí. Lo señalo porque es una verdad irrefutable.

Dicho esto, la pregunta que mi ensayo trata de desentrañar es... ¿Por qué? ¿Por qué el coeficiente intelectual de los judíos ashkenazi es tan alto? ¿Es debido a su genética, al medio ambiente, a la cultura, a la educación, o a una singular combinación de múltiples factores?

En mi primera publicación de este ensayo, proporcioné ocho razones para el elevado coeficiente intelectual ashkenazi. Pero entonces, recibí un aluvión de sugerencias por correo electrónico (muchas de profesores) brindándome información adicional. En este ensayo ampliado, están ahora enumeradas veinte teorías, y he tratado de dar a mis fuentes el crédito que merecen, a pesar de que - en varios casos - no tengo sus nombres reales, sólo sus apodos de chat de Internet. Aquí está mi nueva lista - muchas relacionados entre sí – presentada aproximadamente en orden cronológico:

Eugenesia babilónica - En el año 586 AEC, Jerusalén fue totalmente destruida por los babilonios, encabezados por su monarca Nabucodonosor, que "llevaron al exilio... a todos los funcionarios y combatientes, y a todos los hombres con oficio y artesanos [judíos]... sólo quedaron los más pobres del país" (Reyes 24:10-14). Los Indestructibles Judíos, de Max Dimont, define a los deportados como "la flor de la aristocracia y los intelectuales de Judea".

Los judíos exiliados de esta primera diáspora se convirtieron en altamente exitosos en Babilonia. Dimont afirma: "En las bibliotecas de Babilonia, los intelectuales judíos encontraron un nuevo mundo de nuevas ideas. En cinco décadas, los judíos exiliados se mecían en la superficie de los niveles más altos de la sociedad babilónica, en empresas de negocios, en el mundo académico, en los círculos de la corte. Se convirtieron en líderes en el comercio, en hombres del saber, en asesores de reyes".

En el año 538 AEC, el rey persa Ciro el Grande concedió el permiso para que los judíos regresaran a su tierra natal. Judíos ricos - que habían establecido rutas comerciales exitosas y empresas en Babilonia – financiaron a los fervientes repatriados que querían volver a asentarse en Judea. Los primeros intentos fracasaron pero, con el tiempo, 1.760 colonos dirigidos por el profeta Ezra y el gobernador Nehemías reconstruyeron el muro de Jerusalén y resucitaron la nación. Estos judíos "babilonios" que regresaron a Israel descubrieron que sus hermanos más pobres, que hacía medio siglo se habían quedado, se habían escurrido hacia la asimilación, esfumándose en los credos paganos vecinos. Cyril Darlington, en su libro La Evolución del Hombre y la Sociedad, sugiere que la separación temporaria de la elite judía, y la remoción permanente de las personas sin educación y no calificadas, proporcionaron un impulso genético intelectual al judaísmo.

Los judíos que regresaron instituyeron también dos costumbres que mejoraron la solidez mental del futuro de su cultura. Se hizo cumplir la prohibición de los matrimonios mixtos con gentiles, y los primeros cinco libros de Moisés fueron canonizados como la Torá.

Pueblo del Complejo Libro: La Torá (los cinco primeros libros de la Biblia judía) y el Talmud (registros de discusiones rabínicas) son intelectualmente complejos y sofisticados. Se requiere de los practicantes del judaísmo que aprendan y estudien las extensas y mentalmente rigurosas leyes. El contenido temático de los pasajes de las Escrituras no es simplista o literal, está, por el contrario, diseñado para la comprensión en múltiples, metafóricos y abstractos niveles. La fe ciega y la devoción servil, alentada por otras religiones, no es conducente para el judaísmo. En cambio, el culto en el antiguo monoteísmo exige habilidades de alfabetización significativas debido a las demandas cognitivas de los textos, con una tradición que sostiene que la comprensión del Talmud exige "estudiar siete horas diarias durante siete años". Charles Murray señala que "ninguna otra religión demanda tanto de todo el conjunto de sus creyentes", con el consiguiente comentario que "el judaísmo evolucionó de tal manera que ser un buen judío significaba que un hombre tenía que ser inteligente".

Higiene y Dieta Saludable:ElProfesor Sam Lehman-Wilzig de la Universidad Bar-Ilan de Israel me proporcionó esta teoría. Su sugerencia se basa en el hecho de que - debido a sus prácticas habituales - los judíos probablemente disfrutaron de una mejor higiene que los gentiles. Señala el lavado de las manos judío antes de cada comida, el baño de los hombres por lo menos una vez a la semana en la "mikve" (una casa de baños de purificación), y el baño de las mujeres por lo menos una vez al mes, después del fin de su menstruación. También señala que la restricción a la carne de cerdo impidió que los judíos contrajeran triquinosis. (Víctimas famosas de esta enfermedad parasitaria incluyen a Gautama Buda y Wolfgang Mozart). Con menores tasas de enfermedades, los cuerpos judíos no habrían sufrido tanto como los cuerpos gentiles y esto habría mejorado sus capacidades mentales.

Esta noción se ha reiterado en otro lugar. En 1953, la investigación del farmacólogo de la Universidad Johns Hopkins, David I. Macht supuso que todas las decenas de artículos cárneos prohibidos por las leyes dietéticas judías en Deuteronomio y Levítico son, de hecho, más perjudiciales que la carne kosher, que estaba permitida. Además, en el último libro de la Supervivencia de los Más Enfermos, el escritor Sharon Moalem sugiere que los judíos, quitando toda la levadura de sus casas durante Pesaj, ayudaron a mantener fuera a las ratas que propagaron la peste bubónica en el siglo XIII. Por último, pero no menos importante, los judíos ashkenazi ricos de Europa oriental que habitaban en casas más grandes, habrían sobrevivido epidemias más fácilmente porque no sufrieron la misma alta tasa de infección múltiple que se producía en casas más pequeñas con mayor hacinamiento.

La amplia correlación entre un alto coeficiente intelectual y dieta sana, enfermedades infecciosas, sanidad y hacinamiento hogareño, es examinada a través de estudios de investigación, en los últimos capítulos de este libro, particularmente en "Primeros Años".

Énfasis en la Educación Desde AEC - Jeremías Unterman de Jerusalén me informó que la Torá ordena a cada padre judío enseñar la Torá a sus hijos, y Marisa Landau señala, en una discusión en futurepundit.com del 4/06/05, que la religión judía prohibe mantener analfabetos a los niños. Además, Landau informa que las mujeres judías aprendían a leer y escribir, un fenómeno que era único en el mundo antiguo. Landau menciona también que había una vieja costumbre entre los judíos, la de proporcionar una pensión completa - de hasta 10 años - a un yerno inteligente que deseaba dedicarse por completo al estudio. Los judíos, parece, inventaron la noción de "becas".

En la época medieval, el monje francés Pedro Abelardo (1079-1142) escribió esto acerca de la educación judía: "Un Judío, por más pobre que sea, aunque tenga diez hijos, les dará instrucción, no por ganancia como hacen los cristianos, sino para la comprensión de la ley de Dios. Y no sólo a sus hijos, también a sus hijas”.

Escuelas Obligatorias Para Varones - En el año 64 AEC, el sumo sacerdote Josué ben Gamla emitió e implementó una ordenanza obligando a la escolaridad para todos los niños a partir de los 6 años. En 100 años, los judíos habían establecido la alfabetización universal masculina y la aritmética, la primera etnia en la historia en lograr esto.

El progresista y exigente edicto produjo un enorme cambio demográfico. El a menudo prohibitivo costo de educar a los niños, en la economía de subsistencia agrícola de los siglos II al IV, motivó que numerosos judíos se convirtieran voluntariamente al cristianismo, lo que llevó a una disminución de la población judía de 4.500.000 a 1.200.000.

La "eugenesia" natural favoreció a dos grupos por esta situación: 1) a los hijos de los ricos, aparentemente judíos más inteligentes, que podrían proporcionar una mayor financiación para las escuelas que mantuvieron a su prole como judíos, y, 2) a los chicos más inteligentes que podrían aprender rápidamente a leer, escribir y aritmética a un ritmo en el que podían permitirse "permanecer judíos".

¿Quién quedó fuera? ¿Fuera del acervo genético? Respuesta: los más pobres, judíos sin educación, y/o aquellos con el más bajo coeficiente intelectual.

Ascenso a la Categoría Urbana – En el siglo I DEC el 80-90% de los judíos eran agricultores. Pero, para el año 1000 DEC, sólo el 10-20% se mantuvo en la agricultura. La educación requerida por la ordenanza de Joshua ben Gamla proveyó de habilidades verbales y matemáticas a los niños judíos, permitiéndoles salir de la vida rural de subsistencia hacia las profesiones urbanas altamente calificadas, implicando ventas, comercio y transacciones financieras.

Pasar de un entorno pastoral a las ciudades pone en marcha un impulso del coeficiente intelectual, debido al aumento de la complejidad, la alfabetización y la tecnología del urbanismo. Un estudio de la Universidad Nacional de Hanoi de 2006 mostró una enorme diferencia de 19,4 puntos del coeficiente intelectual entre estudiantes de la ciudad y del campo. Una encuesta de 1970 en Grecia registró una diferencia de 10 a 13 puntos. Otros estudios señalan diferencias más pequeñas de sólo 2-6 puntos, pero en todos los casos, los residentes urbanos siempre obtienen mejores calificaciones, y los judíos son una de las etnias más largamente urbanizadas del mundo.

Dialéctica y Pensamiento Racional – El Dr. Sam Lehman-Wilzig me informó que uno de los enfoques del aprendizaje judío digno de mención es la "dialéctica". El Talmud en sí no es un "código legal", sino un enorme compendio de DISCUSIONES. Los judíos son estimulados a ver un problema con diferentes perspectivas y se les enseña a cuestionar todo, incluida la Ley, la lógica del rabino, y el propio sistema de creencias. Los rabinos desarrollaron principios argumentativos, todo un sistema de cuestionamiento que los judíos han utilizado durante 2.000 años, tanto en debates religiosos como seculares.

La dialéctica no fue un invento "judío": Fue una técnica de aprendizaje que los judíos tomaron prestada y adaptaron de la filosofía griega; la síntesis es una 'metodología socrática judía'. Las huellas de la influencia griega son evidentes en el Seder de Pesaj, en el que el padre judío está reclinado sobre una almohada (similar a los griegos), mientras que el niño judío más joven hace Cuatro Preguntas. Este método de aprendizaje fue único en la Edad Media, en comparación con las tradiciones 'autoritarias' de la Europa católica.

El Dr. Sanford Aranoff, Profesor de Ciencias y Matemáticas de la Universidad Rider, me transmitió un mensaje similar. En su opinión, el judaísmo se basa en los principios del pensamiento racional. (El pensamiento racional comienza con principios claramente establecidos, continúa con deducciones lógicas, y luego examina la evidencia empírica para modificar, posiblemente, los principios).

Las habilidades analíticas y estratégicas desarrolladas, tanto por la dialéctica judía como por el pensamiento crítico, son un componente importante de los test de coeficiente intelectual, y son esenciales en las carreras jurídicas, académicas, científicas y de ingeniería.

Los Clérigos Inteligentes Procrean: Una importante diferencia entre el catolicismo y el judaísmo es que los sacerdotes han sido célibes desde que el Concilio de Cartago del siglo cuarto decretó que se abstengan de las relaciones conyugales, mientras que los rabinos judíos siempre han sido alentados a casarse y multiplicarse. En la Edad Media esto dio lugar a la depresión masiva del coeficiente intelectual de los católicos, porque sus chicos más brillantes y académicamente dotados eran usualmente encerrados en seminarios que desperdiciaban su acervo genético. Mientras tanto... los doctos y escolásticos rabinos judíos se casaban con mujeres inteligentes y creaban grandes e inteligentes familias. Tres volúmenes que analizan este fenómeno son Anarquía, Estado y Utopía de Robert Novick, La Mística Judía de Ernst Vandenberg, y Una Historia de los Judíos de Paul Johnson.

Procrear Cerebros:

"Nuestros rabinos enseñan, Permítasele a un hombre que venda todo lo que tiene y se case con la hija de un hombre culto. Si no puede encontrar a la hija de un hombre culto, permítasele casarse con la hija de uno de los grandes hombres de su época. Si no encuentra una así, permítasele casarse con la hija de uno de los dirigentes de la congregación, o, en su defecto, con la hija de un recaudador de la caridad, o incluso con la hija de un maestro de escuela; pero no se le permita casarse con la hija de un analfabeto, porque los ignorantes son una abominación, como también sus esposas y sus hijas". P'sachim, fol. 49, col. 2.

Textos judaicos como el de arriba enfatizan reiteradamente que el conocimiento y la inteligencia son virtudes supremas, siendo la ignorancia el lastre más grosero. Siguiendo esta máxima, los judíos mejoraron su acervo genético para la inteligencia. En Una Historia de los Judíos, el escritor Paul Johnson señala que, "entre los judíos las personas más inteligentes siempre han sido muy valoradas y buscadas como esposos, de modo que procrearan y difundieran sus buenos genes". Charles Murray observó otra tendencia en la formación de parejas, cuando señala que "al casar a hijos de estudiosos con hijos de comerciantes exitosos, los judíos estaban, prácticamente, uniendo a los seleccionados por la capacidad de razonamiento abstracto con los seleccionados por la inteligencia práctica".

 

Mientras tanto, los católicos se casaban por razones "de clase", inclinándose por ganancias aristocráticas de sangre azul que no tenían ningún vínculo con la inteligencia. También se deseaba la fuerza física y el valor de valientes caballeros en el campo de batalla - esta exaltación del músculo sobre el cerebro, igualmente, no hizo nada para incrementar el coeficiente intelectual colectivo de esa religión.

Idiomas del Comercio: Los comerciantes Ashkenazi difundían sus mercancías sobre una vasta área, originalmente en las regiones islámicas, pero más tarde internacionalmente – desde el caucho de Brasil hasta la seda de China. Para prosperar en el intercambio, memorizaban múltiples idiomas. La tribu sin estado, de todos modos, necesitaba variada fluidez para comunicarse en tierras adoptivas con sus vecinos que hablaban alemán, polaco, letón, lituano, húngaro, ruso, ucraniano, francés, holandés, etc.

El ashkenazi desarrolló una "fusión" lingüística: el yiddish (alemán, hebreo, arameo, además de otras lenguas eslavas y un toque de romance). En su mejor momento - antes de la Segunda Guerra Mundial – el yiddish era hablado por 13 millones de personas. El políglota lenguaje produjo una ejemplar cultura en la literatura, el teatro y el cine.

Hoy los neurólogos reconocen que el aprendizaje de varios idiomas mejora la memoria, la flexibilidad mental, la resolución de problemas, el pensamiento abstracto, y la formulación de hipótesis originales. Las explicaciones de los beneficios abundan; Recomiendo prestar atención al video, "El Bilingüismo Sobrealimenta el Cerebro de su Bebé".

Restringidos a la Brillantez: Entre 800 y 1700 DEC, los judíos de Europa fueron excluidos oficialmente de las ocupaciones "comunes", como la agricultura, De hecho, por lo general no se les permitió poseer tierras. Las restricciones obligaron a los ashkenazim, durante 900 años, a dedicarse a las profesiones urbanas que eran cognitivamente más exigentes, como el comercio, la contabilidad, las ventas y la inversión. La habitual prohibición cristiana contra el cobro de intereses por préstamos de dinero - prohibido como "usura" - ayudó a abrir las ocupaciones bancarias y financieras para los judíos. Los registros históricos revelan que el 80% de los judíos de Roussilon, en el sur de Francia, en 1270, eran prestamistas.

Más tarde, después de que fueran expulsados ​​de Europa occidental, los ashkenazim fueron bienvenidos en Polonia como inversores urbanos e iniciadores del comercio que podrían ayudar a modernizar la nación. También eran muy demandados para puestos de dirección de nivel medio porque tenían habilidades matemáticas y de administración de empresas.

Los askenazíes que no eran, matemática y verbalmente, lo suficientemente versados para tener éxito en estos trabajos de "cuello blanco" se alejaron del judaísmo – los de bajo coeficiente intelectual fueron hechos a un lado. Por el contrario, los comerciantes más exitosos y los contadores formaron familias más numerosas, legando una proporción cada vez mayor de cerebros algebraicos.

Esparcidos Por la Persecución: Los askenazíes más inteligentes y/o ricos estaban mejor equipados para escapar de las inquisiciones, pogromos, persecuciones, holocaustos y otras amenazas genocidas porque: 1) podían permitirse el lujo de emigrar; 2) podían predecir la necesidad de hacerlo; y 3) tenían oportunidades sociales y económicas en los países a los que huyeron. Los ashkenazi más pobres, menos conectados y menos astutos mermaron inexorablemente.

La reiterada aniquilación, expulsión y huida del pueblo judío es universalmente conocida. La primera diáspora de Babilonia ya ha sido mencionada. Una segunda diáspora es comúnmente considerada como una serie de dispersiones desde Israel después del fracaso de las revueltas judías contra el Imperio Romano entre el año 70 DEC hasta 135 DEC. En 629 DEC, el rey Dagoberto de los francos ordenó a los judíos a convertirse, abandonar su tierra o enfrentar ejecución. La Primera Cruzada, 1096-1099 DEC, masacró cruelmente a miles de ashkenazi, un estimado del 25%. Los judíos fueron expulsados ​​de Inglaterra en 1290, de Francia en 1394 y de partes de Alemania en el siglo XV. Los pogromos en el Imperio Ruso, en el siglo XIX y principios del siglo XX, asesinaron a un considerable número de judíos, y el Holocausto, instigado por Adolf Hitler, condujo al genocidio de aproximadamente seis millones, principalmente ashkenazi.

Cuándo y dónde fuere que comenzara la persecución, era más probable que los judíos escaparan si podían pagar su salida, o si eran lo suficientemente ricos como para tener caballos, carruajes, empleados como guardias, parientes ricos a dónde huir, y amigos en "elevados puestos". Frecuentemente, un alto coeficiente intelectual ha sido correlacionado con el éxito económico.

Genio Enfermo: Los askenazíes son presa de alrededor de diecinueve enfermedades genéticas debilitantes, y se ha conjeturado que varias de ellas podrían tener "efectos secundarios" cognitivos que pueden mejorar la inteligencia. Muchos de los trastornos pueden matar o debilitar seriamente a los que tienen dos copias del gen, pero si se hereda sólo una, se obtiene una "ventaja heterocigótica" que puede incluir la promoción del crecimiento de las neuronas y acelerar la interconexión de las células cerebrales. Por ejemplo, tener sólo uno de los alelos de Tay-Sachs y Niemann-Pick - GM2 gangliósido - podría aumentar moderadamente el crecimiento de las dendritas.

Otra dolencia ashkenazi es la enfermedad de Gaucher, que parece promover el crecimiento axonal y la ramificación. Un estudio descubrió que 255 empleados, pacientes de la enfermedad de Gaucher en el Shaare Zedek Medical Centre de Jerusalén, tenían ocupaciones que requieren un coeficiente intelectual superior a 120, y el 15% eran científicos. Otra encuesta de askenazíes con distonía de torsión reveló un coeficiente intelectual promedio de 121.

Entrevisté a Gregory Cochran por correo electrónico; es co-autor del informe de investigación de la Universidad de Utah de 2005, "Historia Natural de la Inteligencia Ashkenazi". En sus palabras, "cualquier estímulo del coeficiente intelectual debido a la enfermedad de Gaucher de menos de 10 a 15 puntos [sería] una ganga [pero] podría ser así de grande para la distonía de torsión: todos los que los han tratado se maravillan de lo agudos que son... [Sin embargo] en nuestra opinión sólo una fracción [del incremento del coeficiente intelectual ashkenazi] se debe a mutaciones particulares como Gaucher". En otra entrevista, Cochran precisó las fracciones como "Uno de cada dos mil askenazi, a lo sumo, porta una mutación de Tay-Sachs y una mutación de Gaucher, las dos más comunes".

Después de residir con vecinos de Europa oriental durante más de un milenio, los ashkenazim no son una etnia aislada. Mientras que muchos observadores sugieren que son 30% europeos, un estudio de la Universidad Emory concluyó que los investigadores "pudieron estimar que entre el 35 y el 55 por ciento del moderno genoma ashkenazi proviene de ascendencia europea".

Pensamiento Positivo - Aubrey Max Sandman, PhD, un ingeniero eléctrico de Londres, me envió un correo electrónico afirmando que la actitud positiva es lo que cuenta, no la genética. Su opinión es que los no judíos no trabajan tan duro como los judíos para alcanzar su máximo potencial.

En la actualidad, el "pensamiento positivo" eleva efectivamente el coeficiente intelectual. Una investigación de 2011 en la Universidad del Estado de Michigan reveló que la "actitud" de un sujeto provoca una diferencia en la inteligencia, porque su actitud determina si reacciona, en relación a sus errores, de forma productiva o auto-destructiva. El informe será publicado en un próximo número de la revista Psychological Science, espero que con los datos específicos graficando los incrementos del coeficiente intelectual.

Jaque Mate: El ajedrez ha sido históricamente una actividad altamente favorecida entre los askenazíes; una revista de 1905 lo describió como el "Juego Nacional Judío". Casi el 50% de los grandes maestros son ashkenazi. Las habilidades visuales, de organización y estratégicas requeridas por el ajedrez desarrollan el precúneo en el lóbulo parietal superior y el núcleo caudado, una parte de los ganglios basales en la región subcortical. Es cierto que estas ventajas no son hereditarias, pero los jóvenes que practican el juego pueden incrementar su almacenamiento de memoria, la planificación estratégica y el coeficiente intelectual.

Información adicional sobre los beneficios del ajedrez se puede encontrar en mi capítulo posterior, "Los Años de la Escuela."

Mentes Melódicas: La música ha sido venerada en las tradiciones religiosas de los judíos durante 3.000 años. Los Klezmer "alcanzaron un nivel muy alto de sofisticación y ornamentación", según el Instituto de Música Judía, y los compositores e instrumentistas ashkenazi contribuyen enormemente a la música clásica occidental (un sitio web de historia declara… "Los Judíos ´Poseen’ el Violín”). ¿Siglos de práctica dieron sus frutos? Hoy los investigadores creen que la formación musical optimiza el desarrollo de las neuronas y mejora la función del cerebro en matemáticas, análisis, memoria, creatividad, manejo del estrés, concentración, motivación y ciencia.

Información adicional sobre los beneficios de la formación musical puede encontrarse en los siguientes capítulos: "Primeros Años" y "Años de Escolaridad".

Familias Acomodadas y Apoyadoras, Con Grandes Expectativas: En el nivel neurológico, el éxito promueve el éxito. La victoria produce un torrente de dopamina, un neurotransmisor que activa la motivación para obtener más logros. Los niños ashkenazi generalmente entienden que son capaces de un alto rendimiento, y son instados a desarrollar sus habilidades para contribuir a la humanidad.

¿Es necesaria una severa disciplina para producir estos resultados? Los ashkenazim han desalentado dar nalgadas a sus hijos; parecen ser suficientes fuertes lazos familiares, estímulo incesante y duro y concentrado trabajo en excelentes instituciones.

También son importantes los ingresos disponibles que les permitan a los hijos estudiar y desarrollarse intelectualmente; la riqueza también permite el acceso a escuelas de élite. Las encuestas indican que los judíos estadounidenses tienen casi el doble de ingresos que los no judíos, además de que tienen 2,5 veces más bienes de capital. ¿El resultado? El judío estadounidense promedio recibe 2,5 años más de educación. Incluso durante la Edad Media muchos judíos eran, en estatus económico, de clase media y alta, una condición que aseguraba una buena educación para sus hijos.

¿El Untermensch Se Va a Otra Parte? Un comentarista judío de más de 40 años de edad, de la ciudad de Nueva York, con la nomenclatura "ASAMATTEROFFACT" me informó que - en su opinión – los ashkenazi que carecen de una gran inteligencia y creatividad terminan sintiéndose inferiores. Él cree que esto a la larga conduce al "untermensch" que se casa fuera de la tribu. Sólo el ubermensch permanece para reproducirse. Su punto de vista fue repetido por otro colaborador - Efox"- quien declaró que los judíos menos inteligentes incapaces de ser su propio "Sacerdote” inevitablemente abandonan el judaísmo para unirse a otra religión.

Rabinos Empáticos - Un comentarista que se identificó como "zeev from jew york city" me informó que muchos rabinos eran "Einsteins de la Empatía" - increíblemente amables, pacientes, cariñosos y comprensivos hacia otros seres humanos. Los "empáticos" de alto nivel afectan a sus congregaciones, haciendo que sus vidas sean mejores y promoviendo sus ambiciones e iniciativas.

En posteriores capítulos ("Primeros Años" y "Años de Escolaridad") analizo los beneficios para el mayor coeficiente intelectual del "Apoyo Emocional" y la "Eficacia de los Maestros" - dos dones que, sin duda, fueron proporcionados por rabinos compasivos.

¿Miedo al Antisemitismo? - El comentarista "Morris Wise", después de leer mi artículo original en el sitio web instapundit.com, expuso una posición paranoica. En su opinión, los judíos son motivados ​​para alcanzar altos éxitos académicos, logros profesionales y riqueza, porque quieren sentirse seguros, protegidos y aislados de los sentimientos anti-judíos de la comunidad exterior. Este punto de vista puede, por supuesto, estar justificado por la larga historia de resentimiento y persecución que los judíos han experimentado.

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¡Veinte explicaciones para el alto coeficiente intelectual ashkenazi! ¿Mi opinión? ¿En cuanto al cuádruple? Son posiblemente todos correctos, y valiosos para reflexionar. Sin embargo, los que me parecen más interesantes son los factores "ambientales" que son accesibles a toda la humanidad.

Me pregunto: si los pueblos del mundo, realmente, queremos logros intelectuales de alto nivel, ¿por qué no jugamos al ajedrez con nuestros hijos en las noches, en lugar de arrojarlos a un violento video juego? ¿Por qué no podemos escuchar sus composiciones de música clásica durante el fin de semana, en lugar de instarlos a tener conmociones cerebrales en el campo de fútbol? ¿Un "programa alimentario" no es en realidad una excelente idea, en la cultura estadounidense con su 33,5% de obesidad en adultos? ¿Por qué no les proporcionamos excelentes escuelas, los persuadimos a aprender la gramática extranjera, y los convencemos de creer en sus capacidades y ampliarlas, en lugar de obligarlos a soportar años de mediocridad educativa y sin esperar nada en cambio, sino lo mismo?

Si toda la humanidad adoptara las mejores características disponibles de las culturas exitosas, como la ashkenazi, ¿podríamos, en conjunto, beneficiarnos enormemente? ¿Podríamos aprender más rápidamente, con mayor profundidad y producir mayores maravillas? ¿Nos convertiríamos en destacados en lugar de personas que no desarrollan su potencial?

¿Si promoviéramos conductas de alto coeficiente intelectual para los seres humanos en todas partes, en todo el mundo, todos… nos destacaríamos? ¿Mejores seres humanos?

Traducción de José Blumenfeld

 

Testimonio Rudolf Hoess

El psiquiatra norteamericano León Goldensohn entrevistó en los primeros meses de 1946 a los nazis detenidos en espera de ser juzgados. Escribió un libro con fragmentos de sus diálogos con los criminales. De entre todos, el que más impresionante y revelador (por su lenguaje técnico desprovisto de emoción al hablar de exterminio, cadáveres y procedimientos) es el de Rudolf Höss, tomado en abril de 1946, parte del cual se transcribe a continuación.

La Gobernación General originalmente pensó en Auschwitz como campo de cuarentena para los polacos. En principio, los polacos irían a campos de concentración dentro del Reich y Auschwitz sería un lugar de cuarentena transitorio donde los prisioneros estarían unas semanas para ver si tenían enfermedades contagiosas como tifus o fiebres maculares.

El sitio exacto en el que estaba el campo era cerca de la ciudad de Auschwitz. Anteriormente había sido un complejo de cuarteles de artillería del ejército polaco. Me dieron la orden de que los internos tenían que cultivar los campos y cuidar las granjas colindantes. Era un trabajo duro porque el territorio que lo rodeaba se inundaba con frecuencia y era una tierra muy pobre.

Hasta 1918 Auschwitz fue parte de Austria y Silesia. Entonces pasó a ser polaca. Estaba en la frontera de Galitzia, a sesenta km de Cracovia, se consideraba integrante de la nueva provincia de Alta Silesia.

Yo llegué a Auschwitz en mayo de 1940 y llevé conmigo un grupo de 30 internos del campo de concentración de Sachsenhausen en el que yo había sido primer ayudante y luego comandante. Cuando llegué, en Auschwitz solo había un par de cuarteles vacíos.

Entonces empezaron a llegar internos polacos al campo de concentración que venían de los territorios de la Gobernación General y de otros territorios polacos. En aquella época, Auschwitz se convirtió en un campo para gente que había participado en el movimiento de resistencia polaco. El primer año se ejecutó a muy poca gente, solo a los que habían sido condenados a muerte por la Gestapo y por las unidades de la SS.

El campo estaba destrozado y yo supervisé la reconstrucción de las casas y los cuarteles y lo preparé para alojar a 20.000 internos pero en los primeros meses solo recibimos unos pocos.

En la primavera de 1941 Himmler vino en visita de inspección. Me ordenó ampliar el campo lo máximo posible y ordenó al administrador general del Partido, Fritz Bracht, que estaba presente y era el responsable de la zona, que pusiera a mi disposición todo el territorio que tenía unas 5.000 hectáreas. Ordenó que se construyeran grandes talleres en el propio campo, por ejemplo, talleres de carpintería y maquinarias.

Se me ordenó entonces que desecara las zonas pantanosas, que construyera explotaciones agrícolas modelo y que desarrollase la agricultura al máximo. Se me ordenó levantar un campo de prisioneros de guerra que pudiese alojar a 100.000 personas en Birkenau, un lugar a 3 km del campo original. La población de la zona que comprendía unos 7 pueblos, fue evacuada y enviada a la ciudad de Auschwitz. Todos los que pudieron ser empleados en fábricas o en el ferrocarril se quedaron en Auschwitz pero el resto, que eran sobre todo agricultores, se fueron a trabajar a la Gobernación General en otros lugares.

Los 100.000 prisioneros de guerra del campo de Birkenau nunca llegaron y posteriormente se descartó el proyecto.

En el verano de 1941 me llamaron a Berlín para que una reunión con Himmler. Me dio la orden de construir campos de exterminio. Le puedo casi decir las palabras de Himmler literalmente: “El Führer ha decretado la Solución Final para el problema judío. Nosotros, las SS, tenemos que ejecutar los planes. Es un trabajo duro, pero si no se lleva a cabo inmediatamente, en lugar de que nosotros exterminemos a los judíos, los judíos exterminarán a los alemanes en una fecha posterior”.

Esa fue la explicación de Himmler. A continuación me explicó por qué había seleccionado Auschwitz. Ya existían campos de exterminio en el este, pero no podían realizar una acción de exterminio a gran escala. Himmler no me podía dar un número exacto, pero me dijo que en su momento Eichmann se pondría en contacto conmigo y me diría algo más al respecto. Me mantendría informado sobre cómo se efectuaría el transporte y cuestiones similares.

Himmler me ordenó que enviase planes precisos de las ideas que se me ocurrieran para llevar a cabo el programa de exterminio en Auschwitz. Se suponía que yo inspeccionaría un campo en el este, llamado Treblinka para aprender de los errores que se cometían allí.

Unas semanas después, Eichmann me visitó en Auschwitz y me dijo que los primeros trenes de la Gobernación General y de Eslovaquia estaban al llegar. Añadió que esa acción no podía ser retrasada por ninguna circunstancia para que no surgiesen dificultades técnicas de ningún tipo porque había que mantener a toda costa los planes de transporte.

Mientras tanto yo había inspeccionado el campo de exterminio de Treblinka, situado cerca del río Bug, en el territorio de la Gobernación General. Treblinka consistía en unos pocos cuarteles y en una vía muerta de tren, que previamente había formado parte de una cantera. Yo inspeccioné las cámaras de exterminio que había allí. Esas cámaras eran de madera y cemento; cada una del tamaño de esta celda (unos 2,5 x 3,5 metros) pero el techo era más bajo que el de esta celda. A los lados de las cámaras de exterminio se situaban los motores encendidos de viejos tanques o de camiones y los gases que salían de los motores se dirigían a las celdas a través de los tubos de escape y así era cómo exterminaban a la gente.

-¿a cuánta gente a la vez?

No se lo podría decir exactamente pero calculé que en cada cámara se podían meter a unas 200 personas de una vez, se les empujaba adentro y quedaban los unos pegados a los otros.

-¿hombres, mujeres y niños?

Sí, pero se les llevaba por separado, es decir, los hombres eran exterminados en las mismas cámaras pero a intervalos distintos.

-Usted tiene esta celda para usted solo, 200 personas aquí estarían literalmente como sardinas en lata.

Sí, había que empujar la puerta para cerrarla bien y dentro se quedaban pegados, de pie.

-¿cuántas cámaras había en Treblinka?

Había 10, cada una construida con cubierta con planchas de metal. Las autoridades de Treblinka dejaban durante una hora a las personas adentro con los motores en marcha y a continuación abrían las puertas. Para entonces todos estaban muertos. En realidad no sé cuánto tardaba el gas en matarlos.

-¿Cómo sacaban los cuerpos?

Los sacaban los otros internos. Al principio los metían en fosas comunes en las canteras, más tarde, cuando yo fui, acababan de empezar a quemar los cadáveres en las canteras, a cielo abierto o en zanjas y también habían empezado a abrir las fosas comunes y a quemar los cuerpos que habían sido enterrados.

-¿Cuánto estuvo en Treblinka?

Solo unas pocas horas, después volví a Auschwitz.

Entonces fue cuando empezaron a llegar los primeros trenes a Auschwitz. Había convertido en cámaras de gas dos granjas viejas que quedaban algo apartadas del campo. Quité los muros que separaban las habitaciones y los que daban al exterior y los recubrí de hormigón para que no hubiera escapes. El primer transporte de la Gobernación General llegó allí. Se les mató con el gas Zyklon-B.

-¿Cuánta gente era exterminada a la vez en cada una de las granjas?

Höss miró al suelo, pensando durante un momento. Levantó su mirada y después e unos 30 segundos de silencio dijo:

En cada granja se podía gasear a la vez entre 1.800 y 2.000 personas. Las 2 granjas estaban separadas por una distancia de 600 metros. Estaban completamente cerradas al exterior por árboles y tapias.

-¿Con qué frecuencia se utilizaban?

Ocurría así: los trenes no llegaban al principio a diario, aunque a veces llegaban dos o tres trenes al día. Cada tren traía a unas 2.000 personas pero había periodos de entre 3 y 6 semanas en los que no llegaban transportes.

-¿Cuánto tiempo permanecían las personas en Auschwitz?

Nada, Una vía muerta llegaba hasta Birkenau y allí se vaciaban los trenes y se hacía la selección. Se separaba a los que podían trabajar de los que no podían.

-¿Qué criterio de selección se utilizaba?

Bueno, teníamos dos médicos de la SS. Las personas simplemente pasaban por delante y los médicos juzgaban en función de su aspecto, edad y fortaleza física.

-De un tren de aproximadamente 2.000 personas, ¿cuántas se salvaban para trabajar?

En todos esos años yo creo que alrededor de 20 ó 30% valían para trabajar.

-Y entonces, ¿qué pasaba?

Los que no valían se iban hacia las granjas que estaban a cerca de 1 km. Una vez allí se les hacía desnudarse. Al principio era al aire libre, habíamos colocado unas vallas de paja y de ramas para evitar que los vieran los mirones. Pero después construimos cobertizos. Pusimos carteles grandes que decían “A la desinfección” o “Baños”. Era para que la gente creyera que solo iban a darse un baño o a ser desinfectados y así no tener dificultades técnicas en el proceso de exterminio.

Los internos que usábamos como intérpretes y como ayudantes en general les decían que tenían que tener cuidado con su ropa, que la dejasen en el suelo bien doblada par poder encontrarla cuando salieran del baño o de la desinfección. Esos internos ayudaban a que la gente se calmase contestando a sus preguntas de  una manera tranquilizadora y diciéndoles que en esas casas solo se iban a bañar.

Entonces se llevaba a la gente a las cámaras y los internos que les acompañaban entraban con ellos a las cámaras de exterminio para que estuviesen tranquilos al ver que los ayudantes entraban con ellos. Se hacía de tal modo que todas las cámaras se llenaban de gente a la vez. En el último momento cuando las cámaras estaban llenas, los internos que trabajaban para nosotros se escabullían, se cerraban las puertas herméticamente y se lanzaba el gas Zyklon-B a través de unas pequeñas aberturas.

-¿Se producían escenas de pánico entre la gente?

-Sí, a veces, pero en general, todo iba sobre ruedas, cada vez mejor conforme iba pasando el tiempo. Se exterminaba a los hombres en cámaras separadas y a las mujeres y niños juntos en la misma.

-¿cómo distinguían las edades de los niños?

-no le puedo decir, juzgábamos por el aspecto, algunos parecen adultos a los 15 años y otros a los 17. Sobre todo juzgábamos por la estatura.

-¿dice usted que los que no valían para trabajar eran ejecutados?

No exactamente, pero se puede considerar que la mayoría de los ejecutados no eran válidos para trabajar.

-¿por qué?

Los médicos que inspeccionaban a la gente vestida cuando salían de los trenes, también estaban presentes cuando se desnudaban antes del exterminio y a menudo comprobaban que la rápida selección que habían hecho antes había sido correcta porque, con pocas excepciones, las personas que habían seleccionado para el exterminio no podrían trabajar demasiado.

-no lo entiendo. ¿Dice usted que los médicos que hacían la selección estaban sentados en la vía muerta y que la gente pasaba delante de ellos completamente vestida?

Sí, pero lo que quiero decir es que los médicos también estaban presentes después, en el momento en que se desnudaban, justo al lado de las cámaras de gas, al aire libre y veían que su selección generalmente había sido muy precisa.

-¿cuánto tiempo tardaba el Zyklon-B en hacer efecto?

Después de todas las observaciones hechas a lo largo de estos años, creo que dependía del tiempo, del viento, de la temperatura, la efectividad del gas no era siempre la misma. Normalmente tardaba de 3 a 15 minutos en aniquilar a toda la gente, es decir, en que no quedasen signos de vida. En las granjas no teníamos mirillas y, a veces, al abrir las puertas después de pasar un considerable periodo de tiempo, todavía había signos de vida. Más tarde, en los crematorios y en las cámaras de gas de nueva construcción, diseñados por mí, teníamos mirillas y podíamos tener la certeza de que todas esas personas estaban muertas.

A la media hora, se abrían las puertas de las granjas. Había dos puertas, una en cada punta y se aireaba la habitación. Los trabajadores llevaban caretas antigás y arrastraban los cadáveres afuera de las habitaciones y, al principio. Los colocaban en fosas comunes.

Pensé que los crematorios podrían construirse muy rápidamente y lo que quería era quemar los cuerpos en fosas comunes en el crematorio, pero cuando vi que el crematorio no se podía construir tan pronto porque el número de los que llegaban para ser exterminados aumentaba sin cesar, empezamos a quemar los cuerpos en fosas comunes al aire libre como en Treblinka. Alternábamos capas de madera con capas de cadáveres. Para prender la pira usábamos un fardo de paja empapado en gasolina. Generalmente empezábamos a quemar la pira cuando tenía 5 capas de madera y 5 de cadáveres. Cuando el fuego estaba en su apogeo, se podían lanzar sin más a la pira los cadáveres frescos que llegaban de las cámaras de gas y se quemaban por sí solos.

En 1942 se terminaron unos crematorios más apropiados y el proceso en conjunto se pudo empezar a hacer en las nuevas edificaciones. Se construyeron nuevas vías de tren que llegaban hasta los crematorios. Se seleccionaba a la gente como antes, con la excepción de que los que no valían para trabajar iban al crematorio en lugar de marchar a las granjas. Era un edificio grande y moderno; había habitaciones para que se desnudasen y las cámaras de gas estaban en el sótano y el crematorio estaba más arriba, pero todo en el mismo edificio. Había 4 cámaras de gas en los sótanos; 2 muy grandes en las que cabían 2.000 personas y 2 más pequeñas que podían acoger a 1.600 personas. Las cámaras de gas se construyeron como una instalación de duchas, con las propias duchas, las tuberías de agua, algunos detalles de fontanería y un moderno sistema de ventilación eléctrica, de modo que después del gaseado la habitación podía ser ventilada mediante los aparatos de ventilación. Los cadáveres eran transportados al crematorio, que estaba encima, mediante montacargas. Había 5 hornos dobles.

En 24 horas se podía incinerar a 2.000 personas en los 5 hornos. Normalmente, conseguíamos incinerar solo a 1.800 cuerpos, o sea que siempre íbamos con retraso en la cremación porque como puede ver era mucho más fácil exterminar mediante gas que incinerar, que llevaba mucho más tiempo y más trabajo.

En la época culminante del proceso llegaban diariamente 2 ó 3 trenes, cada uno de ellos con alrededor de 2.000 personas. Esos fueron los tiempos más duros porque había que exterminarlos inmediatamente y las instalaciones para la incineración, incluso con los nuevos crematorios, no podían mantener el ritmo del exterminio.

-¿a cuántos mataron de ese modo?

No le puedo dar un número exacto. Las evidencias fueron destruidas. No había registros ni nombres de los que eran exterminados directamente e incluso se hacía un cálculo aproximado de los número. Sobre los últimos meses Eichmann tuvo que enviar un informe a Himmler y antes de ir a verlo me dijo que solo en Auschwitz se había gaseado a 2.500.000 de personas. Pero es totalmente imposible saber la cifra exacta.

-los que iban a trabajar eran exterminados más tarde?

No, solo los que morían de muerte natural, de enfermedades por ejemplo. Había epidemias de tifus constantemente debido a las masas de gente que había en el campo y a la falta de instalaciones de saneamiento que no se podían construir tan rápido como llegaba la gente. Calculo que alrededor de medio millón de personas murieron por epidemias.

-¿cuánta gente pasó por Auschwitz?

Es imposible saberlo. No tengo ni idea. Sé que en los años 1943 y 1944 tuvimos 144.000 internos trabajando en el campo. La mayoría de los que llegaban y no podían trabajar se los llevaban fuera de Auschwitz y no sé lo que era de ellos.

-he oído decir que se sacaban los dientes de oro de las personas exterminadas.

Sí, desde principios de 1942 se recibieron órdenes de instancias superiores de extraer todos los dientes de oro una vez que se sacaban los cuerpos de las cámaras de gas para enviarlos al departamento de Finanzas. Creo que desde allí se enviaban al tesorero.

-¿quién extraía los dientes de los muertos?

Los internos, en su mayoría dentistas que trabajaban allí. Normalmente siempre salvábamos de las cámaras de gas a los médicos, dentistas y enfermeras para utilizarlos en puestos técnicos.

-¿ cuántos alemanes trabajaban en Auschwitz?

En 1943, alrededor de diciembre cuando me fui, había 3.500 guardianes y alrededor 500 hombres como personal administrativo, incluidos los que supervisaban la sección de agricultura, laboratorios, cámaras de gas, crematorios, etc.

-¿cómo podían desconocer los alemanes lo que pasaba si solo en Auschwitz trabajaban 4.000 personas?

No le puedo contestar a eso porque no cabe duda de que entre muchos sectores de gente se sabía de sobra, pero se tomaron muchas precauciones. Por ejemplo, no salía en los periódicos; siempre usábamos al mismo personal para realizar el transporte; y casi todos los que trabajaban en Auschwitz tenían que hacer una declaración jurada de que no hablarían.

-en su opinión ¿usted es un sádico?

No, nunca le pegué a un interno en todo el tiempo que comandante. Cada vez que supe que un guardián era culpable de tratar con dureza a alguno de los internos intenté cambiarlo por otro.

-¿quién inventó las cámaras de gas?

Surgieron como consecuencia de la propia situación. Los tribunales traían a mucha gente que había que fusilar. Siempre estuve en contra de usar a los mismos hombres como pelotón de fusilamiento una y otra vez. En aquel período, mi jefe de campo, Karl Fritzsch, vino un día y me preguntó que por qué no intentaba ejecutar a la gente con el gas Zyklon-B. Hasta entonces se usaba solamente para desinfectar los barracones que estaban llenos de insectos, de pulgas, etc. Lo intenté con gente que estaba condenada a muerte en sus propias celdas y así es como surgió. Yo no quería más fusilamientos y en su lugar utilizamos las cámaras de gas.

-¿cuántos campos de concentración en Alemania o fuera de ella tenían cámaras de gas?

Mauthausen, Dachau, Auschwitz y en el este Treblinka. En Rusia usaban vagones de gas.

-¿y en Majdanek?

Tenían cámaras de gas temporales, pero ese campo estaba bajo el mandado de la Policía de Seguridad, de los Einsatzkommando y de la Policía de Seguridad. En Lublin había un campo de concentración que estaba bajo nuestra supervisión pero no era un campo de exterminio. Majdanek estaba cerca de la ciudad de Lublin y allí había un campo de exterminio bajo las órdenes del teniente general Globocnik que era el jefe político y de la SS de Lublin.

 

Rudolf Höss (o Hoess) fue sentenciado a muerte por el tribunal y colgado un año después de estas entrevistas, el 7 de abril de 1947.

Tomado de "Las entrevistas de Nurenberg" de León Goldensohn. Taurus Historia 2008.

 

 

UNA JUDÍA ACONSEJA A POLÍTICOS Y COMUNICADORES

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Si no han aprendido hasta ahora, es hora de que lo hagan y se ahorren problemas. Eviten mencionar a los judíos o a cualquier cosa atinente a nosotros. No se metan en problemas, es complicado. Cualquier cosa que digan puede sonar mal. Mencionando algo relacionado a los judíos –religión, holocausto, nazismo y así- sin saber bien de qué se está hablando puede traer consecuencias no buscadas. E inmediatamente se enciende un alerta y se disparan las sirenas. La cosa no es caprichosa ni aleatoria, tiene una explicación. Se trata de un secreto milenario: hemos desarrollado un dispositivo protector de transmisión oral, la ABEJA -sigla de Alarma Básica y Específica de Judeofobia Ambiente- que, a modo de sismógrafo sutil y sensiblemente calibrado, incorpora, estudia, evalúa y nos pone en guardia, ante el más mínimo atisbo de ignorancia o discriminación anti judía.  La ABEJA está siempre alerta, es una cuestión de supervivencia.

Aunque su necesidad tiene más de dos mil años, la ABEJA así como lo conocemos hoy –aunque más primitiva- tiene su origen en Europa. Nació en el siglo IV bajo el imperio de Constantino el que instaló a la Iglesia como religión del imperio e impuso a mis antepasados el rótulo de asesinos de Cristo. A partir de allí la ABEJA se fue perfeccionando durante los siglos de bulas papales y peleas feudales y principescas, que llevaron a la prohibición de poseer tierras, la imposición de ocuparse solo de finanzas, artesanías y comercio para después señalarnos como usureros. La ABEJA fue recalibrada durante las Cruzadas, con la difusión del libelo de sangre (que nos acusaba de secuestrar niños cristianos y desangrarlos para nuestros rituales demoníacos), tuvo otro momento rutilante en la Inquisición, las conversiones forzosas, las matanzas, las torturas, y luego en los exilios y las deambulaciones de mis tatarabuelos; sufrió un nuevo ajuste con las teorías raciales que condujeron al así llamado antisemitismo, y luego con el invento de los Protocolos de los Sabios de Sión, los pogromos asesinos que se llevaron a mis abuelos –la ABEJA había quedado desactualizada- hasta el final de fiesta a toda pompa y sangre que fue el nazismo y la Shoá donde se masacró a casi toda mi familia. Luego de eso la ABEJA, nuevamente perfeccionada, pareció haber alcanzado su calibración definitiva y hasta se creía que nunca más iba a ser necesaria. Pero no. Cuando los sobrevivientes se sacudían las cenizas que ensombrecían sus memorias y ya Israel era un sueño hecho realidad, aplaudido por todos mientras estaba en las malas, bastó que ganara su primer guerra, la de los Seis Días, para que la mirada benévola se volviera acusación. Los técnicos se abocaron a recalibrar nuevamente a la ABEJA ahora a un nuevo nivel: mientras nos dejamos matar, está bien, pero cuando decidimos que una parte de la tribu sea un país como cualquier otro, eso sí que no. El ajuste actual incluyó en consecuencia al antisionismo que enarbola el sucio dedo de la culpa señalándonos, pero con un evidente alivio, un “ya lo sabíamos, no son de fiar estos judíos”. La ABEJA revela en sus registros que el judeófobo  justifica así su mala conciencia y su odio ancestral. Y no digo que acuerde con el gobierno de Israel ni con lo que pasa allá, no tengo por qué defender ni justificar ni participar de sus decisiones. No los voté, soy argentina y voto acá. Aunque pertenezco a la misma tribu de los judíos que viven en Israel, no soy israelí, pero como de la misma tribu me afecta lo que allí suceda y me toca lo que de ello se diga aunque no sea responsable. (Israel es un país, no es “los judíos”). Sí, ya sé, no es fácil. Y la ABEJA hubo de ser ajustada nuevamente porque nos “toleran” mientras seamos débiles, víctimas, estudiosos, comerciantes o prestamistas, pero no somos “tolerados” si no nos dejamos matar, si queremos ser igual que cualquiera. Y llegamos al día de hoy con la nueva palabreja del mundo políticamente correcto, la tolerancia. Qué espantosa palabra, ¿no?. Se tolera al que no se quiere, al que no se acepta, al que se aguanta.

Y ni qué decir de las bombas a la embajada de Israel y a la mutual judía, el mayor atentado terrorista que sufrió la Argentina, cuando se dijo, otra vez con alivio, que murieron judíos e inocentes. La ABEJA tuvo mucho trabajo esos días y hubo de sufrir una nueva recalibración.

Por todo esto, queridos políticos K, no-K o anti-K, queridos candidatos a políticos, queridos asesores de los candidatos a políticos, queridos periodistas y comunicadores sociales, tengan cuidado cuando nos usan con ligereza en sus declaraciones. La ABEJA saca el aguijón, se pone a vibrar como loca y se vienen los comunicados, los reclamos, los pedidos de disculpas, los medios levantan la noticia y la acomodan para atacar a unos y a otros. No hay ganancia. Mejor no digan nada. Háganme caso. No se metan en camisa de once varas que aprieta y enseguida se le saltan los botones.

Publicado por El diario de Leuco, 1 de septiembre 2020

Carta de Lectores publicada en La Nación 13/10/2010

¿Vale la pena contestar un desaguisado semejante al proferido por el Ministro de Economía cuando dijo que algunos periodistas eran “como los que ayudaban a limpiar las cámaras de gas en el nazismo”? ¿Tendrá alguna idea de lo que sucedía en los campos de exterminio? ¿Se imaginará lo que es estar obligado a retirar cientos de cuerpos de hombres y mujeres, viejos, adultos y niños, despegarlos para separarlos –y no me detengo en cuestiones de difícil digestión-, acomodarlos en carretillas, llevarlos a sitios especiales para hurgar en ellos por si tuvieran valores escondidos y después introducirlos uno a no en los hornos crematorios? ¿Le contaron que los encargados de estas tareas sabían que su propio destino iba a ser igual en pocos días? ¿Alguien le habrá informado que estos mismos prisioneros fueron los que dinamitaron uno de los hornos crematorios en Auschwitz?