VICTIMIZACIÓN E IDENTIDAD. Reflexiones serias a partir de textos humorísticos

Presentado en el “Segundo Encuentro Internacional: Recreando la cultura judía”, Asociación Mutual Israelita Argentina, Buenos Aires, 26 al 29 de julio de 2003. ¿RESCINDIMOS EL CONTRATO?

Ha circulado por e-mail un texto en inglés, sin mención de autor, llamado “Terminación de contrato”. Expresa, de modo humorístico la relación carnal que mantenemos los judíos con las desgracias y, en especial, una cierta vocación a ser blancos designados, a ser víctimas de cuanto cataclismo suceda o se invente. Es un texto agridulce, como mucho del humor judío que nos caracteriza. Ese humor tan judío que nos hace decir “mazltov” cuando se rompe una copa, o que nos convence de que la lluvia no arruina la fiesta sino que, por el contrario, trae suerte. “Terminación de contrato” me pareció tan paradigmático que lo traduje y lo hice circular también por e-mail, no sólo para compartirlo sino para ver qué efectos producía. El eco casi inmediato confirmó mi impresión: el texto expresaba un sentimiento colectivo, el de ser víctimas, algo que parece que nos identifica. Al menos a los judíos Ashkenazíes. No conozco cómo se expresa esta condición en los Sefaradíes. Hay quien dice que no es constitutivo de su identidad y que, por ende, su particular visión del mundo no está constituida por relatos que lo transmitan y mantengan vivo.

El texto de marras es un documento que el pueblo judío le dirige al creador en el que rescinde el contrato por el cual había sido designado como su pueblo elegido. Es una crónica exhaustiva de las desgracias derramadas sobre el pueblo judío a lo largo de su existencia documentada (las destrucciones de los templos, los griegos, los romanos, la dispersión, la diabolización en la Edad Media, las cruzadas, el nazismo, etc). Ya lo había resumido magistralmente Sholem Aleijem con su aguda frase: Pueblo elegido, pueblo elegido..., Dios mío no podrías haber elegido a otro pueblo? OTROS EJEMPLOS.

Pero no sólo ese texto. Hay otras citas provenientes de la literatura humorística judía ashkenazí que resaltan el aspecto mencionado. A título de ejemplos:

Billy Cristal, con una sorprendente concisión dice que las fiestas judías podrían resumirse en una oración: “nos quisieron matar, no pudieron, a comer!”

Rudy, nuestro querido humorista, inventó un shtetl que llamó Tsúrenberg. Ya el nombre mismo, monte de los tsures, resume lo que tanto en nuestro folclore centroeuropeo se ha construido. Dice allí:

“Nunca fue fácil la vida en el pequeño poblado de Tsúrenberg. Dicen que fue fundado hacia fines del siglo IX d.C. a la vera del río Szmendrik, afluente ignorado del Vístula”, Shmendrik es alguien que es poca cosa, casi nada o menos que nada y encima hasta el afluente es un afluente ignorado, (...) “por un grupo de judíos que venían huyendo de los romanos que habían destruido el Sagrado Templo de Jerusalem” , o sea, en la fundación misma estaba el hecho fundante de la persecución, de la huída, de la destrucción.

(....) “el progreso llegaba a Tsúrenberg. Hasta los pogroms habían progresado. Ahora los cosacos venían uniformados, con un traductor que venía gritando en idish lo que les podía pasar a los judíos que se escondiesen”. Asocia la idea del progreso al progreso en la agresión, como si en el único momento en el que los judíos eran tomados en cuenta era cuando eran atacados.

( ...). “Llegamos así a la turbulenta primera década del siglo XX. La Belle Epoque de la burguesía francesa y la Pogrom Epoque del proletariado judío de Tsúrenberg”, mientras en otras partes, otros pueblos, tenían ricos, los judíos tenían pobres –dicho como si fueran los únicos-, mientras otros disfrutaban de cosas bellas, los judíos se hacían expertos en pogroms.

(....) “Los únicos que podían entrar a la sinagoga sin cubrirse eran los cosacos porque no entraban a rezar sino a saquear”, otra vez, para el no judío éramos sujetos a rapiñar.

(...) “Se cuenta –dice de un personaje- que fue perseguido por la policía zarista por su condición de comunista, otros creen que lo perseguían los polacos por su condición judía”, a los judíos se nos persigue por comunistas y por capitalistas, por voluntariosos trabajadores y por banqueros, por religiosos o por ateos, por intelectuales o por proletarios, en suma, se nos persigue por cualquier cosa, cualquier pretexto es bueno.

Mel Brooks explica por qué se dedicó al humor: “Observa la historia judía. La lamentación constante sería intolerable, por eso, por cada diez judíos golpeándose el pecho, Dios designó a uno para que sea el loco y divierta a los que se golpean. Desde los cinco años supe que ese loco era yo.”

Groucho Marx: “Ya lo ve, yo empecé de la nada y sin embargo ahora estoy en la miseria más absoluta.”

Y no quiero dejar afuera a esa construcción que tanto nos identifica, la idishe mame. De los infinitos chistes que se han hecho a su costa, cito dos carteles sugeridos para pegar en el auto: “Vos tocá la bocina nomás que yo sufro en silencio” y “No me choques que mi mamá sufre.” O aquel texto en la matzeive que decía: “¿vieron que era cierto que estaba enferma?” o el conocido mensaje del contestador telefónico que dice: “Este es el teléfono del consultorio del doctor Goldstein. Deje su nombre y teléfono y ojalá que lo llame pronto porque a mí, que soy la madre no me llama nunca”.

SÓLO EN IDISH.

El sufrir desgracias parece sernos tan patognomónico que en idish hubo la necesidad de distinguir con más precisión a las personas que las sufrían y se diferenció así entre el shlimazl y el shlemil. Como tuvo a bien explicarme Eliahu Toker: el shlimazl es un desgraciado en el sentido de un hombre de muy mala suerte. El shlemil, es un torpe, un infeliz al que las cosas se le caen siempre de las manos. El shlemil tropieza y se le vuelca la sopa, el shlimazl es quien la recibe sobre su traje, preferentemente recién estrenado. Tanto shlimazl como shlemil significan “desgraciado” en el sentido de “infortunado”, el que tiene mala suerte, aquél a quien siempre le suceden las desgracias. Lo curioso es que en castellano, “desgraciado” también podría corresponder a “mala persona”, sentido que no encontramos en idish.

EL HUMOR, UN FORMA DE HABLAR DE LA REALIDAD.

En esta Buenos Aires tan colonizada por el psicoanálisis, no es preciso explicar cuál es el sentido, uso e importancia del humor. Sabemos que se construye con materiales de la realidad y que permite su abordaje de una manera inteligente y amable, pero al mismo tiempo incisiva y contundente. Por ello, tanto el texto mencionado de la “Terminación de contrato” como la pequeña muestra de humor, me ha servido de punto de partida para reflexionar sobre esa noción de “pueblo elegido” ligado a la sucesión de desastres sufridos, que parece ser una de las ideas que nos constituyen como pueblo.

PUEBLO ELEGIDO.

Curiosamente, la idea original de “pueblo elegido” tenía como sentido, ser el pueblo portador de la original idea del monoteísmo y de una edificio conceptual con reglas morales, relatos y estructuras que legislaran la vida cotidiana. Este sentido ha sido tergiversado. Los judeófobos nos leen como arrogantes, creídos de ser mejores por haber sido elegidos. Para muchos de nosotros, por el contrario, el lugar de elegidos nos sume en la más negra victimización.

¿SIEMPRE PERSEGUIDOS?

La idea de que siempre fuimos perseguidos es una falsedad histórica. Hubo grandes períodos en los que no sólo no hemos sido perseguidos sino que nuestra presencia ha sido valorada, tuvimos un florecimiento e integración fluidos con el medio circundante y pudimos desarrollarnos y crecer. Menciono, por ejemplo, los siglos de coexistencia en la España de las tres culturas, período que está siendo reflotado afortunadamente por el Centro de Cultura Sefaradí. No son pocos los judíos que se sorprenden ante estas informaciones, como si la idea de la persecución constante formara parte de la definición de nosotros mismos y este nuevo dato produjera la necesidad de una redefinición.

Pareciera ser, en consecuencia, que parte de nuestra autodefinición como judíos está sustentada en la hipótesis de la victimización. Y para que la hipótesis siga viva, es necesario alimentarla constantemente.

¿TENEMOS LA CULPA?

Patricio A. Brodsky, sociólogo, que acaba de publicar “Un estudio comparado sobre el antisemitismo contemporáneo”, dice que los judíos de Israel, confrontados con la afirmación de que "Los judíos -de la diáspora- poseen pautas de conducta que generan hostilidad en su contra", acuerdan en un 55% con esta proposición. En países con una fuerte tradición antisemita como Polonia, Austria, Eslovaquia o república Checa, las opiniones afirmativas con relación a este estereotipo alcanzaron sólo el 19%, el 14%, el 14% y el 6% respectivamente. O sea que los judíos de Israel triplican o cuadruplican estos valores. Los judíos de Israel creen, en un 55% de los encuestados, que los judíos que vivimos fuera de Israel hacemos cosas que nos ponen en el lugar de víctimas de ataques antisemitas. Es decir, siguiendo con el razonamiento, los judíos de Israel nos ven como buscando ser victimizados. Esta posición es consistente con el propósito explícito de construcción del nuevo judío en Israel, uno de cuyos fundamentos fue una redefinición opuesta a la condición de víctimas.

EL ALMA JUDÍA DE EUROPA.

Dice la periodista catalana Pilar Rahola: ....”el alma judía es parte esencial de Europa. Europa no puede ser explicada sin el alma judía pero tampoco puede ser explicada sin el odio a los judíos. Europa puede ser explicada por su componente judío y por su odio a los judíos....En un análisis final ¿quién, si no Europa, ha creado el problema judío para el mundo? En cierto sentido uno puede decir incluso que Europa es el fundador real del Estado de Israel.... Europa expulsó a sus judíos –a sus judíos españoles, a sus judíos rusos, a sus judíos franceses, a sus judíos alemanes... Los expulsó de su cuerpo aún cuando estos judíos se sentían profundamente europeos.”

Y no hay dudas de que nuestra definición como judíos, me refiero, repito, a los ashkenazíes, está profundamente enraizada con los siglos vividos en Europa. Si la hipótesis que propone Rahola es correcta, hemos sido para Europa su lado “víctima” en muchos momentos, chivos expiatorios, el “otro” por antonomasia. Y uno termina creyendo que es o siendo lo que ha ido viviendo. ASPECTOS DEL LUGAR DE VÍCTIMA.

El lugar de la víctima, que tan conocido nos resulta, tiene aspectos cómodos y aspectos incómodos. Merece una mirada más detenida, pero a los fines de esta presentación, esta aproximación puede bastar.

Lo que espera la víctima. La víctima pretende y espera recibir empatía, simpatía, compasión, apoyo, sostén porque es el “padecedor” directo y concreto, es alguien sufriente. Pero para recibir lo que espera debe seguir sufriendo. Más aún si no recibe la respuesta que espera. Puede volverse entonces una persona demandadora y centrar sus interacciones con los demás desde su condición de víctima en un círculo autoconfirmatorio creciente: cuánto menos reconocimiento recibe más persiste en su victimización.

Lo que suele recibir. Generalmente recibe poco o nulo reconocimiento porque genera en su interlocutor dos sentimientos diferentes y paralelos: irritación y culpa. Estas reacciones se incrementan si se trata de alguien cercano, un hijo, el cónyuge. La irritación podría deberse a esta conducta de la víctima de sentirse con derecho a la queja, al reclamo, con una impronta de resentimiento y pesadez. La culpa podría ser una reacción tanto a la queja de la víctima que se vuelve acusación y también a la molestia por tener que escucharla.

Rechazo y manipulación. En una espiral vertiginosa también la víctima puede generar desconfianza si asume conductas manipulatorias y a veces hasta agresivas y hostiles. La persistencia en el relato de la victimización se vuelve una justificación en las relaciones que, paradojalmente, va siendo un factor de aislamiento y resentimiento creciente. La víctima que tanto reconocimiento y aceptación necesita y solicita recibe en cambio rechazo.

La deuda eterna. Desde el reclamo, la víctima propone una jerarquía en la que se ubica en una posición superior al interlocutor: a la víctima se le debe, siempre se le debe, a la víctima parecen corresponderle derechos compensatorios. Ya lo señalaba Freud respecto al Ricardo III descripto por Shakespeare cuando decía que la naturaleza había sido tan cruel con él habiéndolo construido defectuoso que ya había pagado todo lo que la vida le exigía y que ahora sólo le correspondía cobrarse de ella, que todo lo que hiciera, cualquiera fuera la atrocidad, le estaba permitido. De hecho es ésta una de las acusaciones que recibimos los judíos de parte del mundo judeófobo, que, culpable por su sentimiento anti judío y su conducta consecuente, se escuda en nuestro trabajo por la memoria y nuestra búsqueda de justicia y reconocimiento para acusarnos de manipulación y aprovechamiento.

Sujeto del otro. Pero, mirado más profundamente, la víctima ocupa esta jerarquía superior de manera superficial. Desde su definición en la relación interpersonal, es sujeto del otro, depende del otro, es el victimario quién lo define. La culpa del daño y la fuente del resarcimiento están siempre en el otro. La víctima es de una dependencia extrema, tanto así que otra de sus características es la pasividad, dado que lo que sucedió, le sucedió, le fue hecho por decisión y voluntad de otros. La noción de víctima está asociada, en un deslizamiento de sentidos, con la de impotencia, incapacidad o imposibilidad de defensa o acción activa o reactiva. Y son estos contenidos –culpa, desconfianza, pasividad- con los que solemos vernos los judíos, como si nuestra condición de víctimas fuera natural, como si formara parte de la mochila de nuestra identidad.

VICTIMIZACIÓN IGUAL A PASIVIDAD: ¿LA SHOÁ?

Pues así como es una falsedad histórica que hemos sido siempre perseguidos, es también falso que hemos recibido pasivamente los ataques. Son los relatos los que han ido modelando esta noción, los relatos nos han congelado en la victimización. Uno de los ejemplos más flagrantes de esta falsedad tomada y dada como cierta, es la conducta durante la shoá. La frase “marcharon pasivamente a su propia muerte como ovejas al matadero” es una cabal expresión de ello. Encaré en otros textos la impertinencia de la misma y lo impropio de su descripción. Ha sido precisamente al revés: ninguno de los pueblos ocupados por los nazis en Europa se ha levantado de manera espontánea del modo que lo hemos hecho los judíos. No sólo en los diferentes levantamientos armados en guetos y campos de trabajo y de exterminio, no sólo en las luchas de los partisanos, los sabotajes, sino en los mil y un aspectos de la continuidad de la vida en los largos años de la shoá. Los cien mil niños salvados, pudieron ser salvados gracias al empeño de sus padres, a las redes de salvataje tendidas en toda Europa. Permítaseme citar parte de la hagadá de la shoá que hemos escrito con Charles Papiernik: resistimos con todas nuestras fuerzas y de todas las formas posibles: en los guetos manteníamos escuelas clandestinas, conferencias, conciertos, debates, coros, decenas de publicaciones, un sistema de ayuda social y comunitaria, comedores populares, enfermería y medicina social, grupos de trabajo y de cuidado de niños; en los campos tratábamos de mantener alta la moral y fuimos capaces de conductas de solidaridad que siguen siendo ejemplares dado el grado de inhumanidad al que nos pretendían someter. Los judíos nos hemos comportado con dignidad a pesar de la aceitada maquinaria nazi que nos pretendía deshumanizar para hacer más fácil para ellos nuestro asesinato: casi no hubo suicidios entre nosotros y emprendimos las luchas que fueron posibles, salvando gente, escondiendo, alimentando, curando, consolando, desde la clandestinidad, actuamos con heroísmos cotidianos sosteniendo la vida y resistiendo a las fuerzas de la muerte, huimos cuando pudimos a Rusia y nos escondimos en bosques, casas, graneros, cambiamos de identidad, fuimos ayudados algunas veces por personas no judías, pocas es cierto, pero debemos recordarlas por su valentía, intervinimos en actos de sabotaje y debemos rendir un homenaje especial a nuestros niños, los pequeños contrabandistas que sostenían la vida en los guetos entrando alimentos primero y armas después. Morir no enorgullece a nadie, pero sostener la vida cuando todo a nuestro alrededor nos muestra su inutilidad, es un acto de heroísmo y eticidad.

DE VÍCTIMAS A PROACTIVOS.

Sin embargo, muchos de nosotros nos seguimos viendo en el lugar de las víctimas y alimentamos esta definición. Observo un cambio poderoso en la Argentina en este sentido: a partir de la bomba en AMIA, hemos salido a la calle, empezamos a dejar de llamarnos por eufemismos, “israelitas”, “hebreos” “paisanos”, “de la cole” y hoy somos “judíos” sin que ese sonido raspado de la jota caiga como una mancha en el discurso, lo estamos diciendo con naturalidad, propiedad y derecho. Las marchas públicas, los reclamos, las acciones emprendidas, no siempre con el apoyo debido de las instancias oficiales, grupos como Memoria Activa, nos están definiendo desde otro lado. La posición de víctima nos está empezando a resultar ajena, como un ropaje que se vuelve cada vez más incómodo.

EL LUGAR DE VÍCTIMA: ¿ESPACIO POLÍTICAMENTE DESEADO?

A muchos de nosotros nos resulta desgarrador el actual estado de cosas en el conflicto entre árabes y judíos en Medio Oriente donde la condición de victimización, para algunos medios supuestamente esclarecidos, se ha invertido dolorosamente en una mueca caricaturesca, una burla desgarradora. Los encargados de difundirlo son algunos medios periodísticos prisioneros por un lado de sus compromisos económicos y también por la izquierda europea, culpable, como dice la mencionada Pilar Rahola, por viejos pecados contra los judíos. Señalarnos como culpables hoy de perversidad y crueldad contra las nuevas víctimas, los palestinos, exonera de pecados a los europeos que fueron indiferentes al intento de exterminio durante la segunda guerra.

El lugar de víctima parece ser un lugar anhelado dado que permite el reclamo, da derechos, genera un espacio de demanda y reivindicación. En este mundo maniqueo de extremos, blancos y negros, buenos y malos, sólo parece caber ser víctima o victimario. Víctima es bueno, victimario es malo. Víctima es inocente, victimario es culpable. Víctima es pasiva, victimario es activo.

LA SALIDA DE LA VICTIMIZACIÓN

La salida del lugar de víctima, implica un movimiento de gran profundidad y de algún riesgo. Si la condición de víctima es una de las constitutivas de nuestra identidad judía, su cambio implicará un cambio también en la vivencia y expresión de esa identidad. La bomba contra la sede de la AMIA fue un antes y un después para el colectivo “judíos argentinos”. Pero nuestra reacción, que parecía local, trasciende las fronteras nacionales y pasa a formar una comunidad con otras, por ejemplo en estos días la francesa. Las digresiones de nuestros representantes comunitarios en oportunidad de los atentados acerca de la pertinencia o no de salir a la calle, el riesgo de volvernos demasiado visibles y por ello, blancos de nuevos ataques, están siendo replicadas en la actualidad en la comunidad judía francesa ante los más de mil ataques antijudíos sufridos en los dos últimos años; también ellos, también sus dirigentes, se cuestionan, como los nuestros entonces, qué es mejor, si esperar a que todo se calme o si salir a la calle de una manera proactiva. Se preguntan, en suma, qué hacer: seguir ubicados en el lugar de las víctimas o tomar de alguna manera las riendas de nuestro destino y hacernos oír con pleno derecho.

Los judíos argentinos hemos salido a la calle, aparecemos en los medios en nuestra condición de judíos, y hay un pisar más firme, una voz mejor timbrada, una actitud que quiebra, de manera pública y explícita la vieja condición constitutiva de víctimas. El reclamo de justicia, gritado a voz en cuello por ejemplo por los asistentes semanales a Memoria Activa, es una expresión de esta salida del estado de victimización.

IDENTIDAD

Nos resulta familiar vernos como víctimas, como víctimas casi naturales, como representantes de un pueblo que ha sufrido tortuosas y múltiples violaciones a su derecho a vivir, a restringir su residencia en lugares determinados, a asumir funciones y tener impedido el acceso a otras, a no poder ejercer con plenitud su libertad de ser y decidir. Como trabajadora en el tema de la shoá, vengo hace un tiempo reflexionando alrededor de la condición de víctimas en el intento de salir de la misma, de vernos y hacernos en otra posición. Reconociéndonos como víctimas, que lo fuimos, pero saliendo del lugar de la victimización cuando damos testimonios, cuando difundimos las lecciones de la shoá, cuando enseñamos, cuando producimos hechos de reflexión y comprensión, cuando buscamos y encontramos sentidos en la transmisión misma.

Tal vez esta mirada sobre nosotros mismos como víctimas tenga una raíz muy profunda en la poderosa exigencia ética que nosotros mismos alimentamos. No sólo hemos sido, de todos los pueblos ocupados por los nazis en Europa, el único que tuvo levantamientos y resistencias espontáneas y populares, también, y esto es esencial a esta presentación, de todos los pueblos ocupados por los nazis en Europa, somos los únicos que nos hemos cuestionado si hemos hecho lo suficiente, los únicos que nos hemos cuestionado en nuestras reacciones defensivas y hasta hemos llegado a acusarnos de cobardía o pasividad.

Tal vez de lo que somos víctimas, en un sentido hondo y esencial, es de nosotros mismos, de un relato en el que nos hemos constituido y de la resistencia a reconocernos potentes y a tener que asumir la responsabilidad que ello comporta. La victimización nos sumerge en lo más profundo del gueto impuesto de la identidad negativa. Digamos y vivamos “judío” con suavidad y firmeza. Digamos y vivamos “judío” acariciando la jota inicial que es también la de júbilo y jubileo, la de juego y juglar, la de junco, la de juntos y, por sobre todas las cosas, la de justicia.

BIBLIOGRAFÍA

Brenner, Marie: “France´s Scarlet Setter”, Vanity Fair, Junio 2003.

Brodsky, Patricio: Un estudio comparado sobre el antisemitismo contemporáneo. Publicado en “La voz y la opinión” junio 2003

Hayley, Jay: “Tácticas de poder de Jesús Cristo”. Editorial Siglo XXI, Buenos Aires,1975.

Papiernik, Charles- Wang, Diana: “Hagadá de la Shoá”. 2003.

Rahola, Pilar: Entrevista con Marc Tobiass, 2 de octubre 2002.

Rudy-Toker, Eliahu: “La felicidad no es todo en la vida, y otros chistes judíos”. Grijalbo, Buenos Aires, 2001

Rudy-Toker, Eliahu: “El pueblo elegido y otros chistes judíos”. Grijalbo, Buenos Aires, 2003.

Toker, Eliahu: comunicación personal.

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[1] Presentado en el “Segundo Encuentro Internacional: Recreando la cultura judía”, Asociación Mutual Israelita Argentina, Buenos Aires, 26 al 29 de julio de 2003.