Polacos piden perdón- Janecki y Mac

"Por nuestras faltas, pedimos disculpas a los judíos y solicitamos su perdón"

Artículo publicado en polaco en el Poznan Wprost el 25 de marzo de 2001, por Stanislaw Janecki y Jerzy Slawomir Mac - Traducción: Diana Wang

Los polacos no son co-responsables por el Holocausto pero comparten la responsabilidad por el destino de los judío polacos durante el mismo. “No hay responsabilidad colectiva pero hay responsabilidad por el colectivo” dijo Czeslaw Bielecki, responsable de la Comisión de Relaciones Exteriores del Sejm (parlamento) Este es el porque de nuestras disculpas a los judíos en nombre del estado, sociedad y cada uno de nosotros. Pedimos disculpas por nuestro propio bien, para expiar el hecho y entrar al siglo XXI con la conciencia limpia. Pedimos disculpas por el “silencio de los inocentes”, por la pasividad de la mayoría de los polacos, por los “pobres polacos que miraban los ghettos”, por los que miraban a los trenes rumbo a Treblinka. Por aquellos a los que no les importó las estrellas de David dibujadas en un patíbulo. Por los fiscales que no creían que las crudas bromas antisemitas y los folletos propagando mentiras acerca de Auschwitz merecieran su esfuerzo.

Pedimos disculpas por aquellos que han usado la ocultación del crimen de Jedwabne como otra manera de expresar fobias antisemitas y estereotipos, lavarle el cerebro a la gente, trasladar la culpa de los pecados cometidos por polacos contra los judíos a los propios judíos y negar el Holocausto. Finalmente pedimos disculpas por aquellos que no quieren disculparse por todo esto. Nos disculpamos aun cuando nadie encontró que esto sea fácil - ni los franceses, ni los húngaros, ni los eslovacos ni los rumanos.

Pecado No. Uno: Silencio

“No se puede ser pasivo frente al crimen. Quien permanezca en silencio mientras se comete un crimen, se convierte en cómplice del criminal. Quien no condena, condona” Esto lo escribió Zofia Kossak-Szczucka en 1942, en un folleto publicado por el Frente para el Renacimiento Polaco. “El crimen nos gobierna hasta que confesamos nuestros pecados y nos arrepentimos. No deben ser buscadas circunstancias atenuantes o excusas si se quiere restaurar el orden divino y la clara conciencia”, dijo el Padre Profesor Josef Tischner. “Nada debe ser ponderado. Dijo el Padre Tischner: "El peso del pecado no puede ser sacudido de encima buscando diversos “peros” o citando contextos históricos, psicológicos o sociales. Si no, en lugar de arrepentirnos, nos volveremos arrogantes. En lugar de contrición reconoceremos banalmente la existencia del mal”

Pecado No. Dos: Indiferencia

Pedimos perdón a los judíos por la indiferencia con el Holocausto. Por el hecho que mientras el Ghetto de Varsovia ardía, la gente del lado ario montaba en calesitas y algunos cantaban: “El querido Hitler le enseñó a esos judíos del ghetto como se trabaja”. Pedimos perdón por la católica Caritas, que ayudó fundamentalmente a aquellos judíos de los ghettos que se habían bautizado. Admitimos nuestra culpa por lo que escribió Emanuel Ringelblum en la “Crónica del Ghetto de Varsovia”: “La cooperación de soldados alemanes, oficiales de la Gestapo y volksdeutschen con los antisemitas polacos rindió una rica cosecha en la forma de negocios judíos abandonados y depósitos asaltados y completamente saqueados”.

Debemos también asumir la responsabilidad por que a fines de 1940 muchos judíos escondidos en el lado ario prefirieran buscar asilo en el ghetto para no sufrir la persecución de sus vecinos polacos. Debemos pedir perdón por que opiniones como la vertida en la revista Narod en agosto de 1942 eran la regla y no la excepción: “No hay razón para esforzarse en falsos lamentos por una nación en extinción que nunca estuvo cerca de nuestros corazones” Por que Szaniec, una publicación del Campo Nacional Radical, se atrevió a escribir cuando el ghetto de Varsovia era liquidado: “Los alemanes están liquidando las canteras judías en forma más eficiente que cualquier otro, particularmente nosotros, lo hubiese hecho”.

Inclinemos nuestras cabezas cuando ponderamos los destinos de aquellos que no perecieron y han escuchado opiniones tales como “dado que sobrevivieron deben haber colaborado con los alemanes”. Los sobrevivientes del ghetto fueron masacrados aún durante el levantamiento - cerca de 30 lo fueron en la calle Dluga, 15 en Prosta. Así es como los polacos respondieron a la participación de 500 sobrevivientes judíos de la lucha.

Pecado No. Tres: Codicia

Pedimos perdón a los judíos por la codicia de nuestros compatriotas polacos. Por tomar las casas judías (en 1939 los judíos eran propietarios del 40% de las casas en Varsovia), sus negocios y fábricas. Por tomar sus contactos comerciales, mobiliario y objetos de valor. Hasta la fecha nadie ha estimado las ganancias materiales que los polacos, especialmente los habitantes de los shtetlej, obtuvieron con la exterminación de sus vecinos judíos. Por 60 años, la gente de Jedwabne hablaba abiertamente de quien se apropió de negocios judíos, quien construyó casas en tierras anteriormente de judíos, quien compró autos “con el oro judío”. Conversaciones similares fueron mantenidas en todo el país.

Cuando Jan Karski llegó a Polonia en 1943 y visitó el ghetto de Varsovia, notó que: “La actitud de los polacos hacia los judíos es en general despiadada, a menudo cruel. Sacan ventajas del privilegio que la nueva situación les da y frecuentemente abusan de ellos. Esto no los hace diferente de los alemanes en muchos aspectos”. La exterminación de los judíos atizó aún más el odio de muchos polacos por las víctimas. Un informe escrito al final de la guerra por Knoll, jefe de la división de Asuntos Etnicos de la representación local del Gobierno Polaco, prevenía a los sobrevivientes judíos de regresar, porque “la población polaca que se enriqueció después que los judíos fueran encerrados en los ghettos, va a reaccionar violentamente contra ellos”

Este clima de “aprobación por la indiferencia, aún por la hostilidad” infiltró también instituciones del estado clandestino “El gobierno polaco no ha hecho nada que pueda ser comparable a la tremenda tragedia que se esta desarrollando en Polonia” dijo Shmuel (Arthur) Zygelbaum - miembro del Consejo Nacional Polaco en Londres - en su carta de despedida al presidente Raczkiewicz y al Primer Ministro Sikorski. Zygelbaum se suicidó cuando el levantamiento del ghetto de Varsovia fue aplastado el 12 de mayo de 1943.

Pecado No. Cuatro: Cobardía

Pedimos perdón a los judíos por la falta de participación y coraje. Ya que nos arreglamos para ocultar varios miles de personas en monasterios, iglesias, palacios y casas solariegas durante toda la guerra, ¿por qué no ayudamos en una escala mayor? Después de todo, había pena de muerte no solo por ocultar judíos, sino por carnear ilegalmente un chancho, escuchar la radio, olvidarse de registrar una vaca y aún por hornear pan en secreto. Cualquiera involucrado con el gobierno clandestino - y hubo varios millones de esa gente - también se arriesgaban a la pena capital. ¿Fue la lucha por la vida de los conciudadanos judíos no tan importante como la subversión y la actividad publicística de la Armia Krajowa (el ejército clandestino)?

Si los polacos hubiesen ayudado a los judíos tan asiduamente como conspiraron contra el ocupante, los riesgos involucrados hubiesen sido mucho menores. La gente no se hubiese denunciado entre sí y la Gestapo sería inútil. Holanda, donde prácticamente en cada casa se ocultó a un judío, puede servir de ejemplo. En Polonia, sin embargo, conspirar fue una virtud. Ocultar judíos no, aún largamente después que la guerra terminó. Muchos virtuosos polacos no querían ver sus nombres publicados debido a la reacción que podía suscitar en sus comunidades. Antonina Wyrzykowska escondió a siete judíos de Jedwabne. Ella ocultó el hecho hasta a su propio marido, y fue obligada a cruzar el océano para escapar de la venganza de sus vecinos.

Pecado No. Cinco: Ingratitud

Debemos avergonzarnos por nuestra hostilidad hacia los judíos combatientes en los ghettos, dentro de la Organización de Polonia Combatiente, Antyk, o la Agencia Anticomunista. Debemos estar avergonzados porque contribuyeron a defender un estado unificado con dedicación. Había 100.000 judíos en el Ejército Polaco en septiembre de 1939, incluyendo a los movilizados en la reserva. El historiador Filip Friedman estima que 32.000 fueron muertos y 60.000 tomados prisioneros. La mayoría de ellos fueron ulteriormente asesinados.

Mas de 400 judíos en uniforme polaco fueron matados en Katyn. Hay por lo menos 43 tumbas judías del 2º. Cuerpo en el cementerio de Monte Cassino. Fueron matados en Tobruk y en la lucha por Bologna. De acuerdo a la Cruz Roja Polaca en Teherán, un tercio de los ciudadanos polacos deportados a las profundidades del territorio soviético (30%) fueron judíos. Los Soviets los persiguieron con más encarnizamiento que a los polacos. Un mero 6% de los sobrevivientes fue judío. Docenas de miles murieron en los gulags de Vorkuta, Ukhta, Pechor, Arjangelsk y Kotlas. Cientos pasaron por las prisiones de la Lublianka y Brygidki. El profesor Stanislaw Glabinski, un líder del Partido Nacional, y Mojzesz Schorr, un investigador de la cultura judía, fueron puestos juntos en un mismo camastro de la misma celda de la prisión de la KGB en Moscú.

Pecado No. Seis: Rechazo

Pedimos disculpas por los pecados polacos porque los más de 3 millones de judíos que vivían en la Segunda República Polaca no eran un "elemento foráneo" como decía la derecha nacionalista. Aún los judíos ortodoxos de Agudat Israel o los partidos del Poale Sion que apoyaban el establecimiento de un estado judío en Palestina, consideraban a la República Polaca como su madre patria y no querían dejarla. Nada justifica el boycott económico a los judíos. Sus negocios (a principios de 1930 eran el 27% de todas las compañías polacas) pagaban honestamente impuestos, creaban puestos de trabajo para polacos y tuvieron una gran participación en la exportación. Tenemos que sentirnos avergonzados que el Primer Ministro Polaco General Felicjan Slawoj-Skladkowdki haya dicho: "Lucha económica sí, pero sin producir daño". Este "sí" le dio aire a los organizadores del boycott a negocios judíos y a las bandas que destruyeron sus vidrieras y no dejaron a los clientes entrar en ellos. Debemos sentirnos avergonzados del Vice-Primer Ministro Eugeniusz Kwiatkowski quien criticó a los Estados Unidos por admitir muy pocos judíos polacos cuando "hay demasiados en Polonia".

Pedimos disculpas por las autoridades que toleraron el antisemitismo que produjo sólo en 1935-1937, ciento cincuenta pogromos. Pedimos perdón a las familias de los asesinados en Przytyk, Grodno, Myslenice, Odrzywol, Czestochowa y Minsk Mazowiecki.

Pecado No. Siete: Antisemitismo oficial

Pedimos disculpas a los judíos por 700 años de esfuerzo, también legislativo, para hacer de ellos ciudadanos de segunda clase. Por todas las campañas lanzadas en 1938 por el Cardenal Primado de Polonia, August Hlond, quien emitió una carta a los feligreses de todo el país recomendando aislar a los judíos. Pedimos disculpas por los miembros del gobierno polaco que difundieron consignas antisemitas. Roman Rybarski, Vice-Ministro del Tesoro en 1920-1921 (muerto en Auschwitz en 1942) dijo: "El papel de los judíos en nuestra historia económica es incuestionablemente negativo". Esta es una mentira flagrante, considerando cuánto los Kronenberg, Epstein, Natanson, Bloch, Poznanski, Toeplitz, Wawelberg, Rotwand y Orgelbrand hicieron por nuestro país durante las particiones. Y cuanto los Kon, Eiger, Wolanowski, Halperin y Ejtingon cuando Polonia reconquistó su independencia.

Debemos pedir perdón a nuestros conciudadanos judíos por que no mucha gente se comportó como las hijas del Mariscal Pilsudski, que boycotearon la segregación en su clase escolar sentándose junto a sus compañeros judíos. Debemos pedir disculpas por los artículos antisemitas en Maly Dziennik y Rycerz Niepokalanej. Debemos disculparnos por los artículos no cristianos de la revista Pro Christo publicada por los curas Marianistas. Por los panfletos difundidos por la Agencia Católica de Noticias llamando a aislar y echar de las escuelas públicas a maestros y estudiantes judíos. Pedimos perdón por los artículos publicados por el Padre Stanislaw Trzesniak, quien luego colaborara con los Nazis convirtiéndose en candidato a Quisling polaco. Él fue quien echó de la radio pública a Janusz Korczak y le prohibió enseñar.

Pecado No. ocho: Conciencia Sucia

Nadie puede hacer esto por nosotros. Ninguno va a absolvernos de la responsabilidad de llevar a cabo un auto-exámen y pedir disculpas. El Padre Stanislaw Musial decía: "No tenemos ganas de ajustar las cuentas del pasado en lo que se refiere a las relaciones Polaco-Judías porque nuestra conciencia no está limpia. La mayoría de los polacos étnicos de la Polonia de pre-guerra soñaban con una sola cosa: como deshacerse de los judíos. Ocurrió un milagro de magia "negra". En casi cinco años el 90% de la población judía ciudadana polaca, "desapareció". Los judíos saben que estamos felices por que este problema se resolvió de una vez y para siempre en Polonia, aunque no directamente por nuestras manos. Debido a esto no nos quieren".

Estamos apenados por aquellos judíos que fueron rechazados por su madre patria y se precipitaron en los brazos del comunismo. El mito polaco del establishment comunista judío es simplemente falso. Como la historiadora Profesora Krystyna Kersten ha notado, antes de la guerra había indudablemente muchos judíos entre los comunistas, pero pocos comunistas entre los judíos. Jaff Schatz estima que serían el 0,18 -0,29% de la población judía polaca de pre-guerra, es decir 6.000 a 10.000 en 3,4 millones.

Pecado No. nueve: Obsesión antisionista

Pedimos a los judíos perdonarnos porque la Polonia de post-guerra hizo diversos intentos para resolver "la cuestión judía" con la participación de autoridades y ciudadanos. Un decreto de marzo de 1946 le daba a la propiedad post-judía y post-nazi el mismo status. Después de pequeños incidentes en Rzeszow, Krakow y la región de Podkarpacie, ocurrió el pogromo de Kielce. Luego de eso aproximadamente 200.000 personas abandonaron el país. El Primado Hlond y los Obispos Kaczmarek y Wyszynski se negaron a condenar el crimen. El único virtuoso fue el Ordinario de Czestochowa Teodor Kubina. Con un sermón ayudó a prevenir que se repitiese en su ciudad el pogromo de Kielce.

Pedimos disculpas a las docenas de miles de judíos que dejaron Polonia entre 1949 y 1957. Se fueron porque la participación de algunos judíos en el aparato de terror fue ampliamente publicado (Krystyna Kersten ha establecido que de los 28.000 cuadros de los Servicios "infestados de judíos", solo 438 eran judíos) Más aún, toda forma de vida judía que renació en la post-guerra fue destruida: Partidos, comunidades religiosas, filiales del Joint y la Sojnut. De las asociaciones culturales y de ayuda mutua, en 1950 solo quedó una (controlada por el Partido)

Pedimos perdón porque cientos de miles de voluntarios, también de la así llamada elite intelectual, tomaron parte en denunciar y acosar a los "Sionistas" en marzo de 1968. Como escribió Jerzy Zawieyski, le debemos a ellos que "en muchos lugares Polonia sea vista como el país más intensamente violento y antisemita". Él fue perseguido por haber protestado contra la caza de brujas de marzo. Estamos avergonzados que todo lo que haya tenido que ver con judeidad haya sido eliminado de la vida pública durante el período de Gierek (los años 70) En cursos de formación del Partido se le dijo a la gente que no había mucha inversión en la región de Kielce porque los sionistas del exterior se negaban a extender préstamos en venganza por lo de 1946. Cuando Jerzy Stepien, más tarde senador del Comité Cívico Parlamentario, ordenó en 1980 una misa para recordar a las víctimas del pogromo, lo trataron de judío. Por 12 años hasta 1980, los judíos eran rechazados de las Fuerzas Armadas. Como resultado de ello, 1348 personas, desde generales hasta cabos-cadetes, fueron degradadas. En esa época era ministro de defensa Wojciech Jaruzelski.

Pecado No. Diez: Antisemitismo extenso

Pedimos perdón por la retórica antisemita usada para atraer votantes en las elecciones de la Polonia independiente después de 1989. Cinco de los 13 candidatos en la última campaña presidencial así lo hicieron. Casi un quinto de los 91 diputados del Sejm firmaron una carta antisemita escrita por el diputado Witold Tomczak respecto del director del Zacheta (museo estatal de arte que hasta hace poco estaba dirigido por Anda Rosenberg quien por esa época renunció) Debemos también sentirnos avergonzados porque los kioscos y librerías están llenos de literatura antisemita y abiertamente fascista, de bromas antijudías que son copias del Stuermer, de negación del Holocausto. La deportación y el genocidio son alabados en reuniones neo-nazis. Organizaciones que tienen como referencia la ideología del Tercer Reich operan libremente y el "Heil Hitler" se grita en las fiestas nacionales. Ha llegado a los polacos la hora del arrepentimiento y la expresión del remordimiento. También porque los judíos hace mucho ya que han ajustado sus cuentas con el pasado comunista. Los hijos de los aparatchiki y funcionarios del Partido han fundado los Comités de Defensa de los Trabajadores y Solidarnosc. Ellos fueron enviados a prisión, hicieron huelgas de hambre y sufrieron humillaciones para que "Polonia pueda ser Polaca". Sus hijos y los nietos de otros, expresaron significativamente su remordimiento publicando hace un año, un número especial de Jidele titulado "Judios y Comunismo". Una gran parte del mismo estuvo dedicada al debate entre nietos del "establishment judío-comunista" Aunque nacieron 20 años después de la muerte de Stalin, no renuncian a la responsabilidad por el mal al que contribuyeron sus predecesores. "No solo somos los nietos. Yo aun me considero parte del establishment judío-comunista", dice uno de ellos, Piotr Pazinski. Ellos cargan con el peso del pasado y se arrepienten. Lo mismo que los jóvenes alemanes de Acción para Expresar Arrepentimiento, quienes se sienten responsables por sus abuelos en la Wehrmacht y las SS.Solo nosotros polacos, no nos sentimos responsables por los errores y pecados de nuestros antepasados y vecinos. No los muertos, sino sus hijos y nietos esperan nuestras disculpas. Un solitario "me disculpo" no va a terminar con el tema aunque provenga del Jefe del Estado. Todos y cada uno de nosotros debe pedir perdón.

(el Poznan Wprost es una revista líder del grupo político centrista polaco)