Fake news, creación del nazismo

Volksempfänger -Receptor del Pueblo-

Volksempfänger -Receptor del Pueblo-

El Volksempfänger, receptor del pueblo, fue producido a partir de 1933 por el Ministerio de Propaganda e Ilustración Pública del Reich. Todos querían tener una radio en su casa, esta nueva invención proveía noticias, música, novelas y entretenimiento directamente a cada hogar. El ministro Joseph Goebbels advirtió inmediatamente su enorme potencial de difusión para hacer llegar los mensajes e instalarlos en la vida cotidiana de todos los alemanes. El Volksempfänger se vendía a precio muy inferior a cualquier otro aparato de radio de modo que cualquiera lo podía comprar. No solo cada una y toda familia alemana tenía una radio sino que el Ministerio enviaba una fuerza de control que iba casa por casa para confirmar que la radio estaba encendida y que el discurso de Hitler o de Goebbels por cadena nacional era oído por la familia entera. Se exigía que todo restaurante y café tuviera una y que los discursos fueran emitidos. También había parlantes en las calles ubicados en postes y columnas de alumbrado público que tronaban a todo volumen las encendidas diatribas nazis.

La radio fue un medio privilegiado de penetración que, en medio del terror de ser visto como opositor, fue homogeneizando la “opinión pública” y encarrilándola en el sentido que el Ministerio pretendía.

Cuando el mismo mensaje, es repetido y replicado por variados dispositivos, primero puede sonar extemporáneo pero a medida que la reiteración se hace música de fondo, se va “naturalizado” e imponiendo y genera en muchos un cambio de visión. ¿Quién se animaría a decir lo contrario? La aceptación paulatina, al principio instrumental, corre el peligro de internalizarse y volverse parte de uno mismo.

Goebbels fue un maestro en la generación de lo que hoy llamamos fake news y un brillante estratega en los mecanismos implementados para su difusión e instalación.

Discursos por cadena nacional obligados y audibles en todas partes, casi imposibles de ser evadidos, con mentiras y consignas que fueron penetrando lentamente como tóxicos “naturales”. La conspiración judeo-bolchevique. La puñalada por la espalda. La “teoría racial”¿La gente los incorporó por ingenuidad, por tontería? No fue así. Fue debido al  terror. El terror de sugerir siquiera una reflexión o comentario crítico. Fue porque había que tener un trabajo para mantenerse y el régimen especulaba con eso; había que estar afiliado al partido y al sindicado adecuado y, además de no ser judío, no tener ninguna mancha, por pequeña que fuera que levantara sospecha alguna de comunismo o activismo político opositor.

Goebbels tuvo tan claro que la remodelación de la opinión pública era esencial para el mantenimiento e incremento del poder del III Reich -que iba a ser de mil años-  que fue la primera vez en la historia que la propaganda tuvo un ministerio. Desde allí el control era total. Afiches, obras de teatro, películas, periódicos y otras publicaciones, chistes, murmuraciones y sospechas, todo el rango posible era cubierto por el Ministerio de Propaganda e Ilustración Pública.

Pero la radio fue el eje central de la estrategia comunicativa porque entraba de buen grado en cada casa y vestía a las mentiras y consignas con el disfraz de la verosimilitud.

El éxito de Goebbels fue tan fantástico que sus sucesores, los gobiernos dictatoriales, totalitarios y fascisto-populistas que siguieron al tristemente pretencioso y desafinado “nunca más”, lo tomaron como modelo. Hoy día las fake news no llegan por la radio, sino mediante las usinas de engaños goebbelianas y son distribuidas por algunos referentes periodísticos y principalmente por las redes sociales que consumimos todos con la misma “ingenuidad” que aquellos alemanes, con la misma voracidad suicida.  

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Publicado en Infobae: https://www.infobae.com/opinion/2019/02/18/goebbels-y-la-invencion-de-las-fake-news/

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Diana Wang y la reconstrucción del horror del nazismo

“Se necesitan décadas para recomponer la confianza”

Las veintidós mujeres y ocho hombres que componen los “Niños de la Shoá en la Argentina” dan cuenta de la oscuridad de la época, pero también del modo en que reconstruyeron sus vidas al huir de Europa. “El horror ni se niega ni se olvida, se encapsula”, señala.

Por Cristian Vitale

Wang puso en la portada de su libro una angelical imagen de su propio hermano, Zenus. Imagen: Guadalupe Lombardo

“El resto ni lo toqué. Quedó igual”. Diana Wang, psicóloga y escritora, va por la parte de contar qué hay de nuevo en la segunda edición de Los niños escondidos (Del Holocausto a Buenos Aires) su trascendental libro sobre uno de los tantos efectos horribles de la Shoá: el naufragio de sus niños. La primera edición, también publicado por Marea, data de octubre de 2004 y abriga en sus casi trescientas páginas un derrotero judeo-infantil que habla de infancias escondidas en desvanes, pozos, sótanos, bosques o granjas; de nombres falsos, guetos, escondites, campos de concentración, familias sustitutas y fugas para esquivar la aberración nazi de aniquilar niños judíos (lograron hacerlo con un millón y medio). Y lo hace por boca, pasión y vida de treinta de ellos, todos integrantes del grupo “Niños de la Shoá en la Argentina”, y todos (ocho hombres) y todas (veintidós mujeres) dispuestos a narrar sus vivencias antes, durante y después. “Lo único que agregué”, vuelve Wang, “fue la foto de mi hermano Zenus y lo que les pasó a los protagonistas del libro durante los quince años que pasaron entre edición y edición”.

–¿Qué les pasó?

–Bueno, algunos se murieron. Otros aparecieron y no están en el libro, porque no los conocía. En el epílogo cuento un poco eso, y también incluyo cuestiones que le pasaron a cuatro o cinco de los que habían testimoniado en la primera edición, además de cosas ocurridas en Generaciones de la Shoá, la organización que presido y que ahora integra el Museo del Holocausto. 

Dos de ellas, en efecto, son las que conmueven a Wang y legitiman sobremanera la reedición: el reconocimiento de Cris Marie D‘Argent, de la versión original (Mariette Diamant) y la historia de Rosi Rotenberg, que a los 74 años encontró el orfanato católico Kszendza Boduena en Varsovia, donde había estado entre los dos meses y los cinco años, cuando la encontró su papá. “El orfanato existía tal cual, y es muy fuerte eso. Figúrese esto: usted es grande, tiene nietos, no conoció a su madre ni siquiera en fotos, y de repente encuentra el lugar donde pasó parte de su infancia. Incluso, las monjas le trajeron el libro del orfanato y Rosi se encontró con el nombre falso (Teresa) que le habían puesto para esquivar las recurrentes inspecciones de las SS”, cuenta Wang, que también refiere sobre el caso de Mariette: “Cuando hice la primera edición ella no quería que se publicara su nombre verdadero, y entonces le tuve que inventar otro. Por eso le puse Cris, porque alude a cristiano, y ella pasó como casi cristiana toda la vida. Y D‘Argent se lo puso porque era una familia de banqueros, de mucha guita. Pasó que en estos quince años, luego de muchas charlas y encuentros suyos con otros sobrevivientes, decidió contarle la verdad sobre su identidad a sus hijos, a sus nietos y a sus amigos, y vivió lo que vive todo judío. Vio cómo era la reacción del otro cuando decía que era judía... algo parecida a cuando alguien dice que es gay. Bueno, es muy fuerte que me haya dado el permiso para revelar su nombre, porque fue una niña escondida hasta los 75 años. Ahora tiene 80.”

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El tercer hallazgo de reedición es el niño rubio que grafica la tapa del libro: su hermano Zenus. “Es un desaparecido, no se sabe qué pasó con él. Dijeron que murió, pero el cuerpo nunca apareció. Esto ya estaba, pero lo que agregué es una manifestación escrita de lo que te pasa cuando no tenés el cuerpo, cuando no sabés dónde está. Es ridículo, pero a veces fantaseás con que suene el teléfono y alguien te diga ‘apareció’... El cuerpo es fundamental, si no está no podés hacer el duelo”, sostiene Wang, que volcó tales fantasías sobre el papel. ¿Lo ahogaron? ¿Lo ahorcaron? ¿Lo golpearon en la cabeza?, y elucubraciones varias sobre los efectos en la conciencia de los posibles asesinos. “Escribí esto porque cuando hay algo en mi cabeza que me atormenta, me angustia o me molesta, no lo puedo asir. Es algo brumoso, enredado, y necesito sacarlo para afuera y ponerlo en palabras. Y esto me permite operar, dialogar con lo que saqué que es la muerte de un chico a manos de alguien que lo conoce. Después que escribí esto sobre mi hermano sentí un alivio enorme. No lo puedo volver a leer, pero forma parte de una pregunta clave: ¿cómo hacés para matar a un chico? ¿Cómo hacían los militares guatemaltecos para clavar bayonetas en las panzas de las embarazadas? ¿Cómo se hace eso? ¿Qué pasa con el ser humano, cuya cría es biológicamente sagrada, para cruzar el umbral?”

–Una explicación posible es religiosa. Los incas lo hacían porque creían que le estaban entregando su bien más preciado, menos “contaminado”, a Dios.

–Con los incas era así, sí, ¿pero con los genocidas cómo es? ¿Qué pasó con los nazis, o en Camboya o en Ruanda, con esa cosa sanguinaria de construir al otro, a un niño, como un enemigo que hay que destruir? Es una construcción tan fuerte que hace que algunos crucen la barrera. Y casi todo un pueblo, como el alemán, acepte esta locura.

–¿Cómo llegó a esa foto de Zenus?

–En mi casa había una foto suya que no es ésta. Creo que mi mamá la destruyó y no me quedé con foto de él, hasta que una sobrina hizo un viaje a Europa. Fue a Viena a visitar a una prima mía, cuyos padres sobrevivieron al exterminio igual que los míos, y mi prima le dijo a mi sobrina que tenía una foto de Zenus. Se la habían mandado a sus padres, y la pudieron conservar. 

–Es un muñeco su hermano...

–Mejorado por un tratamiento que le hicieron a la foto, cuya original era en blanco y negro, sí. Esta foto te transmite toda la ternura. Tiene como el estereotipo de lo angelical, blanco, rubio, de ojos claros... es una construcción cultural. Lo que es interesante es que Zenus tiene el color de lo que los nazis denominaban como ario. No tiene el color del estereotipo antisemita del judío, que es más morocho. Incluso, cuando yo nací, rubia, la partera le dijo a mamá “qué suerte tiene con esta nena, señora, porque cuando los nazis vengan otra vez, ella se va a salvar”.

Pero los nazis, para suerte de ella y sus padres, nunca llegaron. Diana nació en Polonia en 1945 y vino a la Argentina con sus padres, dos años después. “Cuando terminó la guerra no había dónde ir. Mis padres querían ir a Palestina, cuando aún no era Israel. Podríamos haber ido ilegalmente como fueron tantos otros, en esos barcos atestados de gente que eran detenidos por los británicos y mandados a los campos de concentración en Chipre. Entonces mis padres, que ya habían perdido un hijo y estaban conmigo de bebé, dijeron no. Querían preservar mi vida. Bueno, en ese contexto no había dónde ir, ningún país tenía lugar. La Argentina, igual que tantos países, tenía una circular que prohibía dar visas a los judíos... pero todos sabían qué hacer para burlar la ley: tenías que decir que eras católico, te tomaban un examen o podías sobornar al oficial de turno en la embajada.

–¿Qué pasó con su familia?

–Mis viejos consiguieron una visa para ir a Paraguay, sobornando a la gente del consulado. Mi papá había hecho bastante plata cuando terminó la guerra, porque se dedicó al contrabando, dado que las estructuras laborales y económicas estaban destruidas, y había que rebuscársela como se podía. Mi padre sacaba soda cáustica de Polonia en camiones para llevar a Hungría, y traía cigarrillos de Hungría a Polonia, sobornando a los guardias. El era carpintero, pero no había trabajo para eso. 

–¿Pasaron por Paraguay?

–No. Vinimos directo a Buenos Aires, porque era el mismo barco. Mi viejo, con la plata que había hecho, compró máquinas para armarse una carpintería acá. Empezó a trabajar muy bien, y compró una casita sencilla en Flores en 1947. Estuvimos ilegales hasta 1949, cuando el gobierno de Perón dictó una amnistía y pudimos legalizar nuestra situación.

–¿Su condición de psicóloga se conjuga o no con su tarea como presidenta de Generaciones de la Shoá, y como escritora?

–No. Intento que no se toquen. Una cosa es mi profesión como psicóloga, y otra todo esto que hago. No quiero que se toquen, porque habitualmente escucho lecturas sobre el trauma de los sobrevivientes con las que no coincido, por dos razones: una, porque me crié entre sobrevivientes, en un contexto donde todos lo eran. Y nadie tenía una patología... era gente común, corriente y totalmente alejada de la idea que a muchos les gusta tener de un sobreviviente con un trauma psicológico. Yo no vi en ellos problemas psicológicos esenciales en la construcción de la subjetividad, y esto es algo que se confirma con sobrevivientes que fui conociendo después. Es cierto que algunos están rayadísimos, pero hay gente que no es sobreviviente del Holocausto y está rayadísima igual. En este caso “A” no conduce a “B”, porque las cosas al nivel del psiquismo y la personalidad no son lineales. Es mucho más complejo que eso. Es algo tridimensional y corpóreo. Que vos seas como sos no puede ser atribuible a una cosa específica, es una construcción compleja de situaciones muy difícil de desentrañar. 

–Mencionaba otra razón por la que no quiere que se crucen los dos caminos.

–Si, porque si leo lo que pasó desde el punto de vista intrapsíquico lo estoy banalizando y abaratando, dado que el Holocausto tuvo que ver con la sociedad y no con lo individual. Dicho de otro modo, está el Mal con mayúscula y el mal con minúscula. En el primero interviene una estructura social, que puede ser un gobierno, un ejército, o lo que fuere, que señala un enemigo interno que hay que destruir, llámese judío, comunista, peronista, cristiano, musulmán, o como se llame. Ese colectivo tiene un ejecutor, una persona concreta que ataca a otra persona concreta que no conoce, y por la cual no siente nada. 

–La famosa obediencia debida.

–En efecto, muchos de los nazis no odiaban a los judíos, hacían lo que tenían que hacer, y punto. Lo que digo es que la relación entre agresor y agredido no es emocional, es racional. Es una razón de Estado. Hay que destruir a alguien no por la persona en sí, sino por el colectivo que integra. En cambio, el mal con minúscula es el que nos hacemos los mamíferos cuando nos sentimos atacados, y es emocional, interactivo, puesto que se hace entre dos personas, y además, a diferencia del otro mal, genera culpa. Entonces, cuando yo pienso todo esto, ¿cómo lo puedo reducir a una lectura psicológica? Me parece que es de una banalización peligrosa, porque los genocidios tienen que ver con algo social, algo de colectivos, de lavados de cerebro, de homogeneizadores de la opinión pública... Es muy atractivo atribuir a una cosa psicológica esto, pero no sé, porque lo que observé es que los sobrevivientes emergen del bache (un abismo al que te caés sin previo aviso hasta que volvés, también sin previo aviso, a un mundo que siguió su curso) y quieren recuperar lo que perdieron. Entonces trabaja, arma una familia, hace lo que no pudo hacer. Es tan enorme la distancia entre el bache y la superficie, que la vida en el pozo hay que encapsularla. 

–Al revés de la catarsis, se guarda.

–Porque si la contás, la gente no te la cree. Nadie le cree a los emergentes de los genocidios. A mí me pasó con un sobreviviente de la dictadura argentina. Cuando uno que fue liberado en los comienzos me contó que lo habían torturado, y no le creí. 

–En efecto, los testimonios de su libro aparecen cincuenta años después del Holocausto.

–Es que ni se niega ni se olvida, se encapsula. Queda guardado y sale cuando lo más grave que le paso al que cayó en el bache no es el dolor, la tortura o la muerte de sus seres queridos, sino que el piso en el que estaba parado se rompió. Desaparecieron las leyes, la protección... Cuando caés en el bache, lo que se rompe es la confianza en la estructura social que te contenía, porque ahora es la que te quiere matar. Se necesitan muchas décadas para recomponer esa confianza. Y recién se recompone cuando volviste a trabajar, a formar una familia, a dormir tranquilo. Cuando lo recomponés, recién ahí podés hablar. 

–Lo que les pasó a Elsa Rozin, a Enrique Pechner, a Pedro Boschán, a Liza Zajac y a todos los que entrevistó.

–Cuando volvieron a pisar tierra firme, sí. Es gente que sufrió el Holocausto pero que canta, baila, se ríe, come, recuerda como horrible lo que le pasó, obvio, pero vive como cualquiera y sabe que no pudo evitar ser víctima de algo que la superaba completamente. Entonces, cuando pasa un tiempo y esa persona abre lo que estuvo encapsulado, lo hace desde otro lugar, porque ya no está en el bache. En cambio, los que contaron los padecimientos tempranamente, o enloquecieron, o se suicidaron como Primo Levi y Paul Celan, o enloquecieron a sus familias. Por todo esto, trato de que no se cruce lo psi con la Shoá. No quiero ni que se toquen, porque no se puede leer fenómenos diferentes con leyes similares.

Sobre la indiferencia.

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Los indiferentes están en el centro de los hechos genocidas. Los testigos que ven y hacen como que no ven. Los que no ven y no ven que no ven. Los que ven y creen que alguien resolverá lo que está mal. Los que ven y temen denunciarlo o intervenir. Los que ven y no les importa.

Cada tanto alguien recuerda el texto del pastor luterano Martin Niemöller. Hay distintas versiones de la fecha en que lo escribió, cierto consenso indica que fue luego de su internación en Dachau entre 1941 y 1954.

"Primero vinieron por los socialistas,

y yo no dije nada, porque yo no era socialista.

Luego vinieron por los sindicalistas,

y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los judíos,

y yo no dije nada, porque yo no era judío.

Luego vinieron por mí,

y no quedó nadie para hablar por mí"

Posteriormente agregó a la lista a otros colectivos designados como blanco: los comunistas, a los pacientes incurables, a los Testigos de Jehová, y a los civiles de los países ocupados por el nazismo que nada hicieron por impedirlo. Hay variantes anónimas del conocido poema que incluyen a los católicos, a las escuelas, a la prensa, los homosexuales, los masones, los gitanos…, e incluso, en 1968, un congresista de los Estados Unidos le agregó: "los industriales que no fueron perseguidos por los nazis y aceptaron vivir bajo esa tiranía".

Niemöller no era comunista. Si lo fue Bertolt Brecht a quien se le sigue atribuyendo el texto.

Pareciera que el malentendido empezó en los 70 y fue apropiado por la izquierda dizque progre. Todos recordamos a Cipe Lincovsky y su vibrante recitado junto a su declaración de que se trataba de Brecht. Interesante ver el cambio que introducía en el texto original. Helo aquí:

"Primero se llevaron a los judíos,

pero a mí no me importó porque yo no lo era.

Luego arrestaron a los comunistas,

pero como yo no era comunista, tampoco me importó.

Más adelante detuvieron a los obreros,

pero como no era obrero, tampoco me importó.

Luego detuvieron a los estudiantes,

pero como yo no era estudiante, tampoco me importó.

Finalmente detuvieron a los curas,

pero como yo no era religioso, tampoco me importó.

Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde"

Respecto de los indiferentes, la situación se replica en los casos de bullying porque el corro que es testigo de la agresión, en el mejor de los casos observa y no hace nada y en el peor ríe y aprueba. El trabajo debe estar dirigido a la rueda de indiferentes, a la masa concesiva y aprobatoria.

Como dijo Edmund Burke: "Lo único necesario para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada".

Una última cosa: Dante Alighieri en su camino al infierno, oye gemidos y gritos. Le pregunta a su guía, Virgilio, quiénes son. Son los Ignavos, los que por cobardía permanecieron quietos y no hicieron ni el bien ni el mal, están en el anti infierno donde van los que no tienen lugar ni en el cielo ni en el infierno porque no eligieron de qué lado estar.

Pagar matrícula para vivir en pareja

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Nos arrojamos a la vida en pareja confiados, esperanzados, ilusionados y convencidos de que con el amor es suficiente. Amor entendido como pasión, erotismo, atracción, deseo, mariposas en la panza, sensación constante de elevación y placer al estar juntos y al pensar en el otro, emociones que también vemos en el otro y que nos realimentan y reaseguran que es la persona justa. Ese amor, que algunos llaman infatuación, no es eterno. En realidad dura muy poco. Hay investigaciones que dicen que entre 2 meses y 2 años. Como sea, es una evidencia incontrastable que no es para siempre. Con suerte, cuando el fuego pasional se va apagando, queda el rescoldo tibio y amable de una buena relación, confianza e historia común, expectativas compartidas, lazos familiares y amistosos sólidos, hijos, compromisos, formas de ver la vida, perspectivas de futuro. Pero nos hemos formado en una cultura que lee todo lo anterior como un pobre consuelo ante la falta del fuego sublime de la pasión desatada.

Es tan enceguecedor el calor pasional que no nos preguntamos cómo será cuando se vaya atemperando, qué de la relación establecida mantendrá viva a la pareja. Y pasados unos años más de una pareja descubre que tienen poco en común, que se lo pasan peleando el uno con el otro para hacer las cosas del modo que les resulta mejor y que no coinciden en casi nada. Lo que los había unido, la infatuación o, dicho de modo más informal la calentura, ya no está más y lo que queda no les viene bien.

No solemos hablar de nuestras necesidades, estilos, ritmos y apetencias antes de decidirnos a convivir en pareja. Lo dejamos librado al suceder mágico en el contexto de la pasión que nos da la ilusión de que todo lo puede y que todo lo podrá.

Es infinito el universo de cosas que se deberían hablar antes para saber si podremos convivir más o menos amablemente el uno con el otro.

El manejo del dinero. ¿Habrá una caja grande -de quien ejerce la función masculina- y una caja chica -de quien ejerce la función femenina- según el estereotipo? ¿Caja común o cada uno lo suyo? ¿Cuenta de banco compartida y recíproca? ¿Cómo serán las decisiones acerca de los gastos, las compras, el ocio?

Los ritmos biológicos. ¿Alondras o búhos? ¿en qué momento del día se sienten mejor? Si ambos fueran iguales, problema allanado, pero si difieren es preciso hacer acuerdos previos acerca de actividades, horarios y vida cotidiana.

Orden, hábitos y aseo. Cada uno sabe qué y cómo le gusta vivir, qué y cuánto puede tolerar si el otro no lo hace como a uno le gustaría. Suponer que el amor del comienzo hará todo más fácil es un engaño que se paga caro porque cuando la piel deja de temblar en la cercanía del ser amado, cuando las mariposas se cansaron de hacernos cosquillas en la panza, empezamos a irritarnos porque las toallas quedan tiradas en el baño, porque no usa desodorante, porque habla con la boca llena, porque se revuelve tanto en la cama que se hace un lío con las sábanas, porque usa calzado sin medias, porque se baña demasiado, porque se baña poco, y podríamos seguir ad infinitum con las mil y una conductas que construyen la vida cotidiana y que nos pueden sacar de quicio.

La distancia óptima. Cada uno de nosotros se siente cómodo interactuando a una determinada distancia, tanto geográfica como temporal. ¿Pegados todo el tiempo o a 10 metros de distancia? ¿En contacto permanente durante el día o solo buscarse en caso de necesitar decir algo? La comodidad sentida determinará el ritmo y la distancia que, en caso de no ser hablado, puede ser tomado por el otro que necesita un ritmo y una distancia diferente, como desamor.

La sexualidad. Una vez que la convivencia se ha establecido y que los encuentros sexuales dejan de ser esos momentos mágicos que nos regala la vida para estar ahí a disposición en cualquier momento, el misterio subyugante se vuelve rutina. Lo que era espontáneo empieza a dejar de serlo y probablemente sea necesario empezar a hablar acerca de horarios, lugares, posiciones, situaciones y contextos, modos de acercamiento y recreación de erotismo. Cuando todo era nuevo no hacía falta pero luego sí lo es. Se requiere una gran valentía y sinceridad si lo que se quiere es vivir una vida sexual más o menos satisfactoria, y la promesa de aceptación de los pre-requisitos y requisitos del otro en el caso de que sea posible.

Las relaciones con la familia extensa, con los amigos, con los compañeros de trabajo, con las parejas anteriores, con los hijos de las parejas anteriores. Tener hijos o no, respetar algún ritual religioso. Éstas áreas y varias más deben ser habladas antes de tirarse del trampolín. Nada en la vida es gratis. Tampoco la pareja. Exige un pago de matrícula: el compromiso de cada uno de aceptar al otro y no pretender cambiarlo. En el contexto de la pasión se paga esto y mucho más, pero se lo hace sin saber a qué se está comprometiendo. Cuando la pasión mengua la matrícula quedó olvidada y si la convivencia se complica cada uno querrá cambiar al otro.

Si estás por tomar la decisión de convivir, mirate con total honestidad y hacete algunas de estas preguntas y si podés y si te animás, invitá a tu otro a hacerlo y entonces sí, firmen la matrícula con total conciencia y aceptación.


Publicada en La Nación online., 21 de enero 2019

Adoctrinamiento de niños en Argentina

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La infamia se repite. Como una pesadilla sin fin la creatividad del MAL se pone en práctica dirigida al adoctrinamiento de niños. No es nuevo en la historia de la Humanidad. Durante el nazismo el Ministerio de Propaganda del Reich liderado por Joseph Goebbels se ocupó de crear, producir y difundir innumerables materiales de adoctrinamiento en especial para los niños y jóvenes. Posters, folletos, periódicos, colonias de verano, escuelas especiales, grupos juveniles, libros de texto y entre tantos otros, un juego de mesa que hizo furor. Se llamaba “Juden Rauss”, judíos afuera. Como el juego de la oca, era un tablero con casillas, dados y unas figuras que debían hacer el recorrido. Eran personas coronadas con sombreros largos y puntiagudos con rasgos claramente judíos según el estereotipo antisemita. Ganaba quien conseguía expulsar a todos a Palestina. Sí, a Palestina porque Israel todavía no existía, se llamaba Palestina.

Los nazis mandaban a los judíos a Palestina. Hoy, que existe Israel, deben irse. Nunca hay lugar para los judíos. Ni acá ni allá.

Se vende y distribuye hoy un juego similar con el nombre de “Ahed Tamimi y la lucha del pueblo palestino”. También hay un tablero y un derrotero que sigue la heroína según los dados vayan indicando según en qué casillero caiga.  

Ejemplos de algunos:

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  • “los vecinos y vecinas de Nabi Saleh salen a las calles a exigir que les devuelvan su manantial. Te sumás y avanzás dos casilleros”,

  • “meten preso a un familiar de Ahed. Como toda la familia tiene que ir a reclamar su libertad perdés un turno”,

  • “soldados de Israel disparan gases lacrimógenos contra los pibes, avanzás dos casilleros del susto”,

  • “Ahed tiene que viajar para dar una charla sobre la lucha de su pueblo. Esperás su regreso y perdés un turno”,

  • “una patrulla de soldados israelíes detiene a Ahed en una calle de su barrio perdés un turno”.

Igual que en el juego nazi, al seguir las instrucciones se incorpora inadvertidamente el contenido político y se lo va naturalizando, de modo que se pueda homogeneizar a la población y anestesiar su raciocinio y su moral. Gran lección del Ministerio de Propaganda nazi.

La Editorial Sudestada produce este tendencioso panfleto como buenos alumnos del nazismo y, por las dudas, le suma este argumento de venta:

"Cuando vemos algo que no está bien, que no es justo, que es un abuso... ¿hay que gritar, hay que salir a las calles, hay que protestar, hay que pelear? ¡Claro que sí! Eso hizo Ahed Tamimi, eso hace el pueblo palestino. Es por eso que queremos contarte su historia y la de todo su pueblo. Porque Ahed es una heroína, y porque su voz se escucha en estas páginas".

Claro que si se los confronta negarán antisemitismo alguno. “Estamos en contra de la ocupación israelí” dirán. Les vamos a creer cuando también estén en contra del asesinato de cristianos en Siria, del régimen dictatorial de Corea del Norte, de la expulsión de los Rohingyas por el ejército de Myanmar (a que no tienen idea de dónde está todo eso), a la hambruna en el norte de Yemen con la intervención de Irán, a la desastrosa situación en Venezuela, al conflicto entre Rusia y Ucrania, la crisis de los refugiados en Europa y tantos otros hechos que tiñen de oprobio a la condición humana. Acerca de nada de eso se habla, se difunde, se crean materiales de concientización y reflexión.

Solo cuando se trata de judíos.

Si eso no es antisemitismo, ¿el antisemitismo dónde está?  

Adoctrinamiento de niños en Argentina

La infamia se repite. Como una pesadilla sin fin la creatividad del MAL se pone en práctica dirigida al adoctrinamiento de niños. No es nuevo en la historia de la Humanidad. Durante el nazismo el Ministerio de Propaganda del Reich liderado por Joseph Goebbels se ocupó de crear, producir y difundir innumerables materiales de adoctrinamiento en especial para los niños y jóvenes. Posters, folletos, periódicos, colonias de verano, escuelas especiales, grupos juveniles, libros de texto y entre tantos otros, un juego de mesa que hizo furor. Se llamaba “Juden Rauss”, judíos afuera. Como el juego de la oca, era un tablero con casillas, dados y unas figuras que debían hacer el recorrido. Eran personas coronadas con sombreros largos y puntiagudos con rasgos claramente judíos según el estereotipo antisemita. Ganaba quien conseguía expulsar a todos a Palestina. Sí, a Palestina porque Israel todavía no existía, se llamaba Palestina.

Los nazis mandaban a los judíos a Palestina. Hoy, que existe Israel, deben irse. Nunca hay lugar para los judíos. Ni acá ni allá.

Se vende y distribuye hoy un juego similar con el nombre de “Ahed Tamimi y la lucha del pueblo palestino”. También hay un tablero y un derrotero que sigue la heroína según los dados vayan indicando según en qué casillero caiga.  

Ejemplos de algunos:

  • “los vecinos y vecinas de Nabi Saleh salen a las calles a exigir que les devuelvan su manantial. Te sumás y avanzás dos casilleros”,

  • “meten preso a un familiar de Ahed. Como toda la familia tiene que ir a reclamar su libertad perdés un turno”,

  • “soldados de Israel disparan gases lacrimógenos contra los pibes, avanzás dos casilleros del susto”,

  • “Ahed tiene que viajar para dar una charla sobre la lucha de su pueblo. Esperás su regreso y perdés un turno”,

  • “una patrulla de soldados israelíes detiene a Ahed en una calle de su barrio perdés un turno”.

Igual que en el juego nazi, al seguir las instrucciones se incorpora inadvertidamente el contenido político y se lo va naturalizando, de modo que se pueda homogeneizar a la población y anestesiar su raciocinio y su moral. Gran lección del Ministerio de Propaganda nazi.

La Editorial Sudestada produce este tendencioso panfleto como buenos alumnos del nazismo y, por las dudas, le suma este argumento de venta:

"Cuando vemos algo que no está bien, que no es justo, que es un abuso... ¿hay que gritar, hay que salir a las calles, hay que protestar, hay que pelear? ¡Claro que sí! Eso hizo Ahed Tamimi, eso hace el pueblo palestino. Es por eso que queremos contarte su historia y la de todo su pueblo. Porque Ahed es una heroína, y porque su voz se escucha en estas páginas".

Claro que si se los confronta negarán antisemitismo alguno. “Estamos en contra de la ocupación israelí” dirán. Les vamos a creer cuando también estén en contra del asesinato de cristianos en Siria, del régimen dictatorial de Corea del Norte, de la expulsión de los Rohingyas por el ejército de Myanmar (a que no tienen idea de dónde está todo eso), a la hambruna en el norte de Yemen con la intervención de Irán, a la desastrosa situación en Venezuela, al conflicto entre Rusia y Ucrania, la crisis de los refugiados en Europa y tantos otros hechos que tiñen de oprobio a la condición humana. Acerca de nada de eso se habla, se difunde, se crean materiales de concientización y reflexión.

Solo cuando se trata de judíos.

Si eso no es antisemitismo, ¿el antisemitismo dónde está?  


English translation:

INDOCTRINATION OF CHILDREN IN ARGENTINA

By Diana Wang

Infamy repeats itself. As an endless nightmare, the creativity of EVIL is applied to indoctrinate  children. This is not new in the history of Humanity. During the Nazi regime, the Reich Ministry of Propaganda led by Joseph Goebbels was devoted to creating, producing and disseminating countless indoctrination materials, especially for children and young people. Posters, flyers, newspapers, summer camps, special schools, youth groups, textbooks and, among many others, a board game that was all the rage. Its name was “Juden Rauss” – Jews Out. Like the Game of the Goose, it was a game board with squares, dices and some  game piece figurines that had to follow the track. They were people with large pointed hats with clearly Jewish features after the antisemitic stereotype. The winner was whoever managed to expel all the Jews to Palestine. Yes, to Palestine because the State of Israel did not exist yet, it was called Palestine.

The Nazis sent the Jews to Palestine. The State of Israel exists today and they must leave it. There is never place for the Jews. Neither here nor there.

Now a similar game is being sold and distributed under the name “Ahed Tamimi y la lucha del pueblo palestino“ (Ahed Tamimi and the struggle of the Palestinian people). There is also a game board and a track that the heroine follows according to throws of dices indicating on which square to land.

Some examples:

* Nabi Saleh‘s neighbors take to the streets to demand the return of their wellspring. You join them and move two squares,

*they send down one of Ahed‘s relatives. As every family has to go and reclaim its freedom, you miss a turn,

*Israeli soldiers shoot tear gas against the kids, you move two squares because of the fright,

*Ahed has to travel to give a talk about the struggle of its people. You wait for her return and miss a turn,

*a patrol of Israeli soldiers detains Ahed on a street in its neighborhood, you miss a turn.

As in the Nazi game, while following the instructions, the political content is inadvertently incorporated and naturalized, to homogenize the population and anaesthetize its reasoning and its morality. Great lesson from the Nazi Ministry of Propaganda.

Sudestada Editorial is producing this biased pamphlet, as good disciples of Nazism,  and, just in case, his selling argument is added:

“When we see something that is not right, that is not fair, it is an abuse... Do we have to shout? Do we have to take to rally? Do we have to protest? Do we have to fight? Of course we do! That is what Ahed Tamimi did, that is what the Palestinian people do. That is why we want to tell you her story and the story of her people. Because Ahed is a heroine, and because her voice is heard in these pages.”

Of course, if they were confronted, they will deny any kind of antisemitism. “We are against the Israeli occupation,” they would say. We will believe them when they are also against the murder of Christians in Syria, against the dictatorial regime in North Korea, against the expelling of the Rohingya in Myanmar (they may not even know where it is), against the famine in northern Yemen with Iran‘s intervention, against the terrible situation in Venezuela, against the conflict between Russia and Ukraine, against the refugee crisis in Europe, and many other situations that cover human condition with opprobrium. Nobody speaks, disseminates or creates materials for awareness-raising and reflection about none of those situations.

Only when it is about the Jews.

If that is not antisemitism, what is?

Publicado por Infobae el 8 de enero de 2019




Valentines vs darthesianos. El nuevo modelo de hombre.

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A Valentín de 68 años, el caso Darthés le hizo barajar y dar de nuevo. CEO de una importante multinacional, casado, tres hijos -dos mujeres y un hombre-, dos nietos, su primera reacción fue de rechazo por el descuartizamiento público del acusado, por el video de la víctima que le pareció muy bien armado, por la sospecha de objetivos políticos encubiertos, por el recuerdo de algunos hombres notorios acusados de un modo que le parecía una venganza personal y porque temía que la denuncia abriera la compuerta de muchas otras, no siempre verdaderas. Desestimó ese “griterío airado”, no le gustó, no le pareció importante. Pero todo cambió cuando llegó a su casa. Su esposa, sus dos hijas, su yerno y hasta su hijo, tomados por el tema, coincidían en que finalmente se hablaba de lo que había que hablar y que esas cosas debían salir a la luz. “Esas cosas, ¿qué cosas?” preguntó pasmado Valentín. Entonces su mujer y sus dos hijas le contaron, irritadas ante su ignorancia, varios episodios humillantes que habían debido afrontar y aguantar por ser mujeres. Confrontado e impresionado con lo que escuchaba, la denuncia contra Darthés le tocó de otra manera, comenzó a hacérsele carne.

Concienzudo y estructurado, se sumió en una exhaustiva y honesta revisión su vida desde la nueva perspectiva de lo escuchado en su propia familia. Reconoció que en su educación y formación había sido esencial la convicción de que hombres y mujeres constituían universos bien diferenciados y, especialmente, jerarquizados. Los hombres más poderosos, capaces de mandar, fuertes y racionales, protagonistas, competitivos, efectivos y autosuficientes. Las mujeres no, subalternas, emocionales, inestables, fluctuantes, domésticas, menos interesadas en lo verdaderamente importante de la vida. Nociones establecidas y rubricadas por religiones, novelas, canciones, chistes, universales y “naturales”, implicando que era como siempre había sido y cómo seguiría siendo.

El lugar de la mujer como compañera sexual también estaba claramente jerarquizado; subsidiaria del deseo del hombre, su función, tuviera o no tuviera ganas, era satisfacerlo. Valentín, como tantos, había comenzado su vida sexual con una prostituta junto con un grupo de amigos, el cuerpo femenino estaba destinado para su solaz y placer y la mujer jugaba a hacerse la difícil para estimular el deseo. Un chiste común en su adolescencia era que si una mujer decía que ‘no quería’ quería decir ‘tal vez’, que si decía ‘tal vez’ quería decir que ‘sí’ y si decía ‘sí’ era que ya no era doncella. ¡Y les causaba mucha gracia, claro!

La esposa era “la señora de”, ¿de quién? de un hombre, era su posesión, tanto que “poseer a una mujer” era sinónimo de encuentro sexual. El amo del cuerpo de la mujer, y de la mujer, era el hombre. Y el dueño, obviamente, tenía el derecho de hacer lo que quería con su objeto poseído. En ese contexto la violencia, el forzamiento y el abuso eran una consecuencia lógica. A las mujeres se sumaban los niños, feminizados por su debilidad y posición social, que también eran posesión del amo y podían ser golpeados y abusados con pleno derecho.

Anonadado por el descubrimiento dio un paso atrás respecto al rechazo que la denuncia contra Darthés le había producido. Revisó su vida entera, sus suposiciones, sus creencias, todo lo que siempre había dado por cierto respecto sobre qué era ser hombre y qué era ser mujer, los derechos de cada uno y su status social y familiar. Inteligente y valiente, se dio cuenta de que era más que su mirada sobre la mujer, que también cuestionaba seriamente su lugar como hombre incluso también respecto de otros hombres.

Recordó el miedo que había sentido cuando Esteban, su hijo, quería jugar con las muñecas de sus hermanas, el miedo de que se “volviera maricón”. ¿Qué peor? Por suerte le había salido bien, pensó con alivio. “¡¿Por suerte?!” se dijo. “¿O sea que aunque revise y cuestione lo que a todas luces es arbitrario, la cosa sigue funcionando en mi interior y sigo preso de todo lo que siempre tomé como natural y verdadero?”.

Sí Valentín, sigue funcionando. Nos llevará mucho tiempo volver sobre nuestros pasos como civilización para revisar, de verdad, las nociones en las que nos hemos criado como si fueran verdades incontrovertibles. Funciona aunque sepas que tu mujer no es menos mujer porque dirige esa ONG que tanto los enorgullece, que tu hija Sabrina no es menos mujer porque es cirujana ni tampoco tu hija Malena que está a punto de recibirse de piloto aerocomercial. Son otros modelos de mujeres que aquellos con los que te criaste y que tomaste por naturales y estamos siendo cada vez más. Corremos con lobos, amamos y acariciamos pero también inventamos, descubrimos, damos órdenes, ganamos dinero y no tenemos a la maternidad como principal objetivo en nuestra vida.

La ola que abre el caso Darthés nos da la oportunidad de revisar nuestras propias convicciones. Tanto hombres como mujeres. Porque las mujeres hemos sido criadas en el mismo contexto machista que los hombres y lo perpetuamos en la educación que le damos a nuestros hijos. Y no se trata solo de sexo, la violencia sexual es la punta del iceberg. Cito a Inés Hercovich: “... el colectivo de las mujeres ocupa un lugar de inferioridad dentro del sistema, pero también hay mujeres que oprimen a mujeres. Y en el colectivo de los hombres no todos sacan ventajas, también hay hombres que están marginados, que sufren mucha violencia”.

Valentín hizo honor a su nombre. Los darthesianos negadores, los que no se atreven a decir ‘me equivoqué’ están siendo reivindicados por los valentinos aceptadores, los que se atreven a revisar, cuestionar y refundar su masculinidad. Más hombres que nunca, mejor hombres que nunca, están decididos a serlo sin que ello implique el derecho a denostar, humillar, discriminar laboralmente, inferiorizar, golpear, asesinar ni poseer a ninguna mujer. Son los que se esfuerzan voluntariamente en reinventarse y elegir vivir sin someterse a las relaciones de dominio de género, sin víctimas ni perpetradores. El nuevo modelo de hombre.

Dijo Rita Segato: Que la mujer del futuro no sea el hombre que estamos dejando atrás