Los celos no siempre tienen la culpa

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Cuando nació Aylén, su hermano Nahuel tenía 3 años. Graciela y Eduardo estaban más que felices, ya tenían la parejita, eran una familia tipo hecha y derecha. Todo estuvo bien. Alegría familiar, felicitaciones de los compañeros de Eduardo en el banco, la casa se llenó de color rosa y muchas de las cosas de cuando Nahuel había sido bebé quedaron sin uso porque eran celestes y no querían que la nena se vistiera de varón.

Unas dos semanas después, Nahuel volvió del jardín con un calzón extraño. Se había hecho encima y traía el suyo en una bolsita impermeable. "¡Qué raro!", pensaron sus padres, porque venía controlando lo más bien ya hacía como seis meses. Ni siquiera se le escapaba a la noche ya.

Dos días después, otra vez. Los llamaron del jardín y tuvieron una entrevista con la psicopedagoga que les hizo las preguntas de rutina. Que si estaba todo bien en casa. Que si algo había pasado en esos días y sí, le dijeron, había nacido Aylén. "¡Ah!", dijo la profesional con tono confirmatorio mientras se descruzaba de piernas. "¡Eso explica todo! Está celoso".

Eduardo, sin entender demasiado, le preguntó qué tenía que ver que estuviera celoso, si es que lo estaba, con que hubiera vuelto a hacerse pis encima. No olvidará su mirada condescendiente cuando les explicó estos procesos normales en los niños al nacerles un hermanito. Así dijo: "Les nacía". Que el proceso implicaba la angustia de dejar de ser el único y que muchas veces los conducía a una regresión a la etapa anterior y al consecuente descontrol esfinteriano. Que era una forma en la que usualmente pedían la atención que les había sido retirada y que ahora recibía el bebé recién nacido, lo que los ponía celosos y rabiosos. Aconsejaba un psicodiagnóstico que llevaría a un tratamiento psicológico que resolvería el problema en unos meses, tal vez antes de fin de año.

Graciela y Eduardo salieron demudados. ¿Tan chiquito y ponerlo en tratamiento? ¿Y cuánto costaría? ¿Y a quién recurrir? Graciela, que lee artículos de psicología, se preguntaba si no sería este un problema que encubría algo mayor, si no le estaba pasando algo grave a Nahuel, si estaban haciendo algo equivocado con él. Los cubrieron las sombras más pesadas.

Eduardo se fue a trabajar abrumado por la angustia. En el almuerzo se lo contó a Marcos, el de contaduría cuya esposa era psicóloga y le caía muy bien. Le preguntó si en casa también se hacía encima. Eduardo llamó enseguida a Graciela y resulta que no, que en casa no. "Entonces debe ser algo que pasa en el jardín", le dijo Marcos. Le dijo que hicieran lo mismo que había hecho la psicopedagoga, que preguntaran en el jardín si había habido algún cambio en la rutina diaria.

Al día siguiente cuando Graciela llevó a Nahuel pidió hablar con la maestra. Lo hizo indirectamente y con una sonrisa, para no ponerla en guardia. Y sí, algo había cambiado. Era un jardín bilingüe, y hacía unos días que, cuando querían ir al baño, los chicos tenían que levantar la mano y decir: "May I go to the bathroom?".

Una vez en casa, Graciela le preguntó a Nahuel cómo hacía para pedir ir al baño en el jardín. Él bajó los ojos y respondió avergonzado que no le salía lo que Miss Lucy le decía y que entonces se aguantaba y que a veces se le escapaba. Esa noche le enseñaron, entre juegos y bromas, a decir "May I go to the bathroom?". Inventaron una canción pegadiza y se rieron juntos y lo felicitaron cuando lo pudo decir fluidamente.

Nunca más se hizo pis encima en el jardín. Se ahorraron el psicodiagnóstico, el tratamiento, una punta de pesos. Además, y no es poco, volvieron a sonreír.

Publicado en el suplemento Sábado de La Nación. 12 de mayo 2018, espacio "Hacelo Simple".

 

Oskar Schindler, el criadero de nutrias.

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Lo que más me gustaba eran las nutrias.

Recostada en el borde las miraba nadar en el barro. Nadaban incansablemente en esa acequia sin fin que, como un mandala endiablado, persistía en desembocar en sí misma. Las nutrias no sabían que no había salida.

-¿Por qué nadan las nutrias? - le pregunté a mamá que, siempre que no sabía qué decirme decía lo mismo: - Es la naturaleza, nena, la naturaleza.

-Pero si no van a ningún lado... ¿por qué nadan todo el tiempo? - insistía.

-... es lo único que saben hacer.

Me pasaba horas viéndolas pasar una y otra vez. Creo que más que ese nadar incesante y desesperado, como de ahogado, eran los ojos los que me atraían, eran ojos asustados, huidizos, que evitaban mirarme, ojos paranoicos, atentos, nerviosos, extraviados, bolitas de vidrio marrón que giraban con increíble velocidad hacia uno y otro lado; como un fascinum[i] que me tenía atrapada.

Recostada al borde de la acequia me pasé horas intentando contarlas, pero no pude. No se diferenciaban unas de otras, en todas la misma mugre, la misma desesperación, los mismos ojos desarticulados. Pensé marcarlas de alguna manera, por lo menos a una, para empezar por ella y ver cuántas había, como hacían con las vacas o los caballos.

Pero no sabía cómo se hacía una cosa así, nunca había visto una yerra ni sabía que se podía tomar un hierro al rojo y dejar una marca indeleble sobre la piel.  Tomé entonces  una maderita y la puse sobre la cabeza de la primera que pasó y empecé a contar. Iba por doscientos cuando me di cuenta que se le había caído. Me pasé la tarde obsesionada con la idea de contarlas, de saber cuántas eran. Podría haberle preguntado a Frau Emilie o al señor con el que hablaban los grandes debajo de la galería, pero por alguna razón que no comprendí en aquel momento, debía descubrirlo sola. No pude. Nunca las pude contar. Ni la primera, ni ninguna de las otras veces que estuve.

La vez siguiente, pretendí reconocerlas por su tamaño, descubrir cuáles eran adultas y cuáles no, si se juntaban algunas con algunas otras, si había machos y hembras, si había familias. Tampoco pude llegar a ninguna conclusión. No tenía el método ni la constancia necesaria.

Mi última visita fue la más concreta. Ya había hecho mis averiguaciones. Sabía que lo único cierto era que estaban encerradas y que las iban a matar. Me propuse esa tarde encontrar la manera de que pudieran escapar.

La quinta quedaba en San Vicente, en el medio del campo. Íbamos por una ruta y después tomábamos un camino secundario. Cuando nos tocaba estar en el auto de atrás teníamos que cerrar todas las ventanillas porque si no nos llenábamos de tierra.

Era toda gente grande. Menos yo. La única otra hija del grupo era Halina, pero ya era mayor, como de dieciocho y nunca quería venir. A mí, como era chica, no me preguntaban.

Ni bien se veían los cipreses que bordeaban la quinta gritaba:

-Voy yo! - lanzándome del auto, levantaba el gancho de fierro y empujaba la tranquera con todas mis fuerzas.

Nos recibía la mirada ajada de una mujer flaca y alta. Andaba siempre con un batón descolorido, de esos que se venden en las tiendas de pueblo, triste y llovido.

-Guten Tag Frau Emilie - la saludaban.

-Está allí - decía en castellano y  señalaba el alero al costado de la casa. La primera vez bajó los ojos y, cuando todos hubieron pasado, se me quedó mirando mientras yo cerraba la tranquera. No sabía si era la esposa o la cocinera.

-Ella tampoco sabe - pensó  más que dijo esa noche mamá. Papá replicó:

-No le hagas caso, está embrujada, como todas las otras.

-¿Quién está embrujada? - pregunté.

-Tu mamá, ¿quién va a ser? - dijo en medio de una carcajada - No sé qué tiene ese hombre, las tiene locas...

El hecho es que los grandes entraron y nadie se ocupó de nosotras que no teníamos nada que hacer juntas.

-Hay nutrias allá -  señaló vagamente.

Pasé cerca de la casa. Vi a los grandes sentados bajo el alero alrededor de ese hombre. En casa se hablaba de él con veneración. Ceremoniosos, duritos, formales, inusualmente respetuosos, le hacían preguntas, escuchaban con atención sus respuestas, alzándolo en el altar de sus miradas. Cada una de sus palabras sería recordada, analizada y comentada minuciosamente en los días subsiguientes.

-Ayer estuvimos en la quinta de Schindler - le dije el lunes a Olguita, mi compañera de banco.

Pero no me prestó atención. En esos días no era conocido ni famoso. No era como Pascualito Pérez o Fangio o Perón o Gina Lollobrígida o Nicola Paone. Nadie fuera de nosotros, los que íbamos a la quinta de San Vicente, parecía saber de su existencia. Sólo para nosotros era importante. Para el resto del mundo no era nadie.

Le empecé a hablar a Olguita sobre las nutrias, le conté de mi plan de liberarlas y ahí sí me escuchó con atención.

-Me recorrí toda la acequia. Es chica. Da una vuelta alrededor como de una islita y nada más. Mirá, así - y le hice un croquis - Encontré un arroyito por donde le entra el agua; no sé de dónde viene ese arroyito, de afuera me parece, pero tiene como una tranquera, así, ¿ves?, las nutrias no pueden pasar por ahí, ¿m'entendés? nadan y nadan pero dan vueltas, no pueden salir.

-¿Por qué querés que se escapen? - me preguntó Olguita - ¿no decís que son feas como ratas?, ¿para qué las querés?

-No sé - le dije. No podía explicarle lo que en ese momento y en ese contexto para mí todavía no tenía explicación - ... para jugar, para hacer algo... no sé.

Pero era más que eso; era algo ligado al poder, la fascinante sensación de dominar sus vidas, como estar sobre un escenario, o salir en Radiolandia, como ser un hipnotizador o ganar la Grande. No importaba que fueran sólo ratas; la idea de planear su liberación igual me hacía sentir importante. "¿Cuál sería el papá?", "¿Tendrán una familia igual que nosotros? ¿Habrá mamás, papás, hijitos, tíos, primos, hermanos...?", "Esa chiquita nunca se despega de la que tiene una mancha negra sobre el ojo derecho... ¿Serán madre e hija?", si conseguía dejar salir a alguna, mejor que fuera un grupo, algunas que fueran amigas o familiares para que no se sintieran solas, para que no extrañaran a nadie... Yo decidía quién viviría y quién no. Me sentía como una heroína de película dispuesta a rebelarme, a hacer algo que podía ser castigado y soñaba con glorias y laureles.

Pero fue sólo un juego. Nunca me animé a dejar escapar alguna. Y siempre tuve remordimientos: ¿Y si la nutria con la mancha negra sobre el ojo derecho era de verdad  la mamá de esa chiquita que no se le despegaba? Nunca lo supe. Tal vez la chiquita tenía miedo, no quería que la separaran de su mamá. Tal vez las mataron juntas, las desollaron, clavaron sus pieles en maderas y después las cosieron en algún sacón suave y lujoso.

Ya sé que estos pensamientos suenan ridículos.

(Las nutrias no piensan.)

(Aunque pensar que las nutrias no piensan no justifica nada.)

(Tampoco con las nutrias.)

Lástima no haberme atrevido

Lástima, además, no haber prestado más atención a otras cosas.

Lástima no haber guardado en mi memoria la cara de Schindler, alguna anécdota, una pequeña frase, algo que me permitiera salir al mundo y gritar: "¡Eh! ¡Mírenme! ¡Yo también lo conocí... entrevístenme a mí!" Sólo una imagen borrosa de un hombrón rubicundo y bonachón con un vaso de whisky a continuación de la mano y las voces de las mujeres chismorreando acerca de sus amantes. 

A veces veo a Halina, la hija adolescente del grupo, la que nunca quería venir. Ella había estado en Cracovia con su mamá y su papá. Tuvieron la suerte de que no fuera yo quien miraba la escena de su debatirse inútil, que en lugar de "jugar" con ideas, hubo alguien, que aunque en un principio también jugando, se jugara por ellos.

-¿Viste la película de Spielberg? - le pregunté. Todo Buenos Aires hablaba de ella; el mundo entero aplaudía los premios de la academia de Hollywood.

-No. No puedo verla. Tengo miedo de que sea demasiado. O demasiado poco. 

-¿No sabés si estás allí?

-Sí,  yo soy la nena que le trae la torta de cumpleaños.

-¿Cuál? ¿La adolescente a la que besa delante de todos los nazis?

-¡No! ¡Esa no! La chiquita, la que le trae la torta.

No me atreví a interrumpir su silencio.

-Nunca quisiste venir a la quinta.

-No. ¿Vos?

-Sí, me llevaban, yo no entendía nada, no me 

daba cuenta de nada, ni siquiera me acuerdo bien de él.

-¿De verdad no te acordás?, me preguntó incrédula.

-De verdad. Es extraña la memoria. Lástima, ¿no?, sólo recuerdo las nutrias.

 

[i] Fascinum (latín): amuleto, objeto que atrae la mirada para impedir el  "mal de ojo".

 

Capítulo 14 de "Con una piedra en el zapato".

Barriletes y estacas

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Una pareja son dos. Dos diferentes. Diferencias que a veces son oposiciones, a veces complementarias, otras contradictorias.

Es parte de nuestra naturaleza medir al mundo según nuestra propia perspectiva. Nuestro aparato perceptivo y cognitivo parte de nosotros y nos solemos tomar como patrón y medida universal. De este modo, en todo aquello que el otro difiera de nosotros o, aún peor, se oponga, vemos una falla, algo que no está bien. Suponemos que ve, oye, siente y razona igual que nosotros y ante cada situación esperamos que se conduzca como lo habríamos hecho nosotros Y resulta que no, que muchas veces hace otra cosa, nos desilusiona, nos hiere, nos excluye, nos ofende, nos ignora. Dado que suponemos que ve, oye, siente y razona igual que nosotros, la conducta que eligió como respuesta o reacción nos está dirigida a nosotros y sólo se explica por desamor, maldad o locura.

En mi búsqueda de modelos que me permitan entender estas diferencias y que permitan la continuación del diálogo sin que ninguno lo perturbe con estas acusaciones de desamor, maldad o locura, propongo hoy otra estructura que he visto muchas veces en las parejas.

Los barriletes y las estacas

En mi infancia, construir y remontar barriletes era una de las actividades preferidas. Para remontar un barrilete se sostiene firmemente el ovillo y se desenrolla el piolín mientras se corre contra el viento. Una vez en el aire y a la altura deseada, el palito del ovillo, lo que llamo la estaca, puede ser fijado en la tierra hasta el momento de recogerlo para bajar al barrilete.

Las personalidades barrilete son inquietas, móviles, aventureras, siempre buscando nuevos desafíos, desordenadas, imprevisibles, inseguras y necesitadas de probarse que pueden.

Las personalidades estaca son estables, tranquilas, ordenadas, no precisan desafíos ni probarse nada, se llevan bien con la rutina, son previsibles y están cómodas con los pies en la tierra.

Los barriletes se elevan, disfrutan de volar al desplegar sus colores y coreografías, sentir el aire libre a su alrededor, mirar desde arriba ligeros y sin presiones; son espontáneos y originales y suelen constituir el polo divertido de la pareja.

Las estacas se adhieren firmemente al suelo, aman la solidez de la tierra, disfrutan de la paz y la seguridad de una rutina previsible, son ordenadas y prolijas y no parecen necesitar de desafío alguno ni de probarse nada para sentirse bien; son sedentarias y tradicionalistas y suelen ser el polo sensato de la pareja.

Hay barriletes grandes y chicos, monocromáticos o multicolores, con flecos y adornos o simples y llanos, con formas originales o rombos tradicionales. Algunos precisan una cola que sume estabilidad (las estacas saben muy bien cómo se hacen).

Hay estacas gordas o finitas, hundidas bien hondo o a pocos centímetros de la superficie, de materiales sólidos como el acero o la madera o más frágiles como el aluminio o el cristal.

Pero lo esencial de la estructura es el piolín, el nexo entre barrilete y estaca. El vuelo del barrilete depende del piolín y de lo fuerte que esté sujeto a la estaca, de cómo se vaya desenrollando y para ser bien piloteado con el viento.

En cada pareja de barrilete-estaca el piolín será el objeto de negociación principal. ¿Estuvo bien enrollado la última vez, no quedaron nudos, se deslizará con facilidad? ¿Cuán largo? ¿Cuán tenso? ¿Cuánto control? ¿Cuánta libertad? ¿Cuánto tiempo estará desenrollado? ¿Cuál es la señal para saber cuándo la estaca debe recoger el hilo? La respuesta a estas cuestiones constituye el contrato de relación de cada pareja. Debe ser acordado, explícita o tácitamente para que no se convierta en fuente de malestar y desdicha.

El barrilete necesita volar, saber que puede hacerlo, que no será acusado de abandono o exclusión y que al final de la aventura, tendrá donde volver.

La estaca necesita mantener todo en orden y disfruta viendo el vuelo de su barrilete pero teme perderlo por eso precisa tener la seguridad de que su objeto volador identificado querrá volver.

El modelo barrilete-estaca nos permite evitar el penoso esquema acusatorio de "me lo hace a mi", vernos y entendernos como personalidades naturalmente diferentes, aprender a convivir con ello tomando lo mejor de cada uno y haciéndolo crecer en el viento de la vida.

Una Esmeralda en bruto

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No es suficiente llamarse Esmeralda para ser una piedra preciosa. 

Se puede ser brutalmente bruta, necesitar no solo pulido sino estudio, conocimiento y seriedad. 

Tal vez sea demasiado para una piedra. Aunque parezca preciosa.

Justificando los dichos de su marido Dario Lopérfido respecto al número de desaparecidos en Argentina dijo “es como pasó con el Holocausto, dijeron que eran 6 millones pero no eran tantos”.

Y en algo esta piedra en bruto tiene razón. Las últimas investigaciones estiman que el número de víctimas judías en la Shoá se acerca más y más a los 7 millones. Los nuevos archivos documentales y, en especial, los hallazgos en las fosas comunes que están siendo desenterradas y evaluadas, ponen en cuestión el sagrado número seis. 

Tal vez en unos años estemos hablando de 7 millones de víctimas judías. Como los 7 días de la semana según el cambio de fases de la Luna, como las 7 notas musicales, los 7 pecados capitales, los 7 planetas visibles, los 7 mares, las botas de 7 leguas, las 7 columnas sobre las que se edificó Roma, los 7 colores del arco iris, las 7 cuerdas de la lira, el instrumento sagrado de Apolo, los 7 años de vacas flacas y los 7 años de vacas gordas bíblico, la picazón del 7º año, no en vano para Pitágoras era el número perfecto. 

Entonces, parafraseando la respuesta de Jesús cuando Pedro le preguntó si había que perdonar 7 veces a quien ofende, le digo a Esmeralda que no será perdonada 7 veces, sino setenta veces 7. 

Entrevista en Radio Sefarad - audio

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Entrevista en abril en el programa Un café ashkensfardí en Radio Sefarad. El disparador fue lo que pasó en Polonia con la ley infausta, pero siguió con otros temas: la libertad de expresión, el nunca más, el sentido del Proyecto Aprendiz, la importancia del trabajo y la educación de los testigos indiferentes que son los que pueden cambiar las cosas y otras cosas más.

Ahora resulta que QUERÍAMOS ir al gueto.

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El padre del Primer Ministro de Polonia, Kornel Morawiecki, dijo que los judíos eligieron ir a los guetos para evitar estar junto a “esos desagradables” polacos.

En una escalada de declaraciones que pretenden enarbolar bien alto la bandera del heroísmo, la dignidad y la inocencia de los polacos, tan ensombrecida por la conducta de muchos durante la Shoá, estas construcciones tergiversadas que falsean la verdad parecen no tener fin.

Mateusz Morawiecki, el Primer Ministro, dijo hace unas semanas que los judíos también habían colaborado con los nazis. Ahora su padre lo refrenda y levanta la apuesta, no solo colaboramos sino que entramos felices y contentos a los guetos, ya no como ovejas según la vieja acusación, sino como completos idiotas.

¿De dónde saca semejante idea? Morawiecki padre, ex legislador, alude a dos grupos de colaboracionistas e informantes judíos, el Grupo Trece y los Zagiew, y a los policías judíos de los guetos encargados del mantenimiento del orden interno, de los castigos y en parte de las deportaciones. Aunque la infame conducta de estos grupos es un hecho, fueron una minimísima expresión de la población judía acorralada, solo un puñado estuvo allí, los de más baja estofa, ex presidiarios, delincuentes, proxenetas; creyeron que aliándose con el enemigo aseguraban su salvación y la de sus familias. No sucedió así, fueron asesinados por los nazis, junto con sus familias, igual que todos solo que un poco más tarde.

Ningún grupo humano es homogéneo. Tampoco los judíos. La pureza, de cualquier orden que sea, existe solo como una abstracción teórica. Hay buenos y malos, leales y traidores, solidarios y ladrones, cuidadores y asesinos en todos los grupos humanos. Generalizar a todo un grupo la conducta de unos pocos es falsear la verdad, cosa a la que estamos siendo acostumbrados en este mundo en el que quiere reinar la conveniente, apaciguadora y maquillada pos verdad.

La buena noticia es que el gobierno polaco toma distancia. Según Haaretz, Bartosz Cichocki, Ministro de RREE de Polonia, afirma que los comentarios de Morawiecki “no reflejan la posición de su gobierno”.

Los polacos recularon. Esa y otras cosas para pensar.

 10 de Julio de 1941. Sucedió en Jedwabne

10 de Julio de 1941. Sucedió en Jedwabne

(Para Mundo Israelita en su número especial de Pésaj)

Recularon. Unos días después de que el aluvión indignado de protestas cayera sobre ellos, la Liga Polaca contra la Difamación y el Reducto del Buen Nombre (no es invento mío, se llaman así), enviaron un mail a todos los que hemos levantado la voz. Dicen allí que su reacción adversa e indignada no fue debido a la nota publicada sobre la masacre de Jedwabne, sino a la foto que la ilustraba. En lugar de ser una foto de lo sucedido en 1941, era una de 1950 que muestra a soldados independentistas polacos asesinados por agentes soviéticos. Algunos adjetivos del autor de la nota que arrojaban sombras sobre los buenos polacos de siempre al denominarlos verdugos, asesinos o monstruos parecen no molestarles ya como decían al principio.

Cito sus propias palabras:

“El Reducto no está exigiendo cambios en el texto de Federico Pavlovsky y, por lo tanto, no niega el crimen en Jedwabne, sino que exige disculpas en relación con la manipulación de la fotografía que ilustra el texto y que ofende la memoria de los soldados que luchaban contra los comunistas”.

Expresan luego su profunda ofensa porque algunos medios argentinos los han calificado como nacionalistas, revisionistas, negacionistas, e incluso, fascistas. Esa parte me pone muy contenta porque es, en principio, una buena noticia que consideren a esas calificaciones como ofensas. Obviamente una foto mal elegida ofende al susceptible nacionalismo polaco y al señalarla como falsa deja abierta la sospecha de que alguna otra cosa de la nota también lo sea.

Página 12 inmediatamente cambió la foto en su web site y ahora ilustra la nota el monumento erigido en Jedwabne vandalizado con cruces esváticas. Una buena foto que subraya los conceptos del artículo.

En el interín, he recibido cientos de mails y mensajes de total coincidencia con mi manifiesto en el que pedía que Polonia me denunciara también a mí. Y que me crucificara, como habían hecho los romanos con aquel otro judío que decía cosas que no les gustaban. Las cartas me contaban historias de familiares, de abuelos y bisabuelos, que habían traído a la Argentina su resentimiento sobre lo vivido en tierras polacas. Muchos decían que, como en la película El último traje, la palabra misma, Polonia, había quedado como una mala palabra. Que habían renunciado a hablar el idioma, que nunca de los nuncas jamases querrían pisar ese suelo y que de ninguna manera solicitarían el pasaporte y que si lo tenían, lo quemarían en señal de protesta. Hubo mensajes más ponderados, claro está, pero los anti polacos crudos y extremos fueron los más como si aquella memoria y emoción de sus mayores siguiera palpitando con la misma fuerza del pasado.

Esta secuencia de sucesos me ha abierto varias reflexiones que comparto ahora acá.

Respecto de los defensores del “buen nombre polaco” me pregunto ¿cuál habrá sido el proceso interno de los miembros del reducto (repito: no es invento, se llama reducto), de estos reductores? ¿Qué presiones u órdenes recibieron para retroceder de esa manera?. ¿Quién y cómo los convencieron de no declararse nacionalistas o fascistas? ¿A qué propósito político beneficia este recule? Por otra parte, no veo ninguna palabra de pesar o arrepentimiento en el texto de los herederos de los perpetradores por los asesinatos cometidos.

Las reacciones en nuestro medio, fueron tan unánimes que evidentemente el tema tocó un nervio muy sensible. La parte buena fue que ante el ataque volvimos a ser un colectivo homogéneo, al menos un ratito. Me impresionó cuánto del histórico antisemitismo polaco padecido seguía vivo como hace 100 años en nuestro imaginario judío. Es como si la identidad judeo-polaca tuviera al antisemitismo como un integrante esencial tan hondamente incorporado que polaco y antisemita pasaron a ser sinónimos. El tema merece un mayor desarrollo que dejo para otro momento.

Pero si el partido gobernante actual fuera antisemita, es preciso señalar que el gobierno no son todos los polacos. Hay otros. Hay voces disidentes, periodistas, docentes e intelectuales en proceso de revisión de los lavados de cerebro soviéticos que decían que judíos y polacos habían sido víctimas de los nazis de igual manera. Hay académicos que imparten clases de Estudios Judíos en las universidades y alumnos, ninguno judío, que asisten a ellas y aprenden idish para leer los textos en idioma original. Está el Museo Polin inaugurado hace poco en terrenos donde estaba el gueto de Varsovia, un museo que muestra y cuenta los mil años de vida judía en Polonia, visita obligada de todas las escuelas del país y con importantes programas educativos. La impronta del gobierno polaco actual, más que antisemita -que los hay-, es manifiestamente nacionalista por ello sostiene y enarbola el glorioso heroísmo polaco como bandera de unión e identidad.

¿Qué quiero decir? ¿Que Polonia es un paraíso para los judíos y que nunca nos trataron mal allí? No. De ninguna manera. Todo lo que decían aquellos inmigrantes fue verdad, su dolor, sus heridas fueron fruto del antisemitismo más crudo. Me atrevo a decir, incluso, que hay un núcleo de antisemitismo en Polonia tan vivo hoy como entonces y que harán falta varias generaciones de personas como estos jóvenes que se atreven a revisar el pasado, a aceptar sus culpas y responsabilidades, para que vuelva a ser un lugar en el que aquel judío que desee vivir allí pueda hacerlo en paz.

Pero nosotros, los judíos, no podemos hacer lo mismo que nos hicieron a nosotros. No podemos usar los “todos”, “nadie”, “siempre” y “nunca”. Vivimos en carne propia las consecuencia de las generalizaciones, el “todos los judíos son….” ha costado la muerte a millones. Nosotros, más que nadie, tenemos la obligación moral de ponderar, de evaluar, de ver y respetar las diferencias, de no prejuzgar, acusar y sentenciar antes de saber.

Me parece, obviamente que la reciente ley promulgada en Polonia que prohíbe decir que el gobierno polaco tuvo responsabilidad en el exterminio del pueblo judío, es un flagrante atentado contra la libertad de expresión, un retroceso inaudito en este momento del mundo en el que las redes sociales y el universo de internet hacen imposible frenar nada que se quiera decir. Es como querer parar una catarata con las manos. Además de antidemocrático, es absurdo.

Pero parte de los fundamentos de la ley son correctos. Polonia fue ocupada por Alemania en 1939, su gobierno desmantelado. Exiliado en Londres, el Gobierno Polaco en el Exilio fue profundamente anti nazi y no tuvo complicidad ni responsabilidad alguna con el exterminio del pueblo judío.

Fue diferente con los individuos, los polacos particulares que fueron cómplices, ladrones, denunciadores, sobornadores, usurpadores, en suma, culpables. Fueron personas individuales, no el gobierno. Por eso cuando dicen que están hartos de oír hablar de “campos de concentración polacos” les asiste la razón. Polonia no existía como país, la parte ocupada por Alemania fue dividida en el Warthegau - la Región del río Warthe- y el General Gouvernement -el Gobierno General-. En 1941 se extendió hacia el este con la ocupación del territorio que había estado bajo la órbita soviética. Los campos de concentración fueron instalados, creados y administrados por alemanes, ubicados en lo que había sido Polonia antes de la ocupación.

Y si pensamos en acusar a gobiernos, acusemos a los gobiernos de Francia, Austria, Italia y Hungría por mencionar unos pocos, gobiernos que se aliaron con el Eje del Mal, cómplices concretos en el exterminio de los judíos. No escuché a ningún francés, austríaco o italiano que se niegue a pisar su tierra o que renuncie a su pasaporte de la Comunidad Europea para expresar su indignación por lo que hizo el gobierno de su país durante la Shoá.

Resulta altamente preocupante esta ola nacionalista y xenófoba que parece estar inundando al mundo. Polonia no está sola. Los cientos de miles de refugiados que golpean las puertas de la civilizada y sofisticada Europa son el pretexto para que vuelva a sobrevolar aquel tufo pestilente a fascismo que parecía haber desaparecido pero que volvió a la vida de manera dolorosa y sorpresiva.

Que en este Pésaj, la fiesta de la justicia y la libertad, mantengamos abierto el alerta mientras comemos echados sobre almohadones como reyes. ¡Atención al  tronar que anuncia borrascas y tempestades! ¡Am Israel Jai! ¡Am Humanidad Jai!

Polen soll auch mich anzeigen

Polen soll auch mich anzeigen, mich anklagen, verklagen, kreuzigen

weil ich öffentlich erkläre,

dass es Polen waren,  die meinen kleinen Bruder nicht zurückgaben,

dass es Polen waren, die sich nach der Deportation der Juden

ihre Häuser aneigneten und ihren Hausrat plünderten,

dass es Polen waren, die meine Mutter vom Bürgersteig auf die Straße verwiesen, „damit sie den Weg der Tiere teile“,

dass es Polen waren, die bei der Ansicht meiner noch lebenden Eltern

ihnen fluchend und verächtlich zuriefen, „ach, ihr habt überlebt?“

dass es Polen waren, die bestochen werden wollten,

wenn sie einen Juden entdeckten,

dass es Polen waren, die sie trotz Bestechung dann doch noch anzeigten.

Polen soll auch mich anzeigen, mich anklagen, verklagen, kreuzigen,

weil es Polen waren, die in Jedwabne ihre Nachbarn verbrannten,

weil es Polen waren, die diejenigen ermordeten, die nach Kielce zurückkehrten,

weil es Polen waren, die keinen Juden in ihren aufständischen Gruppen duldeten,

weil es Polen waren, die auf den Straßen lauerten, um Juden wegen der Belohnung  zu jagen,

weil es Polen waren, die Juden gegen Geld versteckten und sie dann, war das Geld zu Ende, anzeigten,

weil es Polen waren, die Wasser zu unerschwinglichen Preisen verkauften, wenn die Züge auf ihrem Wege nach Treblinka und Auschwitz Halt machten.

Polen soll auch mich anzeigen, mich anklagen, verklagen, kreuzigen,

weil es Polen waren, die ihre jüdischen Schüler und Mitschüler in den Schulen verspotteten,

weil sie Polen waren, die Pfarrer, die unter  Anschuldigung des Gottesmords jahrhundertelang Hass predigten,

weil es Polen waren, die Beifall klatschten, wenn die Nazi-Horden die Juden aus ihren Häusern rissen,

weil es Polen waren, die angeheuert wurden, um Juden über Flüsse und Grenzen zu bringen, und sie dann an unbekannten Orten verließen,

weil es Polen waren, die sie, nachdem sie sie verlassen hatten, anzeigten,

Polen soll auch mich anzeigen, mich anklagen, verklagen, kreuzigen

obwohl ich auch erkläre,

dass die polnische Regierung im Exil kein Mittäter des Nazismus war,

und dass es auch einige Polen gab, die sich nicht unterwarfen

und den Juden halfen,

dass es auch einige Polen gab, die sie versteckten, ernährten und pflegten,

und dabei ihr eigenes Leben aufs Spiel setzten,

dass es auch einige Polen gab, die ihnen gefälschte Ausweise besorgten,

dass auch einige Polen dem Hilfsrat Żegota angehörten,

ohne diese Polen hätte kaum ein Jude überlebt,

tausende waren es, diese Polen, die im rohen Gegensatz die Millionen Mittäter, Verantwortlichen und durch Tun oder Unterlassen Schuldigen ins Licht stellen.

und deshalb sage ich,

Polen soll auch mich anzeigen, mich anklagen, verklagen, kreuzigen.

Diana Wan

Übersetzung: Susana Mayer

אני מבקשת שפולין תאשים אותי, תשפוט אותי ותצלוב אותי

אני מבקשת שפולין תאשים אותי, תשפוט אותי ותצלוב אותי

כי אני אומרת בראשי חוצות

שהיו אלה פולנים שלא השיבו את אחי הקטן

כי היו אלה פולנים שהשאלתו על בתי היהודים ועל הרכוש שבהם אחרי שהיהודים שהוסגרו לנאצים.

כי היו אלה פולנים שלא אישרו לאימי לצעוד על המדרכות העיר  והכריחו אותה ושכמותה לצעוד ברחובות בדיוק כפי שעושות ״בהמות״.

היו אלה פולנים שכאשר צפו בהורי החוזרים מגהנום המחנות החריזו בזילזול, ״אה, נותרתם בחיים״ 

כי היו אלה פולנים שדרשו שוחד כאשר גילו יהודי מסתתר

כי היו אלה פולנים אלה שהסגירו יהודים אפילו אחרי קבלת השוחד המבוקש

אני מבקשת שפולין תאשים אותי, שתשפוט אותי , שתיצלוב אותי כי היו אלה פולנים ששרפו חיים את שכניהם בזדבבנה

כי היו כלה פולנים שרצחו את היהודים שחזרו מקיאלצה

כי היו אלה פולנים שלא אישרו ליהודים להצטרף לקבוצות מורדים פולנים

כי היו אלה פולנים שסיירו ברחובות בציפיה לצוד יהודי ולקבל את הפרס 

כי היו אלה פולנים אשר הסתירו יהודים תמורת תשלום וכאשר הכסף נגמר,הסגירו אותם לנאצים

כי היו אלה פולנים אשר עמדו בתחנות הרכבת אני בדר לאושביץ וטרבלינקה ומכרו מים במחירים מופרזים ליהודים הצמאים.

אני מבקשת שפולין תאשים אותי, תשפוט אותי ותצלוב אותי כי היו אלה פולנים אשר לאגו לתלמידיהם ולחבריהם לספסל הלימודים בבתי הספר.

כי היו אלה כמרים פולנים אשר מאה אחר מאה הנחילו למאמיניהם את השינה ליהודים  תחת האשמה של רצח ישו.

כי היו אלה פולנים אשר מחו כפיים לרוצחים הנאצים אשר תלשו את היהודים מבתיהם.

כי היו אלה פולנים אשר בתשלום הובילו יהודים , חצו הרים ונהרות ולבסוף נטשו אותם בשממה הלא מוכרת.

כי היו אלה פולנים שאחרי שעזבו את היהודים בשממה, הסגירו אותם לנאצים.

שפולין תאשים אותי, תשפוט אותי ותצלוב איתי גם כאשר אני אומרת שהממשל הפולני בגלות לא היה שוטף למעשיהם של הנאצים.

כי היו גם פולנים שלא נכנעו להמון ועזרו ליהודים.

כי היו גם פולנים שהסתירו יהודים ועזרו להם גם שבכך סיכנו את חייהם.

כי היו גם פולנים שדאגו למסמכים מזויפים ליהודים.

כי היו גם פולנים בין חברי רשת סגוטה.

כי בלי פולנים כאלה, כמעט שאף יהודי לא היה ניצל.

היו אלפים של פולנים שהאירו  באור שונה את האחוריות של מיליוני פולנים משתפי פעולה עם הנאצים, אחראיים ואשמים בפועלם או בהעדר פעולה.

בגלל כל הנאמר מבקשת אני שפולין תאשים אותי, תשפוט אותי ותצלוב אותי.

דיאנה וונג

נא שטפו 

Diana Wang - President of Generaciones de la Shoá en Argentin