Stress ante tests (exámenes). Un tema común que tiene solución

"No podré", "no me acuerdo de nada", "tal vez apruebe pero no con la nota que querría". Son pensamientos tóxicos que envenenan la mente y provocan angustia, nervios e impiden que el rendimiento sea acorde con lo que se ha estudiado.  La mente está en blanco, bloqueada, mientras ves a tus compañeros ya escribiendo. Te bombardeás con“¿cómo puede ser, si ayer lo sabía?”, sin poder pensar sólo te vienen pensamientos como“reprobaré”, “ voy a fallar”, “no sirvo para estudiar”, “soy una inútil”. De pronto una enorme pared se levantó entre lo que sabías y el papel y lo que sabías quedó escondido detrás, aparentemente fuera de tu alcance.

Tests, una amenaza. Muchos dicen que en un test lo que más se mide es la capacidad de respuesta ante el stress más que los conocimientos sobre el tema del test. Pero los tests existen y no solo en la escuela, también en la vida laboral y en la vida en general y hay que aprender a controlar las propias reacciones de angustia para evitar que la angustia lo controle a uno y tome decisiones que no son adecuadas.

Un test es una amenaza porque uno se siente evaluado, mirado, criticado, como si quedara expuesto y vulnerable. El cuerpo lo vive como un ataque y se defiende. ¿un nudo en la garganta?, ¿molestias gastrointestinales?, ¿dolor de cabeza tensional?, ¿diarrea? ¿ganas de vomitar?. A algunas personas les tiemblan y/o les sudan las manos y el corazón les late más deprisa de lo habitual mientras esperan a que les repartan el examen.

Es importante comprender cuál es el mecanismo para poder modificarlo.

¿Qué pasa en realidad? Hay gente que responde mejor que otra ante la presión. Para los que les resulta más difícil, la situación es odiosa, se enojan consigo mismos, se acusan de incapacidad y se cubren con pensamientos negativos y auto acusatorios. Un test para ellos es una seria amenaza. Se dispara automáticamente el mecanismo de defensa de cualquier mamífero ante una situación de peligro: la adrenalina inunda el sistema neurológico. Si a los efectos corporales (tensión, sudoración, angustia) se suman los pensamientos negativos, el cóctel es explosivo porque reduce la capacidad para pensar y razonar de forma clara.

¿Qué lo provoca? Toda ansiedad es una reacción ante algo estresante. Bajo estrés el cuerpo libera una hormona denominada adrenalina, que lo prepara para reaccionar ante el peligro (lo que a veces se denomina reacción de "lucha o huída ").

Que sintamos ansiedad ante un test no es negativo. Son emociones básicas que suelen aparecer como respuesta a una situación de peligro o amenaza. Para un cazador en el paleolítico era muy útil sentir ansiedad al escuchar un ruido a su espalda: podía ser una bestia a punto de atacar. Esa emoción le preparaba para dar una respuesta rápida, bien fuera salir corriendo o enfrentarse al peligro. De ahí que esas emociones se hayan mantenido como una estrategia adaptativa evolutiva.

El stress es una reacción normal ante situaciones de exigencia. Cuando sentimos stress, aumenta la frecuencia cardíaca para bombear más sangre al cerebro, a los pulmones y a los músculos, lo que a su vez aumenta la capacidad de concentración y la velocidad de reacción. Una activación del sistema nervioso es beneficiosa, puesto que nos hace estar más alerta, atentos, preparados, y se ha visto que es capaz de mejorar nuestro rendimiento en una tarea. Un cierto grado de stress ayuda a prevenir y evitar las amenazas, un test lo es. Pero, cuando la adrenalina supera el nivel de utilidad, se vuelve en contra, paraliza y bloquea, impide la correcta defensa.

El mayor flujo de adrenalina suele deberse a los pensamientos negativos que anticipan el fracaso. Son pensamientos que se suman a la situación de peligro y son tan poderosos que  chupan la energía disponible para pensar en cómo responder a las preguntas del test, no queda espacio en la mente para concentrarnos en ello, sólo se piensa en el malestar y en cómo evitarlo.

Se vuelve un círculo vicioso porque cuanto más se piensa en el malestar peor uno se siente. En consecuencia, hay que aprender tres cosas:

1) a manejar y controlar la tensión corporal,

2) a ahuyentar a los pensamientos negativos y

3) a concentrarse en un punto específico, las preguntas del test.

 

Veamos entonces las tres cosas a aprender y modificar.

 

  • Aprender a relajarse. La respiración, la llave maestra.

 

No sabemos cómo respirar para relajarnos, hay que entrenarse y aprenderlo. Entre 5 y 10 minutos cada día sin interferencias (celular por ej). Enseñale a tu mente a concentrarse. Si no sabe cómo, ayúdala con este truco tan sencillo y útil, la respiración conciente.

  1. Sentate cómoda y cerrá los ojos
  2. Respirá profundamente
  3. Nota cómo inspiras (el aire entra en tus pulmones lentamente)… escucha cómo espirás (el aire sale lentamente de tus pulmones)…
  4. Seguí pendiente de tu respiración. Nota cómo inspiras… y cómo espiras…
  5. Si te das cuenta de que tu mente se va a otro sitio, eso está bien. Simplemente volvé a fijarte en la respiración. De forma tranquila. Sin frustraciones. Sin brusquedades, vuelta a la respiración
  6. Seguí así un mínimo de 5 minutos 

2) Aprender a generar pensamientos positivos.

Los pensamientos se pueden controlar. Está probado que la angustia se reduce si se tienen pensamientos positivos. “Sé todo, seguro que lo haré muy bien”, “otras veces ya lo conseguí”. Está bueno escribir este tipo de pensamientos que funcionen a modo de mantra. Toda vez que descubras que un pensamiento negativo te invade, oponele los positivos que ya tenés preparados.

Todos nos podemos equivocar, tenés que mandarle un mensaje a tu cerebro perfeccionista y exigente de que sea más benévolo con vos y menos crítico. El error es una de las mayores fuentes de conocimiento y un importante motor para la ciencia. No es una evidencia de alguna falta personal ni un defecto. Sé más buena con vos misma y con tus errores, no te enojes con ellos o con vos, aprendé de cada uno.       

3) Aprender a focalizar sin distraerse.

Aprender a administrar el tiempo. Hacer simulacros del test a enfrentar, o uno previo, e ir midiendo el tiempo que se va necesitando para controlar el propio rendimiento y poder administrar mejor el tiempo necesario.

Aprender a focalizar. Tenemos tantos estímulos que a veces es difícil focalizarse solo en una cosa. Acá algunas ideas útiles para entrenar a tu cerebro a hacerlo.

Imagen. Pensar en una figura geométrica sencilla (cuadrado, triángulo o círculo) y se representará mentalmente de la manera más fiel posible; lo importante es que la idea permanezca y no sea borrada por el flujo de ideas sobre los acontecimientos del día, responsabilidades o pendientes.

Color. De igual manera, visualizar un color previamente establecido y pensar un rato en él y verlo. Se puede unir colores y figuras geométricas: pensar en un triángulo rojo rodeado por un círculo blanco en un fondo verde, por ejemplo.

Entrecejo. Enfocar toda la atención en el propio entrecejo.

Punto. Dibujar pequeño círculo negro en una hoja en blanco; fijar la mirada en él durante algunos minutos, luego cerrar los ojos y verlo en la mente.  

Sonidos. Concentrarse en un sonido constante, como el canto de algún ave en un parque o el tic-tac de un reloj; muéstrese muy atento al sonido y a los silencios que se crean.

 

Consejos, tips.

En la preparación del test.

  • Hacer tests similares e irse probando tanto en tiempo como en contenido
  • ver qué puntos o temas los conocés y no te ofrecen problemas
  • ver qué puntos o temas resultan más problemáticos y que tenés que preparar mejor
  • entrenarse en relajación respiratoria y focalización

Antes del test.

  • No preguntarse en los minutos anteriores si uno sabe lo suficiente.
  • Evitar a los que se vean ansiosos, es contagioso.
  • Observarse si hay alguna parte del cuerpo tensa y centrarse en su relajación con los ejercicios de respiración.
  • Hacer huir los pensamientos negativos y poner positivos en su lugar, por ejemplo “ya antes tuve tests y los hice bien” o “estudié lo suficiente”, “hice todo lo que podía hacer, me irá bien”.
  • Si no se puede reducir la tensión, irse por unos minutos a un sitio tranquilo, sin nadie (al baño por ejemplo) y practicar durante 5 minutos las técnicas de relajación y respiración.

Durante el test.

  • Si no se ha conseguido antes, recuperar una sensación de bienestar y tranquilidad mediante la respiración, cerrar lo ojos y hacer el ejercicio. No es una pérdida de tiempo, por el contrario, recuperar el nivel de adrenalina útil favorecerá la mejor comprensión y rendimiento (demasiada adrenalina bloquea).
  • Leer bien las instrucciones que te hayan entregado y asegurarse de entender todo. Preguntar al profesor cualquier duda.
  • Encarar primero las respuestas de las que estás segura, dejar las dudosas para después, primero asegurate de tener tiempo para contestar las que seguro están bien.

 

Paper especial para Clara.

De Babu con amor. Noviembre 2016

Ni polacos ni rusos, ucranianos.

Colaboración para el libro "Mi Cocina Judía" de Silvia Plager. Ed. Sudamericana 2014.

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Polaca. Judía. ¿Qué otra cosa que papas y cebollas podrían ser mis ingredientes preferidos? Y de entre todo lo que se puede hacer con ello, los varénikes son, definitivamente, mi comida preferida. Se presentan en distintas versiones, con diferentes rellenos y variados acompañamientos. También tienen distintos nombres. En mi casa se llamaban piroshki, el diminutivo de pirogui que es como se dice en polaco (se escribe pierogi).

Mamá me contaba que en Polonia los pirogui son una de las comidas más populares. La masa era siempre igual pero su contenido podía ser de carne, de repollo, de papa y hasta de cerezas u otras frutas, se comían con diversas combinaciones de salsas e incluso dentro de sopa. Era un concepto neutro que podía adecuarse a diferentes rellenos y momentos de la comida, podía ser un plato por sí mismo o el postre.

No conocí la palabra varénikes hasta mi adultez, en realidad, hasta que me casé con un hombre cuya familia venía de Rusia. En su casa mis piroshki se llamaban varénikes, la papa del relleno tenía cebolla frita y mucha pimienta y se acompañaba con cebolla frita en manteca y a veces con higadito de pollo.

No era así como los hacía mi mamá. Decía que de todas las versiones posibles prefería la que le hacía su mamá. El relleno era de puré de papa con un poco de ricotta o queso blanco y luego de hervidos se los cubría con crema de leche espesa. Alguna vez hizo relleno de carne o repollo y, ante la repulsa unánime, abandonó el intento. Todavía no conocíamos las empanadas de carne y la posibilidad de hacerlas fritas o al horno, no sabíamos lo ricas que eran y cuánto nos iban a gustar con el paso de los años.

La rivalidad entre los poilishe (nosotros) y los rusishe (la familia de mi marido) que se aplicaba tanto a pronunciaciones de idish como a hábitos y comidas fue un paso de comedia habitual hasta que descubrimos que ambas familias eran oriundas de lo que es hoy Ucrania. Nuestras supuestas diferencias regionales se diluyeron con la redistribución de fronteras posterior a la segunda guerra. Ni polacos ni rusos: ucranianos.

A mis 50 años hice un viaje a Polonia y a Ucrania junto con mi hermano. Nuestra familia provenía de Stryj, una ciudad polaca que a poco de terminada la guerra pasó a estar en Ucrania, pero en nuestro relato familiar Polonia era nuestra tierra de origen, el olor de la infancia de nuestros padres. Fue una fiesta caminar por Varsovia y Cracovia. Nos impresionaban muchas cosas pero lo que más nos impactó fue el aspecto físico y la gestualidad de la gente. Veíamos en ellos a mamá y a papá y a sus amigos, en pequeños detalles, en cómo tomaban la taza de té, en cómo encendían un cigarrillo y aspiraban y expelían el humo, en cómo se sentaban y en cómo miraban. Todo nos resultaba sorprendentemente familiar. Cuando visitamos alguna casa y vimos el abigarramiento, los dorados y los rojos, las carpetitas, las fuentecitas, los cristales, los adornos y adornitos, los cuadros y cuadritos, entendimos que el estilo de decoración de las casas de nuestros padres y las de sus amigos, un estilo del que nos burlábamos un poco por cursi, por sobrecargado, venía de allí, cada uno de ellos reproducía en su casa argentina la estética polaca que le era conocida. Todo nos resultaba familiar y, al mismo tiempo ajeno. Sentíamos que éramos de allí pero al mismo tiempo que no. Sabíamos que si no hubiera pasado lo que pasó nos veríamos como todos los que andaban por las calles, hablaríamos su idioma, nos miraríamos como se miraban ellos; pero al mismo tiempo estaba claro que no se podía volver atrás, que hablábamos castellano, nos gustaba el tango y el mate y en nuestro cielo conocido siempre esperábamos encontrar a la Cruz del Sur. Fue una experiencia hondamente extraña y conmovedora.

En los ecos y reflejos el pasado seguía vivo en nosotros, todo lo que veíamos nos era extrañamente conocido. Todo salvo los piroshki. El primer día entramos temblorosos a un restaurant, tomamos asiento y pedimos un menú. En nuestro elemental polaco encontramos la palabra “pierogi” y nos entusiasmamos al unísono: “¡Piroshki! ¡Tienen piroshki!”. El menú indicaba muchas variedades pero no encontrábamos los de papa. Preguntamos al mozo y nos dijo que esos se llamaban russki, o sea, rusos y que se servían con cebolla frita. Nos llamó la atención que no fuera con crema, pero igual los pedimos. Esperábamos re-encontrar el sabor y el olor de la infancia pero lo que vino en el plato y lo que gustamos no lo fue, ni de lejos. Masticamos nuestra desinflada ilusión y pedimos los rellenos con cereza como postre, para ver si la cosa mejoraba. No los pudimos terminar. Arrastrando la mochila cansada de la añoranza, nos dijimos que teníamos que probar en otro restaurant, que nos habíamos equivocado de sitio. Pero pasó lo mismo en todas partes. No encontramos ni en Varsovia ni en Cracovia los piroshki con crema de nuestra infancia.

Nuestro siguiente destino era Ucrania, específicamente Lwów (o Lviv, su actual nombre ucraniano). En la primera noche, en el mismo restaurant del hotel decidimos intentarlo nuevamente. El año era 1995, Ucrania recién emergía del dominio soviético, era pobre, se veía un creciente deterioro por todas partes, una ciudad ajada con gente gris y sombría. Nos sentamos a la mesa del Grand Hotel sin ninguna expectativa, mirando desolados el enorme salón casi vacío, los reflejos de un sitio que supo ser elegante y lujoso y que a duras penas subsistía apelando a sus viejas glorias entre bocanadas de ahogado. Pedimos el menú y nos trajeron uno escrito en ucraniano, o sea con caracteres cirílicos. No entendíamos nada. Por suerte conseguimos un ejemplar manuscrito en inglés y bajo el título de  “Main Dishes”, o sea, platos principales, no solo no había mención alguna de pierogi con carne, repollo o frutas sino que decía clarito y rutilante: “Varenikes with Smetene”. Así. Literalmente. Y uno que creía que ambas eran palabras en idish… ¡¡¡y resulta que eran en ucraniano!!! Esperamos la llegada del pedido con muda y anhelante anticipación temiendo sufrir una nueva y triste decepción. Pero el plato que apareció delante de nosotros, los piroshki cubiertos de crema, se veía y olía igual que lo que nos solía servir mamá en nuestra casa de Floresta en la frías noches de invierno. Con miedo, nos servimos una puntita para probar no fuera a ser que nos volviéramos a desilusionar. Pero no, el aroma sublime no había mentido, el puré tenía el mismo gusto, la masa la misma consistencia y sabor y estaba todo todito cubierto con una crema espesa deliciosa, igual a aquélla que se compraba en la fiambrería de la vuelta de casa después de escuchar el Teatro Palmolive del Aire o, si se nos había hecho tarde, antes del Glostora Tango Club. Repetimos el suceso en todos los restaurantes en los que entramos en nuestra visita a Ucrania. En todos, los varénikes con smétene eran los nuestros, los que nos hablaban de canciones de cuna con muchos ai-lu-lus, de sonidos familiares, de risas cómplices, de caricias cicatrizantes y de pesadillas que terminaban con un abrazo de mamá y su voz que decía “ya está, fue un sueño, dormite…”. Fue en Ucrania que, cerrando los ojos, volvió a nosotros el dulce sabor perdido y que tan fielmente llevábamos guardado en nuestra memoria.

¿Los judíos ashkenazis son más inteligentes?

¿Por qué el coeficiente intelectual de los judíos ashkenazi es tan alto? - Veinte posibles explicaciones. Por Hank Pellissier Los judíos ashkenazi son inteligentes. En general asombrosamente brillantes,. Impresionantes en capacidad mental. ¿Cómo lo lograron?

Los judíos ashkenazi, también conocido como askenazíes, son los descendientes de los judíos de Alsacia medieval y del valle del Rin y, más tarde, de toda Europa Oriental. Originalmente, por supuesto, eran de Israel. La investigación genética de la Escuela de Medicina Albert Einstein sugiere que el linaje asquenazí es una ramificación, hace 2.500 años, de otros grupos judíos de Israel, y que el 40% de ellos son descendientes de sólo cuatro madres judías. Aproximadamente el 80% de los Judíos del mundo de hoy son askenazíes, y el resto principalmente sefardí.

Los investigadores que estudian a los askenazíes están de acuerdo en que los hijos de Abraham están en la parte superior de la tabla de coeficiente intelectual. Steven Pinker – que, en 2007, pronunció una conferencia sobre "Los Judíos, los Genes y la Inteligencia" - dice que "Su coeficiente intelectual promedio se ha medido en 108-115". Richard Lynn, autor de "La Inteligencia de los Judíos de Estados Unidos" de 2004, dice que es "sólo" un poco más alto que el promedio: 107,5. Henry Harpending, Jason Hardy y Gregory Cochran, autores del informe de investigación de 2005 de la Universidad de Utah, "Historia Natural de la Inteligencia de los Ashkenazi", afirma que sus sujetos, "marcan desviaciones estándar de 0,75 a 1,0 por encima de la media general europea, que corresponde a un coeficiente intelectual de 112 a 115”. Charles Murray, en su ensayo de 2007 "El Genio Judío", dice "su promedio está en algún lugar en el rango de 107 a 115, siendo 110 un plausible valor".

Un coeficiente intelectual judío promedio de 115 es 8 puntos mayor que el coeficiente intelectual generalmente aceptado de sus más cercanos rivales – los asiáticos nororientales - y aproximadamente 40% más alto que el coeficiente intelectual promedio mundial de 79,1 calculado por Richard Lynn y Tatu Vanhanen en Coeficiente intelectual e Inequidad Global.

Además, considérese esta sorprendente perlita: las puntuaciones del coeficiente intelectual ashkenazi "visual-espacial" son sólo mediocres; en un estudio su promedio en esta categoría estuvo por debajo del promedio 98. Superan esta predisposición llegando a cifras astronómicas en "coeficiente intelectual verbal", que incluye razonamiento verbal, comprensión, memoria de trabajo y habilidad matemática; una encuesta de 1958 de estudiantes de yeshiva encontró un coeficiente intelectual verbal promedio de 125,6.

¿Qué significa que los askenazíes tienen un alto coeficiente intelectual, en términos de producción de "genios"? Con su población tan pequeña - un mero 0,25% del total mundial - ¿hace alguna importante diferencia? La respuesta es SÍ. Se utiliza una "curva de campana" [curva de Gauss] para ilustrar el percentil del índice de inteligencia en un grupo específico - en una "población general", donde el coeficiente intelectual promedio es 100, la curva asume estas proporciones:

Coeficiente intelectual menor de 70 - 2,5%

Coeficiente intelectual entre 70 y 85 - 12.5%

Coeficiente intelectual entre 86 y 100 - 35%

Coeficiente intelectual entre 101 y 115 - 35%

Coeficiente intelectual entre 116 y 130 - 12.5%

Coeficiente intelectual mayor de 130 - 2,5%

Aplicando la misma curva de campana para los ashkenazim, pero con un incremento de 17 puntos en el coeficiente intelectual promedio (usando la cifra de De La Oportunidad a la Elección) se obtiene el coeficiente Intelectual modificado a continuación:

Coeficiente intelectual menor de 87 - 2,5%

Coeficiente intelectual entre 88 y 102 - 12.5%

Coeficiente intelectual entre 103 - 117 - 35%

Coeficiente intelectual entre 118 y 132 - 35%

Coeficiente intelectual entre 133 y 148 - 12.5%

Coeficiente intelectual mayor que 148 - 2,5%

Este desplazamiento hacia arriba de la curva de campana por más de una desviación estándar (15 puntos) significa que los ashkenazim son, más de cinco veces, elegibles para Mensa (coeficiente intelectual mínimo 130) y tienen, más de cinco veces, el coeficiente intelectual promedio de un graduado de la Ivy League.

En realidad, los askenazíes están matriculados en la Ivy League en una proporción diez veces mayor que su número; por ejemplo representan el 30% de los estudiantes de Yale, el 27% de Harvard, el 23% de Brown, el 32% de Columbia, y el 31% de Pennsylvania.

 

Esto sugiere que, o bien la "curva de campana" fue levantada un poco más para los Ashkenazi en la parte alta o hay factores adicionales que mejoran su aptitud para tener éxito. En cuanto a la primera posibilidad, Charles Murray señala que "la proporción de judíos con un coeficiente intelectual de 140 o mayor es de alrededor de seis veces la proporción de todos los demás". Harpending, Hardy y Cochran tienen más o menos la misma ecuación; "4 de cada 1.000 europeos del norte tienen un coeficiente intelectual mayor de 140, pero 23 de cada 1.000 judíos tienen 140 o más". Murray también transmite un informe de la parte alta, en el rango de genio, cuando señala que una encuesta de 1954 de los niños de las escuelas públicas de Nueva York con coeficiente Intelectual mayor de 170 reveló que 24 de los 28 eran judíos.

Ahora que he establecido que los ashkenazi tienen coeficientes intelectuales superlativos, veamos lo que han logrado con sus cerebros altamente funcionales.

En el siglo XIX, Mark Twain señaló que:

[Los judíos] son peculiar y conspicuamente la aristocracia intelectual del mundo... las contribuciones [judías] a la lista mundial de los grandes nombres de la literatura, la ciencia, el arte, la música, las finanzas, la medicina y los estudios abstrusos, están muy fuera de proporción respecto de la flaqueza de su cantidad. Han luchado maravillosamente en este mundo... y lo han hecho con las manos atadas a la espalda.

El comentario de Twain no está fechado. Después de su declaración, los judíos ashkenazi continuaron superando mentalmente otros datos demográficos, a menudo sufriendo terribles consecuencias por su trabajo. He aquí una breve lista de logros ashkenazi en los últimos 90 años.

Premios Nobel: Desde 1950, el 29% de los premios han sido para ashkenazim, a pesar de que representan sólo una pequeña fracción de la humanidad. Los logros ashkenazi en esta área son 117 veces mayores que su porcentaje en la población. Este ritmo no se está desacelerando; se está acelerando. En el siglo XXI, han recibido el 32% del total, y en 2011, cinco de los trece ganadores del Premio Nobel fueron judíos - 38,5%.

Hungría en la década de 1930: Los askenazíes eran el 6% de la población, pero componían el 55,7% de los médicos, el 49,2% de los abogados, el 30,4% de los ingenieros y el 59,4% de los funcionarios de bancos; además eran dueños del 49,4% de la industria metalúrgica, del 41,6% de las fábricas de maquinaria, del 72,8% de la fabricación de prendas de vestir, y, como propietarios de viviendas, recibían el 45,1% de los ingresos por alquiler de Budapest. Los judíos eran similarmente exitosos en los países vecinos, como Polonia y Alemania.

"Cifras significativas": En "El Genio Judío", de Charles Murray, el autor hace un recuento de personas importantes que contribuyen en una variedad de vocaciones, observando cuán inmensamente sobre representados están los judíos, comparado con lo que podría esperarse debido a su escasa población. Su conclusión, en diversas categorías es: Biología - judíos "significativos" aparecen multiplicando por 5 el porcentaje de su población, Química por 6, Física por 9, Literatura por 4, Música por 5, Artes Visuales por 5, Matemáticas por 12, Filosofía por 14.2

EE.UU. (hoy): Los judíos ashkenazi comprenden el 2,2% de la población de EE.UU., pero representan el 30% de los profesores en las universidades de élite, el 21% de los estudiantes de la Ivy League y el 25% de los ganadores del Premio Turing. Además, "Los judíos son más del 50% de los doscientos principales intelectuales... el 40% de los socios en las principales firmas de abogados de Nueva York y Washington... el 59% de los directores, escritores y productores de las cincuenta películas más taquilleras…"

Israel: En el año 1922 estas pantanosas y desérticas tierras tenían una población empobrecida de 752.000 habitantes. Hoy en día hay 7.746.000 habitantes, con una gran población ashkenazi (3 millones y el 60% de la fuerza laboral) que han elevado a Israel a una nación emprendedora de alta tecnología con el mayor ingreso per cápita de la región. Israel está primero en el mundo en estudios de postgrado, 1o en museos, 1o en computadoras personales, y 1o en publicación de artículos científicos.

Personalmente, creo que la estadística del Premio Nobel es la más asombrosa. Considere esto: si todo el mundo en el planeta fuera judío ashkenazi, el resultado sería que habría 117 veces más individuos de la envergadura de ganador del Premio Nobel, con 117 veces más de logros espectaculares, ¿por año? ¡SINGULARIDAD INSTANTÁNEA! Sin ninguna ayuda de Inteligencia Artificial...

Los logros judíos sefardíes están representados en muchas de las categorías anteriores, especialmente en las estadísticas del Premio Nobel. Cuando este artículo fue publicado inicialmente - en una versión más corta, el 7 de agosto de 2011, por el Instituto para la Ética en la Tecnología Emergente (ieet.org) – los judíos sefardíes expresaron cierta perturbación porque fueron omitidos en el ensayo. Con esta demasiada breve lista de notables de su linaje, me gustaría reconocer la inmensa contribución de los judíos sefardíes:

Elias Canetti (Premio Nobel de Literatura, 1981), Tobias Michael Carel Asser (Premio Nobel de la Paz, 1911), Rene Cassin (Premio Nobel de la Paz, 1968), Franco Modigliani (Premio Nobel de Economía, 1985), Francois Jacob (Premio Nobel de Medicina/Fisiología, 1965), Salvador Luria (Premio Nobel de Medicina/Fisiología, 1969), Baruj Benacerraf (Premio Nobel en Medicina/Fisiología, 1980), Rita Levi-Montalcini (Premio Nobel de Medicina/Fisiología, 1986), Emilio Segre (Premio Nobel de Física, 1959), Claude Cohen-Tannoudj (Premio Nobel de Física, 1997), además del filósofo Jacques Derrida, el economista/filántropo Bernard Baruch, el pintor Amedeo Modigliani, y Benjamin Disraeli, el Primer Ministro Británico.

En la época medieval, los logros sefardíes fueron también bastante significativos. En la Introducción a la Historia de la Ciencia, de George Sarton, el autor señala que 95 de entre 626 científicos del mundo, entre 1150 y 1300, fueron judíos sefarditas - 15% - muy por encima de su proporción en la población.

Sin embargo, cuando en la actualidad se registra el coeficiente intelectual sefardí, las sumas no son más altas que la media del norte europeo, y definitivamente no son tan elevadas como las de los ashkenazi.

Prosigamos. Con los hechos que he presentado, sólo el lector más obtuso puede oponerse a mi dictamen de que los judíos ashkenazi son, en promedio, extraordinariamente inteligentes. No estoy reivindicando la especificidad cognitiva ashkenazi porque soy filo-semita, o sionista, o pro-israelí. Lo señalo porque es una verdad irrefutable.

Dicho esto, la pregunta que mi ensayo trata de desentrañar es... ¿Por qué? ¿Por qué el coeficiente intelectual de los judíos ashkenazi es tan alto? ¿Es debido a su genética, al medio ambiente, a la cultura, a la educación, o a una singular combinación de múltiples factores?

En mi primera publicación de este ensayo, proporcioné ocho razones para el elevado coeficiente intelectual ashkenazi. Pero entonces, recibí un aluvión de sugerencias por correo electrónico (muchas de profesores) brindándome información adicional. En este ensayo ampliado, están ahora enumeradas veinte teorías, y he tratado de dar a mis fuentes el crédito que merecen, a pesar de que - en varios casos - no tengo sus nombres reales, sólo sus apodos de chat de Internet. Aquí está mi nueva lista - muchas relacionados entre sí – presentada aproximadamente en orden cronológico:

Eugenesia babilónica - En el año 586 AEC, Jerusalén fue totalmente destruida por los babilonios, encabezados por su monarca Nabucodonosor, que "llevaron al exilio... a todos los funcionarios y combatientes, y a todos los hombres con oficio y artesanos [judíos]... sólo quedaron los más pobres del país" (Reyes 24:10-14). Los Indestructibles Judíos, de Max Dimont, define a los deportados como "la flor de la aristocracia y los intelectuales de Judea".

Los judíos exiliados de esta primera diáspora se convirtieron en altamente exitosos en Babilonia. Dimont afirma: "En las bibliotecas de Babilonia, los intelectuales judíos encontraron un nuevo mundo de nuevas ideas. En cinco décadas, los judíos exiliados se mecían en la superficie de los niveles más altos de la sociedad babilónica, en empresas de negocios, en el mundo académico, en los círculos de la corte. Se convirtieron en líderes en el comercio, en hombres del saber, en asesores de reyes".

En el año 538 AEC, el rey persa Ciro el Grande concedió el permiso para que los judíos regresaran a su tierra natal. Judíos ricos - que habían establecido rutas comerciales exitosas y empresas en Babilonia – financiaron a los fervientes repatriados que querían volver a asentarse en Judea. Los primeros intentos fracasaron pero, con el tiempo, 1.760 colonos dirigidos por el profeta Ezra y el gobernador Nehemías reconstruyeron el muro de Jerusalén y resucitaron la nación. Estos judíos "babilonios" que regresaron a Israel descubrieron que sus hermanos más pobres, que hacía medio siglo se habían quedado, se habían escurrido hacia la asimilación, esfumándose en los credos paganos vecinos. Cyril Darlington, en su libro La Evolución del Hombre y la Sociedad, sugiere que la separación temporaria de la elite judía, y la remoción permanente de las personas sin educación y no calificadas, proporcionaron un impulso genético intelectual al judaísmo.

Los judíos que regresaron instituyeron también dos costumbres que mejoraron la solidez mental del futuro de su cultura. Se hizo cumplir la prohibición de los matrimonios mixtos con gentiles, y los primeros cinco libros de Moisés fueron canonizados como la Torá.

Pueblo del Complejo Libro: La Torá (los cinco primeros libros de la Biblia judía) y el Talmud (registros de discusiones rabínicas) son intelectualmente complejos y sofisticados. Se requiere de los practicantes del judaísmo que aprendan y estudien las extensas y mentalmente rigurosas leyes. El contenido temático de los pasajes de las Escrituras no es simplista o literal, está, por el contrario, diseñado para la comprensión en múltiples, metafóricos y abstractos niveles. La fe ciega y la devoción servil, alentada por otras religiones, no es conducente para el judaísmo. En cambio, el culto en el antiguo monoteísmo exige habilidades de alfabetización significativas debido a las demandas cognitivas de los textos, con una tradición que sostiene que la comprensión del Talmud exige "estudiar siete horas diarias durante siete años". Charles Murray señala que "ninguna otra religión demanda tanto de todo el conjunto de sus creyentes", con el consiguiente comentario que "el judaísmo evolucionó de tal manera que ser un buen judío significaba que un hombre tenía que ser inteligente".

Higiene y Dieta Saludable:ElProfesor Sam Lehman-Wilzig de la Universidad Bar-Ilan de Israel me proporcionó esta teoría. Su sugerencia se basa en el hecho de que - debido a sus prácticas habituales - los judíos probablemente disfrutaron de una mejor higiene que los gentiles. Señala el lavado de las manos judío antes de cada comida, el baño de los hombres por lo menos una vez a la semana en la "mikve" (una casa de baños de purificación), y el baño de las mujeres por lo menos una vez al mes, después del fin de su menstruación. También señala que la restricción a la carne de cerdo impidió que los judíos contrajeran triquinosis. (Víctimas famosas de esta enfermedad parasitaria incluyen a Gautama Buda y Wolfgang Mozart). Con menores tasas de enfermedades, los cuerpos judíos no habrían sufrido tanto como los cuerpos gentiles y esto habría mejorado sus capacidades mentales.

Esta noción se ha reiterado en otro lugar. En 1953, la investigación del farmacólogo de la Universidad Johns Hopkins, David I. Macht supuso que todas las decenas de artículos cárneos prohibidos por las leyes dietéticas judías en Deuteronomio y Levítico son, de hecho, más perjudiciales que la carne kosher, que estaba permitida. Además, en el último libro de la Supervivencia de los Más Enfermos, el escritor Sharon Moalem sugiere que los judíos, quitando toda la levadura de sus casas durante Pesaj, ayudaron a mantener fuera a las ratas que propagaron la peste bubónica en el siglo XIII. Por último, pero no menos importante, los judíos ashkenazi ricos de Europa oriental que habitaban en casas más grandes, habrían sobrevivido epidemias más fácilmente porque no sufrieron la misma alta tasa de infección múltiple que se producía en casas más pequeñas con mayor hacinamiento.

La amplia correlación entre un alto coeficiente intelectual y dieta sana, enfermedades infecciosas, sanidad y hacinamiento hogareño, es examinada a través de estudios de investigación, en los últimos capítulos de este libro, particularmente en "Primeros Años".

Énfasis en la Educación Desde AEC - Jeremías Unterman de Jerusalén me informó que la Torá ordena a cada padre judío enseñar la Torá a sus hijos, y Marisa Landau señala, en una discusión en futurepundit.com del 4/06/05, que la religión judía prohibe mantener analfabetos a los niños. Además, Landau informa que las mujeres judías aprendían a leer y escribir, un fenómeno que era único en el mundo antiguo. Landau menciona también que había una vieja costumbre entre los judíos, la de proporcionar una pensión completa - de hasta 10 años - a un yerno inteligente que deseaba dedicarse por completo al estudio. Los judíos, parece, inventaron la noción de "becas".

En la época medieval, el monje francés Pedro Abelardo (1079-1142) escribió esto acerca de la educación judía: "Un Judío, por más pobre que sea, aunque tenga diez hijos, les dará instrucción, no por ganancia como hacen los cristianos, sino para la comprensión de la ley de Dios. Y no sólo a sus hijos, también a sus hijas”.

Escuelas Obligatorias Para Varones - En el año 64 AEC, el sumo sacerdote Josué ben Gamla emitió e implementó una ordenanza obligando a la escolaridad para todos los niños a partir de los 6 años. En 100 años, los judíos habían establecido la alfabetización universal masculina y la aritmética, la primera etnia en la historia en lograr esto.

El progresista y exigente edicto produjo un enorme cambio demográfico. El a menudo prohibitivo costo de educar a los niños, en la economía de subsistencia agrícola de los siglos II al IV, motivó que numerosos judíos se convirtieran voluntariamente al cristianismo, lo que llevó a una disminución de la población judía de 4.500.000 a 1.200.000.

La "eugenesia" natural favoreció a dos grupos por esta situación: 1) a los hijos de los ricos, aparentemente judíos más inteligentes, que podrían proporcionar una mayor financiación para las escuelas que mantuvieron a su prole como judíos, y, 2) a los chicos más inteligentes que podrían aprender rápidamente a leer, escribir y aritmética a un ritmo en el que podían permitirse "permanecer judíos".

¿Quién quedó fuera? ¿Fuera del acervo genético? Respuesta: los más pobres, judíos sin educación, y/o aquellos con el más bajo coeficiente intelectual.

Ascenso a la Categoría Urbana – En el siglo I DEC el 80-90% de los judíos eran agricultores. Pero, para el año 1000 DEC, sólo el 10-20% se mantuvo en la agricultura. La educación requerida por la ordenanza de Joshua ben Gamla proveyó de habilidades verbales y matemáticas a los niños judíos, permitiéndoles salir de la vida rural de subsistencia hacia las profesiones urbanas altamente calificadas, implicando ventas, comercio y transacciones financieras.

Pasar de un entorno pastoral a las ciudades pone en marcha un impulso del coeficiente intelectual, debido al aumento de la complejidad, la alfabetización y la tecnología del urbanismo. Un estudio de la Universidad Nacional de Hanoi de 2006 mostró una enorme diferencia de 19,4 puntos del coeficiente intelectual entre estudiantes de la ciudad y del campo. Una encuesta de 1970 en Grecia registró una diferencia de 10 a 13 puntos. Otros estudios señalan diferencias más pequeñas de sólo 2-6 puntos, pero en todos los casos, los residentes urbanos siempre obtienen mejores calificaciones, y los judíos son una de las etnias más largamente urbanizadas del mundo.

Dialéctica y Pensamiento Racional – El Dr. Sam Lehman-Wilzig me informó que uno de los enfoques del aprendizaje judío digno de mención es la "dialéctica". El Talmud en sí no es un "código legal", sino un enorme compendio de DISCUSIONES. Los judíos son estimulados a ver un problema con diferentes perspectivas y se les enseña a cuestionar todo, incluida la Ley, la lógica del rabino, y el propio sistema de creencias. Los rabinos desarrollaron principios argumentativos, todo un sistema de cuestionamiento que los judíos han utilizado durante 2.000 años, tanto en debates religiosos como seculares.

La dialéctica no fue un invento "judío": Fue una técnica de aprendizaje que los judíos tomaron prestada y adaptaron de la filosofía griega; la síntesis es una 'metodología socrática judía'. Las huellas de la influencia griega son evidentes en el Seder de Pesaj, en el que el padre judío está reclinado sobre una almohada (similar a los griegos), mientras que el niño judío más joven hace Cuatro Preguntas. Este método de aprendizaje fue único en la Edad Media, en comparación con las tradiciones 'autoritarias' de la Europa católica.

El Dr. Sanford Aranoff, Profesor de Ciencias y Matemáticas de la Universidad Rider, me transmitió un mensaje similar. En su opinión, el judaísmo se basa en los principios del pensamiento racional. (El pensamiento racional comienza con principios claramente establecidos, continúa con deducciones lógicas, y luego examina la evidencia empírica para modificar, posiblemente, los principios).

Las habilidades analíticas y estratégicas desarrolladas, tanto por la dialéctica judía como por el pensamiento crítico, son un componente importante de los test de coeficiente intelectual, y son esenciales en las carreras jurídicas, académicas, científicas y de ingeniería.

Los Clérigos Inteligentes Procrean: Una importante diferencia entre el catolicismo y el judaísmo es que los sacerdotes han sido célibes desde que el Concilio de Cartago del siglo cuarto decretó que se abstengan de las relaciones conyugales, mientras que los rabinos judíos siempre han sido alentados a casarse y multiplicarse. En la Edad Media esto dio lugar a la depresión masiva del coeficiente intelectual de los católicos, porque sus chicos más brillantes y académicamente dotados eran usualmente encerrados en seminarios que desperdiciaban su acervo genético. Mientras tanto... los doctos y escolásticos rabinos judíos se casaban con mujeres inteligentes y creaban grandes e inteligentes familias. Tres volúmenes que analizan este fenómeno son Anarquía, Estado y Utopía de Robert Novick, La Mística Judía de Ernst Vandenberg, y Una Historia de los Judíos de Paul Johnson.

Procrear Cerebros:

"Nuestros rabinos enseñan, Permítasele a un hombre que venda todo lo que tiene y se case con la hija de un hombre culto. Si no puede encontrar a la hija de un hombre culto, permítasele casarse con la hija de uno de los grandes hombres de su época. Si no encuentra una así, permítasele casarse con la hija de uno de los dirigentes de la congregación, o, en su defecto, con la hija de un recaudador de la caridad, o incluso con la hija de un maestro de escuela; pero no se le permita casarse con la hija de un analfabeto, porque los ignorantes son una abominación, como también sus esposas y sus hijas". P'sachim, fol. 49, col. 2.

Textos judaicos como el de arriba enfatizan reiteradamente que el conocimiento y la inteligencia son virtudes supremas, siendo la ignorancia el lastre más grosero. Siguiendo esta máxima, los judíos mejoraron su acervo genético para la inteligencia. En Una Historia de los Judíos, el escritor Paul Johnson señala que, "entre los judíos las personas más inteligentes siempre han sido muy valoradas y buscadas como esposos, de modo que procrearan y difundieran sus buenos genes". Charles Murray observó otra tendencia en la formación de parejas, cuando señala que "al casar a hijos de estudiosos con hijos de comerciantes exitosos, los judíos estaban, prácticamente, uniendo a los seleccionados por la capacidad de razonamiento abstracto con los seleccionados por la inteligencia práctica".

 

Mientras tanto, los católicos se casaban por razones "de clase", inclinándose por ganancias aristocráticas de sangre azul que no tenían ningún vínculo con la inteligencia. También se deseaba la fuerza física y el valor de valientes caballeros en el campo de batalla - esta exaltación del músculo sobre el cerebro, igualmente, no hizo nada para incrementar el coeficiente intelectual colectivo de esa religión.

Idiomas del Comercio: Los comerciantes Ashkenazi difundían sus mercancías sobre una vasta área, originalmente en las regiones islámicas, pero más tarde internacionalmente – desde el caucho de Brasil hasta la seda de China. Para prosperar en el intercambio, memorizaban múltiples idiomas. La tribu sin estado, de todos modos, necesitaba variada fluidez para comunicarse en tierras adoptivas con sus vecinos que hablaban alemán, polaco, letón, lituano, húngaro, ruso, ucraniano, francés, holandés, etc.

El ashkenazi desarrolló una "fusión" lingüística: el yiddish (alemán, hebreo, arameo, además de otras lenguas eslavas y un toque de romance). En su mejor momento - antes de la Segunda Guerra Mundial – el yiddish era hablado por 13 millones de personas. El políglota lenguaje produjo una ejemplar cultura en la literatura, el teatro y el cine.

Hoy los neurólogos reconocen que el aprendizaje de varios idiomas mejora la memoria, la flexibilidad mental, la resolución de problemas, el pensamiento abstracto, y la formulación de hipótesis originales. Las explicaciones de los beneficios abundan; Recomiendo prestar atención al video, "El Bilingüismo Sobrealimenta el Cerebro de su Bebé".

Restringidos a la Brillantez: Entre 800 y 1700 DEC, los judíos de Europa fueron excluidos oficialmente de las ocupaciones "comunes", como la agricultura, De hecho, por lo general no se les permitió poseer tierras. Las restricciones obligaron a los ashkenazim, durante 900 años, a dedicarse a las profesiones urbanas que eran cognitivamente más exigentes, como el comercio, la contabilidad, las ventas y la inversión. La habitual prohibición cristiana contra el cobro de intereses por préstamos de dinero - prohibido como "usura" - ayudó a abrir las ocupaciones bancarias y financieras para los judíos. Los registros históricos revelan que el 80% de los judíos de Roussilon, en el sur de Francia, en 1270, eran prestamistas.

Más tarde, después de que fueran expulsados de Europa occidental, los ashkenazim fueron bienvenidos en Polonia como inversores urbanos e iniciadores del comercio que podrían ayudar a modernizar la nación. También eran muy demandados para puestos de dirección de nivel medio porque tenían habilidades matemáticas y de administración de empresas.

Los askenazíes que no eran, matemática y verbalmente, lo suficientemente versados para tener éxito en estos trabajos de "cuello blanco" se alejaron del judaísmo – los de bajo coeficiente intelectual fueron hechos a un lado. Por el contrario, los comerciantes más exitosos y los contadores formaron familias más numerosas, legando una proporción cada vez mayor de cerebros algebraicos.

Esparcidos Por la Persecución: Los askenazíes más inteligentes y/o ricos estaban mejor equipados para escapar de las inquisiciones, pogromos, persecuciones, holocaustos y otras amenazas genocidas porque: 1) podían permitirse el lujo de emigrar; 2) podían predecir la necesidad de hacerlo; y 3) tenían oportunidades sociales y económicas en los países a los que huyeron. Los ashkenazi más pobres, menos conectados y menos astutos mermaron inexorablemente.

La reiterada aniquilación, expulsión y huida del pueblo judío es universalmente conocida. La primera diáspora de Babilonia ya ha sido mencionada. Una segunda diáspora es comúnmente considerada como una serie de dispersiones desde Israel después del fracaso de las revueltas judías contra el Imperio Romano entre el año 70 DEC hasta 135 DEC. En 629 DEC, el rey Dagoberto de los francos ordenó a los judíos a convertirse, abandonar su tierra o enfrentar ejecución. La Primera Cruzada, 1096-1099 DEC, masacró cruelmente a miles de ashkenazi, un estimado del 25%. Los judíos fueron expulsados de Inglaterra en 1290, de Francia en 1394 y de partes de Alemania en el siglo XV. Los pogromos en el Imperio Ruso, en el siglo XIX y principios del siglo XX, asesinaron a un considerable número de judíos, y el Holocausto, instigado por Adolf Hitler, condujo al genocidio de aproximadamente seis millones, principalmente ashkenazi.

Cuándo y dónde fuere que comenzara la persecución, era más probable que los judíos escaparan si podían pagar su salida, o si eran lo suficientemente ricos como para tener caballos, carruajes, empleados como guardias, parientes ricos a dónde huir, y amigos en "elevados puestos". Frecuentemente, un alto coeficiente intelectual ha sido correlacionado con el éxito económico.

Genio Enfermo: Los askenazíes son presa de alrededor de diecinueve enfermedades genéticas debilitantes, y se ha conjeturado que varias de ellas podrían tener "efectos secundarios" cognitivos que pueden mejorar la inteligencia. Muchos de los trastornos pueden matar o debilitar seriamente a los que tienen dos copias del gen, pero si se hereda sólo una, se obtiene una "ventaja heterocigótica" que puede incluir la promoción del crecimiento de las neuronas y acelerar la interconexión de las células cerebrales. Por ejemplo, tener sólo uno de los alelos de Tay-Sachs y Niemann-Pick - GM2 gangliósido - podría aumentar moderadamente el crecimiento de las dendritas.

Otra dolencia ashkenazi es la enfermedad de Gaucher, que parece promover el crecimiento axonal y la ramificación. Un estudio descubrió que 255 empleados, pacientes de la enfermedad de Gaucher en el Shaare Zedek Medical Centre de Jerusalén, tenían ocupaciones que requieren un coeficiente intelectual superior a 120, y el 15% eran científicos. Otra encuesta de askenazíes con distonía de torsión reveló un coeficiente intelectual promedio de 121.

Entrevisté a Gregory Cochran por correo electrónico; es co-autor del informe de investigación de la Universidad de Utah de 2005, "Historia Natural de la Inteligencia Ashkenazi". En sus palabras, "cualquier estímulo del coeficiente intelectual debido a la enfermedad de Gaucher de menos de 10 a 15 puntos [sería] una ganga [pero] podría ser así de grande para la distonía de torsión: todos los que los han tratado se maravillan de lo agudos que son... [Sin embargo] en nuestra opinión sólo una fracción [del incremento del coeficiente intelectual ashkenazi] se debe a mutaciones particulares como Gaucher". En otra entrevista, Cochran precisó las fracciones como "Uno de cada dos mil askenazi, a lo sumo, porta una mutación de Tay-Sachs y una mutación de Gaucher, las dos más comunes".

Después de residir con vecinos de Europa oriental durante más de un milenio, los ashkenazim no son una etnia aislada. Mientras que muchos observadores sugieren que son 30% europeos, un estudio de la Universidad Emory concluyó que los investigadores "pudieron estimar que entre el 35 y el 55 por ciento del moderno genoma ashkenazi proviene de ascendencia europea".

Pensamiento Positivo - Aubrey Max Sandman, PhD, un ingeniero eléctrico de Londres, me envió un correo electrónico afirmando que la actitud positiva es lo que cuenta, no la genética. Su opinión es que los no judíos no trabajan tan duro como los judíos para alcanzar su máximo potencial.

En la actualidad, el "pensamiento positivo" eleva efectivamente el coeficiente intelectual. Una investigación de 2011 en la Universidad del Estado de Michigan reveló que la "actitud" de un sujeto provoca una diferencia en la inteligencia, porque su actitud determina si reacciona, en relación a sus errores, de forma productiva o auto-destructiva. El informe será publicado en un próximo número de la revista Psychological Science, espero que con los datos específicos graficando los incrementos del coeficiente intelectual.

Jaque Mate: El ajedrez ha sido históricamente una actividad altamente favorecida entre los askenazíes; una revista de 1905 lo describió como el "Juego Nacional Judío". Casi el 50% de los grandes maestros son ashkenazi. Las habilidades visuales, de organización y estratégicas requeridas por el ajedrez desarrollan el precúneo en el lóbulo parietal superior y el núcleo caudado, una parte de los ganglios basales en la región subcortical. Es cierto que estas ventajas no son hereditarias, pero los jóvenes que practican el juego pueden incrementar su almacenamiento de memoria, la planificación estratégica y el coeficiente intelectual.

Información adicional sobre los beneficios del ajedrez se puede encontrar en mi capítulo posterior, "Los Años de la Escuela."

Mentes Melódicas: La música ha sido venerada en las tradiciones religiosas de los judíos durante 3.000 años. Los Klezmer "alcanzaron un nivel muy alto de sofisticación y ornamentación", según el Instituto de Música Judía, y los compositores e instrumentistas ashkenazi contribuyen enormemente a la música clásica occidental (un sitio web de historia declara… "Los Judíos ´Poseen’ el Violín”). ¿Siglos de práctica dieron sus frutos? Hoy los investigadores creen que la formación musical optimiza el desarrollo de las neuronas y mejora la función del cerebro en matemáticas, análisis, memoria, creatividad, manejo del estrés, concentración, motivación y ciencia.

Información adicional sobre los beneficios de la formación musical puede encontrarse en los siguientes capítulos: "Primeros Años" y "Años de Escolaridad".

Familias Acomodadas y Apoyadoras, Con Grandes Expectativas: En el nivel neurológico, el éxito promueve el éxito. La victoria produce un torrente de dopamina, un neurotransmisor que activa la motivación para obtener más logros. Los niños ashkenazi generalmente entienden que son capaces de un alto rendimiento, y son instados a desarrollar sus habilidades para contribuir a la humanidad.

¿Es necesaria una severa disciplina para producir estos resultados? Los ashkenazim han desalentado dar nalgadas a sus hijos; parecen ser suficientes fuertes lazos familiares, estímulo incesante y duro y concentrado trabajo en excelentes instituciones.

También son importantes los ingresos disponibles que les permitan a los hijos estudiar y desarrollarse intelectualmente; la riqueza también permite el acceso a escuelas de élite. Las encuestas indican que los judíos estadounidenses tienen casi el doble de ingresos que los no judíos, además de que tienen 2,5 veces más bienes de capital. ¿El resultado? El judío estadounidense promedio recibe 2,5 años más de educación. Incluso durante la Edad Media muchos judíos eran, en estatus económico, de clase media y alta, una condición que aseguraba una buena educación para sus hijos.

¿El Untermensch Se Va a Otra Parte? Un comentarista judío de más de 40 años de edad, de la ciudad de Nueva York, con la nomenclatura "ASAMATTEROFFACT" me informó que - en su opinión – los ashkenazi que carecen de una gran inteligencia y creatividad terminan sintiéndose inferiores. Él cree que esto a la larga conduce al "untermensch" que se casa fuera de la tribu. Sólo el ubermensch permanece para reproducirse. Su punto de vista fue repetido por otro colaborador - Efox"- quien declaró que los judíos menos inteligentes incapaces de ser su propio "Sacerdote” inevitablemente abandonan el judaísmo para unirse a otra religión.

Rabinos Empáticos - Un comentarista que se identificó como "zeev from jew york city" me informó que muchos rabinos eran "Einsteins de la Empatía" - increíblemente amables, pacientes, cariñosos y comprensivos hacia otros seres humanos. Los "empáticos" de alto nivel afectan a sus congregaciones, haciendo que sus vidas sean mejores y promoviendo sus ambiciones e iniciativas.

En posteriores capítulos ("Primeros Años" y "Años de Escolaridad") analizo los beneficios para el mayor coeficiente intelectual del "Apoyo Emocional" y la "Eficacia de los Maestros" - dos dones que, sin duda, fueron proporcionados por rabinos compasivos.

¿Miedo al Antisemitismo? - El comentarista "Morris Wise", después de leer mi artículo original en el sitio web instapundit.com, expuso una posición paranoica. En su opinión, los judíos son motivados para alcanzar altos éxitos académicos, logros profesionales y riqueza, porque quieren sentirse seguros, protegidos y aislados de los sentimientos anti-judíos de la comunidad exterior. Este punto de vista puede, por supuesto, estar justificado por la larga historia de resentimiento y persecución que los judíos han experimentado.

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¡Veinte explicaciones para el alto coeficiente intelectual ashkenazi! ¿Mi opinión? ¿En cuanto al cuádruple? Son posiblemente todos correctos, y valiosos para reflexionar. Sin embargo, los que me parecen más interesantes son los factores "ambientales" que son accesibles a toda la humanidad.

Me pregunto: si los pueblos del mundo, realmente, queremos logros intelectuales de alto nivel, ¿por qué no jugamos al ajedrez con nuestros hijos en las noches, en lugar de arrojarlos a un violento video juego? ¿Por qué no podemos escuchar sus composiciones de música clásica durante el fin de semana, en lugar de instarlos a tener conmociones cerebrales en el campo de fútbol? ¿Un "programa alimentario" no es en realidad una excelente idea, en la cultura estadounidense con su 33,5% de obesidad en adultos? ¿Por qué no les proporcionamos excelentes escuelas, los persuadimos a aprender la gramática extranjera, y los convencemos de creer en sus capacidades y ampliarlas, en lugar de obligarlos a soportar años de mediocridad educativa y sin esperar nada en cambio, sino lo mismo?

Si toda la humanidad adoptara las mejores características disponibles de las culturas exitosas, como la ashkenazi, ¿podríamos, en conjunto, beneficiarnos enormemente? ¿Podríamos aprender más rápidamente, con mayor profundidad y producir mayores maravillas? ¿Nos convertiríamos en destacados en lugar de personas que no desarrollan su potencial?

¿Si promoviéramos conductas de alto coeficiente intelectual para los seres humanos en todas partes, en todo el mundo, todos… nos destacaríamos? ¿Mejores seres humanos?

Traducción de José Blumenfeld

 

NAZION - comentario sobre film

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Sr Ernesto Ardito y Sr Leopoldo Nacht. Los felicito por el esfuerzo de haber hecho realidad lo que me imagino fue un sueño/necesidad/anhelo de muchos años y que llevó unos cuantos para que pudiera hacerse (además de tiempo y platita). Tiene escenas y momentos impresionantes, entre los que resalta la voz y el discurso de Castellani que yo nunca había escuchado. También las tapas de periódicos en las que se dice sin eufemismo alguno lo que se dice sobre los judíos, todo eso que hoy es políticamente incorrecto pero que imagino sigue vivo de manera solapada en ciertas mentes afiebradas de unción patriótica, occidental y cristiana. Dan un collage sobre la historia, gestación, desarrollo y sostenimiento de las ideas católicas antijudías en nuestro país. Me acuerdo de Graciela Sirota, de Mirta Penjerek, de Pablo Alterman y más cerca cuando la bomba en AMIA de la infausta frase "en el atentado murieron judíos y argentinos"... y tantas cosas más. La Circular 11 del Canciller Cantilo y mi propio ingreso a la Argentina como católica porque si no no entraba y tanto más. Creo que el material es excelente en particular para los jóvenes que desconocen todo esto y que sienten extrañeza ante ciertas nociones porque hoy no es políticamente correcto hablar mal de los judíos (ahora por suerte para el sustrato juedófobo natural está bien hablar mal de Israel que se volvió el judío entre los países, ¡qué alivio!) y salvo que se confronten directamente no siempre tienen idea de cuán antisemita sigue siendo la subjetividad occidental.

Excelentemente filmada y con muy buen sonido lo que permite seguir cada palabra con atención. Muy bueno el recurso de las fotografías con los epígrafes que van armando la secuencia del relato. Me parece un trabajo de una honestidad prístina y de una intención clara y transparente, lo que el espectador agradece. No coincido en todas las opiniones y posiciones (por ejemplo respecto a las realizaciones de Perón, mirada sesgada que solo mostró unas cosas y omitió otras, aunque sí se lo ve como capitán en el golpe del 30, a eso me refiero por honestidad) pero reconozco y valoro mucho lo hecho y cómo estuvo hecho. Es claro que se trata de una mirada reivindicatoria del propio Leopoldo Nacht que ha sufrido exilio y seguro que muchas otras cosas a causa de sus ideales y militancia política. En un punto me resulta sorprendente encontrar en su voz las mismas voces que se oían en los setenta. Desde otro lado me pregunto cómo los 40 años siguientes operaron en la modificación o no de esa mirada. Hoy es un hombre mucho mayor que el que era entonces, tal vez no sigue pensando igual o leyendo igual a la realidad. O sí. No lo sé.

A estos reconocimientos y valores, le agrego también algunas objeciones o propuestas de reflexión.

La más importante es que creo que la pretensión era demasiado ambiciosa y cuando lo que se pretende es incluir todo, se pierde esencia y por momentos el eje y al no poder ahondar en todo hay cosas que arriesgan caer en el panfleto (superficial, bajada de línea y así).

Ciertas referencias y comentarios quitados de contexto brindan informaciones tergiversadas en su lectura actual, lo de ayer debe ser leído en el contexto del ayer, no puede ser leído en el contexto del hoy. Lo sucedido en algún momento del pasado no puede ser transpolado al presente como si se tratara del mismo mundo, de las mismas cosmovisiones epocales.

Si bien Sarmiento dijo lo que dijo, lo dijo en otro contexto del mundo, cuando la Weltanschauung de los "esclarecidos" era europeo-céntrica, cuando se creía -todos lo creían- que la civilización occidental iba a ser la portadora del cambio de paradigma social y "elevaría" la vida de todos, un mundo en el que la idea del OTRO era sinónimo a inferior e indeseado, inferiorizable, usable, operable, convertible, mejorable. La idea misma del OTRO surgió al conocer el hombre europeo luego de sus viajes por el mundo, esas otras personas tan ajenas, tan extrañas, tan exóticas, lo que fue un hondo shock cultural, era un otro que como no hablaba un idioma europeo, no hablaba, era un otro que como no tenía constituida la familia igual, no la tenía constituida de ninguna manera, era un otro que como no construia catedrales no tenía fe religiosa ni espiritualidad o alma.... un otro que se podía apresar y esclavizar, conquistar y colonizar, cristianizar y aggiornar. Ese OTRO esencial dibujaba claramente y por oposición al UNO escencial, blanco-refinado-europeo, y era degradado en su condición humana. En un mundo así vivió Sarmiento. En un mundo que no apreciaba la escolaridad porque era un bien privilegiado para unos pocos y que había sido solo para la Iglesia (acordémonos de El nombre de la rosa, de Umberto Eco), vino este señor y trajo la idea de la enseñanza universal, basada en los principios de la Revolución Francesa. Educación universal y laica porque era profundamente anticlerical, lo que era todo un avance en la época y eso no se menciona en el documental que habla de lo occidental y cristiano. La educación pretendida era, claro está, la moral y la cultura del hombre blanco europeo, porque la del nativo se veía como baja, degradada. Pero se veía así por todos. No solo por Sarmiento (que además era masón, o sea, alguien que bregada por la igualdad de derechos y la libertad de todos, pero en un contexto de educación). Sin poner este contexto queda como que el "padre del aula" era un reverendo hijo de puta que lo único que quería era matar indios y gauchos. Creo que merece una lectura más respetuosa y menos panfletaria.

Por ejemplo -y para hablar de algo que sé un poco más-, cuando se esgrimen acusaciones de antisemitismo a gobiernos y países en las décadas del veinte y el treinta  (solo se habrá salvado el de Checoslovaquia porque Mazaryk, su presidente, también masón además estaba casado con una judía) se pierde de vista que el mundo veía con agrado el milagroso resurgimiento alemán luego de la humillación de Versalles y sus consecuencias leoninas y que tenía a Hitler y a Mussolini como modelos de líderes que no solo eran los factotum del resurgimiento sino que hablaban con la voz del pueblo y recibían su apoyo. El antisemitismo exhibido naturalmente por la mayoría de entonces  no era de temer (distingamos el antisemitismo exclusionista del exterminacionista), era el folklórico, el de siempre, el que nació en el siglo IV con el imperio de Constantino, nada nuevo ni digno de mención: el judío se "sabía" que era de poco fiar y tenía las características descriptas por la estereotipia conocida, en particular la agregada a mediados del siglo XIX con el concepto mismo de antisemitismo (lo judío ya no como religioso o cultural sino genético) y rematado por el fraude de Los Protocolos y el Judío Internacional de Ford. Todo esto era tomado por cierto por la gente y por muchos académicos, recordemos el juicio a Dreyfuss y los debates en la Francia hondamente judeófoba. Todo esto hacía que apoyar al nazismo y expresar ideas antisemitas no fuera raro o no estuviera penado como lo sería hoy, ni ajeno a la moral y a los usos aceptados. No había sucedido la Shoá, los campos de exterminio, los hornos crematorios, la industria de la muerte no era siquiera algo que existiera en la imaginación más fertil de nadie. Se era antisemita porque los judíos no eran de fiar. Y listo, sin otras implicancias. Luego, si se esgrimen declaraciones de los gobiernos del momento traidas al presente y fuera de este contexto legitimador internacional, no se entiende bien y, peor aún, se corre el peligro de entender francamente mal. Lo mismo pasa con Sarmiento. Según mi opinión. Igual con Roca y la odiosa y odiada campaña al desierto y la persecución y asesinato de las poblaciones originarias, ese desdichado y vergonozoso genocidio local. El mundo lo tomaba como legítimo. Se había emergido de la esclavitud hacía muy poco (en Sudáfrica el apartheid duró mucho más, hasta ayer no más), los consensos sobre lo que estaba bien y estaba mal eran muy diferentes a los de hoy, luego, tomar esos hechos sin contextualizarlos o haciéndolo solo desde el punto de vista binario de poderosos-capitalistas-

explotadores versus pobres-ignorantes-confiados-trabajadores, es simplificar  y reducir el problema volviéndolo un panfleto pero no una auténtica reflexión. Y el panfleto enciende y puede estimular a alguna acción, pero no estimula el pensamiento.Las escenas de la Sociedad Rural son redundantes y provocan el efecto contrario al deseado, creo. Se entiende lo que quieren decir, pero la reiteración lo banaliza y termina ofendiendo al espectador que, esté o no de acuerdo, piensa "está bien, ya entendí lo que me quiere decir, no soy  idiota", .Algunas secuencias en las que se toman imágenes de la Shoá tampoco me parecieron necesarias, incluso tal vez confusas. Otra vez, por la ausencia de contexto: no es lo mismo lo que no es lo mismo y, repito, cuando se quiere poner todo, no se puede detener a explicar por qué no es lo mismo, en qué se parece, en qué no, y por qué se toma esa imagen. Las imágenes del Holocausto se han vuelto lugares comunes muy peligrosos que van vaciandose de sentido a medida que se banalizan en su repetición. Estamos en un momento difícil en ese sentido. Nos estamos planteando el sentido de la memorialización y la difusión de algunas cosas que terminan siendo clichés, marcas, modas.Pero, apreciados Ernesto y Leopoldo, todo esto vale la pena ser escrito porque el producto que hicieron lo vale y como bien dicen sobre el final al expresarse en contra del pensamiento único, espero que reciban con todo el respeto con el que lo envío, estos comentarios sobre el film, porque solo han surgido en el contexto de mi aplauso y reconocimiento. Tanto valoro vuestra honestidad intelectual, que no dudo en escribir y enviar esto como devolución obligada.

No depende solo de mi decisión porque integro una organización, pero propondré este film como herramienta de trabajo para conocer, revisar y reflexionar sobre la historia del nazionalismo argentino. De paso: qué maravilla la frase de que los nazis tenían a Hitler, los fascios a Mussolini y los nuestros a Dios.

Gracias y reciban mi abrazo fraternal,

Nota en Pagina 12 http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-21718-2011-05-18.html

NUEVOS INSULTOS POLITICOS

ilustrac-insultos.pngPuede observarse con estupor que Goebbels, Hitler y nazi se han vuelto palabras/proyectiles disparadas como insultos tanto por comunicadores como por políticos de diversas arenas partidarias. Buscando un efectismo mediático contundente no parece importarles la invalidez de la analogía. Banalizan impunemente al nazismo y sus figuras prominentes, reducidos a íconos a los que nadie quiere parecerse. Al establecer la comparación hacen gala de un grave desconocimiento tanto de Goebbels y Hitler como de la ideología nazi.

Goebbels. Se acusa de Goebbels a todo aquel que sea visto manejando la información de modo sesgado o autoritario. Hemos escuchado estas acusaciones dirigidas al actual gobierno y a sus amigos, de parte de Jorge Lanata, Joaquín Morales Solá, Jorge Fontevecchia, Carlos Reutemann y Carlos Menem; pero también fue acusado Hermes Binner en boca de Carlos Mercier. Aplicar alegremente el apelativo de Goebbels es una clara evidencia del más absoluto desconocimiento de lo que se está hablando. ¿Quién fue y qué hizo Goebbels? El Ministro de Propaganda del III Reich montó un operativo tan exitoso que consiguió encolumnar a todo un pueblo tras los delirios megalomaníacos de Hitler y convertir a gente común en ejecutores y cómplices de asesinatos masivos. Cualquiera sabe que ninguna medida impopular podrá ser aceptada y ningún estado dictatorial puede mantenerse en el poder sin el apoyo de la población civil. El Ministerio de Propaganda nazi propagó la teoría “racial” e instaló la idea y la necesidad de la reingeniería humana para mejorar la “raza”: se mataría así a gitanos, homosexuales, discapacitados físicos y mentales y por supuesto y de manera central, a todo el pueblo judío. El plan quedó trunco merced a la derrota del nazismo, pero si hubiera triunfado, habría continuado con el exterminio del resto de los “inferiores”: los negros, los amarillos, los marrones, los rojos…, todo el que no fuera blanco, rubio y germano. ¿Puede un plan de esta enormidad compararse siquiera con cualquier medida tomada por un político local?

Hitler. ¿Puede ser válida la asimilación que algunos hicieron del ex presidente Néstor Kirchner con la figura de Hitler (de lo que tal vez, a pocos días de su muerte, prefieran olvidarse)? Previamente a su deceso, Elisa Carrió lo comparó con el Führer y también la revista Noticias lo puso en la tapa con uniforme y pose hitleriana. El ex presidente podía caer simpático o no, verse negociador o autoritario, democrático o fascista, pero compararlo con el que pretendía la instalación del imperio de los mil años y la conquista del mundo bajo la supremacía de la “raza” superior mediante el asesinato de millones de personas no resiste el menor análisis ni merece siquiera ser considerado.

Nazi. La palabra nazi es usada como sinónimo de autoritarismo, obcecación, rigidez. Marcelo Parrilli llamó nazi a Mauricio Macri, Miguel Ángel Pichetto a Liliana Alonso de Negre, Beatriz Rojkes de Alperovich y Gerardo Morales a los que se les opusieron en el congreso. Pero el nazismo fue otra cosa que un arranque o estilo autoritario o caprichoso, fue una ideología política impuesta por un estado dictatorial, que propendía a la supremacía de Alemania primero sobre Europa y finalmente sobre toda la humanidad. La teoría “racial” y el consecuente asesinato de los considerados “inferiores” no tiene ni un pequeño e insignificante punto de comparación con nada de lo que pudiera acusarse a ninguno de nuestros políticos, por más autoritarios, caprichosos o antidemocráticos que sean. El insulto proferido revela, nuevamente, que quien lo dice no sabe nada del nazismo. El insulto califica a quien lo dice pues muestra su ignorancia y el oportunismo efectista y la devaluación de su palabra.

Boudou no está solo. Amado Boudou y su desdichado improperio hacia los periodistas a quienes acusó de ser como “los que limpiaban las cámaras de gas” no está solo. Hitler, Goebbels y nazi se han vuelto malas palabras comunes. Y aunque es bueno que en el imaginario popular el nazismo sea visualizado como algo malo, la banalidad del insulto reduce su significación de tal manera que oculta su verdadera dimensión. Hitler, Goebbels y nazi se han vuelto solo dardos inofensivos destinados a producirle sarpullido al adversario.

Boludo. Pasó con la palabra boludo. En su origen era sinónimo de mogólico debido a la hiperplasia testicular de los que padecen el Síndrome de Down. Son “boludos” por el tamaño de sus testículos. Olvidado su origen lesivo hacia quienes padecen la mencionada alteración genética, ya ni “suena” a mala palabra, hasta ha sido incluido en el diccionario de americanismos de la Real Academia como sinónimo de tonto. Tal vez en poco tiempo Hitler, Goebbels y nazi también serán palabras coloquiales vaciadas de historia, pompas de jabón insustanciales que se desvanecerán en gotitas minúsculas antes de tocar el suelo.

En otros países no se consigue. No pasa igual aparentemente en otros países, en donde Hitler, Goebbels y nazi siguen correspondiendo a lo que designan y no se han abaratado en el uso ligero de la esgrima verbal ofensiva y vacía de sentido de nuestra clase política.

Insultos disponibles. Tal vez habría que refrescar el repertorio de insultos y malas palabras que quieren decir lo que quieren decir sin necesidad de hacer alarde de creatividad alguna ni de falsear la historia o aprovecharse de sus anti-próceres. Por ejemplo: estúpido, ladrón, asesino, tramposo, corrupto, avivado, traicionero, falluto, hipócrita, mala persona, poco confiable, manipulador, sinvergüenza, mal bicho, indecente, ímprobo, intolerante, estafador, bribón, atorrante, vividor, aprovechador, vago, irrespetuoso, bruto, criminal, coimero…. ¿no son mucho más elocuentes?

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UNA JUDÍA ACONSEJA A POLÍTICOS Y COMUNICADORES

 

beemovie.jpgSi no han aprendido hasta ahora, es hora de que lo hagan y se ahorren problemas. Eviten mencionar a los judíos o a cualquier cosa atinente a nosotros. No se metan en problemas, es complicado. Cualquier cosa que digan puede sonar mal. Mencionando algo relacionado a los judíos –religión, holocausto, nazismo y así- sin saber bien de qué se está hablando puede traer consecuencias no buscadas. E inmediatamente se enciende un alerta y se disparan las sirenas. La cosa no es caprichosa ni aleatoria, tiene una explicación. Se trata de un secreto milenario: hemos desarrollado un dispositivo protector de transmisión oral, la ABEJA -sigla de Alarma Básica y Específica de Judeofobia Ambiente- que, a modo de sismógrafo sutil y sensiblemente calibrado, incorpora, estudia, evalúa y nos pone en guardia, ante el más mínimo atisbo de ignorancia o discriminación anti judía.  La ABEJA está siempre alerta, es una cuestión de supervivencia.

Aunque su necesidad tiene más de dos mil años, la ABEJA así como lo conocemos hoy –aunque más primitiva- tiene su origen en Europa. Nació en el siglo IV bajo el imperio de Constantino el que instaló a la Iglesia como religión del imperio e impuso a mis antepasados el rótulo de asesinos de Cristo. A partir de allí la ABEJA se fue perfeccionando durante los siglos de bulas papales y peleas feudales y principescas, que llevaron a la prohibición de poseer tierras, la imposición de ocuparse solo de finanzas, artesanías y comercio para después señalarnos como usureros. La ABEJA fue recalibrada durante las Cruzadas, con la difusión del libelo de sangre (que nos acusaba de secuestrar niños cristianos y desangrarlos para nuestros rituales demoníacos), tuvo otro momento rutilante en la Inquisición, las conversiones forzosas, las matanzas, las torturas, y luego en los exilios y las deambulaciones de mis tatarabuelos; sufrió un nuevo ajuste con las teorías raciales que condujeron al así llamado antisemitismo, y luego con el invento de los Protocolos de los Sabios de Sión, los pogromos asesinos que se llevaron a mis abuelos –la ABEJA había quedado desactualizada- hasta el final de fiesta a toda pompa y sangre que fue el nazismo y la Shoá donde se masacró a casi toda mi familia. Luego de eso la ABEJA, nuevamente perfeccionada, pareció haber alcanzado su calibración definitiva y hasta se creía que nunca más iba a ser necesaria. Pero no. Cuando los sobrevivientes se sacudían las cenizas que ensombrecían sus memorias y ya Israel era un sueño hecho realidad, aplaudido por todos mientras estaba en las malas, bastó que ganara su primer guerra, la de los Seis Días, para que la mirada benévola se volviera acusación. Los técnicos se abocaron a recalibrar nuevamente a la ABEJA ahora a un nuevo nivel: mientras nos dejamos matar, está bien, pero cuando decidimos que una parte de la tribu sea un país como cualquier otro, eso sí que no. El ajuste actual incluyó en consecuencia al antisionismo que enarbola el sucio dedo de la culpa señalándonos, pero con un evidente alivio, un “ya lo sabíamos, no son de fiar estos judíos”. La ABEJA revela en sus registros que el judeófobo  justifica así su mala conciencia y su odio ancestral. Y no digo que acuerde con el gobierno de Israel ni con lo que pasa allá, no tengo por qué defender ni justificar ni participar de sus decisiones. No los voté, soy argentina y voto acá. Aunque pertenezco a la misma tribu de los judíos que viven en Israel, no soy israelí, pero como de la misma tribu me afecta lo que allí suceda y me toca lo que de ello se diga aunque no sea responsable. (Israel es un país, no es “los judíos”). Sí, ya sé, no es fácil. Y la ABEJA hubo de ser ajustada nuevamente porque nos “toleran” mientras seamos débiles, víctimas, estudiosos, comerciantes o prestamistas, pero no somos “tolerados” si no nos dejamos matar, si queremos ser igual que cualquiera. Y llegamos al día de hoy con la nueva palabreja del mundo políticamente correcto, la tolerancia. Qué espantosa palabra, ¿no?. Se tolera al que no se quiere, al que no se acepta, al que se aguanta.

Y ni qué decir de las bombas a la embajada de Israel y a la mutual judía, el mayor atentado terrorista que sufrió la Argentina, cuando se dijo, otra vez con alivio, que murieron judíos e inocentes. La ABEJA tuvo mucho trabajo esos días y hubo de sufrir una nueva recalibración.

Por todo esto, queridos políticos K, no-K o anti-K, queridos candidatos a políticos, queridos asesores de los candidatos a políticos, queridos periodistas y comunicadores sociales, tengan cuidado cuando nos usan con ligereza en sus declaraciones. La ABEJA saca el aguijón, se pone a vibrar como loca y se vienen los comunicados, los reclamos, los pedidos de disculpas, los medios levantan la noticia y la acomodan para atacar a unos y a otros. No hay ganancia. Mejor no digan nada. Háganme caso. No se metan en camisa de once varas que aprieta y enseguida se le saltan los botones.

Sin cuerpo no hay rituales

captura-de-pantalla-2010-08-31-a-las-141432.pngCuando falta un cuerpo, se rompen los rituales que inscriben esa muerte en la cadena de lo humano. ¿Cómo duelar al ser querido perdido sin la evidencia de su muerte? El Holocausto,  los diferentes genocidios o politicidios, como nuestra pasada Dictadura Militar, han producido un tendal de muertos sin sepultura: los que ya no están, pero que no están ni vivos ni muertos. En palabras de aquel infausto general de triste memoria: son desaparecidos, no tienen entidad, seres disueltos y esfumados entre noche y niebla, exiliados del ritual humano de la muerte.

La muerte nos sume en el misterio y la sinrazón absolutos. Desde el comienzo mismo de la historia todas las culturas han generado rituales funerarios que permiten abordar ese momento tan doloroso. Lo incomprensible y siniestro de la muerte puede así ser aceptado emocionalmente y traducirse en representación mental. En nuestra sociedad, el velorio, el relato del momento de la muerte y su causa, los recuerdos compartidos, el entierro o la  cremación, los rezos, el llanto, el consuelo coral, van tejiendo un entramado social de recuperación de sentido que permite la lenta acomodación a la nueva vida sin el que ya no está. Los deudos se apoyan unos a otros, comparten la pena y puede inscribir el suceso de la muerte en la historia familiar. En el ritual el fallecido es nombrado y recordado, desde su historia y estirpe, en su red de amigos y parientes, con sus particulares sueños, esperanzas, logros y frustraciones y adquiere una nueva entidad jurídica. Merced al ritual la vida del ser querido perdido se vuelve relato y el relato permitirá el ejercicio de aceptación y más tarde el de recordación en el sitio y la fecha instituidos para su memoria.

Sin cuerpo no hay rituales, el duelo no puede empezar, los familiares no pueden acceder a los recursos y dispositivos provistos por la cultura. Sin la constatación de la muerte, no hay un cuerpo que hable de quien ese cuerpo fue, queda un hueco con aullidos ininteligibles e inhumanos; es un vacío obturador que impide la construcción de un relato. Sin ritual tampoco se instituye un lugar y una fecha. El muerto queda exiliado en un limbo siniestro, sin entidad ni representación social y humana alguna. La necesidad de ritualización es tan poderosa que algunos familiares de desaparecidos y de víctimas del Holocausto, han inventado actos de representación para incluir esta ausencia en su trama familiar. Placas individuales o colectivas, espacios de memoria y recordación, fotos, libros, ceremonias, dispositivos paliativos, parches que malcierran el dolor y que mantienen abierta la espera de la aparición del cuerpo que permita empezar, y por fin cerrar, el proceso de duelo que hasta entonces quedará inconcluso. A ello debemos sumar que sin el cuerpo, el dolor se potencia con una cruel incertidumbre que se vuelve pensamiento torturante: ¿habrá muerto? ¿cómo convencerse de ello sin haber visto el cuerpo? El muerto sin entidad, el desaparecido genera esa atroz y fantasmática expectativa de una aparición posible, mezcla de perversidad y esperanza. Hay padres de desaparecidos que aún hoy se sobresaltan toda vez que suena el teléfono esperando oír la voz del hijo que nunca pudieron enterrar.

Kadish” film de Bernardo Kononovich (2009), muestra a un hombre que sostiene un documento donde figura el nombre de un familiar asesinado en la Shoá y, como si fuera aquel cuerpo, dice kadish (la plegaria judía que se pronuncia en el momento del entierro). El padre católico Patrick Desbois, creó en 2004 Yahad in Unum, un proyecto para desenterrar las fosas comunes en la actual Ucrania, donde yacen el millón y medio de judíos asesinados por los Grupos Especiales nazis. Los restos que encuentra, mediante el análisis de sus ADN, podrán alguna vez ser restituidos a sus familiares y tener así una sepultura humana.

Personalmente siempre espero que mi hermano Zenus, a quien nunca conocí, alguna vez aparezca. Mis padres lo entregaron en Polonia en 1942 a una familia cristiana con la esperanza de que sobreviviera al  nazismo. Terminada la guerra, lo fueron a buscar y les dijeron que había muerto de tifus pero que no “recordaban” lo que habían hecho con el cuerpo. Sin ese cuerpo, ¿cómo convencerse que murió? Para mis padres antes, para mí ahora, Zenus no tiene “entidad”, no está ni vivo ni muerto, no lo puedo llorar ni tampoco esperar. Puedo dar fe personalmente del peso y la presencia que tiene este muerto sin sepultura en mi vida, una especie de fantasma que mantiene abierta de manera cruel la eterna expectativa de que alguna vez podría aparecer.

Diana Wang

Presidenta de Generaciones de la Shoá en Argentina

A PROPÓSITO DE LOS SAQUEOS EN CHILE

saqueos en Chile¿Qué hacés? ¿por qué parás el coche?, le pregunté a mi hijo mayor. Era una calle desierta. A nuestro alrededor silencio. Las pocas casas determinaban que tuviéramos una visual de 360º . Se veía con claridad que no había ningún otro vehículo a la redonda. Está el cartel de STOP, dijo mi hijo, hay que parar completamente el coche, mirar a los costados y después seguir, es lo que dice la ley. El cruce estaba en una localidad de California, Estados Unidos, donde vive mi hijo desde hace unos veinte años. Para alguien venida de Buenos Aires, como yo, la escena era patéticamente ridícula. ¿No se ve a simple vista que no hay ningún coche? Además, tampoco hay alguien que pueda hacer una boleta. Casi pensé que mi hijo se había atontado de tanto vivir con los gringos. Pero la anécdota fue creciendo. Al ver las escenas de saqueos que están sucediendo en estos días en Chile en el contexto de los terremotos me empecé a cuestionar qué es vivir bajo el imperio de la ley, cómo es aceptarlo y confiar en que los demás también lo hagan. La gente no solo toma el agua y los alimentos que necesita, sino que llevan televisores, heladeras, hornos de micro ondas, acondicionadores de aire, ninguno de ellos objetos de primera necesidad. Recuerdo aquella detención de mi hijo en un cruce solitario, su férrea decisión de respetar la ley aún cuando nadie pudiera penarlo si no lo hacía. Lo que es de subrayar es que su conducta revela un apego a la ley esencial porque no requiere de la presencia de nadie, asume que eso es lo que está bien. Los que se sumergieron en los pillajes, ante las cámaras de televisión que multiplicaron sus imágenes por todo el mundo, parecían sentirse impunes por haber sido víctimas del terremoto, como si eso fuera suficiente para cambiar las reglas de juego sociales, para robar y vanagloriarse de ello. ¿Cómo se ha construido esta idea de que si uno es víctima de algo tiene derecho a infringir la ley? Sobre qué tenues y frágiles redes estamos ubicados en nuestras sociedades humanas. Los más mínimos acuerdos se deshacen ante la impunidad o la falta de una pena, sea el castigo físico –multa o prisión- o sea uno moral –vergüenza, humillación, exclusión-. La así llamada “ley de la selva” renace en cuanto se apaga la luz del ojo testigo-penador y pareciera que quedamos librados a nuestros instintos más primitivos, aquellos que nos dictan tomar para nosotros lo que nos venga en ganas. Decía Shakespeare que Ricardo III estaba convencido de que tenía derecho a matar a quien quisiera para seguir siendo Rey, que, habiendo nacido rengo y contrahecho, el mundo le debía a él.

Me acuerdo de “La naranja mecánica” la novela de Anthony Burgess que luego fue la excelente película de Stanley Kubrick. El protagonista recibe un tratamiento pavloviano para dejar de “portarse mal”. Lo fuerzan a mirar escenas de violencia luego de inyectarle una sustancia que produce dolor y náuseas. La asociación entre la idea de hacer daño y el efecto físico, le impedirá hacer el mal para evitar el hondo malestar estomacal. No es que deje de hacer daño por educación, por reflexión o convicción alguna. Deja de hacer el mal porque hacerlo le hace daño. La amarga obra de Burgess declara el triunfo de lo individual sobre lo colectivo, de los instintos sobre la educación, es decir, el fracaso de la civilización.

Volvemos a quedar desnudos. La Shoá, la complicidad de tanta gente en el asesinato de sus semejantes, los que ocuparon las casas que “habían quedado” vacías, los que aún hoy comen con unos cubiertos de plata cuya procedencia prefieren desconocer, todo esto vuelve a ponerse en el tapete. Y la limpieza étnica en los Balcanes y el asesinato de los Tutsis por los Hutus. Y tantas otras cosas que nos tienen las manos tintas en sangre. Si no es la educación, ¿qué es? ¿cómo se construyen modelos del Bien? ¿será que sólo respetamos la ley cuando tememos el castigo? ¿Cómo se construyen bases para un mundo en que la convivencia humana sea posible?

TIEMBLA FACEBOOK

Está circulando este video clip http://www.youtube.com/watch?v=xzTgIdNW6lg que se llama "La cara oculta de facebook". Está simpático este video para nada amarillista ni alarmista ni tremendista tan ajustado a la verdad, tan pertinente en su lectura e interpretación así como en sus alcances. Tiene un modo de decir las cosas que hace que a uno se le frunza el upite y empiece a mirar a los costados a ver quién lo está mirando a uno y con qué intenciones.

Me ha llevado a las siguientes determinaciones que pondré en acción inmediatamente y que pongo a vuestra consideración para que estén atentos:

Ya mismo me borro de facebook (ésta sería mi última comunicación). No abro nunca más el Internet Explorer ni el Mozilla ni el Safari. Quito de un plumazo Skype, yahoo, hotmail y aol. Good bye Twitter y las otras herramientas satánicas por venir. Quemo mi cámara fotográfica después de desgarrar todas las fotos que tengo, tanto las impresas como las subidas a algún servidor misterioso de la red. También cierro mis cuentas en los bancos. Anulo mis tarjetas de crédito. No lleno ningún formulario de ningún tipo bajo ninguna circunstancia. Pido en la escuela, la primaria y la secundaria, en la universidad, en cuanto lugar hubiera hecho algún curso, los comprobantes del mismo y miraré con atención que se borre mi nombre de todos los registros que pudieran tener archivados. Exijo que en el Registro Civil y en la Policía me entreguen mis legajos y les hago juicio para que no guarden ninguna información mía por la cuestión del habeas data. Recorro cada una de las embajadas donde pedí una visa alguna vez y cada uno de los aeropuertos por donde pasé mostrando en mi pasaporte mis datos personales y exijo que se borre toda evidencia (¿en los peajes de las autopistas quedarán fotos o algún dato mío?). Contrato a un detective privado para que recoja todas las historias clínicas mías que pueda haber en clínicas, hospitales y consultorios médicos y por las dudas dejo de consultar a los médicos no vaya a ser que vendan mis datos a algún laboratorio que se enriquecerá con la información. Borro mi nombre en el timbre de entrada de mi casa. No hago más tarjetas con mis datos y recupero todas las que entregué en toda mi vida. Anulo mis teléfonos -tanto de línea como celular- y exigo que se borren mis datos en las empresas telefónicas. Pido que se borren todos los mensajes que alguna vez dejé grabados en los contestadores de mis amigos y conocidos. Cuando esté con amigos, pediré que pongan sus celulares sobre la mesa y les quiten las baterías (con las baterías puestas, aún apagados, funcionan como micrófonos). Vendo mis propiedades y coches y quito todos mis datos en los respectivos registros de propiedad. Exijo a la cámara electoral que me quite de los padrones públicos y no voto nunca más. Exijo que nadie pueda tener acceso a mí sea informático o por internet o por cualquier vía. Creo que lo mejor es quemar la computadora y por las dudas el cableado también. Que se borren en todos los sites de toda la gente del mundo todos los artículos que escribí y cualquier referencia a mi que pudiera haber. Que no quede huella de los cursos que dicté, de mis conferencias y presentaciones. Que los diarios, nacionales y extranjeros, borren las veces que mi nombre fue publicado allí. Que desaparezcan mis libros y nunca más se publique nada mío. Dejo de pagar impuestos y renuncio con pesadumbre al beneficio de la jubilación y cualquier otro beneficio que pudiera otorgarme algún Estado, cualquiera que sea. No aceptaré descuentos, premios, concursos, ninguna ventaja que comporte la necesidad de dejar mis datos. No piso más un cine y rompo a hachazos los televisores y las videocastteras y los pasa DVD. Antes de hablar con cada persona la pongo bajo un escaneo profundo para asegurarme que no quiera sacarme información o manipularme de ninguna manera. Dejo de leer los diarios y de escuchar radio. No dejo mi firma en ningún lado ni mi letra manuscrita ni mis huellas digitales ni miro fijamente para que no fotografíen mi iris. Cuando me presento no doy mi nombre verdadero ni ningún dato que pudiera identificarme. Me disfrazaré de varón por las dudas. Me llamaré Ramón. Me cubriré con un velo que impida que alguien reconozca mi cara. También cubriré mi cuerpo con un manto opaco -estilo burka- que no revele nada de mi anatomía, nada que pudiera ponerme en peligro. Enmudeceré para asegurarme que nada en mi voz denote algo que pudiera ponerme en evidencia. Me pondré máscara antigas para no respirar los efluvios peligrosos que llenan nuestro aire. Mejor me quedaré en la cama, ni siquiera abriré los ojos ni haré ningún movimiento, no vaya a ser que cualquier conducta mía, la más mínima, muestre algo que no quiero que se sepa de mi y que la CIA -cuya principal ocupación es pensar en mí- me use para algún fin inconfesable. Lo más seguro es morirme. Este video me ha ilustrado respecto a qué significa vivir en un mundo globalizado en donde los límites de la privacidad se van haciendo cada vez más borrosos, para bien y para mal. Luchar en contra de todo ello es como luchar en contra de la imprenta que levantó tanto alboroto en su momento por el peligro que entrañaría que el conocimiento pudiera ser alcanzado por casi cualquiera. Y por ahí tenían razón. ¡Hay cada uno opinando por ahí! ¡Que muera Gutenberg!

epílogo autorreferencial (escrito unos minutos más tarde): ...seguí pensando porque había algo que me hacía ruido y ¡eureka! ¡lo encontré! ¡¡¡¡La sinarquía judeo-marxista-masónico-capitalista!!!! estaba ahí y no la veía. Los españolitos que hicieron el video tuvieron el tino y la corrección política de no hablar de los judíos, pero hete aquí que, casualmente, los apellidos mencionados son claramente judíos (desde el inventor de la máquina siniestra de facebook, ese pibito tan rico con su "estudiado" aspecto de inocente) o suenan sospechosamente judíos. Y eso funciona subliminalmente y de pronto a uno se le hace la luz: ¡uau! ¡claro! ¡eran los judíos! ¡los Protocolos de los Sabios de Sion eran verdad! ¡quieren dominar el mundo, sojuzgarnos a todos, manipularnos y explotarnos a su antojo!

Y no mencionan el poder chino (claro, siguen con la cantinela apolillada de lo antiyanki, no se enteraron que el dinero no tiene color ni nacionalidad ni ideología ni nada, el dinero solo buscar más dinero y no le hace asco a nada ni a nadie). Y, decía, se olvidaron de los chinos que se vienen con todo y prometen arrasar con unas cuantas cosas. (el peligro amarillo como decía Mafalda). ¡¡¡y ni te cuento cuando descubran el poder judío dentro del gobierno chino!!!! mi apellido es una prueba incontrastable de ello: ¡los judíos ya están en China!, ¡tiemblen los mercados y el mundo libre y democrático!

Facebook es, en consecuencia, la avanzada de la sinarquía judía que busca, como se viene diciendo hace tanto, la dominación del mundo y sus alrededores (ahora que lo veo escrito, se me ocurre que a más de uno podría ocurrírsele que es así. Antisemitas nunca faltan).

Identidad, identidades


Temas abordados: ¿Por qué hoy? - La mirada dicotómica - Lo dado y lo adquirido - La complejidad multi-identitaria - Identidades de borde - De lo diferente a lo diverso.


La pregunta por la identidad.

La pregunta por la identidad es una de las preguntas más recurrentes en la actualidad. La pregunta ¿quién soy? alude a mi esencialidad, a lo ontológico, a lo que me define, a lo que hace que yo considere que yo sea yo. No se trata de qué hago, qué me gusta o qué habilidades tengo, sino quién soy. Saberlo, como nunca antes, está resultando esencial en el mundo de hoy. Lo que sigue es un borrador de ideas, tomadas de diversas fuentes, a modo de disparadores para pensarnos.

Identidad como atajo.

Hacemos la pregunta por la identidad en singular, por una identidad. Si hubiera una respuesta y si fuera unívoca y definitiva, se podrían tal vez economizar caminos y elecciones. En efecto, si sé quién soy, si lo defino con contornos netos, podré categorizar al resto del mundo según se acerque o se aleje a mi definición. Podré así conocer y reconocer a quienes son más iguales a mí y a quienes son más diferentes y podré, en consecuencia, elegir mejor con quien estar o con quién hacer, a quién incluir, a quién dejar afuera. Los mamíferos confiamos en los que se nos parecen, en nuestros conocidos, familiares y desconfiamos de los diversos, los in-familiares, los des-conocidos. Una respuesta neta, clara, recortada, definida y definitiva a la pregunta por la identidad, ordenará de una vez y para siempre el universo en amigos y enemigos, en afines y des-afines, en buenos y malos, en inofensivos y peligrosos. Lo que resulta necesario para la supervivencia.

Estamos educados, constituidos –al menos en la civilización occidental-, en estructuras de pensamiento binarias que pueden volverse muy fácilmente dicotómicas. La mirada dicotómica se vuelve una lente invisible con la que se mira el mundo y se naturalizan las percepciones y se vuelven automáticas. Las dicotomías son un tipo particular de oposición con dos características principales: 1) son excluyentes - es una u otra alternativa-, y 2) están jerarquizadas - una tiene un valor social superior a la otra-. Con la lente dicotómica vemos la realidad sin matices: bueno o malo, sano o enfermo, ario o judío, varón o mujer, occidental u oriental, delgado o gordo, culto o inculto, lindo o feo, arriba o abajo, cristiano o islámico, blanco o negro. Las categorías binarias ordenan el mundo de manera simplificada, lo vuelven sencillo y tranquilizadoramente manejable. Además de economizar operaciones mentales, hace posible ubicarse del lado valorado de la dicotomía o juntarse con los del mismo “club” y así potenciar, asegurar y reforzar el espacio social valorado.

El mundo de hoy.

Ya no vivimos en el mundo que leíamos en los libros de textos, cuando calcábamos los mapas prolijitos y dibujábamos las fronteras entre los países que coloreábamos con diferentes colores. Se están fundiendo los estados nacionales, surgen bloques geo-político-económicos, en el reino de las corporaciones trans-nacionales se están borrando las fronteras. La globalización avasalladora vehiculizada por la multimedia produce disciplinamiento colectivo en la uniformización cultural. La moda, los códigos, lenguajes, los usos de consumo, las tecnologías coexisten en todos los puntos del globo (en realidad solo donde llegan la televisión y la computadora). Se puede oír la misma canción, escuchar el mismo chiste o ver la misma ropa en puntos del planeta alejados. No es extraño entonces que en estos momentos surja, casi con desesperación, la pregunta por la identidad, la sed del ser, del recorte particular, diferenciarse del magma uniforme y anómico de la globalización. Diferenciarse y ser uno pero no tanto como para quedar afuera. Parecerse y ser como todos pero no tanto como para ser transparente. ¿Cómo saber quién se es si uno es igual a todo el mundo? ¿Cómo recortar una identidad propia que a uno lo distinga del resto del mundo pero que, al mismo tiempo, lo mantenga cerca de los que son sus iguales? ¿Cómo diferenciarse y cómo ser igual?

Teníamos a la identidad nacional como indicador confiable de identidad pero se nos está perdiendo. Idiomas, comidas, vestidos, usos van dejando de pertenecernos y caracterizarnos. Buscamos otras formas de nombrarnos, recortarnos, definirnos, pensarnos a nosotros mismos y a nuestra relación con los demás y con el mundo. Proliferan las reivindicaciones de las minorías culturales[2], los pequeños grupos, se revalorizan las etnias, las tribus urbanas[3]. Se desarrollan y constituyen en espacios cerrados de autoafirmación que ofrecen la posibilidad de recuperar el sentimiento de pertenencia a una comunidad, el encuentro de otros semejantes con quienes sentirse iguales y la tranquilizadora distinción respecto de los que quedan afuera, los diferentes. El fútbol[4], por ejemplo, o las condiciones físicas, gustos o habilidades, las víctimas de diferentes cosas, se vuelven ejes que congregan a los iguales y les otorgan adicionalmente la sensación de ser alguien, de rescatarse de la anomia y la exclusión.

Modos y niveles de identidad.

Es interesante pensar en las diversas maneras y niveles de definir la identidad. Algunos dados y otros adquiridos y en los cambios que estamos viviendo respecto al peso de cada uno.

Los dados, los que uno tiene al nacer, que no cambian, son el origen nacional, étnico y religioso, el apellido, algunos aspectos de la condición física -sexualidad, altura, color, contextura, estructura genética en general con todo lo que ello determina, discapacidad o enfermedad, belleza o fealdad-, condición sexual, signo del zodíaco o del horóscopo chino.

Los adquiridos o cambiantes, son la edad, gustos, preferencias, estilos, club de fútbol, dinero, tribu urbana, club o hermandad, profesión, habilidades, ideologías.

Hasta hace no mucho tiempo pensar siquiera –ya no hacerlo público- en que se podía elegir una pertenencia sexual diferente estaba absolutamente afuera de cualquier alternativa. ¿Cómo juegan en estos cambios las cirugías estéticas por ejemplo y los conceptos concomitantes de envejecimiento, edad, belleza? Frente a lo impuesto, frente a lo dado, frente a las limitaciones necesarias, aparece este furor por elegir, por cambiar, por reinventarse. ¿Es un acto de libertad o se trata de un sometimiento siniestro a nuevos imperativos? Es, en todo caso, una consecuencia del modo en que las identidades se ponen en juego en la actualidad.

Hay identidades que se asumen y otras que no. Identidades que se reconocen y otras que no. Muchos niveles o aspectos identitarios están tan naturalizados que resultan invisibles hasta que algo los visibiliza. Por ejemplo es lo que me ha pasado con mi condición de hija de sobrevivientes de la Shoá. Siempre supe que mis padres habían sobrevivido “la guerra” como se decía a aquello antes de que tuviera nombres. Siempre lo supe, pero fue en un determinado momento que se me impuso como condición de atravesamiento y a partir de allí se reordenaron y resignificaron pasado, presente y futuro. La condición de ser hija de sobrevivientes existía lo advirtiera o no, pero en el acto mismo del reconocimiento cambió la cualidad de la forma en que era afectada por ello, mis conductas y mi visión del mundo. Hay identidades que nos gustan y otras que no. Me pregunto ¿cuántas identidades más conviven con nosotros que aún no nos han hablado?

Identidad cultural.

Para hacer el cuadro aún más complejo recordemos que la mayoría de las sociedades actuales son multiculturales y heterogéneas. Convivimos con personas que profesan diferentes religiones, que hablan diversos idiomas, que se rigen por valores, costumbres, prácticas en el vestir, en la alimentación, que son características de su grupo de pertenencia. Al tiempo que el símbolo de McDonalds y la forma de la botella de Coca Cola pueden ser reconocidos universalmente. Rasgos particulares endogámicos por un lado, aspectos universales globalizados por el otro. La idea unívoca de identidad está fragmentada hoy por esta complejidad y multiplicidad y no podemos más que pensar y hablar de identidad sino de identidades.

Una situación concreta.

Quien soy, quien soy para mi, quien soy para otros, cómo quiero que me vean, qué elijo para que me defina, con qué objetivo, en qué contexto, son algunas de las variables que es necesario tener en cuenta a la hora de pensar en las identidades. La definición no es una. Según para qué, dónde y cuándo, se iluminarán ciertos aspectos en detrimento de otros que será preferible mantener en las sombras. Los datos que incluyo en un Currículum Vitae profesional no son los mismos con los que yo me defino en mis múltiples identidades, ni tampoco será el mismo Currículum Vitae el presentado para diferentes propósitos. En cada caso, según sea el propósito, recorto aquellos elementos que considero que deben ser incluidos. Pero veamos qué sucede si intento hacer una exposición exhaustiva de mis identidades. Soy mujer, femenina, argentina, polaca, judía, inmigrante, sociable, orgullosa, psicóloga, escritora, desinhibida, solidaria, cómoda, perezosa, sexagenaria, petisa, con un ligero sobrepeso, ex rubia, semi canosa y que no se tiñe, madre, divorciada, unida en pareja hace 35 años, abuela, clase media suburbana, hija de sobrevivientes de la Shoá, medianamente informal, con sentido del humor, reflexiva, atenta, laboriosa, creativa, vanidosa, ordenada en lo que me interesa, entusiasta, arremetedora, autoritaria, vulnerable, necesitada de reconocimiento, poco tolerante a las críticas, buena planificadora, bastante tolerante a la frustración, hablo varios idiomas, me gusta cantar, recibir elogios, leer, escribir, hacer solitarios, jugar al sudoku… y podría seguir ad infinitum. Y esto ha sido tan solo lo que estoy dispuesta a mostrar ante gente desconocida. En El Principito, Saint Éxupery decía que no entendía a los adultos que creían conocer a alguien cuando tenían el dato del monto de su cuenta de banco sin preguntar cosas tan importantes como por ejemplo si le gustaba comer chocolate.

¿Cómo ordenar todo esto en categorías lógicas? ¿En qué jerarquía debo ubicar las diferentes cosas? ¿Cómo armonizar las contradicciones y la complejidad? ¿Cuál de todas estas características definen mi identidad? ¿Quién soy más yo? ¿Cómo y por qué dejar afuera de un listado que supuestamente me define todos estos aspectos que a la postre son los que determinarán mi desempeño y mi relación con los demás?

Las identidades de borde.

En este mundo transnacional se está gestando una nueva identidad que ya está empezando a ser reconocida como tal, la llaman “identidad de borde”, de frontera. Quienes lo han propuesto y lo están desarrollando de manera muy rica y sorprendente fueron los chicanos, los descendientes de mexicanos nacidos en los Estados Unidos. Nacidos allí, se ven pisando con un pie en cada país, en las dos culturas pero formando una tercera, una cultura diferente, hasta con un idioma diferente y se reivindican como tales, con una producción cultural contestataria e interesantísima. El fenómeno se replica merced a la migración creciente. Grandes poblaciones se mueven de un territorio a otro a causa de las guerras abiertas o solapadas, de los secuestros, de las situaciones de peligro, de las consecuencias del calentamiento global que provoca inundaciones, desertificaciones, cambios de tal naturaleza que obligan al cambio de sitio de residencia. La unidad europea, las disparidades en los niveles de vida en los distintos países del globo, determinan una movilidad poblacional inaudita y generalizada. Los refugiados, los echados de sus países que van a otros van aumentado de día en día. No son bien recibidos salvo que se contenten con hacer los trabajos que la población residente descarta y que acepten en condiciones infrahumanas. Estas personas aprenden el nuevo idioma, se van adaptando e integrando a la nueva cultura, aprenden a convivir con el rechazo o la sospecha, tienen hijos y estos hijos, igual que los chicanos, van constituyendo esa tercera identidad que se conoce como border identity. Ya no son inmigrantes porque han nacido en el nuevo país, pero no son como los nativos “viejos”, son otra cosa. Esto se ve en la población musulmana francesa, o en la población turca en Alemania, por no mencionar a los bolivianos y otros grupos en Argentina. Son identidades de borde, complejas, ricas, multifacéticos.

Los judíos, un ejemplo.

Un ejemplo claro en este sentido, claro y profusamente documentado, somos los judíos. Como bien dice Tomás Abraham[5], a partir de la Shoá la pregunta por la identidad judía ha dejado de tener sentido. Hemos aprendido que, al menos en la definición exógena -la que nos es atribuida por el otro-, es judío todo hijo de madre judía o nieto de por lo menos dos abuelos judíos. No importaba si se trataba de alguien religioso o agnóstico, de izquierda o de derecha, pobre o rico, de nariz ganchuda o aguileña, sionista u ortodoxo, tradicionalista, asimilado o converso, nada de eso importaba porque todos, absolutamente todos, estaban destinados a la muerte. Este destino de muerte fue una marca de identidad de la que no podemos sustraernos, al menos mientras lo recordemos. Por eso dice Abraham que la identidad judía ya no está en cuestión. Pero lo judío parece plantear una pregunta para el no judío, en especial para el que mira la realidad con la lente dicotómica. Un ejemplo sería la pregunta que se nos suele hacer por la doble lealtad en caso de jugarse un partido entre Israel y Argentina, ¿quién querés que gane? Los judíos convivimos naturalmente con las múltiples identidades que determinan, claro está, múltiples lealtades, como le pasa a cualquiera con sus identidades múltiples y que no representan conflictos ni problema alguno. La pregunta por la lealtad, hecha a un judío, probablemente se deba a que lo judío en nuestra sociedad, forma parte de un par dicotómico, siempre del lado peor. Nunca nadie me preguntó si un partido entre Polonia y Argentina determinaría para mí un conflicto de lealtad. Es que Polonia y Argentina no son pares dicotómicos. La cuestión de por qué lo judío inmediatamente se lee dicotómicamente escapa a los fines de esta presentación.

Ingresé a la Argentina en 1947. En la lista de pasajeros que figura en Migraciones y en mi ficha de ingreso, figuro como de religión católica. Se preguntaba la religión y si la respuesta hubiera sido “judía” el ingreso habría sido denegado. Una directiva secreta de Cancillería, emitida en 1938, prohibía a los cónsules a dar visas a los indeseables que buscaban refugio. No decía “judíos” pero “indeseables” y refugiados durante la Segunda Guerra Mundial quería decir “judíos”. Los sucesivos gobiernos negaron la existencia de esta prohibición hasta que se encontró una copia de la Circular 11 perdida en una carpeta en la embajada argentina en Suecia. En 2005 el gobierno argentino, luego de 67 años de vigencia, la derogó. Solicité inmediatamente la rectificación de mi inscripción en los registros migratorios. Quería que allí constara que soy judía. Se labró un expediente y finalmente se me concedió la solicitud por disposición del Ministerio del Interior y ahora el mío es un leading case: cualquiera que solicite rectificar este dato lo puede hacer adscribiéndose a la resolución. Casi todos los judíos ingresados en la Argentina figuran como católicos. Uno podría preguntarse ¿qué importancia tiene figurar de un modo o de otro? ¿Por qué tanta historia? ¿Cambia acaso algo por el mero hecho de cambiar una palabra? Para mí ha cambiado. Tiene que ver con mi identidad, con el reconocimiento y la aceptación de la misma, con el derecho a ser quién soy y a declararlo abiertamente. Permite que la dolorosa vivencia de discusión dicotómica transite hacia la complejidad y riqueza de la identidad de borde.

El pasaje de lo diferente a lo diverso.

El mundo está virando hacia una realidad multicultural poli-identitaria que los judíos conocemos muy bien. Los sucesivos éxodos nos han entrenado en la multiculturalidad, en la complejidad, lo que se refleja en nuestros idiomas que expresan los lugares por donde hemos ido pasando, en nuestro humor, afán de universalidad y humanismo acérrimo, en la defensa de la diversidad como realidad y concepto enriquecedor.

Las nuevas identidades, las nuevas formas de pensar y categorizar las identidades, de aceptarlas y reconocerlas, nos permitirían pasar del concepto de diferente – en el sentido dicotómico de maligno y sospechoso, inferior y peligroso- que nos encierra y nos aísla, nos empobrece y empequeñece a la idea de diverso, al concepto de diversidad, que incluye el otro, al que no es como yo, a las identidades de borde, a la multiplicidad y a la sorpresa de las variadas formas en que puede manifestarse y vivir la criatura humana.


[1] Presentado el 30 de junio de 2007 en la jornada “IDENTIDAD, ASPECTOS SOCIALES Y PSICODINÁMICOS”, Departamento de Psicología Clínica, Universidad Argentina John F. Kennedy

[2] Una de las fuentes de confrontaciones armadas por ejemplo entre Hutus y Tutsis, en la ex Yugoslavia,

[3] Nueva forma de socialización vehiculizada por los jóvenes y grupos minoritarios, pandillas de adolescentes, en general menores de 18 años, como los punks, hippies, raperos, siniestros, heavis, góticos, skin heads, heavy metals, ciberpunks, skaters, bikers, darks, rockers, con rasta,

[4] Que genera pasiones arrebatadas con un compromiso emocional e identitario tan hondo que puede convertir a sus miembros en una masa asesina incontrolable en caso de sentirse humillados o creerse derrotados injustamente.

[5] En “Hijos de la Guerra” de Diana Wang, Editorial Marea, 2007.