La máquina del tiempo. Un regalo de Clara

Mi nieta Clara, llenando una solicitud para ingresar a la universidad,  debió responder a la pregunta “si tuvieras una máquina del tiempo, ¿a qué momento del pasado irías y por qué?”. Esto es lo que escribió (primero está el original en inglés y después mi traducción)

En inglés:

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All families have mysteries. But I would venture to say that my family’s mystery exceeds the ordinary, melding rich history and the disappearance of a baby. That baby was my great uncle, Zenus. My Jewish great-grandparents resided in a small town in Poland during the Nazi invasion. They hid in a two foot tall attic for years to avoid horrific concentration camps. They had a baby boy, Zenus, but could not risk the child crying and giving away their location to Nazis. They gave the boy to a catholic family since his Polish appearance suspended any doubt he was Jewish. After Hitler was defeated, my great-grandparents went to retrieve Zenus from the family; however, they were told that the boy had perished. This brought about many suspicions within my great-grandparents. It was probable that the family had fallen in the love with the boy and were not willing to give him up.

This mystery has plagued my family for decades now, especially my grandmother, the younger sister of Zenus. She even created a website (https://dianawang.net/looking-for-my-brother/) looking for him, calling out to anyone for information about his whereabouts.

My time machine zaps out of the living room, leaving a rainbow dust that instigates little sneezes from my four chickens, and suddenly I appear at that family’s front doorstep. It is 1944, and I learn the fate of my great uncle. If he is alive, I learn his new name, and I come straight back, catch the next flight to Buenos Aires, and finally give my grandmother, who I adore, that closure she has desired her entire life. Simply imagining her reaction, the glitter of hope in her eyes, makes it all worth it. Hey, I might even make this a regular gig and become a family detective!

En castellano:

Todas las familias tienen misterios. Pero podría aventurar que el misterio de mi familia supera lo común, uniendo Historia con la desaparición de un bebé. El bebé era mi tío abuelo, Zenus. Mis bisabuelos judíos vivían en una pequeña ciudad en Polonia durante la invasión nazi. Se escondieron en un ático de menos de un metro de altura para evitar ser enviados a los terroríficos campos de concentración. Tenían un bebé, Zenus, pero no podían arriesgar a que llorara y así los denunciara a todos. Lo entregaron a una familia católica gracias a que su aspecto no levantaba la sospecha de que fuera judío. Después de la derrota de Hitler mis bisabuelos fueron a recuperarlo pero la familia les dijo que el niño había muerto. Mis bisabuelos desconfiaron. Era probable que la familia se hubiera enamorado del chiquito y no lo querían perder.

Este misterio ha acosado a mi familia durante décadas, especialmente a mi abuela, la hermana menor de Zenus. Creó incluso una página web (https://dianawang.net/looking-for-my-brother/) para buscarlos pidiendo a quien la viera cualquier información sobre su paradero.

Mi máquina del tiempo me arranca del living dejando una estela de polvo irisado que provoca pequeños estornudos en mis cuatro gallinas, y aparezco de pronto en el umbral de la puerta familiar. Es 1944 y puedo averiguar el destino de mi tío abuelo. Está vivo, conozco su nuevo nombre, y me vuelvo inmediatamente  y tomo el primer vuelo a Buenos Aires para darle a mi abuela, a quien adoro, el cierre que tanto deseó su vida entera. Imaginando tan solo su reacción, el destello de esperanza en sus ojos, hace que todo haya valido la pena. ¡Uau! ¡esto hasta podría ser mi trabajo y sería una detective familiar!

7 Reglas básicas de la netiquette para usuarios de grupos de whatsapp.

Los grupos de whatsapp son muy útiles en la comunicación cotidiana pero son tantos  los mensajes que terminan por no ser vistos, procesados y evaluados, que la aplicación termina siendo una molestia e incluso nos perdemos de saber lo que era importante. Para que esta valiosa herramienta recupere su utilidad y no abrumar a los contactos que participan seguramente de varios otros grupos, he aquí 7 reglas básicas de la netiquette para whatsapp.  

 

  1. Atenerse a la temática del grupo de manera breve y concisa absteniéndose de informaciones irrelevantes por más interesantes que parezcan. Para eso están twitter y facebook.
  2. Evitar las respuestas grupales, los “sí”, “no”, “ok”, emoticones de aplausos o corazones o similares, felicitaciones y tal. Enviarlo privadamente.
  3. Evitar en lo posible los mensajes de voz. Son más fáciles de enviar pero no de oír. Además, utilizan mucha memoria del celular.
  4. Evitar en lo posible las fotos y videos tanto personales como las cadenas de fotos y videos. El grupo del que se trate, a menos que sea un grupo familiar, no se ha armado para compartir fotos familiares o espirituales o de cualquier otro tema. Además, utilizan mucha memoria del celular.
  5. Atención a la hora en que se envía el mensaje porque puede interferir con el descanso de los miembros del grupo.
  6. No inundar el grupo con mensajes reiterativos. Evitar saludos (por cumpleaños, felicitaciones por nacimientos, bodas o premios).
  7. Lo personal o diálogo entre dos debe quedar fuera del grupo y ser enviado directamente con la persona involucrada.

El nombre

Lo vio por primera vez en enero. Ese lunes le tocaba el primer piso. Golpeó la puerta de su habitación justo cuando él salía. La dejó pasar con una sonrisa y un gesto galante, dijo algo que ella no comprendió y se fue. Una vez adentro, le sorprendió que la cama ya estuviera hecha, que las toallas colgaran en su lugar, que todo se viera ordenado. No era común en los turistas, menos en los jóvenes. Se miró al espejo y su piel oscura se encendió el evocarlo, alejándose por el pasillo, rubio, con la barba incipiente y tímida, los ojos transparentes, igualito igualito al Jesús de la estampita que repartía el pastor. Verlo y enamorarse perdidamente fue todo uno. No sabía su nombre. No se animó a preguntar en la recepción. No lo volvió a ver. Volvió a mediados de marzo. Él tampoco sabía su nombre. La recordaba de aquel día de enero, prendado de su belleza color tierra, de su altivez y el desafío de esos ojos oscuros un poco achinados y su media sonrisa seductora. No salió del cuarto, la esperó. Ya se animaba con algunas palabras en castellano. Pensé en vos estos dos meses, dijo, te traje algo, ¿te lo puedo dar?. Hubo un sí en la hondura de sus ojos negros y recibió en sus manos una cajita que guardaba una pequeña flor de amancay tallada en piedra. Volvió al día siguiente sabiendo que la estaría esperando. Cruzaron solo un saludo y sonrisas ruborosas. Al tercer día ella se atrevió a mostrarle la estampita, el documento incontrastable del anuncio y la confirmación, con los bordes ajados de tanto anhelo y mirada. Él vio con sorpresa y algún deleite su enorme parecido con aquel Jesús iluminado. Verlo acunando en sus manos suaves la estampita, ahora concreta, ahora viva, la invitó a acercarse, como si tuviera derecho. Dibujó con sus dedos el perfil de su cara, acarició sus mejillas y fue arrimando su cuerpo en una sucesión natural, como el día que sigue a la noche, la calma que sigue al dolor, el derrame que sigue al deseo. Olía a araucarias, olía a tierra, olía a deshielo cordillerano. Sus labios se entreabrieron y lo invitaron a entrar. Quiero un niño así de lindo, así de rubio, así de ojos claros. Quiero mi niñito Jesús. Y él se hundió en ese nido tibio y húmedo, como si hubiera llegado por fin a la tierra de la leche y de la miel.

Se amaron todos los días hasta que se fue, llevándose consigo la estampita que ella no precisaba más.

No le sorprendió la primer falta. Había soñado con un milagro y cada mes encendía una nueva luz que lo hacía realidad. Mientras pudo se guardó la noticia, pero el brillo de su mirada y su creciente redondez hicieron que su secreto ya no fuera tal. Acusada por el pastor de haberse dejado tentar por el demonio, de haber caído en las tinieblas del mal, nunca se sintió en pecado ni se arrepintió ni pidió perdón ni hizo acto de contrición alguno. Por el contrario, se deslizaba ligera e iluminada como el Jesús de la estampita, rozando apenas la tierra, como si levitara, como si ese vientre henchido fuera un escudo mágico que la protegía contra todo y contra todos.

El niño nació el 25 de diciembre, un poco después de la medianoche, ya en Navidad. Hasta eso le fue concedido. Lloró el primer llanto desde sus ojos claros, tendido sobre su madre que acariciaba, como un mantra, la pelusa rubia en su piel. El cacique y sus padres no entendieron por qué lo había llamado Nissim. Eso no es un nombre mapuche, dijeron. Quiere decir milagro, les tradujo, Nissim quiere decir milagro en hebreo, en el idioma del padre.

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Si de magia se trata, un comentario adicional. Una de mis nueras, Mariana, embarazada esperando un varón, me contó que dos días antes de leer este cuento, León, su hijo de 5 años, se había acercado a su cama a la noche y había murmurado: "ma, ya sé que estás dormida, pero pensé ¿qué tal si le ponemos Milagritos al bebé?". Milagritos, además de que es nombre demujer, nunca fue mencionado en la casa como nombre posible para el futuro bebé.

Entrevista a Gerry Garbulsky

 Autor: Andy Miguens

Autor: Andy Miguens

 audios en mp3: Parte 1Parte 2Parte 3Parte 4Parte 5 

Hace unos días, Diana Wang (con quién conversé el episodio #014) me mandó un email diciendo algo así como ¨¿y si hacemos un episodio de Aprender de Grandes en el que intercambiamos roles y yo te entrevisto a vos?¨ ¡Me gustó el desafío y éste es el resultado!

Cuando miramos el reloj, resultó que ¡habíamos conversado durante 3 horas!, así que lo separé en más partes que de costumbre y acá abajo puse un menú por si quieren escuchar alguna parte en particular. ¡Hablamos sobre un montón de temas!

  • Parte 1: Hacer que la gente brille
  • Parte 2: La próxima forma de ponerme nervioso
  • Parte 3: La bomba de la paz
  • Parte 4: Lo aprendí en Aprender de Grandes
  • Parte 5: Bombardeo de preguntas

Links de este episodio
Cuando las ideas tienen sexo (charla TED con subtítulos en español).
En esta charla que di en TEDxLaFalda (ya un poco añeja) cuento cómo fui tomando las decisiones de cambios que menciono en este episodio.
El famoso discurso de Steve Jobs en Stanford. Si todavía no lo escucharon, pongan pausa en Aprender de Grandes, véanlo (15 min) y después vuelvan. En inglés con subtítulos en español.
Algunas de las charlas TED que vi hace ya muchos años y que me generaron adicción: Ben Zander sobre el amor por la música, Ken Robinson sobre la educación, Dan Gilbert sobre la felicidad, Malcolm Gladwell sobre la salsa de tomates, Barry Schwartz sobre cómo elegimos.
El artículo que escribí en febrero de 2009 proponiendo hacer algo parecido a TED en la Argentina.
Los boletines de TED en Español y la opción de suscribirse.
El Mundo de las Ideas, el curso que damos junto a Melina Furman.
TEDxRíodelaPlata, los videos de las charlas y todo lo que hacemos.
Clubes TED-Ed, el proyecto de capacitar a docentes para replicar la experiencia de los oradores TED con chicos de secundarias.
Los audios de todas las columnas que hicimos con Santiago Bilinkis en Basta de Todo.
Las dos charlas de Diana Wang en TEDxRíodelaPlata: Los aprendices de la historia y En la pareja la culpa la tiene el otro. Si quieren profundizar en este tema, ¡escuchen el episodio #014 de Aprender de Grandes, en el que conversamos con Diana sobre esto en más profundidad!
Los episodios con Mariano Sigman y con Andrei Vazhnov en los que hablamos sobre formarnos opiniones.
El libro Free Play, la improvisación en la vida y el arte sobre cómo la improvisación en la vida se parece a tocar jazz.
Los 73 números que hicimos de Oblogo, gratis, en pdf.
Hablamos sobre procrastinar (esperar hasta último minuto para hacer las cosas). La charla TED de Tim Urban sobre este tema está genial.
El episodio con Gustavo Pomeranec en el que hablamos sobre mi incapacidad musical.

Los libros que me transformaron
Ciencia ficción: El fin de la infancia de Arthur C. Clarke, El fin de la Eternidad de Isaac Asimov (en este episodio se los cuento, por si no quieren leer el libro, pero Asimov ¡lo cuenta mejor!), La trilogía de la Fundación de Isaac Asimov (la psicohistoria), El hombre ilustrado de Ray Bradbury.
Ficción: Siddartha y también Narciso y Goldmundo, ambos de Hermann Hesse, varios libros de Vargas Llosa, García Marquez, Borges.
Ciencia: Cosmos (serie y libro) de Carl Sagan, La conexión cósmica también de Carl Sagan, los tres tomos de física de Richard Feynmann, El gen egoista de Richard Dawkins, La hipótesis de la felicidad de Jonathan Haidt.

Si solamente tienen 3 minutos, escuchen estas partes muy cortas
Los que dan y los que quitan (givers and takers).
Garpa ser abierto.
Hacer que otra gente brille.
Un traje a medida para nuestros hijos.
Me emocioné cuando hice una conexión entre mi segundo grado y el de mi hijo.
La transición a la democracia en la secundaria (el Pelle).
En la secundaria me hacían bullying.
La matemática, la física y una falsa sensación de control.
Durante el doctorado, me quedé solo.
El salto a la consultoría de negocios.
La distancia entre las personas en cada cultura.
La historia de Oblogo, la revista de los blogs.
El Mundo de las Ideas, el curso que damos con Melina Furman.
Mi visión de cómo mejorar el mundo (burbujas y la bomba de la paz).
El día en que me confundieron con Diego Maradona.
Cómo TED me abrió la cabeza y me hizo correr la sangre de maneras que nunca me hubiese esperado.

Personas que mencionamos en este episodio
Luis Pescetti, Patrick Tepesch, Jerry Seinfeld, George Carlin, Diego Wainstein, Lucho Mellera, Alejandro Angellini, Fer Sanjiao, Natalia Carulias, Steve Jobs, Gustavo Faigenbaum, Sonia Faigenbaum, Ken Robinson, Ben Zander, Adrián Paenza, Chris Anderson, Steven Spilberg, Bill Gates, Juan Enríquez, Elon Musk, Jeff Bezos, Kelly Stoetzel, Harrison Ford, Larry Page, Sergei Brin, Donald Trump, Santiago Bilinkis, Melina Furman, Andrei Vazhnov, Mariano Sigman, Gustavo Pomeranec, Sergio Meller, Matías Martín, Cabito, Diego Ripoll, Juan Ferrari, Waty Frignani, Tommy Druetta, Diego Maradona, Al Gore.

Organizaciones que mencionamos en este episodio
Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, Banco Hipotecario, BCG, McKinsey, Bain.

  La foto del día en que me confundieron con Diego ( acá lo cuento )

La foto del día en que me confundieron con Diego (acá lo cuento)

  Grabando la conversación con Diana Wang, sentados al revés

Grabando la conversación con Diana Wang, sentados al revés

 después de la entrevista

después de la entrevista

Stress ante tests (exámenes). Un tema común que tiene solución

"No podré", "no me acuerdo de nada", "tal vez apruebe pero no con la nota que querría". Son pensamientos tóxicos que envenenan la mente y provocan angustia, nervios e impiden que el rendimiento sea acorde con lo que se ha estudiado.  La mente está en blanco, bloqueada, mientras ves a tus compañeros ya escribiendo. Te bombardeás con“¿cómo puede ser, si ayer lo sabía?”, sin poder pensar sólo te vienen pensamientos como“reprobaré”, “ voy a fallar”, “no sirvo para estudiar”, “soy una inútil”. De pronto una enorme pared se levantó entre lo que sabías y el papel y lo que sabías quedó escondido detrás, aparentemente fuera de tu alcance.

Tests, una amenaza. Muchos dicen que en un test lo que más se mide es la capacidad de respuesta ante el stress más que los conocimientos sobre el tema del test. Pero los tests existen y no solo en la escuela, también en la vida laboral y en la vida en general y hay que aprender a controlar las propias reacciones de angustia para evitar que la angustia lo controle a uno y tome decisiones que no son adecuadas.

Un test es una amenaza porque uno se siente evaluado, mirado, criticado, como si quedara expuesto y vulnerable. El cuerpo lo vive como un ataque y se defiende. ¿un nudo en la garganta?, ¿molestias gastrointestinales?, ¿dolor de cabeza tensional?, ¿diarrea? ¿ganas de vomitar?. A algunas personas les tiemblan y/o les sudan las manos y el corazón les late más deprisa de lo habitual mientras esperan a que les repartan el examen.

Es importante comprender cuál es el mecanismo para poder modificarlo.

¿Qué pasa en realidad? Hay gente que responde mejor que otra ante la presión. Para los que les resulta más difícil, la situación es odiosa, se enojan consigo mismos, se acusan de incapacidad y se cubren con pensamientos negativos y auto acusatorios. Un test para ellos es una seria amenaza. Se dispara automáticamente el mecanismo de defensa de cualquier mamífero ante una situación de peligro: la adrenalina inunda el sistema neurológico. Si a los efectos corporales (tensión, sudoración, angustia) se suman los pensamientos negativos, el cóctel es explosivo porque reduce la capacidad para pensar y razonar de forma clara.

¿Qué lo provoca? Toda ansiedad es una reacción ante algo estresante. Bajo estrés el cuerpo libera una hormona denominada adrenalina, que lo prepara para reaccionar ante el peligro (lo que a veces se denomina reacción de "lucha o huída ").

Que sintamos ansiedad ante un test no es negativo. Son emociones básicas que suelen aparecer como respuesta a una situación de peligro o amenaza. Para un cazador en el paleolítico era muy útil sentir ansiedad al escuchar un ruido a su espalda: podía ser una bestia a punto de atacar. Esa emoción le preparaba para dar una respuesta rápida, bien fuera salir corriendo o enfrentarse al peligro. De ahí que esas emociones se hayan mantenido como una estrategia adaptativa evolutiva.

El stress es una reacción normal ante situaciones de exigencia. Cuando sentimos stress, aumenta la frecuencia cardíaca para bombear más sangre al cerebro, a los pulmones y a los músculos, lo que a su vez aumenta la capacidad de concentración y la velocidad de reacción. Una activación del sistema nervioso es beneficiosa, puesto que nos hace estar más alerta, atentos, preparados, y se ha visto que es capaz de mejorar nuestro rendimiento en una tarea. Un cierto grado de stress ayuda a prevenir y evitar las amenazas, un test lo es. Pero, cuando la adrenalina supera el nivel de utilidad, se vuelve en contra, paraliza y bloquea, impide la correcta defensa.

El mayor flujo de adrenalina suele deberse a los pensamientos negativos que anticipan el fracaso. Son pensamientos que se suman a la situación de peligro y son tan poderosos que  chupan la energía disponible para pensar en cómo responder a las preguntas del test, no queda espacio en la mente para concentrarnos en ello, sólo se piensa en el malestar y en cómo evitarlo.

Se vuelve un círculo vicioso porque cuanto más se piensa en el malestar peor uno se siente. En consecuencia, hay que aprender tres cosas:

1) a manejar y controlar la tensión corporal,

2) a ahuyentar a los pensamientos negativos y

3) a concentrarse en un punto específico, las preguntas del test.

 

Veamos entonces las tres cosas a aprender y modificar.

 

  • Aprender a relajarse. La respiración, la llave maestra.

 

No sabemos cómo respirar para relajarnos, hay que entrenarse y aprenderlo. Entre 5 y 10 minutos cada día sin interferencias (celular por ej). Enseñale a tu mente a concentrarse. Si no sabe cómo, ayúdala con este truco tan sencillo y útil, la respiración conciente.

  1. Sentate cómoda y cerrá los ojos
  2. Respirá profundamente
  3. Nota cómo inspiras (el aire entra en tus pulmones lentamente)… escucha cómo espirás (el aire sale lentamente de tus pulmones)…
  4. Seguí pendiente de tu respiración. Nota cómo inspiras… y cómo espiras…
  5. Si te das cuenta de que tu mente se va a otro sitio, eso está bien. Simplemente volvé a fijarte en la respiración. De forma tranquila. Sin frustraciones. Sin brusquedades, vuelta a la respiración
  6. Seguí así un mínimo de 5 minutos 

2) Aprender a generar pensamientos positivos.

Los pensamientos se pueden controlar. Está probado que la angustia se reduce si se tienen pensamientos positivos. “Sé todo, seguro que lo haré muy bien”, “otras veces ya lo conseguí”. Está bueno escribir este tipo de pensamientos que funcionen a modo de mantra. Toda vez que descubras que un pensamiento negativo te invade, oponele los positivos que ya tenés preparados.

Todos nos podemos equivocar, tenés que mandarle un mensaje a tu cerebro perfeccionista y exigente de que sea más benévolo con vos y menos crítico. El error es una de las mayores fuentes de conocimiento y un importante motor para la ciencia. No es una evidencia de alguna falta personal ni un defecto. Sé más buena con vos misma y con tus errores, no te enojes con ellos o con vos, aprendé de cada uno.       

3) Aprender a focalizar sin distraerse.

Aprender a administrar el tiempo. Hacer simulacros del test a enfrentar, o uno previo, e ir midiendo el tiempo que se va necesitando para controlar el propio rendimiento y poder administrar mejor el tiempo necesario.

Aprender a focalizar. Tenemos tantos estímulos que a veces es difícil focalizarse solo en una cosa. Acá algunas ideas útiles para entrenar a tu cerebro a hacerlo.

Imagen. Pensar en una figura geométrica sencilla (cuadrado, triángulo o círculo) y se representará mentalmente de la manera más fiel posible; lo importante es que la idea permanezca y no sea borrada por el flujo de ideas sobre los acontecimientos del día, responsabilidades o pendientes.

Color. De igual manera, visualizar un color previamente establecido y pensar un rato en él y verlo. Se puede unir colores y figuras geométricas: pensar en un triángulo rojo rodeado por un círculo blanco en un fondo verde, por ejemplo.

Entrecejo. Enfocar toda la atención en el propio entrecejo.

Punto. Dibujar pequeño círculo negro en una hoja en blanco; fijar la mirada en él durante algunos minutos, luego cerrar los ojos y verlo en la mente.  

Sonidos. Concentrarse en un sonido constante, como el canto de algún ave en un parque o el tic-tac de un reloj; muéstrese muy atento al sonido y a los silencios que se crean.

 

Consejos, tips.

En la preparación del test.

  • Hacer tests similares e irse probando tanto en tiempo como en contenido
  • ver qué puntos o temas los conocés y no te ofrecen problemas
  • ver qué puntos o temas resultan más problemáticos y que tenés que preparar mejor
  • entrenarse en relajación respiratoria y focalización

Antes del test.

  • No preguntarse en los minutos anteriores si uno sabe lo suficiente.
  • Evitar a los que se vean ansiosos, es contagioso.
  • Observarse si hay alguna parte del cuerpo tensa y centrarse en su relajación con los ejercicios de respiración.
  • Hacer huir los pensamientos negativos y poner positivos en su lugar, por ejemplo “ya antes tuve tests y los hice bien” o “estudié lo suficiente”, “hice todo lo que podía hacer, me irá bien”.
  • Si no se puede reducir la tensión, irse por unos minutos a un sitio tranquilo, sin nadie (al baño por ejemplo) y practicar durante 5 minutos las técnicas de relajación y respiración.

Durante el test.

  • Si no se ha conseguido antes, recuperar una sensación de bienestar y tranquilidad mediante la respiración, cerrar lo ojos y hacer el ejercicio. No es una pérdida de tiempo, por el contrario, recuperar el nivel de adrenalina útil favorecerá la mejor comprensión y rendimiento (demasiada adrenalina bloquea).
  • Leer bien las instrucciones que te hayan entregado y asegurarse de entender todo. Preguntar al profesor cualquier duda.
  • Encarar primero las respuestas de las que estás segura, dejar las dudosas para después, primero asegurate de tener tiempo para contestar las que seguro están bien.

 

Paper especial para Clara.

De Babu con amor. Noviembre 2016

Ni polacos ni rusos, ucranianos.

Colaboración para el libro "Mi Cocina Judía" de Silvia Plager. Ed. Sudamericana 2014.

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Polaca. Judía. ¿Qué otra cosa que papas y cebollas podrían ser mis ingredientes preferidos? Y de entre todo lo que se puede hacer con ello, los varénikes son, definitivamente, mi comida preferida. Se presentan en distintas versiones, con diferentes rellenos y variados acompañamientos. También tienen distintos nombres. En mi casa se llamaban piroshki, el diminutivo de pirogui que es como se dice en polaco (se escribe pierogi).

Mamá me contaba que en Polonia los pirogui son una de las comidas más populares. La masa era siempre igual pero su contenido podía ser de carne, de repollo, de papa y hasta de cerezas u otras frutas, se comían con diversas combinaciones de salsas e incluso dentro de sopa. Era un concepto neutro que podía adecuarse a diferentes rellenos y momentos de la comida, podía ser un plato por sí mismo o el postre.

No conocí la palabra varénikes hasta mi adultez, en realidad, hasta que me casé con un hombre cuya familia venía de Rusia. En su casa mis piroshki se llamaban varénikes, la papa del relleno tenía cebolla frita y mucha pimienta y se acompañaba con cebolla frita en manteca y a veces con higadito de pollo.

No era así como los hacía mi mamá. Decía que de todas las versiones posibles prefería la que le hacía su mamá. El relleno era de puré de papa con un poco de ricotta o queso blanco y luego de hervidos se los cubría con crema de leche espesa. Alguna vez hizo relleno de carne o repollo y, ante la repulsa unánime, abandonó el intento. Todavía no conocíamos las empanadas de carne y la posibilidad de hacerlas fritas o al horno, no sabíamos lo ricas que eran y cuánto nos iban a gustar con el paso de los años.

La rivalidad entre los poilishe (nosotros) y los rusishe (la familia de mi marido) que se aplicaba tanto a pronunciaciones de idish como a hábitos y comidas fue un paso de comedia habitual hasta que descubrimos que ambas familias eran oriundas de lo que es hoy Ucrania. Nuestras supuestas diferencias regionales se diluyeron con la redistribución de fronteras posterior a la segunda guerra. Ni polacos ni rusos: ucranianos.

A mis 50 años hice un viaje a Polonia y a Ucrania junto con mi hermano. Nuestra familia provenía de Stryj, una ciudad polaca que a poco de terminada la guerra pasó a estar en Ucrania, pero en nuestro relato familiar Polonia era nuestra tierra de origen, el olor de la infancia de nuestros padres. Fue una fiesta caminar por Varsovia y Cracovia. Nos impresionaban muchas cosas pero lo que más nos impactó fue el aspecto físico y la gestualidad de la gente. Veíamos en ellos a mamá y a papá y a sus amigos, en pequeños detalles, en cómo tomaban la taza de té, en cómo encendían un cigarrillo y aspiraban y expelían el humo, en cómo se sentaban y en cómo miraban. Todo nos resultaba sorprendentemente familiar. Cuando visitamos alguna casa y vimos el abigarramiento, los dorados y los rojos, las carpetitas, las fuentecitas, los cristales, los adornos y adornitos, los cuadros y cuadritos, entendimos que el estilo de decoración de las casas de nuestros padres y las de sus amigos, un estilo del que nos burlábamos un poco por cursi, por sobrecargado, venía de allí, cada uno de ellos reproducía en su casa argentina la estética polaca que le era conocida. Todo nos resultaba familiar y, al mismo tiempo ajeno. Sentíamos que éramos de allí pero al mismo tiempo que no. Sabíamos que si no hubiera pasado lo que pasó nos veríamos como todos los que andaban por las calles, hablaríamos su idioma, nos miraríamos como se miraban ellos; pero al mismo tiempo estaba claro que no se podía volver atrás, que hablábamos castellano, nos gustaba el tango y el mate y en nuestro cielo conocido siempre esperábamos encontrar a la Cruz del Sur. Fue una experiencia hondamente extraña y conmovedora.

En los ecos y reflejos el pasado seguía vivo en nosotros, todo lo que veíamos nos era extrañamente conocido. Todo salvo los piroshki. El primer día entramos temblorosos a un restaurant, tomamos asiento y pedimos un menú. En nuestro elemental polaco encontramos la palabra “pierogi” y nos entusiasmamos al unísono: “¡Piroshki! ¡Tienen piroshki!”. El menú indicaba muchas variedades pero no encontrábamos los de papa. Preguntamos al mozo y nos dijo que esos se llamaban russki, o sea, rusos y que se servían con cebolla frita. Nos llamó la atención que no fuera con crema, pero igual los pedimos. Esperábamos re-encontrar el sabor y el olor de la infancia pero lo que vino en el plato y lo que gustamos no lo fue, ni de lejos. Masticamos nuestra desinflada ilusión y pedimos los rellenos con cereza como postre, para ver si la cosa mejoraba. No los pudimos terminar. Arrastrando la mochila cansada de la añoranza, nos dijimos que teníamos que probar en otro restaurant, que nos habíamos equivocado de sitio. Pero pasó lo mismo en todas partes. No encontramos ni en Varsovia ni en Cracovia los piroshki con crema de nuestra infancia.

Nuestro siguiente destino era Ucrania, específicamente Lwów (o Lviv, su actual nombre ucraniano). En la primera noche, en el mismo restaurant del hotel decidimos intentarlo nuevamente. El año era 1995, Ucrania recién emergía del dominio soviético, era pobre, se veía un creciente deterioro por todas partes, una ciudad ajada con gente gris y sombría. Nos sentamos a la mesa del Grand Hotel sin ninguna expectativa, mirando desolados el enorme salón casi vacío, los reflejos de un sitio que supo ser elegante y lujoso y que a duras penas subsistía apelando a sus viejas glorias entre bocanadas de ahogado. Pedimos el menú y nos trajeron uno escrito en ucraniano, o sea con caracteres cirílicos. No entendíamos nada. Por suerte conseguimos un ejemplar manuscrito en inglés y bajo el título de  “Main Dishes”, o sea, platos principales, no solo no había mención alguna de pierogi con carne, repollo o frutas sino que decía clarito y rutilante: “Varenikes with Smetene”. Así. Literalmente. Y uno que creía que ambas eran palabras en idish… ¡¡¡y resulta que eran en ucraniano!!! Esperamos la llegada del pedido con muda y anhelante anticipación temiendo sufrir una nueva y triste decepción. Pero el plato que apareció delante de nosotros, los piroshki cubiertos de crema, se veía y olía igual que lo que nos solía servir mamá en nuestra casa de Floresta en la frías noches de invierno. Con miedo, nos servimos una puntita para probar no fuera a ser que nos volviéramos a desilusionar. Pero no, el aroma sublime no había mentido, el puré tenía el mismo gusto, la masa la misma consistencia y sabor y estaba todo todito cubierto con una crema espesa deliciosa, igual a aquélla que se compraba en la fiambrería de la vuelta de casa después de escuchar el Teatro Palmolive del Aire o, si se nos había hecho tarde, antes del Glostora Tango Club. Repetimos el suceso en todos los restaurantes en los que entramos en nuestra visita a Ucrania. En todos, los varénikes con smétene eran los nuestros, los que nos hablaban de canciones de cuna con muchos ai-lu-lus, de sonidos familiares, de risas cómplices, de caricias cicatrizantes y de pesadillas que terminaban con un abrazo de mamá y su voz que decía “ya está, fue un sueño, dormite…”. Fue en Ucrania que, cerrando los ojos, volvió a nosotros el dulce sabor perdido y que tan fielmente llevábamos guardado en nuestra memoria.