¿Los judíos ashkenazis son más inteligentes?

¿Por qué el coeficiente intelectual de los judíos ashkenazi es tan alto? - Veinte posibles explicaciones. Por Hank Pellissier Los judíos ashkenazi son inteligentes. En general asombrosamente brillantes,. Impresionantes en capacidad mental. ¿Cómo lo lograron?

Los judíos ashkenazi, también conocido como askenazíes, son los descendientes de los judíos de Alsacia medieval y del valle del Rin y, más tarde, de toda Europa Oriental. Originalmente, por supuesto, eran de Israel. La investigación genética de la Escuela de Medicina Albert Einstein sugiere que el linaje asquenazí es una ramificación, hace 2.500 años, de otros grupos judíos de Israel, y que el 40% de ellos son descendientes de sólo cuatro madres judías. Aproximadamente el 80% de los Judíos del mundo de hoy son askenazíes, y el resto principalmente sefardí.

Los investigadores que estudian a los askenazíes están de acuerdo en que los hijos de Abraham están en la parte superior de la tabla de coeficiente intelectual. Steven Pinker – que, en 2007, pronunció una conferencia sobre "Los Judíos, los Genes y la Inteligencia" - dice que "Su coeficiente intelectual promedio se ha medido en 108-115". Richard Lynn, autor de "La Inteligencia de los Judíos de Estados Unidos" de 2004, dice que es "sólo" un poco más alto que el promedio: 107,5. Henry Harpending, Jason Hardy y Gregory Cochran, autores del informe de investigación de 2005 de la Universidad de Utah, "Historia Natural de la Inteligencia de los Ashkenazi", afirma que sus sujetos, "marcan desviaciones estándar de 0,75 a 1,0 por encima de la media general europea, que corresponde a un coeficiente intelectual de 112 a 115”. Charles Murray, en su ensayo de 2007 "El Genio Judío", dice "su promedio está en algún lugar en el rango de 107 a 115, siendo 110 un plausible valor".

Un coeficiente intelectual judío promedio de 115 es 8 puntos mayor que el coeficiente intelectual generalmente aceptado de sus más cercanos rivales – los asiáticos nororientales - y aproximadamente 40% más alto que el coeficiente intelectual promedio mundial de 79,1 calculado por Richard Lynn y Tatu Vanhanen en Coeficiente intelectual e Inequidad Global.

Además, considérese esta sorprendente perlita: las puntuaciones del coeficiente intelectual ashkenazi "visual-espacial" son sólo mediocres; en un estudio su promedio en esta categoría estuvo por debajo del promedio 98. Superan esta predisposición llegando a cifras astronómicas en "coeficiente intelectual verbal", que incluye razonamiento verbal, comprensión, memoria de trabajo y habilidad matemática; una encuesta de 1958 de estudiantes de yeshiva encontró un coeficiente intelectual verbal promedio de 125,6.

¿Qué significa que los askenazíes tienen un alto coeficiente intelectual, en términos de producción de "genios"? Con su población tan pequeña - un mero 0,25% del total mundial - ¿hace alguna importante diferencia? La respuesta es SÍ. Se utiliza una "curva de campana" [curva de Gauss] para ilustrar el percentil del índice de inteligencia en un grupo específico - en una "población general", donde el coeficiente intelectual promedio es 100, la curva asume estas proporciones:

Coeficiente intelectual menor de 70 - 2,5%

Coeficiente intelectual entre 70 y 85 - 12.5%

Coeficiente intelectual entre 86 y 100 - 35%

Coeficiente intelectual entre 101 y 115 - 35%

Coeficiente intelectual entre 116 y 130 - 12.5%

Coeficiente intelectual mayor de 130 - 2,5%

Aplicando la misma curva de campana para los ashkenazim, pero con un incremento de 17 puntos en el coeficiente intelectual promedio (usando la cifra de De La Oportunidad a la Elección) se obtiene el coeficiente Intelectual modificado a continuación:

Coeficiente intelectual menor de 87 - 2,5%

Coeficiente intelectual entre 88 y 102 - 12.5%

Coeficiente intelectual entre 103 - 117 - 35%

Coeficiente intelectual entre 118 y 132 - 35%

Coeficiente intelectual entre 133 y 148 - 12.5%

Coeficiente intelectual mayor que 148 - 2,5%

Este desplazamiento hacia arriba de la curva de campana por más de una desviación estándar (15 puntos) significa que los ashkenazim son, más de cinco veces, elegibles para Mensa (coeficiente intelectual mínimo 130) y tienen, más de cinco veces, el coeficiente intelectual promedio de un graduado de la Ivy League.

En realidad, los askenazíes están matriculados en la Ivy League en una proporción diez veces mayor que su número; por ejemplo representan el 30% de los estudiantes de Yale, el 27% de Harvard, el 23% de Brown, el 32% de Columbia, y el 31% de Pennsylvania.

 

Esto sugiere que, o bien la "curva de campana" fue levantada un poco más para los Ashkenazi en la parte alta o hay factores adicionales que mejoran su aptitud para tener éxito. En cuanto a la primera posibilidad, Charles Murray señala que "la proporción de judíos con un coeficiente intelectual de 140 o mayor es de alrededor de seis veces la proporción de todos los demás". Harpending, Hardy y Cochran tienen más o menos la misma ecuación; "4 de cada 1.000 europeos del norte tienen un coeficiente intelectual mayor de 140, pero 23 de cada 1.000 judíos tienen 140 o más". Murray también transmite un informe de la parte alta, en el rango de genio, cuando señala que una encuesta de 1954 de los niños de las escuelas públicas de Nueva York con coeficiente Intelectual mayor de 170 reveló que 24 de los 28 eran judíos.

Ahora que he establecido que los ashkenazi tienen coeficientes intelectuales superlativos, veamos lo que han logrado con sus cerebros altamente funcionales.

En el siglo XIX, Mark Twain señaló que:

[Los judíos] son peculiar y conspicuamente la aristocracia intelectual del mundo... las contribuciones [judías] a la lista mundial de los grandes nombres de la literatura, la ciencia, el arte, la música, las finanzas, la medicina y los estudios abstrusos, están muy fuera de proporción respecto de la flaqueza de su cantidad. Han luchado maravillosamente en este mundo... y lo han hecho con las manos atadas a la espalda.

El comentario de Twain no está fechado. Después de su declaración, los judíos ashkenazi continuaron superando mentalmente otros datos demográficos, a menudo sufriendo terribles consecuencias por su trabajo. He aquí una breve lista de logros ashkenazi en los últimos 90 años.

Premios Nobel: Desde 1950, el 29% de los premios han sido para ashkenazim, a pesar de que representan sólo una pequeña fracción de la humanidad. Los logros ashkenazi en esta área son 117 veces mayores que su porcentaje en la población. Este ritmo no se está desacelerando; se está acelerando. En el siglo XXI, han recibido el 32% del total, y en 2011, cinco de los trece ganadores del Premio Nobel fueron judíos - 38,5%.

Hungría en la década de 1930: Los askenazíes eran el 6% de la población, pero componían el 55,7% de los médicos, el 49,2% de los abogados, el 30,4% de los ingenieros y el 59,4% de los funcionarios de bancos; además eran dueños del 49,4% de la industria metalúrgica, del 41,6% de las fábricas de maquinaria, del 72,8% de la fabricación de prendas de vestir, y, como propietarios de viviendas, recibían el 45,1% de los ingresos por alquiler de Budapest. Los judíos eran similarmente exitosos en los países vecinos, como Polonia y Alemania.

"Cifras significativas": En "El Genio Judío", de Charles Murray, el autor hace un recuento de personas importantes que contribuyen en una variedad de vocaciones, observando cuán inmensamente sobre representados están los judíos, comparado con lo que podría esperarse debido a su escasa población. Su conclusión, en diversas categorías es: Biología - judíos "significativos" aparecen multiplicando por 5 el porcentaje de su población, Química por 6, Física por 9, Literatura por 4, Música por 5, Artes Visuales por 5, Matemáticas por 12, Filosofía por 14.2

EE.UU. (hoy): Los judíos ashkenazi comprenden el 2,2% de la población de EE.UU., pero representan el 30% de los profesores en las universidades de élite, el 21% de los estudiantes de la Ivy League y el 25% de los ganadores del Premio Turing. Además, "Los judíos son más del 50% de los doscientos principales intelectuales... el 40% de los socios en las principales firmas de abogados de Nueva York y Washington... el 59% de los directores, escritores y productores de las cincuenta películas más taquilleras…"

Israel: En el año 1922 estas pantanosas y desérticas tierras tenían una población empobrecida de 752.000 habitantes. Hoy en día hay 7.746.000 habitantes, con una gran población ashkenazi (3 millones y el 60% de la fuerza laboral) que han elevado a Israel a una nación emprendedora de alta tecnología con el mayor ingreso per cápita de la región. Israel está primero en el mundo en estudios de postgrado, 1o en museos, 1o en computadoras personales, y 1o en publicación de artículos científicos.

Personalmente, creo que la estadística del Premio Nobel es la más asombrosa. Considere esto: si todo el mundo en el planeta fuera judío ashkenazi, el resultado sería que habría 117 veces más individuos de la envergadura de ganador del Premio Nobel, con 117 veces más de logros espectaculares, ¿por año? ¡SINGULARIDAD INSTANTÁNEA! Sin ninguna ayuda de Inteligencia Artificial...

Los logros judíos sefardíes están representados en muchas de las categorías anteriores, especialmente en las estadísticas del Premio Nobel. Cuando este artículo fue publicado inicialmente - en una versión más corta, el 7 de agosto de 2011, por el Instituto para la Ética en la Tecnología Emergente (ieet.org) – los judíos sefardíes expresaron cierta perturbación porque fueron omitidos en el ensayo. Con esta demasiada breve lista de notables de su linaje, me gustaría reconocer la inmensa contribución de los judíos sefardíes:

Elias Canetti (Premio Nobel de Literatura, 1981), Tobias Michael Carel Asser (Premio Nobel de la Paz, 1911), Rene Cassin (Premio Nobel de la Paz, 1968), Franco Modigliani (Premio Nobel de Economía, 1985), Francois Jacob (Premio Nobel de Medicina/Fisiología, 1965), Salvador Luria (Premio Nobel de Medicina/Fisiología, 1969), Baruj Benacerraf (Premio Nobel en Medicina/Fisiología, 1980), Rita Levi-Montalcini (Premio Nobel de Medicina/Fisiología, 1986), Emilio Segre (Premio Nobel de Física, 1959), Claude Cohen-Tannoudj (Premio Nobel de Física, 1997), además del filósofo Jacques Derrida, el economista/filántropo Bernard Baruch, el pintor Amedeo Modigliani, y Benjamin Disraeli, el Primer Ministro Británico.

En la época medieval, los logros sefardíes fueron también bastante significativos. En la Introducción a la Historia de la Ciencia, de George Sarton, el autor señala que 95 de entre 626 científicos del mundo, entre 1150 y 1300, fueron judíos sefarditas - 15% - muy por encima de su proporción en la población.

Sin embargo, cuando en la actualidad se registra el coeficiente intelectual sefardí, las sumas no son más altas que la media del norte europeo, y definitivamente no son tan elevadas como las de los ashkenazi.

Prosigamos. Con los hechos que he presentado, sólo el lector más obtuso puede oponerse a mi dictamen de que los judíos ashkenazi son, en promedio, extraordinariamente inteligentes. No estoy reivindicando la especificidad cognitiva ashkenazi porque soy filo-semita, o sionista, o pro-israelí. Lo señalo porque es una verdad irrefutable.

Dicho esto, la pregunta que mi ensayo trata de desentrañar es... ¿Por qué? ¿Por qué el coeficiente intelectual de los judíos ashkenazi es tan alto? ¿Es debido a su genética, al medio ambiente, a la cultura, a la educación, o a una singular combinación de múltiples factores?

En mi primera publicación de este ensayo, proporcioné ocho razones para el elevado coeficiente intelectual ashkenazi. Pero entonces, recibí un aluvión de sugerencias por correo electrónico (muchas de profesores) brindándome información adicional. En este ensayo ampliado, están ahora enumeradas veinte teorías, y he tratado de dar a mis fuentes el crédito que merecen, a pesar de que - en varios casos - no tengo sus nombres reales, sólo sus apodos de chat de Internet. Aquí está mi nueva lista - muchas relacionados entre sí – presentada aproximadamente en orden cronológico:

Eugenesia babilónica - En el año 586 AEC, Jerusalén fue totalmente destruida por los babilonios, encabezados por su monarca Nabucodonosor, que "llevaron al exilio... a todos los funcionarios y combatientes, y a todos los hombres con oficio y artesanos [judíos]... sólo quedaron los más pobres del país" (Reyes 24:10-14). Los Indestructibles Judíos, de Max Dimont, define a los deportados como "la flor de la aristocracia y los intelectuales de Judea".

Los judíos exiliados de esta primera diáspora se convirtieron en altamente exitosos en Babilonia. Dimont afirma: "En las bibliotecas de Babilonia, los intelectuales judíos encontraron un nuevo mundo de nuevas ideas. En cinco décadas, los judíos exiliados se mecían en la superficie de los niveles más altos de la sociedad babilónica, en empresas de negocios, en el mundo académico, en los círculos de la corte. Se convirtieron en líderes en el comercio, en hombres del saber, en asesores de reyes".

En el año 538 AEC, el rey persa Ciro el Grande concedió el permiso para que los judíos regresaran a su tierra natal. Judíos ricos - que habían establecido rutas comerciales exitosas y empresas en Babilonia – financiaron a los fervientes repatriados que querían volver a asentarse en Judea. Los primeros intentos fracasaron pero, con el tiempo, 1.760 colonos dirigidos por el profeta Ezra y el gobernador Nehemías reconstruyeron el muro de Jerusalén y resucitaron la nación. Estos judíos "babilonios" que regresaron a Israel descubrieron que sus hermanos más pobres, que hacía medio siglo se habían quedado, se habían escurrido hacia la asimilación, esfumándose en los credos paganos vecinos. Cyril Darlington, en su libro La Evolución del Hombre y la Sociedad, sugiere que la separación temporaria de la elite judía, y la remoción permanente de las personas sin educación y no calificadas, proporcionaron un impulso genético intelectual al judaísmo.

Los judíos que regresaron instituyeron también dos costumbres que mejoraron la solidez mental del futuro de su cultura. Se hizo cumplir la prohibición de los matrimonios mixtos con gentiles, y los primeros cinco libros de Moisés fueron canonizados como la Torá.

Pueblo del Complejo Libro: La Torá (los cinco primeros libros de la Biblia judía) y el Talmud (registros de discusiones rabínicas) son intelectualmente complejos y sofisticados. Se requiere de los practicantes del judaísmo que aprendan y estudien las extensas y mentalmente rigurosas leyes. El contenido temático de los pasajes de las Escrituras no es simplista o literal, está, por el contrario, diseñado para la comprensión en múltiples, metafóricos y abstractos niveles. La fe ciega y la devoción servil, alentada por otras religiones, no es conducente para el judaísmo. En cambio, el culto en el antiguo monoteísmo exige habilidades de alfabetización significativas debido a las demandas cognitivas de los textos, con una tradición que sostiene que la comprensión del Talmud exige "estudiar siete horas diarias durante siete años". Charles Murray señala que "ninguna otra religión demanda tanto de todo el conjunto de sus creyentes", con el consiguiente comentario que "el judaísmo evolucionó de tal manera que ser un buen judío significaba que un hombre tenía que ser inteligente".

Higiene y Dieta Saludable:ElProfesor Sam Lehman-Wilzig de la Universidad Bar-Ilan de Israel me proporcionó esta teoría. Su sugerencia se basa en el hecho de que - debido a sus prácticas habituales - los judíos probablemente disfrutaron de una mejor higiene que los gentiles. Señala el lavado de las manos judío antes de cada comida, el baño de los hombres por lo menos una vez a la semana en la "mikve" (una casa de baños de purificación), y el baño de las mujeres por lo menos una vez al mes, después del fin de su menstruación. También señala que la restricción a la carne de cerdo impidió que los judíos contrajeran triquinosis. (Víctimas famosas de esta enfermedad parasitaria incluyen a Gautama Buda y Wolfgang Mozart). Con menores tasas de enfermedades, los cuerpos judíos no habrían sufrido tanto como los cuerpos gentiles y esto habría mejorado sus capacidades mentales.

Esta noción se ha reiterado en otro lugar. En 1953, la investigación del farmacólogo de la Universidad Johns Hopkins, David I. Macht supuso que todas las decenas de artículos cárneos prohibidos por las leyes dietéticas judías en Deuteronomio y Levítico son, de hecho, más perjudiciales que la carne kosher, que estaba permitida. Además, en el último libro de la Supervivencia de los Más Enfermos, el escritor Sharon Moalem sugiere que los judíos, quitando toda la levadura de sus casas durante Pesaj, ayudaron a mantener fuera a las ratas que propagaron la peste bubónica en el siglo XIII. Por último, pero no menos importante, los judíos ashkenazi ricos de Europa oriental que habitaban en casas más grandes, habrían sobrevivido epidemias más fácilmente porque no sufrieron la misma alta tasa de infección múltiple que se producía en casas más pequeñas con mayor hacinamiento.

La amplia correlación entre un alto coeficiente intelectual y dieta sana, enfermedades infecciosas, sanidad y hacinamiento hogareño, es examinada a través de estudios de investigación, en los últimos capítulos de este libro, particularmente en "Primeros Años".

Énfasis en la Educación Desde AEC - Jeremías Unterman de Jerusalén me informó que la Torá ordena a cada padre judío enseñar la Torá a sus hijos, y Marisa Landau señala, en una discusión en futurepundit.com del 4/06/05, que la religión judía prohibe mantener analfabetos a los niños. Además, Landau informa que las mujeres judías aprendían a leer y escribir, un fenómeno que era único en el mundo antiguo. Landau menciona también que había una vieja costumbre entre los judíos, la de proporcionar una pensión completa - de hasta 10 años - a un yerno inteligente que deseaba dedicarse por completo al estudio. Los judíos, parece, inventaron la noción de "becas".

En la época medieval, el monje francés Pedro Abelardo (1079-1142) escribió esto acerca de la educación judía: "Un Judío, por más pobre que sea, aunque tenga diez hijos, les dará instrucción, no por ganancia como hacen los cristianos, sino para la comprensión de la ley de Dios. Y no sólo a sus hijos, también a sus hijas”.

Escuelas Obligatorias Para Varones - En el año 64 AEC, el sumo sacerdote Josué ben Gamla emitió e implementó una ordenanza obligando a la escolaridad para todos los niños a partir de los 6 años. En 100 años, los judíos habían establecido la alfabetización universal masculina y la aritmética, la primera etnia en la historia en lograr esto.

El progresista y exigente edicto produjo un enorme cambio demográfico. El a menudo prohibitivo costo de educar a los niños, en la economía de subsistencia agrícola de los siglos II al IV, motivó que numerosos judíos se convirtieran voluntariamente al cristianismo, lo que llevó a una disminución de la población judía de 4.500.000 a 1.200.000.

La "eugenesia" natural favoreció a dos grupos por esta situación: 1) a los hijos de los ricos, aparentemente judíos más inteligentes, que podrían proporcionar una mayor financiación para las escuelas que mantuvieron a su prole como judíos, y, 2) a los chicos más inteligentes que podrían aprender rápidamente a leer, escribir y aritmética a un ritmo en el que podían permitirse "permanecer judíos".

¿Quién quedó fuera? ¿Fuera del acervo genético? Respuesta: los más pobres, judíos sin educación, y/o aquellos con el más bajo coeficiente intelectual.

Ascenso a la Categoría Urbana – En el siglo I DEC el 80-90% de los judíos eran agricultores. Pero, para el año 1000 DEC, sólo el 10-20% se mantuvo en la agricultura. La educación requerida por la ordenanza de Joshua ben Gamla proveyó de habilidades verbales y matemáticas a los niños judíos, permitiéndoles salir de la vida rural de subsistencia hacia las profesiones urbanas altamente calificadas, implicando ventas, comercio y transacciones financieras.

Pasar de un entorno pastoral a las ciudades pone en marcha un impulso del coeficiente intelectual, debido al aumento de la complejidad, la alfabetización y la tecnología del urbanismo. Un estudio de la Universidad Nacional de Hanoi de 2006 mostró una enorme diferencia de 19,4 puntos del coeficiente intelectual entre estudiantes de la ciudad y del campo. Una encuesta de 1970 en Grecia registró una diferencia de 10 a 13 puntos. Otros estudios señalan diferencias más pequeñas de sólo 2-6 puntos, pero en todos los casos, los residentes urbanos siempre obtienen mejores calificaciones, y los judíos son una de las etnias más largamente urbanizadas del mundo.

Dialéctica y Pensamiento Racional – El Dr. Sam Lehman-Wilzig me informó que uno de los enfoques del aprendizaje judío digno de mención es la "dialéctica". El Talmud en sí no es un "código legal", sino un enorme compendio de DISCUSIONES. Los judíos son estimulados a ver un problema con diferentes perspectivas y se les enseña a cuestionar todo, incluida la Ley, la lógica del rabino, y el propio sistema de creencias. Los rabinos desarrollaron principios argumentativos, todo un sistema de cuestionamiento que los judíos han utilizado durante 2.000 años, tanto en debates religiosos como seculares.

La dialéctica no fue un invento "judío": Fue una técnica de aprendizaje que los judíos tomaron prestada y adaptaron de la filosofía griega; la síntesis es una 'metodología socrática judía'. Las huellas de la influencia griega son evidentes en el Seder de Pesaj, en el que el padre judío está reclinado sobre una almohada (similar a los griegos), mientras que el niño judío más joven hace Cuatro Preguntas. Este método de aprendizaje fue único en la Edad Media, en comparación con las tradiciones 'autoritarias' de la Europa católica.

El Dr. Sanford Aranoff, Profesor de Ciencias y Matemáticas de la Universidad Rider, me transmitió un mensaje similar. En su opinión, el judaísmo se basa en los principios del pensamiento racional. (El pensamiento racional comienza con principios claramente establecidos, continúa con deducciones lógicas, y luego examina la evidencia empírica para modificar, posiblemente, los principios).

Las habilidades analíticas y estratégicas desarrolladas, tanto por la dialéctica judía como por el pensamiento crítico, son un componente importante de los test de coeficiente intelectual, y son esenciales en las carreras jurídicas, académicas, científicas y de ingeniería.

Los Clérigos Inteligentes Procrean: Una importante diferencia entre el catolicismo y el judaísmo es que los sacerdotes han sido célibes desde que el Concilio de Cartago del siglo cuarto decretó que se abstengan de las relaciones conyugales, mientras que los rabinos judíos siempre han sido alentados a casarse y multiplicarse. En la Edad Media esto dio lugar a la depresión masiva del coeficiente intelectual de los católicos, porque sus chicos más brillantes y académicamente dotados eran usualmente encerrados en seminarios que desperdiciaban su acervo genético. Mientras tanto... los doctos y escolásticos rabinos judíos se casaban con mujeres inteligentes y creaban grandes e inteligentes familias. Tres volúmenes que analizan este fenómeno son Anarquía, Estado y Utopía de Robert Novick, La Mística Judía de Ernst Vandenberg, y Una Historia de los Judíos de Paul Johnson.

Procrear Cerebros:

"Nuestros rabinos enseñan, Permítasele a un hombre que venda todo lo que tiene y se case con la hija de un hombre culto. Si no puede encontrar a la hija de un hombre culto, permítasele casarse con la hija de uno de los grandes hombres de su época. Si no encuentra una así, permítasele casarse con la hija de uno de los dirigentes de la congregación, o, en su defecto, con la hija de un recaudador de la caridad, o incluso con la hija de un maestro de escuela; pero no se le permita casarse con la hija de un analfabeto, porque los ignorantes son una abominación, como también sus esposas y sus hijas". P'sachim, fol. 49, col. 2.

Textos judaicos como el de arriba enfatizan reiteradamente que el conocimiento y la inteligencia son virtudes supremas, siendo la ignorancia el lastre más grosero. Siguiendo esta máxima, los judíos mejoraron su acervo genético para la inteligencia. En Una Historia de los Judíos, el escritor Paul Johnson señala que, "entre los judíos las personas más inteligentes siempre han sido muy valoradas y buscadas como esposos, de modo que procrearan y difundieran sus buenos genes". Charles Murray observó otra tendencia en la formación de parejas, cuando señala que "al casar a hijos de estudiosos con hijos de comerciantes exitosos, los judíos estaban, prácticamente, uniendo a los seleccionados por la capacidad de razonamiento abstracto con los seleccionados por la inteligencia práctica".

 

Mientras tanto, los católicos se casaban por razones "de clase", inclinándose por ganancias aristocráticas de sangre azul que no tenían ningún vínculo con la inteligencia. También se deseaba la fuerza física y el valor de valientes caballeros en el campo de batalla - esta exaltación del músculo sobre el cerebro, igualmente, no hizo nada para incrementar el coeficiente intelectual colectivo de esa religión.

Idiomas del Comercio: Los comerciantes Ashkenazi difundían sus mercancías sobre una vasta área, originalmente en las regiones islámicas, pero más tarde internacionalmente – desde el caucho de Brasil hasta la seda de China. Para prosperar en el intercambio, memorizaban múltiples idiomas. La tribu sin estado, de todos modos, necesitaba variada fluidez para comunicarse en tierras adoptivas con sus vecinos que hablaban alemán, polaco, letón, lituano, húngaro, ruso, ucraniano, francés, holandés, etc.

El ashkenazi desarrolló una "fusión" lingüística: el yiddish (alemán, hebreo, arameo, además de otras lenguas eslavas y un toque de romance). En su mejor momento - antes de la Segunda Guerra Mundial – el yiddish era hablado por 13 millones de personas. El políglota lenguaje produjo una ejemplar cultura en la literatura, el teatro y el cine.

Hoy los neurólogos reconocen que el aprendizaje de varios idiomas mejora la memoria, la flexibilidad mental, la resolución de problemas, el pensamiento abstracto, y la formulación de hipótesis originales. Las explicaciones de los beneficios abundan; Recomiendo prestar atención al video, "El Bilingüismo Sobrealimenta el Cerebro de su Bebé".

Restringidos a la Brillantez: Entre 800 y 1700 DEC, los judíos de Europa fueron excluidos oficialmente de las ocupaciones "comunes", como la agricultura, De hecho, por lo general no se les permitió poseer tierras. Las restricciones obligaron a los ashkenazim, durante 900 años, a dedicarse a las profesiones urbanas que eran cognitivamente más exigentes, como el comercio, la contabilidad, las ventas y la inversión. La habitual prohibición cristiana contra el cobro de intereses por préstamos de dinero - prohibido como "usura" - ayudó a abrir las ocupaciones bancarias y financieras para los judíos. Los registros históricos revelan que el 80% de los judíos de Roussilon, en el sur de Francia, en 1270, eran prestamistas.

Más tarde, después de que fueran expulsados de Europa occidental, los ashkenazim fueron bienvenidos en Polonia como inversores urbanos e iniciadores del comercio que podrían ayudar a modernizar la nación. También eran muy demandados para puestos de dirección de nivel medio porque tenían habilidades matemáticas y de administración de empresas.

Los askenazíes que no eran, matemática y verbalmente, lo suficientemente versados para tener éxito en estos trabajos de "cuello blanco" se alejaron del judaísmo – los de bajo coeficiente intelectual fueron hechos a un lado. Por el contrario, los comerciantes más exitosos y los contadores formaron familias más numerosas, legando una proporción cada vez mayor de cerebros algebraicos.

Esparcidos Por la Persecución: Los askenazíes más inteligentes y/o ricos estaban mejor equipados para escapar de las inquisiciones, pogromos, persecuciones, holocaustos y otras amenazas genocidas porque: 1) podían permitirse el lujo de emigrar; 2) podían predecir la necesidad de hacerlo; y 3) tenían oportunidades sociales y económicas en los países a los que huyeron. Los ashkenazi más pobres, menos conectados y menos astutos mermaron inexorablemente.

La reiterada aniquilación, expulsión y huida del pueblo judío es universalmente conocida. La primera diáspora de Babilonia ya ha sido mencionada. Una segunda diáspora es comúnmente considerada como una serie de dispersiones desde Israel después del fracaso de las revueltas judías contra el Imperio Romano entre el año 70 DEC hasta 135 DEC. En 629 DEC, el rey Dagoberto de los francos ordenó a los judíos a convertirse, abandonar su tierra o enfrentar ejecución. La Primera Cruzada, 1096-1099 DEC, masacró cruelmente a miles de ashkenazi, un estimado del 25%. Los judíos fueron expulsados de Inglaterra en 1290, de Francia en 1394 y de partes de Alemania en el siglo XV. Los pogromos en el Imperio Ruso, en el siglo XIX y principios del siglo XX, asesinaron a un considerable número de judíos, y el Holocausto, instigado por Adolf Hitler, condujo al genocidio de aproximadamente seis millones, principalmente ashkenazi.

Cuándo y dónde fuere que comenzara la persecución, era más probable que los judíos escaparan si podían pagar su salida, o si eran lo suficientemente ricos como para tener caballos, carruajes, empleados como guardias, parientes ricos a dónde huir, y amigos en "elevados puestos". Frecuentemente, un alto coeficiente intelectual ha sido correlacionado con el éxito económico.

Genio Enfermo: Los askenazíes son presa de alrededor de diecinueve enfermedades genéticas debilitantes, y se ha conjeturado que varias de ellas podrían tener "efectos secundarios" cognitivos que pueden mejorar la inteligencia. Muchos de los trastornos pueden matar o debilitar seriamente a los que tienen dos copias del gen, pero si se hereda sólo una, se obtiene una "ventaja heterocigótica" que puede incluir la promoción del crecimiento de las neuronas y acelerar la interconexión de las células cerebrales. Por ejemplo, tener sólo uno de los alelos de Tay-Sachs y Niemann-Pick - GM2 gangliósido - podría aumentar moderadamente el crecimiento de las dendritas.

Otra dolencia ashkenazi es la enfermedad de Gaucher, que parece promover el crecimiento axonal y la ramificación. Un estudio descubrió que 255 empleados, pacientes de la enfermedad de Gaucher en el Shaare Zedek Medical Centre de Jerusalén, tenían ocupaciones que requieren un coeficiente intelectual superior a 120, y el 15% eran científicos. Otra encuesta de askenazíes con distonía de torsión reveló un coeficiente intelectual promedio de 121.

Entrevisté a Gregory Cochran por correo electrónico; es co-autor del informe de investigación de la Universidad de Utah de 2005, "Historia Natural de la Inteligencia Ashkenazi". En sus palabras, "cualquier estímulo del coeficiente intelectual debido a la enfermedad de Gaucher de menos de 10 a 15 puntos [sería] una ganga [pero] podría ser así de grande para la distonía de torsión: todos los que los han tratado se maravillan de lo agudos que son... [Sin embargo] en nuestra opinión sólo una fracción [del incremento del coeficiente intelectual ashkenazi] se debe a mutaciones particulares como Gaucher". En otra entrevista, Cochran precisó las fracciones como "Uno de cada dos mil askenazi, a lo sumo, porta una mutación de Tay-Sachs y una mutación de Gaucher, las dos más comunes".

Después de residir con vecinos de Europa oriental durante más de un milenio, los ashkenazim no son una etnia aislada. Mientras que muchos observadores sugieren que son 30% europeos, un estudio de la Universidad Emory concluyó que los investigadores "pudieron estimar que entre el 35 y el 55 por ciento del moderno genoma ashkenazi proviene de ascendencia europea".

Pensamiento Positivo - Aubrey Max Sandman, PhD, un ingeniero eléctrico de Londres, me envió un correo electrónico afirmando que la actitud positiva es lo que cuenta, no la genética. Su opinión es que los no judíos no trabajan tan duro como los judíos para alcanzar su máximo potencial.

En la actualidad, el "pensamiento positivo" eleva efectivamente el coeficiente intelectual. Una investigación de 2011 en la Universidad del Estado de Michigan reveló que la "actitud" de un sujeto provoca una diferencia en la inteligencia, porque su actitud determina si reacciona, en relación a sus errores, de forma productiva o auto-destructiva. El informe será publicado en un próximo número de la revista Psychological Science, espero que con los datos específicos graficando los incrementos del coeficiente intelectual.

Jaque Mate: El ajedrez ha sido históricamente una actividad altamente favorecida entre los askenazíes; una revista de 1905 lo describió como el "Juego Nacional Judío". Casi el 50% de los grandes maestros son ashkenazi. Las habilidades visuales, de organización y estratégicas requeridas por el ajedrez desarrollan el precúneo en el lóbulo parietal superior y el núcleo caudado, una parte de los ganglios basales en la región subcortical. Es cierto que estas ventajas no son hereditarias, pero los jóvenes que practican el juego pueden incrementar su almacenamiento de memoria, la planificación estratégica y el coeficiente intelectual.

Información adicional sobre los beneficios del ajedrez se puede encontrar en mi capítulo posterior, "Los Años de la Escuela."

Mentes Melódicas: La música ha sido venerada en las tradiciones religiosas de los judíos durante 3.000 años. Los Klezmer "alcanzaron un nivel muy alto de sofisticación y ornamentación", según el Instituto de Música Judía, y los compositores e instrumentistas ashkenazi contribuyen enormemente a la música clásica occidental (un sitio web de historia declara… "Los Judíos ´Poseen’ el Violín”). ¿Siglos de práctica dieron sus frutos? Hoy los investigadores creen que la formación musical optimiza el desarrollo de las neuronas y mejora la función del cerebro en matemáticas, análisis, memoria, creatividad, manejo del estrés, concentración, motivación y ciencia.

Información adicional sobre los beneficios de la formación musical puede encontrarse en los siguientes capítulos: "Primeros Años" y "Años de Escolaridad".

Familias Acomodadas y Apoyadoras, Con Grandes Expectativas: En el nivel neurológico, el éxito promueve el éxito. La victoria produce un torrente de dopamina, un neurotransmisor que activa la motivación para obtener más logros. Los niños ashkenazi generalmente entienden que son capaces de un alto rendimiento, y son instados a desarrollar sus habilidades para contribuir a la humanidad.

¿Es necesaria una severa disciplina para producir estos resultados? Los ashkenazim han desalentado dar nalgadas a sus hijos; parecen ser suficientes fuertes lazos familiares, estímulo incesante y duro y concentrado trabajo en excelentes instituciones.

También son importantes los ingresos disponibles que les permitan a los hijos estudiar y desarrollarse intelectualmente; la riqueza también permite el acceso a escuelas de élite. Las encuestas indican que los judíos estadounidenses tienen casi el doble de ingresos que los no judíos, además de que tienen 2,5 veces más bienes de capital. ¿El resultado? El judío estadounidense promedio recibe 2,5 años más de educación. Incluso durante la Edad Media muchos judíos eran, en estatus económico, de clase media y alta, una condición que aseguraba una buena educación para sus hijos.

¿El Untermensch Se Va a Otra Parte? Un comentarista judío de más de 40 años de edad, de la ciudad de Nueva York, con la nomenclatura "ASAMATTEROFFACT" me informó que - en su opinión – los ashkenazi que carecen de una gran inteligencia y creatividad terminan sintiéndose inferiores. Él cree que esto a la larga conduce al "untermensch" que se casa fuera de la tribu. Sólo el ubermensch permanece para reproducirse. Su punto de vista fue repetido por otro colaborador - Efox"- quien declaró que los judíos menos inteligentes incapaces de ser su propio "Sacerdote” inevitablemente abandonan el judaísmo para unirse a otra religión.

Rabinos Empáticos - Un comentarista que se identificó como "zeev from jew york city" me informó que muchos rabinos eran "Einsteins de la Empatía" - increíblemente amables, pacientes, cariñosos y comprensivos hacia otros seres humanos. Los "empáticos" de alto nivel afectan a sus congregaciones, haciendo que sus vidas sean mejores y promoviendo sus ambiciones e iniciativas.

En posteriores capítulos ("Primeros Años" y "Años de Escolaridad") analizo los beneficios para el mayor coeficiente intelectual del "Apoyo Emocional" y la "Eficacia de los Maestros" - dos dones que, sin duda, fueron proporcionados por rabinos compasivos.

¿Miedo al Antisemitismo? - El comentarista "Morris Wise", después de leer mi artículo original en el sitio web instapundit.com, expuso una posición paranoica. En su opinión, los judíos son motivados para alcanzar altos éxitos académicos, logros profesionales y riqueza, porque quieren sentirse seguros, protegidos y aislados de los sentimientos anti-judíos de la comunidad exterior. Este punto de vista puede, por supuesto, estar justificado por la larga historia de resentimiento y persecución que los judíos han experimentado.

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¡Veinte explicaciones para el alto coeficiente intelectual ashkenazi! ¿Mi opinión? ¿En cuanto al cuádruple? Son posiblemente todos correctos, y valiosos para reflexionar. Sin embargo, los que me parecen más interesantes son los factores "ambientales" que son accesibles a toda la humanidad.

Me pregunto: si los pueblos del mundo, realmente, queremos logros intelectuales de alto nivel, ¿por qué no jugamos al ajedrez con nuestros hijos en las noches, en lugar de arrojarlos a un violento video juego? ¿Por qué no podemos escuchar sus composiciones de música clásica durante el fin de semana, en lugar de instarlos a tener conmociones cerebrales en el campo de fútbol? ¿Un "programa alimentario" no es en realidad una excelente idea, en la cultura estadounidense con su 33,5% de obesidad en adultos? ¿Por qué no les proporcionamos excelentes escuelas, los persuadimos a aprender la gramática extranjera, y los convencemos de creer en sus capacidades y ampliarlas, en lugar de obligarlos a soportar años de mediocridad educativa y sin esperar nada en cambio, sino lo mismo?

Si toda la humanidad adoptara las mejores características disponibles de las culturas exitosas, como la ashkenazi, ¿podríamos, en conjunto, beneficiarnos enormemente? ¿Podríamos aprender más rápidamente, con mayor profundidad y producir mayores maravillas? ¿Nos convertiríamos en destacados en lugar de personas que no desarrollan su potencial?

¿Si promoviéramos conductas de alto coeficiente intelectual para los seres humanos en todas partes, en todo el mundo, todos… nos destacaríamos? ¿Mejores seres humanos?

Traducción de José Blumenfeld

 

Sobre la Educación del Holocausto

Autor: Prof. Yehuda Bauer – Oslo, Junio 2009Traducción: Diana Wang Hay aparentemente tres cuestiones centrales: por qué enseñar el Holocausto, qué enseñar y cómo enseñarlo. El genocidio del pueblo judío en manos de la Alemania nazi y sus colaboradores, a lo que comúnmente, e inadecuadamente, llamamos el Holocausto, fue la forma de genocidio más extrema conocida hasta la fecha.  Fue el caso más extremo no por el sufrimiento de las víctimas: no hay gradaciones del sufrimiento y los judíos no sufrieron más o menos que otras víctimas de otros genocidios. Tampoco es debido al número de víctimas – tal  vez 5.7 o 5.8 millones – ni tampoco por el porcentaje de judíos asesinados sobre el total de judíos en el mundo en aquel momento – cerca de 17 millones. En el genocidio armenio, cercano al millón, tal vez aún más, los armenios fueron asesinados o murieron como resultado de acciones genocidas y fueron más de un tercio de los armenios residentes en Turquía. Entre 800 mil y un millón de Tutsis fueron asesinados en Ruanda en 1994, cerca del 90% de la población Tutsi que vivía allí. Y en China las víctimas del Gran Salto Adelante que corresponde a lo que llamamos politicidio, es decir el asesinato genocida debido a razones políticas, sociales o económicas, sumó considerablemente más víctimas que las del Holocausto. No, la razón era diferente. Por primera vez en la historia, cualquier persona considerada por los perpetradores como miembro del grupo designado, los judíos, sería asesinada por el único crimen de haber nacido. Por primera vez en la historia esto tendría lugar donde fuera que el poder alemán alcanzara, es decir, todo el planeta. Por primera vez en la historia la motivación tenía poco que ver con factores económicos o sociales sino con motivos puramente ideológicos y la ideología fue totalmente extraída de cualquier contexto realístico. Tuvo lugar en el contexto de una Guerra iniciada por la Alemania nazi por razones que, reitero, tenían poco que ver con razones reales políticas, económicas o sociales: la Alemania nazi comenzó la Guerra para conquistar el así llamado espacio vital; pero no precisaba de espacio vital porque podía conseguir las materias primas y los productos agrícolas mediante el comercio y no precisaba tierras para sus campesinos porque no sobraba el trabajo en los campos de Alemania. Alemania hoy es un país de menor superficie que entonces, con una población mayor y sigue floreciendo. La mayoría de los alemanes de 1939 no quería la Guerra; tenían amargos recuerdos de la anterior, la Primera Guerra.  La elite industrial y la Banca no querían la Guerra porque les iba bastante bien. ¿Acaso los militares querían la Guerra? No. En septiembre de 1938 el General en Jefe de Alemania Ludwig Beck y una gran cantidad de generales planeaban un putsch contra Hitler porque temían una Guerra contra Inglaterra y Francia con los Soviéticos en contra. Pero Chamberlain y Daladier se rindieron con Czechoslovakia y no hubo un putsch. Por supuesto que no es claro si un tal putsch podría haber tenido lugar o si, de haberlo tenido, habría sido exitoso, pero indica lo que pensaba la oficialidad de más alta jerarquía de Alemania. Entonces, ¿quién quería una Guerra? La respuesta es obviamente, Hitler, pero no solamente él. Tenía el apoyo del Partido. La razón para la Guerra está claramente expresada en el memorándum que Hitler escribiera a Goering en agosto de 1936 que puede ser encontrado en los Documentos de Nuremberg de 1945. Hitler dice allí que Alemania está preparada para la Guerra porque, en caso contrario, el bolcheviquismo reemplazaría a los dirigentes de todo el mundo con la Internacional Judía; ello no solo pondría en peligro a Alemania sino que aniquilaría a todo el pueblo alemán. Hitler y sus allegados más cercanos creían que una derrota del bolcheviquismo judío permitiría a Alemania la expansión hacia el este, la colonización de esos territorios en manos de alemanes que aseguraría el aporte de alimentos y materias primas y se garantizaría así la supremacía de Alemania sobre Europa y finalmente sobre sus aliados y el mundo entero. Todo ello solo sería posible derrotando a la judería internacional que controlaba tanto al bolcheviquismo soviético como al capitalismo occidental. La Guerra, diría yo, fue en esencia una empresa ideológica y los elementos económicos y políticos fueron instrumentados como los factores que lo hicieron posible. El Holocausto, luego, fue básicamente un proyecto ideológico parte de un proyecto ideológicamente motivado de  una Guerra en la búsqueda de la expansión del poder. El nazismo no tuvo en consecuencia precedentes lo que explica por qué el Holocausto es el tema central en cualquier proceso educativo, no solo en Europa, porque tiene que ver con el mundo en el que vivimos. El antisemitismo, y el Holocausto fue su resultado, fue la motivación central para una Guerra en la que no solo murieron 6 millones de judíos sino unos 29 millones de no judíos solo en Europa. Ello significa que el antisemitismo y el Holocausto, fueron las razones básicas de la muerte de millones de europeos no judíos.  Es, luego, un tema central para nuestra civilización y en particular para la civilización europea; es la forma más extrema de genocidio hasta la fecha, repito, no porque las víctimas sufrieron más que víctimas de otros genocidios, sino por sus razones sin precedentes y el carácter e impacto global que tuvo y tiene como paradigma de genocidio en general, lo que le confiere la gran importancia que tiene para nosotros. Es por eso que lo enseñamos. Cuando encaramos el Holocausto, los educadores tomamos tres grupos de personas: perpetradores, víctimas y observadores indiferentes. Esto es problemático porque cuando se lo mira más de cerca son categorías no del todo precisas y tienden con frecuencia a confundirse o sus fronteras no son siempre nítidas.  Por ejemplo los kapos en los campos de concentración eran víctimas pero muchas veces también perpetradores. El término “observadores indiferentes” (en inglés, bystanders) incluye grupos tan diversos como los Aliados Occidentales, la Unión Soviética, organizaciones judías e instituciones exteriores a las áreas de control nazi, campesinos polacos entre los que había indiferentes, algunos amistosos y muchos hostiles aún cuando no mataran judíos;  incluye a miembros de las Iglesias cristianas que callaron mientras frente a sus ojos los judíos eran transportados a su muerte o asesinados y los gobiernos de los países neutrales que podían haber ayudado pero se abstuvieron de hacerlo. Sin embargo, usamos esos términos a pesar de saber que no son del todo adecuados porque no hemos desarrollado otros mejores. ¿Qué deberíamos enseñar entonces?  Después de todo, no podemos enseñar todo, porque la serie de contextos y acontecimientos que llamamos Holocausto son muy extensos, muy complicados y hay poco tiempo en cualquier establecimiento educativo para enseñar todo. Hubo unos 18.000 refugiados centro-europeos en Shanghai, ¿deberíamos enseñar sobre ellos? Los gobiernos latino-americanos se rehusaron aceptar refugiados judíos, ¿es un tema para enseñar? ¿Deberíamos tomar como tema a los judíos de Tracia y Macedonia que fueron entregados a las manos alemanas por la policía y el ejército búlgaros o deberíamos concentrarnos solamente en el rescate de los judíos de Bulgaria? ¿Tendríamos que entrar en los detalles relativos a los colaboradores griegos, checos, italianos, noruegos y otros que se sumaron a los alemanes? Creo que debemos ajustar nuestras enseñanzas a las situaciones e intereses locales. Si enseñamos en Grecia deberemos enfatizar el destino de los judíos de Salónica, Atenas, Corfú y Rodas y hablar sobre los colaboradores y los movimientos de Resistencia y la conducta de los dirigentes de la comunidad judía y de los judíos comunes, señalando los claroscuros, las sombras y las diferencias manteniendo el propósito de no disminuir la responsabilidad criminal directa de las instituciones, las organizaciones y los individuos alemanes. En otros países, debieran realizarse similares paralelos. Pero hay un peligro en ello: que ocuparse de los árboles nos haga perder de vista el bosque. Tiene que estar el cuadro más amplio siempre presente como contexto del enfoque nacional. Deberíamos apuntar a lo que se podría llamar la globalización de la educación sobre el Holocausto. Quiero decir con ello que deberíamos describir y analizar el Holocausto en sus diferentes contextos: verticalmente, es decir históricamente, poniéndolo en su contexto histórico, económico y político y en sus antecedentes, realización e impacto. Uno no debiera ocuparse de todo esto mientras enseña, no solo debido a los límites de tiempo sino porque los docentes no están entrenados en tener el tipo de conocimiento de los académicos que se pasan la vida en ello; pero es importante tener estas dimensiones in mente. Sobre los perpetradores, uno debería enfrentar el dilema que en noviembre de 1932, en las últimas elecciones libres de la Alemania pre-Hitler, el partido Nacional Socialista, fue derrotado, perdieron 2 millones de votos y 34 asientos en el Parlamento alemán. Parecía que habían quedado afuera de la historia para volver a lo que habían sido en 1928 cuando consiguieron solo un 2.8% del total de votos. A fines de 1932 la mayoría de los alemanes votó por partidos que eran claramente anti nazis y contrarios al antisemitismo o que no lo apoyaban (social demócratas, comunistas y católicos junto con partidos menores). Pero menos de seis semanas más tarde los nazis tenían el poder, no debido a una victoria en las urnas sino por las maquinaciones de la derecha conservadora y los violentos desacuerdos entre los no-nazis. Alrededor de 1940-1941, ya no había problemas en reclutar cualquier cantidad de alemanes que se convertirían en asesinos masivos.  ¿Cómo puede uno explicarse eso? Los historiadores alemanes han señalado que hubo una combinación de un mejoramiento económico real y un uso muy inteligente de políticas sociales que parecían mejorar la vida de los alemanes. Lograron reestablecer considerablemente la cohesión social que había sido destruida como resultado de la pérdida de la primera Guerra y de las dos grandes crisis económicas en la década del veinte. La nación resurgida ganó victorias internacionales baratas destruyendo los efectos del Tratado de Versalles y reestableciendo a Alemania como un importante poder político y militar en Europa. El ascenso luego de la crisis económica, debemos señalarlo, no fue enteramente el resultado de la política del régimen, sino también del hecho de que antes del acceso al poder del nazismo la economía alemana había llegado a su punto más bajo y había comenzado su recuperación. Los nazis se montaron a la ola de mejoría y algunas de sus políticas propugnaron el aumento de la producción aunque no hubo una apreciable mejoría en los niveles de vida. Pero la absorción de grandes masas de desempleados aunque en trabajos mal remunerados hizo muy popular al régimen. Adicionalmente la política social del nazismo se ocupó por primera vez y con bastante éxito del problema de las millones de viudas de guerra, de los ex soldados heridos y distribuyó pensiones para todos ellos. Consiguieron sobornar en parte a la población y lo acompañaron con una propaganda ideológica masiva que llegó a todas las familias en cada uno de los rincones del país. Algunos historiadores tomaron como dato muy importante que muchos asesinos no estaban ideológicamente educados, pero olvidan que toda la sociedad había estado sometida a una intensiva campaña de adoctrinamiento ideológico durante 7-8 años y en sus márgenes, a veces más allá de ellos, reinaba la amenaza continua de una maquinaria de terror progresivamente eficiente que era usada de manera determinada para evitar cualquier oposición política o ideológica desde la raíz. Las políticas nazis se pagaban con la reserva de divisas extranjeras y mediante una política inflacionaria que fue frenada mediante la imposición a la población de una astuta política fiscal. La prosperidad real fue abortada en pos del rearme masivo y toda la estructura económica estaba en consecuencia en peligro. La guerra apuntaba, como ya se indicó, hacia soluciones temporales ante una inevitable crisis económica y financiera por medio del simple robo de los países aliados ocupados y conquistados y, antes que nada, apropiándose de las propiedades de los judíos. El elemento esencial de cualquier interpretación de las políticas nazis debe ser la historia de la intelectualidad alemana. Desde mediados del siglo diecinueve se había desarrollado una progresiva radicalización de la intelectualidad. El nacionalismo radical se impuso sobre la tendencia más liberal y se transformó, gradualmente, en racismo chauvinista; no solo en Alemania, también en Austria. Esto fue claro durante el Segundo Reich entre 1870 y 1914. La derrota en la Primera Guerra exacerbó la tendencia y en la década del veinte las universidades y las organizaciones docentes formaron las bases principales del Nacional Socialismo. Sin el apoyo de la intelectualidad el régimen nazi no habría conseguido poder ni tampoco habría podido conservarlo. Fue en la intelectualidad donde se reclutó gente que dirigió los crímenes nazis. La conclusión debe ser, con total seguridad, que el conocimiento por sí mismo no garantiza un acercamiento humanístico a la vida y que no hay nada más peligroso que asesinos masivos inteligentes. Eichmann es un excelente ejemplo: engañó a gente brillante, como la filósofa Hannah Arendt, quienes aceptaron su auto descripción como un mero engranaje de la máquina, una personalidad banal que hizo el mal porque no era un intelectual ideólogo y no sabía hacerlo mejor. A decir verdad, Eichmann era miembro de la Oficina Central de Seguridad del Reich, la RSHA, compuesta por individuos altamente motivados ideológicamente, de extrema inteligencia, radicalmente racistas y antisemitas, que estaban en el corazón de la máquina de los perpetradores. La Policía de Seguridad era una rama de la GESTAPO, la Policía Criminal, y de las unidades de inteligencia. Son los artífices de la mayoría de las matanzas. Eichmann puede no haber tenido educación universitaria pero la gente que lo rodeaba sí la tuvo y él mismo citaba tanto a Kant como a Hegel. No era ningún engranaje en la máquina, era parte del sistema de control de la máquina. En una conferencia que dio al personal de seguridad nazi en noviembre de 1937, dijo que la conspiración judía internacional estaba por todas partes. Era parte de una jerarquía y aunque recibió efectivamente instrucciones generales de sus superiores, mostró una gran inteligencia e iniciativa para radicalizarlas. Daba órdenes; no solo las recibía, aunque en tal caso raramente precisaba órdenes porque se identificaba completamente con la política asesina general y sabía exactamente que lo que estaba haciendo estaba mal. Lejos de ser una personalidad banal probó que el mal nunca es banal. La historia real de Eichmann puede ser usada en educación para mostrar la imagen opuesta de la imagen popular creada en ciertas películas y en los así llamados documentales. Se pueden proveer fuentes para todo ello. ¿Es, entonces, la historia del nazismo y del Holocausto una historia de la burocracia, como tantos creen? Cuando uno enseña sobre el Holocausto no puede evitar encarar el tema de que, efectivamente, la burocracia en sus varios aspectos, fue empleada para hacer realidad el asesinato. Pero las burocracias no matan. Los burócratas dan órdenes o instrucciones, pero alguien tiene que decirles a los burócratas que lo hagan, o algunos burócratas lo hacen por su propia cuenta. En otras palabras, el deseo de matar tiene que ser dirigido por personas que saben lo que están haciendo y quieren hacerlo. La ideología, o la racionalización ideológica, o los intereses, mueven las burocracias; cuando decimos “intereses” nos referimos a una comprensión de qué es bueno o malo en los ojos de las personas que toman las decisiones. En el caso de los nazis, ya aduje que actuaban sin considerar sus intereses materiales, o, en otras palabras, que estaban motivados por una ideología no-pragmática o anti-pragmática. Una vez comprendido esto, uno puede poner los hechos históricos en contexto y se puede enseñar sobre el desarrollo del régimen nazi en Alemania y sobre los estadios en los que se materializó el genocidio de los judíos. Por cierto, se puede hablar luego de aquellos estadios y mostrar que el Holocausto no estaba pre-planeado, contrariamente a la percepción popular, aunque Hitler, como individuo podía haber deseado que la aniquilación masiva de los judíos sucediera. Pero al ideología estaba ahí y cuando la ocasión fue propicia le dio oportunidad a la planificación. De hecho, los actos de asesinatos masivos vinieron antes y la planificación fue en gran medida su resultado. En esto, como en tantos otros aspectos, el genocidio de los judíos difiere de la mayoría o de todos los otros genocidios. Cuando se enseña sobre guetos, campos, marchas de la muerte y las otras cosas, todo encaja.    Considero que la historia de las víctimas es por lo menos tan importante como la de los perpetradores. Después de todo, las víctimas son siempre la mayoría, si las comparamos con los perpetradores, y casi todos nosotros estamos en condiciones más de ser víctimas u observadores que de ser perpetradores. Desde un punto de vista humanístico es crucial comprender quiénes eran las víctimas, por qué se convirtieron en víctimas, qué hacían antes de ser víctimas, hasta qué punto comprendían que estaban en peligro de convertirse en víctimas de un genocidio y un asesinato masivo y qué hicieron en respuesta a todo esto. Cuando enseñamos sobre el genocidio de los judíos tenemos que encarar, obviamente, el antisemitismo; pero hay una dificultad aquí porque el estudiante o incluso el maestro puede ver a los judíos tan solo como objetos de odio, persecución y muerte, no como sujetos de la historia con su propia cultura, tradiciones y aspiraciones, en otras palabras, menos que seres humanos. Hay que enseñar, en consecuencia, que los judíos son un pueblo con historia y lo mismo debe ser aplicado a los otros grupos que fueron designados como objetos de ataques genocidas. Esto significa que el maestro debe tener al menos un conocimiento rudimentario de la historia del pueblo judío. El otro peligro es que el alumno pregunte: bueno, pero ¿qué hicieron para ser objeto de tal tratamiento? Además de mostrar, a partir de la discriminación concreta presente sobre diferentes grupos que esto sucede con frecuencia en las sociedades humanas, es importante intentar clarificar de dónde viene el antisemitismo. La respuesta más simple y correcta es que mientras los judíos no son mejores ni peores que cualquier otro grupo, su cultura y tradiciones son diferentes. En Europa fueron los únicos no-europeos hasta la llegada de los Roma –gitanos- a los Balcanes en los siglos 13 y 14, y tenían una cultura diferente que se expresaba en una religión diferente a la que tenía la sociedad que los acogía. Desarrollaron también una estructura ocupacional diferente porque las sociedades que los rodeaban los usaron para propósitos económicos específicos limitando sus posibilidades laborales. Al mismo tiempo, se debe enfatizar que la historia de los judíos no es definitivamente la historia de sus persecuciones. En muchos lugares, durante mucho tiempo, convivieron con sus vecinos, no necesariamente amados pero tampoco necesariamente odiados, fueron útiles y a menudo invitados a residir en países para realizar ciertas funciones económicas y sociales. Pero cuando una sociedad era golpeada por una crisis, lo que sucedía con bastante frecuencia, era posible –aunque muchas veces no pasó- que los judíos fueran una especie de para-rayos: el descontento caía sobre un grupo que todos conocían, familiar aunque extraño, siempre minoritario y en consecuencia fácil de atacar. Estas diferencias básicas fueron acentuadas por la Iglesia y, luego de Lutero, por las iglesias, debido a razones teológicas entretejidas con razones económicas y sociales. Puede ser incómodo enseñar esto pero es inevitable. El antisemisitismo cristiano nunca planeó el genocidio de los judíos: los judíos en la visión cristiana habían rechazado al verdadero mesías pero eran humanos con almas y matarlos era un pecado mortal. Pero estaban poseídos por Satán, eran de hecho una amenaza satánica para la cristiandad y debían ser oprimidos, discriminados, perseguidos, explotados, echados, desposeídos cuando surgiera la ocasión. Las acusaciones en contra de ellos repetían siempre los mismos argumentos teológicos, pero las acusaciones no teológicas diferían de tiempo en tiempo y durante el nazismo alcanzaron un punto extremo: eran contradictorias pues acusaban a los judíos de ser tanto comunistas como capitalistas lo que precisamente podía ser sostenido por sus supuestas cualidades satánicas. Sin embargo, todas estas acusaciones, incluso las raciales, estaban basadas en antecedentes teológicos: la acusación de que hay una conspiración judía para controlar el mundo puede ser encontrada en tempranos escritos cristianos. Similarmente, la idea de que los judíos corrompen a las sociedades y sus culturas o de que usan sangre de niños para preparar sus comidas especiales, provienen de la antigüedad y del medioevo. En el siglo dieciséis y más tarde, la pureza de sangre, limpieza de sangre, (en castellano en el original) la prueba de que no se descendía de judíos o musulmanes, era una exigencia para cualquiera que aspirara a algún cargo público en España. La noción de que el nazismo era una ideología neo-pagana que no tenía relación con el cristianismo es solo parcialmente verdad: el antisemitismo cristiano fue una recondición necesaria, aunque no suficiente, para el nazismo. El nazismo se volvió contra el cristianismo fundamentalmente porque se basaba en el judaísmo y contenía ideas humanísticas que aborrecidas por los nazis. Pero los judíos quedaron atrapados en el medio: fueron asesinados por los nazis y no fueron protegidos por las iglesias aunque hubo muchos casos individuales de curas, pastores y altos oficiales de la Iglesia que trataron de salvar judíos y una cantidad que sacrificaron sus vidas haciéndolo. Podría argüirse que los nazis inventaron a sus víctimas en el sentido de que los judíos a los que atacaron no se veían necesariamente a sí mismos como judíos. Por supuesto, y esto debe ser enfatizado en todo contexto educativo, los judíos no eran un colectivo político. En Alemania, por ejemplo, nunca existió una representación de todos los judíos antes del ascenso de los nazis al poder. Tampoco lo había en la Polonia de entre guerras. Había comunidades y organizaciones judías de diferentes estilos y colores, ortodoxos y liberales y no religiosos, nunca del todo unidos, ni siquiera en un país como Francia donde había una organización rabínica llamada el Consistorio que solo representaba a una minoría que se veía a sí mismos como judíos. En Polonia, por ejemplo, una pluralidad de judíos, casi el 40%, se identificaba con el Bund, un partido social-democrático, anti comunista, anti sionista y anti religioso. Los nazis, siguiendo antecedentes previos, inventaron el colectivo político judío, incluso con características de internacional y, paradójicamente, los judíos debieron constituir organizaciones políticas internacionales en parte para luchar en contra de la amenaza del nazismo. Así, el Congreso Judío Mundial se estableció en 1936, representando supuestamente a las comunidades judías de todo el mundo, pero de hecho tan solo algunas se le unieron. El movimiento sionista, una expresión del progresivo nacionalismo judío –había otras expresiones diferentes – era una minoría entre los judíos. Los nazis asesinaron personas cuyos abuelos se habían convertido porque los veían como judíos. Mataron personas que habían nacido de padres judíos pero se identificaban como polacos, rusos, italianos, y que habían cortado relaciones con los otros judíos. La religión judío no identificaba ya a los judíos. La mayoría de los judíos se identificaban a sí mismos como judíos pero su interpretación de lo que ello significaba tenía diferentes versiones. Los docentes deben explicar que se debe respetar la forma en que cada uno elige identificarse y no permitir ser identificados por otros que es precisamente lo que hicieron los nazis. Inventaron un pueblo judío que era tan solo en parte el pueblo con el que la mayoría de los judíos se identificaba. Y sin embargo, y éste es el punto principal, la reacción de los judíos ante la persecución y el asesinato fue cuanto menos sorprendente. Los judíos alemanes, la mayoría de los cuales no era ortodoxa, esos nacionalistas alemanes entusiastas, se integraron a la sociedad alemana pero al mismo tiempo recuperaron su historia judía y en parte su identidad religiosa, desarrollando una cultura judía en lengua alemana. La Biblia fue traducida al alemán y la vida intelectual y social floreció en los treintas a pesar del incremento de las persecuciones. Después del comienzo de la guerra, y especialmente en los grandes guetos de Polonia – pero no solo allí- se constituyeron redes, organizaciones sociales, económicas y culturales, tratando de mantener la moral y una apariencia de vida civilizada a pesar del hambre, las epidemias, los golpes y el peligro de las deportaciones. No había posibilidad de resistencia armada puesto que los judíos eran una pequeña minoría –aún en Polonia eran tan solo el 10% de la población general- no tenían acceso a armas y no habían desarrollado una clase militar de ninguna especie; adicionalmente, en la mayoría de los países europeos habían sido mantenidos en un cierto aislamiento por el resto de la población y no fueron apoyados por los Aliados. La resistencia desarmada fue la única opción posible y muchas comunidades judías desarrollaron justamente eso. Hasta donde yo sé, no hay paralelo con estos hechos en relación a otra población que fue víctima de crímenes genocidas. Sugiero que la resistencia judía desarmada debiera ser uno de los tópicos centrales en la educación del Holocausto. Por supuesto, la resistencia desarmada no se dio en todas partes. Bajo la tremenda presión de los nazis y sus colaboradores locales, hubo muchos casos de desintegración social, de colaboración forzada con el enemigo y de traiciones. Pero esto puede ser encontrado también en la mayoría de los otros casos de genocidio. Se debería tener cuidado en no catalogar como colaboradores a los Consejos Judíos, instituidos por los alemanes para facilitar las políticas respecto a los judíos. Algunos, por cierto, se sometieron a la presión alemana sin resistencia –en Ámsterdam por ejemplo, o en Salónica o, discutiblemente, en Lodz. Pero en la mayor parte de los lugares, sabemos ahora, trataron de proteger a sus comunidades lo mejor que pudieron, sin una resistencia abierta contra este poder enorme, por supuesto. Siempre que la resistencia fue intentada –y hubo muchos sitios en que lo fue- los Consejos Judíos fueron depuestos y casi siempre asesinados. En muchos lugares, sin embargo, estos Consejos trataron de resistir de varias maneras y en algunos pueblos y zonas organizaron rebeliones armadas. Los alemanes instalaron también unidades policiales en los guetos y la mayoría hizo lo que los nazis exigían y muchas veces entregaron judíos a los alemanes. Pero es un error generalizar. En casi todos los lugares, tanto en el este como en el oeste, los alemanes no pedían la colaboración ni de los Consejos ni de la Policía judía sino que tomaban a los judíos por sí mismos, brutal y sádicamente. La imagen general de la policía judía entregando judíos es verdadera para el gueto de Varsovia por ejemplo pero no para el de Kaunas y la proposición es irrelevante para Bélgica o los Países Bajos. Es importante plantear estas temáticas en un contexto educativo antes de que sean siquiera sugeridas. Las reacciones de las víctimas judías deben ser vinculadas al contexto general de las relaciones entre judíos y no judíos. Es claro que estas relaciones fueron diferentes en los diferentes países. Hasta donde sabemos, los judíos daneses fueron tratados como daneses por la población de Dinamarca y en consecuencia muchos de ellos fueron llevados de contrabando a la Suecia neutral. En Bulgaria, los judíos fueron rescatados por una improbable coalición de miembros del Partido Fascista, la Iglesia Ortodoxa y los grupos clandestinos comunistas y socia-demócratas, en otras palabras,  por representantes de la mayoría de la población búlgara. Menos dramáticamente, pero muchas actitudes pro-judías fueron exteriorizadas por servios, italianos, belgas y franceses. Había poca simpatía por los judíos en Rumania, Ucrania y los Países Bálticos. Recientes textos revisionistas en Polonia y en la diáspora polaca, acusan a los judíos de haberse matado ellos mismos o de haberse rehusado a ser rescatados por un gran número de polacos deseosos de ayudarlos. No es la única distorsión total de un hecho histórico pero también minimiza el real heroísmo de miles de polacos que, a pesar de ser una minoría entre sus connacionales, hicieron lo posible para rescatar a los judíos y en una gran cantidad de casos lo pagaron con sus vidas. También ignora diferencias regionales –había una marcada actitud antisemita en la Polonia del noreste y del centro-sur donde la población local traicionó a los judíos y los entregó a los alemanes y a la policía polaca. Las razones precisas de esto están aún por ser investigadas. Por otra parte, la minoría polaca en la Galicia del Este y Volinia era mucho más amigable hacia los judíos y en un gran número de casos los judíos se unieron a ellos en la defensa común contra los nacionalistas ucranianos y alemanes. Para los educadores es importante señalar el peligro de las generalizaciones fáciles. Es imposible para ellos, reitero, entrar en detalles, pero el rango de reacciones tiene que ser enfatizado y las razones sugieren que las diferencias en los pasados en cada uno de los diferentes lugares crearon diferentes bases para actitudes que definieron las posibilidades de la supervivencia judía. En todo caso, las actitudes de los vecinos no judíos fueron en gran medida responsables de la muerte o la supervivencia de la minoría judía. Es importante indicar de que aunque no hubiera posibilidad objetiva de una resistencia armada judía, a pesar de ello y contrariando toda lógica, una resistencia armada judía sucedió y mucho más de lo que podría ser razonablemente esperado. La historia de la rebelión del gueto de Varsovia es importante y no debe ser ignorada pero no fue por lejos el único hecho de esas características. Hubo rebeliones e intentos de resistencias armadas en Vilna-Vilnius, Kaunas-Kovno, Bialystok, Svencionys-Svenciany, Cracow, Baranowicze, Lachwa, Tuczyn, y un gran número de otros sitios en el este. De hecho en el área de la Bielorrusia Occidental sola hubo unos 63 pequeños poblados en donde tales resistencias armadas tuvieron lugar. Se estima que entre 20.000 y 30.000 judíos fue a los bosques a luchar con los partisanos soviéticos, aunque no muchos sobrevivieron. Había luchadores judíos y partisanos en Francia, Bélgica, Italia, Yugoslavia, Bulgaria y las áreas ucranianas ocupadas por Rumania. En todos estos casos se trató de pequeños números y lo que merece ser resaltado no es el daño infligido a los alemanes y sus ayudadores, sino el hecho mismo de que hubiera habido una resistencia armada. Se trata de una importancia moral. Cuando nos ocupamos del mundo exterior, los poderes occidentales y la Unión Soviética, estamos discutiendo el presente porque los poderes mayores de hoy están enfrentando de alguna manera una situación paralela: son observadores indiferentes en la continuación de situaciones genocidas. Las diferencias entre las formas de genocidio son varias. Una de ellas es que la conducta de los países poderosos durante el Holocausto se dio en el contexto de una guerra mundial, lo que difiere evidentemente de la situación actual. Es un hecho de que mientras hoy vemos al Holocausto como el hecho principal si no el único de la Segunda Guerra Mundial, no fue más que un tema marginal en el momento en que sucedió. Los Aliados sabían, en términos generales, lo que estaba pasando pero luchaban por sus vidas contra un enemigo formidable. Muchos líderes simplemente no creyeron las informaciones que recibían y tal vez los oponentes al nazismo no comprendieron la central importancia de la ideología antisemita nazi; la venían como un medio para ganar y retener el poder más que una convicción hondamente sostenida que los nazis harían realidad en cuanto pudieran. Estamos en una situación similar hoy cuando muchos de nosotros creemos que la propaganda genocida del Islam radical es solo charlatanería y no nos damos cuenta que es una ideología en la que creen con todo su corazón y sobre la que actuarán si tienen la oportunidad. Hay otro aspecto en esto: se escribieron muchos libros acusando a los poderes occidentales de mantenerse en silencio frente al genocidio que sucedía frente a sus ojos y de no usar los poderes militares para el rescate de los judíos. Pero los hechos son muy diferentes. No hubo silencio. Cuando la información relativa a la aniquilación masiva de los judíos fue finalmente confirmada en noviembre de 1942, se creyó que los responsables serían castigados, lo que sucedió solo en una pequeña proporción. No se censuró ninguna noticia sobre estos temas a medida que llegaban de Europa. Las noticias se publicaban. Que la gente creyera lo que leía es otra cuestión. Un segundo tema es que los alemanes comenzaron a asesinar en masa a los judíos después de la invasión a la Unión Soviética en junio de 1941. Los EEUU eran neutrales y los ingleses se vieron forzados a una retirada a sus islas donde peleaban por su propia supervivencia. Los soviéticos estaban siendo vencidos y en todo caso no tenían interés en los judíos como tales. Los EEUU no declararon la guerra a Alemania; más bien fueron forzados a entrar en la guerra luego del ataque japonés a Pearl Harbour y luego fue Alemania quien declaró la guerra a los EEUU, no al revés. Si esto no hubiera pasado habría que ver si los EEUU hubieran intervenido en la lucha. Durante el período de las grandes campañas de exterminio, en 1941, 1942 y la mayoría de 1943, no había ejércitos aliados cerca de los sitios de destrucción y los alemanes controlaban casi toda Europa. Los únicos bombarderos que podrían haber llegado a los campos de exterminio de Polonia eran los British Lancaster, pero no había aviones de combate que los podían haber acompañado a esos lugares. La situación solo cambió luego de que los Aliados ocuparon los campos de aterrizaje italianos cercanos a Foggia en noviembre de 1943. Tomó luego unos meses hasta que fueran utilizables, en consecuencia los campos de exterminio hubieran podido ser bombardeados recién en 1944. En ese momento, sólo Auschwitz-Birkenau estaba aún operando. Birkenau podría haber sido atacado por cierto luego de mayo 1944, especialmente luego del informe detallado sobre Auschwitz traído por dos evadidos judíos eslovacos, Alfred Wetzler y Rudolf Vrba, en junio de 1944. Pero entonces los líderes militares occidentales decidieron que era un blanco civil y que usarían su fuerza aérea solo contra blancos militares. Si las fuerzas aéreas occidentales –aunque a los soviéticos les importaba poco- hubieran atacado Birkenau, ¿habría ello determinado que los alemanes dejaran de matar judíos? No lo creo. Los perpetradores alemanes habrían continuado lo que estaban haciendo antes, matar a sus víctimas en zanjas o, como hicieron luego, hacerlos caminar las marchas de la muerte. La idea de que occidente podía haber salvado a los judíos es una idea popular y populista pero de ninguna manera convincente. Por otra parte, mientras occidente no podía haber salvado millones, quizá podía haber salvado miles, tal vez más. Los países occidentales cerraron las puertas a los judíos que escapaban a través de los Balcanes a Palestina y rehusaron garantizar a los neutrales, Suiza, España, Turquía, Suecia y Portugal, el acoger a los refugiados llegados a sus países y encontrar otros sitios para ellos después de la guerra, porque los neutrales no querían, por supuesto, ningún judío en sus territorios. La actitud de los soviéticos está siendo investigada, pero claramente, todo el tema judío era marginal para ellos. Estos problemas pueden ser traducidos en la clase en temas puntuales. ¿Cómo enseñamos el Holocausto? No soy un pedagogo profesional o un experto en didáctica. Pero creo que el Holocausto debería ser enseñado, en principio, analíticamente pero también con la historia de los individuos que quedaron atrapados allí. Un historiador es alguien que cuenta historias verdaderas. A menos que un docente use esta herramienta no tendrá ningún efecto o impresión en sus alumnos. Por otro lado, contar solo historias verdades puede producir un efecto adverso. Los estudiantes deben ser estimulados a investigar los hechos, las conexiones, los contextos. Creo en la combinación de estrategias educativas. Otra consideración importante es ajustar la enseñanza del Holocausto al contexto social, cultural e históricos de los estudiantes. Si se enseña en la República Checa es necesario tomar en cuenta el destino de los Roma –gitanos- que sufrieron un genocidio diferente del Holocausto pero ocurrido en paralelo y casi todos los Roma checos que vivían entonces en la República Checa fueron asesinados. Habrá que subrayar el hecho de que Terezin jugó un papel central en el Holocausto en las tierras checas y que hubo un gobierno colaboracionista checo con autonomía limitada que ayudó a los nazis en sus políticas. Si se enseña en los Países Bajos habrá que enfatizar la colaboración con la genocidio de la administración nacional y al mismo tiempo el rescate de unos 16.000 judíos holandeses realizado por la población local. En ambos casos habrá que hacer notar el carácter de las comunidades judías locales, y contrastarlas con la conducta de los Judenraete en Terezin y en Ámsterdam. Pero en todos los casos y en todos los países que se enseñe habrá que ser especialmente cuidadoso en presentar el cuadro total del Holocausto y no quedar constreñido a la historia local. El Holocausto no fue un acontecimiento checo, holandés o polaco, fue un acontecimiento global que sucedió en Europa, en toda Europa y aún más allá de Europa. Esto requiere adaptaciones pedagógicas y es lo que la ITF está haciendo y debiera hacer. Al final, lo que se enseña son dilemas, dilemas imposibles a los que la gente no debería ser enfrentada nunca. Déjenme darles un ejemplo conocido: En el gueto de lo que es hoy Vilnius en Lituania, había una organización de resistencia clandestina llamada el FPO, que provino de la coalición de los movimientos juveniles judíos desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha. El comandante elegido fue un judío comunista, Itzik Wittenberg. Las razones de la elección fueron, por un lado, que era un muchacho muy popular y carismático y por el otro que la única esperanza de recibir alguna ayuda era el Ejército Rojo. Se pensó que eligiendo a un comunista ayudaría a establecer relaciones con los soviéticos. Los alemanes capturaron a un militante comunista lituano en el lado ario de Vilnius quien, bajo tortura, dio el nombre de Wittenberg como un miembro del partido y de la resistencia. Los alemanes no conocían al FPO, pero conocieron así el nombre de Wittenberg y exigieron su entrega al presidente del Consejo del gueto, Jacob Gens. Gens, quien tenía contactos con el FPO, invitó a sus dirigentes a una reunión en el Judenrat y un colaboracionista lituano que estaba escondido en el edificio, irrumpió en la habitación y arrestó a Wittenberg. En su camino hacia la puerta del gueto, varios miembros del FPO superaron a los lituanos y liberaron a Wittenberg, quien fue escondido en una pequeña habitación en el gueto. Los alemanes anunciaron públicamente que si Wittenberg no era entregado asesinarían a todos los habitantes del gueto. Gens apeló a la población para encontrar a Wittenberg, así sus vidas serían salvadas. Los judíos del gueto, temiendo por sus vidas y las de sus familias, interpelaron a los miembros del FPO – no era muy difícil identificarlos en el pequeño gueto – y los atacaron, los golpearon y les exigieron la rendición de Wittenberg a los alemanes. Los dirigente del FPO se vieron enfrentados con la elección de entregar a su comandante o tener que usar armas para luchar contra los judíos desesperados del gueto. Finalmente acudieron a la célula comunista del FPO, formada por dos mujeres jóvenes y un hombre, para que tomaran la decisión. La célula decidió que Wittenberg debía rendirse. Le entregaron una cápsula con cianuro y él caminó con orgullo hacia las puertas del gueto ante la presencia de la población silenciosa que acompañó su paso alineada a cada lado de la calle. Cuando llegó a la prisión, se suicidó. ¿Hay alguna manera de salir de ese dilema?  ¿Cómo juzgamos a Gens, a la población, a la dirigencia del FPO, todos los cuales, excepto Wittenberg, eran sionistas? ¿qué decimos sobre los tres miembros de la célula que decidieron sobre el destino de Wittenberg? En dos casos paralelos, uno en Minsk y otro en un pueblo bielorruso llamado Baranowicze, la resolución fue diferente. En Minsk, el Judenrat usó el cuerpo de un judío muerto en cuyos bolsillos colocaron los documentos de identidad del comandante de la resistencia, con lo cual engañaron a los alemanes y salvaron la vida del comandante. En Baranowicze, donde la población actuó de la misma manera que la de los judíos de Vilnius, el Judenrat sobornó al comandante de la policía alemana y consiguió así rescatar al miembro de la resistencia detenido. Tenemos aquí tres casos, tres dilemas. Uno terminó trágicamente, los otros dos menos trágicamente. La intención de los alemanes de asesinar a todos los judíos que pudieran encontrar era siempre igual. ¿Quién tenía razón? ¿Puede uno comparar? Esta es la historia real del Holocausto y son el tipo de historias que debieran acompañar su enseñanza. En la tradición judía le preguntaron al sabio Hillel, unos 200 años antes de la era cristiana, cómo podía resumir las enseñanzas de la Torá parado sobre un pie. Dijo: no hacerle a otros lo que uno no quiere que le hagan a uno. Esta es toda la Torá. El resto es comentario. Entonces, amigos, vayan y aprendan.

Algunos pensamientos sobre el islamismo radical - Yehuda Bauer

Yad Vashem, como saben, está dedicado a la memoria, educación e investigación del genocidio de los judíos que llamamos Holocausto o Shoá, una palabra que significa “catástrofe”. La negación del Holocausto tal como fue propuesta por el “congreso” que acaba de tener lugar en Teherán, nos ha acompañado desde el Holocausto mismo, cuando, como sabemos por testimonios de sobrevivientes, los guardias de los campos de concentración solían decir a los prisioneros que aún en el improbable caso que sobrevivieran nadie les creería. El contexto de la negación ha sido, durante los últimos sesenta años, el deseo de justificar al régimen Nacional Socialista como opuesto a los regímenes democráticos en los que los negadores han vivido y viven. Para justificar al Nazismo, uno debía negar el genocidio. Pero, desde el juicio en Londres del mayor negador occidental, el inglés David Irving y su condena por la corte británica como mentiroso, racista y antisemita, la negación del Holocausto en países occidentales se ha transformado en un fenómeno marginal. No es así en muchos países musulmanes donde se ha vuelto parte y centro de la propaganda anti occidental y, principalmente, de la propaganda anti judía. Pero la negación del Holocausto en países musulmanes está impregnada del islamismo radical y se debe comprender ese contexto si uno quiere enfrentarse a la negación y a la nueva amenaza genocida propuesta por el régimen iraní.

Hay grandes diferencias entre el Nacional Socialismo, el Comunismo Soviético y el Islamismo Radical, pero hay también algunos paralelos importantes. Los tres son o han sido movimientos religiosos o cuasi-religiosos. Incuestionablemente, la fe cuasi-religiosa en la ideología nazi era central para la existencia y políticas del régimen y fue la ideología nazi el factor central que produjo el Holocausto; el marxismo-leninismo fue un dogma cuasi-religioso que todos debían compartir en el imperio estalinista. Lo mismo se aplica al islamismo radical. El islamismo radical no es el Islam. El Islam es una religión que puede y debería ser legítimamente interpretada como un credo universal de amor a la paz. El islamismo radical, por el contrario, es un desarrollo relativamente nuevo que radicaliza las interpretaciones aceptadas del Islam. Todas estas tres ideologías aspiran o han aspirado a un gobierno mundial en una utopía apocalíptica: los Nazis soñaron con el Reich de los mil años que, con la ayuda de sus aliados establecería el dominio mundial basado en la jerarquía de las razas, con los pueblos nórdicos y la raza aria en la parte superior y el resto más abajo. No habría más judíos porque estarían todos aniquilados. La historia habría terminado como tal y se establecería una utopía de paz y prosperidad. El sueño comunista sobre la dictadura mundial del proletariado que establecería una sociedad sin clases que terminaría los conflictos y contradicciones para siempre, lo que también terminaría la historia. El islamismo radical desea la dominación mundial de Dios por medio de clérigos islámicos, lo que eliminaría los sistemas de creencia “paganos” como el hinduismo, el budismo, el sintoísmo, etc; el cristianismo, zoroastrismo y lo que pudiera quedar de judaísmo serían religiones practicadas por descreídos bajo estricto control y gobierno musulmán. Ello establecería definitivamente una sociedad justa y constituiría el fin de la historia dado que nada puede sustituir al gobierno de Dios (Alá). Las tres son, en consecuencia, utopías religiosas. Todas las utopías matan. Las utopías universales, apocalípticas, matan radicalmente.

Las tres ideologías se desarrollaron más o menos al mismo tiempo en la primera parte del siglo 20. Hitler entró al mundo de la política en 1919; la revolución bolchevique sucedió en 1917; y el primer movimiento islámico radical, la Hermandad Musulmana, fue fundada por un maestro egipcio, Hassan el-Bana, en 1928.

El nacional socialismo y el comunismo arrasaron la democracia parlamentaria y la expresión libre de opiniones políticas, y querían eliminar o someter a todos los estados nacionales bajo su gobierno directo o indirecto dejándolos como cáscaras vacías que serían llenadas con el contenido nacional socialista o comunista. El islamismo radical ve a los sistemas parlamentarios como una blasfemia porque allí las personas deciden sus leyes: pero Dios ha decretado cómo los hombres (las mujeres no cuentan como criaturas políticas) debieran ser gobernados, a través de su palabra en el Qur’an, según las tradiciones del Profeta (Hadith), y según las leyes medievales de la Shariah, el código legal islámico. El islamismo radical desea abolir todos los estados nacionales, especialmente los árabes, y sustituirlos por estados islámicos que estarán unidos en un gobierno mundial islámico. Y los tres tomaron a los judíos como su inmediato o principal enemigo: los Nazis los asesinaron; los soviéticos planearon en 1952 la deportación de todos los judíos soviéticos a Siberia, con la intención obvia de que allí murieran. El mensaje genocida del islamismo radical hacia los judíos es claro y fuerte: “Deben saber que el objetivo de matar a los americanos y judíos en todas partes del mundo es uno de los mayores deberes y de las mejores acciones preferidas por Alá….hermanos… continuemos el camino de la Jihad, nuestros objetivos son los judíos y los americanos” (Osama Bin Laden en un mensaje del 11 de febrero de 2003). Es una repetición clara del lenguaje del nacional socialismo; y es absolutamente crucial dares cuenta que cuando las ideologías radicales expresan lo que creen los fanáticos, estos actuarán sus creencias tan pronto como puedan. El Sheikh Abd Al-Rahman Al-Sudayyis, el imán de la mezquita más importante del mundo musulmán, la mezquita Al-Haram de la Meca, declare en 2002: “Leed historia y comprenderán que los judíos de ayer son los padres malignos de los judíos de hoy, sus descendientes maléficos, infieles, tergiversadores de la palabra de Dios, adoradores de becerros, asesinos de profetas, negadores de profecías…la escoria de la raza humana a la que Alá maldijo y transformó en monos y cerdos”. Los predicadores por todas partes, aún en Bagdad durante el régimen secular de Saddam Hussein, citaron una tradición muy popular que dice que antes del Día del Juicio, los musulmanes pelearán con los judíos y los matarán. Dice la tradición, el hadith, que en su búsqueda de refugio los judíos se esconderán detrás de piedras y árboles, pero las piedras y los árboles gritarán, “Oh, musulmán, oh siervo de Dios, un judío está escondido detrás de mí. Ven y mátalo.” No se trata de un llamado a atacar a Israel, o una declaración respecto de Palestina. Esto es incitación al genocidio, y podría hacer pilas y pilas de citas de este tenor dado que fue difundido largamente durante los últimos tres o cuatro año. Nuestro problema es que la ideología del islamismo radical se cuela en el discurso principal islámico y los regímenes de muchos países musulmanes temen contradecir esta tendencia. Pero debiéramos recordar el artículo III de la Convención para la Prevención y Castigo del crimen de genocidio de las Naciones Unidas de 1948, ratificado en 1951, que dice que “la incitación directa y pública a cometer genocidio” es punible como crimen genocida..

Las enseñanzas principales de la Hermandad Musulmana se desarrollaron a lo largo del tiempo y fueron difundidas por todo el mundo. El ideólogo más importante fue Sayyid Qutb, un oficial egipcio que escribió en 1950 un panfleto contra los judíos al estilo de el Stuermer, que es la base de la propaganda anti judía actual. Sucedió, de paso, diecisiete años antes que Israel ocupara la Franja de Gaza y Cisjordania. Por ello me resulta ilusorio pensar que un acuerdo en el conflicto israeli-palestino desarmará automáticamente al islamismo radical. Sin embargo, no hay dudas de que el conflicto sirve como disparador de la ideología radical y anti-civilizacional, y que una negociación Israeli-palestina ayudaría a luchar en contra del islamismo radical aunque, como Bin Laden y otros repiten, el tema principal permanecería: vencer a las civilización occidental y a la civilización oriental asiática.

El antisemitismo radical islámico es una parte central de la ideología; pero este antisemitismo no surgió del islam. Es cierto que los judíos –y los cristianos – han sido y son discriminados en las sociedades islámicas, y que deben someterse a ser ciudadanos de segunda o tercera categoría. Solo los musulmanes son miembros a pleno de tales sociedades. Sin embargo, judíos y cristianos fueron, al menos históricamente, grupos cuya existencia física, cultural, religiosa y social estaba protegida y que tuvieron la posibilidad de auto gobierno interno. Esto no significa que los judíos no hubieran sido perseguidos en ciertos momentos o que no haya habido matanzas; pero eran raros comparados con las persecuciones a las que fueron sometidos los judíos en la Europa cristiana. El antisemitismo moderno islámico no surgió en el mundo islámico, fue introducido en él por los poderes coloniales europeos como parte del paquete cultural con el que dominaron al mundo musulmán. Se transformó en un factor central para moldear la posición anti-occidente de los insatisfechos intelectuales musulmanes. Estos intelectuales y en el despertar de sus elites gobernantes, se enfrentaron con el hecho de que ochocientos años atrás el Islam fue la civilización más avanzada de occidente mientras que la Europa Cristiana era una frontera bárbara. En en los siglos XIX y XX, la Europa Cristiana y América han conseguido una revolucionaria superioridad tecnológica que les ha permitido, en efecto, conquistar el mundo. Las sociedades musulmanas, con algunas excepciones, se transformaron en zonas postergadas gobernadas directa o indirectamente por extranjeros. Los musulmanes progresistas lo vieron como un desafío que debía ser encarado aprendiendo de occidente y adaptando sus conceptos a las tradiciones islámicas. Pero los islámicos radicales frustrados por la realidad que vivían, lo interpretaron de otro modo: estamos postergados y sujetos a la humillación de gobiernos y culturas extranjeros porque no hemos obedecido la palabra de Dios. Las enseñanzas de las religiones islámicas eran interpretadas por ellos de la manera más radical posible. Si, como dijeron y dicen hoy, obedecemos el deseo de Dios como ha sido manifestado en las sagradas escrituras islámicas y según han sido interpretados por los radicales, Dios nos garantizará la victoria sobre occidente y nos hará posible dominar al mundo. Occidente, dicen, está gobernado por los judíos – una réplica exacta de la propaganda nazi y soviética. Puede verse en la última carta del presidente iraní enviada al presidente de los Estados Unidos, donde acusa a los judíos de controlar todo lo que es valioso en US. Los judíos, y no solo Israel, el colectivo judíos, son la punta de lanza del imperialismo occidental y debe ser destruido. Por primera vez desde la 2° guerra mundial, los judíos, están, nuevamente, amenazados por un genocidio. Debemos recordar: la ideología radical islámica no es mera propaganda diseñada para alcanzar objetivos políticos; creen en lo que dicen y tienen toda la intención de actuar según sus creencias si tienen la oportunidad de hacerlo.

El sentimiento de frustración que determinó la perspectiva radical se opone también a las sociedades del este asiático que están peleando por el Liderazgo con los euro-americanos. Japón, China, Corea del Sur, Singapur y ahora India, son o están siendo líderes en las economías y sociedades de nuestro mundo. Los EEUU no son ya el único super poder. Y Malasia, Túnez y mañana Indonesia, son sociedades musulmanas que están a punto de competir con la dominación occidental. Pero el hecho de que partes del mundo musulmán está poniéndose al día no cambia al islamismo radical porque, como sabemos, la ideología persiste aún cuando las bases de las que emerge cambien. El peligro de esta ideología asesina mundial estará con nosotros a pesar de estos cambios.

La negación del Holocausto es una parte integral de esta ideología. Son dos las argumentaciones que se exponen: una, que el Holocausto es un mito. La otra, que Israel fue creada por occidente debido a sentimientos de culpa respecto del Holocausto y que los palestinos y todo el mundo musulmán fue creado para sufrir a causa de los pecados de los europeos. El hecho de que las dos argumentaciones se contradicen una a la otra no importa. De la enorme cantidad de declaraciones de este tenor, permítanme citar solo un par: el Dr. Rif’at Sayyed Ahmad, del diario al Liwaa al-Islam de El Cairo, una publicación del Partido Nacional Democrático que gobierna, escribió el 24 de junio de 2004, sobre “la mentira sobre la incineración de judíos en los hornos nazis. Cuando estos medios”, escribió, “fueron examinados científicamente, se probó que no era verdad.” En Irán, el Ayatollah Ali Meshkini, cabeza de la Asamblea de Expertos en Qom, dijo el 17 de diciembre de 2005, que “los sionistas… inventaron un reclamo falso. Dijeron que Hitler, los alemanes, los austríacos, quemaron a seis millones en los hornos crematorios…Intentaron convencer con mucha convicción al mundo que este tema, esta mentira, era verdad..No estoy seguro se la palabra holocausto viene del hebreo o del francés, pero significa quemar seres humanos en los crematorios.” El presidente iraní dijo, como todos sabemos, que el Holocausto era un mito, pero aún cuando fuera verdad, y él no cree que lo sea, por qué deben pagar los palestinos y los musulmanes por lo que pasó en Europa. Podemos decir que no solo los islámicos radicales creen que Israel es el resultado del Holocausto; otros, incluso muchos judíos, también lo creen. Pero es una falsedad demostrable. Antes de la 2° guerra mundial había una enorme presión para que millones de judíos entren en Palestina. Fueron asesinados lo que determine que la oportunidad de crear un Estado Judío se hiciera remota. Los sobrevivientes judíos, un cientos de miles, indudablemente fueron un factor central en la lucha por la independencia de los judíos en Palestina. Si la guerra hubiera continuado uno o dos años, no puede dudarse de que pocos judíos hubieran sobrevivido y en consecuencia la oportunidad del establecimiento de Israel habría sido nula. El Holocausto casi elimina las esperanzas de un Estado Judío. Los británicos se oponían al Estado Judío. También el presidente Truman y el Departamento de Estado. Pero la presión de los norteamericanos judíos y no judíos por igual causó el cambio de las políticas norteamericanas. El Holocausto no tuvo nada que ver con las políticas norteamericanos entonces. El establecimiento de Israel se motivó por factores completamente diferentes. La negación del Holocausto, en sus dos formas, se basa en consecuencia en declaraciones contra-fácticas. Es una parte de la ideología radical en el mundo musulmán que se opone a los musulmanes liberales y que amenaza no solo a los judíos sino a la civilización como tal.

La diferencia principal entre las tres ideologías totalitarias es que el islamismo radical es un movimiento difuso. Bin Laden es importante aún cuando no esté vivo o activo, y su segundo, el pediatra egipcio Ayman el-Zawahiri, aún más. Pero no es un dictador y el movimiento está descentralizado. Desde su punto de vista esto es mucho mejor porque cualquier radical, sea cual fuere su contexto étnico, encontrará una bienvenida cálida en células islámicas en cualquier punto del globo, en base el fanatismo religioso compartido. Hay diferencias dentro del movimiento por cierto: dentro de las sociedades mayoritarias sunnitas, el régimen islámico que gobierna Sudan tiene una composición diferente de los grupos de El-Qaida grupos en Iraq, aunque la ideología básica es la misma. Hay según sabemos una seria división entre las formas islámicas sunnita y shiita y también dentro del islamismo radical. Sunnitas y shiitas sostienen una batalla amarga y asesina en Iraq. El Shi’a radical iraní no es tan anti-nacionalista como la versión sunnitas, y el islamismo radical allí se combina con el plan para construir un imperio nacionalista. Irán busca el control del golfo pérsico contra los sunnitas mediante la combinación de medios políticos, económicos y militares como parte del objetivo islámico de gobernar el mundo, controlando las fuentes de energía de las que depende el resto del mundo. Pero cuando se trata de lo básico, las divergencias se superan como podemos ver por la recepción entusiasta de los líderes del Hamas sunnita en Teheran. El contacto directo entre Iran y Hezbollah es bien conocido. La mente maestra de Hezbollah, Imad Mughniyeh, trabajo desde el interior del Ministerio Iraní de Inteligencia y Seguridad y las unidades de al-Qods (o: Jerusalén) dentro del Servicio de Seguridad Iraní, el Pasdaran. Mughniyeh fue la persona responsable de la bomba de 1992 en Buenos Aires. En Beirut, el Consejo o Shura de Hezbollah, está formado por siete miembros y cuenta con la presencia regular de dos iraníes de Beirut y Damasco. Hamas, que es sunnita por supuesto, tenía un representante permanente en Irán en la persona de Osama Hamdan, que es ahora el representante de Hamas en Beirut y coordinador de la rivalidad del Hamas sunnita y el Hezbolla shiita. La rivalidad sunni-shiita es real y a menudo asesina. Pero cuando se trata de atacar a occidente, y especialmente a los judíos, lo pueden superar.

Una lucha exitosa contra el islamismo radical, aparentemente, solo puede ser conseguida con una alianza con los musulmanes anti-radicales porque son los blancos inmediatos de los islámicos radicales; son vistos como herejes que deben ser eliminados. Se sugiere un acercamiento cuádruple: uno, la propaganda masiva no contra el Islam sino contra el islamismo radical junto a musulmanes moderados, que los hay por millones; segundo, medidas socio-económicas dirigidas hacia los musulmanes comunes que no sean administradas por los regímenes actuales corruptos y autoritarios en casi todos los países musulmanes; tercero, alianzas políticas con fuerzas musulmanas y no musulmanas en todo el mundo dirigidas explícitamente contra los movimientos islámicos radicales; cuatro, el uso de la fuerza siempre que sean identificados los objetivos pero solo como última alternativa a ser evitada siempre y donde fuera posible. Usualmente, aunque no siempre, el uso de la fuerza es contraproducente.

Muchos europeos y otros creen que si no cooperan con los que se oponen al islamismo radical evitarán ser atacados. Es el mismo error trágico que similares personas bien pensantes hicieron frente a los nazis y a los comunistas en su tiempo: hoy todos somos los objetivos; y si los radicales triunfan al vencer a alguno de nosotros, seguirán con otro. Estamos todos en el mismo barco. Deberíamos forjar un frente unido contra este peligro existencial, genocida y universal porque señalan como blanco primero a los judíos y a los norteamericanos, pero luego seguirán todos los demás.

Traducción: Diana Wang

Conferencia pronunciada por el profesor Yehuda Bauer en Jerusalén 2007, durante el encuentro de sobrevivientes realizado el pasado noviembre. Original en inglés.

El Holocausto en su contexto europeo

Disertación de Yehuda Bauer, presentada en el
Congreso Internacional “El Holocausto: recordación y lecciones”,
4–5 de julio 2006, Riga, Latvia
en el Aula Mayor de la Universidad de Latvia
Traducción: Diana Wang

Permítanme por favor, de antemano, ubicar firmemente el carro ante el caballo y presentar ante ustedes la justificación de esta disertación y, en un sentido, también su conclusión. El Holocausto – Shoá – debe ser visto en sus diferentes contextos. Uno de los contextos es el de la historia judía y la civilización, otro es el del antisemitismo, otros es el de la historia de Europa, del mundo y de la civilización. Hay otros dos contextos y son muy importantes: el contexto de la Segunda Guerra y el contexto del genocidio, y están conectados. Obviamente, sin la guerra, es improbable que hubiera sucedido el genocidio de los judíos y los desarrollos de la Guerra fueron decisivos en el devenir de la tragedia. Recíprocamente, se reconoce en la actualidad de manera creciente que mientras se deben comprender los elementos militares, políticos, económicos y sociales así como fueron evolucionando durante el período, el corazón de la Segunda Guerra, por decirlo de algún modo, su centro en el sentido de su impacto masivo sobre la cultura y la civilización, fueron los crímenes nazis y primero y primordial el genocidio de los judíos que llamamos el Holocausto o la Shoá. El otro contexto que propongo acá es el del genocidio – repito, obviamente, el Holocausto fue una forma de genocidio. Si es así, la relación entre el Holocausto y otros genocidios o formas de genocidio es crucial para la comprensión de esta tragedia particular y de sus aspectos específicos y universales. Luego, discutiremos un triángulo de contextos con la Shoá en el centro y el Segunda Guerra y el genocidio como los escenarios necesarios sin los cuales la comprensión de la Shoá sería difícil de lograr. Esta es mi disertación.

Raramente nos preguntamos ¿por qué la Segunda Guerra Mundial se produjo, no cómo, sino por qué? Usualmente nos ocupamos de cómo sucedió, qué preparativos se hicieron, quién hizo qué y cuándo. Es claro que la Alemania nazi inició el conflicto y hay unos pocos, algo ingenuos, que argumentan que el ataque de Alemania a Polonia fue por el tema del corredor polaco de Danzig o por el deseo de recuperar los territorios perdidos por el Tratado de Versalles. ¿Por qué la dirigencia alemana quería la Guerra contra todos los deseos de la población alemana? El peso de la documentación me parece indicar que el motor fue puramente ideológico. El movimiento nazi llegó al poder decidido a la expansión y la conquista basado en una ideología racial. Veía a la guerra como el estado natural de la sociedad humana. Se rebeló en consecuencia contra el legado del iluminismo aunque era un hijo ilegítimo, si puedo usar el término, del mismo. Pero para el ciudadano común alemán, la primera prioridad era salir de las terribles condiciones económicas de Alemania. Y en esto los nazis tuvieron éxito. La recuperación económica de Alemania fue el resultado, en primer lugar, del ascenso desde el fondo de la depresión, un ascenso que empezó antes del acceso del nazismo al poder; en segundo lugar, el resultado de sobornos masivos a las masas alemanas mediante el aumento de las pensiones y sueldos reales pagados por el déficit financiero. Aunque podrían haber aumentado aún más los salarios pero no lo hicieron para poder solventar el rearme. El rearme los llevó al borde del colapso financiero a pesar del mejoramiento general de la economía y pudieron salir de ello cuando las cosas se pusieron verdaderamente mal en 1937–8, por medio del robo de la propiedad judía como lo mostró Goetz Aly en su reciente libro Hitlers Volksstaat. Enfrentados con serios obstáculos económicos que resultaban de los imperativos de su ideología expansionista, su forma de salir fue incrementando la radicalización en una carrera hacia la guerra y la conquista. Ocuparon otros países no para evitar un colapso económico, sino que consiguieron continuar económicamente a flote explotando impiadosamente a los países conquistados como a aliados, y de hecho pagando por la guerra mediante el robo flagrante de todos sus posibles recursos. El primer objetivo de esta política eran los judíos. Sin embargo, el robo a los judíos no fue la razón del Holocausto. El exterminio de los judíos, aunque implícito previamente -no explícito, en todo caso una parte de la ideología desde el principio mismo-, fue uno de los resultados principales de la ideología y de su implementación. Primero robaron a los judíos y luego los mataron: el antisemitismo era un elemento central en la cosmovisión que propulsaba al régimen. El otro aspecto importante de la ideología nazi era la expansión. ¿Por qué este empecinamiento en la expansión? ¿Acaso la recuperación social y económica de Alemania dependía de la conquista? Difícilmente. Entre 1936–8, ya se estaba saliendo de la crisis económica, el desempleo había dado un respiro, se había conseguido parcialmente la estabilidad social, y el abocarse al rearme y a las preparaciones de la Guerra causaron la crisis de 1937–8. Alemania no necesitaba una guerra para mantener un crecimiento sólido. No precisaba ocupar Europa oriental para obtener granos o materia prima puesto que producía bienes elaborados que podían ser fácilmente canjeados por cosas necesarias. Ciertamente no precisaba tampoco de ningún territorio. La Alemania de hoy, un país más pequeño que el de 1937, con una mayor población, no solo no precisa exportar gente superflua, sino que precisa constante inmigración para mantener su nivel de vida. El hambre de territorio era un postulado ideológico, la expansión una quimera, la guerra materialmente inútil. Repito: desde una perspectiva racional alemana, se produjo una guerra sin sentido, debida a la ideología y no a necesidades pragmáticas. El antisemitismo fue un componente ideológico central para la guerra con sus 35 millones de víctimas o más en Europa que resultó en la destrucción de gran parte de ese continente. ¿Cuán central era el antisemitismo? Creo que lo era y mucho. Estaba alimentado por el carácter casi religioso del Nazional Socialismo que prometía la redención y un Reich de mil años que sería traído por el Divino Mesías, la imagen de Jesús de carne y sangre, Adolf Hitler. La lucha por la felicidad eterna sería conducida contra Satanás y sus seguidores, y Satanás era el judío, el estereotipo del judío. La idea fue comprendida con facilidad por las masas alemanas puesto que derivaba del antisemitismo cristiano que nunca había sido genocida pero que constituyó la fuente de la variación nazi contrariando las declaraciones de nuestros amigos católicos. Así como yo lo leo, el deseo de forzar la emigración de los judíos de Alemania en los años treinta, hacia Polonia a fines de 1939, a Madagascar en 1940 y al Ártico soviético a comienzos de 1941 y luego el genocidio mismo, eran parte del deseo de exorcizar al demonio desde el interior del Pueblo Elegido, es decir los pueblos nórdicos y la raza aria. Los métodos, el timing, las etapas en las que estas políticas se desarrollaron fueron determinadas por consideraciones pragmáticas. El objetivo, sin embargo, era completamente no-pragmático y, como ya se mencionó, puramente ideológico. Luego, la existencia de guetos, por ejemplo en Bialystok y Lodz, era muy importante para la máquina de guerra alemana y era apoyado por oficiales nazis locales. En contra de toda la lógica del capitalismo moderno y de la efectividad costo-beneficio, los guetos fueron aniquilados por órdenes de las oficinas centrales de Berlín, persiguiendo objetivos ideológicos. Son legión los ejemplos de este tipo. Este carácter no-pragmático del genocidio de los judíos es uno de los elementos que diferencia a éste de otros genocidios. Otros elementos fueron la totalidad, es decir el deseo de aniquilar a cada uno de los judíos definidos como tales por los Nazis (obviamente ningún Satanás podía ser dejado suelto por ahí si el proyecto del Pueblo Elegido Nazi debería tener éxito); la universalidad, es decir la idea, desarrollada en etapas, era que los judíos deberían ser tratados en todas partes igual a como eran tratados en la Nueva Europa; y el hecho de que los nuevos métodos y los nuevos usos de los medios tecnológicos modernos para asesinar a millones fueron generados dentro de una sociedad civilizada y culta en el centro de Europa. Entonces, gasear y quemar judíos no era solo pragmáticamente más eficiente que matarlos en fosas con armas de fuego como se hizo en las zonas previamente ocupadas por los soviéticos, sino que era un paralelo simbólico al exorcismo practicado por los autos de fe en la Península Ibérica cientos de años antes. En ambos casos, las personificaciones de Satanás fueron exorcizadas por el fuego. El antisemitismo y el deseo de conquista y dominio no solo de Europa sino finalmente, con la ayuda de aliados, del mundo entero, eran los dos pilares mutualmente complementarios del proyecto nazi. Complementariamente, el Dios Nazi solo podría triunfar si el Satanás Judío era derrotado y aniquilado. En consecuencia, el antisemitismo era una de las causas principales de la muerte de incontables víctimas no-judías en la Segunda Guerra Mundial y la devastación de una gran parte de Europa. Es claro para todos, creo yo, que la Shoá fue un genocidio y como tal no solo puede sino que debe ser comparado con otros genocidios. Solo entonces podemos decir si fue diferente y en qué medida. Para la mayoría de la gente, creo, la unicidad significa una cosa que solo sucede una vez. Si esto es lo que fue la Shoá, entonces nunca más debería suceder, contra nadie; se volvería irrelevante entonces para el presente y para el futuro y si esto es así podemos relegarlo con seguridad a homenajes litúrgicos anuales, a memoriales y a la declamación de clichés gastados, como gustan hacer nuestros políticos. Más que eso: cada hecho histórico es único, cada persona y su trayectoria son únicos. Si el Holocausto fuera único en ese sentido, sería entonces como cualquier otro hecho en la historia humana, no diferente de la unicidad del Imperio Británico, de las guerras napoleónicas, de los sucesos en India bajo los Moghuls: paradójicamente entonces, la Shoá sería como cualquier otro evento histórico, achatado, abaratado, nada digno de mención. La unicidad lo transforma en su contrario, en la total trivialización. No, la Shoá no fue única. No tuvo precedentes; un genocidio como éste nunca había sucedido antes. Pero puede, y en cierta medida lo fue, ser un precedente. Puede pasar otra vez, a los judíos o a otros, perpetrado por cualquiera a cualquiera; seguramente no exactamente del mismo modo, pero de maneras paralelas y aproximadamente similares. El Holocausto tuvo, como dije, varios contextos. El contexto del antisemitismo, que fue su causa principal; los contextos de la historia judía, de la historia europea y mundial, del racismo y el genocidio. En la Segunda Guerra Mundial, la Alemania Nazi quería destruir el liberalismo, la democracia, el pacifismo, el socialismo, el conservadorismo, la cristiandad, todas las cosas que llamamos imprecisamente la Civilización Occidental. La guerra de Alemania fue para limpiar el camino rumbo a la conquista de Europa como un todo y luego, con aliados,del mundo entero. Un nuevo sistema de valores sería impuesto a la humanidad, una jerarquía racial encabezada por los pueblos nórdicos y la raza aria, y el resto ubicados en un orden jerárquico inferior. No los judíos porque todos los judíos estarían para entonces aniquilados. Este mundo racista era una utopía completamente novedosa. La humanidad ha experimentado incontables intentos de substitución de una religión por otra, de destrucción de una nación o imperio por otro, o de una clase social por otra. En la Revolución Francesa la burguesía desplazó a la aristocracia; de modo que la original ideal del comunismo, antes de que se convirtiera en la ideología del régimen imperialista soviético, es decir el intento de reemplazar a la burguesía por la clase obrera, no era realmente novedosa. Pero el nazismo era una novedad; el establecimiento de una jerarquía racial era una completa novedad, aunque sabemos hoy que las razas no existen porque todos provenimos originariamente del este de África según ha sido probado por las investigaciones del ADN. El nazismo fue, en consecuencia, un intento verdaderamente revolucionario, posiblemente el único realmente revolucionario en los últimos doscientos años. Este intento revolucionario fue dirigido contra la civilización occidental. Los judíos eran el símbolo de la civilización por las enseñanzas morales que habían producido. Después de todo, la base cultural de la moderna civilización occidental era la Biblia y para los cristianos tenía dos partes: el Viejo y el Nuevo Testamento, escritos ambos en gran medida por judíos. Había lógica en la ideología nazi: si se quiere destruir la tradición occidental hay que empezar con la aniquilación de sus fundadores, es decir, los judíos. En este contexto ¿dónde entra el genocidio? Está, por supuesto, la muy problemática definición de genocidio de la Convención de 1948 que fue ratificada por la mayoría de los gobiernos del mundo. La definición, como todos ustedes saben, habla de un intento de eliminar como tal a un grupo étnico, nacional, racial o religioso, parcial o totalmente, y enumera cinco maneras en que los perpetradores lo hacen: matando miembros del grupo; causando serio daño mental o físico al grupo; creando condiciones de vida que impiden la existencia del grupo; impidiendo nacimientos de miembros del grupo designado y secuestrando niños del grupo designado. No está claro si deben ser cumplimentadas todas estas condiciones o solo una o dos, para que el asesinato sea llamado genocidio. No está claro cuándo una matanza masiva se vuelve un genocidio. Es en vano hablar de secuestros o de impedir nacimientos cuando todos los miembros de un grupo son el blanco, como fue en la Shoá, cuando todas las mujeres y los niños serán asesinados de igual manera. También es difícil ver a la gente arreada dentro de las cámaras de gas como creando condiciones de vida que impiden la existencia de las víctimas. Y, en la Shoá, no fueron designados ciertos miembros del grupo sino todo el grupo, todos. En el caso de Ruanda fue igualmente problemático. Hutus and Tutsis no son grupos étnicos, hablan el mismo idioma, tienen la misma cultura y son miembros de las mismas categorías religiosas. Las diferencias eran originalmente diferencias de clase y fueron exacerbadas por misioneros europeos y colonialistas que introdujeron una terminología racista básica. Hablando estrictamente, la idea de la tragedia ruandesa como un genocidio podría ser desafiada. Pero fue sin duda un genocidio, en consecuencia es su definición lo que está equivocado. En relación a genocidios previos al siglo XX no hay investigación histórica de la que valga la pena hablar, aunque es indudablemente claro que el tratamiento de los indígenas americanos en todo el continente americano, fue genocida. Así fue el caso de la destrucción de Cartago. Necesitamos herramientas analíticas más afiladas que las provistas por la Convención de 1948, para llamar genocidio a un genocidio cuando lo vemos. La razón por la que la Convención es tan problemática es porque fue un producto del regateo entre Occidente y el bloque soviético, no un resultado de una discusión académica. Por insistencia soviética, el asesinato masivo por razones políticas, que hoy llamamos politicidio, fue excluido, obviamente porque en caso contrario la URSS podría haber sido acusada de genocidio. Fueron incluidos grupos religiosos aunque hay una diferencia básica entre ellos y los grupos étnicos. Las fidelidades religiosas, al menos teóricamente, aunque no siempre de hecho, son un tema de elección. Los judíos europeos y los de países musulmanes amenazados de muerte en el período pre-moderno, podían optar por la conversión y salvar sus vidas, aunque no siempre. Pero si uno nació judío, alemán, ruso, árabe o chino, está pegado a su etnicidad porque después de haber nacido es tarde para elegir progenitores. No hay lógica en incluir grupos religiosos y no políticos en la definición de genocidio porque, al menos en teoría, uno puede elegir su pertenencia política. Por cierto, millones de buenos comunistas se transformaron en buenos nazis en la Alemania nazi y luego muchos buenos nazis se transformaron en buenos comunistas nuevamente en la Alemania Democrática de la posguerra. El asesinado masivo político o politicidio, es una forma de asesinato masivo genocida. Al final, este rondar definiciones, tan caro a los académicos, no tiene mayor sentido a menos que nos mantengamos adheridos a la definición de la Convención y la ventaja es, por supuesto, que se ha vuelto parte de una ley internacional aunque nunca fue usada para la prevención de ningún hecho genocida desde 1948. Sin embargo, deberíamos recordar que nuestras definiciones son abstracciones de la realidad y la realidad es mucho más complicada de lo que pueden ser nuestras definiciones y más que tratar de encajar a la realidad en la abstracción, deberíamos adaptar nuestras definiciones a la realidad. La realidad es que los humanos son los únicos mamíferos que se matan los unos a los otros en grandes números porque ello es posible obviamente por su constitución psicológica. La prueba de ello se ve en todas nuestras leyes que convierten en ilegal al asesinato. Si no hubiera una inclinación al asesinato no sería necesario hacer leyes en su contra. La razón de esta inclinación, o instinto básico, es, como nos dicen algunos psicólogos, el deseo de defender a los que nos son cercanos y al territorio necesario para protegerlos de la rivalidad, invasión y otros peligros reales o imaginarios. Somos mamíferos territoriales y predatorios. Si es así, surge la pregunta de si hay una manera de detener los asesinatos masivos y los genocidios. Las perspectivas no son de color rosa. Hace unos años, el sociólogo norteamericano Rudolph J. Rummel estimó que el número de víctimas civiles de movimientos estatales y políticos en los primeros 87 años del siglo veinte – las fechas fueron elegidas arbitrariamente- fueron 169 millones mientras que en el mismo período murieron 34 millones de soldados. El período incluye las dos guerras mundiales y se ve que murieron cuatro veces más civiles que soldados. 38 millones de los 169 millones de civiles murieron en genocidios, según la definición de la Convención y de entre ellos, casi 6 millones murieron en la Shoá. Rummel, quien mientras tanto aumentó considerablemente sus estimaciones, llama democidio al asesinato de civiles o el asesinato de pueblos, lo que incluye todos los asesinatos masivos y los genocidios según la Convención. Los expertos tienen problemas con los números de Rummel. Pero incluso si estuviera diez o veinte por ciento o aún más lejos de la cifra real, no es realmente relevante; el cuadro general no cambia: los asesinatos masivos de civiles siguen ininterrumpidamente. Sin embargo, así como se puede decir que los asesinatos masivos nos han acompañado desde tiempo inmemorial y probablemente antes también, también se puede decir lo contrario, es decir que el sacrificio generoso por otros nos ha acompañado también. El anhelo de muerte y el anhelo de vida son ambos, aparentemente, parte de nuestra constitución básica. En el mundo real así como en el mundo imaginario de la literatura que lo refleja, ambos tienen una existencia paralela. Los justos, y ello incluye comunidades enteras, aún comunidades enteras como los daneses, salvaron judíos; justos turcos y kurdos salvaron armenios durante el genocidio armenio: justos hutus salvaron tutsis en Ruanda. A menudo esas actividades determinaban el auto-sacrificio para un total desconocido. Es este otro polo de nuestro ser mental e instintivo que hace que la acción contra el genocidio seas una perspectiva realista, aunque difícil y tal vez remota. No hay duda de que vivimos en un mundo pequeño amenazado por la auto-destrucción humana posibilitada por adelantos tecnológicos. Tales amenazas incluyen no solo genocidios sino también luchas de poder entre naciones armadas con armas de destrucción masiva, desastres ecológicos creados por la interferencia humana con la naturaleza y epidemias contra las que no hay cura conocida. También, y de central importancia, la distribución desigual de la riqueza crea sufrimiento masivo y rebeliones sociales y políticas. Los genocidios, por tanto, no son el único gran problema que los humanos hemos creado para nosotros mismos. Y, por supuesto, debemos recordar siempre que la raza humana comenzó su crecimiento meteórico no hace unos pocos miles de años como dice la Biblia, sino medio millón o un millón de años atrás, y que su presencia en este planeta está limitada en el tiempo. Más temprano o más tarde desapareceremos luego de haber terminado nuestra carrera, por decirlo de alguna manera. Con nosotros, desaparecerán nuestras culturas, nuestros logros y fracasos, nuestro Dios o Dioses, nuestros beneficios nuestras esperanzas y nuestras vanidades. Pero lo que deseamos, creo, es que ello sucede más bien tarde que temprano. Los avances tecnológicos han sucedido no solo en armamentos sino también en otros campos que nos amenazan. Los científicos sociales de EEUU han desarrollado modelos sociológicos y politológicos basados en un gran número de variables que posibilitan una evaluación realista de los desarrollos genocidas. Es posible hoy identificar lugares del mundo donde el asesinato masivo puede tener lugar a menos que algo sea hecho para evitarlo. Esto ha llevado al desarrollo de modelos de advertencia precoz que nos permite predecir, con un buen grado de precisión, que dentro de un relativo período de tiempo corto tales amenazas pueden convertirse en una destrucción masiva real de vidas humanas. Habría sido absolutamente imposible predecir el Holocausto con estos medios, lo que nos coloca nuevamente en la situación del Holocausto como un caso especial. Ninguna predicción fue necesaria en los casos de Ruanda o Darfur. En estos como en otros casos no basta con la predicción, es preciso la decisión política que impida los desarrollos genocidas. En la actualidad algunos gobiernos así como las Naciones Unidas disponen de tales medios predictivos. En el congreso de prevención de genocidios de Estocolmo, el 27 de enero de 2004, sugerí cuatro tipos de lo que puede llamarse hechos genocidas: uno, genocidios según la definición de la Convención; dos, politicidios, es decir, asesinatos masivos con motivaciones políticas, económicas y sociales; tres, limpieza étnica cuando el propósito es la eliminación de un grupo étnico como tal; cuatro, ideologías globales genocidas que predican propaganda homicida y prácticas de asesinatos masivos tales como el islamismo radical de hoy y el nazional socialismo y el comunismo en el pasado. El Dr. Juan Mendez fue designado hace dos años como Consejero Especial en la Prevención del Genocidio para la Secretaría General de las Naciones Unidas. No vemos aún la paz mundial pero en el futuro tal vez se puedan lograr algunos pequeños pasos hacia la reducción de los peligros. No creo en utopías: aplicando en otro sentido la famosa cita de Lord Acton, las utopías siempre matan y las utopías radicales tales como el nazismo, el comunismo, los nacionalismos, los extremismos religiosos y similares, matan radicalmente. Tampoco creo en consecuencia en un mundo bueno o en la llegada terrenal de un Mesías celestial que nos salve de nosotros mismos. Creo y espero que con mucha suerte y mucho trabajo, podamos hacer del mundo en el que vivimos un lugar un poquito mejor de lo que es ahora. Vale la pena invertir la propia vida en tratar de hacerlo. ¿Cuáles son las opciones? Debemos ver las opciones no solo en textos eruditos, aunque los tengamos como bases necesarias, sino viendo a la realidad en la forma de los problemas terribles que enfrenta el mundo con los genocidios presentes y futuros. Hoy significa que debemos discutir Darfur, un claro genocidio aún según la Convención, y debemos discutir la relación entre Darfur y los genocidios que lo precedieron y los que lo continuarán, como seguramente sucederá. ¿Qué se puede hacer acerca de Darfur? El Consejo de Seguridad de las UN resolvió enviar tropas. Pero eso se tomará varios meses, el mandato de las tropas no es claro y los países miembros son reticentes al envío de voluntarios y de dinero. Lo que es aún más importante, la misión de las Naciones Unidas ha sido condicionada por el acuerdo con el régimen genocida de Khartoum, acuerdo que por supuesto no será conseguido. Si la misión se lleva a cabo, el propósito no será impedir el genocidio en Darfur porque el genocidio ya está sucediendo, sino detenerlo. Para la prevención de hechos genocidas como el de Darfur, los académicos están trabajando en lo que llamamos caja de herramientas, es decir, una serie de medidas no-militares graduales a ser implementadas en situaciones con amenazas de genocidios antes de que sucedan, e intervenciones armadas posibles para detenerlo si ya ha sucedido. Pero aún si disponemos de una caja de herramientas como esa, la cuestión crucial real será la presión sobre el mundo político. ¿Qué hacemos para ayudar a crear la voluntad política que detenga los asesinatos masivos? Tal vez para nuestra sorpresa, descubrimos que los académicos tienen realmente más poder de lo que piensan. La idea general es la creación de coaliciones de grupos de presión que produzcan propuestas prácticas, con campañas en los medios y acciones similares y que influenciará a gobiernos y políticos comprensivos. ¿Tendrán éxito? No tengo la menor idea. Todo lo que sé es que debemos intentarlo. ¿Cuál es la conexión entre Darfur, Ruanda y el Holocausto? ¿y por qué debemos tomar al Holocausto como el caso paradigmático y no algún otro suceso genocida como la vara para la comparación? Tanto comentadores como políticos comparan constantemente a Darfur con Ruanda. También comparan a Ruanda con el Holocausto como el genocidio paradigmático. Es, creo yo, irrelevante que estas comparaciones sean impropias. Claramente, tanto Ruanda como Darfur fueron o son causadas por desarrollos que se podrían llamar pragmáticos: el deseo de poder o de territorio, contrariamente al Holocausto. Pero son el mismo tipo de acciones humanas que en el Holocausto: asesinato masivo de un grupo designado como víctima, lo que hoy llamamos genocidios o sucesos genocidas o asesinatos masivos genocidas. El motivo, creo yo, para ver al Holocausto como un nivel comparativo, sean o no válidas las comparaciones, es la lenta, a menudo inadvertida conciencia del hecho de que el Holocausto fue la forma más extrema de la enfermedad que atormenta a la raza humana, una dolencia que es un peligro para la existencia misma de la humanidad –no solo el peligro, como dije, sino un muy serio peligro- y el Holocausto se ha vuelto el paradigma de las amenazas genocidas generales. En la actualidad, apenas pasa una semana sin la publicación de una obra literaria, de una pieza artística creada, de una partitura musical y de un sinfín de investigaciones en todos los campos de las humanidades y las ciencias sociales en relación al genocidio de los judíos. Debido a la paradigmática cualidad de la Shoá, parece probable que ello continúe. Tampoco es un tema el ocuparse del pasado reciente. Los judíos están hoy, por primera vez desde 1945, amenazados otra vez, abiertamente, por la ideología islámica radical, cuyos mortíferos tentáculos deben ser tomados más seriamente que lo que fueron los nazis, desgraciadamente, una o dos generaciones atrás. La conexión directa entre la Segunda Guerra Mundial, la Shoá, y los hechos de genocidio actuales es más que obvia. No hay repeticiones acá que vuelvan a un punto anterior, igual a lo que sucede con la narrativa sobre el genocidio de los judíos. La Shoá no tuvo precedentes. Pero fue un precedente y ese precedente está siendo seguido. Deberíamos hacer todo lo posible por detenerlo. Los efectos posteriores de la Shoá y de la Segunda Guerra Mundial están entre nosotros, son un pasado y un presente, un pasado que tiene todavía un futuro y hay un tema de gran importancia que está comenzando a ser advertido pero que necesita ser explorado con más seriedad. Me refiero a la comparación entre los dos regimenes totalitarios, el Nazional Socialismo y el Comunismo Stalinista. El paralelo entre los dos es obvio: una dictadura de un solo partido con un dictador semi mítico a la cabeza, la existencia de una masiva máquina de terror de una policía estatal muy bien organizada, una ideología que constituyó una religión exclusiva y así sucesivamente. Las diferencias, sin embargo, no han sido exploradas apropiadamente: la Unión Soviética era un estado centralizado con una economía centralizada con una implícita tendencia a la corrupción masiva y a la ineficiencia económica. La Alemania nazi era básicamente un régimen poliárquico, no centralizado, donde los vasallos feudales competían por la atención del todopoderoso dictador, pero que estaba construida sobre la combinación de una poderosa empresa privada y una manipulación inteligente por autoridades fiscales centrales. Florecía la propiedad privada, especialmente la de grandes empresas industriales, agriculturales y bancarias. La ineficiencia fue el resultado no de la estructura económica sino de la intervención en la economía de una dictadura política ideológicamente motivada. Durante la guerra, esta ineficiencia política impulsada por la ideología influyó decisivamente sobre la planificación y la ejecución de las acciones militares. Sin embargo, ambos regimenes lograron superar las deficiencias a corto y mediano plazo gracias a grandes esfuerzos emanados de su centro. La cultura política fue diferente: Hitler era un individuo indeciso, básicamente perezoso, dado a breves exhibiciones de gran energía, quien trató de evitar lo más que pudo tomas de decisiones sobre asuntos económicos, sociales y de política interna, excepto en áreas que consideró cruciales para el emprendimiento nazi. Intervino en temas tales como la aniquilación de los judíos, estrategia y aún táctica militar. No se tomaron minutas de la mayoría de las reuniones ni fue creado un archivo de documentación apropiado para el control del proceso de toma de decisiones en el centro del poder. Después de 1938, no hubo nunca reuniones del gabinete alemán; todas las decisiones eran supuestamente emanadas de la dirección general del Führer. Stalin, por el contrario era un workaholic, un adicto al trabajo. Las tomas de decisiones estaban a cargo del Politbureau, en el que Stalin era la figura dominante y la autoridad definitiva, pero había discusiones y propuestas y se tomaban minutas. En la Unión Soviética no hubo intentos de eliminar la autoridad estatal controlada por el partido mientras que en la Alemania nazi los elementos medulares del partido nazi y Hitler mismo, trataron de anular al estado y hacer someter a la burocracia a los caprichos del dictador. Michael Wildt de Hamburgo analizó con brillantez esta cuestión en su libro Die Generation des Unbedingten: apareció una nueva burocracia anti burocrática, especialmente en el centro del régimen de terror, en el Reichssicherheitshauptamt (RSHA) que controlaba a la policía política, lo que socavó efectivamente toda autoridad legal e intentó eliminar los remanentes del estado prusiano nacional-liberal. En esto, el stalinismo estuvo mucho más próximo al fascismo italiano con su adoración al estado de lo que estuvo el Nazional Socialismo, un régimen verdaderamente revolucionario que intentó abolir el estado como repositorio legal del sistema. El nazismo no quería ningún sistema legal, ni siquiera uno nazi. Quería la libertad completa de decisiones del dictador en representación del partido que representaba al pueblo. Esto no tuvo paralelo en el stalinismo. ¿Stalin cometió genocidios? Depende de nuestra definición: hubo ciertamente deportaciones de grupos étnicos enteros tales como los chechenios, los ingushes, los tártaros de Crimea o los alemanes del Volga. Pero el propósito no era la aniquilación de estos grupos como tales y no hubo matanzas en gran escala; fueron más bien castigos por colaboraciones de esos grupos con los invasores alemanes. Sin embargo, si se acepta mi descripción de los hechos genocidas, entonces sí, los soviéticos cometieron un gran politicidio, acciones genocidas dirigidas principalmente, aunque no exclusivamente, en contra de rusos, ucranianos y judíos. No puede haber casi duda de que el número de las víctimas de la opresión soviética excedió el número de los muertos en los campos de concentración nazis, aún si se incluyen las víctimas del genocidio de los judíos. Pero tampoco hay duda de que el número de víctimas durante la Segunda Guerra Mundial iniciada, deseada y ejecutada por la Alemania nazi, excede en mucho el número de víctimas de los Gulags y de la opresión soviética. El juego de los números acá, como en cualquier otra parte, no nos lleva a ningún lado. Hay, sin embargo, otra gran diferencia entre los dos totalitarismos que aún no ha sido explorada suficientemente: el Nazional Socialismo fue una rebelión no solo contra el legado del iluminismo sino contra todas las normas y tradiciones de lo que inadecuadamente llamamos la civilización occidental y la dirigencia nazi era conciente de ello. Era una rebelión contra la moralidad aceptada, contra las normas sociales, contra toda forma de tradición legal, y más aún. Se opuso a la democracia, al liberalismo, al pacifismo, al conservadorismo democrático y a todas formas de socialismo y de democracia social así como contra la cristiandad organizada. Su utopía era la jerarquía racial, ninguna forma de igualdad así como se entiende habitualmente: buscaba la igualdad entre la élite racialmente superior, nada más que eso. La ideología soviética, por otra parte, estaba basada en el legado marxista que veía a la revolución proletaria como una continuación de la burguesía y prometía una utopía maravillosa sin clases con una igualdad ideal, la abolición de un estado basado en la clase social y la total democracia con derechos individuales. Si se ve la constitución de 1936 de Stalin, eso es lo que dice. La realidad soviética fue, por supuesto, todo lo contrario de lo que la constitución de Stalin prometía. Pero lo interesante es que la constitución era enseñada en las escuelas, de modo que generaciones de ciudadanos soviéticos aprendieron que el ideal era lo opuesto a lo que vivían en su vida cotidiana. Éstas y otras contradicciones similares, traducidas a la realidad económica y social, fueron, creo yo, las que llevaron finalmente al deterioro y la disolución del imperio soviético. No había tales contradicciones en el Nazional Socialismo, y ese régimen, el peor que ha desfigurado nunca a la humanidad, tuvo que ser derrotado por la fuerza de las armas y desde el exterior. Los nazis realizaron lo que en la Convención de 1948 se denominó genocidio: contra los Roma, los polacos y principalmente, con total ausencia de pragmatismo y con sustento puramente ideológico, contra los judíos. Los soviéticos no hicieron nada por el estilo. Si los alemanes no hubieran atacado a la Unión Soviética en junio de 1941 luego de casi dos años de una alianza estrecha, ¿habría habido un enfrentamiento permanente entre ambos totalitarismos? No lo creo. Era muy claro para ambas élites, que la alianza era temporaria y que tarde o temprano chocarían. Cuando sucedió, los alemanes casi arrasan al estado soviético. La mayoría de las personas cree que la alianza forjada entre occidente y los soviéticos no era natural si se piensa en culturas políticas y objetivos de largo alcance. Pero no había nada no-natural en el hecho de que un régimen que amenazaba a los logros de la civilización occidental hubiera sido opuesto por todos los que, aún de formas diferentes y contradictorias, querían continuar la civilización, incluso de maneras distorsionadas como el caso de los soviéticos. Al final, la guerra fue ganada principalmente por los soviéticos. Occidente por supuesto ayudó proveyendo de armamentos importantes y cruciales y su ayuda abrevió la Guerra. La invasión a Europa occidental contribuyó marcadamente a la victoria final. Pero la guerra fue ganada por el Ejército Rojo que derrotó a la mayoría de las fuerzas alemanas con un costo enorme. La Unión Soviética liberó al mundo de la amenaza de otro largo período de imaginables eras oscuras. Esta es la percepción de la historia reciente que prevalece en toda Europa y en el mundo y determina la memoria histórica de occidente. Es verdad incluso, digamos, en Ucrania, donde los alemanes fueron originalmente recibidos con entusiasmo por la mayoría de la gente, aunque había allí ya en 1941 una minoría pro-soviética importante cuyo número se desconoce. Muchos ucranianos participaron del asesinato de los judíos, se ofrecieron como voluntarios para la policía pro germana, colaboraron con la administración alemana, pero pronto fueron cubiertos por una gran desilusión. Los alemanes no permitieron ningún tipo de autonomía ucraniana, trataron a los ucranianos como seres inferiores y luego deportaron a cientos de miles para trabajos forzados. El ánimo cambió rápidamente. También el hecho de que grandes cantidades de ucranianos sirvieran en el Ejército Rojo hizo que sus familiares viviendo bajo el régimen alemán se inclinaran cada vez más hacia los soviéticos. Cuando debieron elegir entre ser regidos por los alemanes o por los comunistas ucranianos, la mayoría de los ucranianos eligió finalmente a los Soviets. El Ejército Rojo fue recibido como liberador, excepto en Volynia y partes de la Galicia Oriental donde el grupo armado clandestino anti-soviético OUN tuvo ingerencia hasta alrededor de 1950. En Polonia, igualmente, mientras el Ejército Rojo era visto por la mayoría de los polacos como un nuevo enemigo, fue bienvenido como liberador de la ocupación alemana que había sido mucho peor que lo que habría sido el estar regidos por los comunistas polacos. Muchos polacos decían que hay que sacarse de encima a los alemanes antes de vérselas con los comunistas. En Checoslovaquia, un fuerte movimiento comunista nativo se unió con liberales y conservadores con una actitud similar a la de los polacos. En Hungría también, gran parte del ejército fue hacia los soviéticos porque la alternativa no era solo los alemanes sino el régimen nazi húngaro. Claramente, líderes anti-comunistas como Sikorski y Mikiolajczyk en Polonia, Benes y Masaryk en Checoslovaquia, Maniu y Bratianu en Rumania, y así sucesivamente, compartían ese punto de vista. Cuanto más al oeste se iba de la real Unión Soviética, mayor el entusiasmo por los liberadores soviéticos. Para los judíos era aún más simple. El régimen alemán significaba sin duda la muerte; el régimen soviético era la opresión étnica y más tarde también el anti-semitismo. Pero la única esperanza de supervivencia era la victoria soviética. Todos los sobrevivientes judíos les deben sus vidas a la victoria soviética. Después de la Guerra, en su gran mayoría, estos sobrevivientes se concentraron en campos de desplazados en Europa Central, y fueron un factor importante en el establecimiento de Israel. La victoria soviética lo hizo posible. Los soviéticos efectivamente liberaron a Europa, aunque fuera una liberación problemática. Excepto acá en los estados bálticos donde hay una percepción diferente: la perspectiva es que hubo tres ocupaciones, y que la segunda soviética duró décadas y fue peor que la alemana. ¿Cuál es el contexto para todo esto? Alojado entre dos gigantes de poder creciente entre las guerras, Alemania y la Unión Soviética, los estados bálticos tuvieron que maniobrar entre ellos. Durante la década del veinte y a comienzos del treinta, trataron de apoyarse en las democracias occidentales y desarrollaron sistemas parlamentarios. Pero a mediados del treinta, abandonados por los liberales occidentales arrastrados por la depresión, el poder fue asumido por regímenes autoritarios conservadores bajo Antanas Smetona en Lituania, Karlis Ulmanis en Latvia y Konstantin Päts en Estonia. Estaban temerosos, con razón, de la Rusia comunista, a pesar de la oposición radical a los alemanes que era tradicional por ejemplo en Latvia. Los movimientos y partidos extremistas de derecha fueron creciendo desde el interior. Cuando las dos dictaduras dividieron a Europa Oriental entre sí en 1939, al principio Latvia y Estonia y pronto también Lituania, cayeron del lado de los soviéticos que ocuparon los tres estados en 1940. Se debe reconocer que hubo muchos colaboradores locales con los soviéticos y que los partidos comunistas locales eran pequeños pero de gran influencia y que parte del campesinado recibió con beneplácito la repartición de la tierra. Justas Paleckis en Lituania, y Augusts Kirhensteins en Latvia no eran ciertamente personajes centrales en sus sociedades, pero tampoco eran totalmente marginales. En Lituania, elementos del ejército trataron de colaborar con los soviéticos con la esperanza de poder integrarse en las fuerzas armadas soviéticas como unidades separadas. Los soviéticos gobernaron principalmente desde bambalinas a través de sus sátrapas locales. Hubo opresión nacional, persecución política, se introdujo el estilo soviético del partido único y en junio de 1941, comenzaron las deportaciones. Cuando atacaron los alemanes, la vasta mayoría de los bálticos se alineó de su lado. Pero los alemanes, en contra de la expectativa de muchos, no garantizaron la autonomía ni menos aún la independencia. La colaboración con la persecución y asesinato de los judíos fue masiva y las unidades auxiliares de la policía lituana, latvia y estonia fueron una parte importante de la máquina de muerte en Bielorrusia, en Polonia y en Ucrania. Sin embargo, ello no cambió la política colonialista alemana hacia las poblaciones bálticas. Tampoco lo hizo el reclutamiento de unidades SS en Latvia más adelante luego de que los judíos hubieran sido aniquilados. Los alemanes trataron a los bálticos igual a como habían tratado a los ucranianos, excepto que las deportaciones para trabajos forzados fueron mínimas. El plan para el futuro, como lo refleja el Plan General Nazi para el Este -Nazi Generalplan Ost-, era la germanización definitiva de gran parte de los bálticos y la utilización del resto para inspeccionar y controlar a los grupos étnicos peor vistos. La oposición local, lentamente, fue creciendo. Poco convocantes y eficientes, no son muy convincentes los intentos recientes de mostrarlos como movimiento anti-nazi clandestino y patriótico. Los partisanos soviéticos por el contrario, dirigidos con frecuencia por individuos bálticos pro-soviéticos, ganaron apoyo. Luego, regresaron los soviéticos con las unidades latvias, lituanas y estonias del Ejército Rojo, es decir con gente que era en gran parte, aunque no toda, aliada al régimen soviético. Mientras que la primera ocupación soviética duró un año y la alemana cuatro, la segunda ocupación soviética duró unos 45 años. Esta discrepancia en la ocupación extranjera puede ayudar a explicar las actitudes bálticas respecto de los nazis y los bolcheviques. ¿Los soviéticos cometieron genocidio o algo que se le acerque, durante sus dos ocupaciones a los países bálticos? Permítaseme tomar los resultados del admirable trabajo de la Comisión Histórica Latvia, en particular las partes del mismo que pude leer en inglés. Había casi dos millones de personas en Latvia, en 1939, casi 75 por ciento de los cuales eran étnicamente latvios; el resto eran principalmente rusos, alemanes y cerca de 95,000, o aproximadamente un 5 por ciento, judíos. Los soviéticos reprimieron y persiguieron a unas 3,000 personas durante la primera ocupación y deportaron a 15,400 más, en total, menos del 1 por ciento de la población. La mayoría de los deportados sobrevivieron. Pero de estos 15,400, 11.7 por ciento eran judíos, luego el número de los perseguidos y deportados judíos era más del doble de la proporción de la población. Los soviéticos no abolieron el idioma latvio y más que anular, transformaron las instituciones culturales locales. Pero prohibieron el uso del hebreo y luego suprimieron el idish, disolvieron todas las instituciones específicamente judías aún cuando no abolieron formalmente la observancia religiosa judía. Las comunidades judías no fueron transformadas sino erradicadas. Durante la segunda ocupación, a fines de los cuarenta, los soviéticos deportaron a 43,000 ciudadanos latvios. Junto con la primera ola en 1941, el total sumó un 3.3 por ciento de la población. Y aunque los alemanes habían para entonces asesinado con ayuda local a casi todos los judíos latvios, había unos pocos judíos entre los deportados de la segunda ola. Es difícil hablar de una ola genocida anti-báltica. Si algo hubo cercano a la eliminación en manos soviéticas, era la de los judíos no la de los latvios, aunque la cultura latvia fue denigrada y atacada. Los historiadores latvios han deconstruido también el mito sobre la significativa participación judía en el gobierno soviético y el organismos policiales. El mismo cuadro emerge en los territorios polacos previos en la Bielorrusia y Ucrania del oeste. Allí, según datos polacos, de uno 800,000 deportados a Siberia en 1939–41, el 30 por ciento eran judíos, aunque los judíos eran solo el 10 por ciento de la población. Son datos que suman a la opresión y la persecución. Adicionalmente, en las áreas bálticas ocupadas, había una emigración masiva de los no bálticos desde la Unión Soviética, debido al nivel económico y social mayor. La pregunta aún abierta es si esto era intencional o no, probablemente fuera una mezcla de ambos. Todo esto era malo pero no era ciertamente genocidio. Si hubiera habido genocidio de los pueblos bálticos, no podría haber habido un movimiento de independencia que fue finalmente victorioso entre 1987 y 1991. Fue entonces que se produjo el colapso del régimen bajo su propio peso regresivo, su ineficiencia y su corrupción política y moral. Además del asesinato de varios miles de Roma errantes, el único genocidio sucedido en los estados bálticos fue el de los judíos. Emergen dos grandes problemas: uno, la colaboración con los alemanes de la gran mayoría de los pueblos bálticos, no necesariamente a causa de alguna simpatía con los alemanes o con el nazismo sino como resultado de la situación política, étnica y económica, determinadas por la geografía y la historia, el resultado fue la colaboración de un gran número, activamente o con un acuerdo silencioso, en la aniquilación de judíos; y dos, una seria desconexión entre las percepciones bálticas del pasado y las del resto de Europa y por cierto del mundo, básicamente acerca del rol histórico de la Unión Soviética en la guerra contra la Alemania Nazi. No debe ser tomado a la ligera. Los países bálticos recuperaron su independencia como resultado de una oposición a la opresión nacional anti-soviética, una lucha admirable y principista Sus elites, debido a lo que considero una manera de pensar democrática firmemente asentada, se comprometieron en un proceso difícil y muy doloroso, a reconocer sus responsabilidades en la aniquilación de los judíos de su medio. Son, estoy convencido, parte del mundo que se opone a los asesinatos masivos y al genocidio sea donde fuere que suceda. Son aliados importantes en la lucha por un mundo mejor, motivo por el cual se han comprometido, entre otras cosas, en el gran esfuerzo por estimular el conocimiento del Holocausto para aprender para el futuro. La responsabilidad que asumen respecto de su pasado, tanto en relación a la Shoá y, en un contexto mucho más amplio, es tan pesada y difícil como lo es para el resto de nosotros. El bien y el mal están pintados raramente en negro y blanco. Sin embargo, el régimen nazi, con su mal absoluto casi total, es una excepción. El mundo occidental, que incluye a la Unión Europea, ve a la Segunda Guerra Mundial como un punto de referencia central y a la Shoá como su eje principal. Como una de sus consecuencias, ve a la Unión Soviética como un socio crucial, un liberador, un liberador problemático ciertamente, pero liberador al fin en el rescate del mundo de la amenaza potencial a su existencia en manos del nazismo. Una desconexión entre la conciencia histórica de los estados bálticos y del resto del mundo occidental sería una tragedia. Los Justos que salvaron vidas a riesgo de la propia, acá en Latvia y en cualquier otro lugar, no estaban en el centro de la Shoá sino en sus delgados márgenes. Pero son ellos los que probaron que hay una alternativa, que podemos escapar del abismo de los hechos genocidas. La mayoría de los salvadores no puede ser pintada en negro o blanco sino en diferentes tonos de gris, como el resto de nosotros. Vean a Kurt Gerstein, un protestante alemán opuesto al nazismo, que se unió a las SS porque quería descubrir lo que las SS le estaban hacienda a los judíos. Logró entrar en el campo de exterminio de Belzec, y vio el asesinato masivo que allí tenía lugar; a su regreso a Alemania, se encontró con un diplomático sueco y por medio suyo trató de advertir al mundo. Contactó al emisario vaticano en Berlín, y a la resistencia holandesa. Intentó advertir y falló. ¿Fue un héroe? Para llegar a Belzec, consiguió un trabajo en las SS en el traslado de recipientes con gas venenoso a Polonia. Es decir que para ayudar a los judíos, traía el gas para asesinarlos. Saúl Friedlander lo llamó la ambivalencia del Bien. Pero también está la ambivalencia del Mal. Y como considero que un historiador del Holocausto no puede permanecer en el reino de la abstracción sino que debe contar historias verdaderas que muestren la realidad del día a día del genocidio, concluiré con una historia. Su nombre es Yossi Halpern, y todavía anda por ahí, en Israel Tenía 16 años cuando huyó, solo, desde la Polonia occidental ocupada por los nazis hacia la parte oriental ocupada por los soviéticos. Quería ir a la escuela pero los soviéticos lo forzaron a ser un maestro en una pequeña aldea bielorrusa, para enseñar a leer y escribir a niños pequeños. Los campesinos lo mantenían. Le consiguieron una barraca de madera, unos bancos y un pizarrón. Le consiguieron hasta tizas. Y él pidió un pequeño patio de juegos para los chicos al frente de la barraca escolar. La tierra pertenecía al único campesino rico del poblado, un hombre llamado Bobko, que tenía dos hijos, el más joven llamado Sergei. Los Bobkos no querían entregar el pequeño pedazo de tierra pero los campesinos los amenazaron con que si rehúsan serían denunciados a las autoridades soviéticas como kulaks (explotadores). La tierra fue entregada pero los Bobkos no olvidaron ni perdonaron. Luego llegaron los alemanes. Los campesinos le prometieron a Yossi que lo protegerían, pero ahí estaba Bobko que denunciaría a los alemanes al joven maestro judío. Entonces Yossi dejó la aldea, consiguió documentos polacos falsos y fue a Baranovichi, el pueblo más cercano y consiguió un trabajo con un colaborador bielorruso, como supervisor de un emprendimiento de agricultura a alguna distancia del pueblo. Se desempeñó bien y se puso en contacto con un grupo de partisanos en el bosque vecino a los que proveía de medicinas, sal y azúcar. Se sintió muy seguro de sí mismo y al final fue detenido por una milicia bielorrusa mientras contrabandeaba sal. Fue arrestado como polaco y encarcelado en Baranovichi, a la espera de juicio. La comisión que venía a la cárcel estaba compuesta por un alemán y un bielorruso, y Yossi le confesó al comandante de la prisión que era judío y le pidió que lo salvara: si la comisión lo revisaba físicamente descubirría que era judío y sería asesinado instantáneamente. El director de la prisión dijo que no lo podía ayudar porque ya había informado que se trataba de un prisionero polaco y debía presentarlo así a la comisión, pero le aconsejó a Yossi que si se tenía que desnudar lo haciera primero con el bielorruso, en la esperanza de que esto lo salvaría. Legó la comisión y Yossi fue donde estaba el bielorruso. Cuando entró había una mesa y ¿a quien vio del otro lado?, nada menos que a Sergei Bobko. Se miraron uno al otro y Bobko dijo: ¡salí de acá y si te veo otra vez, sera tu fin!. Yossi voló de la prisión tan rápido como pudo. Después de la Guerra, Bobko fue conducido ante una corte polaca porque había servido como delegado del comandante del terrible campo de concentración llamado Koldichevo, donde había matado a muchos polacos. Arguyó que había salvado la vida de un judío llamado Yossi Halpern. Las autoridades polacas encontraron a Yossi y Yossi confirmó el hecho, Bobko había salvado su vida. Todos los otros bielorrusos que habían asesinado polacos en el campo fueron colgados; Bobko fue sentenciado de por vida porque había salvado la vida de Yossi. Años más tarde fue liberado, un criminal de guerra con muchas vidas en su conciencia que había salvado una sola, la vida de alguien a quien había odiado. Les hablé acerca de la ambivalencia del mal, les hablé acerca de ustedes y acerca de mí, porque la mayoría de nosotros no somos completamente buenos ni completamente malos. La mayoría de nosotros estamos en algún sitio en el medio. Tal vez sea eso lo que nos brinda alguna esperanza para el futuro.

Discurso Yehuda Bauer - 2006

Discurso del profesor Yehuda Bauer en el International Holocaust Remembrance Day – Día Internacional de Rememoración del Holocausto- de las Naciones Unidas.Traducción: Diana Wang

Sr Sub-Secretario Tharoor, Excelencias, Amigos,

El 27 de enero de 1945 el Ejército Rojo liberó el campo de concentración y exterminio de Auschwitz. No fue esto el final de la matanza de la Segunda Guerra Mundial que costó la vida a unas 35 millones de personas, en su mayoría civiles. La guerra continuaría aún más de tres meses. Unos diez días antes de la liberación de Auschwitz, 58.000 prisioneros fueron obligados a salir de allí caminando porque los nazis no querían que cayeran vivos en manos de sus liberadores. Vivirían lo que se ha conocido como las Marchas de la Muerte. Alrededor de la mitad murió en su transcurso. Dejaron atrás las cenizas y los huesos de mucho más que un millón de seres humanos, la mayoría gaseados, un millón de los cuales eran judíos y unos 7.000 prisioneros enfermos y moribundos, tanto niños judíos como niños Roma (gitanos), sobre los que habían realizado experimentos médicos criminales los médicos alemanes.

¿Qué había causado esa guerra, el más terrible conflicto en la historia de la humanidad hasta ese momento? No fue primariamente una cuestión económica. La Alemania nazi había emergido de la crisis económica de los treintas, había vencido al desempleo, el nivel de vida había vuelto a ser más o menos el que había en los veintes y estaba mejorando. Tampoco era amenazada por algún otro país, por el contrario, Alemania estaba amenazando a otros. Tampoco fue una causa el deseo que el pueblo alemán pudiera tener por la guerra, como lo refieren en forma unánime todos los observadores de aquel tiempo. Fue causado por los dirigentes nazis puramente por razones ideológicas y la ideología contenía dos elementos principales: uno, el deseo de controlar Europa, y a través de ello, al mundo entero para edificar una jerarquía racial global que tuviera a los pueblos nórdicos de la raza ‘aria’ en el lugar más elevado y a todos los demás debajo de ellos. Para conseguirlo Europa debía ser conquistada. Las poblaciones germánicas se asentarían allí y garantizarían la explotación de los recursos agrícolas e industriales de la región en favor de Alemania asegurando en consecuencia su supremacía sobre sus enemigos. Polacos, rusos y otros serían los esclavos que trabajarían en beneficio de la raza maestra. El segundo elemento importante en la ideología nazi era el antisemitismo. Veían a Jesús como el Satán que controlaba a todos los enemigos de Alemania. En un extremo, a sus ojos, estaba Hitler, el nuevo Jesús Cristo, el salvador que llevaría a la humanidad, bajo imperio germánico, a un futuro de gloria. En el otro extremo estaba el judío satánico que intentaba evitar esta utopía de conquistar el gobierno global.

En nombre de aquella utopía de un nuevo mundo racista y maravilloso, la vasta mayoría del pueblo alemán fue persuadido de abandonar su moralidad aceptada, e integrar el proceso necesario para que se cometieran vastos asesinatos. Estos incluyeron al menos tres genocidios: contra los polacos, los Roma (gitanos) y los judíos. Jamás debemos olvidar que las utopías matan; las utopías radicales y universalistas como el Nacional Socialismo, el Comunismo y los radicales que apoyan hoy el terrorismo global, matan radical y universalmente.

La ideología antisemita estaba basada en una distorsión del cristianismo; era anti-cristiana porque Jesús de Nazareth y sus discípulos tuvieron origen judío. El nazismo desarrolló tradiciones antisemitas cristianas, tales como la leyenda sobre la conspiración mundial judía que es actualmente revivida por las ideologías radicales islámicas. El antisemitismo cristiano provenía de la disputa entre cristianismo y judaísmo en el mundo antiguo sobre las almas de romanos y griegos. Las acusaciones se transformaron en asesinas cuando el cristianismo se constituyó en una religión de Estado y usó el poder del Estado para imponer sus ideas. En el transcurso del tiempo, se agregaron otras invenciones y supercherías, tales como la acusación del libelo de sangre que acusaba a los judíos de matar a niños no judíos para usar su sangre como alimento, una superstición mortal diseminada hoy entre los mismos radicales que promueven el terrorismo mundial.

Pero el cristianismo y el Islam nunca planearon un genocidio de judíos. Eso quedó para el mundo secularizado y anticristiano del grupo de intelectuales europeo frustrados por las crisis introducidas con los desarrollos económicos y sociales.

La ideología nazi, en consecuencia, fue la fuerza que motivó el deseo alemán por la guerra; existieron ciertamente consideraciones pragmáticas pero fueron secundarias. No es una exageración decir que la Segunda Guerra Mundial y la muerte de decenas de millones, la destrucción de países y culturas, la tortura y muerte de niños y adultos, fue causada en parte por el odio hacia los judíos. Para todos los que aún hoy dudan en actuar en contra de la propaganda antisemita, venga de donde venga, es preciso preguntarles: ¿no han aprendido la lección? ¿Saben que es un veneno que mata incluso a quienes lo propagan? Algunos de nosotros, como los gobiernos de los 55 países de la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) que se han comprometido a luchar contra el antisemitismo ya parecen haberlo comprendido.

Auschwitz se ha transformado con toda razón en el símbolo del mal como tal. Para el pueblo judío, es el mayor cementerio del mundo, un cementerio sin tumbas. Pero lo asesinado en los campos de exterminio no fue solo gente, por si esto no fuera suficiente; otra parte de ello fue el intento fue de erradicar la cultura judía, una civilización, una tradición que proveyó una de las columnas de la civilización moderna.

Una es la especificidad del destino judío, la otra contiene implicaciones universales; son dos lados de una misma moneda. Los judíos fueron las víctimas específicas del genocidio. Pero sus implicancias son universales porque quién sabe quién puede ser “los judíos” la próxima vez.

Por supuesto que existen paralelos entre el Holocausto y otros genocidios. El principal es que el sufrimiento de las víctimas es el mismo. Un asesinato es un asesinato, un asesinato de un niño es el asesinato de un niño, la tortura es la tortura, la violación es la violación. El hambre, las enfermedades y la humillación son las mismas en todos los asesinatos masivos. No hay gradaciones y ningún genocidio es mejor o peor que otro; nadie es más víctima que otro. El otro paralelo es que cada genocidio es perpetrado con los mejores medios técnicos y burocráticos disponibles para los perpetradores. El actual genocidio de Darfur está perpetrado con la ayuda de bombardeos aéreos; se usan teléfonos celulares y la burocracia gubernamental apoya a los asesinos y evita una efectiva intervención externa. En Ruanda, el genocidio fue perpetrado con la ayuda de la estación central de radio que daba instrucciones a los asesinos y la burocracia central del gobierno que había sido desarrollada sobre modelos europeos por intelectuales, algunos de los cuales habían estudiado en las mejores universidades francesas, belgas y canadienses. La Alemania nazi usó la burocracia moderna y los mejores medios tecnológicos a su disposición. Los Hutus y los Janjaweed no tenían y no tienen gas; los alemanes sí, y lo usaron. Sí, es verdad que el Holocausto fue perpetrado en el propio centro de Europa y de la civilización mundial y que sus perpetradores principales venían de los mismos lugares de los que se originaron algunos de los logros culturales más maravillosos de la raza humana. El pueblo alemán ha producido a Kant y a Hegel, Mozart, Beethoven y Brahms, Durero y Planck; desdichadamente, no fueron estos los nombres de los que condujeron Alemania en los treintas y los cuarentas. El hecho de que esta tragedia sucediera en el centro de la supuesta civilización más avanzada no tenía precedentes. Pero el hecho de que fuera realizado con los mejores medios técnicos posibles disponibles por los perpetradores, eso es un paralelo con otros genocidios.

Los investigadores políticos han mostrado que durante el siglo veinte un vasto número de civiles y prisioneros de guerra desarmados han sido asesinados por gobiernos y organizaciones políticas, algunos dicen que 91 millones de personas, otros dicen que aún más. A esto se le suman unos 34 millones de soldados que murieron en las guerras durante ese período, contando las dos guerras mundiales. Esto significa que murieron mucho más civiles que soldados. De aquellos, cerca de seis millones fueron judíos que murieron en el caso más extremo de genocidio existente. ¿Por qué es el holocausto el caso más extremo? ¿Por qué es cada vez mayor la cantidad de gente interesada en esta tragedia particular? ¿Por qué hay una inundación de obras de ficción, teatro, cine, series de televisión, arte, música y por supuesto investigaciones académicas, históricas, sociológicas, filosóficas, psicológicas, en una medida que raramente pueda ser igualada con respecto a otros sucesos históricos?

Pienso que la razón es que mientras todos los elementos de cada genocidio se repiten en otros genocidios, hay elementos en el Holocausto que no tuvieron precedente; no pueden ser encontrados en genocidios que lo precedieron. Además del hecho de que sucedió en el centro de la civilización humana, son cinco estos otros elementos. Uno, que los perpetradores trataron de encontrar, registrar, marcar, humillar, disponer, concentrar y asesinar a cada persona que tuviera tres o cuatro abuelos judíos por el crimen de haber nacido judío. No había precedentes para esto. Dos, debía hacerse, definitivamente, en todas partes del mundo, entonces, por primera vez en la historia hubo un intento de universalizar el genocidio. Tres, había una ideología muy inusual. Sabemos por supuesto que todo genocidio es racionalizado por una ideología basada en factores pragmáticos, como aspectos económicos, sociales, políticos o militares. Así, en Ruanda, la ideología hegemónica Hutu se desarrolló en un contexto pragmático de lucha por el poder dentro del sistema Hutu y la lucha militar contra una fuerza de invasión compuesta mayormente por personas de la minoría Tutsi perseguida. Pero con los nazis, los elementos pragmáticos eran menores. No mataron judíos porque querían sus propiedades. Robaron sus propiedades en el proceso de deshacerse de ellos, primero mediante la emigración, después por la expulsión y al final con la muerte. Mataron a trabajadores judíos de fábricas de armamentos cuando precisaban de cada par de manos luego de la derrota en Stanlingrado en los comienzos de 1943; mataron gente en el gueto de Lódz en 1944 donde se producía casi el 10 por ciento de toda la ropa que usaba el Ejército Alemán; asesinaron trabajadores esclavos judíos que construían caminos por los que debía transitar el ejército alemán. Si hubieran estado movidos por las modernas prácticas capitalistas, económicas y efectivas en términos costo-beneficio, habrían robado las propiedades judías y luego utilizado la fuerza de trabajo esclava para sus propios propósitos, como lo hicieron con los polacos por ejemplo. Pero no, tenían que asesinar a lo judíos porque esa era la ideología que los conducía. La ideología nazi tenía la característica de las pesadillas. Creían en una conspiración mundial judía, una imagen en espejo de su propio deseo de controlar el mundo. La vieja trama desarrollada en la conocida superchería llamada “Los protocolos de los sabios de Sion”, producida a comienzos del siglo veinte por la policía zarista rusa, fue despertada, usada y adaptada por los nazis y sigue siendo propagada hasta hoy en todo el globo por movimientos y regímenes antisemitas. Creían en la acusación del asesinato ritual de niños no judíos en manos de judíos, otra vez, una leyenda delirante que sigue envenenando las mentes de tantos en el mundo. El genocidio de los judíos, luego, se basó en pesadillas que se transformaron en ideologías, y esto no tenía precedentes. Cuatro, la utopía de la jerarquía racial global con un real enemigo satánico, los judíos, que debían ser eliminados. No hay razas, todos los humanos nos hemos originado en África. Los aborígenes australianos, rusos, americanos, chinos, Albert Einstein, todos venimos del mismo lugar. La seudo-ciencia nazi racista planeaba una utopía que llevó al asesinato de los judíos. Y quinto, los judíos son los últimos restos sobrevivientes de los tres pilares originales de lo que es conocido inadecuadamente como la civilización occidental; Atenas como el origen de la estética, poesía, literatura, arquitectura, filosofía; Roma que nos dio la idea de un estado ordenado y también desarrolló una literatura y una arquitectura de la que ha aprendido la moderna civilización; y Jerusalén, con sus profetas y su ética representando las aspiraciones de la humanidad. Los modernos griegos e italianos no hablan el griego antiguo o el latín; rezan a dioses diferentes y escriben distintas literaturas. Pero los judíos todavía hablan el idioma antiguo y su civilización es una continuación directa y un desarrollo de su cultura antigua. Los nazis se oponían concientemente a todos los valores de la civilización europea tales como el liberalismo, la democracia, el socialismo y el humanitarismo y querían destruirlos. Veían en los judíos a los símbolos de aquellos valores que querían eliminar; la destrucción de la gente que los simbolizaba fue lo que siguió.

El Holocausto no tuvo precedentes y nuestra expectativa era que se hubiera convertido en una advertencia, no un precedente. Pero se ha probado nuestro error. Se ha vuelto un precedente y fue seguido con otros genocidios. ¿Qué significa para la humanidad esto? ¿Qué significa para las Naciones Unidas? ¿Qué haremos respecto de las Naciones Unidas?

Cuando tenía cinco años, le dije a mi madre: “Mamá, no sos hermosa pero sos mía”. Las Naciones Unidas son nuestras; son las mejores Naciones Unidas que tenemos, no tenemos otras. Entonces, más que oponernos o criticarlas, apoyémoslas y tratemos de que mejoren y sean más efectivas en proteger a la humanidad.

¿Hay una posibilidad de que podamos tener éxito cuando intentamos prevenir genocidios usando nuestra comprensión del genocidio paradigmático de los judíos y su comparación con otros genocidios que han sucedido después? ¿Es acaso la propensión a asesinar y asesinar masivamente algo que todos llevamos dentro de alguna manera? Creo que los humanos tenemos el instinto de matar, sea a individuos o a grupos, y que somos los únicos mamíferos que matamos a nuestra misma especie en grandes cantidades. Ello podría ser el resultado de nuestro desarrollo como especie cuando nos defendemos, defendemos a nuestras familias, clanes, tribus, naciones y territorios de enemigos reales o imaginarios para eliminarlos. Si no tuviéramos ese instinto en nosotros ¿cómo podemos explicar el hecho de que prácticamente todas las sociedades tengan leyes contra el asesinato? Si no estamos inclinados al asesinato estas leyes serían completamente superfluas. Con diferentes crianzas y procesos de socialización, y una historia diferente de nuestras comunidades, todos podríamos convertirnos en asesinos masivos. Pero si ello es así, ¿hay una manera realista de prevenir los brotes de asesinos genocidas? El Holocausto es uno de los genocidios que puede proveer una respuesta a esta cuestión: en Yad Vashem, el Instituto israelí y judío para la Conmemoración del Holocausto, sabemos que tenemos más de 21.000 nombres de individuos y grupos que han rescatado a judíos y pensamos que el número real debe ser al menos diez veces mayor, no conocemos los otros nueve décimos. Tal vez sea una pequeña proporción de los pueblos europeos los que han salvado a sus prójimos humanos, pero evidencian que hay una alternativa, que hay en nosotros la posibilidad de acceder a la salvación de otros humanos aún a riesgo de nuestras propias vidas. La razón básica de por qué ustedes y yo estamos hoy acá es que queremos hacer todo lo que podamos para que la gente se aleje del polo asesino que todos tenemos y se acerque al polo del auto-sacrificio, que también tenemos, en pos de los demás.

Les daré un ejemplo: en el pequeño poblado de Kurenets, en la actual Bielorrusia, vivían unos 1500 judíos cuando fue ocupado por los alemanes. Esclavizaron a los judíos inmediatamente y cercaron con un alambrado de púas la plaza central para las masas de prisioneros de guerra soviéticos que habían sido tomados prisioneros en las primeras semanas de su invasión a la URSS. Cada día traían a miles, andrajosos, desesperadamente hambrientos y sedientos, heridos y enfermos y los llevaban en la mañana siguiente hacia el oeste. Los esclavos judíos debían llevar barriles de pan y agua para los prisioneros. Entre los trabajadores esclavos había un grupo de ocho jóvenes que ya habían empezado a pensar en resistir. Uno de ellos, llamado Zalman Gurevich, se acercó al capitán soviético llamado Pyotr Mikhailovich Danilochkin quien acababa de decir “sáquenme de aquí”. Gurevich, de acuerdo con sus amigos, decidió ayudarlo. Se puso una segunda capa de ropa de trabajo con la estrella judía y entró en el espacio cercado llevando un barril. Escondido entre la multitud de prisioneros de guerra desesperados, Danilochkin se puso rápidamente el segundo traje que llevaba Gurevich y se transformó en un trabajador esclavo judío por el resto del día. No había gueto en Kurenets y a la noche los trabajadores podían volver a sus casas. Gurevich llevó a Danilochkin a lo de sus padres quienes lo cuidaron hasta que recuperó la salud. Danilochkin fue el organizador del primer grupo de partisanos en Bielorrusia y nunca olvidó a los judíos que lo rescataron y salvaron. Los ocho del grupo fueron los primeros judíos que se unieron a él. Cuando los alemanes vinieron a matar a los judíos de Kurenets, unos 300 se fueron con los partisanos de Danilochkin quienes los ayudaron lo mejor que pudieron. Los jóvenes y fuertes se volvieron miembros de las unidades partisanas; otros entraron clandestinamente en el territorio no ocupado de la Unión Soviética. Unos 150 sobrevivieron.

¿Qué les he contado con esto? Les dije que durante el Holocausto los judíos rescataron a un no judío a quien no conocían, bajo el riesgo de sus propias vidas y luego ese no judío y sus camaradas rescataron a judíos, a quienes no conocían, bajo el riesgo de sus vidas. Ciertamente, el Holocausto revela la hondura de la depravación humana; pero hay en sus márgenes picos que muestran el auto-sacrificio que algunos humanos hacen por los demás. Es esto lo que nos indica que hay una alternativa, que los intentos por impedir los genocidios, como por ejemplo la Oficina del Consejero Especial para la Prevención del Genocidio del Secretario General y varias ONGs y gobiernos, no son después de todo una tarea sin esperanzas. Pero el fracaso, hasta ahora, de la comunidad internacional para tratar con el actual genocidio de Darfur muestra cuán grande es la dificultad. La expansión de la Alemania nazi pudo haber sido evitada así como el comienzo de la guerra y la comisión del genocidio, no por causa de los bellos ojos de los judíos sino por los intereses de los grandes poderes, Inglaterra, Francia, la Unión Soviética y los EEUU. No lo hicieron y pagaron, no solo con el asesinato industrial de cerca de seis millones de judíos sino con las muertes de decenas de millones de sus propios ciudadanos y la destrucción de Europa. Si no se puede detener el genocidio de Darfur, se difundirá, habrá más masacres genocidas y el precio para el mundo será muy pesado. Los intereses económicos son uno de los primeros factores que impiden la prevención; pero la gente debiera advertir que es mucho más barato impedir un genocidio que pagar por la reconstrucción más tarde. Nadie gana nada con matanzas genocidas, incluidas las comunidades de donde provienen los perpetradores. El hecho es que en muchos, si no en casi todos los sucesos genocidas, el escape y la impunidad de los lideres de los asesinos es otro escándalo aún que la comunidad internacional debe rectificar. La impunidad estimula más masacres genocidas. Después del Holocausto algunos altos jerarcas del régimen nazi fueron llevados a juicio y una cantidad de otros fueron sentenciados en los sesentas en Alemania. Pero miles de criminales de nivel medio no fueron llevados a juicio o escaparon con diferentes estratagemas. Un consenso internacional efectivo debería hacer que todos los asesinos masivos potenciales adviertan que hay un precio muy pesado por pagar si se dejan de lado los principios morales básicos.

Somos una sola raza humana, interconectada e interdependiente. Las políticas que no están basadas en consideraciones morales son, al final del día, políticas muy poco prácticas. Es en base a estas consideraciones que les solicito me permitan repetir aquí lo que dije exactamente hace ocho años en mi discurso al Bundestag (Parlamento): vengo del pueblo que entregó los Diez Mandamientos al mundo. Convengamos que estamos necesitando tres mandamientos más: no serás un perpetrador; no serás una víctima y no serás nunca, pero nunca jamás, un observador indiferente.

El tenedor de libros de Auschwitz

Por Matthias Geyer - Traducción: Diana Wang El oficial SS Oskar Gröning sirvió durante dos años en el campo de concentración Auschwitz. Contaba el dinero de los judíos muertos y estaba de guardia en la rampa cuando los trenes de carga descargaban su desdichada carga humana. Dice que no ha cometido ningún delito. Durante los últimos sesenta años, Gröning ha buscado otra forma de llamar a la culpa.

Los pájaros están cantando en el exterior; una suave y tibia brisa viene del jardín y entra delicadamente al living. Un hombre viejo, alto y poderoso, con su pelo blanco y ojos azules, está sentado en un sillón cerca del hogar. Tres ángeles se ven bordados en un mantel. El hombre apoya su pierna derecha sobre un banquito. Es apacible, calmado y habla suavemente sobre la historia del hombre que una vez fue. "Llegó un nuevo embarque. Había sido asignado a la rampa y mi trabajo era cuidar el equipaje. Los judíos ya habían sido llevados de allí. A mi alrededor el piso estaba cubierto de basura, restos de pertenencias desparramadas. De pronto escuché el llanto de un bebé. Yacía sobre la rampa envuelto en trapos. Una madre lo había dejado tal vez porque sabía que las mujeres con niños eran enviadas inmediatamente a las cámaras de gas. Vi a otro soldado SS soldado tomar al bebé por los pies. El llanto le había molestado. Estrelló la cabeza del niño contra el borde de hierro de una carretilla hasta que se hizo el silencio." El hombre mira hacia el exterior de la ventana del living, casi inmóvil. Su pulgar va y viene sobre el borde de su asiento como un metrónomo. Afuera, el sol brilla sobre la prolija fila de casas de ladrillo de los alrededores, con jardines cuidadosamente atendidos, sin malezas. Oskar Gröning vive en un mundo prolijo y ordenado. Desabotona y levanta su manga izquierda. "Aquí," dice, "mire esto." Hay una pequeña mancha azul sobre sus codos, el recuerdo de un tatuaje. "Estaba mal hecho," dice. Se suponía que era un cero, representando la sangre tipo 0. Todos en Auschwitz estaban tatuados, tanto prisioneros como guardias. Los judíos eran tatuados con su número como internos y los guardias SS con su tipo de sangre. Oskar Gröning fue miembro de los SS en Auschwitz durante dos años. Sus sueños lo despiertan en gritos muchas veces. Los gritos se vuelven truenos, los truenos en murmullos y los murmullos en silencio. Son los sonidos de la muerte en las cámaras de gas. Un mundo organizado en medio del terror Gröning, sin embardo, no mató a nadie. No vertió Zyklon B en las hendiduras ni quemó pilas de muertos. Miró. Vio. Estuvo ahí. Shoqueado al principio. Luego indiferente. Se hizo rutina. Vivía en un mundo organizado y su orden aseguraba que el terror de los campos de concentración pudiera ser compartimentado, apartado de los fundamentos de la civilización. El terror era gestado en claras estructuras jerárquicas y esquemas de servicio estrechamente regulados, designaciones de tareas y posiciones, que determinaban que alguien fuera un torturador y otro un tenedor de libros. Gröning era un tenedor de libros, uno bien concienzudo. Contaba el dinero de los judíos, lo separaba y catalogaba y lo guardaba en una caja de seguridad. Era el tenedor de libros del terror.

Hay un álbum de fotos sobre la mesa ratona, la vida de Gröning en fotografías. Dos tercios de las fotos son en blanco y negro, el ultimo tercio en color. Pero las fotos no revelan nada de lo que quiere decir. Gröning solo quiere hablar, durante horas, días, "no importa cuánto tiempo," dice, "hablar ayuda." Oskar Gröning, nacido en 1921, es uno de los escasos miembros de las SS que hoy aún vive. Su historia, una historia alemana, es una historia de seducción y fanatismo, de victimarios y cómplices, de vivir con culpa y de la búsqueda de otras palabras para llamarla. Es una historia del intento de un hombre por superar un pasado tan oscuro que no tiene fin. Abre el álbum. Las delgadas hojas entre las páginas susurran y hojea las fotos familiares de su padre, abuela, abuelo, tía Marie, fotos de coches de bebés y de bicicletas, hasta que llegan las imágenes de hombres en uniforme. Su padre era miembro del ”Stahlhelm" (Cascos de acero), un grupo paramilitar de nacionalistas alemanes que lucharon contra el Pacto de Versalles, contra las exigencias por las reparaciones de la Primera Guerra Mundial, más tarde contra la república de Weimar entre las dos guerras y contra la democracia. "Papá actuó en obras de teatro nacionalistas que se daban en salones ubicados detrás de bares locales," dice Gröning. En una obra, un alemán recibió un disparo de un francés porque había resistido la ocupación francesa de pos-guerra en la zona industrial alemana del Ruhr. "Disciplina, obediencia, autoridad, así es como fuimos criados," dice Gröning. Su madre murió cuando tenía 4 años. Los judíos eran los comerciantes sucios" Continúa hojeando el álbum, buscando claramente algo. "Acá," toca una foto con su dedo, "mire el modo en el que acostumbrábamos a marchar." La foto, tomada en 1933, muestra un grupo de chicos usando uniformes militares, marchando tras una bandera. Una bandera con una svástica cuelga en una casa. El joven Oskar, marchando en la primer fila, tiene doce años y es un miembro del ala juvenil del "Stahlhelm." -¿Qué significaba el uniforme para usted? "Me fascinaba. Aún hoy, cuando escucho música militar…" su voz tiembla y se quiebra. "Perdóneme, pero es un experiencia tal para mi, tan elevada, aún hoy..." Cerca de la casa de su padre había un negocio de venta de objetos de hierro cuyo dueño era un judío llamado Selig. Tenía una hija, Anne, y los dos chicos solían jugar a las bolitas en la calle. Un día unos hombres de la SA colocaron en el frente del negocio un cartel que decía: "Alemanes, no compren a judíos." Luego de eso, Gröning y Anne comenzaron a jugar en el patio en lugar de hacerlo en la calle. -¿Qué pensaba usted cuando vio ese cartel?

"Nada, completamente nada," dice Gröning. Su voz se ha aquietado y es firme otra vez. Una puerta se abre y su esposa deja una bandeja con torta sobre la mesa. La bandeja está cubierta con un envoltorio plástico. "Para después," dice. Y se va. Prefiere no escuchar. Él espera hasta que su mujer ha cerrado la puerta de casa. Luego dice: "¿Ve? Para nosotros los judíos eran comerciantes sucios, como los abogados que han tenido siempre tan sombría reputación cuando se trataba de dinero. La gente decía: Los judíos siempre se aprovechan de los cristianos. Es la forma habitual en la que se conducen." -¿Acaso el padre de Anne Selig se aprovechó de la gente? "Yo no lo pensaba entonces." Oskar Gröning baja la pierna del banquito, se sienta erguido y comienza a cantar, calladamente al principio, luego más fuerte. "Y cuando la sangre judía comience a chorrear de nuestros cuchillos, las cosas volverán a estar bien." "Mi honor es la lealtad" La distinción entre el hombre de hoy y el del pasado se borran por un instante, cuando regresa al presente dice: "Entonces ni siquiera pensábamos en lo que estábamos cantando." Continúa hojeando el álbum. Tiene escrito en tinta azul bajo una foto con bordes dentados "1941, con tía Anna". Muestra al joven Gröning, alto, rubio y usando un uniforme con las letras SS cosidas en el cuello. Está sentado en el brazo de una silla y sonríe, obviamente muy orgulloso de su uniforme. Había visto imágenes de los SS en informes semanales de las noticias. Pensaba que eran inteligentes, la unidad más inteligente de todas. Se ofreció como voluntario en1940. -¿Por qué? "Era entusiasmo espontáneo, una sensación de no querer ser el ultimo del juego, de quedar afuera de todo lo que sucedía." Ya en las SS, durante dos años, Gröning trabajó en la oficina de pago. En octubre de 1942, recibió nuevas órdenes. Un oficial superior le dijo que había sido asignado a un trabajo especial, uno de la mayor importancia para el pueblo alemán, para que Alemania alcanzara la victoria definitiva. Le dijo que debía pensar en su juramento, en las palabras inscriptas en su faja. "Mi honor es la lealtad." Y le dijo por último que no podría revelar jamás la naturaleza de su nuevo destino, a nadie, por el resto de su vida.

Se oye la campanada de un reloj en el living. Son las seis en punto y Oskar Gröning ha estado hablando durante las últimas cinco horas. Come la torta y sigue hablando. En ese punto de su historia, el joven Gröning ha llegado a Auschwitz.

-¿Tal vez el viejo Gröning quiera un descanso? "No, no, no me molesta para nada," dice. Trae una botella de agua mineral de la cocina. Su esposa aún no ha vuelto. Gröning tiene 21 años cuando llega a Auschwitz en un día de octubre. Llega en un tren que viene de Katowice, y es llevado a su lugar en las barracas administrativas. Los demás, que ya estaban de antes, comienzan a poner la mesa para la cena: sardinas y jamón, vodka y rhum. Los SS están cómodos en este campo. Pero debe haber algo particular respecto de ello, piensa Gröning. Toman mucho. Después, se abre una puerta y alguien anuncia que ha llegado un nuevo transporte. Tres hombres se ponen de pie de un salto, se ajustan las fajas y toman sus pistolas.

Gröning quiere saber qué está pasando. Alguien dice: "Llegaron judíos, y en estos momentos están siendo admitidos en el campo. Eso es si tienen suerte." "¿Qué quiere decir?" pregunta Gröning. "Quiere decir que algunos serán exterminados," dice otro hombre. Gröning es conducido la mañana siguiente a una oficina. Le informa a su oficial superior que ha sido entrenado en tareas bancarias. Lo asignan pues a “Administración del dinero de los internos." Un asistente le instruye en sus nuevos deberes y le informa que los judíos deben entregar su dinero ni bien llegan al campo. Es colocado en una caja de madera y el trabajo de Gröning será ordenarlo, clasificarlo y, de tanto en tanto, llevarlo a una oficina administrativa de Berlín. Le dice también que la mayoría de los judíos son conducidos a las cámaras de gas. Al día siguiente, Oskar Gröning comienza a contar el dinero. Cree en Adolf Hitler y en Joseph Goebbels. Cree que es el deber de los alemanes la destrucción del judaísmo global. Cree que los alemanes perdieron la Primera Guerra por causa de los judíos. Y quiere que Alemania gane esta guerra. Come bien, trabaja con diligencia y duerme bien. Los hombres de las SS duermen en camas confortables cubiertos con edredones suaves. Habían pertenecido a los judíos. Luego de dos meses en el campo, Gröning recibe una instrucción adicional. Más y más trenes llegan a la rampa, y alguien debe vigilar que ningún equipaje sea robado. Es en el primer día de esta nueva asignación que presencia cuando la cabeza del bebé es estrellada contra la carretilla. Esa noche, acostado en la cama, no puede dormir. Te metiste en una situación muy fea, piensa. Dibuja una línea entre los excesos individuales y el asesinado masivo cometido por la sociedad como un todo. Cree que los excesos son barbáricos, pero que el asesinato masivo es legítimo. Se dirige al oficial al mando y le dice: "Si esta es la manera en que las cosas son hechas aquí, preferiría ser transferido." El oficial responde: "Lo que viste el otro día fue ciertamente algo fuera de lo común. Pero firmaste una carta de compromiso. Es tu deber servir donde fuiste destinado." Clasificando el dinero de los muertos Gröning vuelve al orden del terror. Es ascendido de dirigente de tropa a delegado de la compañía. Vigila la rampa cuando es destinado allí, y cuenta el dinero cuando llegan las cajas de madera. Lo llama "dinero sin dueños." Clasifica zlotys polacos, dracmas griegas, francos franceses, guilders holandeses, liras italianas, el pillaje de una comunidad global. A la noche, luego de haber completado sus tareas, Gröning cena en la barraca, juega a las cartas con sus camaradas y su oficial superior. A veces sus compañeros están borrachos cuando se van a acostar y usan sus pistolas para apagar la luz de un disparo. Gröning se une los fines de semana a un grupo para hacer gimnasia y deportes no lejos de la rampa y de la cámara de gas. Se divierten mucho juntos.

Una noche lo despierta un sonido de silbatos. Los judíos han escapado. Corre en la oscuridad hasta que llega a una granja llena de gente desnuda que es arreada dentro de la casa. Ve a un oficial superior cerrar la puerta, ponerse una máscara anti gas, abrir una lata y derramar su contenido en una abertura. Luego oye gritos. Los gritos se hacen un ruido atronador, los truenos se vuelven murmullos, y luego sobreviene el silencio. Vuelve a su barraca en compañía de otro hombre. Este dice: Conozco un atajo. En el trayecto, le cuenta a Gröning lo que sucede cuando los cuerpos son quemados en los hornos. Se estiran, se enderezan, los penes se ponen erectos, dice. El atajo hace pasar a los dos hombres por una pira de cuerpos recientemente cremados. Gröning se acerca para ver qué sucede cuando un ser humano es quemado. Envía otra solicitud de transferencia. Y luego otra. En septiembre de 1944, lo envían a una unidad de campo y lucha contra los aliados durante la ofensiva en los Ardennes. La noche ha comenzado a oscurecer el jardín de Oskar Gröning. Contó la historia de su vida en Auschwitz, sobriamente, como si relatara un documental. Se pone de pie para traer más agua mineral. "Siga adelante, pregúnteme más." Algo horrible pero necesario -¿Qué pensaba cuando se dio cuenta de que los judíos estaban siendo gaseados en Auschwitz? "Que era una herramienta para llevar adelante la guerra. Una guerra con métodos de avanzada." -Pero usted no estaba en la guerra. Estaba en una fábrica cuya tarea era un asesinato sistemático. "Si uno estaba convencido de la necesidad de la destrucción del judaísmo, ya no importa cómo se hace la matanza. Ya en 1939, Hitler dijo en un discurso que si los judíos forzaban a los alemanes a una nueva guerra, significaría el fin del judaísmo en Europa." -Pero hay una diferencia entre vitorear a Hitler como parte de una multitud anónima y trabajar en una máquina mortífera. "Sí, hay una diferencia. Pero, infortunadamente, sucedió que me llevaron, a mí, Oskar Gröning, al campo donde las cosas por las que todos vitoreaban estaban sucediendo en realidad. Y luego, en un punto uno simplemente estaba allí y el único sentimiento que quedaba es: Soy parte de este hecho necesario. Un hecho horrible, pero necesario." -¿Qué sentía cuando los judíos eran llevados a la cámara de gas? "Nada, debo decir. Porque lo espantoso no era obvio. Cuando uno sabe que está habiendo una matanza, uno también sabe que hay gente muriendo. Los horrores solo se me hicieron patentes cuando escuché los gritos." -¿Sería correcto decir que usted se habituó a Auschwitz?

"Me instalé pronto. O mejor dicho: fui parte de una emigración interna. En parte vivir en Auschwitz era perfectamente normal. Había una verdulería donde también se podían comprar huesos para sopa. Era como una pequeña ciudad. Tenía mi unidad y las cámaras de gas eran irrelevantes para esa unidad. Había ese aspecto de la vida en Auschwitz, y también estaba el otro, y ambos estaban más o menos separados." Son las 8:30 de la noche. La puerta de entrada se abre y entra su esposa. Pregunta si queremos que haga sándwiches de queso. Sugiere que podría dejarlos preparados y salir a visitar a una vecina. Cuando Gröning volvió de un campo británico para prisioneros de guerra en 1948, le dijo: "Muchacha, te pido que nos hagas un favor a ambos: no preguntes." Todavía no pregunta. Gröning me ofrece continuar con la entrevista en el hotel. Quiere seguir adelante. Quiere arreglar las cuentas. A la mañana siguiente dice que durmió profundamente. Había tomado un somnífero. Su mujer ya se fue de la casa. Hay una botella de agua mineral sobre la mesa ratona. El álbum de fotos ya no está, reemplazado ahora por documentos, documentos que podrían absolverlo. Algo así como los certificados de logros de Oskar Gröning. Un pequeño elemento en la estructura Un documento lleva como referencia el número VP-55b/9.44/Zö/IG. Es una carta del comando de los SS en Berlín confirmando su traslado. "El mencionado ha servido voluntariamente en el frente", certifica el documento. El segundo documento es una carta de la corte del distrito de Duisburg. La carta establece que Gröning es convocado para testificar como testigo contra un miembro de las SS acusado de haber asesinado a internos en Auschwitz. Oskar Gröning subrayó con tinta azul cinco palabras en esta carta. "Convocado para testificar como testigo." No como acusado. Es inocente, al menos ante la ley. Cuando Gröning volvió del campo de prisioneros de guerra, fue a vivir con sus suegros. Un día estaban a la mesa, cenando, cuando el padre de su suegra dijo: "¿Cómo sé que no estoy sentado acá frente a un asesino? ¿O de un potencial asesino?" Golpeó la mesa con la mano y respondió: "Estoy sentado acá porque no soy culpable. No fui un victimario, y en ese sentido soy un ser humano honorable." Oskar Gröning, el ser humano, un pequeño elemento en la estructura jerárquica de Auschwitz. Así es como se sentía, y así es como se siente hoy. Pero son pocos los que acordarían con él. En la noche anterior, cuando Gröning ya dormía, la televisión había pasado un documental inglés sobre la liberación de los campos de concentración. La película no diferenciaba entre los que asesinaron y los que contaban el dinero de los asesinados. Mostraba hombres en uniformes de la SS y montañas de cadáveres. Monstruos y sus víctimas. "No miro ese tipo de cosas. Es inconducente. Sé qué aspecto tienen los cadáveres," dice Gröning. Su voz es fría y ausente. Una lágrima se agolpa en su ojo izquierdo. Las imágenes cuentan otra historia. Dicen que es culpable. Las fotos que Gröning muestra son más suaves, menos radicales, no tan claras. Dicen que es inocente. Gröning debe continuar con su vida cuando vuelve del campo de prisioneros de guerra en 1948. No desea ser perturbado. Nunca miró nada, ni escuchó nada o ni leyó nada que pudiera llevarlo de vuelta al campo. No sabe sobre el juicio de Auschwitz que comenzó en 1963, un juicio que presentó por primera vez a la joven democracia alemana los detalles de la máquina de exterminio. "No sé nada sobre eso," dice.

En 1968, cuando los hijos ya adultos, estaban llevando a juicio a la generación de sus padres, sus propios hijos tenían 26 y 19 años. Fueron a la universidad y volvían poco a la casa. Sabían que su padre había estado en Auschwitz, pero nunca hablaban con él sobre eso. No tenían preguntas. "No nos importaba," dice Gröning. Ignorando el pasado En 1979, se emitió por la televisión alemana la serie norteamericana "Holocausto”. La pintura mostraba el destino de una familia judía en un relato de ficción. Fue una lección de historia para las familias alemanas y todo el mundo hablaba sobre ello. "La lista de Schindler" fue un hecho pasajero comparado con la serie "Holocausto". "Nunca supe de su existencia," dice Gröning. Hay solo alguien con quien Oskar Gröning dialoga sobre la verdad de lo sucedido en aquellos años: Dios. Quiere liberarse de algo que siente pero no sabe cómo llamarlo. ¿Culpa? ¿Es un victimario? ¿Un cómplice? O, según él cree, ¿ninguna de las dos cosas? Se hace las mismas preguntas que un país entero. Pero se las plantea a sí mismo, acá en su living. Y no recibe respuestas.

Cuando al guerra termina, Gröning comienza una vida normal, de clase media, trabajando en una pequeña fábrica como liquidador de sueldos. Nadie sabe lo que había hecho. Se siente seguro si sólo se ocupa de dinero. Fue siempre su modo de ser. Tiene un perro salchicha y colecciona estampillas. Pertenece a un club filatélico. En 1985, asiste a un encuentro anual del club. Está con otro coleccionista charlando sobre estampillas y política. Escucha el comentario: "Es increíble que estén acusando a gente que niega el holocausto, si realmente eso no pasó." Es un momento significativo en la vida de Oskar Gröning, una explosión, casi como si alguien hubiera pinchado un globo con una aguja. Gröning le dice: "Yo sé algo más acerca de todo eso; deberíamos conversarlo algún día." El otro coleccionista le da "La mentira de Auschwitz," escrito por el viejo nazi Thies Christophersen. Gröning devuelve el libro con algunas hojas escritas por él, su respuesta a Christophersen. "Yo vi todo," escribe. "Las cámaras de gas, los crematorios, el proceso de selección. Un millón y medio de judíos fueron asesinados en Auschwitz. Yo estuve allí." Era una carta para su propia conciencia. Medio año después, sus notas fueron publicadas en una periódico neo nazi. Gröning ya no podía seguir oculto. Ahora corre hacia delante y ve finalmente una forma de salvarse. Puede usar su pasado como moneda de cambio. Puede convertirse en el testigo estrella contra los acusados de difundir la mentira de Auschwitz. Busca una tarea, una misión en su futuro. Incluso también atenuantes. Se sienta y escribe afiebradamente. Desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche, durante tres semanas. Llena con su máquina de escribir 87 páginas, su vida así como él la ve. En su historia, hay citas de libros de Sebastian Haffner. Pero Haffner intentó explicar el fenómeno Hitler, no el de Auschwitz. Gröning entrega las páginas a sus hijos. Cree que finalmente ha conseguido explicar algo. Que será exonerado. El padre espera ser absuelto. Su hijo mayor, ya abogado, no contesta. El hijo menor, un filólogo, escribe preguntas en los márgenes. Los hijos expresan juicios silenciosos. Buscando respuestas en la BBC Gröning vuelve a sentarse y continúa escribiendo. Debe responder a las preguntas de su hijo menor. Hace copias con su texto y se las entrega a sus amigos. Difunde su historia al mundo como si repartiera panfletos por la calle. Sus amigos opinan que Oskar se sumergió en una ordalía. Nadie hace preguntas. Nadie quiere explicaciones.

-¿Tal vez las explicaciones sean imposibles? "La gente les teme. Así es como lo veo," dice Oskar Gröning. Se pone de pie y va al cuarto contiguo. Están allí su cama, su escritorio, su computadora, su biblioteca y sus cajas. En la biblioteca hay libros sobre nazismo y una Biblia. En las cajas hay copias de sus notas y cintas de video. Una barrera invisible se yergue entre el living y el dormitorio. Los libros de cocina de su esposa están en el estante del living. Toma la caja con las cintas. "Nueve horas," dice. Oskar Gröning estuvo frente a las cámaras de la BBC durante nueve horas para la filmación del documental sobre Auschwitz. La BBC quería el relato de un miembro de las SS, y el miembro de las SS quería el perdón. Era un experimento. El miembro de las SS decía algo, y la BBC haría los comentarios. Por ejemplo, Gröning decía que Auschwitz era un buen destino para la gente de las SS, más agradable que pelear contra el Ejército Rojo en el frente oriental. El documental mostró a Gröning como quien fue, un lubricante en la máquina de la exterminación masiva. La BBC tampoco ofreció ninguna absolución. Gröning quiere pasar los videos a DVD para poder verlos en la computadora de su cuarto. No quiere monopolizar el living. Dice que su esposa no quiere ver las cintas. -¿Por qué no? "Tal vez porque tiene miedo." -¿De qué?

"Tal vez tiene miedo de la verdad." Vuelve a living y se sienta en su sillón otra vez, listo para más preguntas.

-¿Es usted culpable? Oskar Gröning mira la cinta de video que está sobre la mesa frente suyo. Reflexiona sobre la pregunta un largo tiempo. Le es imprescindible encontrar las palabras correctas. Luego dice: "La culpa tiene relación con acciones, y debido a que creo que no fui un victimario activo, no creo ser culpable." -Si no fue un victimario, ¿qué fue? ¿Un cómplice? "No lo sé. Evito la pregunta; me pone en dificultades. Cómplice es demasiado para mí. Describiría mi rol como un ´pequeño engranaje en el mecanismo total´. Si eso puede ser descrito como culpa, entonces soy culpable, pero no voluntariamente. Legalmente hablando, soy inocente." Argumentando sobre la culpa -¿Y la moral? "Desde un punto de vista cristiano, desde el punto de vista de los Diez Mandamientos, los mandamientos dicen: No matarás, ser un cómplice es ya una violación. Pero propone otra pregunta: las cosas que hice me convierten en asesino?" -Usted se hizo cargo de una función en un sistema cuyo exclusivo propósito era el asesinato. "Permítame ponerlo de otro modo: Me siento culpable ante el pueblo judío, culpable de haber formado parte de un grupo que cometió esos crímenes, aún sin haber sido un victimario yo mismo. Pido perdón al pueblo judío. Y le pido perdón a Dios." Cuando la cinta de la BBC termina, dice: "Aun no encontré una respuesta." La está buscando desde hace 60 años. Oskar Gröning dijo todo lo que puede decir. No hay más preguntas a ser preguntadas. Fue suficiente. Ahora todo lo que quiere es ser perdonado. Y si el perdón es imposible, querría al menos ser comprendido. Camina hacia el jardín. Hay una pila de pequeños platos negros sobre el césped. Gröning vertió 300 kg de alimento para aves sobre el pasto en el invierno pasado y colgó de los árboles 150 recipientes para alimentar a los pájaros. Ama a los pájaros. Uno hizo su nido hace poco en su buzón. A los pocos días apareció muerto. Alguien le había disparado con un arma. "Casi me hizo llorar," dice Oskar Gröning.

Traducido del ingles, de la versión traducida del alemán por Christopher Sultan publicada el 9 de mayo de 2005 en el número especial sobre el 60º aniversario de la terminación de la guerra en Der Spiegel. Se la puede encontrar en

http://service.spiegel.de/cache/international/spiegel/0,1518,355188,00.html

Odio a los judíos: virus mutante - Edward Rothstein

Traducción libre: Diana Wang En el congreso sobre antisemitismo que tuvo lugar esta semana en el Center for Jewish History (Centro de Historia Judía), un panelista contó este chiste judío clásico: Un judío se ofreció como anunciador en una radio y fue rechazado. Un amigo le preguntó por qué. “Es sencillo” y agregó con un agónico tartamudeo: “anti-s-s-s-semitismo”. El chiste se burla de la idea misma del antisemitismo y también de la excesiva sensibilidad judía sobre las frustraciones.

Lejos de una idea burlona sobre el antisemitismo, el congreso -organizado por Leon Wieseltier y Martin Peretz del New Republic y Leon Botstein, presidente del Bard Collage-, encontró el viejo virus colándose vital y fresco por el tejido de la cultura occidental, tomando nuevos senderos, buscando nuevos huéspedes y proponiendo nuevas amenazas.

Auspiciado por el IWO, Instituto de Investigación Judío, el congreso de cuatro días incluyó una lista impresionante de historiadores y académicos de las ciencias sociales, estudiosos del antisemitismo, periodistas y dirigentes de organizaciones judías. El tema del resurgimiento del antisemitismo también inspiró otro congreso esta semana, en París, organizado por el Centro Simon Wiesenthal y la UNESCO. Y el mes pasado, un simposio de un día sobre el mismo tema fue llevado a cabo en Ámsterdam en la casa de Anna Frank.

Esta confluencia de preocupaciones es también evidente en las siguientes publicaciones: "The Anti-Semitic Moment: A Tour of France in 1898" (El momento antisemita: una gira por Francia en 1898) por Pierre Birnbaum (Hill & Wang) y el que está a punto de aparecer, "The New Anti-Semitism: The Current Crisis and What We Must Do About It" (Jossey-Bass) (El nuevo antisemitismo: la crisis actual y lo que debemos hacer sobre ello) por Phyllis Chesler.

Tanto interés expresa preocupaciones que no son infundadas. En Francia, durante los últimos dos años, sucedieron cientos de incidentes antisemitas con sinagogas quemadas y ataques físicos a personas entre otros. En el congreso del IWO, el escritor judío, Konstanty Gebert, que usa solideo, dijo haber soportado más insultos durante unos meses en Paris que los recibidos en toda su vida en Polonia. El historiador Simon Schama contó que cientos de tumbas judías, entre las que estaban las de su familia, habían sido profanadas en el cementerio judío de Inglaterra dos semanas antes. Los ejemplos más paradigmáticos, sin embargo, vienen del mundo árabe donde florecen por doquier tiras cómicas al estilo de Der Stürmer y de los libelos sangrientos de la Edad Media.

Muchos de los incidentes de Europa occidental son ejecutados por jóvenes criados en comunidades musulmanas que convirtieron a los judíos en su principal objetivo de ataque. Pero los incidentes y las reacciones oficiales han generado una mayor amplificación del fenómeno del antisemitismo. Durante un cierto tiempo, el gobierno francés fue renuente a encararlos como actos antisemitas. En algunos casos los ha justificado o explicado como reacciones contra la política de Ariel Sharon en Israel o por la guerra contra el terror del presidente Bush. No sólo el gobierno, sino también la condena de estas políticas desde la izquierda europea han producido una benevolencia contagiosa.

Una cierta forma intelectual del antisemitismo asociada con la aguda crítica a Israel se hizo más frecuente. Por supuesto, la crítica a Israel no es forzosamente antisemita, y no es válido acusar de antisemitismo a toda crítica a Israel. Pero la crítica es antisemita cuando demoniza al sionismo, lo iguala al nazismo o justifica a organizaciones como Hamás y Hezbolá uno de cuyos propósitos constituyentes es la destrucción de Israel. Si la analogía nazi se aplica tan ávidamente a Israel podríamos pensar que es porque parece aliviar y absolver al acusador mientras que condena al estado de Israel al nivel más profundo del infierno. Pronto, la acusación se hace extensiva a los otros judíos.

En esta transformación del antisemitismo, los viejos mitos y nociones del pueblo paria reaparecen a menudo con nuevos disfraces. Por ejemplo, la idea de que los judíos se sacian con la sangre de los gentiles para objetivos rituales, se ha reencarnado en el chiste gráfico del diario The Independent de Londres el pasado enero que generó una firme protesta del gobierno israelí. Mostraba en una caricatura goyesca a un Ariel Sharon dibujado con rasgos étnicos propios de las imágenes antisemitas, engulliéndose la cabeza de un niño palestino mientras helicópteros israelíes tiraban bombas a su alrededor. "¿Cuál es el problema?" gruñe Sharon. "¿No vieron nunca antes a un político besando a un niño?"

¿Por qué estas nuevas formas de antisemitismo se volvieron familiares en Europa? ¿Por qué prosperan aún cuando el antisemitismo tradicional es abiertamente condenado?

En el congreso del IWO, Mark Lilla, que enseña Historia Intelectual Europea en la Universidad de Chicago, argumentó que los brotes antisemitas estuvieron asociados en la historia de la humanidad con crisis políticas. Con el conflicto entre la Iglesia y el estado en la Edad Media, con el Iluminismo en el siglo 18, con la crisis del totalitarismo en el siglo 20. Ahora, continuó, está sucediendo otra transformación, Europa se rebela contra la idea misma del estado-nación.

En la conciencia europea, el estado-nación está asociado a la fuerzas diabólicas del nacionalismo, la xenofobia y el fascismo. Luego de la Segunda Guerra Mundial, dijo el Sr Lilla, Europa pudo dejar de pensar en el tema de la soberanía; los EEUU y la NATO se hicieron cargo del paquete. Una de las consecuencias, agregó el Sr Lilla, es que las organizaciones no gubernamentales son vistas como un ideal político en contra de los estados-nación soberanos. En este escenario, Israel aparece como una anomalía, una nación-estado joven que insiste en su status, fuerza y soberanía, violando esa visión internacional contemporánea. Tal vez sea una de las razones para que Israel fuera tratado como paria en las Naciones Unidas, imposibilitado incluso de pertenecer a la Comisión de Derechos Humanos (su lugar lo ocupa Libia) y que sea sujeto de resoluciones que confirman la legitimidad de la lucha armada en su contra.

El Sr Lilla desarrolla argumentos propuestos por Robert Kagan sobre las diferencias entre los EEUU y Europa. Dice que tanto al anti-norteamericanismo como al anti-sionismo son la expresión de la oposición a la noción moderna de nación-estado que insiste en viejas ideas de poder. Europa no niega de plano los temas de soberanía. Por ejemplo apoya la inviolabilidad de las fronteras o la necesidad de un estado palestino. Pero son excepciones examinadas raramente con seriedad. En palabras del Sr Lilla: “Incluso el apoyo a los palestinos tiene una extraña cualidad apolítica en Europa”.

Pero no es sólo cuestión de ideología política. Alain Finkielkraut, el intelectual francés, sugirió que luego de la Segunda Guerra Mundial, Europa quedó obsesionada con el “nunca más”: “Nunca más políticas de poder. Nunca más nacionalismo. Nunca más Auschwitz”. Mientras los Estados Unidos podían celebrarse a sí mismos abiertamente, para Europa el recuerdo de la Segunda Guerra abría “un abismo”. Entonces, Europa se reivindicó a sí misma imaginando un mundo nuevo “un mundo tan humano, tan desprejuiciado, tan libre-pensador” en el cual la idea misma de un pueblo enemigo no era tomada con seriedad.

Pero entonces, en medio de este sueño ideal, aparecen los judíos. Sólo que esta vez “no son acusados de persistir tenazmente en su judaísmo sino de traicionarlo”. El nacionalismo israelí, su ejército y obstinación ofenden al universalismo de la izquierda europea y las simpatías antiglobalizadoras y evocan el pasado catastrófico.

Un antisemitismo de derechas sigue siendo injustificable, pero pasa a ser virtuoso cuando se sostiene en este pretendido universalismo antiglobalizante. Dice el Sr .Finkielkraut que son acusaciones que invocan las viejas tradiciones antisemitas: “Ven a los judíos como ese pueblo tan creído e intoxicado con su condición de elegido que rehúsa la idea de la humanidad universal”. En este pretendido rechazo, el judío, en su caricatura, termina siendo el racista arquetípico, o sea, el enemigo, el nazi.

Mientras que el judío fue otrora atacado por su asociación con la modernidad y el internacionalismo, ahora lo es por no aceptar el post-modernismo y el internacionalismo. Estos ataques, se sobreimprimen al antisemitismo más tradicional de radicales islámicos y nacionalistas palestinos que, paradójicamente, desconfían de la modernidad liberal universalista, cantan “muerte a los judíos” y proponen su propia imaginería sobre el nazismo.

Pero a pesar de todo esto, observamos también signos de cambios positivos a la luz de los eventos recientes. En el ultimo año, bajo la presión norteamericana algunas características concretas del gobierno palestino fueron revisadas. El mes pasado, Yigal Carmon, cuyo Instituto para la Investigación de los Medios en el Cercano Oriente ha traducido regularmente material del mundo árabe relacionado con los conflictos con EEUU e Israel, argumentó que hay ahora “significativos precursores de cambio en el discurso antisemita en el mundo árabe” (www.memri.org), con una disminución notoria de expresiones de extremo antisemitismo.

Algún día, tal vez, el viejo chiste judío sobre el locutor tartamudo podría tener menos niveles de lectura y ser expresión de que el antisemitismo se ha vuelto, tan sólo, motivo de broma.

Texto original en inglés: http://www.nytimes.com/2003/05/17/arts/17CONN.html?ex=1054183828&ei=1&en=23f285696d65b00c

Ruptura de contrato

Texto que circuló por internet sin mención de autor. Traducción: Diana Wang

Memorandum para: El Señor Todopoderoso, también conocido como Ha'shem, Shadai, Elohim, etc. De: Los Judíos: también conocidos como El pueblo Elegido Asunto: Terminación de Contrato/Status Especial (Pueblo elegido)

Como sabés, el contrato que hiciste con Abraham debe ser renovado periódicamente. Este memorandum es para informarte que, tras varios milenios de consideración, nosotros, los judíos (el Pueblo Elegido) hemos decidido, respetuosamente, que ya no deseamos dicha renovación. Dejamos por sentado que este convenio no consta por escrito y que, a pesar de la creencia popular, nosotros (los judíos) no nos hemos beneficiado realmente demasiado con él. Si volvieras a la lejana época de nuestro arreglo, observarás que ya desde el principio todo comenzó definitivamente con el pie izquierdo.

No sólo Israel y Judea fueron invadidos casi cada año, sino que nosotros, los judíos (el Pueblo Elegido) tuvimos que invertir mucho esfuerzo para levantar no sólo uno sino dos templos. Y ambos fueron destruidos. Todo lo que quedó es una pila de piedras viejas llamada Muro de los Lamentos (por supuesto que sabés todo esto pero creemos que es bueno refrescarlo para dar cuenta de las razones por las que queremos declinar el honor que nos has conferido y concluir nuestro contrato).

Después los hititas, los asirios, los Goliats, etc, no sólo nos castigaban a diario sino que nos vendían como esclavos a Egipto, lo que nos hizo perder cientos de años de desarrollo.

Reconocemos que te pusiste en muchos problemas al mandarnos a Moisés para que nos sacara de Egipto, y a los pobres egipcios los castigaste con todas aquellas plagas. Lo que no conseguimos comprender es por qué tomó cuarenta años cubrir el trayecto que El Al hace ahora en 75 minutos. Además, y no deseamos parecer desagradecidos, durante años nos hemos preguntado ¿por qué Moisés nos llevó hacia la izquierda en lugar de hacia la derecha, al Sinaí? Si nos hubiera llevado allí, habríamos tenido el petróleo en vez de sólo el desierto!

Entendemos, el petróleo no era parte del trato, pero después vinieron los romanos y estuvimos in dredarain hasta el cuello. Es cierto que los romanos nos proporcionaron agua potable, acueductos y baños públicos, pero era desconcertante caminar bajo esas construcciones y al levantar los ojos ver a uno de nuestros amigos o familiares clavados en tres partes como si fueran estampillas o señales camineras.

Incluso una de nuestros príncipes, Judah ben Hur, fue capturado vestido de romano y anduvo dando vueltas como un loco en la arena del Coliseo. Tal vez por culpa de Hollywood o vaya uno a saber por qué, mucha gente juraba que Ben Hur tenía un inquietante parecido con Moisés! Y esto no es nada, encima de todo, uno de nuestros rabinos (maestros) se declaró a sí mismo “Hijo Tuyo” (sin mencionar siquiera a Abrahamcito) y antes de que nos despabiláramos, teníamos encima toda una nueva religión.

Y sobre llovido, mojado: fuimos luego dispersados por todo el mundo dos o tres veces mientras esta nueva religión se enraizaba más y más! Lamentamos mucho saber que los romanos lo ejecutaron igual que a tantos otros, pero..., -y esto te va a hacer reír por la reiteración del acontecimiento- adiviná a quién culparon. Sí, a NOSOTROS! En este tema preciso hay algo que no conseguimos comprender. Aquel rabino, hermano nuestro y tu propio hijo, siguió un camino curioso. Millones de personas lo reverenciaban y adoraban su nombre y enseñanzas... y sin embargo nos seguían matando por millones. Reclamaban que bebíamos la sangre de los recién nacidos y que controlábamos los bancos mundiales (Oy! Oy! Si tan sólo eso fuera verdad! Podríamos haberlos comprado a todos y controlar los medios de comunicación mundiales y más y más y se hubieran terminado nuestros problemas.)

¿Vas comprendiendo lo que queremos decirte?

Adelantemos entonces algunos siglos hacia las Cruzadas. ¡Mamita! ¡Otra vez quedamos como jamón del sandwich! Ellos, los Señores y Caballeros, venían de toda Europa para echar a los árabes y liberar los Santos Lugares, pero antes de que dijéramos “agua va” ya nos estaban matando a diestra y siniestra y también al centro junto con muchos otros más. Toda vez que un rey o un papa andaba mal en las encuestas, convocaban a una Cruzada o a una Guerra Santa y se mandaban una epopeya de asesinatos sobre nosotros. Hoy se llama Jihad.

Ya ves, nos pusiste un poco a prueba entonces, pero enseguida vino un brillante clérigo español y se inventó la Inquisición. Todos pensamos que era un nuevo show de entretenimientos pero otra vez nosotros y, debemos admitirlo, también algunos otros, fuimos usados como leña para la iluminación pública de las mayores ciudades de España. Está bien, eso terminó hace unos cien años o algo así. Visto en la perspectiva de la historia, cinco siglos no es mucho tiempo.

Pero mientras, cada vez que nos establecíamos en un país o en otro, nos pateaban y nos echaban! Y así vagamos unos siglos por ahí, pero la cosa no cambiaba.

Al final, nos quedamos en algunos países en donde insistieron en que viviéramos en guetos...Nos fuimos entonces a los guetos, cuando ¡ni te imaginás lo que pasó! Los rusos se aparecieron con los pogroms. Creímos que era una falta de ortografía, que lo que traían eran programas, pero estábamos fatalmente equivocados (lo de fatal no quiso ser un juego de palabras). Aparentemente, cuando no tenían nada más que hacer, la diversión era matar judíos (los así conocidos como El Pueblo Elegido, no sé si me entendés...).

Ahora viene una parte francamente fuerte. La estábamos pasando bastante bien, gracias, en un pequeño país europeo llamado Alemania, cuando a un pintor de casas se le ocurrió escribir un libro con ideas que prendieron en el pueblo y se volvió su líder... ¡¡¡Uau!!! Ése sí que fue un mal día para nosotros, ya sabés, tu Pueblo Elegido. La verdad es que no nos imaginamos dónde estabas en lo que en la Tierra eran los años 1940 a 1945. Sabemos que todos necesitamos un descanso de vez en cuando, incluso el Señor Todo Poderoso necesita un tiempo de relax. Pero de verdad, cuando más te necesitamos, no apareciste. Tal vez estés enterado de esto pero por si te lo olvidaste, unos seis millones de tu Pueblo Elegido junto con algunos otros no elegidos, fue asesinado entonces. Hicieron pantallas de lámparas con nuestra piel.

Mirá, no queremos insistir con el pasado, pero la cosa todavía se pone peor! Acá estamos, es 1948 y millones de nosotros vagan nuevamente desplazados y te mandaste una buena! Hemos recuperado por fin nuestra tierra! Sí!!!! Después de todos esos años, conseguiste que volviéramos a nuestro hogar! Pero, debemos confesarte que a veces tu sentido del humor se nos escapa, entonces los países árabes nos declararon la guerra.

Y ganamos todas las guerras, y ahora estamos en el 2002 y nada ha cambiado. Seguimos recibiendo los golpes, los secuestros, las acusaciones, los atentados, las muertes. Seguimos sin paz.

Nuestra paciencia se agotó. Ya es suficiente. Esperamos que comprendas que nada es para siempre (excepto vos por supuesto) y que desearíamos respetuosamente declarar nulo nuestro acuerdo verbal de ser tu Pueblo Elegido. Mirá, a veces las cosas funcionan y otras no.

Seamos tan sólo amigos los próximos eones y veamos qué sucede. ¿Qué tal si buscás por otro lado? Seguro que te acordás que Abraham tenía otra familia de parte de Ismael (los mismos que consiguieron el petróleo). ¿Qué tal si los hacés a ellos tu Pueblo Elegido por unos miles de años? Nos despedimos vos con todo respeto. Atentamente,

Los judíos.

Los chicos de Hitler. William E. Grim

Traducción: Diana Wang[1]

No soy judío. Ningún miembro de mi familia murió en el Holocausto. El antisemitismo ha sido siempre para mí uno de aquellos fenómenos que mi radar no registra, como los asesinatos tribales en Ruanda, esas cosas terribles que le pasan a los demás.

Pero vivo en una pequeña ciudad en las afueras de Munich en una calle que hasta mayo de 1945 se llamaba Adolf-Hitler-Strasse. Trabajo en Munich, una agradable ciudad metropolitana de algo más de un millón de habitantes cuyo encanto bávaro tiende a oscurecer el hecho de que fue la cuna y capital del movimiento Nazi. Cada día, cuando voy a trabajar, paso por los lugares donde vivió Hitler, edificios que aún existen, donde fueron tomadas las decisiones de matar a millones de personas inocentes, plazas y espacios en donde se quemaron libros, desfilaban las tropas de los SS y gente fue ejecutada. La proximidad del mal concentra y focaliza la atención porque antepone la realidad física a las narrativas escritas de los horrores perpetrados por los alemanes.

Luego suceden las pequeñas cosas que se suman y en la suma, se convierten en algo siniestro. Estoy en un ómnibus y un adolescente le pasa a un compañero un ejemplar de “Mi Lucha” que pertenecía a su abuelo, encuadernado en cuero rojo; el receptor dice “genial!” y saca de su mochila un video producido en Suiza de “Los Grandes Discursos de Joseph Goebbels." Pocas semanas después, estoy en una reunión de trabajo con cuatro alemanes jóvenes y sofisticados, que se conducen de manera amable y educada. Cuando el tema de conversación pasa a ser un convenio comercial con un hombre de Nueva York llamado Rubinstein, sus narices se distienden, sus modos adquieren un aire amenazador y uno de ellos dice, y lo cito textualmente, “El problema con los Estados Unidos es que los judíos tienen todo el dinero." Todos ríen y otro dice, "sí, a los judíos les importa mucho el dinero."

Encuentro que este tipo de referencia antisemita en mis tratos profesionales con alemanes se vuelven pronto un leitmotif (tomando prestado el término que hizo famoso Richard Wagner, otro notorio alemán antisemita). En mis encuentros privados con alemanes, sucede con frecuencia que se aflojan después de un tiempo y revelan opiniones personales y tendencias políticas que se suponía que habían dejado de existir en aquel bunker en Berlín un 30 de abril de 1945.

Tal vez se deba a que soy rubio y a que mi apellido suena alemán, el que los alemanes sientan que soy “uno de ellos”. También muestra cuánto comprenden de lo que significa ser un norteamericano.

Cualquiera sea la razón, las conversaciones tienen generalmente uno o más de los siguientes componentes:

(1) Fue desafortunado que los Estados Unidos y Alemania lucharan como enemigos durante la Segunda Guerra, dado que el enemigo real era Rusia.

(2) Sí, los Nazis cometieron excesos, pero en las guerras suceden cosas terribles. Al mismo tiempo, el panorama del Holocausto ha sido muy exagerado por los medios norteamericanos que están dominados por judíos.

(3) La CNN está controlada por judíos norteamericanos y es anti palestina. (Sí, ya sé que suena increíble, pero incluso entre los alemanes más inteligentes, aún aquéllos con clara influencia sajona, hay una creencia extendida de que la red de noticias fundada por el mejor amigo de Fidel Castro, Ted Turner, quien hasta hace poco estaba casado con la hanoísta Jane Fonda, es un enclave de la propaganda pro israelí )

(4) Casi todos los alemanes se opusieron al Tercer Reich y nadie en Alemania sabía nada sobre el asesinato de los judíos; los judíos mismos fueron los responsables del Holocausto.

(5) Ariel Sharon es peor que Hitler y los israelíes son Nazis. Los EEUU apoyan a Israel sólo porque los judíos controlan al gobierno norteamericano y a los medios.

Por primera vez en mi vida, fui conciente del antisemitismo. Por cierto que el antisemitismo existe y ha existido en otras partes pero en ninguna sus consecuencias han sido tan devastadoras como en Alemania.

Mirándolo de la manera más objetiva posible, 2002 ha sido un año ejemplar para el antisemitismo en Alemania. Ataques a sinagogas; profanaciones en cementerios judíos; el gran best seller alemán fue la novela de Martin Walser “Muerte de un crítico”, un texto ligeramente velado que contiene claves maliciosas y ataques antisemitas sobre el conocido crítico literario Marcel Reich-Ranicki (sobreviviente tanto del gueto de Varsovia como de Auschwitz); el partido Democrático Libre ha adoptado extraoficialmente el antisemitismo como campaña táctica para atraer a la minoría musulmana; y los historiadores revisionistas alemanes están empezando ahora a definir a la perpetración alemana en la Segunda Guerra y al Holocausto no como Crímenes Contra la Humanidad sino como tempranas batallas (con lamentables pero comprensibles excesos) en la guerra fría contra el comunismo.

La situación es tan mala que a los judíos alemanes se les sugiere no usar en público nada que los pueda identificar como judíos porque su seguridad no puede ser garantizada.

¿Cómo puede ser posible? ¿No es ésta la “Nueva Alemania” que durante 57 años no tuvo Holocaustos ni pogroms, en donde la verdad, la justicia y el estilo alemán prevalecen por sobre el bienestar económico, el alto standard de vida que es la envidia de los vecinos europeos y una constitución que garantiza la libertad para todos sea cuál sea su raza, credo u origen nacional? ¿Qué cambió? La respuesta es: absolutamente nada.

My hipótesis es muy simple. Mientras Alemania no tiene ya el poder militar para avalar la ideología racista Nazi y mientras las manifestaciones extremas del Nazismo son oficialmente ilegales, las condiciones internas –esto es, las actitudes, la cosmovisión y las presunciones culturales- que llevaron al surgimiento del partido Nazi en Alemania están todavía presentes porque constituyen componentes básicos de la identidad alemana. El Nazismo no era una aberración; era la destilación de la psique alemana en sus elementos esenciales. El Nazismo externo puede haber sido derrotado en mayo de 1945; el interno, sin embargo, permanece, y siempre permanecerá, una amenaza potencial siempre que exista una entidad política y/o cultural conocida como Alemania.

Esperen un poco, escucho mucha gente decir “no podés sostener que los alemanes son tan antisemitas hoy como lo fueron durante los años 1933-1945”. Es verdad que la Alemania de hoy es muy diferente que la del Tercer Reich. Lo que cambió es que debido a su total derrota ante los aliados, Alemania hoy es un estado cliente de los Estados Unidos y debe hacer bien los deberes. Esto significa la represión del antisemitismo abierto. Es malo para los negocios.

La otra cosa que ha cambiado es que, aunque Hitler perdió la Segunda Guerra, tuvo un éxito fenomenal en el terreno ideológico. Alemania, y por cierto Europa entera, está esencialmente Judenfrei (libre de judíos) hoy debido a la eficacia y celo de los alemanes mientras perpetraron el Holocausto durante el Tercer Reich. Se podría, de hecho, plantear de manera muy convincente que el Nazismo es uno de los programas políticos más exitosos de nuestro tiempo. Cumplió más objetivos en corto tiempo que cualquier otro movimiento político comparable y cambió de manera permanente la apariencia y estructura política de varios continentes. Alemania es rica, estable, inexorablemente burguesa y para todo propósito e intención, libre de judíos.

Sí, hay una pequeña minoría de judíos, ubicados en su mayoría en Berlín, y sí, ha habido un número de judíos procedentes de la ex Unión Soviética que han emigrado a Alemania, pero la mayoría de los inmigrantes de Rusia no son judíos practicantes y hacen poco o nada para promover una identidad judeo-alemana. El resultado de todo es que Alemania hoy puede cosechar los beneficios de las políticas antisemitas de Hitler mientras paga el precio verbal y declarativo de la “necesidad de recordar”.

El joven Fritz no precisa ser abiertamente antisemita hoy gracias a que la generación de su abuelo hizo un trabajo tan exhaustivo durante el Holocausto. No hay ya tantos judíos para odiar, y además, los alemanes tienen a sus viejos camaradas, los árabes, para que actúen de odiadores en su lugar. El gran apoyo que los palestinos reciben de los alemanes podría ser entendido como una forma de antisemitismo por delegación.

El gobierno alemán ha hecho pagos en efectivo al Estado de Israel así como a judíos individuales, para compensar por asesinatos, tortura, prisión, trabajo esclavo y genocidio. Hablen con la mayoría de los alemanes y verán pronto que creen que la cuenta entre Alemania y los judíos ya está saldada, que de alguna manera, la recuperación de una parte de lo que los alemanes le robaron a los judíos es una recompensa adecuada por el asesinato deliberado de millones de personas. Si piensan que los alemanes lamentan sinceramente por lo que le hicieron a los judíos, piensen otra vez. No hubo nunca un oficial "tut mir leid" (me apena, lo lamento) ofrecido por los alemanes a las víctimas del Holocausto y sus descendientes porque ello implicaría la admisión de la culpabilidad. Alemania ha pagado los reclamos sin expresar responsabilidad, de la misma manera que la Ford Motor Company acepta el reemplazo o la indemnización por partes dañadas de sus automóviles. Se hace para evitar la responsabilidad civil.

He mencionado antes que los alemanes apoyan de manera abrumadora a los palestinos como opuestos a los israelíes, y que este apoyo abrumador representa una forma de antisemitismo por delegación. Los alemanes pueden argumentar que apoyan a los palestinos porque creen que son un “pueblo oprimido”, pero seamos honestos, apoyan a los palestinos y a sus dirigentes árabes porque comparten los mismos ideales que los Nazis.

Hay una larga historia de la cooperación alemana con los árabes. En 1942, Hitler personalmente aseguró al Mufti de Jerusalém que tan pronto como Alemania conquistara Gran Bretaña, los judíos de Palestina (que estaba entonces bajo control del Mandato Británico) serían exterminados.

Debemos recordar también que los terroristas árabes que perpetraron las atrocidades del 9 de septiembre, planificaron sus acciones en Alemania. Hay varias razones para ello. La primera es el caos desmañado y descentralizado de la burocracia federal alemana donde, literalmente, la mano “izquierda” no sabe lo que hace la “derecha”. La segunda es que los terroristas árabes pueden contar con un número sustancial de alemanes que comparten sus creencias anti norteamericanas y antisemitas. Los ex miembros de las SS y los guardias pretorianos de Hitler, junto con los simpatizantes neo-Nazis que se reúnen semanalmente en cervecerías de Munich, hicieron a Osama ben Laden “ario honorario” después del ataque del 9 de septiembre.

Mein Kampf (Mi lucha) es también un best seller en el mundo árabe, especialmente en Arabia Saudita, el “amigo” putativo de los Estados Unidos. Efectivamente, hay pocas diferencias entre la cháchara antisemita de Hitler y la de los así llamados “líderes espirituales” de al-Qaeda, Hamas, y Fatah. Los árabes le deben mucho a Hitler y a los alemanes. Hitler eliminó a los judíos y Konrad Adenauer y sus descendientes “democráticos" los reemplazaron con turcos. Sí, los turcos no son árabes, pero son musulmanes y aunque Turquía sea miembro de la NATO y tenga relaciones con Israel, muchos turcos se identifican con sus correligionarios radicales árabes y los apoyan. Turquía es una democracia frágil como lo fue la República de Weimar durante los veintes. No sería muy difícil para los turcos deslizarse hacia el lado oscuro del extremismo musulmán.

El resultado final de la inmigración turca a Alemania tiene dos caras: (1) permite a Alemania fingir liberalismo y apertura a la libertad y a la diversidad y (2) al reemplazar a los judíos que asesinaron con musulmanes que, en su mayor parte son tan perversamente antisemitas como lo fueron los Nazis, los alemanes han asegurado cínicamente que los pocos judíos que viven en Alemania estén imposibilitados de reconquistar el poder político aún en un rol minoritario.

Un argumento final que me gustaría hacer en relación al resurgimiento del antisemitismo en Alemania es uno que podría tomarse como dispar con la evidencia prima-facie o incluso aparecer como estirando los límites del sentido común. Aún así, pido consideración cuidadosa a mi línea de razonamiento.

En muchos sentidos Alemania se salió con las suyas sin pagar demasiado. Sí, muchos alemanes murieron como resultado de la perpetración alemana en la Segunda Guerra y el Holocausto, y sí, hubo mucha destrucción física en el país, pero la situación se parece a la del chico que roba una galletita de la bandeja en la que se enfría sobre la mesada de la cocina. Por su acto podría recibir de su madre una palmada en la mano pero la galletita robada ya fue comida.

Después de haber cometido el peor crimen en la historia de la humanidad, los alemanes obtuvieron el permiso de recuperar su soberanía después de tan sólo diez años; su infraestructura fue completamente reconstruida gracias a la generosidad del pueblo norteamericano; y relativamente pocos alemanes fueron llevados a juicio por sus crímenes monstruosos. Aún aquéllos que fueron juzgados y sentenciados recibieron penas relativamente breves o las redujeron o conmutaron en amnistías generales. Por ejemplo, algunos miembros de los Einsatzkommandos (fuerzas especiales), los alemanes que, antes de la construcción de los campos de exterminio, cazaron y asesinaron a cientos de miles de judíos, recibieron penas tan breves como cinco años de prisión.

Si hubiera verdadera justicia en el mundo, Alemania no debería existir como país independiente y tendría hace bastante su territorio dividido y dispersado entre los aliados. Fue una coincidencia histórica infortunada que la Guerra Fría comenzara justo cuando Alemania estaba por ser llevada a los estrados por sus muchos delitos, crímenes y atrocidades desde la Primera Guerra Mundial. La nueva amenaza de la Unión Soviética tuvo preeminencia sobre un arreglo justo de las cuentas con Alemania. El resultado trágico es que muchos de los países violados y expoliados por Alemania, tales como la República Checa y Polonia, están recién ahora emergiendo de décadas de declinación económica, mientras Alemania –gorda, saciada, arrogante, autosatisfecha y esencialmente Judenfrei (libre de judíos)- ha disfrutado cuatro décadas de prosperidad económica inmerecida.

No podemos volver atrás el reloj para rediseñar los errores históricos que han sido cometidos por los alemanes, pero hay una cantidad de cosas que pueden ser hechas para asegurar que Alemania no pueda estar otra vez en la posición de amenazar al resto del mundo civilizado.

Primero y principal es la hecho de que, mientras no todos los alemanes son antisemitas, hay una tendencia antisemita en la cultura alemana que se extiende en el pasado hasta los tiempos de Martín Lutero. Los alemanes son instintivamente antisemitas del mismo modo en que los norteamericanos son instintivamente amantes de la libertad. El antisemitismo ha sido y, desafortunadamente sigue siendo, la ideología por default –natural- del pueblo alemán. Si todo siguiera igual, los alemanes apoyarían instintivamente a los enemigos del Estado de Israel. Por ello, los Estados Unidos necesitarán monitorear cuidadosamente y estar listos y decididos políticamente para intervenir con rapidez en los asuntos alemanes cuando se vea que Alemania se desliza hacia el antisemitismo.

Adicionalmente, debiera ser un objetivo de la política exterior norteamericana, la oposición y aceleración del desmembramiento de la Unión Europea. No debemos permitir la dominación alemana sobre la UE para conseguir, por medio de maniobras parlamentarias y arreglos privados lo que Hitler y los alemanes no pudieron en el Tercer Reich. Dado el resurgimiento del antisemitismo alemán (y el de Francia también) una Unión Europea fuertemente dominada por Alemania que tolera e incluso estimula aún tibiamente el antisemitismo, y es un aliado diplomático del mundo árabe, es la mayor amenaza potencial al judaísmo desde la Alemania Nazi y la mayor amenaza para los Estados Unidos también.

Los enemigos de Israel son los enemigos de los Estados Unidos. Que todos los judíos y todos los norteamericanos estemos unidos al proclamar “nunca más” tanto al Holocausto como al 9 de septiembre.

William E. Grim es un escritor que vive en Alemania y es nativo de Columbus, Ohio. Puede ser contactado en wgrim@myrealbox.comand.

Más sobre Willian Grin en The Official William E. Grim Website (www.williamegrim.tripod.com).

[1] A pesar de no coincidir con la totalidad de los planteos de su autor, en especial en relación al lugar que asigna a los Estados Unidos, consideré que sus reflexiones y aportes provocadores y valientes son merecedores de una traducción para que pudieran ser conocidos por quienes no leen en inglés. En la vieja polémica sobre la culpabilización del pueblo alemán, es éste un texto disparador de debate que agrega puntualizaciones de actualidad al complejo universo de lo judío en el mundo con sus ingredientes económicos y geopolíticos. Diana Wang